jueves, 10 de septiembre de 2015

¡Los niños pobres de África que mueren de hambre!

MARGE: Pero siento pena por los niños que mueren de hambre
HOMERO: Ahora están con Dios


¡Ya! Estoy hasta la madre de que para todo saquen a los niños que mueren de hambre en África. No es falta de empatía, ni es que no reconozca la inmensa tragedia de los niños que sufren en todas partes del mundo. Es que me emputa sobremanera la forma sensiblera, manipuladora, chapucera y de mal gusto en el que medio mundo en los internetz usa la imagen de pobres infantes para argumentar alguna pendejada. Vean, empezaré por uno de los casos que más me encabrona:

A juzgar por la cantidad de gente que comparte este meme, no mucha.

Estas cosas... estas cosas realmente me sacan de quicio, y más porque aparecen muy a menudo, cada vez que hay algún logro importante en el campo de la exploración espacial. Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué tanta pinche saña contra la exploración del cosmos? ¿Cuál es el problema de las personas que hacen estos memes contra la ciencia?

¿Por qué creo que es una estupidez? Bueno, porque no tiene nada que ver una cosa con la otra. No es la exploración espacial la que le quita comida y agua a los niños que mueren de hambre en África. No es como que si el gobierno de Estados Unidos disuelve la NASA ya se van a solucionar los problemas del hambre y la pobreza. "Ah, pero ese dinero y esfuerzo podría usarse para ayudar a ese gente" responderá algún despistadillo. Pues sí... Pero muchas otras cosas consumen de dinero y esfuerzo que podrían ayudan a otras personas, ¿por qué ensañarse contra los viajes espaciales? 

Miren, imágenes como ésta podría tener algo de sentido si sirvieran para mostrar la contradicción tan común de que muchas veces como humanos nos preocupamos por cosas frívolas y no por las importantes. Pero la investigación científica no es una actividad vana ni frívola, aún cuando sus beneficios no lleguen a corto plazo. ¿Por qué en estos memes rara vez atacan otras cosas como campañas políticas millonarias, eventos deportivos faraónicos, gastos militares demenciales, superproducciones de Hollywood (que tampoco tienen nada que ver con los niños de África, pero bueno...)?

Mire usted, los homofóbicos también recurrieron a los niños que mueren de hambre para criticar a los que nos congratulamos por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. La (i)lógica es la misma: "¿Por qué se preocupan por darle derechos a los gays cuando hay niños muriendo de hambre?", como si una cosa tuviera que ver con la otra.

Pero no, no voy a poner esa imagen de mal gusto. Mejor les pongo otra que es sólo estúpida.


Aquí tenemos por lo menos tres falacias lógicas. En primer lugar hay un red herring, o señuelo, una falacia que consiste en decir algo que no viene al caso para desviar la discusión del punto central y llevarla hacia otros terrenos. En segundo lugar hay un falso dilema, una falacia que trata de convencer al escucha de que tiene que escoger entre dos opciones mutuamente excluyentes, de que si escoge una tendrá que renunciar a la otra: como si la humanidad tuviera que decidir entre legalizar el matrimonio igualitario, explorar el espacio o resolver el hambre mundial. Y finalmente, hay un ad misericordiam, una apelación a la lástima, un ardid cursi y manipulador que pretende conmover al escucha para convencerlo de algo que finalmente no tiene nada que ver con la misericordia: la compasión que puedo sentir por el niño no quita la importancia de la investigación científica ni de la igualdad de derechos para todas las personas.

Miren, si nos ponemos punketos, siempre habrá alguna causa más importante, alguna tragedia más desgarradora o algún asunto más vital al cual podríamos estar dedicándole nuestra atención. Es más, podríamos preguntarle a cualquiera por qué invierte dinero en tener una computadora y tiempo en reenviar memes, en vez de usar ese dinero y ese tiempo para ayudar a los niños pobres que mueren de hambre.

Muchas personas hacen lo suyo para mejorar al mundo, y ello depende de sus capacidades, de sus alcances y también de sus intereses y aptitudes. Algunas personas llevan comida a los pobres, otras defienden los derechos de las mujeres, y unas más luchan para acabar con el maltrato a los animales; algunas personas buscan la cura contra enfermedades, otras divulgan la ciencia o promueven el gusto por la lectura y unas más se dedican a la exploración espacial. Somos humanos y somos limitados; no todos nos podemos preocupar por todas las causas justas al mismo tiempo.



