lunes, 27 de enero de 2014

Sobre comernos a los animalitos



El otro día compartí en mi página de Facebook una imagen y una nota sobre la supermodelo brasileña que amamanta a los terneros. Por cuestiones bien extrañas, terminé sosteniendo una discusión con un vegano animalista. Este debate se prolongó más allá de lo que el sentido común, la cortesía y civilidad me demandaban, y con la intención de redondearlo, escribí un último comentario que resumía mis puntos de vista y posturas. A continuación les dejo una versión corregida y aumentada de lo último que contesté, por si alguno de ustedes tenía la curiosidad de saber cuál es mi posición con respecto al veganismo, el vegetarianismo y el animalismo, y por qué (con enlaces a fuentes fidedignas de información científica).

Estúpido y sensual ternero


ESTOY DE ACUERDO con que hoy en día comemos más carne y productos de origen animal de lo que es necesario y conveniente. Digo esto basándome en lo que se sabe científicamente: que un sexto de nuestra alimentación diaria sea de alimentos de origen animal, incluyendo lácteos y huevo, es suficiente (aquí), pero muchos de nosotros comemos mucho más que eso. Creo que, aquellos que podemos darnos el lujo de hacerlo, bien podríamos consumir menos productos de origen animal; seria mejor para nuestra salud. Pero también pienso que pedirle a una familia pobre, que de por sí padece insuficiencia nutricional, que rechace comer carne cuando tiene la oportunidad, sería una culerez. 



ESTOY DE ACUERDO con que la producción industrial de productos de origen animal es actualmente una cosa abominable, que implica el uso de muchísimos recursos y genera serios problemas medioambientles (aquí). Eso sin mencionar las condiciones crueles en las que malviven los animales atrapados por la industria. Podríamos consumir menos productos animales, sería bueno para el medio ambiente y para nuestra conciencia.

NO ACEPTO argumentos como que "el ser humano es vegetariano por naturaleza" o que comer cualquier producto de origen animal, de cualquier forma y en cualquier cantidad es dañino y causa todos los males de salud del ser humano. No los acepto porque contradicen todo lo que sabemos sobre evolución y fisiología humana (aquí, aquí y aquí). No los acepto porque tratándose de temas de alimentación y salud humana no valen el razonamiento discursivo ni las analogías, (del tipo "no es natural" o "somos los únicos animales que") sino los estudios sobre lo que se consume y cómo eso afecta al organismo. Finalmente no los acepto porque no están respaldados por el consenso científico, sino sólo por medios ya a priori afiliados al veganismo, que tienen la misma credibilidad que homeopatiaparatodos.org hablando de medicina o laverdadsobrelosovnis.net hablando de ufología; es decir son creencias irracionales sin fundamento que se escudan en teorías de la conspiración para justificar por qué la ciencia no los apoya: "lo que pasa es que todos los científicos del mundo están controlados por los gobiernos y las corporaciones; pero nuestros investigadores independientes te revelarán la verdad que todos quieren ocultar".




ESTOY DE ACUERDO en minimizar en la medida de lo posible el sufrimiento de los animales, por empatía y por dignidad. Puesto que son seres capaces de sentir dolor y satisfacción, deberíamos procurar, dentro de los límites de lo sensato, que padezcan menos dolor y puedan encontrar satisfacción. Creo que no se les debe maltratar innecesariamente, ni por entretenimiento, ni por deporte, ni por razones superfluas como la moda o la experimentación de cosméticos.


ESTOY CONVENCIDO de que el bienestar humano está por encima del de los otros animales, porque el ser humano es el único animal que razona, que protege a los miembros débiles de su sociedad, que produce ciencia, arte y filosofía, que encuentra curas para sus enfermedades, que tiene nociones de moral y que intenta comprender y practicar lo que llama "el bien" (pero no es el único que hace guerras, mata por diversión, comete infanticidios, ejerce violencia sexual y destruye su propio hábitat), y si eso no vale, por puro instinto de conservación, porque es la especie a la pertenezco y con la que tengo que vivir en sociedad. 


Y basándome en ese principio, y como ya establecimos que el consumo de productos animales con moderación es conveniente para para la salud humana (ver los enlaces que ya puse), matar animales para comerlos me parece legítimo. También me parece legítimo matar plagas como ratas, mosquitos, moscas y cucarachas que puedan traer enfermedades a mi hogar; lombrices, piojos y otros parásitos que afectan mi salud; langostas u otros bichos que puedan comerse nuestras cosechas, o termitas que puedan comerse mis libros. De igual forma, me parece legítimo experimentar con animales para encontrar las curas a padecimientos humanos, siempre y cuando no se les haga sufrir a los animales más de lo estrictamente necesario.

Aunque, por lo general, cuando la gente habla de "derechos de los animales" se refiere a vertebrados grande y bonitos. Los ácaros y las pulgas también son animales.


NO COMPARTO, debido a lo anterior, la idea de que los derechos de los animales están al mismo nivel que los derechos humanos, de que matar a una vaca sea igual que matar a un ser humano. Considero que matar a una foca bebé para quitarle su piel está muy mal, pero no es lo mismo que matar a un bebé humano. Comparar la ganadería industrial con atrocidades como la esclavitud de los afroamericanos o el holocausto nazi me parece un monstruosidad y una falta de respeto para las víctimas de esos crímenes (aunque algunas personas usan analogías así para ilustrar su punto, sabiendo que son exageradas y sin creer que son crímenes equiparables). Creo que quien no ve las diferencias entre la dignidad humana y la de los animales (o quien no ve diferencias entre los mismos animales, cómo un perro es diferente a una rata, o un delfín a un mero, por ejemplo) tiene problemas psicológicos o una inteligencia limitada, pero ésa es mi percepción personal y subjetiva.

RESPETO a, incluso simpatizo con, las personas que han decidido llevar un estilo de vida vegetariano o vegano. La mayoría de los conozco son buenas personas, convencidas de que hacen lo correcto (y admiro su congruencia por ello), además de que siempre se puede llegar a varios puntos de acuerdo con ellos, y se puede convivir pacífica y amistosamente. También respeto su derecho a difundir sus puntos de vista y a tratar de persuadir a otros para unirse a ellos, aunque no me parezca bien cuando usan argumentos pseudocientíficos.

Ningún texto sobre amor por los animales está completo sin una referencia al mito de Leda y el Cisne que se la folló


NO TOLERO, ni tengo por qué hacerlo, a quienes se dedican a acosar a las demás personas, ejercen violencia de cualquier tipo, y satanizan a los que no comparten sus posturas. No son diferentes de fundamentalistas religiosos como los anti-aborto, que llaman "asesinas" y "putas" a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo, y llegan hasta justificar y avalar la violencia contra médicos y actos de terrorismo contra personas e instituciones. Es decir, son fanáticos que creen que sus alucinaciones sin fundamento son La Verdad, que eso justifica cualquier medio para sus fines, y que los que no creen en esa verdad son pecadores impuros que merecen arder en el infierno. Así, cualquiera que esté de acuerdo con lo dicho por el ex-miembro de PETA y actual miembro de ADAPTT, Gary Yourofski, sobre que deberían meter a las personas a vivir como las vacas para que vean lo que se siente, que a las mujeres que usan pieles de animales deberían violarlas brutalmente hasta dejarles cicatrices, y que violencia es lo único que merecen los malvados carnívoros, me parece un psicópata oligofrénico a quien se le debería vigilar con cuidado para encerrarlo en un manicomio al primer comportamiento amenazante que demuestre, porque ésa es gente peligrosa.

