viernes, 28 de agosto de 2015

El León Africano: la vida y hazañas de Paul von Lettow-Vorbeck



Buen día, chicos y chicas. Como les dije en aquella entrada, la historia está llena de personajes fascinantes, que por desgracia no llegamos a conocer en la escuela porque tenemos que concentrarnos en generalidades. Pues bien, hoy les voy a platicar acerca de uno de los personajes más fascinantes de la Primera Guerra Mundial, uno tan interesante que merecía su propia entrada. Se trata de Paul von Lettow-Vorbeck, el 'León Africano', comandante del ejército colonial de Káiser en África Oriental, militar invicto a lo largo de toda la guerra y uno de los estrategas más brillantes de cuantos participaron en ese conflicto global.

Paul Emil von Lettow-Vorbeck nació en mayo de 1870 en la ciudad de Saarlouis, en la provincia del Rin. Su padre era general del ejército prusiano, y el joven Paul se unió a un cuerpo de cadetes; a los 18 años se graduó como uno de los mejores de su clase, y se convirtió en el primer cadete de la historia de Alemania en tener el honor de recibir una mención del Káiser mismo. Después se unió al Ejército, como era de esperarse, en donde tuvo una brillante carrera y un rápido ascenso.

En 1900 estuvo en China, donde formó parte de la coalición que puso fin a la Rebelión de los Bóxers. Ésta fue una insurrección por parte de los chinos en contra de las potencias imperialistas europeas que hacían de las suyas en el país oriental. Como podrán imaginarse, la rebelión fue duramente aplastada por los poderes coloniales: Alemania, Austria-Hungría, Francia, Gran Bretaña e Italia, las mismas potencias que serían enemigos mortales en la Primera Guerra Mundial, unieron aquella vez sus fuerzas para acabar con los rebeldes. Porque los europeos pueden ser muy dados a matarse unos a los otros, pero cuando se trata de oprimir a otros pueblos, puedes contar con que se pondrán de acuerdo.

En 1904 Lettow-Vorbeck fue enviado a la colonia alemana del África del Sudoeste (actual Namibia), donde fungió como asistente del general Lothar von Trotha para enfrentar la rebelión de las tribus Nama y Herero. A principios de ese año los herero se habían rebelado en contra del gobierno colonial, y los nama lo hicieron unos meses más tarde. Los rebeldes fueron derrotados, tras lo cual Trotha llevó a cabo el primer genocidio en la historia del siglo XX: alrededor de 100,000 herero y nama murieron víctimas de la represión colonialista.



El principal método para matar a los rebeldes fue perseguirlos y orillarlos a huir al desierto. Trotha ordenó que el desierto fuera "sellado", colocando patrullas a lo largo de sus lindes para matar a todo rebelde que quisiera salir de ahí. Los nativos no tuvieron más opción que atravesar el desierto para llegar a la colonia británica de Bechuanaland (actual Botswana), pero la inmensa mayoría murió en el intento. Los sobrevivientes, en su mayoría mujeres y niños, fueron puestos en campos de concentración para trabajo esclavo; muchos fueron explotados hasta morir.

En su defensa hay que decir que Lettow-Vorbeck no participó en el genocidio, pues había sufrido heridas en combate y enviado a Sudáfrica para recuperarse. Después, en 1907 obtuvo el rango de mayor y sirvió varios años en Alemania, hasta que en 1914 fue nombrado teniente y enviado a la colonia del África Oriental (actual Tanzania) para comandar a las Schutztruppe, las tropas coloniales alemanas. Ahí forjaría su leyenda.

Más tarde ese año iniciaría la Primera Guerra Mundial, y aunque por un momento los gobernadores coloniales trataron se asegurar que las colonias africanas se mantendrían neutrales unas de otras, el conflicto no tardó en llegar al Continente Negro.

El gobernador del África Oriental Alemana, Heinrich Schnee, consideraba que el objetivo de las Shutztruppe era defender a la población de la colonia, pero Lettow-Vorbeck tenía sus propios planes: hacer que los Aliados invirtieran esfuerzos en África para evitar que enviaran más tropas a Europa. Distraer a los Aliados en África mientras Alemania ganaba la guerra en Europa.



Su primera gran victoria fue repeler un intento británico por tomar la ciudad portuaria de Tanga (como vimos en la entrada anterior): con una brillante emboscada, logró vencer a una fuerza que superaba a las suyas por 8 hombres a 1, y les hizo sufrir bajas desproporcionadas. Después obtuvo un segundo triunfo en el asalto a Jassin, en que Lettow-Vorbeck capturó una posición fronteriza entre la colonia alemana y el África Oriental Británica (actuales Kenia, Uganda y Zambia), lo cual le sirvió también para abastecerse de las armas y municiones que tanto necesitaba.

Decidido a no dar cuartel, el 'León Africano' organizó asaltos contra posiciones en la colonia británica, con lo que además de asegurar suministros, se convirtió en el único general alemán en invadir exitosamente territorio británico. La reacción de los Aliados no se hizo esperar, y una fuerza de 45,000 hombres invadió el África Oriental Alemana.