También me caga cuando los hateos vriyantes usan imágenes parecidas para mamar. Sí, la existencia de tanto sufrimiento humano es incompatible con la creencia de un Dios que es a la vez todopoderoso y absolutamente benévolo. Pero en primera ya sabemos que los creyentes tienen preparadas explicaciones ad hoc para esto y que la imagen no va a convencer a nadie. En el fondo, el ateo tiene razón, pero utilizar la imagen de una tragedia humana para demostrar su punto, es no sólo de mal gusto, sino inútil. Ese mal gusto e inutilidad se enfatizan cuando recordamos que existen grupos religiosos que sinceramente se preocupan por las demás personas y se organizan para ayudarlas de verdad. Eso es más de lo que el hateo vriyante de Facebook puede decir (también hay organizaciones laicas y ateas que ayudan a la gente, y lo hacen sin poner memes pendejos).

Y es que hay que ser sinceros: a las personas que hacen y comparten esos memes les importa un comino el niño que muere de hambre. No están tratando de generar conciencia sobre la situación de estas personas, no pretenden reclutar a nadie para proyectos que las ayuden. Simplemente quieren sentirse muy chingones y joder a los que tienen posturas opuestas: el homofóbico quiere joder a los que se alegran por la legalización del matrimonio gay; el anticiencia quiere joder a los que se entusiasman por la exploración espacial; el hateo vriyante quiere joder a los creyentes; todos quieren hacer ver a los demás como pendejos o desalmados, pero ayudar a la gente no podría importarles menos.

La cosa no es sólo con los niños de África que mueren de hambre. Por ejemplo, seguramente habrán visto la foto de Aylan, el niño sirio que murió ahogado, junto con su madre y hermano, cuando su familia trató de cruzar el Mediterráneo para huir de la guerra civil en Siria. Ahora bien, yo comprendo y apoyo los motivos de la fotoperiodista que capturó esta imagen: mostrar al mundo el nivel de la tragedia humana que se está viviendo en Siria. Si el propósito es generar conciencia e invitar a la gente a hacer lo posible por ayudara a estas personas, o por lo menos a informarse e informar a los demás, no me parece mal. Con todo, no la comparto porque yo tengo corazón de pollo.

El caso es que la imagen ha sido utilizada en las últimas semanas de la misma forma en que lo han sido las de los niños de África: manipulación emocional desvergonzada (aunque no siempre se muestra la imagen, a veces sólo se le hace alguna referencia). Uno de los usos que se le da va en la línea de "¿Por qué se preocupan por el niño sirio y no por....?" aquí pueden rellenarlo con "los normalistas de Ayotzinapa", "los migrantes centroamericanos en México" o "los niños palestinos". Esto ocurre cada vez que alguna tragedia humana sacude la conciencia colectiva de las redes sociales; siempre habrá alguien que quiera decir que "esa tragedia no es la que debería preocuparles, sino ésta otra". Lo cual tiene un dejo hipsteril de superioridad moral y self-rightousness tipo "yo soy mejor que ustedes porque me preocupo por las cosas importantes".



El sofisma no es solamente usado con referencia a los niños de África o al niño asiático; se emplea maliciosamente para atacar una causa mencionando otra que se está olvidando. Como decir ¿por qué te preocupas por esto y no por esto otro? ¿Acaso crees que estos muertos de acá valen más que estos muertos de por acá? Como Luis González de Alba clamando una y otra vez que por qué se lamentaban por los muertos de Ayotzinapa y nadie se acordaba del pobre empleado de la gasolinera que murió quemado; o como otros igualmente malintencionados que por esos días se preguntaban por qué no se había hecho escándalo esa matanza y no con aquella otra. Como si la indignación por un crimen no fuera legítima hasta que se manifestara indignación por aquel otro; implicando alguna forma de malignidad indefinida en las intenciones de los demás. "¿Es que acaso piensas que esos muertos son más importantes? ¿Que los otros no importan? ¿Que no merecen nuestra consideración? ¿Es porque no son [inserte aquí algún rasgo como nacionalidad, raza, religión, ideología, género etc.]? ¿Es eso, verdad? ¿Eh? ¡¿EH?!"