Tipo así.


Finalmente, para acabar esta perorata, les voy a confesar que en mi adolescencia fui vegetariano (ovolacto), pero también creía en los ovnis, así que no es gran cosa. En fin, era yo un pubescente vegetariano cuando estrenaron este ya clásico capítulo de "Los Simpson": "Lisa la vegetariana" En ese entonces yo, obviamente, simpatizaba con la postura de Lisa. Con el tiempo, fui entendiendo la lección que le quiere dar Apu (él, totalmente vegano), acerca de respetar a las demás personas. No les vendría mal verlo otra vez.


viernes, 24 de enero de 2014

¡Debe ser verdad!


Somos crédulos. Queremos confiar en lo que la gente nos dice. Y si lo que nos dicen suena impresionante o interesante, lo queremos creer porque al contarlo nosotros mismos seremos interesantes también. Y si lo que nos dicen corresponde con nuestras creencias, prejuicios, odios y simpatías, también tenderemos a aceptarlo sin chistar.

Cuando recién se había inventado la imprenta, en una época en la que la alfabetización era baja, lo que estaba puesto por escrito, y más aún lo que estaba impreso, provocaban cierto temor reverencial. En general, la gente común tendía a asumir que si algo había sido impreso, sin lugar a dudas debía ser verdadero, una creencia que es satirizada por Cervantes en la segunda parte de El Quijote.

Siglos después, la gente le otorgó el mismo grado de autoridad confiable a la televisión. "Después de todo", se decía la gente, "no lo pondrían en la TV si no fuera cierto, ¿no?" Esta actitud acrítica y crédula es deliciosamente parodiada por Garfield en este episodio clásico, titulado precisamente "Debe ser verdad".

Bueno, pues no hemos cambiado nada con las nuevas tecnologías. Internet es EL medio en el que cualquiera publica cualquier cosa que quiere, y eso toda la gente lo sabe. Y sin embargo, ahí vamos, bien crédulos con cualquier imagen que aparece en Facebook, sin jamás preguntarnos de dónde viene esa información y si podemos comprobarla. Citas mal atribuidas, leyendas urbanas, conspiraciones, curas milagrosas... Sin más que una imagen que se reproduce viralmente por las redes sociales, muchas personas se tragan completitas las tonterías más tontas de la WWW, sin detenerse a pensar ni por un segundo si lo que está leyendo es digno de confianza.

Y bien, uno sólo necesitaría decir "Güey, cualquiera puede agarrar, ya no digamos Photoshop, sino Paint, modificar cualquier imagen y ponerle cualquier texto, ¿por qué te crees de buenas a primeras todo lo que ves?" Pero hoy dejaré que la elocuencia de las siguientes imágenes (hechas por su seguro servidor) hablen por sí mismas, esperando que transmitan efectivamente la moraleja que quise imprimirles...









lunes, 20 de enero de 2014

El lugar más feliz de la Tierra II - Hakuna Matata



Y bueno, ahora que estamos hablando de nimiedades, no quería que se fueran a sus casas (o que se fueran DE sus casas; deberían salir más, chicos), sin que se llevaran en sus corazones mis reseñas y comentarios de los parques de atracciones de Orlando, en nombre de la frivolidad más frívola de la vida, para que todos mis amigos socialistas, cuando vayan, sepan cómo disfrutarlo mejor, para luego quejarse (como yo) de lo horripilante es que se inviertan tantos recursos en entretenimiento vacuo, aún sabiendo que lo disfrutaron como enanos (como yo).

Bien, pues como decía en la entrada anterior, algunas cosas han mejorado desde la última vez que fui, como que el lugar es más hispanic friendly, de modo que te las puedes arreglar sin tener que soltar una palabra en inglés. También que la comida es mucho mejor, para nada como esas ínsipidas harinas engordativas de antes. Ahora son deliciosas harinas enogrdativas. En porciones gigantosaúricas. Lo cual quizá explica que los gringos estén tan pinche gordos.

Hablando de gordura, debo decir que eso del mito de la gringa guapa ya está más mito que otra cosa con tanta obesidad. De veras que haber ido y haber regresado me muestra que las mexicanas son mucho más sexis (y eso que vivo en Yucatán...), porque hasta las que no son precisamente beldades tienen cierto sex-appeal que a las gringas les falta. Y antes de que digan que estaba en Florida que es como la capital red neck de los Yunaites, tengan en cuenta que a los parques de Orlando va gente de todo el país. Las dos únicas gringas guapas que vi fueron una MILF italoamericana (supe que era italoamericana por sus facciones y colores, y porque la nonna hablaba italianglish) y una rubia de cuento de hadas (no una de las princesas del parque, irónicamente), que venía acompañada de un novio igualmente de ensueño y de veras que si no hubiéramos ido con hijo y embarazados, mi chica y yo los habríamos invitado a tomar una copa...

Las otras cosas buenas eran que todo el mundo estabA alegre como el enano Tontín y que la organización y logística funcionan de maravilla, por lo que las filas de espera ya no son tan monstruosas y por lo tanto uno puede subirse a más atracciones.

Ah, sí, me subí a muchas más cosas que cuando había ido con mi familia hace 12 años. Es una ventaja ser el adulto que decide y no el niño al que le deciden (como le tocó ser a mi hijo). Sucede que las dos veces anteriores los adultos se cansaban del parque y querían (o tenían, por eso del transporte) irse temprano, y había atracciones a las que no daba tiempo de subirse o a la que los adultos no querían subirse o qué sé yo. Sin mencionar que la vez en la que fui con mis primas (hace 15 años), ellas querían irse de puro shopping a los malls de Miami, sólo visitamos dos parques, e hice poco más que cargar bolsas todo el viaje.

MAGIC KINGDOM



Ok, empecemos con Magic Kingdom, que no es el favorito de mis parques. Llegamos el primer día por la tarde. Resulta que la mayor parte de la gente comienza a abandonar el lugar a eso de las 6:00 pm, de modo que conforme avanzó la noche tuvimos más parque para nosotros. Lo malo es que algunas atracciones cierran temprano. Ese primer día nos fuimos directo a Tomorrowland, creo que porque estaba cerca.

