jueves, 27 de marzo de 2014

Falacias, Parte II: Eso no tiene sentido



Leer la Introducción
Leer la Parte I

Después de haber repasado por las falacias formales, es tiempo de atacar las falacias informales. No se trata de falacias que gustan de andar en fachas o que no conocen el protocolo, sino fallas en el razonamiento que van más allá de las estructuras formales de la lógica, y en las que simplemente las premisas no soportan la conclusión que plantea quien sostiene el argumento.

En esta ocasión repasaremos algunas formas de llegar a conclusiones que simplemente no tienen sentido.

POST HOC ERGO PROPTER HOC Y CUM HOC ERGO PROPTER HOC




Es la falacia que ya mencionábamos en la introducción. La primera frase significa "después de, por lo tanto debido a" y consiste en creer que si un evento Y sucede después de un evento X, entonces X es la causa de Y. La segunda es muy similar, significa "con esto, por lo tanto debido a esto", y consiste en creer que si un factor X se presenta junto con un factor Y, entonces X es la causa de Y.

Los ejemplos clásicos suelen estar en la pseudociencia y sobre todo en las pseudomedicinas. Tenías una gripe molesta y no se te curaba. Visitaste al homeópata y ¡pum! Se te curó. Debieron haber sido los chochos, ¿no? No necesariamente. Después de todo, no hay que olvidar que las gripas tienen un ciclo natural y que si no se complican en neumonía o algo así, por lo general se curan solas.

Otro ejemplo: vacunaron al bebé de una actriz famosa, y al crecer este niño se le detectó autismo. Como desarrolló autismo después de la vacuna, ésta debe ser la causa del autismo. Pues no, en realidad. La vacuna es sólo uno de muchos factores, y no podemos concluir que una cosa es resultado de la otra sólo porque una sucedió antes y otra después. O el caso de unos muchachos mataron a un montón de condiscípulos y maestros en una escuela. Ellos escuchaban música de Marilyn Manson y jugaban videojuegos violentos. Conclusión: Marilyn Manson y los videojuegos violentos te vuelven loco y te hacen matar gente. Todos los anteriores serían ejemplos de falacias post hoc.



O para casos de cum hoc vean las conclusiones a las que suele saltar la gente cuando nota que un factor X se presenta junto a un factor Y. Mi ejemplo favorito data de la Edad Media, de la peste negra, para ser exactos. Algunos pre-médicos medievales notaron que los pacientes con la peste no tenían pulgas, mientras que las personas sanas estaban infestadas de pulgas. La conclusión: ¡las pulgas curan la peste! La solución: ¡echémosle pulgas a los enfermos! Dejándose llevar por el cum hoc, confundieron la causa con el efecto: eran las pulgas las que evitaban a los enfermos.  

Como vimos cuando hablamos de nuestras Debilidad mentales, tenemos la necesidad de encontrar un orden al aparentemente caótico mundo que nos rodea, y por ello buscamos patrones de causas y consecuencias en lo que observamos. Muchos ejemplos los dan las teorías de la conspiración. Resulta que hubo una reunión del G20 antes de un atentado terrorista en una ciudad europea. El conspiranoico clásico asumirá que el atentado fue planeado en esa reunión del G20.

En realidad X y Y podrían venir juntos debido a que ambos son consecuencia de una misma causa. O podrían estar allí por una total coincidencia. Para establecer una relación de causalidad entre una cosa y la otra son necesarios estudios rigurosos. Los mismos estudios que han dejado muy bien establecida la relación entre el hábito de fumar tabaco y el desarrollo del cáncer pulmonar, o entre la acumulación de CO2 en la atmósfera y el aumento de la temperatura global promedio. De la misma manera, no se ha demostrado relación alguna entre las vacunas y el autismo.

Como siempre, recuérdese que para detectar una falacia hay que fijarse en si la relación entre X y Y es relevante. Además no podemos hacer rigurosos estudios científicos cada vez que tengamos que actuar en nuestras vidas, pues no sería práctico. Si después de que de que te diste un golpe en la rodilla tienes problemas para caminar, es sensato asumir que una cosa llevó a la otra (pero de todos modos consulta a un médico, pues nunca se sabe).

GENERALIZACIÓN PRECIPITADA




En nuestro Rápido curso de lógica práctica hablamos del razonamiento inductivo y las formas en las que podemos llegar a conclusiones generales a partir de información particular. Hemos de recordar que tal es el objetivo de las ciencias factuales: establecer principios generales. Pero en nuestra búsqueda de estos principios a menudo caemos en pensamientos y argumentaciones falaces. La generalización precipitada, que consiste en creer que se está haciendo un razonamiento inductivo cuando en realidad no se dispone de la información suficiente como para concluir.

Por ejemplo, no sería muy propio de un científico concluir que todos los dinosaurios son enormes después de haber revisado unos cuantos fósiles. Y tampoco sería muy sensato por parte de cualquier persona asumir que todos los abogados son tramposos después de haber tenido algunas cuantas malas experiencias con miembros de este gremio. O que si te roba un gitano, asumas que todos los gitanos son ladrones, o peor aún, que son ladrones porque son gitanos.


A menudo el problema es que la muestra no es lo suficientemente amplia como para ser representativa o relevante

Ejemplos de generalización precipitada los encontramos más arriba, cuando hablamos del post hoc y del cum hoc. Sucede que no sólo cometemos un error al pensar que X es la causa de Y porque sucedió antes o porque se presentaron simultáneamente, sino que además generalizamos al considerar que, puesto que en alguna ocasión concluimos que X es la causa de Y, por tanto podemos concluir que X siempre tendrá por consecuencia Y, o que Y siempre será consecuencia de X. 

Sobre todo, generalizamos precipitadamente al pensar que nuestras anécdotas personales aplican para toda la generalidad. A esto se le llama concluir con base en evidencias anecdóticas. Lo vimos con el caso del homeópata allá arriba, y es un clásico en las pseudomedicinas: el "a mí me funciona". Me dieron un remedio naturista y me empecé a sentir mejor. Fui con el acupunturista y se me quitó el dolor de espalda. Le prendí una veladora a San Judas y se me pasó la gripe.

