viernes, 18 de abril de 2014

Falacias, Parte IV: Confundir la gimnasia con la magnesia




"Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa" dice el viejo y conocido refrán, y otro menos redundante y decoroso pero más directo dice "¿qué tienen que ver el culo con las tetas?". Pero los listillos de Internet gustamos de usar expresiones como "estás confundiendo la gimnasia con la magnesia". ¿Qué significa esto? Se refiere a ciertas falacias que hacen precisamente eso: confundir dos cosas entre sí cuya relación es irrelevante para lo que se discute. En esta ocasión veremos algunos ejemplos de esas falacias, para las cuales la respuesta más sensata es recordar que "una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa".

LA FALSA ANALOGÍA

¿Cómo funciona la gravedad? Una de las analogías usadas con frecuencia en los libros de divulgación científica va más o menos así. Imagina que tienes una cama elástica, no demasiado tensa, ni demasiado huanga, y en ella colocas una bola de bolos. La bola de bolos hunde la lona hacia el centro, claro está. Ahora deja caer en la cama elástica pelotitas de golf. Éstas rodarán hacia el centro, porque la presencia de la bola ha deformado la lona, ¿correcto? Bien, es así como funciona la gravedad: la presencia de cuerpos con masa provoca una curvatura en el espacio-tiempo lo que resulta en el efecto que conocemos como gravedad. Mientras mayor es la masa del cuerpo, mayor es la curvatura del espacio-tiempo y que afecta incluso a la luz, haciendo que se doblen los rayos, que de otra forma serían rectos, lo cual se pudo demostrar observando la luz de las estrellas durante un eclipse solar.



Ahora bien, ¿mi ejemplo de la cama elástica probó que la masa deforma el espacio-tiempo? En lo absoluto, lo único que hice con esta analogía fue explicar cómo funciona la gravedad según la física einsteiniana. Así aparece en libros de divulgación para que legos como yo podamos entenderlo, pero no sirve como una prueba de que así es como funciona la gravedad. 

Éste es un punto importante que mucha gente no entiende: las analogías sirven para explicar y para comprender, para invitar a la reflexión, no para probar ni demostrar, no son evidencias de que lo que uno dice es correcto o falso. Pero las discusiones en Internet y en la vida se llenan de analogías que además, no son válidas. Mi favorita es la que me gusta llamar "la falacia del corazón de papel". La vi alguna vez en un video sobre educación sexual impartida, obviamente, por conservadores religiosos. En el video una señorita explica a su audiencia los nocivos efectos del sexo premarital. Toma un corazoncito de papel y dice "Éste es el amor de Juan y María", entonces prende un encendedor "Y éste es el sexo premarital", acto seguido le prende fuego al corazoncito que arde en cuestió de segundos "Ahí está lo que pasa con el sexo premarital. ¿Vieron lo que le hizo a su amor? ¿No lo hizo más fuerte, verdad?".

La cosa con las analogías es que el que las usa parte del supuesto que una cosa es realmente como la otra, que la relación entre sexo y amor es igual que la relación entre fuego y papel, y entonces la conclusión es obvia. ¡Pero no! Antes de pasar a usar la analogía, uno tendría que estar seguro de que realmente esas equivalencias son válidas. Por ejemplo, si digo que Batman es al Guasón como Superman es a Lex Luthor, estoy haciendo una analogía válida, porque en ambos casos tenemos al superhéroe y su archienemigo. Si digo que la Estatua de la Libertad es a Nueva York como la Torre Eiffel es a París, estoy haciendo una analogía válida, porque éstos son los monumentos más famosos de sus respectivas ciudades. Pero, ¿es realmente el sexo al amor como lo es el fuego al papel? Tendrías que demostrar eso primero.



En una ocasión, un viejo jefe, el tipo religioso que se volvió loco, me hablaba sobre el infierno. Cuando yo le dije que no creía en él, me empezó a echar sus verborrea. "Mucha gente dice que si Dios es infinitamente bueno, no puede haber condenación. Pero yo digo que Dios no sólo es infinitamente bueno, sino infinitamente justo. Mira, si una maestra tiene un alumno que siempre cumple y otro que siempre se porta mal, ¿como es muy buena le pone la misma calificación a los dos? No, ¿verdad? Por lo tanto, la condenación tiene que existir. ¿No te parece lógico?".

"¡No, pinche viejo loco!" pensé para mis adentros, pero no lo dije porque no quería que me despidieran y nada más le di por su lado. De entrada, estamos tomando por ciertas algunas cosas que no pueden demostrarse como tales: que Dios existe, que es infinitamente bueno, que es infinitamente justo, que tenemos almas inmortales y que éstas reciben un premio o un castigo dictado por Dios en la otra vida (nótese que cualquiera de estas afirmaciones podría ser vedad sin que las siguientes lo fueran y que ninguna puede demostrarse; son hipótesis ad hoc). Pero los que nos importa ahora es que su analogía no es válida: Está asumiendo que la relación entre Dios y sus creaciones es la misma que entre una maestra y sus alumnos, y que una mala calificación es análoga a la condenación eterna.

Los creyentes en el Karma a menudo dicen cosas como "así como una pelota que tiras a una pared rebota, todo lo que haces, bueno o malo, se te regresa". Algunos van más allá citando la ley newtoniana de la acción y la reacción. La analogía es falsa porque las leyes de Newton se aplican a fenómenos físicos (como la pelota rebotando en la pared), mientras que el bien y el mal son conceptos de tipo ético, que dependen de la concepción que individuos y sociedades tengan de ellos y no tienen existencia física, por lo que no pueden estudiarse mediante las ciencias empíricas (para eso está la filosofía) y mucho menos establecerse leyes al respecto. O sea, si una acción es buena o mala lo saben las personas, no el universo, los átomos o la energía, para los cuales los conceptos éticos son inexistentes y nuestras nociones sobre ellos son indiferentes. Además, ¿por qué tendría que ser como lanzar una pelota a una pared y no como, digamos, lanzar un frasco de mermelada a una pared, o una pelota a un precipicio, con efectos totalmente distintos?



La falacia de la falsa analogía no sólo se presenta en discusiones y argumentos, sino que, como todas las otras falacias, puede ser una forma de autoengañarnos. A menudo encontramos comparaciones entre las relaciones que se dan entre maestros y alumnos, jefes y empleados, padres e hijos, o gobernantes y ciudadanos, sin reparar en que esas relaciones en realidad son diferentes, y no mutuamente intercambiables.

Un ejemplo famoso es el usado por derechairos para "rebatir" las ideas de izquierda: si un maestro suma y promedia las calificaciones de todo un grupo, de forma que a todos les toque lo mismo, los huevones que no trabajaron tendrán una calificación más alta, mientras que los aplicados e inteligentes tendrán una calificación más baja, lo que no sería justo.

En primer lugar, nos enfrentamos a un hombre de paja (más adelante lo veremos), porque no es el propósito de la izquierda tomar lo que todos tienen y repartirlo por igual (y si de verdad crees que de eso se trata la cosa, necesitas aprender más sobre teoría política). Luego es una falsa analogía enorme porque asume que a) el maestro es como el gobierno b) los alumnos son como ciudadanos c) las calificaciones son como la riqueza d) el esfuerzo en clases es como el trabajo en el mundo laboral e) las condiciones en las que inicia un curso escolar son como las condiciones en las que uno empieza la vida laboral, etcétera. Si la analogía del "reparto equitativo de las calificaciones" parece ridícula, es porque lo es. Pero los invito a hacer una analogía de cómo funcionaría un salón de clases con un sistema de "libre mercado de calificaciones" con una "intervención mínima del maestro en la asignación de puntos" y verán que es igualmente absurda. Y esto es porque la relación entre gobierno y ciudadanos no es análoga a la relación entre maestros y estudiantes.

El pensamiento de Sócrates, o por lo menos según lo plantea Platón en sus Diálogos, está lleno de falsas analogías por todas partes. Se le perdona, porque para ese entonces Aristóteles no le había puesto orden a la lógica. Es natural utilizar analogías para tratar de explicarnos el mundo, tomar como punto de referencia lo conocido para entender lo desconocido, lo simple para comprender lo complejo. Lo importante es tener en cuenta si una comparación entre dos cosas de naturaleza distinta es realmente válida y que aún así las analogías no sirven como prueba ni evidencia.