La primera atracción a la que nos subimos fue a una de Stitch. El público se coloca en unos asientos en un escenario; de repente Stitch aparece, se escapa, las luces se prenden y se apagan y el pequeño mostrenco le juega bromas pesadas al público. En mich tiempoch, ésa era una atracción sobre un monstruo tipo Alien que asustaba mucho. Ahora lo volvieron adecuado para los pequeños. Qué bueno, porque las atracciones que dan miedo me dan miedo. Entramos también a un show de comedia de Monsters Inc., muy divertido. Y a la atracción de Buzz Lightyear en la que vas en un carrito y hay que dispararle a los extraterrestres para acumular puntos. Luego paseamos por un trenesito que nos muestra todo Tomorrowland.

Después, sólo porque había poca cola para ello, se nos ocurrió meternos al Carrusel del Progreso. ¿Que qué era esa onda? Bueno, pues era un poco de esa propaganda futurista a la que le metía Walt Disney. Mire usté, Walter Elias Disney era algo así como Howard Stark (ése es el papá de Iron Man), y no solamente imaginó películas de princesitas, como ya dijimos en esta entrada, sino que de plano soñaba con construir la sociedad del futuro. Optimista sobre el progreso, pensaba que la vida sería mejorada por la tecnología. La vida de la gente blanca, anglosajona, patriarcal y heterosexual que pudiera permitirse el acceso a ese progreso, obvio. De lo que se trata es de ir sentado en unas gradas giratorias mientras vemos cómo cambia la vida de una familia de animatrónics gracias a los inventos desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Disney concibió este aburrido paseo como una forma de promover su optimismo tecnológico en una de esas Ferias Mundiales (les digo, era como Howard Stark). Lo interesante de este paseo es que es una ventana a la ideología de su creador. Antropólogos y sociólogos van a amar odiándolo.



Dejando eso nos pasamos a Fantasyland, que es la parte del parque donde está todo lo de los cuentos de hadas. Mi chiqui y yo nos subimos a las Tazas Locas del Sombrerero. No recordaba que uno podía hacerlas girar más rápido, ¿siempre ha sido así? Luego nos fuimos a los clásicos Dumbos voladores. Resulta que ahora tienen controlitos para hacerlos subir y bajar a voluntad. Entramos también a sendos paseos de Winnie the Pooh y La Sirenita, de ésos en los que vas en un carrito y te sumerges dentro de la película con ayuda de animatrónics y otros efectos espaciales. Muy bonito.

No pudimos dejar de visitar el carrusel mágico del Príncipe Encantado. Finalmente, nos metimos a un espectáculo en 3D muy padre, Philarmagic, en el que Donald se pierde en diversos números musicales de películas clásicas de Disney mientras trata de recuperar el sombrero de mago de Mickey. Por cierto, no subestimen ese tipo de atracciones "bonitas". A los adultos no nos parecerán la gran cosa, pero para un niño de ocho años, eso lo transporta a mundos maravillosos.



Una vez nos metimos a algo que no sabíamos que era, pero en donde había poca cola. Resultó que era para entrar a conocer a Blanca Nieves y a Rapunzel. Fíjese usted que ahora los personajes disfrazados, sean princesas sonrientes, sean infelices atrapados en botargas, ya no andan deambulando por los parques para que usted cumpla su sueño de meterle la mano a uno de los Tres Cochinitos. Ahora tienen lugares específicos para que los niños puedan saludarlos, tomarse fotos con ellos y pedirles sus autógrafos (Sí, venden álbumes para coleccionar los autógrafos de gente que finge ser criaturas que no existen. Eras un genio diabólico, Disney). Bueno, nos encontramos en una situación muy embarazosa, porque ninguno de los tres tenía ganas de saludar a nadie, pero mi esposa y yo nos libramos enviando a mi hijo como carne de cañón para platicar con las princesas y tomarse fotos con ellas, y que así no se notara que no sabíamos cómo habíamos llegado hasta ese lugar. Después de Blanca Nieves, pusimos pies en polvorosa.

Salimos justo a tiempo para apreciar el espectáculo de fuegos artificiales. Mi chiqui nunca había visto algo parecido y estaba tan emocionado que olvidó su cansancio y se pudo a brincar y a gritar de alegría. Fue algo maravilloso, ciertamente. Eso fue lo último por el día. Después nos fuimos del parque para regresar al hotel y estar listos para lo que seguía.

DISNEY HOLLYWOOD STUDIOS



Al día siguiente visitamos los Disney Hollywood Studios que en mis tiempos se llamaban MGM. Es un parque pequeño, pero cometimos el error de querer ir a las atracciones que tuvieran filas de espera más cortas, de modo que estuvimos de un lugar a otro todo el día y nos cansamos innecesariamente. Pero estuvimos en atracciones muy geniales.

Lo primero a lo que fuimos OBVIAMENTE fue a lo de Star Wars. Es un paseo en 4D por algunos de los escenarios más geniales de una galaxia muy, muy lejana... Mejor aún, pudimos subirnos dos veces, descubriendo que existen por lo menos dos recorridos diferentes :D Además, el chiqui tuvo a oportunidad de construir su propi sable de luz y su propio astrodroide y tomó un curso rápido de entrenamiento Jedi con otros pequeños padawans, y hasta pudo pelear contra Vader y toda la cosa. Fue IN-CRE-Í-BLE.



El espectáculo de Indiana Jones con dobles de riesgo también lo emocionó mucho. Igualmente asistimos al espectáculo en 3D de los Muppets, ¡divertidísimo! Hubo dos paseos simpaticones, pero no espectaculares: uno en el que te metes (en un carrito) por algunas de las películas clásicas de MGM que sólo los ancianos y los cinéfilos hipsters (como su seguro servidor) conocen. Otro es un recorrido por la "parte de atrás" del parque, para conocer cómo funciona. Incluye una exhibición de efectos especiales muy chida.

En la noche nos subimos a lo que quizá es lo más genial del parque: la montaña rusa de Aerosmith. Es una montaña rusa bajo techo, rapidísima, que se tuerce y pone de cabeza en un escenario que brilla con luces de neón y motivos rockeros mientras suena la música de esa genial banda. Lo malo: fue la primera experiencia del chiqui en una montaña rusa de verdad y quedó muy cimbrado. Eso y que había parafernalia de estrellas pop de Disney Channel por todas partes, guácala.



Lo otro más genial es la torre de la Dimensión Desconocida. Todo es súper cool en ese breve paseo: la ambientación, los efectos especiales, el elevador que se cae y en el que sientes que vas a morir... ¡Magnífico!

Como nos quedamos hasta tarde, pudimos disfrutar del espectáculo de luces navideñas bailarinas, de una tal familia Osborne, sin relación con Ozzy o con Norman... Bueno, y si ustedes aguantan la constante humillación a la que se ve sometido Darth Vader tomándose fotos junto al castillo de Cenicienta o comprándose orejitas para ponerse por encima del casco, Disney Hollywood Studios es un parque pequeño que seguro disfrutarán.