Es difícil que le digan a uno que su experiencia personal no significa gran cosa. Claro, significa todo para uno, sus sentimientos, el significado de la vida y así, pero no sirve como evidencia para concluir sobre aspectos generales y en investigaciones serias simplemente no tiene cabida. No, el que a ti te haya funcionado la acupuntura no significa que funcione. De entrada porque allí ya caemos en un post hoc, sin tener en cuenta que la "cura" bien pudo haberse dado solita, o ser el resultado de un efecto placebo. Después de todo, la gente sólo va a curarse con la "medicina alternativa" (alternativa a la que sí funciona, se entiende) cuando se trata de molestias menores que se curan solitas o que van y vienen sin causar mayor problema. Cuando necesitan una apendisecotmía o una operación a corazón abierto, nadie va con el homeópata.




Más importante aún, como decíamos, las relaciones de causa y efecto sólo pueden ser establecidas mediante estudios muy rigurosos. Ante numerosos estudios que indican que la homeopatía no sirve para nada, la anécdota de tu tía Chonita que se curó del hipo no tiene importancia alguna. Es feo decirlo, se siente como actitud arrogante, despectiva y elitista que denuesta todo lo que pueda decir el vulgo en beneficio de lo que dicen las autoridades científicas. Pero no se trata de lo que diga ex cathedra el hombre de bata blanca, sino de los resultados que arrojan los análisis estadísticos y las evidencias. La gente se resiste, naturalmente, sobre todo si los resultados de un estudio estadístico contradice su experiencia personal.

Un ejemplo muy común de esta falacia está en relación con la frase trillada de "los pobres son pobres porque quieren, porque no trabajan; en cambio los ricos lo han logrado debido a su esfuerzo". Para sostener esta idea, citan casos de gente que empezó desde abajo "el amigo de mi suegro era muy pobre, pero se la pasó trabajando y trabajando, y ahora tiene una empresa muy próspera". Conclusión: el sistema es fundamentalmente justo, quien quiera puede hacerse rico y quien no lo hace es por huevón. Pero esa conclusión proviene de algunas evidencias anecdóticas, o sea, que no son evidencias en lo absoluto. 

En cambio, los estudios estadísticos nos dicen que existe una fuerte correlación entre el ingreso de los padres y lo que llegarán a ganar los hijos cuando estén en edad laboral. Más aún: en sociedades con mayor desigualdad económica, esa correlación se hace aún más determinante. O sea que no, esos casos de "mucha gente" (¿cuánta? ¿diez? ¿veinte?) que ha salido de la pobreza trabajando duro no dejan de ser excepcionales y no cuentan como prueba de que la gente es pobre sólo porque no trabaja lo suficiente o rica sólo porque lo merece: los estudios estadísticos demuestran que los factores del entorno social tienen mucho peso.



En fin, mucha gente usa las evidencias anecdóticas como si fueran pruebas reales. Lo sé porque a mí me pasa muy seguido U.U

Una persona avispada se pregunta si realmente dispone de información suficiente para llegar a una conclusión. Desde luego, es impráctico esperar a tener análisis estadísticos y estudios científicos antes de tomar cada singular decisión en nuestra vida cotidiana; en esos caso no tenemos de otra más que basarnos en nuestra experiencia y sentido común. Pero conviene recordar que existen estas falacias antes de formarnos una opinión en asuntos que definitiviamente requieren de esos análisis estadísticos y estudios basados en evidencias, desde la salud humana hasta la economía.

RAZONAMIENTO CIRCULAR

Ésta es una de las falacias más divertidas. Se da cuando una persona utiliza la misma conclusión a la que quiere llegar como evidencia de las premisas o de la conclusión misma. El ejemplo más común es el siguiente:

Dios existe porque lo dice la Biblia, y la Biblia dice la verdad porque es la palabra de Dios.

¡Tadá! Jaque mate, ateos. Claro, este tipo de razonamiento falso por lo general no es planteado de una forma tan obvia. Por lo general, se dice este tipo de cosas:

Jesús obró milagros, demostrando ser el hijo de Dios. Por lo tanto, el cristianismo es la fe verdadera, y la Biblia como testamento del Dios auténtico, es el libro en el que debemos confiar. Es el relato del Génesis, y no tontería evolucionistas, lo que merece nuestra confianza absoluta.

Debemos creer en la Biblia porque es el libro de la fe verdadera. Sabemos que el cristianismo es la fe verdadera porque Jesús demostró ser hijo de Dios al hacer milagros. Sabemos que Jesús hizo milagros porque... ¡Lo dice la Biblia!




Las teorías de la conspiración se racionalizan a menudo en forma de argumentos circulares:

Mimí: ¡Los Illuminati controlan el mundo!
Momó: ¿De veras? ¿Cómo sabes?
Mimí: Por las cosas que suceden, las guerras, las crisis, los atentados...
Momó: ¿Y cómo sabes que ésas son cosas que hacen los Illuminati?
Mimí: Porque son cosas que les convienen a los Illuminati que pasen.
Momó: ¿Por qué crees que a los Illuminati les convendrían que pasaran?
Mimí: Porque son cosas que le convendrían a los que gobiernan el mundo, y los Illuminati gobiernan el mundo.

¡Cuidado! ¡Algunos magufos quieren hacer pasar ciertos argumentos como si fueran razonamiento circular! Los creacionistas con frecuencia dicen que los científicos conocen la edad de los fósiles basándose en el estrato geológico en el que se encuentran, y que conocen la edad del estrato geológico, basándose en los fósiles que se encuentran en él.

Si los científicos realmente hicieran eso, sería sin duda un despropósito. Pero no es así como lo hacen. De hecho los geólogos tienen sus métodos de datación para calcular la edad de un estrato y los paleontólogos tienen sus métodos para datar fósiles. Lo que hacen los creacionistas, que son de los campeones de la falacia más desvergonzados del mundo, es un hombre de paja, otra falacia que veremos más adelante, y que consiste en atacar no las ideas del oponente, sino versiones caricaturizadas de éstas.

AD IGNORANTIAM

Ésta falacia es de las más monas. El argumento desde la ignorancia nos dice que: 


A) No sabemos algo,  
B) Por tanto, lo que a mí me dé la puta gana.

Quizá la forma más común de esta falacia sea una que ya han escuchado muchas veces: "Debido a que no se puede comprobar que Dios no existe, debe existir" o "Que no haya pruebas de que Dios no exista, no significa que no exista". Pero el caso es que no se puede comprobar un negativo. No puedes comprobar que los unicornios no existen. No puedes comprobar que el universo no fue creado hace sólo 5 minutos y que todo lo que recuerdas no son más que datos insertados en tu memoria al momento de la creación, o sea hace 5 minutos. No se puede comprobar que una cosa X no existió o que un suceso Y nunca pasó. Lo que se puede es llegar a la conclusión de que no existen pruebas de X o de Y, o descartar como inválidas las que se presenten como pruebas (como hemos hecho analizando argumentos falaces).