CULPABLE POR ASOCIACIÓN

Monsanto es una corporación con un historial bastante negro, que incluye el desarrollo de productos controversiales, incluyendo el terriblemente dañino Agente Naranja, que dejó problemas ambientales en Vietnam y problemas de salud tanto para los vietnamitas como para veteranos norteamericanos. Además, se trata de una entidad poderosísima cuya influencia se hace sentir en el cabildeo y presión que ejerce hacia los gobiernos, socavando así las democracias.



Otra cosa son los organismos genéticamente modificados (OGM), llamados popularmente transgénicos, que son vegetales con genes injertados artificialmente para que tengan ciertas características deseadas: un ciclo de vida más rápido que permita más cosechas al año, resistencia a plagas o inclemencias climáticas, o que produzcan nutrientes que de ordinario no producirían.

Muchas personas se oponen al cultivo y comercialización de los OGM por diferentes motivos, algunos válidos y muchos otros falaces. Entre los falaces está el suponer que como Monsanto es una corporación malvada, los transgénicos en sí deben ser malvados. Éste es un ejemplo de la falacia de culpable por asociación.

Concluir que los transgénicos son dañinos sólo porque Monsanto los desarrolla es (aquí viene una analogía) como concluir que las ruedas son malas sólo porque las usan corruptas compañías automotrices. O que las computadoras son malignas porque IBM vendió sus servicios al gobierno Nazi. Es sensato desconfiar de Monsanto con todo su historial, y es prudente no querer dejar en sus manos un cuasi monopolio sobre algo tan importante como lo es nuestra alimentación. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y los activistas anti-transgénicos, al oponerse por de fault a la ingeniería genética en sí están poniendo trabas para que instituciones sin fines de lucro como universidades y ONG desarrollen sus propios cultivos transgénicos y los pongan a disposición del público, lo sería la solución a algunos problemas del mundo contemporáneo.

Otro ejemplo del mismo tipo está en posturas anticientíficas que consideran que la "ciencia occidental" o la "razón occidental" son falsas o malvadas porque provienen de una civilización que ha estado jodiendo a las demás culturas desde hace 500 años. Bueno, sí; en los últimos siglos los avances científicos más importantes se han dado en Occidente (en los milenios anteriores se dieron en otras culturas como China, India, Mesopotamia, Egipto, Grecia, Mesoamérica y el mundo árabe), y ciertamente ello constituyó una enorme ventaja técnica y económica que permitió a los países europeos imponerse sobre todos los demás, aparte de darles un pretexto para creerse superiores cultural o racialmente. ¿Y? Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: eso no nos dice nada sobre si la ciencia funciona o no, o sobre si es mas efectiva que otras formas de conocimiento o no (la respuesta es, por cierto, un enfático ).


  

Ejemplos de la falacia de asociación los suelen cometer los republicanos fanáticos en Estados Unidos, con su odio a Obama, que es muy divertido si es que siguen las noticias de Gringolandia. Por ejemplo, en algún punto de la campaña presidencial de 2008, John McCain dijo que Obama era una celebridad muy popular, como Paris Hilton, quien, como sabemos, es una putizorra cabezahueca. McCain le planteaba a los votantes si querían ser gobernados por un héroe condecorado de guerra o por una celebridad como Paris Hilton, dando a entender que Obama es también una putizorra cabezahueca, el tipo de persona que nadie querría tener como gobernante, excepto tal vez los priistas de Chiapas.

Como ven, la falacia de asociación se cruza con la falsa analogía (al encontrar similitudes superficiales entre dos asuntos que no tienen nada que ver) y con la falacia ad hominem (al atacar a una persona por características irrelevantes en vez de concentrarse en sus argumentos).

Recuérdese que lo importante para detectar una falacia es su relevancia. Si Monsanto es malvada es irrelevante para tratar el tema de los transgénicos en sí. Que Obama sea famoso y popular como lo es Pari Hilton es completamente irrelevante. Pero si un individuo pertenece a un grupo terrorista, no es insensato esperar de él que cometa, ayude a cometer o promocione actos terroristas, aunque él mismo no lo haya hecho aún. Si un joven político pertenece a un partido con un pasado y un presente de corrupción, autoritarismo y crimen, lo insensato sería esperar de él otra cosa que corrupción, autoritarismo y crimen.

Con todo, hay una forma de falacia de asociación que se lleva las palmas por ser tan común hasta la casi omnipresencia, la falacia favorita de los Internetz. Me refiero a:

AD HITLERUM

En la historia reciente de la humanidad, no ha habido nadie más ojete que Adolf Hitler (segundo lugar disputado entre Mao y Stalin) y las atrocidades cometidas por los nazis, en particular el Holocausto, se han quedado como historias que muestran lo bajo que puede caer la especie humana. Así, cuando detectamos algo que podría estar relacionado con Hitler y los nazis, se activan nuestras señales de alerta.

Un argumento ad Hitlerum es en realidad una forma de falacia de asociación, así como una de las formas de argumentación más chafa, en especial porque quien la esgrime suele no tener ni puta idea sobre historia. Consiste en condenar o rechazar cualquier cosa sólo porque está relacionada de alguna forma con Hitler y los nazis. La relación, por supuesto, suele ser irrelevante o inexistente. En el ámbito de la política, la forma más facilota y simplona de descalificar a alguien que cae mal es comparándolo con Hitler. Los republicanos en Estados Unidos, que suelen ser el sector más oscurantista e iletrado de la sociedad gringa, lo han hecho con Obama en repetidas ocasiones:


Obama es un gran orador, como Hitler; promete un cambio, como Hitler y hasta tiene su propio símbolo, como Hitler. Ergo, ¡Obama es igual que Hitler! No se necesita ser un genio para darse cuenta del bajísimo nivel intelectual de quien habría podido construir tales argumentos. Por ejemplo, Abraham Lincoln y Martin Luther King eran también grandes oradores y buscaban un gran cambio, ¿eso los hace Hitler? Y como los gringos a menudo no entienden la diferencia entre nazi y comunista y se imaginan que todos son iguales porque son los malos de sus películas (como McBane, que luchaba contra los comunistas-nazis), a Obama también se le compara con los dictadores soviéticos, sin más razón que porque usan la palabra "socialista" en algún lado.


Y claro, los Tea Partiers no son los únicos derechairos idiotas en el mundo que no entienden ni puta madre de historia o corrientes políticas:

Demostrando que la cultura política en este país está para llorar


El argumento ad Hitlerum suele ser usado también por los creacionistas para atacar la teoría de la evolución. Como Hitler creía en la evolución, y de hecho era parte fundamental de su ideología racista y de su concepción de la lucha de razas para que la más fuerte sobreviva, entonces la evolución es una creencia nazi y malvada. En realidad, Hitler creía en un montón de cosas, pero eso no quiere decir que éstas fueran reales o no. Que Hitler creyera en la evolución es irrelevante para determinar si es un hecho.

Quizá ustedes no lo sabían, pero Hitler era vegetariano y dictó leyes de protección para los animales. Esto es algo con lo que los cínicos no dejan de chingar a vegetarianos y veganos: "ñaña ñaña, son iguales que Hitler". Pero que Hitler fuera vegetariano no nos dice nada sobre qué tan ético o saludable es esta opción alimenticia. A lo mucho, nos muestra que un vegetariano amante de los animales no es necesariamente una buena persona. No obstante, el ad Hitlerum está tan enraizado en la mente de algunos, que hay vegetarianos que niegan que Hitler lo fuera y dicen que todo fue un invento de Goebbels. "El vegetarianismo es bueno y Hitler es malo; luego, Hitler no podría ser vegtariano" nos dicen quienes temen ver su fe alimenticia contaminada por el estigma nazi.

Otros aspectos irrelevantes sobre Hitler: que si los niños lo querían mucho, que si le gustaba la música de Wagner, que si odiaba el tabaco, etcétera. Nada de eso significa que un líder que le agrade a los niños, o que le guste la música clásica o que pretenda regular el consumo de tabaco vaya a ser otro Hitler. Vamos, que hasta el bigote estilo Hitler quedó arruinado para siempre por la asociación con el tirano.