UNIVERSAL STUDIOS



El día siguiente visitamos el parque que sí me gustó desde la primera vez que fui: Universal Studios. Bueno, para mi decepción, algunas de mis atracciones favoritas ya no existían: Hitchcock, Tiburón y King Kong (que la de Volver al Futuro ya no estaba lo sabía desde antes). Y miren que de Tiburón y King Kong lo entiendo, porque eran del año del caldo, falsos y aburridos, pero que hayan quitado el de Hitchcock es imperdonable. Sobre todo para poner cosas de Mi villano favorito y Shreck.

En vez del clásico Volver al Futuro, quedó una atracción de Los Simpson que es básicamente igual de chida, pero más chistosa. En serio, es muy graciosa, como meterse de verdad a un capítulo de esta serie. Además, en el área que rodea esa atracción construyeron Springfield. Puedes visitar la taberna de Moe, la tiendita de Apu y la tienda de rosquillas del mantecón (donde desayunamos rosquillas, faltaba más). Hay otras miniatracciones simpsonianas en esa zona: unos platillos voladores de los Khan y Kodos, y varios juegos de feria tipo de Krustyland. Fue mi parte favorita del parque.

Tras dejar Springfield visitamos el clásico paseo de ET, encantador, como siempre; y nos subimos a una pequeña, pero divertida montañita rusa del Pájaro Loco. Hombres de Negro fue nuestra siguiente parada: un paseo en el que tienes que disparar a los alienígenas y anotar puntos. Aprovechamos que había poca gente y no nos perdimos del show en 3D de Terminator (todo eso de Skynet ya se hizo realidad, we: se llama Google) y el de efectos especiales de Twister. ¿Neta? ¿Twister? ¿Se llevaron a Hitchcock y dejaron Twister? ¿Alguien se acuerda de esa película? Digo, ¿alguien que no haya sido un adolescente despistado en los 90 la vio?



Una sorpresa muy grata fue lo que hicieron con la atracción de Terremoto. Como ya nadie se acuerda de esa película, remodelaron la atracción para hacer una parodia de películas de desastres. Es HILARANTE. Te guía una proyección en 3D de Christopher Walken, voluntarios del público filman escenas trilladas frente a pantallas verdes, y luego nos toca sufrir el terremoto mientras viajamos en subterráneo y al final, con grabaciones de todo el recorrido, hacen el tráiler de una película ficticia estelarizada por la Roca. ¡Imperdible!

Pero lo mejor del día fue definitivamente la atracción de Transformers. Tenía la cola más larga que hicimos ese día (dos horas), pero valió cada segundo. Es un tipo de atracción relativamente nuevo (el primero de su tipo al que me subí fue en mi última visita, 12 años antes), que mezcla un paseo en carrito por escenarios con efectos mecánicos, más imágenes en tercera dimensión y movimientos bruscos, que hacen que la experiencia sea lo más parecido posible a estar dentro de la película. En este caso, Transformers. Dos pulgares arriba.

ISLANDS OF ADVENTURE



Terminamos rápido el parque y nos fuimos a descansar, porque al día siguiente teníamos todo un reto por delante: Islands of Adventure. Un parque que es casi tan grande como Magic Kingdom, pero sin la ñoñez de Disney; está dividido en "islas", cada una lo suficientemente grande como para ser un parque por sí misma: Marvel, Dr. Seuss, The Lost Continent (???), Harry Potter, Jurassic Park y Toon Lagoon.

Lo primero fue ir a lo de Harry Potter, en donde cosntruyeron réplicas hermosas e impresionates de Hogwarts y Hogsmead. Increíble. La atracción principal de la isla es un muy genial paseo 4D (o 5D, qué se yo; cada vez que le agregan alguna otra característica a esas cosas le suben a un número, como si contar con movimiento u olores fuera tener más dimensiones), en el que te metes al universo de la película. La fila es larga, pero uno la hace en Hogwarts; es decir, esperar hasta llegar a la atracción es realmente en sí un recorrido por el castillo y ya por eso valdría la pena hacerla.

Las otras atracciones (además de las tiendas) son una montaña rusa pequeñina de Buckbeak el hipogrifo, y otra montaña rusa, ésta muy azotada, de ésas en las que vas con los pies colgando y que se pone de cabeza y da muchas vueltas. Tan azotada, que mi chica y vástago no pudieron subirse. Amo las montañas rusas con todo mi corazón y ésta me encantó.

Del resto, hay muchas tiendas en Hogsmead, pero no soy fan del shopping, porque se me hace puro consumismo insensato (en algún punto de todo este viaje tenía que mantener mi orgullo chairo, coño). Eso sí, tomé cerveza de mantequilla; sabe igual a como lo imaginaba cuando leía los libros, lo que fue impresionante. O.O



Transportámonos de inmediato a Jurassic Park, donde el chiqui y yo, par de nerds de los dinosaurios, nos deleitamos con todo lo que tenía. Quizá es la isla más grande del parque. Su atracción principal es un paseo por el río con dinosaurios animatrónicos que termina en una caída tipo montaña rusa (que te moja más que un poquitín). La otra es un paseo en teleféricos de pteranodones, pero no pudimos subirnos porque la cola siempre estuvo larguísima.

Pero hay un área de juegos (o playground, como denominan a estas zonas) IM-PRE-SIO-NAN-TE. Un espacio lleno de subidas y bajadas, puentes colgantes, senderos rodeados de vegetación o que se insertan en cavernas, lagunitas y riachuelos. Es tan grande que uno podía quedar desorientado y perderse en su laberinto tridimensional. Un viajesote. Literal.

Una segunda área de juegos, mucho más pequeña, se encontraba debajo de un restaurante de hamburguesas jurásicas (tan rico como suena). También valió la pena visitarla, pues allí vimos nacer a un velocirraptor. :')

Toon Lagoon es la isla de las caricaturas. Disney y Warner tienen los dibujos animados más famosos (Warner además posee Hanna Barbera), y se ve que aquí tuvieron que hacerle como pudieran. Así, todo en la isla es referente a caricaturas viejitas de las que nadie se acuerda: Popeye, Betty Boop, Hagar el Horrible, Lorenzo y Pepita, Dudley Do-Right... La isla estaba bien bonita, eso que ni qué, llena de colores brillantes y con dibujitos por todas partes. De cualquier forma, sólo nos subimos el chiqui y yo a la atracción de Dudley Do-Right, que es el equivalente local a Splash Mountain. O sea, es para mojarse. Con agua.

Tras ello entramos a la isla de Marvel Comics, que como se imaginarán nos tenía al chiqui y a mí alucinados. La atracción de Spider-Man es genial... aunque es exactamente igual que la de Transformers. De hecho, sospecho que son la misma, sólo le cambian la decoración... Aún así, la recomiendo muchísimo: es uno de esos paseos 5D (¿o 6D? Ya perdí la cuenta) que están tan de moda y que te hacen sentir como si de verdad te metieras a la historia... Y está basada en la serie animada de los 90, de modo que tiene mucho de alegre nostalgia.