Richard Dawkins lo plantea de la siguiente manera: la teteta espacial. Imagina que hay una tetera girando alrededor del sol. Está muy lejos y es muy pequeña como para ser detectada por ningún instrumento que tengamos, así que no la vemos. No sabemos si hay o no una tetera espacial, así que ¿por qué suponer que no la hay? Excepto que eso no tiene sentido en lo absoluto. Bueno, a lo mejor sí existe la jodida tetera, ¿pero a quién le importa? ¿Por qué habría de creer en cualquier cosa que se te ocurra, sólo porque no sé lo que está ahí?



Una forma en la que se manifiesta esta falacia en las diversas formas de magufería y pseudociencia, cuando dicen:

¡Es que la ciencia no lo sabe todo!

Pos no. Ni lo hará. Pero aunque no dispongamos de una explicación científica para un fenómeno tal, eso no significa que esa explicación sea el ente sobrenatural que te imagines. Antes la gente no sabía por qué llovía, y asumía que era la voluntad de Zeus. O no sabía por qué se daban los cambios de estaciones y asumían que era Ishtar que volvía a la tierra desde el inframundo. Sus conclusiones son tan coherentes como las de quien hoy en día asume que si algo no lo puede explicar la ciencia, debe tratarse de un asunto sobrenatural.

De cualquier forma, a veces no es "la ciencia" la que no sabe las cosas, sino tú. O sea, no porque no supiste qué era ese objeto inusual que viste en el cielo, y el astrónomo al que consultaste (y que no lo vio) no sabe qué decirte, ya por eso debes concluir que era una nave especial con visitantes de otro planeta. O que si no sabes por qué razón a tu gato le da por quedarse mirando de fijo a espacios vacíos, debas saltar a la conclusión de que el minio ve fantasmas en tu casa. Como los infames Ghost Hunters, cuyo principio básico es que si no pueden encontrar explicaciones científicas (como en la media hora durante la que "investigan") a los fenómenos que encuentran, entonces deben tener causas sobrenaturales, en específico, fantasmas, (como los que te están observando detrás de tu hombro derecho mientras lees esto... ¡no voltees!).



Argumentar desde la ignorancia es una de las cosas más tontas que uno puede hacer. Evítalo.

HIPÓTESIS AD HOC

Muy relacionados con el razonamiento circular y con la falacia ad ignorantiam, está la hipótesis ad hoc. Ésas son hipótesis o suposiciones que caen de perlas porque explican con mucha conveniencia algún fenómeno. El problema es que estas hipótesis no pueden ser comprobadas ni refutadas. No porque hagan falta recursos o los instrumentos necesarios para comprobarla; en la historia de la ciencia en ocasiones han surgido hipótesis que no pudieron comprobarse en su momento, sino mucho después, cuando se hubieron desarrollado los instrumentos para hacerlo. Las hipótesis ad hoc, en cambio, son por su misma naturaleza incomprobables. Además, suelen usarse en montón, proponiéndose como explicaciones incomprobables sobre por qué algunas afirmaciones no pueden ser comprobadas.

Aquí viene mi ejemplo favorito de Carl Sagan: el dragón en el garaje:

Pipo: Tengo un dragón en mi garaje.
Pope: ¿De veras? ¡Muéstramelo!
Pipo: No puedo, es invisible.
Pope: Bueno, vamos a tocarlo.
Pipo: No se puede, es intangible.
Pope: ¿Podemos medir su calor con un visor térmico?
Pipo: No, no produce calor.
Pope: Supongo que tampoco podemos escucharlo.
Pipo: No, no hace ruido.


Entonces el primer tipín tiene una afirmación que no puede comprobar. Para explicar por qué no la puede comprobar, ofrece hipótesis que son en sí mismas incomprobables. En realidad, después de todo el choro mareador que se propuso para explicar por qué no hay pruebas del dragón del garaje, nos quedamos iguales: para efectos prácticos, no existe dragón en el garaje. Veamos otro ejemplo:

¡El gobierno oculta las evidencias de que los extraterrestres nos visitan! Por eso no hay pruebas, ¿te das cuenta?

O sea, para justificarse el porqué no tienen pruebas de que su teoría de la conspiración es real, requieren que admitamos que su teoría de las conspiración es real (por eso les decía que se relacionaba muy a menudo con el razonamiento circular).

Las pseudociencias recurren a las hipótesis ad hoc para justificar el por qué no funcionan o por qué no pueden ser comprobadas. Si fuiste con un curandero y tu mal no se alivió, quizá te diga que no tuviste suficiente fe. Algún partidario de la ley de la atracción te dirá que si no obtuviste lo que deseabas fue porque no lo quisiste con suficiente fuerza. Son explicaciones ad hoc, por supuesto, porque para empezar la fe y el deseo son experiencias subjetivas, y no se puede medir cuánta fe tiene una persona ni con cuánta fuerza está deseando algo. Mucho menos se puede establecer una correlación para saber exactamente cuánta fe o deseo se necesita para que se obtenga el resultado deseado.

Charlatanes como los del ejemplo anterior no pueden comprobar nada, pero como tampoco se les puede refutar, por la misma naturaleza de sus afirmaciones, se cuelgan de la falacia ad ignorantiam, para protegerse de toda crítica. Por ejemplo, Gavin Menzies propuso la idea de que América fue descubierta por los chinos antes que Colón. Cuando se le pregunta por qué entonces los chinos, un pueblo altamente letrado y escrupuloso para el registro de sus acontecimientos importantes, no tiene ningún documento que hable de ese viaje, Menzies responde que esos documentos debieron haber sido destruidos. Algo que no podemos comprobar para explicar algo que no podemos comprobar.




¡Cuidado! Los creacionistas suelen atacar a la evolución de ser un conjunto de hipótesis ad hoc. Esto es una falsedad (los creacionistas son gente muy tramposa). No es éste el espacio para discutirlas, pero en realidad tanto el hecho de que los seres vivos evolucionan y los mecanismos por los cuales lo hacen están más que comprobados (y las hipótesis aún no comprobadas son susceptibles de serlo).