Claro que hay ocasiones en las que vale señalar la contradicción, como cuando vemos que algunas personas se indignan por las tropelías y corruptelas cometidas por políticos de otra ideología o partido, mientras ignoran alegremente las que cometen los de su mismo equipo. En México tenemos muchos izquierdistas que se indignan por las violaciones a los derechos humanos en nuestro país, pero que hacen admirables malabares mentales para negar o justificar las que se cometen en Venezuela; y derechistas que hacen exactamente lo mismo, pero al revés. Es válido, incluso necesario, señalar estas incongruencias.

Hay personas que parecen preocuparse más por lo que sucede en otros lugares del mundo que lo que sucede en su entorno, y eso puede parecer poco sensato. A menudo saca de onda que asuntos superfluos llamen tanto la atención, mientras que otros realmente importantes sean ignorados por las mayorías. Si todos están hablando de los chismes de los famosos o de un torneo de futbol mientras hay una crisis de derechos humanos en el país, por supuesto que ello exaspera y frustra a cualquier persona decente y consciente. Pero cuando la cosa es entre dos casos de tragedias humanas, ¿qué derecho hay a decir que las personas deberían alarmarse por uno y no por otro? Pues si una persona se preocupa por una causa tal, no necesariamente significa que crea que aquella otra es menos importante o menos digna de nuestra atención y esfuerzo. Y, sobre todo, que no le presten atención a esa otra causa que a TI te gustaría, no hace que la suya sea menos justa, menos noble o menos necesaria.



Esto no quiere decir que todas las causas sean igualmente válidas. Claro que la gente a menudo se suma a causas que son frívolas, inútiles o de plano perniciosas; muchas veces las personas tienen objetivos nobles, pero sus métodos o sus argumentaciones son ineficaces o contraproducentes; a veces de plano ni siquiera entienden de qué se trata la cosa y ya tienen opiniones muy fuertes al respecto. Esto amerita análisis y crítica, pero en tales casos se debe evaluar cada causa con sus diferentes aspectos en sí misma, y no simplemente descartarla porque hay alguna otra que se me antoja más importante.

Los seres humanos somos empáticos, ésa es la clave de nuestra naturaleza de animales sociales. Y no, no nos "estamos deshumanizando" como gritan los apocalípticos de Internet cuando ven imágenes de tragedias, como si antes no hubiera habido tragedias humanas terribles e indeferencia general ante ellas. De hecho, como civilización, nos estamos volviendo cada vez más empáticos. La empatía, sin embargo, no siempre está guiada por la razón, sino que a menudo es puramente visceral.

Algunos se preguntan por qué la gente reaccionó con tanta vehemencia ante la foto del niño sirio cuando alrededor del mundo mueren miles de niños todos los días. Bien, les explico: porque somos humanos. Miren, yo he seguido con regularidad las noticias de Siria desde 2011: aquí está la primera entrada en que mencioné a este país, y aquí la más reciente, además de que en mi página de Facebook comparto de vez en cuando noticias al respecto. Es decir, yo no era ignorante del estado de cosas en ese país de Medio Oriente; ya había leído lo que estaba pasando, la guerra, las atrocidades, los miles de muertos. Y sin embargo, cuando vi la imagen de Aylan me puse a llorar. ¿Por qué? Bueno, porque no es lo mismo leer y entender que "miles de personas han muerto" de forma abstracta e impersonal, que sentirlo cuando la víctima tiene un nombre y un rostro. De pronto, emotivamente hablando, la situación se vuelve más real. Uno ve al niño y piensa en su hijo, su sobrino, el vecinito (de hecho, Aylan tenía la misma edad que uno de mis hijos). No es lo mismo conocer los datos sobre cuánta gente murió en el Holocausto que leer las memorias de un sobreviviente. No es lo mismo saber que hubo un genocidio en Ruanda que ver una película que retrate a las personas que lo sufrieron. Intelectualmente, la comprensión del asunto no cambia gran cosa, pero emocionalmente la conexión se hace más real.