¡Su bigote es como el de Hitler! ¡Debe ser nazi!

Claro, hay algunas cosas relacionadas con Hitler que no son irrelevantes. Obviamente, el racismo, el nacionalismo, la homofobia, el militarismo. Si un gobernante empieza a querer culpar de todos los males del mundo a un grupo minoritario y marginado para perseguirlo y marginarlo aún más, es momento de prender las alarmas y recordar que Hitler hizo lo mismo. De igual forma si un gobernante empieza a censurar contenidos que no le gustan y a ordenar que se prohíban y quemen libros. Aunque claro, todo ello sería alarmante no tanto porque Hitler lo hizo como porque son cosas negativas en sí mismas, pero no está demás recordar que esas actitudes son capaces de llevarnos a un abismo hitleriano.

Los nazis ganaron el poder en Alemania democráticamente, no mediante golpes de Estado o revoluciones, y el führer se ayudó mediante una campaña publicitaria que fue prácticamente el momento fundador del marketing político. Eso no significa que todo político que recurra a estrategias mercadológicas intensivas y muy bien planeadas sea un nuevo Hitler, pero sí nos hace mantenernos en alerta y nos invita a recordar que si no nos ponemos buzos una buena campaña publicitaria nos puede hacer votar por Hitler.

En México y en América Latina en general somos muy chairos y Hitler no nos impresiona ni nos importa tanto. Nosotros tenemos otro villano favorito: los gringos. Los mexicanos aceptan por de fault que los gringos son los malos y de ahí nos viene el pensar que todo aquél que sea enemigo de los gringos, ya sean gobiernos tiránicos como el de Rusia, Corea del Norte o Irán, son "los buenos". También culpan a los gringos de todo lo que pasa, especialmente si le pasa a alguien que no se lleva bien con ellos: las guerras en Medio Oriente, la muerte de Chávez, el tsunami en Asia, las protestas en Ucrania, Pussy Riot... En fin, y todo sólo basándose en que los pinches gringos son bien pinches malos, aunque no sepan una mierda de historia o geopolítica. A esto me gusta llamar el argumento ad gringum: si tiene algo que ver con los gringos (aunque sea de lejitos) es malo, si se opone a los gringos es bueno, y si algo pasa que podría convenirle a los gringos de alguna manera muy remota, seguro fueron ellos.

LA FALACIA NATURALISTA

Újule, ésta es de las GRANDES. Tanto, que podría escribir una entrada completa sobre ella, pues es una de las más comunes y que más afecta nuestro pensamiento y nubla nuestro buen juicio. Voy a tratar de sintetizar lo más posible. La falacia naturalista consiste en juzgar que algo es bueno, correcto, adecuado (ya sea para la salud, ya sea moralmente) basándose sólo en que es "lo natural".

En su faceta de "es bueno para la salud porque es natural" podemos encontrar esta falacia en los remedios naturales, alimentos orgánicos y otras cosas que venden para engatuzar a gente bien intencionada.



Miren ustedes, no es que la naturaleza humana no cuente para nada a la hora de decidir si algo es bueno para nosotros o no. Por ejemplo, por naturaleza tenemos que comer y dormir, así que no sería bueno para nuestra salud dejar de hacerlo. Y por naturaleza algunas substancias nos hacen daño, como el cianuro. El cianuro es natural, en el sentido de que se encuentra en la naturaleza (en microorganismos, plantas e insectos). El cianuro nos puede matar, como bien se sabe. Peeeero, aquí lo importante es que puede matarnos sin importar que provenga de una fuente natural o que haya sido sintetizado en el laboratorio.

De todas las "medicinas alternativas" del mundo y de la historia, la única que ha demostrado su efectividad es la herbolaria, y esto tiene sentido porque las plantas y hongos tienen substancias que afectan para bien o para mal el organismo humano. Lo que no tiene sentido es asumir que si dichas substancias provienen de la planta como es encontrada en la naturaleza  deberán ser mejores para la salud que si provienen de un laboratorio y han sido sintetizadas para ser tomadas en una tableta. Por ejemplo, la aspirina, o ácido acetilsalicílico, fue descubierta por primera vez en la corteza de un árbol y después sintetizada para poder tomarla en forma de medicamento. Ir y masticar la corteza del árbol no te va a quitar mejor la cruda que tomar un par de aspirinas. De hecho, será menos eficaz, porque en las pastillas la substancia activa ya está concentrada y medida para lograr el efecto deseado.




El mejor ejemplo de esta falacia se encuentra en la oposición a los alimentos transgénicos. Como decíamos, nuestro cuerpo por naturaleza ha evolucionado de forma en que algunas substancias le hacen bien o mal, pero no importa si dichas substancias provienen de la naturaleza o no. Por ejemplo, el betacaroteno es un compuesto que se encuentra en las zanahorias y otros vegetales y frutos. Es importantísimo para la dieta humana: reduce el riesgo de ataques cardiacos, es un antioxidante, ayuda a la vista y aumenta la eficiencia del sistema inmunológico, aunque, como todo, en exceso es malo. Ahora bien, lo importante es cuáles son los efectos de esa substancia en el organismo humano, no de dónde proviene. Así sea que provenga de las zanahorias "naturales" (que en realidad son producto de muchos siglos de selección artificial) o de arroz genéticamente modificado, el betacaroteno es esencial para nuestra salud.

Pero muchos antitransgénicos se oponen a los organismos genéticamente modificados con el argumento de que no son naturales, y si no son naturales deben ser malos. Es decir, no les importa saber cuáles genes fueron modificados en cuáles organismos, qué substancias se encontrarán en éstos y cómo afectan estos compuestos al cuerpo humano. No, el crimen de haber modificado algo en la naturaleza es suficiente para considerar que este algo es no sólo malo para la salud, sino maligno.


Los compuestos químicos: no importa si son de origen natural como en esta manzana, o fueron sintetizados en un laboratorio: lo que importa es su efecto en nuestra salud.


Muchas cosas de las que hacemos no son naturales, desde usar zapatos hasta lavarnos los dientes, desde construir casas con agua corriente y electricidad hasta comer alimentos cocinados. Pero para saber si son buenas para la salud o no, el sólo decir "es natural" o "no es natural" no cuenta como argumento porque no nos dice nada. En todo caso, se debería estudiar cada cosa y saber qué efectos produce en nuestro organismo, sin importar si origen es natural o artificial.

En su faceta como falacia ética, se sostiene que lo que sucede en la naturaleza es lo correcto, moralmente hablando. El ejemplo más brutal de esta falacia se encuentra en la historia del darwinismo social y la eugenesia: si en la naturaleza los más fuertes sobreviven y lo débiles mueren quitando sus malos genes de nuestra población, eso debe ser lo correcto, por lo tanto hay que permitir que esto suceda. Así, no hay que ayudar a los débiles, ni a los enfermos, ni a las "razas inferiores", porque eso sería contra natura.

Esta visión falaz se dio por una mala interpretación de la teoría de la selección natural de Darwin, quien nunca apoyó el darwinismo social y quien sólo explicó lo que sucede en la naturaleza, no lo que debe ser una norma moral para los seres humanos. Esta misma idea torcida y pervertida del darwinismo no tiene que llegar a extremos como los campos de exterminio nazis o las campañas de esterilización humana en los Estados Unidos de principios de siglo; se expresa también en la idea de que no hay que ayudar a los pobres porque si están así es que han sido menos aptos para desarrollarse en un sistema de libre competencia, el cual está bien porque es como la naturaleza, donde todos compiten y sólo los más aptos triunfan.

En la naturaleza no existe democracia, ni equidad de género; la naturaleza es violenta (diversos animales practican la guerra, el canibalismo y el infanticidio) y a la mayoría de los seres vivos sólo les interesa comer, coger y sobrevivir. Pero eso no significa que tengamos que vivir así. Afortunadamente somos seres racionales capaces de pensar en lo que nos conviene y lo que no. Nuestros impulsos naturales pueden hacernos querer golpear a un imbécil que nos hace enojar, pero como seres racionales podemos concluir que eso no sería correcto y nos contenemos. Por naturaleza tendemos a buscar el beneficio propio y, cuando mucho, el de nuestros familiares (porque comparten nuestros genes), pero como seres racionales podemos comprender la conveniencia de buscar el bien común. Tenemos impulsos que nos llevan a la agresión y al egoísmo, pero también por naturaleza tenemos impulsos que nos permiten negociar y cooperar, y como seres racionales podemos elegir los que más nos convienen y crear las condiciones en que éstos puedan florecer.