La hipótesis ad hoc por excelencia es, desde luego, Dios. La idea de un Dios creador cuya voluntad dio origen al universo y sus leyes es una forma de explicarnos por qué las cosas existen y son como son. Aunque, desde luego, esta explicación no explica nada. Los creacionistas suelen decir que si los chimpancés y los seres humanos son 99% genéticamente iguales, no se debe a la evolución (una explicación demostrable), sino simplemente que Dios así lo quiso (algo que no podemos demostrar ni refutar). Ante la incongruencia de tener un Dios omnipotente y bondadoso por un lado, y un mundo de sufrimiento y crueldad por otro, la explicación ad hoc es que Dios nos deja libres, o sea que no interviene porque decide no hacerlo. Al señalamiento de que ocurren tantas desgracias en la vida humana se responde que los motivos de Dios son misteriosos. Como no podemos comprobar que Dios existe, y mucho menos podemos comprobar cuáles son sus intenciones, tales explicaciones son irrefutables, pero también son inútiles.

No puedes comprobar que el mundo NO fue creado por el Monstruo Espagueti Volador

Lo mismo se aplica para cualquier fuerza sobrenatural con la que pretendan explicarse los fenómenos del mundo real, como la ley de la atracción o el karma. En una ocasión discutí con una colega literata al respecto, pues ella estaba cree en el karma, la noción oriental de que hay una fuerza cósmica que recompensa las buenas acciones y castiga las malas. Su primer argumento fue señalar que la creencia en el karma es muy antigua (falacia ad antiquitatem, que es concluir que una creencia es verdadera sólo porque es muy antiguo; la veremos más adelante).

Yo le cuestioné cómo podía creer en un mundo regido por el karma cuando en la historia reciente de la humanidad habían ocurrido atrocidades como el Holocausto nazi, en el que 6 millones de personas, entre ellas muchos niños, habían sido masacradas sistemáticamente. Ella dijo que no sabemos si todas esas personas en su otra vida cometieron crímenes ellas mismas. ¡Combo breaker!  Fuera de la repugnancia moral que me causó esta respuesta, su falta de lógica es evidente: Su explicación para algo que no se podía comprobar (la idea del karma, que no es compatible con las injusticias de la vida) era otra cosa que no se podía comprobar (asumir que la reencarnación es real y que en su vida pasada estas personas cometieron crímenes). Son hipótesis ad hoc sobre hipótesis ad hoc para explicar porqué una explicación que no explica nada no puede ser demostrada. La epítome del malabarismo mental.

Ante todas estas confusiones, es conveniente recordar el principio conocido como la Navaja de Occam, llamada así en honor al filósofo medieval William de Occam. Ésta nos dice que la explicación más sencilla es la más probable. Por "sencilla" no queremos decir "facilota", sino la que requiere de menos supuestos desconocidos o incomprobables para explicarse. ¿Asumimos que existe una fuerza cósmica que reparte justicia, asumiendo también toda una cadena de cosas que no sabemos ni podemos comprobar? ¿O simplemente asumimos que no existe tal fuerza cósmica?

TRANSFERIR LA CARGA DE LA EVIDENCIA

Este último es uno de los ardides más tramposos de los que un sofista puede echar mano. Consiste en "echarle el muerto" a otra persona, en "pasarle la bola", en hacerla responsable de algo que debería ser responsabilidad de uno mismo: comprobar lo que se dice. Como veremos, esta artimaña está muy relacionada con la falacia ad ignorantiam y con las hipótesis ad hoc

Veamos:

Tito: Yo creo que los extraterrestres gobiernan el mundo.
Tata: No manches, ¿qué tontería es esa?
Tito: ¿Ah, no me crees? Pues demuestra lo contrario.
Tata: ¿Qué? Pero yo no puedo...
Tito: Ahí está, si no puedes demostrar lo contrario, es que yo digo la verdad.

Hay muchos ejemplos de esto en las pseudociencias y la magufería. Los charlatanes a menudo retan a que se les demuestre que sus afirmaciones NO son ciertas. Es una forma cómoda de escudarse y no tener que comprobar ellos mismos lo que dicen. Ante ello, siempre es bueno seguir la máxima del gran Carl Sagan: "Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias". Es decir, que quien asegura algo es quien tiene la responsabilidad de demostrarlo, y no quien lo pone en duda, sobre todo si tales afirmaciones son de naturaleza extraordinaria, por ejemplo cuando contradicen lo que se sabe.



En la historia de la ciencia, por supuesto, ha habido afirmaciones extraordinarias, en forma de hipótesis o teoría, que contradecían el paradigma establecido en ese entonces. Los científicos de la época hicieron bien al mostrarse escépticos ante tales ideas novedosas, porque de hecho hay mucha basura y no todos los charlatanes que proponen algo nuevo resultan ser Galileo. Cuando la hipótesis queda demostrada, ésta pasa a formar parte del conocimiento científico establecido. Pero los charlatanes, tales como astrólogos, psíquicos o pseudomédicos llevan décadas, a veces siglos haciendo afirmaciones extraordinarias, pero sin poder demostrar nada, y además tienen el descaro de exigirle a los otros que se tomen el trabajo de probar lo contrario.

En una ocasión un amigo compartía un texto que reseñaba un libro en el que se aludía a la supuesta homosexualidad reprimida de Hitler. Como nerd de la Segunda Guerra Mundial que soy, le hice notar que no había pruebas sobre esa supuesta homosexualidad reprimida, y que se trataba de puras especulaciones (hipótesis ad hoc, pues). Mi amigo pareció indignarse y me exigió que yo le demostrara que Hitler no era homosexual. Al principio traté de explicarle que no es así como funciona la cosa, pero mejor lo dejé por la paz.

Esto equivale a decir:
"El gobierno no ha demostrado que el chupacabras no esté alimentándose de animales que no hemos encontrado"

"Momento, Ego, ¿qué hay de la presunción de inocencia? Uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario, ¿no? ¿No sería eso una falacia de transferir la carga de la evidencia?" En lo absoluto. El principio de presunción de la inocencia exige que quien acusa a alguien de cometer un delito, presente las pruebas de que dicho delito fue cometido. Es decir, que quien asegura que algo pasó, sea quien demuestre ese algo. Si no se demuestra la existencia de la culpa, se asume que no hay tal. Como la inocencia consiste en la ausencia de culpa, no se puede pedir que se demuestre la inocencia (aunque sí se pueden presentar evidencias que contrarresten lo que se presenta como evidencias de la culpa, como demostrar que el acusado estaba en otro lugar al momento de cometerse el delito). Siguiendo esta lógica, los aliens que gobiernan el mundo son inocentes de existir hasta que se demuestre lo contrario, es decir, que los aliens existen y que gobiernan el mundo.