En familia nos subimos a unas tazas locas giratorias de Storm y, mientras mi chica y mi chiqui repetían ese paseo, yo me fui a la montaña rusa de Hulk, la cual, según la publicidad, corre con la potencia de una bomba gamma. ¡No es broma! Es una de las montañas rusas más intensas a las que me he subido. Rápida, azotada, larga... Como si fueras Thor y Hulk te hubiera soldado un madrazo que te sacara disparado hacia el espacio sin saber qué pasó. La animación introductoria que uno se chuta a lo largo de la fila de espera está muy interesante, por cierto.



De ahí pasamos a la isla del Dr. Seuss. Bueno, imagínense caminando por un cuento del buen Seuss, con esas figuras de ensueño y todo el colorido. El paraíso para alguien que viene ácido (imagino...) Nos subimos a un carrusel con criaturas de Seuss, a un paseo del Gato en el Sombrero, a unos peces voladores que disparan agua y a un trenecito que nos paseó por toda la isla de Seuss. Fue un lugar muy mono y alegre.

Lo último fue El Continente Perdido, la isla más pequeña del parque, basada en fantasía y mitología. Sólo alcanzamos a ver un espectáculo de efectos especiales llamado La Furia de Poseidón. Mi esposa y yo estábamos cansados y nos molestó bastante que el show fuera a pie, pero al chiqui le encantó (los shows de efectos especiales son de lo que más lo emocionó en este viaje) y verlo feliz hace que todo valga la pena. 

Con eso terminamos Islands of Adventure y nos regresamos al hotel. Cansadísimos, empapados, fríos, acalambrados y muy felices.

ANIMAL KINGDOM



Todos los días anteriores nos habíamos levantando muy temprano y estado en los parques hasta bastante avanzada la tarde (en el caso de Islands, nos quedamos hasta que nos sacaron). Que, por cierto, eso fue una nueva experiencia para mí, acostumbrado como estaba a visitarlos durante las horas pico; recorrer las "calles" vacías de los parques durante las mañanas tiene algo de espectral, y durante la noche aún más.

El día que íbamos a ir a Animal Kingdom nos levantamos tarde para reponernos. De la misma forma, volvimos relativamente temprano del parque, y mientras estuvimos allí lo hicimos todo con mucha calma, de forma que ese día nos sirvió como descanso.

Animal Kingdom es una especie de zoológico de Disney, con el agregado de juegos mecánicos. Pero, como llegamos tarde, casi no pudimos ver a los animales, debido a que los paseos que incluyen verlos cierran a eso de las 4.30 de la tarde. Con respecto a los animales, alcanzamos a ver a algunos en el pabellón de Asia: tigres, monos, aves y lo que más nos emocionó: los grandes zorros voladores, que son unos bichos encantadores. En otra sección pudimos ver algunas especies pequeñas: invertebrados, peces, reptiles y anfibios; incluso un axolote bien simpático.



Antes de visitar a los animales anduvimos un buen rato por una sección del parque dedicada a los dinosaurios. Un paseo de la película "Dinosaurio" de Disney es la atracción principal de esa zona, y uno muy divertido y emocionante (con algunos sustos, cortesía de los carnotauros). Hay también una pequeña montaña rusa bastante suave que recrea un cómico viaje en el tiempo hacia momentos antes de la caída del meteorito. No podían faltar los dinosaurios voladores y los juegos de feria.

Había también un playground muy divertido, parecidón al de Jurassic Park, con las clásicas resbaladillas, puentes colgantes, laberintos de soga y demás; pero lo más emocionante era un arenero donde los chicos podían jugar a desenterrar un esqueleto de mastodonte. A mi hijo, por cierto, le dieron un "cuaderno de explorador", en el que podía tomar nota de lo que aprendía, resolver acertijos, contestar preguntas y ganar medallas (calcomanías) que los siempre sonrientes empleados del parque le daban por cumplir misiones. Lo completó casi todo, a pesar de la falta de tiempo.

Como decía, nos retiramos temprano esa tarde porque al día siguiente tendríamos que ir a Magic Kingdom... y era 31 de diciembre.

AÑO NUEVO EN MAGIC KINGDOM



El despertador no sonó, y dependimos del preciso reloj biológico de mi chica. Esa noche sería nuestra última en Diney World, y nos habríamos de quedar en el parque por lo menos hasta las 12 de la noche para recibir el Año Nuevo. Tendríamos que volver al hotel sólo para recoger nuestras cosas e irnos hacia el aeropuerto, donde debíamos estar a las 5 de la mañana. De modo que más nos valía dejarlo todo listo desde antes de irnos al parque.

Ese día Magic Kingdom estaba hasta la madre de gente, lo cual no es de extrañarse, puesto que todos querían ver el espectáculo de Año Nuevo en el sitio más emblemático de Disney World: el castillo de Cenicienta. Se llenó tanto y tan rápido que a partir de las 9 de la mañana ya no dejaban a nadie pasar. Fue una suerte que nosotros llegáramos poco antes de las 8, pero nuestros planes de volver al hotel y descansar un rato en la tarde se vieron frustrados cuando nos enteramos que debido al gentío se estaba aplicando una política de "si sales, ya no entras, mano".

En esta ocasión lo primero que hicimos fue subirnos al tren que nos llevaría a Frontierland, en donde no pudimos, para mi mala fortuna, subirnos a la Thunder Mountain, porque siempre estuvo muy llena. Tampoco nos tocó subir a Splash Mountain, porque con el frío habría sido muy mala idea mojarse. Pero visitamos algo que era totalmente nuevo para mí: la isla de Tom Sawyer. En medio de la laguna se erige un islote al que se va en un pequeño ferry. La isla tiene senderos entre el bosque, puentes colgantes, molinos, faros, juegos de parque y un fabuloso fuerte desde el que se puede disparar o escapar por un túnel subterráneo secreto. La verdad estuvo padrísmo y el chiqui anduvo muy feliz.



De regreso a tierra firme nos trasladamos a Adventureland, donde viajamos en las alfombras voladoras de Aladín y visitamos el árbol de la familia Robinson (un recorrido muy padre por los detalles). Hicimos una fila de dos horas para un paseo bastante ñoño en el río. Sólo tiene algunos animales animatrónicos y una guía gorda que hacía chistes malos. Para nada valió la pena la espera.

Por supuesto, allí mismo subimos a la atracción de Piratas del Caribe, ahora actualizada con mejores efectos especiales y referencias a Jack Sparrow. Está mejor que nunca. Por esa misma zona, los chicos obtienen mapas de pirata y pueden completar "misiones", encontrando objetos y símbolos escondidos entre los estantes de la tienda de recuerdos y las calles aledañas. Fue muy divertido.

Una rápida visita a Futureland nos permitió subir a Space Mountain, la montaña rusa que te hace sentir como si viajas en el espacio. Resultó que era mucho menos azotada de lo que lo recordaba, pero más divertida. En Liberty Square visitamos la genial Haunted Mansion, una joya de divertidísimo humor macabro y espectaculares efectos especiales.  Al final nos subimos a descansar al barquito de vapor que recorre la laguna del parque, y desde el que pudimos ver no solamente el desfile, sino algunos escenarios con animatrónics que no se ven desde ningún otro lado.