No es que la naturaleza humana sea por completo irrelevante en cuestiones morales. De hecho, puede llegar a ser muy relevante. Por ejemplo, somos animales sociales que encuentran satisfacción en la interacción con sus congéneres; así, sería inmoral condenar a las personas a la completa soledad. Si por naturaleza los pubertos y adolescentes de nuestra especie tienden a masturbarse, sería cruel torturarlos con ideas de pecado y efectos secundarios inexistentes. Si por naturaleza hemos evolucionado para comer carne y ésta forma parte de una dieta saludable (más info aquí), sería absurdo tratar de imponer el veganismo para toda la humanidad, incluso si hay algunas personas a las que les ve bien viviendo así. Si por naturaleza los cada individuo humano nace con diferentes aptitudes, capacidades y rasgos de personalidad, tratar a todos como si fuéramos lienzos en blanco o masilla Play-Doh que se puede moldear a la voluntad de un sistema ideológico sólo llevaría al desastre y al sufrimiento de miles de personas.

La homosexualidad se da en la naturaleza, y si algunas personas nacen con la característica de sentirse atraídas sexualmente, y aún más, de amar sólo a otras personas de su mismo sexo, entonces sería altamente inmoral negarles la posibilidad de buscar el amor libremente. Pero si resultara que la homosexualidad es de hecho una elección libre y consciente, aún así sería algo completamente respetable pues en sí no tiene nada de malo, porque ultimadamente el argumento de "no es natural" carece de importancia ante cuestiones como "es practicada por adultos conscientes y no le hace daño a ninguno de ellos ni a terceros".

Sobre la falacia naturalista en su variante "si es natural es bueno para la salud" escribí una parodia aquí. Sobre la idea falaz de que "todo en la naturaleza es moralmente bueno", escribí una breve reflexión aquí.

LA FALACIA MORALISTA

Es el gemelo malvado de la falacia naturalista. Si ésta consiste en confundir lo que es con lo que debe ser, la falacia moralista consiste en tomar lo que se considera como moralmente bueno y asumir que por ello es lo natural, o sea confundir lo que debe ser con lo que es.

Por ejemplo, las religiones judeo-cristianas considera a la masturbación un acto inmoral. Ello los hace imaginar que la sana práctica de Onán tiene consecuencias funestas para la salud humana: desde la provervial ceguera hasta graves problemas nerviosos.



Los veganos consideran que comer productos de origen animal es inmoral, lo cual es una postura muy respetable. Es problema cuando algunos de ellos saltan a la conclusión de que también es dañino para la salud, inventándose toda clase de consecuencias imaginarias. Obviamente todo en exceso es malo, y es cierto que comemos más carne de la que deberíamos, pero eso no quita que los alimentos de origen animal sean parte de una dieta saludable. A esto, algunos veganos hacen una extrapolación aún más radical: "comer carne no es natural", sino que fue un "invento reciente" y que "el ser humano es herbívoro por naturaleza". Se trata de una noción absurda que se opone a todo lo que sabemos sobre anatomía y evolución humana (llevamos millones de años comiendo carne, incluso desde antes de ser Homo sapiens), pero que ellos repiten una y otra vez, con la única base de que consideran el consumo de carne como un acto inmoral (mis pensamientos al respecto aquí).

Otra forma en la que se manifiesta esta falacia en la romantización de la naturaleza, en la que todos los seres viven en paz y armonía (lo cual no es cierto) o en el mito del Buen Salvaje. Lo que sucede es que nosotros aspiramos a construir una sociedad justa, pacífica y equitativa, lo cual es muy loable y necesario, pero cometemos el error al querer buscar las bases de ese ideal en la naturaleza. Los animales se matan y depredan entre sí todo el tiempo, y nunca existió el "buen salvaje": las sociedades tribales de cazadores-recolectores son terriblemente violentas y un alto porcentaje de sus varones muere en actos bélicos (más de los varones que mueren por actos bélicos en el "mundo civilizado"), mientras que el rapto y la violación son muy comunes. Y la vida de los hombres prehistóricos estaba muy lejos de ser un paraíso (leer aquí).



AD CONSECUENTIAM

En un capítulo de la serie House, cuando nuestro buen Greg está buscando nuevos patiños para su equipo mientras trata de resolver la enfermedad misteriosa del día (sabemos que no lo hará sino hasta los últimos cinco minutos, porque cada capítulo de esa serie es igual al anterior). Una de sus candidatas es una joven doctora de la sala de emergencias. La verdad no me acuerdo de qué iba la trama, así que no me hagan mucho caso, pero recuerdo bien que House le describe a la joven doctora los síntomas del paciente y ella enumera algunas opciones. House le pregunta "¿por qué no la enfermedad X?" No recuerdo el nombre, pero era una condición sin cura, a lo que la doctora responde "Porque eso significaría... que no tiene salvación." La joven doctora estaba buscando opciones que dejaran una esperanza de supervivencia para el paciente; sin quererlo, suprimió la opción que no daba lugar a esperanzas. Ella estaba cometiendo una falacia ad consecuentiam.

Se trata de elegir una opción como verdadera o descartarla como falsa, sólo basándonos en si deseamos o tememos las consecuencias de que esa opción sea verdadera. En la vida diaria el "seguro que todo está bien", nos sirve para autoengañarnos y no aceptar la probabilidad de algo malo pueda estar sucediendo, porque la opción de que lo malo sea verdad nos asusta demasiado. Pero cuando algo es real, es real sin importar que nos gusten las consecuencias de ello.



Por ejemplo, muchísimos negacionistas del cambio climático son libertarianos, randianos o anarcocapitalistas que creen que lo mejor para el mundo es la mínima o nula intervención del gobierno en los asuntos económicos y empresariales. Si existe un cambio climático provocado por la actividad humana, entonces el Estado tendría que intervenir regulando la actividad industrial [leer aquí y aquí]. Como ellos odian ese prospecto, no les queda más que negar que existe un cambio climático. Más aún, llegan a la conclusión opuesta: que la noción de un cambio climático es un fraude de los estatistas que quieren un gobierno más fuerte facultado para intervenir en la economía. Las evidencias científicas del cambio climático los tienen sin cuidado, porque lo que temen son las consecuencias de que sea verdad. Pero un hecho es un hecho sin importar que nos gusten o no sus consecuencias.

Desde la izquierda, el paradigma del último siglo ha sido asumir que todos los seres humanos nacemos en blanco, y que por tanto tenemos las mismas capacidades, mientras que la personalidad, la inteligencia, los gustos y otros rasgos como la orientación sexual pueden no son innatos, sino moldeados por la cultura, la educación y el medio ambiente. Pero las investigaciones recientes demuestran que no es así, sino que hay un fuerte (aunque no absoluto) factor genético en todos esos rasgos: personalidad, inteligencia, gustos y orientación sexual; o sea, no nacemos todos iguales como lienzos en blanco.



Estos descubrimientos encuentran mucha resistencia porque se teme a las consecuencias de que sean verdad: si no somos exactamente iguales, el ideal ético de la equidad (de género, de razas, de clases sociales) quedaría en peligro. Los ataques a la noción de que no somos una tabla rasa suelen concentrarse en que "serviría a posturas derechistas". Sobre la metodología y los resultados de las investigaciones no se dice nada, ni se ofrecen estudios que sirvan como contra evidencia; sólo se trata de negarlo porque sus consecuencias son aterradoras para algunos.

Pero si en verdad tenemos características psicológicas innatas, pues es así, sin importar que eso cuadre con nuestra ideología o no. La buena noticia para los izquierdistas (entre los que yo me cuento, por cierto) es que este descubrimiento no tiene que afectar para nada el objetivo de construir una sociedad equitativa: sin importar características como la inteligencia o la orientación sexual, todos merecemos los mismos derechos, las mismas oportunidades y el mismo respeto porque somos humanos, y aunque seamos diferentes en lo superficial, somo iguales en lo importante.