Como respuesta a la invasión Lettow-Vorbeck organizó una guerrilla que sería el dolor de cabeza de las fuerzas aliadas a lo largo de todo el conflicto. Con sus hombres, asaltaba posiciones en la colonia británica y luego retrocedía de regreso a territorio alemán. Para no depender de rutas de provisiones y poderse mover libre y velozmente por el territorio, estableció ciertos puntos claves por aquí y por allá desde los cuales podría abastecerse o simplemente tomaba lo que necesitaba de enclaves enemigos o de las mismas poblaciones de la colonia alemana. Su lealtad era para con sus tropas, por lo que tenía empacho a saquear las aldeas nativas que supuestamente debían contar con la protección de las autoridades coloniales alemanas.

En una ocasión obtuvo lo que necesitaba de un naufragio. El Köningsberg era un buque alemán que había sido dañado en combate contra los británicos y ahora se encontraba atrapado en el delta del río Rufiji. La tripulación sobreviviente se unió a la guerrilla de Lettow-Vorbeck, quien con partes de los cañones rescatados del navío ensambló nuevas piezas de artillería para usar en los combates.

Su ejército creció pronto, y si en un inicio contaba con 2,600 soldados europeos y 2,470 askari, sus números llegaron a ser de 3,000 europeos y 11,000 askari. Los askari eran soldados africanos que servían en el ejército del káiser. Provenían de las tribus Nyamewezi, Sukuma, Wahehe y Agoni, y Lettow-Vorbeck tenía una buena relación con ellos, pues hablaba suajili con fluidez y demostraba respeto y confianza a sus hombres. En efecto, tras perder a sus oficiales alemanes en los primeros meses de la guerra, nombró oficiales africanos para comandar a sus tropas. Sus palabras "todos somos africanos" parecen haber sido sinceras.



Lettow-Vorbeck creía en la superioridad de la raza blanca y en el derecho y deber de las naciones europeas para dominar y guiar a los "pueblos inferiores" de África. Es difícil entenderlo desde nuestros valores modernos, que rechazan cualquier forma de racismo, pero eso no estaba peleado con un verdadero respeto que un hombre como él pudiera sentir hacia sus soldados y oficiales africanos. Complejidades y contradicciones de la ideología colonialista.

Sin embargo, no era sólo el liderazgo del 'León Africano' lo que aseguraba la lealtad de los askari (que desertaron en proporciones mucho menores que los soldados nativos en los ejércitos de otras colonias). Lo cierto es que muchos de ellos habían sido desarraigados de sus tribus y sus culturas para ser formados en las tropas coloniales; eran vistos con recelo por otros nativos y no tenían un hogar al cual volver en caso de que quisieran desertar. Permanecer en el ejército alemán era para muchos su única opción.

A pesar de todo, las fuerzas del 'León Africano' siempre se encontraron muy superadas por las de los Aliados: entre británicos, sudafricanos, indios, portugueses, belgas y nativos africanos, sumaron alrededor de 250,000 hombres. Los embates implacables de sus enemigos obligaban a Lettow-Vorbeck a mantenerse siempre en movimiento y ceder terreno. Con todo, sus tácticas guerrilleras resultaron increíblemente efectivas. Por ejemplo, en la batalla de Mahiwa, en 1917, se enfrentó a una fuerza de 45,000 enemigos; logró la victoria infligiendo a los Aliados bajas de 2,700 hombres cuando él sólo perdió unos 500.

A finales de ese año, perseguido por sus enemigos, la guerrilla Lettow-Vorbeck cruzó la frontera hacia Mozambique, entonces una colonia portuguesa, y ahí estuvo ganando victorias que le dieron acceso a víveres, armamento y municiones. Al año siguiente reingresó en la colonia alemana y empezó a ganar posiciones que los británicos iban abandonando.

La mañana del 14 de noviembre de 1918 se encontró en su camino con un emisario británico que portaba una bandera blanca y llevaba un mensaje de los Aliados: la guerra en Europa había llegado a su fin. Después de una negociación, Lettow-Vorbeck y su ejército invicto se rindieron oficialmente el 25 de noviembre: dos semanas después del final de la guerra.



Sí, el 'León Africano' había permanecido invicto y en Alemania fue recibido como un héroe. Sin embargo, su heroísmo le valió de poco a la colonia alemana del África Oriental: durante los años de la guerra, los movimientos de Lettow-Vorbeck y las incursiones de las tropas aliadas causaron una devastación terrible en un territorio otrora próspero y bien poblado. Campos y poblaciones fueron arrasados; graneros y almacenes fueron saqueados; la infraestructura colonial quedó completamente destruida; miles de nativos y colonos habían muerto o perdido sus posesiones, y el futuro les deparaba crisis económicas y hambrunas. Las bajas civiles durante y por causa de la guerra alcanzaron las 365,000.