De regreso a Fantasyland nos subimos de nueva cuenta a las Tazas Locas, además de una montaña rusa pequeñina de Goofy, y repetimos el show 3D de Philarmagic. Me tocó enfrentar mis temores y reconciliarme con el Pequeño Mundo. Y mire usté si será porque me estoy volviendo ruco y más ñoño, pero resulta que me gustó y lo disfruté mucho. Quizá porque ahora lo veía no como adolescente cínico, sino como papá. Por cierto, el paseo de Peter Pan tenía una cola de 3 horas que no se redujo en todo el día. Yo no sé por qué tanto alboroto por Peter Pan, que ni está de moda, ni su paseo está tan chido que digamos...

Para cuando cayó la noche, mi hijo ya estaba muy cansado. Después de cenar, nos quedamos dormidos (bueno, él estaba dormido, yo lo cuidaba) en una banca del restaurante de Pinocho, mientras mi esposa se dedicaba al shopping intensivo. Su tesón para hacer las compras con todo y su panzota de embarazada y su rodilla lastimada no dejó de impresionarme.

A las 11.50 empezó el espectáculo de fuegos artificiales de Año Nuevo. Fue realmente hermoso, pero la verdad no es muy distinto del que se hace cualquier noche a las 8.00, así que si alguien está interesado en ir para pasar ahí el 31, de verdad no se pierden de nada si se van después de ver el espectáculo de las ocho de la noche. Las dos horas restantes fueron usadas por mi chica en más shopping intensivo, mientras el chiqui y yo nis tiramos en una esquina de la tienda, él dormido, y yo maldiciendo los instintos mujeriles y su necesidad de shopping.

Luego, iniciamos la odisea de regreso al hotel, al aeropuerto, a Cancún y a Mérida (todo en las primeras horas del 1 de enero de 2014) con un niño dormido, una chica embarazada y sin tendones en la rodilla y un geekster cansado, pero todos muy felices. Porque, de alguna forma, Disney World no deja de ser el lugar más feliz de la Tierra...

lunes, 13 de enero de 2014

El lugar más feliz de la Tierra



¿Pos qué creen? Que me fui con mi esposa y mi hijo mayor a Disney World en Orlando, Florida. Hay varias cosas que podría comentar sobre este viaje, empezando por las anécdotas chistosas que seguramente les aburrirían de lo lindo, hasta las reflexiones rebuscadas que igual y pegan con ustedes.

Bien, sepan para empezar que ésta es mi cuarta visita en la vida a los parques de diversiones de Florida. Sepan también que amo los parques de diversiones con la fuerza de diez mil soles. Por los instantes que uno pasa ahí, se encuentra en un ensueño maravilloso en el que todo está limpio y bonito, todos son sonrientes y amables, y uno se puede dar el privilegio de olvidar que afuera existen la violencia, el hambre, la pobreza y la injusticia. Y ahí puedes cantar "Qué pequeño el mundo es". Pero en fin, que si quienes pudiéramos no nos dedicáramos a la diversión de vez en cuando nos volveríamos locos. Además, todo vale la pena por ver a los niños felices.

Como todo viaje al extranjero, éste empezó con un infierno burocrático para obtener pasaportes y visas para todos. Mi esposa fue la encargada de enfrentarse a todo ese papeleo, porque ella es súper eficiente, y a mí me dan fobia los documentos, de forma que sólo tuve que presentarme en el lugar y a la hora que ella dijera y poner mi firma donde hiciera falta. Por un momento temí que me fueran a denegar la visa para entrar a Gringolandia debido a mis "actividades subversivas" (entiéndase, mentar madres en este blog), pero pos no, los godínez que nos entrevistaron no mencionaron esto ni mi gusto perverso por las mujeres dibujadas. De hecho, en realidad, todo el trámite fue bastante sencillo, tanto para la visa como para el pasaporte. O así me pareció porque mi esposa se hizo cargo.



El viaje en avión fue plácido, así como el traslado al hotel. Nunca antes me había hospedado dentro de los parques de Disney. El hotel tenía como tema los deportes, así que había imágenes y motivos de Mickey, Donald y Goofy jugando futbol, baloncesto y así... Fue una experiencia interesante, porque estando ahí teníamos algunas comidas incluidas, así como el transporte a los parques de Disney.

Ese mismo día visitamos Magic Kingdom. Cuentan mis venerables padres que la primera vez que me llevaron, cuando era un escuincle de seis años, dije me aburría en Magic Kingom. Lo cual es comprensible, porque yo era un chavito mamonsete y prefería apartarme de todo mundo e irme a pensar mis cosas sin que nadie me molestara. Pero ya desde entonces había quedado fascinado por Universal Studios, porque ya amaba el cine...

Volviendo a Magic Kingdom, muchas cosas habían cambiado desde mi última visita 12 años antes. Florida siempre había estado llena de hispanos, pero ahora los empleados de los parques y hoteles llevaban en el prendedor que indica su nombre, el idioma que hablaban (además del inglés, claro está). Así, uno casi siempre podía encontrar a alguien que hablara español, lo cual es muy bueno, porque aunque mi inglés es bastante pro, entre angloparlantes soy muy tímido porque temo sonar como esa gente en West Side Story. También se podían ver letreros y escuchar anuncios biblingües, que aunque no los necesitábamos, sí se sentían como una muestra de amabilidad.



Otra cosa que noté fue precisamente la cortesía con la que todos los empleados de Disney nos trataban. Siempre con una sonrisa, siempre con la máxima atención, con más amabilidad incluso de la que nosotros pedíamos. Y no se sentía falso o forzado. No sé si los tienen dopados todo el día, o será que les pagan muy bien y no les hacen trabajar jornadas demasiado largas. Espero que sea lo segundo.

También noté la gran diversidad que hay entre los empleados de los parques. No recuerdo haberme fijado antes, pero entre los trabajadores había personas de todas las edades, colores y tamaños, incluyendo personas mayores o en silla de ruedas. Me parece muy bien que incluyan a toda la gente, dándoles la oportunidad de ser productivos. Ah, y también muchos gays, pues Disney es un lugar muy gray friendly (hay recuerditos con la bandera del arcoíris y toda la cosa).

Un aspecto un poco ñoño de mi parte: es algo raro, pero ya no se sentía tanto como estar en otro país. No es sólo que siempre había gente hablando español por todas partes. Es que lo que uno encuentra ahí ya no es tan único ni tan excepcional. Verán, cuando viajé por primera vez a Florida, hace más de 20 años, también fue la primera vez en la que me encontré con bandas transportadoras, puertas automáticas, máquinas expendedoras, lavabos con sensores en los baños y otras tecnologías que me parecían futuristas, y que hoy forman parte de la cotidianidad del mexicano de clase media. 