LA FALACIA ETIMOLÓGICA



Es una falacia muy chistosa y bastante boba que consiste en tomar como argumento el significado etimológico de una palabra. La etimología de "etimología" es etymos = verdadero, logos = palabra, sufijo -ía = ciencia o arte. Etimológicamente, la etimología sería la ciencia o arte del verdadero significado de las palabras. En la realidad, la etimología de una palabra puede ser muy ilustrativa, pero no necesariamente nos revela el significado verdadero de la misma, sobre todo teniendo en cuenta que los significados cambian con el uso y con el tiempo. Querer, además, argumentar sobre la realidad basándose en la etimología de una palabra es muy estúpido.

Un ejemplo clásico lo tenemos en quienes se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo. Uno de los argumentos suele ser que como la palabra matrimonio viene del latín mater que significa "madre", entonces es impensable que pueda haber matrimonios sin que hubiera una madre (lo cual haría que las parejas sin hijos no contaran como matrimonios, pero que las parejas de lesbianas con hijos sí, jo). Desde luego que el argumento es estúpido y falaz, porque el origen de una palabra hace dos mil años no tiene por qué determinar las reglas de nuestra sociedad actual. Algunos de estos sofistas piden que a la unión legal de parejas del mismo sexo se les llame de otra forma, pero no "matrimonio", incluso hasta con los mismos derechos; tanto miedo les da la desacralización de esta palabra.

La palabra rival, que significa "adversario" o "enemigo", viene de rivus = río, y el sufijo -al, que indica relación. Se refería originalmente a "el que vive del otro lado del río". En tiempos primitivos en los que las sociedades se organizaban en tribus, la que vivía más allá del río era una tribu competidora o incluso enemiga. Pero en nuestros tiempos la palabra rival ya no tiene ese sentido etimológico.

El adjetivo ciclópeo significa "gigantesco". Viene de kyklós = círculo, ops = ojo y el sufijo -eo, que indica similitud. Etimológicamente significaría algo así como "parecido a un ojo redondo". Lo que pasa es que la palabra cíclope signfica "ojo redondo", porque estos seres mitológicos tenían un solo ojo circular en medio de la frente. La otra característica de estos bichos es que eran gigantescos. De ahí que la palabra ciclópeo no tenga nada que ver con los ojos ni los círculos sino con un tamaño colosal. Entonces, como vemos, las palabras no tienen que quedarse con su origen etimológico, sino que su significado va evolucionando con el tiempo. Cualquiera que quisiera argumentar que si alguien no vive del otro lado del río no puede ser tu rival, o que no puedes llamar ciclópeo a un monumento porque no tiene ojos redondos, quedaría como un idiota.

Sin relación con Scott Summers

Otro ejemplo de esta falacia es el clásico "no podemos ser objetivos, porque somos sujetos no objetos". A eso se debe responder, "felicidades mi sagaz amigo, acabas de reducir una compleja cuestión de epistemología a un asunto de etimologías, resolviendo incontestablemente el problema; de seguro te sientes muy inteligente ahora".

Los ejemplos para cada uno de estos tipos de falacias son muchísimos y no puse todos los que me vinieron a la mente porque de lo contrario el post habria sido interminable. Sólo recuerden, cuando se topen con alguien que les salga con alguna de estas burradas, las respuestas adecuadas son cualquiera de estas tres:

-Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
-No confundas la gimnasia con la magnesia.
-¿Qué tienen que ver el culo con las tetas?

Parte V: Simplemente hacer trampa

martes, 8 de abril de 2014

Falacias, Parte III: ¿Ah, sí? ¿Quién dice?

Introducción
Parte I: Formalmente estúpido
Parte II: Eso no tiene sentido



Hoy vamos a tratar sobre las falacias que consisten en validar o rechazar un argumento con base en el origen del mismo. Para poder entender las implicaciones y alcances de esta falacia, y no quedarnos a medias tintas, será necesario ir más allá de lo que es lógico, estrictamente hablando, y adentrarnos en los terrenos de la confiabilidad, y de lo que es prudente y sensato; es decir, no sólo nos quedaremos en el terreno de la lógica como ciencia formal, sino que será necesario hablar del conocimiento factual del mundo y de las decisiones prácticas que es inevitable tomar en la vida cotidiana. Para no enredarnos, debemos empezar a abordar estas falacias una por una, empezando por la principal de todas ellas.

AD VERECUNDIAM

Esta falacia consiste en validar o rechazar un argumento o una información basándose exclusivamente en la fuente de la cual proviene. Se dice que un argumento es inválido o válido, o se determina que una información es falsa basándose únicamente en sus fuentes, o en características irrelevantes de éstas. Lo importante aquí es recordar que un hecho es un hecho y existe independientemente de quien lo enuncie o lo crea, y que la validez de un argumento debe analizarse en sí misma y no por circunstancias perfiéricas. Así, por ejemplo, si ocurrió un hecho como que fuerzas militares rusa ocuparon Crimea, este hecho sigue siendo verdadero, aunque sea que lo reporte un medio respetable como Reuters o un pasquín como RT. Si un columnista está expresando su opinión, ésta debe ser tomada en cuenta y valorada en sí misma, fijándonos en puntos relevantes como si dicha opinión se basa en hechos y se plantea como conclusión de razonamientos válidos, siéndonos indiferente si el columnista publicó su nota en The Guardian o en SDP Noticias.

Una persona comete la falacia ad verecundiam cuando rechaza lo que una fuente dice sólo porque esa fuente lo dice. Como cuando un derechista denuesta de antemano lo que dice La Jornada o cuando un izquierdista rechaza a priori algo sólo porque salió en Letras Libres. O, viceversa, da por cierto e incontestable lo que se publicó en una fuente o en la otra sólo por ser dichas fuentes. Quizá el mejor ejemplo de un ad vericundiam sea la frase trilladísima "la Biblia lo dice".



Pero aquí es donde entramos al problema de la confiabilidad de las fuentes, que va más allá de la clasificación de las falacias en la lógica formal. No debemos olvidar que una cosa es real sin importar quién la diga, que los argumentos tendrían que analizarse en sí mismos para saber si son pertinentes y que la información que se presenta tendría que corroborarse para saber si lo que se dice es cierto. Sin embargo, en el mundo real no podemos comprobarlo todo por nosotros mismos. Uno tiene que confiar constantemente en lo que le digan los demás, pues intentar corroborarlo todo empíricamente o mediante el método científico es simplemente impráctico, por no decir imposible.

¿Cómo sé yo que Napoleón nació en Córcega? Bueno, lo sé porque todos los libros de historia lo dicen. Claro, podríamos argüir que se tienen las evidencias de ello, pero realmente sólo sabemos que existen esas evidencias y que de ellas se infiere que Napoleón nació en Córcega, precisamente porque los libros nos lo dicen. ¿Cómo sabemos los legos que la Tierra gira alrededor del sol y no al revés? Bueno, lo sabemos porque nos lo dicen los libros de ciencias, los cuales a su vez nos explican cómo se sabe esto, desde las observaciones y los cálculos de Copérnico, Kepler y Galileo hasta la exploración espacial moderna. Pero si no somos matemáticos, astrónomos o cosmonautas, no podemos comprobarlo nosotros mismos (por lo menos yo no, aquí desde un habitación en el culo del mundo). Sin embargo, nos parece sensato confiar en el hecho de que todas las fuentes al respecto nos lo afirman. A mí no me consta personalmente que tropas rusas estén en Crimea; no he ido a Crimea a comprobarlo por mí mismo. Pero veo en los diferentes medios noticiosos que reportan lo que ha ocurrido, y confío en ellos, no ciegamente, sino después de haberme formado un criterio propio.