Muy bien, eso sería todo por hoy. Ahora disponemos de mejores herramientas para llegar más fácilmente a las conclusiones. No se pierdan la próxima entrada para seguir fortaleciendo nuestra razón.

Parte III: ¿Ah, sí? ¿Quién dice?
Parte IV: Confundir la gimnasia con la magnesia
Parte V: Simplemente hacer trampa

viernes, 21 de marzo de 2014

Falacias, Parte I: Formalmente estúpido

Bien, ya tuvimos nuestra introducción. Ah, ¿no la han leído? Pues regrésense y háganlo.

Ahora sí, vámonos directo con las falacias que debemos conocer, para que no nos vean la cara de bobos, ni nos engañemos a nosotros mismos. Muchas de ellas tienen nombres en latín, lo cual es muy útil a la hora de apantallar a los incautos, pero recuerden que lo importante es aprender a identificarlas y a evitarlas. Empezaremos por las falacias formales, aquéllas cuyo fallo está en las estructuras de pensamiento como las estudia la lógica formal. Una falacia formal es una estructura que siempre está equivocada.  Debemos comenzar por la madre de todas las falacias:

NON SEQUITUR





Es una locución latina que significa literalmente "no se sigue de", para indicar que una conclusión no sigue lógicamente las premisas que la sostienen. 

Recuerden su Rápido curso de lógica práctica (no se lo brincaron, ¿verdad?). Tengan en cuenta que 2 + 2 = 4, sin importar que estemos sumando peras o manzanas o kilos de mota. O que bh/2 nos sirve para obtener el área de un triángulo de cualquier medida, incluso si el triángulo nada más nos lo estamos imaginando; sin importar que de hecho exista el hipotético triángulo, la fórmula es correcta. Pero además, si tenemos los datos correctos de la altura y la base, el resultado que obtengamos no sólo será correcto, sino verdadero.

Bueno, pues la lógica trata de dar con esas "fórmulas" que nos permitirán siempre obtener un resultado correcto, y desechar esas otras que nos inducen al error. Veamos un ejemplo clásico de un silogismo válido:

Todos los hombres son mortales.
Sócrates es un hombre.
Por lo tanto, Sócrates es mortal.

Cuya fórmula es:

Todo S es P
A es S
Por lo tanto, A es P


Un diagrama de Venn, para que quede más claro



Hasta aquí todo va bien, pues si las premisas dicen la verdad, que todos los hombres son mortales y que Sócrates es un hombre, la conclusión debe ser verdadera también: que Sócrates es mortal. Con este esquema, si las premisas son verdaderas, la conclusión también debe serlo. Vean:

Todo cánido es mamífero.
El lobo es un cánido.
Por lo tanto, el lobo es un mamífero.

¿Pero qué hay con ésta?

Todos los hombres son mortales.
Sócrates es mortal.
Por lo tanto, Sócrates es un hombre.


Nuestra conclusión está equivocada, porque aunque se dice que todos los hombres son mortales, eso no implica que todos los seres mortales sean hombres. Sabemos que Sócrates es un mortal, pero podría ser un perro, por ejemplo. Y es que, cuando analizamos estos razonamientos, sólo debemos tomar en consideración la información que nos brindan las premisas, sin asumir nada más. Eso que acabamos de ver, niños y niñas, fue un non sequitur.






Otro razonamiento erróneo es el siguiente:

Algunos hombres son franceses.
Sócrates es un hombre.
Por lo tanto, Sócrates es francés.


El error es bastante evidente: sólo sabemos que algunos hombres son franceses, de ninguna manera que todos lo sean, y no hay forma de saber si ese tal Sócrates cae dentro de los que son franceses o dentro de los que no, de modo que concluir cualquier cosa al respecto sería falaz, y aparte precipitado e imprudente.




Uy, uy, pero acuérdense que es posible que uno le atine a la respuesta correcta con un razonamiento equivocado:

Algunos hombres son griegos.
Sócrates es un hombre.
Por lo tanto, Sócrates es griego.

Aunque sea verdadero que Sócrates es griego, el razonamiento sigue siendo inválido, sigue siendo una falacia, un non sequitur, porque sus conclusiones no se siguen lógicamente de las premisas. Como el acierto no depende aquí del razonamiento, sino de la casualidad, debemos descartar estas formas como falaces. Es por eso que las falacias son tan peligrosas: dan la apariencia de ser válidas y en ocasiones hasta pueden atinarle.

También podemos concluir algunas otras cosas, por ejemplo:

Todos los félidos son mamíferos.
Los cocodrilos no son mamíferos.
Luego, los cocodrilos no son félidos.

He ahí un razonamiento válido. Pero el siguiente razonamiento no lo es:

Todos los félidos son mamíferos.
El lobo no es un félido.
Luego, el lobo no es un mamífero.

Veamos estos diagramas de Venn para que nos quede más claro:



No podríamos dejar de mencionar formas de non sequitur aún más obviamente disparatadas. Como ésta, que trata de sacar una conclusión general de dos premisas particulares:

Algunos mamíferos son cánidos.
Algunos mamíferos son félidos.
Luego, algunos cánidos son félidos.

O de plano alguna tontería como:

Algunos hombres son mortales.
Sócrates es griego.
Por lo tanto, Sócrates es gay.


Aquí está Abraham Lincoln peleando con un T-Rex.
Tu argumento es inválido.



En realidad, todas las falacias formales son tipos de non sequitur, y dos de las más comunes son:


AFIRMACIÓN DEL CONSECUENTE Y NEGACIÓN DEL ANTECEDENTE


Para saber cómo funciona un silogismo con condicionales, o modus ponendo ponens (más latín para impresionar a los incautos), veamos el siguiente ejemplo de un razonamiento válido:

Si X, entonces Y
X
Por lo tanto, Y.

Entendiendo que Y es una consecuencia necesaria de X, y entonces siempre que se presente X (antecedente) se presentará Y (consecuente). Si nos encontramos con que se da el caso de X, podemos concluir sin lugar a dudas que Y también se dará. Aterricémoslo:

Si llueve, la calle se moja.
Llueve.
Por lo tanto, la calle se moja.





