domingo, 1 de marzo de 2015

Respetando a los imbéciles



Como si se tratara de una noticia proveniente de algún país subdesarrollado o de tiempos pretéritos, en enero de 2015 nos enteramos del brote epidémico de sarampión que se dio en California, Estados Unidos. Una enfermedad que desde el año 2000 había sido oficialmente erradicada del mundo desarrollado aparecía repentinamente a partir de un contagio en uno de los parques de Disney.

¿Qué puta madre pasó? Los antivacunas, eso pasó. Personas que están en contra de la vacunación porque creen que causan más enfermedades que las que previenen, incluso que provocan autismo en los niños. Se trata de un movimiento anti-científico, tecnofóbico, conspiranoico y bastante estúpido que había cobrado mucha fuerza en los últimos años en Estados Unidos y que ya dejaba sentir su influencia en otras partes del mundo. Los más delirantes de sus miembros aseguran que las vacunas son una forma de los #PoderososQueGobiernanElMundo para enfermar o controlar a la población mundial por quién sabe qué oscuros propósitos.

No me voy a tomar el tiempo, principalmente porque no tengo los recursos para hacerlo, de plantear una defensa de la vacunación. No puedo yo explicarles con detalles cómo funciona el sistema inmunológico, en qué consiste el concepto de "inmunidad de rebaño", y por qué es tan importante esta parte de la medicina preventiva para el bienestar colectivo. Para eso les pongo unos enlaces a continuación:






(In english).

Lo que sí puedo decirles es que:

1.- No hay un debate científico sobre la efectividad y seguridad de las vacunas. No son científicos ni profesionales de la salud los que quieren convencer al mundo de que hay una controversia. Son charlatanes profesionales hippies de primer mundo, teóricos de la conspiración, conejitas de Playboy y gente completamente atarantada que no sabe de lo que habla; ellos son los que insisten en este asunto, los que convencen a gente sin los conocimientos necesarios para darse cuenta de que les están pendejeando.

2.- Todos, de verdad todos, los conocimientos científicos de que disponemos, y las evidencias de décadas de vacunación, nos aseguran que vacunar a los niños es lo mejor, porque previene enfermedades que podría llevarlos a mucho sufrimiento, lesiones permanentes o incluso la muerte. Sabemos que es mentira que exista relación alguna entre la vacunación y el autismo, o cualquier otro riesgo del que los anti-vacunas insisten en advertirnos (lean cualquiera de los enlaces anteriores; o todos, mejor).

3.- "Ah, pero es que la ciencia occidental está al servicio de la hegemonía y el capitalismo. Por eso todos esos estudios 'prueban' lo que les conviene" Eres un idiota, de veras, no hay vuelta de hoja. Estás tan delirante que para poder explicarte el por qué las evidencias y los estudios llevados a cabo por muchas instituciones y científicos alrededor del mundo no coinciden con tus creencias personales te has inventado una mitología en la cual todos los científicos de instituciones públicas y privadas, todos los gobiernos y todos los medios de comunicación de este jodido planeta están en una sola gran conspiración global para ocultar la verdad. No jodas, si de verdad que es así de grande el complot, ¿qué esperanza tienes siquiera de desenmascararlo? Por favor, suicídate.



Y no, perdónenme pero discúlpenme pero no voy a ponerme buenrrollista con los antivacunas. No tengo que ser comprensivo, ni tolerante, ni nada de eso. Estoy hasta la madre de que cuando sale gentuza de este tipo promoviendo sus pendejadas uno tenga que respetar su mierda. Ay, no les digas "tontos", qué malito. Y mi actual despotrique va contra esa actitud, porque es esa onda de respetar a los imbéciles lo que les permite difundir su imbecilidad.

Este artículo de Slate dice, entre otras cosas, hay que comprender a los pobres padres y madres antivacunas de California, porque en los 80 y 90 sonaba plausible la hipótesis que relacionaba vacunas con autismo. Mierda de toro. La ciencia detrás de la vacunación era casi tan sólida en ese entonces como ahora (estudios posteriores sólo reafirmaron lo que ya se sabía). Estas personas no son los habitantes de una remota aldea en el cuarto mundo que tengan una comprensible desconfianza hacia todo lo que les porta el hombre blanco y el mundo moderno. No son los habitantes de un medio rural pobre que no han tenido acceso a la educación y a la información.