¿Entonces no estaríamos cayendo constantemente en los ad verecundiam? Pues no en realidad. Recuerden que una falacia es tal cuando le falta coherencia y relevancia. Es relevante y coherente que todos los libros de historia digan que Napoleón nació en Córcega. Y como no podemos ir a comprobarlo por nosotros mismos, es prudente creerlo. Es relevante y congruente que todas las fuentes científicas nos informen que la Tierra gira alrededor del sol. A menos, claro, que seas un historiador o un astrofísico con hipótesis alternativas, en cuyo caso deberás conducir por ti mismo tus propias investigaciones para demostrarlas. Suerte con eso. Pero la mayor parte de nosotros sólo tenemos libros, diarios y otros medios de comunicación para enterarnos sobre la mayoría de los temas.

Una persona sensata va aprendiendo cuáles son las fuentes confiables y cuáles no. Después de todo, es coherente y relevante desconfiar de alguien que sabes que suele decir mentiras. Es relevante si la fuente es amarillista o sensacionalista, si se sabe que ha publicado noticias falsas, sesgadas o exageradas; si la información que aparece en ella es contrastable con lo que aparece en otras fuentes o si son es la única fuente que hace tales afirmaciones; si tiene motivos ideológicos, religiosos o políticos para inclinar la información hacia uno u otro lado, o si la información que suele presentar se contradice con los hechos que se conocen, por ejemplo, en ciencia o en historia. 

Ejemplo obvio: uno sabe que si una nota es de El Deforma, será información ficticia con motivos humorísticos, y uno no estará cometiendo un ad verecundiam si con sólo leer que se trata de una nota de este diario, se sonríe y asume que lo están vacilando. De la misma manera, uno puede descartar de plano las publicaciones de una revista como Año Cero, que habla de "fenómenos paranormales" debido a todo lo anterior: suelen presentar historias falsas o exageradas (y muy frecuentemente reciclan casos que ya han sido desmentidos); la información que presentan nunca la vamos a ver repetida en otros medios serios (si acaso se recicla en publicaciones de la misma calaña), y lo que dicen contradice todo lo que sabemos sobre cómo funciona el mundo.



Es relevante si un artículo sobre la evolución aparece en Scientific American o en un blog de cristianos creacionistas. Es relevante si el tema del Holocausto es abordado en un compendio elaborado por la Universidad de Oxford,  o en una página de neonazis. Es relevante si un informe sobre los efectos de la leche en nuestra dieta provienen de la Escuela de Salud Pública de Harvard, o de un gurú en un video de YouTube. Es relevante si una compilación de evidencias sobre el cambio climático aparece en el banco de datos de la NASA o en un sitio web de libertarianos apasionados por el libre mercado. Pero esta relevancia no viene sólo del nombre o afiliación de los sitios, sino que, en todos los casos, los segundos ejemplos de cada par se han caracterizado por utilizar falacias y falsedades en la construcción de sus argumentos, reiterar afirmaciones que se han desmentido, contradecir lo que se conoce sobre el mundo y tener un fuerte sesgo ideológico que los inclina a la mentira, mientras que las otras son instituciones caracterizadas por el rigor en sus investigaciones.

Vamos, hasta los investigadores científicos confían en el consenso establecido dentro de su profesión. Hacen sus investigaciones a partir de lo que ya está establecido, confiando en que si forma parte de un consenso es porque ha sido demostrado más allá de toda duda razonable mediante el rigor del método científico. No es necesario para cada físico o biólogo recién graduado comprobar empíricamente todo lo que decían todos sus libros de texto a lo largo de la carrera. Tampoco se ven en la necesidad de replicar todas y cada una de las investigaciones que hacen sus colegas, sino que confían en el arbitrio de los journals. A menos, claro, que un investigador tenga muy buenas razones para pensar que el consenso está equivocado, o que un colega en particular ha cometido un grave error y quiera ponerlos a prueba.



¡Mucho ojo! Aquí estamos hablando de confiabilidad, no de factualidad. Si la revista National Geographic publica que Jane Goodall descubrió que los chimpancés en ocasiones comen carne, ello no hace verdadero que los chimpancés coman carne, ni es prueba de que los chimpancés comen carne. Sólo significa que es sensato confiar en dicha información. Asimismo, si Pijamasurf reporta que directores como Orson Welles, Akira Kurosawa y Peter Greenaway hicieron notables adaptaciones de obras de Shakespeare, esto no deja de ser verdad aunque el resto del tiempo esa infumable página se la pase publicando estupideces (ah, perdón, "noticias alternativas"). Y si de repente abrimos una National Geographic y leemos un encabezado que reza "Hallan cadáver de pie grande en pirámide maya sumergida en Xochimilco", no pensaríamos "es verdad porque lo dice esta excelente revista", sino que nuestra primera reacción sería WTF?, consideraríamos que alguien en NatGeo nos está jugando alguna broma y buscaríamos en otros medios para saber qué rayos habrá pasado, precisamente porque una noticia así contradiría lo que ya sabemos sobre el mundo.

En realidad, hasta ahora me he limitado a hablar de la falacia ad verecundiam en los casos de medios de comunicación y fuentes de información. Pero el tema va más allá de esto y de hecho las siguientes falacias son formas de ad verecundiam o están relacionadas con ella.

AD HOMINEM

Consiste en atacar no al argumento que dice una persona, sino a la persona en sí. Se da mucho en los casos de ideología política o creencias religiosas, en las que se rechaza o se avala lo que alguien dice sólo porque quien lo dijo comparte las propias creencias o posturas. "Enrique Krauze es de derecha, no hay que hacer caso de nada de lo que diga" o "¿Eso dijo Carmen Aristegui? Pfff, chairo pendejo".



A menudo estos ataques se centran en características personales del sujeto que son completamente irrelevantes para lo que se debate y que además suelen tener una carga despectiva "No le hagas caso, él es gay", "Ignórala, está en sus días", "Dice pura pendejada, ya está ruco". Estas descalificaciones no son solamente falacias lógicas, sino que además revelan los prejuicios de quien las blande. En una sociedad machista se tiende a ignorar o minimizar el testimonio de las mujeres. En una sociedad racista se tiende a ignorar o minimizar el testimonio de las minorías raciales.

En su famoso y controvertido libro Imposturas intelectuales, los autores Alan Sokal y Jean Bricmont, discutiendo el asunto de la competencia para discutir ciertos temas, citan positivamente a Noam Chomsky, quien a su vez narra sus experiencias como académico. Como saben, Chomsky es lingüista de profesión, pero como intelectual sus intereses lo han llevado hacia diversas áreas del conocimiento. Chomsky platica que él no tiene entrenamiento profesional en matemáticas, y que para hablar de lingüística matemática ha tenido que instruirse a sí mismo. Sin embargo, cuando ha tenido que hablar del tema frente a matemáticos, ha notado que ellos nunca le cuestionan si tiene los títulos o credenciales en matemáticas requeridos para discutir del tema; no, ellos está más interesados en si lo que Chomsky dice es correcto y tiene sentido; es decir, lo importante era siempre el objeto de la discusión, no la autoridad que Chomsky pudiera tener o no para hablar de él.

Sin embargo, continúa el buen Noam, cuando toca temas políticos (algo que él hace muy a menudo), constantemente se le ha cuestionado de qué credenciales dispone para arrogarse el derecho de hablar del asunto (es decir, se le hacen ataques ad hominem). Chomsky señala que parecería que mientras más rica es la substancia intelectual de un campo (las matemáticas son inconmesurablemente más objetivas que la política y menos sesgadas por las pasiones personales), menor es la preocupación por las credenciales y mayor el interés por el contenido.

Pues sí: rechazar lo que alguien dice sólo porque no es una autoridad en el tema seria caer en la falacia ad hominem. Después de todo, un lego puede ser una persona sensata o informada y bien puede ser que lo que está diciendo sea completamente válido. No necesito ser médico para poder decir que si tienes una infección viral tomarte una dosis del antibiótico amoxicilina no te va a servir de nada. De lo que se trata es recordar que el título de experto o la falta de él no hacen que lo que se dice sea válido o no.