En la selva africana, donde no había ferrocarriles ni carreteras, los suministros tenían que ser transportados por cargadores, nativos africanos que literalmente llevaban a cuestas los equipajes de sus amos blancos y que no gozaban del mismo respeto que Lettow-Vorbeck tenía por los soldados askari. Entre los ejércitos alemanes y los aliados 200,000 cargadores nativos fueron usados en esa campaña, los cuales murieron por miles, pues sus amos los explotaban hasta matarlos de extenuación, cuando no morían por hambre, enfermedades o accidentes. Cuando un ejército quería perjudicar al otro, las largas filas de cargadores desarmados eran un blanco fácil y conveniente; si alguno quería renunciar, podía ser ejecutado por deserción. Son una víctima olvidada de la Primera Guerra Mundial.

El mismo ejército de Lettow-Vorbeck se había convertido en una panda de desarrapados que no superaba los 3,000 hombres. Sus esfuerzos, aunque costaron muchas vidas y recursos de los Aliados, tuvieron un impacto insignificante en la guerra en Europa. A fin de cuentas, el heroísmo de Lettow-Vorbeck le costó infinitamente más a la futura nación de Tanzania de lo que se habría perdido que si simplemente la colonia se hubiera rendido desde un principio.



Como sea, al volver a Alemania fue recibido junto con sus oficiales en un desfile en su honor que pasó por las puertas de Branderburgo: fue el único general de la Primera Guerra Mundial a quien se le permitió ese honor. Además, su ascenso a general fue el último acto oficial firmado por el depuesto káiser Wilhelm.

Pronto Lettow-Vorbeck estableció en una nueva dinámica de vida en su país natal: se casó, formó una familia y permaneció en el ejército. En enero de 1919, a unas semanas de haber vuelto, ayudó a reprimir el Levantamiento Espartaquista, una insurrección obrera que intentó una revolución comunista en Alemania. Sin embargo, al año siguiente Lettow-Vorbeck perdió su cargo militar por apoyar el fallido golpe de Estado de Wolfgang Kapp, un intento por reestablecer el orden monárquico en Alemania.

Después de eso, el 'León Africano' se estableció en Bremen, participó en la política y llegó formar parte del Reichstag (parlamento alemán) como miembro del partido monárquico, desde donde trató de formar una alianza de oposición a los nazis. Sí, Lettow-Vorbeck podría ser supremacista blanco y antisemita, pero sus valores aristocráticos y monárquicos lo hacían desconfiar profundamente de la vulgaridad y fanatismo de los nazis. Éstos, queriendo aprovechar la popularidad de Lettow-Vorbeck, le hicieron varias ofertas para unírsele. Cuentan las anécdotas que Hitler le ofreció ser embajador en Inglaterra, a lo que el 'León Africano' le respondió que se fuera a la mierda.

Lettow-Vorbeck venía de una tradición militar aristocrática en la que la guerra era un deporte de caballeros, algo sí como un juego de ajedrez en el que se respetaba y honraba al general enemigo. Un juego, eso sí, en el que se arriesgaba sin empacho las vidas de los soldados. Por ejemplo, tras su victoria en la batalla de Jassin, Lettow-Vorbeck felicitó a los oficiales británicos por su valiente defensa y los dejó ir libres después de dar su palabra de honor de que no combatirían más contra él.

Años más tarde, conoció en persona a sus enemigos de la campaña en África Oriental, el general británico Richard Meinertzhagen y el sudafricano Jan Smuts, con quienes entablaría una larga amistad.



Durante la Segunda Guerra Mundial se mantuvo alejado del combate, pero eso no le impidió sufrir los costos del conflicto: perdió a sus dos hijos, veinteañeros que murieron luchando por el Tercer Reich, y su hogar en Bremen fue bombardeado por los Aliados. Cuando Jan Smuts supo de su situación, se organizó con otros oficiales británicos para enviarle a Lettow-Vorbeck paquetes de comida y una pensión vitalicia que le permitió sobrevivir los años de la guerra.

Años después, en 1953, pudo volver a su viejo hogar en África. Fue recibido con honores militares por los oficiales británicos que ahora administraban la colonia, y sus antiguos askari le dieron la bienvenida entonando el cántico marcial de su regimiento. Finalmente, con casi 94 años de edad, Paul Emil von Lettow-Vorbeck murió en Hamburgo en 1964; fue enterrado con todos los honores, y a su funeral asistieron muchos de los hombres que habían servido bajo sus órdenes.

El 'León Africano' vivió para ver las dos guerras mundiales, el derrumbe de un mundo y el surgimiento de una nueva realidad. Es una figura fascinante y contradictoria, representante por un lado de la caballerosidad y honor que formaban los valores militares de la vieja aristocracia, y por otro de la cruel obstinación e indiferencia por la vida humana de la mentalidad colonialista. Un hombre que supo ganarse la admiración de sus subordinados y de sus enemigos gracias a su ingenio y determinación, pero que hoy despierta repudio por la necia obstinación que lo llevó a sacrificar miles de vidas de nativos africanos. Sin duda, uno de esos personajes tan grandes que parecen pertenecer más a la leyenda que a la historia.


1 comentario:

Rafael Rodrigo Fernández dijo...

Excelente artículo, mis felicitaciones. Y para saber más me permito recomendar el libro que acabo de publicar: RODRIGO FERNÁNDEZ, Rafael (2015) "La Primera Guerra Mundial en África" Valladolid: Galland Books http://cort.as/WT5i

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