"¡Un momento, Ego! Pero no necesariamente la calle se moja si llueve, podría tener un toldo, o algo así, ¿no?" De acuerdo, eso puede ser, pero si ése es el caso, entonces el problema es que la primera premisa sería falsa: no necesariamente si llueve la calle se moja. Pero aquí estamos partiendo del supuesto de que ya podemos dar por ciertas las dos premisas, y tratando de hallar una forma de obtener una conclusión válida a partir de ellas. En este caso, si aceptamos las dos premisas como verdad, es decir, si en verdad el que la calle se moje es una consecuencia ineludible de la lluvia, y en verdad está lloviendo, entonces nuestra conclusión es verdadera: la calle se moja.

Veamos otro ejemplo:

Si estoy en París, estoy en Francia.
Estoy en París.
Por lo tanto, estoy en Francia.

Sí, ya sé que podría estar el París, Texas, pero para propósitos de este razonamiento, tomemos las premisas como verdaderas, y aceptemos como verdad que si un individuo se encuentra en París, invariablemente también se encuentra en Francia.





¿Cuándo se vuelve una falacia? Cuando hacemos una afirmación del consecuente, es decir, tomamos el consecuente como una prueba de que ocurrió el antecedente. Miren:

Si llueve, la calle se moja.
La calle se moja.
Por lo tanto, llueve.


¿Por qué esto está mal? Porque del hecho que la calle esté mojada no podemos concluir que llovió. Sabemos que si llueve la calle inevitablemente se mojará, pero en ningún lado dice que la lluvia es la única forma por la que una calle puede mojarse (si lo dijera, ya sería otro cantar). Pudo haber pasado el camión que riega los camellones y mojar la calle, o pudo romperse una tubería. ¡No lo sabemos! Sólo podemos tomar en consideración los datos que nos ofrecen las premisas, y no tenemos la suficiente información como llegar a conclusión alguna, así que lo mejor es no concluir nada hasta que la tengamos.

Otro ejemplo:

Si estoy en París, estoy en Francia.
Estoy en Francia.
Por lo tanto, estoy en París.

El error es obvio, porque podría estar en otro lugar de Francia que no fuera París.




Una forma correcta para obtener conclusiones sería el honorable modus tollendo tollens, o sea:

Si X, entonces Y
No Y
Por lo tanto, no X

Si Y es una consecuencia necesaria de X, de presentarse X, siempre se presentaría Y. Al no presentarse Y, podemos concluir que no se dio el caso de X. O sea...

Si llueve, la calle se moja.
La calle no se moja.
Por lo tanto, no llueve.


Si aceptamos la realidad de la primera premisa, es decir, que el que la calle se moje es una consecuencia inevitable de que llueva, entonces una calle que no se moja es señal de que no hay lluvia. Sí, ya sé que en la realidad, podría ser algo hubiera impedido que se mojara la calle aunque lloviese. Pero eso significaría que la primera premisa es falsa, y recuerden que aquí estamos asumiendo que las dos premisas son verdaderas para ilustrar cómo funciona este razonamiento. Quizá quede más claro con este ejemplo:

Si estoy en París, estoy en Francia.
No estoy en Francia.
Por lo tanto, no estoy en París.

Eso es bastante evidente. Como estar en París implica forzozamente estar en Francia (si damos por verdadera la primera premisa), es imposible estar en París sin estar en Francia o dicho de otra forma, no es posible no estar en Francia, pero sí estar en París.




Una falacia  sería la negación del antecedente, en la que se cree erróneamente que por negar el antecedente se puede llegar a una conclusión.

Si llueve, la calle se moja.
No llueve.
Luego, la calle no se moja.


Repitiendo lo que decía más arriba, sólo sabemos que la calle se mojará si llueve, pero en ningún lado dice que la lluvia sea la única forma por la que una calle puede mojarse, y para propósitos de un razonamiento sólo podemos tomar la información que nos brindan las premisas. Si nuestra primera premisa reazara "La lluvia es la única forma posible en que la calle puede mojarse", otro gallo cantaría. Bien puede ser que no llueva, pero se moje la calle por alguna otra razón. En fin, no tenemos suficientes datos y no podemos concluir al respecto.

Siguiendo el ejemplo ya visto:

Si estoy en París, estoy en Francia.
No estoy en París.
Por lo tanto, estoy en Francia.

Por lo mismo, sabemos que estar en París implica necesariamente estar en Francia, pero en ningún momento se afirma que estar en París sea la única opción para estar en Francia. Concluir que no estamos en Francia porque no estamos en París, es una falacia.




"Oye, Ego, pero esto es para niños chiquitos. Nadie va a hablar de esta manera en el mundo real". Es cierto, mes amis. En la vida real nos encontramos con declaraciones como ésta:

Todos los observadores imparciales y los teóricos creíbles coinciden en que cuando las estructuras básicas de una sociedad son justas, los ciudadanos se conforman a ellas por su propia voluntad. El hecho de que los ciudadanos en nuestras sociedades no se rebelan constituye una prueba poderosa y convicente de la justicia de nuestras instituciones, y todos esos supuestos revolucionarios deberían pensar en ello.

Les doy un minuto para encontrar el error ahí.

¿Ya?

¿No? Bueno, de seguro organizar este pensamiento en una estructura de silogismo será de ayuda:

Si las estructuras sociales son justas, la gente se conforma.
La gente se conforma.
Por lo tanto, las estructuras sociales son justas.

Como pueden comprobarlo, al compararlo con nuestros ejemplos anteriores, éste es un caso de afirmación del consecuente. En efecto, podría ser que los ciudadanos no se rebelen porque el sistema es justo, pero también podría ser que estén atemorizados o simplemente no se les ocurra rebelarse. Como sea, la conclusión no se sigue de los argumentos. 


"Desde aquí mis súbditos se ven muy contentos"


Veamos otro caso similar, más obvio quizá:

El psíquico me aseguró que un cambio importante se daría en mi vida. A la semana siguiente, me ofrecieron un ascenso en la oficina. ¡Este psíquico es realmente bueno!

Si el psíquico tiene poderes, se cumple lo que predice.
Se cumplió la predicción.
Por lo tanto, el psíquico tiene poderes.

Esta persona no está teniendo en cuenta que "un cambio importante" es muy ambiguo, y que un pronóstico así tiene muchas oportunidades de atinar sin necesidad de que el supuesto psíquico pueda ver el futuro.

Un ejemplo más:

Arrestar a quien delinque es precisamente el trabajo de la policía. Cuando vemos a las fuerzas del orden llevándose a esos jóvenes, podemos estar seguros de que algún delito estaban cometiendo, por lo que hablar de "abuso de la fuerza" es una tontería.