A veces no es un ad hominem, a veces simplemente te están insultando

Pero claaaaaaro, esto nos regresa al tema de la confiabilidad. Si le pregunto a un compañero de trabajo "¿Qué hiciste el fin de semana?" y me responde "Fui al cine a ver la película de Lego", no tengo que exigirle evidencias al respecto, porque en general lo considero una persona que no me mentiría, menos en un asunto tan trivial. Por otro lado, es sensato desconfiar de una persona que sabemos que ha mentido, o que tendría buenos motivos para mentir sobre alguna cuestión. Si alguien de quien sabemos que no tendría los conocimientos para interpretar un fenómeno astronómico viene a contarnos que vio un ovni, no haríamos mal en levantar la ceja con escepticismo. Si alguien que sabemos que es esquizofrénico viene a decirnos que le está hablando la Virgen, es recontrasensato desconfiar de su testimonio. Aunque, claro, si ese mismo esquizofrénico nos dice que la Tierra gira alrededor del sol, tal dato no deja de ser verdadero porque lo haya dicho nuestro atribulado amigo.

Después de todo, también es prudente confiar en los expertos. Que ellos digan algo no hace que ese algo sea verdad ni es prueba de que ese algo es verdad, pero por lo general es pertinente confiar en ellos. ¿Cómo, por ejemplo, podrían asegurarse de que mi anterior declaración sobre las infecciones virales es acertada? Consultando con un médico o con un texto de medicina, por supuesto (o haciendo la prueba ustedes mismos; suerte con eso). Estarían cometiendo un ad hominem si creyeran en todo lo que les digo sólo porque soy ridículamente guapo.

¿Lo ven?

La clave consiste en detectar si es relevante esa característica de la persona en relación con lo que dice. ¿Es un conocedor del tema? Ésa es una pregunta relevante, pero nótese que no se plantea si el sujeto tiene un doctorado en la materia, sino si conoce del tema. Es decir, bien puede tratarse de un autodidacta muy culto y perspicaz (como Chomsky), o de un lego suficientemente informado. El título no es relevante, pero los conocimientos sí lo son.

¿Es una persona que tiende a decir mentiras? ¿Es alguien que tendría motivos poderosos para mentir sobre este tema? ¿Es alguien que suele decir cosas disparatadas sobre estos asuntos? ¿Es alguien cuyas creencias personales sesgarían su opinión sobre el tema? ¿Es un testigo presencial de lo que declara? ¿Es una persona que sufre delirios o alucinaciones? Y más importante que todo lo demás, ¿puede esta persona presentar evidencias o dirigirnos hacia donde se encuentran esas evidencias? Todas éstas son cuestiones relevantes cuando tratamos de establecer la credibilidad de un sujeto. En cambio, preguntarse su edad, ocupación, raza, orientación sexual, su gusto al vestirse, si tiene tatuajes, su profesionalismo en campos que no están relacionados o su ética en asuntos que no vienen al caso, sería caer en la falacia ad hominem. De nuevo, recuérdese que estamos hablando de confiabilidad, de lo que resulta prudente creer, pues los hechos seguirán siendo los hechos sin importar quién los enuncie (uf, perdonen que lo repita tanto), y siempre es posible que hasta la fuente más confiable y el tipo más brillante se equivoquen.

Existen formas de ad hominem muy particulares: la falacia ad crumenam, que consiste en aceptar lo que alguien dice sólo porque es rico; y la falacia ad lazarum que da por válido cualquier cosa que diga alguien pobre. Y por supuesto...

MAGISTER DIXIT





Cuenta la leyenda que los discípulos de Pitágoras, al explicar algo de su filosofía, si alguien les preguntaba "¿y por qué?", ellos respondían magister dixit, es decir, "el maestro lo dijo". Esto es una falacia. Una cosa no es verdad porque el más maestrazo de los maestrazos lo haya dicho, ni tampoco que el maestrazo lo haya dicho es prueba de que sea verdad. Claro que el teorema de Pitágoras es correcto, pero no es correcto porque el maestro lo haya dicho; antes bien, sucedió que el maestro era un tipo muy listo y pudo descubrir el teorema. Sus alumnos debían haberse tomado la molestia de explicar cómo había sido que el maestro había llegado a esas conclusiones. Y claro que es leyenda, porque los pitagóricos hablaban griego, no latín.

También llamada "falacia de apelación a la autoridad", consiste en asumir que algo es verdadero sólo porque lo dijo una figura de autoridad. Ésta puede ser alguien con poder político de algún tipo, o una autoridad de tipo académico, científico o artístico. El dogma de la infalibilidad del Papa es una falacia de este tipo.

Una forma frecuente en la que se presenta esta falacia es mediante las citas célebres de grandes figuras del pasado. Las citas son excelentes para reflexionar y dialogar, y si provienen de personajes cuyo pensamiento y obra respetamos, en sensato tomarlas en cuenta, pero en sí mismas no prueban nada. Es decir, que un escritor famoso haya dicho algo sobre el sentido de la vida, ello no significa automáticamente que ese pensamiento sea cierto. Compartir citas célebres puede ser muy provechoso, siempre y cuando no las tomemos como axiomas que son verdaderos sólo porque alguien sabio los dijo.

Los escolásticos medievales censuraban el pensamiento independiente; sus argumentaciones se basaban en puros ad verecundiam y apelaciones a la autoridad. Para probar un punto, se volvían a la Biblia, a los padres de la Iglesia (como Agustín de Hipona) y en ocasiones a Aristóteles. El que alguna de esas figuras de autoridad hubiera dicho algo era tomado como prueba suficiente para considerarlo cierto. Es irónico, porque estoy seguro de que Aristóteles no habría aprobado dicho método, habiendo dicho frases como "Amo a Platón, pero amo más a la verdad"; esto es, ni el respeto que puedas sentir por tu maestro debe nublar tu buen juicio e impedirte buscar la verdad por tus propios medios.

Magister dixit también han cometido los seguidores de pensadores de diferentes tipo, por ejemplo los marxistas dogmáticos, que han buscado hacer exégesis de las palabras del maestro, para saber lo que "realmente quería decir" (no fueran a caer en herejía) y sin cuestionar nunca (¡impensable!) si sus análisis sobre economía, sociedad y política estaban siempre en lo cierto, sino antes bien, tratando de explicar la siempre cambiante e impredecible realidad contemporánea, ajustándola a las palabras del maestro (cuando uno debería adaptar las explicaciones a los hechos, no al revés). Sospecho que a Marx tampoco le habría parecido bien esa falta de criterio propio.



Esta falacia también se presenta cuando se recurre a una autoridad cuyo campo de conocimientos no es relevante para lo que se trata. Los creacionistas gustan alardear que grandes científicos del pasado como Isaac Newton creían en el relato bíblico del Génesis. ¿Y quiénes somos nosotros para llevarle la contraria a Sir Isaac Newton, fundador de la física moderna? Bueno, Newton decía que él y sus contemporáneos sólo eran enanos parados sobre hombros de gigantes (los genios que le precedieron) pero que por ello podían ver más lejos. Bien, pues nosotros somos los enanos parados sobre los hombros de Newton, y podemos ver más lejos gracias a él y a los otros gigantes que le siguieron, entre ellos Darwin. Dicho más claro: Que Newton creyera en el Génesis es irrelevante porque él porque murió casi 100 años antes de que Darwin naciera; en sus tiempos no se había desarrollado la ciencia evolutiva, así que no había forma que pudiera conocerla.

Hemos visto casos de premios Nobel que de pronto dicen cosas que no vienen al caso y que no tienen sentido, pero a quienes pareciera que hay que tener en alta consideración porque, después de todo, ganaron un premio Nobel. Como Linus Pauling, premio Nobel de química por su descripción de los enlaces químicos, pero que tarde en su carrera hizo una serie de declaraciones extravagantes sobre la vitamina C, a la que le atribuía propiedades curativas fantásticas, así como atribuía toda clase de males de salud a la deficiencia de esta vitamina. Sus afirmaciones fueron desmentidas por investigadores del área médica, pero muchos legos crédulos siguen repitiéndolas, señalando que Pauling era premio Nobel y por lo tanto no podía estar equivocado.

Otro ejemplo es con Einstein. Además de que en Internet se le suele atribuir toda clase de tonterías que nunca dijo ni habría dicho, algo que sí hizo fue volverse vegetariano hacia el final de su vida. Sí, cuando estaba viejito y ya tenía problemas para digerir la carne, las grasas y los lácteos. Pero los veganos lo toman como evidencia: si el gran genio Einstein fue vegetariano, TODOS deberíamos serlo. Magister dixit, pues.