Son personas de orígenes clasemedieros del país más rico y desarrollado del mundo que, teniendo la educación, la información y los recursos, escogieron la superstición por encima de la ciencia, sustentándose en falacias lógicas y cognitivas, en mentiras y en ignorancia. Su creencia no es respetable. Es una creencia factual, objetiva y demostrablemente falsa, y aún así podríamos aplicar con ella el "vive y deja vivir", si no fuera porque además causa daños a sus creyentes y a terceros.

Ok, la comunicación es importante, desde luego. Mucha de esta gente sólo está equivocada, mal informada. Si uno es agresivo, si de buenas a primeras llega en plan de decirles "todo lo que crees está mal" o "eres un idiota", se bloquean las posibilidades de comunicación y nos sale el tiro por la culata. A estas personas hay que tratarlas con paciencia, buscar el diálogo y la comprensión mutua.

Pero existen muchos también que están más allá de toda salvación, que no cambiarán su forma de pensar ni ante las evidencias más contundentes, que se aferrarán a sus errores hasta el fin del mundo. Éstos son los que no merecen ningún respeto a sus ideas. No digo que se les prohíba creer en la estupidez que quieran, ni que se les violente ni acose en la calle o en sus vidas privadas. Pero es importante señalarlos por lo que son: los idiotas del pueblo.



Cuando hablé de los creacionistas me criticaron por llamarlos "tontos", "orates" y por decirle "Pendejon" a "Pendleton", el misionero del creacionismo gringo en México. En una ocasión copié y pegué en mi página de Facebook los berridos incoherentes que un conspiranoico puso como comentarios en este blog, y alguien me cuestionó que para qué expongo de esa manera a la gente que se equivoca, que porque los quiero humillar en vez de informarlos, que qué mal rollo.

Cthulhu sabe que trato, por principio, siempre de hablar educadamente con la gente, y que no me pondré agresivo a menos que se pongan agresivos conmigo. Pero es que hay un enorme problema. Existe un tipo de imbécil, como los creacionistas, los anti-vacunas, los negacionistas del cambio climático y los conspiranoicos, que no es modesto ni humilde. No se comporta como si fuera el miembro de una minoría perseguida, como si viviera temeroso de las represalias, no es alguien de quien se podría decir "pobrecito, déjalo, ya ha sufrido demasiado, con vivir en una alucinación ya tiene bastante". Es alguien que se porta como si fuera un puto iluminado, un acólito elegido por el Mesías mismo.

Ser ignorante o cometer errores no es el problema: todos somos ignorantes sobre la mayoría de las cosas, todos cometemos errores y todos alguna vez hemos creído en pendejadas. El problema es esa clase de imbecilidad arrogante, que alardea y grita a los cuatro vientos su falta de conocimientos, de coherencia y de raciocinio. Y ésa es la que tiene ser humillada, ridiculizada, escarnecida, porque ésa es el arma contra el soberbio, contra el que se siente demasiado importante, ciego a su propia estulticia.

Decía Oscar Wilde que si quieres que la gente deje de hacer algo es más efectivo criticarlo por ridículo que por inmoral. Steven Pinker, en su libro sobre la violencia, está de acuerdo. Ridiculizar una idea es la mejor forma de volvernos inmunes a ella. Por eso es importante que quede bien claro para cualquier indeciso, para cualquiera que haya llegado tarde al debate, que las cosas que plantean los anti-vacunas (y los creacionistas y los conspiranoicos y los magufos en general) son estúpidas y peligrosas, dignas de burla y escarnio, como el bufón que se para en medio de la plaza y se proclama rey del mundo (por eso hice hace poco esta recopilación de comentarios de Facebook).