También las tiendas (y las máquinas expendedoras futuristas) estaban llenas de productos, principalmente golosinas, que aquí no existían. Hoy en día todas esas cosas pueden comprarse en un Oxxo. En la TV del hotel uno veía programación (y hasta comerciales) que uno ni sabía que existían. Ahora todo eso está en la televisión de paga (o en Internet). Y de la tecnología de entretenimiento de los parques, no toda era muy impresionante que digamos: animales animatrónicos pueden verse cada año en la feria local, y el 4D es cada vez más común. Vamos, hasta mi hijo me comentó que no se sentía en otro país, pues de todos modos ya todo lo vemos en inglés todo el tiempo.



Claro, esto no es necesariamente malo. Ya no es necesario viajar a otro país para disfrutar de las frivolidades del capitalismo, pero algo se pierde en la experiencia de viajar y encontrar lo mismo. Ni hablar, así funciona la globalización. Por cierto, que un viaje a los Estados Unidos de verdad, el de afuera de los parques y hoteles, me sigue quedando pendiente.

Otra de las cosas que noté en este viaje fue lo pinche gordos que están los gringos, caray. O sea, no mamar,¿qué mierda comen?. Difícilmente se ve a un adulto de más de treinta años que no tenga, por lo menos, una panzota chelera. Y es que además no son solamente barrigones: son enormes. Su obesidad les chorrea no sólo en el vientre, sino en lonjas y lonjas por todas partes, en los brazos, en las piernas, la papada, los cachetotes. Ahora veo porqué el estereotipo de gringo promedio es un Homero Simpson o un Peter Griffin, sólo que sus mujeres no están como Marge o Lois, sino igualmente gigantes (en ocasiones más). Y además se dan el lujo, los más voluminosos, de andar en motonetitas como si fueran discapacitados por alguna enfermedad o accidente, y no gente que se dedicó toda su vida a tragar como cerdos. O sea, Wall-E no es el futuro, ya es el presente en ese país, y eso me asusta, sobre todo por el amor que le tengo a las pizzas y a las hamburguesas. Pero después del viaje quedé tan cimbrado que decidí bajarle, pero en serio. Es más, terminando de escribir esta entrada me pongo a hacer abdominales.



Una cosa muy positiva que noté de los parques es lo mucho que han mejorado en cuestiones de logística. Gracias a los "fast pass", que te asignan un horario para ir a tres juegos de tu elección sin hacer cola, y a que hay más juegos, y atracciones que no son juegos mecánicos (como los playgrounds para los niños) las filas de espera son más cortas. Justo a la entrada de cada juego hay un letrerito en constante actualización que indica cuánto tiempo de espera hay para entrar, de modo que uno puede escoger los más rápidos primero y dejar los otros para cuando se disperse un poco la gente. Además, de forma muy astuta, en los lugares en los que se hace cola hay también entretenimiento, como pantallas, consolas, juegos empotrados a la pared y demás, para que papás y niños no se aburran mientras esperan. Todo ello contribuye a que la experiencia sea más agradable en general.

Hablando de logística, me maravilló lo bien organizados que están los parques para manejar las multitudes, en especial cuando tuvieron que mover a todo mundo a un lado para dejar que pasara el desfile o empezara el espectáculo de fuegos artificiales. Y es que cuando uno viaja a estos lugares como adulto son nuevas cosas las que lo impactan. Esa capacidad de logística fue una de ellas; la otra fue la tecnología. Que se haya desarrollado tecnologías tan impresionantes exclusivamente para el entretenimiento me maravilla, me entusiasma y a la vez me asusta un poco. Lo mismo me hace sentir el TAMAÑO de los complejos. Disney World no es sólo los parques, sino los hoteles, centros comerciales, avenidas, terrenos inmensos (más de 8 mil hectáreas, sin contar los 27 km2 de la ciudad Celebration, también de Disney). Tan grande como un condado, y todo es propiedad de la Walt Disney Company. ¿A poco no les provoca escalofríos?

Sin mencionar la admiración que me provoca el pinche genio de Disney, capaz de concebir y llevar a cabo algo así.


Pero la "epifanía" (jojojo) que me llegó al cabo de unos cuantos días de estar entre parques de diversiones fue que toda esa tecnología, esa enorme capacidad de organización, esa monumentalidad son posibles únicamente porque millones de personas cada año están dispuestas a pagar una muy buena suma de dinero (muchas veces, producto de meses o años de ahorro), para tener unos días de diversión. El turista se queja de los otros turistas, pero sin esas multitudes gastando en Disney, una monstruosidad así de grande e increíble no podría existir.

Es decir, la motivación es individual: yo quiero pasarme unos días de diversión y asombro con mi familia (y eso es muy válido), pero las acciones (pagar toneladas de dinero) y los resultados (la existencia de este Xanadú futurista) son colectivos. Y el percatarme de esta obviedad soslayada me hizo pensar, si de forma inconsciente la suma de nuestras acciones individuales es capaz de lograr cosas como este complejo inmenso con tecnología de punta y organización impecable, imagínense lo que se podría conseguir si todas esas mismas personas fueran conscientes de ello. Claro, en el caso de Disney World tuvo que haber antes la iniciativa y inversión privada para desarrollar el proyecto, y después vino el público consumidor que hizo posible mantenerlo y hacerlo crecer. Pero ¿qué se podría lograr si hubiera iniciativas así, privadas o públicas, individuales o colectivas, capaces de convencer a millones de personas para que aporten enormes cantidades de dinero, no simplemente para donarlo como limosna, sino para usarlo en proyectos que encuentren soluciones a los problemas que aquejan a la humanidad?

Voy a dejarlos que reposen pensando en ello.

CONTINUARÁ...

lunes, 6 de enero de 2014

Los mejores libros que leí en 2013



Termina un año más y así llega el momento de compartir con ustedes la lista de los mejores libros que leí en los últimos 365 días, por si ven algo que les llame la atención y se animan a leerlo. Este año resultó peculiar en cuanto a mis actividades como bibliómano. Para empezar, así como en 2011 me aburrí de la ficción y leí principalmente ensayo y divulgación, este 2013 me dediqué casi exclusivamente a leer narrativa. No sólo eso, sino que me enfoqué en revisar algunas obras de ciencia ficción o fantasía que desde hace tiempo tenía pendientes, por lo que la selección de este año será un poquitín geek. 

Por otra parte, este 2013 también leí menos libros que lo usual, principalmente porque los que sí leí fueron más bien chonchos, de ésos que toman tiempo. También es que ahora leo más artículos en Internet, lo cual quita tiempo a los libros. Es por eso que esta vez les traigo, en vez de un Top 10, un Top 8 de los mejores libros que leí en 2013. Pero basta de introducción y vamos a los libros.