AD POPULUM

La falacia ad populum (que significa, "al pueblo"), consiste en suponer que algo es verdad sólo porque mucha gente lo dice o lo cree. El viejo slogan publicitario "tantas personas no pueden estar equivocadas" es el ejemplo por excelencia de esta falacia. Por supuesto que muchas personas pueden estar equivocadas, lo han estado la mayor parte de las personas por la mayor parte de la historia humana: con que la Tierra es plana, que el sol gira alrededor de ella, que las mujeres son naturalmente inferiores a los hombres, que los fenómenos naturales tienen causas sobrenaturales, que existen las brujas, que existen la buena o la mala suerte y que podemos influir en ella con ritos o amuletos, que el mundo fue creado en seis días hace menos de diez mil años... En fin, aún hoy en día hay toda clase de creencias erróneas (algunas muy difíciles de desarraigar) a la que mucha gente en todo el mundo se aferra.

¡Coma mierda: millones de moscas no pueden estar equivocadas!


"Un momento, Ego. ¿Qué hay del consenso científico? Eso es un montón de científicos poniéndose de acuerdo sobre algo y cuando llegan a ese acuerdo deciden que eso es verdad. ¿No es eso ad populum?" Buena pregunta, mi imaginario interlocutor. Y la respuesta es: NO. El consenso científico funciona de diferente manera. No es que simplemente se reúnan un montón de científicos como si fuera un cónclave vaticano o la RAE y decidieran cómo son las cosas basándose en lo que les late. 

Lo que sucede es que hay investigadores que mediante el rigor del método científico (que no, no es perfecto ni infalible, pero siendo lo mejor de lo que se dispone) llegan a conclusiones y pretenden publicar sus resultados. Idealmente, sus trabajos son revisados por pares para encontrar fallas metodológicas evidentes; si no las encuentran, el trabajo se publica. Digo idealmente, porque, como en todas las actividades humanas, siempre se corre el riesgo de corruptelas, favoritismos y compradazgos, "me dio hueva leerlo y lo aprobé" y cosas así, pero la buena noticia es que cuando eso sucede los escándalos salen a la luz más temprano que tarde. Después se busca replicar los resultados de la investigación, se contrastan con otros (si dos investigaciones sobre lo mismo dieron resultados diferentes uno se pregunta "¿qué pasó ahí?"). En fin, el caso es que para que haya un consenso científico tiene que haber una acumulación de evidencias lo suficientemente grande que sería necio ponerla en duda.

Esta aclaración sobre el consenso científico es importante para hablar de otro grupo de sofistas muy tramposo: los negacionistas del calentamiento global. Existe un sólido consenso científico sobre que hay un cambio climático, que es provocado por la actividad humana y que tendrá graves consecuencias en el futuro próximo. Sin embargo, los negacionistas suelen decir que el apelar al consenso científico o al hecho de que todas las publicaciones científicas, desde las más especializadas hasta las de divulgación más popular (hice una breve compilación aquí), coinciden en que hay un cambio climático antropogénico, es a la vez una falacia magister dixit (porque los científicos y las publicaciones son figuras de autoridad) y ad populum (porque son la mayoría de los científicos y publicaciones quienes lo afirman).

Fuente: Universidad de Yale


Mientras, ante el señalamiento de que los pocos científicos negacionistas son tomados cada vez menos en serio (hay más ideólogos e ideologizados que científicos en el negacionismo) y que sus espacios para publicar sus ideas se han reducido a blogs y sitios webs con declaradas afiliaciones políticas, lejos de las publicaciones científicas y revistas arbitradas, ellos responden acusando a los otros de ad verecundiam y ad hominem. Esto está a medio camino entre lo malicioso y lo estúpido; siguiendo esa lógica, apelar a cualquier consenso científico o a cualquier publicación científica sería falaz, y cualquier charlatán podría acusar de falaces a quienes le hicieran más caso a los científicos y a las publicaciones que a él y a su blog. 

Pero lo importante es que, aparte de las fuentes y los expertos, del lado que asegura que hay un cambio climático están las evidencias (como este banco de datos, gestionado por la NASA), mientras que todas las objeciones de los negacionistas han sido contestadas (por ejemplo, aquí y aquí) mediante datos, investigaciones y evidencias.

AD ANTIQUITATEM y AD NOVITATEM

La primera es también llamada "apelación a la tradición" y consiste en tomar una creencia como válida sólo porque tiene mucho tiempo de ser considerada tal. Los ejemplos son abundantes, pero escogeré los de las pseudomedicinas. Prácticas antiquísimas como la acupuntura son defendidas, sobre todo por occidentales despistados, porque son muy antiguas (el otro argumento falaz para defenderlas tiene que ver con "la culpa del hombre blanco", pero ése lo veremos en otra ocasión). Después de todo, si no funcionaran ya se habrían abandonado, ¿no?

"¿Cómo te atreves a burlarte de las creencias de nuestros ancestros y sus manboobs?"


Pues no es tan sencillo. Muchas prácticas ineficaces continuaron y continúan llevándose a cabo a pesar de sus pocos resultados. Desde arrojar vírgenes al cenote sagrado para que Chaak haga llover, hasta las sangrías, sanguijuelas y ventosas que eran comunes en Europa antes del desarrollo de la medicina propiamente científica. Éstas eran costumbres que definitivamente no daban resultado, pero ello no impedía que se siguieran practicando, lo cual indica que somos una especie bastante testaruda y boba.

Otras creencias absurdas también fueron sostenidas durante siglos o milenios antes de que fueran descartadas. Ya mencionábamos el geocentrismo y el creacionismo, pero también están la generación espontánea, el flogisto, la inercia según Aristóteles y muchas otras ideas, desde las que uno entiende cómo llegaron a esa conclusión teniendo en cuenta los medios que tenían a la mano, hasta las que hacen que uno se pregunte "¿qué mierda estaban fumando?", pero todas las cuales fueron sostenidas por mucha gente y durante mucho tiempo hasta que se demostraron falsas.

"Todas las generaciones están mal, excepto la mía."


La falacia ad novitatem es su opuesto. Consiste en creer que algo es verdadero o efectivo sólo porque es nuevo o moderno. Los publicistas la usan a menudo con frases como "este novedoso tratamiento" o "este revolucionario método" o "este sistema que está rompiendo todos los esquemas". Sea cual sea la cosa que venden, puede ser efectiva o no, pero argumentar que es buena sólo porque es nueva es totalmente falaz. También es un ad novitatem afirmar que una reforma es buena sólo porque es un cambio (cof, Peña Nieto, cof).

FALACIAS ÉTICAS

Antes de concluir, me parece buen momento para señalar que todas las falacias que hemos visto en esta entrada se aplican regularmente no sólo en cuestiones de lo que es verdadero o falso, sino de lo que es bueno o malo. Es decir, se usan también para construir argumentos sobre cuestiones de índole moral, para hacer una pseudoética.

Por ejemplo, si se quiere justificar que la homosexualidad es una aberración porque la Biblia lo dice, se está cometiendo un ad verecundiam. Será un pecado para la religión de quienes creen la Biblia, pero ello no sirve como argumento para quienes no lo hacen. Si se quiere argüir que comer carne es malo porque lo dice Maharishi Mahesh Yogi es un magister dixit. Si, por el contrario, se rechaza algún consejo moral que puede ser muy sensato, digamos la ética de lo no violencia de Gandhi, sobre la única base de que el Mahatma creía en toda clase de tonterías supersticiosas, estaríamos cometiendo un ad hominem

Cuando se quiere justificar una acción porque todo el mundo la lleva a cabo, como sobornar a los policías de tránsito, se está cayendo en el ad populum. Por último, cuando una práctica se califica como buena porque tiene muchos años llevándose a cabo, por ejemplo la violencia escolar, también llamada bullying, cuyos defensores suelen decir "eh, si así ha sido siempre, es lo normal" es nada más ni nada menos que un ad antiquitatem.

"Esto está bien porque es una tradición de siglos"


Con eso terminamos por esta semana, mis queridos contertulios. No se pierdan la próxima entrada de este curso para aprender a no dejar apendejarse.


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