Si uno comete delitos, es arrestado por la policía.
Esos jóvenes fueron arrestados por la policía.
Por lo tanto, esos jóvenes son delincuentes.

¿Quieren algún ejemplo de negación del antecedente? Cómo no:

Conviene evitar los pensamientos negativos, porque tienen la capacidad de incidir en el mundo real. Si expulsas a los pensamientos negativos de tu vida, ya nunca te sucederán cosas malas.

Si pienso cosas negativas, pasan cosas malas.
No pienso cosas negativas.
Por lo tanto no me pasarán cosas malas.

Una falacia de cabo a rabo, y sin contar que la primera premisa es una reverenda estupidez.


Aquí está Abraham Lincoln cabalgando un oso.
Tu argumento es inválido.

Bueno, hasta aquí hemos tenido con las falacias formales. A mi gusto las falacias informales son las más divertidas, y me parece que también las más comunes. No se pierdan nuestra próxima entrega:

miércoles, 12 de marzo de 2014

¡Falacias! ¡Falacias, everywhere!



PRESENTACIÓN

Ha llegado el momento de abordar el tema de las falacias. Como ustedes sabrán, si alguna vez han tenido una conversación en Internet, las falacias son argumentos que tienen apariencia de validez, pero que en realidad son falsos, tramposos, engañosos. Ahora bien, me parece notar que últimamente existe una mayor consciencia de qué son las falacias y cuáles son los ejemplos más comunes (ad hominem, hombre de paja, etc.). Es decir, por lo menos se lee más a gente que sabe lo que significa la palabra "falacia" y tiene más o menos idea de en qué consisten algunas de ellas.

Pero surgen también nuevos problemas. Hay algunas personas que conocen los nombres de las falacias, pero no saben aplicarlas. Se ve en las discusiones ente ecécticos y hateos (S.A. de C.V.) en las que nos a otros se acusan de estar diciendo tal o cual falacia, y ninguno de los dos dice nada de provecho. Hay quienes, falazmente, acusan a los otros de usar falacias, y se vuelve un círculo vicioso. Para poder aclarar las aguas turbias, hay que entender que A: No todo lo que parece una falacia lo es; lo que hace a un argumento falaz es su irrelevancia o incongruencia (apoyarse en una fuente confiable no siempre es ad verecundiam; cuestionar la credibilidad de una persona no siempre es un ad hominem). B: Gritar como chango nombres de falacias no es argumentar, y aún si demuestras que la otra persona sólo está diciendo falacias, eso no significa que tú seas quien tiene la razón.

El otro problema es que ante la mayor consciencia de lo que son las falacias entre los internautas, los magufos se han construido una muralla protectora para poder seguir diciendo sus mamadas: las falacias son invento de la razón occidental (y lo occidental es más malo que Sauron, Cthulhu y Voldemort juntos): que pretende reglamentar el libre pensamiento. De esta forma, pueden seguir usando falacias para justificar sus creencias irracionales de la Nueva Era, porque ya de antemano rechazaron toda crítica.

Finalmente, no he podido hallar un sólo sitio en el que se explique de forma completa, amena, con buenos ejemplos, las falacias que más a menudo encuentra uno en su paso la Internet. O son listados muy incompletos o a sus ejemplos les falta imaginación para cubrir todos los ámbitos en los que la misma falacia puede encontrarse.

Pues bien, teniendo en cuenta lo anterior, he decidido contribuir a la lucha contra la estupidización de la humanidad mediante una épica, pero digo, realmente ÉPICA serie de entradas sobre las falacias, empezando por este introducción. Antes de comenzar, por cierto, quizá quieran darse una vuelta para recordar mi Rápido curso de lógica práctica y mi entrada sobre las Debilidades mentales, pues algunos conceptos de por allá les servirán para comprender cabalmente este tema.

INTRODUCCIÓN



Bien, como decíamos más arriba, podemos definir falacia como un argumento que en apariencia es válido, pero que resulta lógicamente incorrecto una vez se le analiza con detenimiento. Estrictamente hablando, se le llama "falacia" si es dicha de buena fe, es decir, si quien sostiene tal argumento de verdad cree que es válido, mientras que se le da el nombre de "sofisma" si tal argumento está dicho con malicia, con el objetivo consciente de engañar. Para efectos prácticos, las llamaremos "falacias" en cualquiera de ambos casos.

Para tener una idea, una de las falacias más conocidas es el ad hominem, en la que se ataca a la persona que esgrime u argumento, en vez de el argumento en sí. Supongamos que alguien hace una crítica de las políticas de un gobierno X, y se le descarta por ser miembro del partido Y. "No le hagan caso, que es de la oposición", cuando lo importante es verificar si la crítica en sí es válida (en las entradas siguientes ampliaremos este tema).

Las falacias, debido a su apariencia de validez, son muy, pero muy comunes. Nos las encontramos en todos los ámbitos de nuestras vidas: desde las discusiones personales con nuestro seres cercanos, hasta en debates verdaderos sobre política, religión, ciencia o cualquier tema. Se usan con frecuencia en la publicidad, la propaganda y los medios de comunicación en general. Los charlatanes, merolicos, fundamentalistas religiosos y promotores de las pseudociencias son especialmente astutos en el uso de las falacias, pero los políticos, ideólogos y opiniócratas también son muy duchos en el arte del sofismo. De hecho, creo que es imposible evitar caer en ellas el 100% del tiempo, pues al fin no somos seres perfectamente racionales, pero eso no significa que no podamos esforzarnos por mantener el pensamiento lo más claro posible.

""Falacia" viene de falo, ¿verdad?"


Por ejemplo, la falacia ad ignorantiam, o apelación a la ignorancia consiste en decir que como no sabemos algo, bien podría ser aquello que afirmamos. Así, en este tenor, alguien podría decir que como no sabemos qué es lo que sucede después de la muerte, nada nos impide suponer que vamos a reencarnas. Después de todo, nadie puede probar lo contrario. En realidad es al contrario: si no tenemos razones para suponer que algo es así, lo sensato sería no asumirlo. En fin, ejemplos de falacias los podemos encontrar en todas partes.