No. 8.- Soy leyenda de Richard Matheson: Este clásico reinterpreta el viejo mito vampírico en la óptica de la ciencia ficción, y nos lleva a un futuro postapocalíptico en el que una plaga ha matado a la mayor parte de población y convertido a lo sobrevivientes en vampiros sedientos de sangre. Pero más que una inteligente reelaboración de un tema siempre fascinante, esta novelita explora asuntos fundamentales de la naturaleza humana, como el miedo, el aislamiento y, sobre todo, la oposición entre normalidad y otredad, que se revela como algo relativo. Escribí más sobre este libro aquí.

No. 7.- El Resplandor de Stephen King: Segundo libro que leo de King. Me gustó menos que 'Salem's Lot y no pude dejar de compararlo con la película, de forma que llegué a la conclusión de que Kubrick es mejor cineasta de lo que King es escritor. Pero aún así me gustó mucho. King crea personajes verosímiles con los que uno se puede involucrar y los introduce en situaciones realistas que permiten explorar diversos aspectos de la psicología humana, las relaciones sociales y sus nociones de bien y mal (lo que más me llama la atención es el tema de la dominación masculina por medio de la violencia, y cómo ello hace al macho en realidad más débil y vulnerable), antes de echarnos encima los elementos sobrenaturales y pasar a un festival de horror total. Brillante. 

No. 6.- Novelas y cuentos de Fedor Dostoiewsky y León Tolstoy: No pasa un año sin que lea por lo menos un libro ruso y en esta ocasión me tocó una compilación de novela breves (¿o cuentos largos?) de los dos maestros de la narrativa eslava. Es un volumen de la colección "Los Clásicos", como la compilación de la que les hablé el año pasado, e incluye los textos El eterno marido, Discurso sobre Puschkin La mansa de Dostoiewsky, más La sonata a Kreutzer, La muerte de Ivan Ilich y No puedo callarme de Tostoy. Ambos autores se caracterizan por representar con maestría la condición humana, en especial sus aspectos trágicos. Los que más me impactaron fueron los del segundo, a quien hasta entonces había leído poco, y en particular La muerte de Ivan Ilich, una trágica historia sobre la soledad y el dolor en los que se encuentra un enfermo terminal.

No. 5.- A este lado del paraíso + El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald: Dos notables novelas de uno de los autores más importantes del siglo XX, y que se encuentran juntas en este volumen, parte de una colección dedicada a lo mejor de la literatura de la anterior centuria. La primera cuenta la historia de un joven adinerado y caprichoso, y su paso hacia la madurez, mientras va descubriendo los aspectos más difíciles de la vida (su familia llega a perder su fortuna) y va convirtiéndose en un hombre completamente distinto. Ciertos episodios los harán echar coco sobre las relaciones humanas y el papel del individuo en la sociedad. La segunda, más famosa aunque me impresionó menos, plantea el dilema del amor, el estatus y la redención. No querrán perderse ninguna.

No. 4.- Dune de Frank Herbert: El inicio de una saga épica de ciencia ficción, que dio origen a mucho de lo que vendría en el último tercio del siglo pasado. Un planeta exótico y salvaje, guerras tribales, sectas secretas, luchas dinásticas, intriga política, profecías mesiánicas, poderes mutantes... Esta novela tiene todo lo que uno espera en una historia fantasía heroica, pero tiene como plus esa complejidad y realismo en la creación de los personajes, y una crudeza en la trama y sus implicaciones políticas que antecede a Game of thrones. Si les gustan las aventuras, los viajes de descubrimiento, la intriga y la lucha épica, pero además confeccionados con inteligencia y en el que se abordan tópicos sobre los que vale la pena echar la pensada, este libro es para ustedes.

No. 3.- Cuentos completos de Isaac Asimov: Estos dos volúmenes, de más de 700 páginas cada uno, reúnen la mayoría de los relatos de ciencia ficción escritos por uno de los grandes maestros del género. La literatura de Asimov es casi siempre cerebral, y busca estimular la imaginación de sus lectores (a veces, perturbarlos) con planteamientos y especulaciones que desafían la mente. En este sentido, relatos como Anochecer y La última pregunta, son capaces de producir escalofríos de sólo recordarlos; no porque den miedo, sino por las implicaciones filosóficas y metafísicas que plantea. Con todo, algunos cuentos demuestran que el buen doctor Asimov también sabía de vez en cuando ser conmovedor y humorístico, con relatos como El niño feo y ¿Qué es esa cosa llamado amor? Ciencia ficción de la más pura y mejor.

No. 2.- Canción de hielo y fuego (primera triología) de George R.R. Martin: Bueno, pues por fin me animé a leer esta saga, después de que mi chica (que es fan from hell) y mis amigos me insistieran a hacerlo, y debo decir que me ha encantado. No puedo añadir mucho a los elogios que se han hecho sobre la obra de Martin: su realismo con todo y que se trata de un mundo de fantasía, y su maestría en la creación de personajes moral y psicológicamente complejos son, ya se ha dicho, los logros más destacables de estas historias, pero tampoco se puede dejar de lado el elemento fantástico ni el espíritu de heroísmo y aventura. No es que esta saga carezca de conceptos del bien y del mal, por cierto; sino que son manejados de una forma mucho más compleja de lo que se había visto jamás en la literatura fantástica, y eso es muy loable. Escogí leer los tres primeros libros porque entiendo que son los mejores (muchas quejas he escuchado sobre los dos siguientes) y porque al final del tercero quedan concluidas la mayoría de las líneas argumentales que se abren en el primero (nuevas líneas y conflictos se abren para los sucesivos), de manera que forman una trilogía en sí mismos. Esperaré a que se publique el sexto libro para leerlo junto con el cuarto y el quinto.

No. 1.- Rayuela de Julio Cortázar: Bien, llegamos a nuestro primer lugar, con la obra maestra de uno de los mayores autores del siglo XX, una de las novelas más importantes escritas en lengua española. Como quizá sepan hasta los que no la han leído, gran parte de su fama se debe a que existen por lo menos dos formas de leerlas, brincando de un capítulo a otro de forma intermitente como si jugáramos rayuela, lo que exige al lector que vaya construyendo el significado de la obra en su mente. Con una trama en apariencia sencilla, es una obra que aborda las diversas complejidades humanas, en especial en cuanto a las relaciones sentimentales y la forma en la que las personas se hacen daño los unos a los otros a pesar del cariño que se puedan tener. Es también esa eterna  (algunos dirían, fútil) búsqueda del "uno mismo" del "sentido de la vida" y demás quimeras que no tienen visos de llevar a ningún lado. Profundamente emocional por un lado, es una de esas obras que hay que leer en el estado de ánimo preciso, y que pueden llegar a partirle la madre a uno; pero es también estimulantemente intelectual, de esos libros en los que tras leer una página vale la pena detenerse a pensar en lo que le acaba de ser dicho. Un temor reverencial me había hecho evitarla, pero ahora estoy muy complacido de haberme decidido a enfrentarla.

Y ahora, a ver qué tendrá para nosotros el literario 2014. Saludos y felices inicios de año.

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