Oh, yo sé que ninguna de estas personas escoge estar equivocada adrede, que todas ellas creen que están haciendo lo correcto por ellas mismas y por sus hijos, que hay razones personales, psicológicas, sociales y culturales por las que un individuo puede ser presa de estas falsas creencias y que no depende exclusivamente de la voluntad. Pero como dije antes, si realmente estas personas ya están más allá de toda persuasión, si ya establecimos que ningún razonamiento, ningún cuerpo de evidencias va a cambiar su forma de pensar, debemos usar el ridículo como anticuerpo que mantenga a raya los memes de esta secta, no sea que infecten las ideas de los demás.

Pero noooo, los buenrolleros dicen que hay que ser comprensivos, respetuosos, tolerantes. Con los antivacunas, aunque estén provocando epidemias de enfermedades a las que ya habíamos derrotado. Con los creacionistas, aunque estén pugnando porque se enseñen falsedades en las escuelas. Con los negacionistas, aunque estén bloqueando acciones políticas y sociales para minimizar los devastadores efectos del calentamiento global. Con toda esa gente que se se cubre orejas y ojos ante la evidencia científica y lucha con trampas, mentiras y estafas para hacer prevalecer sus propias supersticiones. 

Todo por ese afán buenrollista de querer ser tan moralmente superior que ya ni juzgan, que están tan por encima de la humanidad que renuncian a tener criterio; ese afán de ser tan buenazos, de poner la otra mejilla (figurada), de ser  Jesús y Buda, que con tal de no parecer arrogantes, irrespetuosos, prejuiciosos, etnocéntricos o despectivos, se abstienen de usar su capacidad de raciocinio y dejan que la insensatez crezca hasta convertirse en atrocidad, que haya sufrimiento y muerte antes de contaminarse con el pecado de la intolerancia, porque "hay que respetar, ¿quién eres tú para juzgar?".

Pues soy alguien que se podría ver afectado en su salud o en la de sus seres queridos por las acciones estúpidas de los anti-vacunas. Soy alguien que además le emputa que la gente tenga que sufrir cuando existen los medios para evitarlo, que bastante sufrimiento hay en este mundo para que tengamos que tolerar más por buenrolleros.



Lo que yo quiero es que los antivacunas y demás fauna por el estilo tengan el mismo prestigio social que los conspiranoicos que se ponen sombreros de papel aluminio para que los extraterrestres no lean su mente. Por ello, creo que el ridículo es un arma poderosa y eficaz para mantener sus ideas en cuarentena. La salud y bienestar de muchas personas de muchas personas está en juego.

6 comentarios:

prufrock jerusalem dijo...

Andas on fayer, mi estimado. Quizá ahora comprendas un poco más (aunque nunca la compartas) mi poca paciencia a la pendejez de los posmo y demás ideólogos que, teniendo acceso a tantísima información confiable, eligen vivir en el mundo de su narrativa autocomplaciente.

Alvaro Murga dijo...

Pues ya lo dijo Lutero (libremente citado): "El diablo no soporta que se burlen de él".
Y pensar que en su momento yo también fui un posmoderno abogando por la tolerancia de ideas idiotas. Pero siempre se puede aprender a pensar, cuestionar porque piensas de la manera que piensas y no dejarse llevar por el buenrollismo. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

Mariana dijo...

¡muerte a Jenny McCarthy!

martincx dijo...

Mi buen ego, pues sí son molestos los antivacunas. Internet es una océano de información y al igual que en los mares, también hay mucha basura flotando por allí. Es por eso la necesidad de la divulgación científica.

Saludos.

Arthur OQ dijo...

Jaja, me acordé una vez que en un trabajo estaba el típico loquito despotricando contra el Sida, "Ay ay, ¿Cuánta gente con sida conocen? Es un invento del gobierno".

Por esas fechas también estaba trabajando en un hospital, así que volteé y le dije "Yo conozco 6 pacientes con Sida, te puedo llevar a verlos, si gustas"

Estuvo echando espuma por la boca un ratito, y después despotricó contra las vacunas. "¿A sí? yo estoy vacunado contra la hepatitis B y tú no. Vamos a convivir con los pacientes de Hep B a ver qué pasa." Obviamente no se iba a contagiar así no más, pero sólo quería ver qué decía.

No, no aceptó el reto. Estoy seguro que muy en el fondo saben lo pendejos que son.

Anónimo dijo...

Ganas de matar a palitos a la Jenny McCarthy.

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