Pero, ¿cómo sabemos que esos argumentos que parecen válidos en realidad no lo son? ¿Quién dice lo que es válido usar como argumento y lo que no? Bien, primero debe entenderse que esto de las falacias no es simplemente un conjunto de reglas arbitrarias; es decir, no se trata de que alguien haya llegado y dicho que tal o cual argumento no era válido sólo porque no le gustaba. La detección de las falacias ha sido, en la historia del pensamiento humano, un proceso largo a través del cual se han ido "descubriendo" formas de pensar, de querer llegar a conclusiones, de pretender acertar a la respuesta correcta, que simplemente nos llevaban por el camino equivocado. La detección de las falacias viene a ser el resultado de darnos cuenta de cuáles razonamientos nos sirven y cuáles nos inducen al error, y ello es resultado de mucho pensar y comparar, desde Aristóteles hasta los días de Internet.

Va otro ejemplo famoso, el post hoc ergo propter hoc, que significa "después de, por lo tanto debido a". Como que una persona se cure de una gripa molesta después de visitar a un curandero, y asuma que se curó debido a su magia. En realidad, para concluir que A es consecuencia de B, no basta con observar que B sucedió antes de A: es necesario analizar mucho más. Bien podría ser que A y B fueran ambas consecuencias que C, o que no estuvieran relacionadas más que por la coincidencia. Considerar que A podría ser consecuencia de B es bastante razonable, pero no se puede concluir sin haber obtenido más información y poner a prueba nuestra suposición. Es decir, no podemos sacar una conclusión segura. En otras palabras, consideren las falacias como si fueran métodos o herramientas que se han descartado porque se ha visto que no da resultado. Consideren el aprender a identificarlas como una forma de afinar nuestra mente para pensar de forma más clara y acertada.

Y así...



¡Pero, cuidado! No todo aquél que conoce nombres y ejemplos de falacias sabe detectarlas. Como decíamos arriba, lo que hace que una falacia sea tal es su irrelevancia o su incongruencia. Por ejemplo, volvamos con la falacia ad hominem: un hecho es un hecho sin importar quién lo diga, pero cuando no podemos ir a comprobar por nosotros mismos cuál es la verdad, es sensato y prudente confiar en un experto. Después de todo, sí es relevante si quien emite una opinión sobre una enfermedad que padecemos es un médico o un lego, o si quien nos narra un suceso es un testigo ocular o alguien que escuchó de oídas. A final de cuentas los hechos son los hechos, y tanto el médico como el testigo ocular podrían estar equivocados o estar mintiendo, pero ante la imposibilidad de comprobarlo todo de primera mano, es necesario recurrir a fuentes confiables (sobre tooodo esto elaboraremos en las siguientes entradas, lo prometo).

Muy a menudo las discusiones carecen de argumentación y se da el caso de que alguien sólo se pone a gritar nombres de falacias y luego se cruza de brazos muy complacido, como si eso lo hiciera ganar el debate. Y si ustedes dejan a dos ecécticos solos en un foro, no tardarán en acusarse los unos a los otros de ad hominem y hombres de paja, cada uno tratando desesperadamente de probar que él es el verdadero escéptico y que el otro no es más que un magufo cualquiera. Pero a veces eso que sañalan como falacia no es tal, sino un argumento válido que se parece una falacia. En otras palabras, muchos falacistas sabrán los nombres, pero no tienen mucho criterio a la hora de discriminarlas.

Muchos, además, confunden falacia (un argumento lógicamente inválido) con falsedad (una información factualmente errónea). Es muy fácil confundir la gimnasia con la magnesia, por desgracia.

¡Eso es un hombre de paja, idiota!


Eso nos lleva a la primera gran falacia de nuestro recorrido:

FALACIA DEL FALACISTA 

También llamada ad logicam o apelación a la lógica. Miren ustedes, el que una persona utilice falacias en su argumentación, no significa que lo que defiende esté equivocado. Mucho menos significa que por eso su oponente tiene la razón. Por ejemplo, si se da un debate entre alguien que apoya a la teoría de la evolución y un creacionista, y el evolucionista dice algo como:

-La evolución tiene que ser verdad porque es una idea muy antigua. Algunos filósofos griegos hablaron de que los organismos cambian con el tiempo...
-¡Ja! ¡Ésa es una falacia ad antiquitatem! Por lo tanto, la evolución es mentira. Perdónalos, Jesús.

En efecto, el evolucionista está cometiendo una falacia ad antiquitatem, de asumir que porque una idea es muy vieja y se ha sostenido desde hace mucho tiempo, es por ello verdadera. Pero el creacionista se está yendo por la falacia del falacista. Que el chavo evolucionista no sepa cómo argumentar y diga pura tontería, no significa que esté equivocado, ni mucho menos que el creacionista tenga por eso la razón. Digan lo que digan ellos, la evolución sigue siendo un hecho científico demostrado. Claro, por lo general cuando los argumentos de alguien se apoyan en falacias, es sensato suponer que no tiene ni idea de qué es lo que dice y que ni vale la pena escucharlo. Pero bien puede ser que simplemente esté defendiendo una postura acertada sin saber cómo. Después de todo, el mundo está lleno de posers que repiten acríticamente lo que gentes más inteligentes que ellos han dicho. Claro que cuando toooodos los que defienden esa postura no tienen más que falacias, y del otro lado están los argumentos de verdad, podemos descartar esa postura como una tontería e irnos a dormir.





Y bueno, tampoco deben olvidar que aprender a reconocer y evitar todas las falacias no les garantiza que ganarán todas las discusiones y convencerán a todo el mundo, ¿eh? A menudo los sofistas usan tantas falacias tan seguido que el detenernos a explicar por qué cada una de las cosas que dijo es una tontería nos llevaría más tiempo del que vale la pena. Recuerda esto: querer razonar con una persona que ha renunciado al uso de la razón es como querer administrarle medicina a un cadáver.

Más aún, discutir con un campeón de las falacias (un magufo o un fanático) es como jugar ajedrez con un mono araña: mueve las piezas como le da la gana, avienta el tablero, se caga en la mesa y se va pavoneándose pensando que él ganó.

He acomodado las falacias bajo diversos títulos. Esto no debe considerarse como una clasificación o categorización rigurosa. Mi criterio fue puramente editorial: para que quedara más o menos el mismo número de tópicos en cada entrada, y para que el conocimiento de cada falacia ayude a la comprensión de la siguiente.

Dicho esto, comencemos:

Parte I: Formalmente estúpido
Parte II: Eso no tiene sentido
Parte III: ¿Ah si? ¿Quién dice?
Parte IV: Confundir la gimnasia con la magnesia
Parte V: Simplemente hacer trampa

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