Aylan Kurdi


No es que la gente sea tonta y mala y piense que el niño sirio es más importante, más digno de nuestra empatía que la niña centroamericana prostituida por el narco mexicano, o que el niño palestino acribillado por el soldado israelí, o que el que el niño africano que muere de hambre; sólo sucede que una imagen reciente ha resultado muy efectiva para conmover a las personas; a veces sólo es cuestión de que aparezca en el momento apropiado para volverse viral. Es cierto, mucha gente que vio esa foto olvidará el asunto cuando pase de moda, y sólo quienes de verdad se preocupan y quieren ayudar se quedarán ahí mientras los demás subirán al siguiente tren del mame. Pero eso no hace que su empatía, aunque momentánea, sea menos sincera, y es injusto atribuirles alguna malignidad para explicarse por qué no están haciéndole caso a "esta otra tragedia". Finalmente, nada impide que esa misma persona que ayer se conmovió por el niño sirio mañana se conmueva por un reportaje sobre los migrantes centroamericanos en México; de hecho, la coyuntura internacional puede servir de pretexto para empezar a mirar los problemas que tenemos en nuestro país. Es más, veo que está ya sucediendo, y que el tema comienza a abordarse y a prestársele mayor atención. Y definitivamente, los que se quejan de que le están haciendo más caso al niño sirio que a cualquier otra cosa, tampoco parecen estar haciendo nada por nadie.

Así que, por favor, ya párenle de mamar con estas imágenes. Son tramposas y de mal gusto, convierten a las redes sociales en espacios desagradables, al igual que otros memes mal razonados de este tipo sólo hacen sentir listillos a los que ya están de acuerdo con el mensaje, no logran persuadir nadie y no ayudan a las personas cuyas imágenes explotan sin pudor.

7 comentarios:

Master of Doom dijo...

Yo también me conmoví al ver la foto del niño Aylan, ya que tengo un sobrino de la misma edad. Y pues como mencionas, no es lo mismo ver la cantidad de personas muertas por el Holocausto que leer las memorias de un sobreviviente de ese genocidio, porque ya la tragedia tiene rostro y nombre.

Aioros84 dijo...

Gastas tu tiempo en esta entrada en vez de preocuparte por el robo de tuits.

dunkelheitzz dijo...

Yo por eso no comparto ni madres, en realidad me interesa muy poco lo que les pasa a otros, tal vez soy decididamente un ojete, falto de empatía o deshumanizado, pero al menos soy sincero.

Alexander Strauffon dijo...

Quienes más abusan de ese argumento son quienes menos hacen en realidad por causas sociales, ya sea de allá en tierras lejanas o los casos de la gente que tienen cerca. Son pura lengua y dedos, para andar parloteando en persona y en internet y no actuar. No vale la pena prestarles atención cuando empiezan con sus falacias.

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

Estoy de acuerdo contigo. El último comentario que haces para explicar el por qué las personas nos sentimos tan tocadas por la imagen del niño sirio me recuerda una frase de John Green, que dice algo así cómo,

"La muerte de una persona es una tragedia, la de varias es una estadística".

A veces es necesario el impacto de casos específicos para levantar consciencia sobre ciertos problemas.

Por otro lado, aunque yo mismo he usado en una ocasión las falacias lógicas informales para criticar al creacionismo ( http://www.antropologia.uady.mx/revista/antropica/1Laris_Antropica1R.pdf ). Me he convencido luego de que no debemos usarlas muy a la ligera, pues las falacias lógicas informales pueden no ser falacias en ciertos casos. Cómo por ejemplo, no es un argumentum ad verecundiamdad inválido citar artículos de astrofísicos reconocidos a la hora de hablar sobre agujeros negros ( http://www.researchgate.net/profile/Mike_Oaksford/publication/6199092_The_rationality_of_informal_argumentation_a_Bayesian_approach_to_reasoning_fallacies/links/0c96051e9a3d941970000000.pdf ).

Sombrerudo dijo...

Recuerdo una situación muy similar con el colisionador de hadrones. Yo tengo una respuesta simple y sencilla para esas personas: el microscopio. La gente que vivió antes del descubrimiento de las bacterias hubiera considera inútil, incluso estúpido, pasar largos días mirando a través de lentes compuestos unos pequeños bichitos, mientras gente moría en las guerras napoleónicas. 200 años después, ningún conocimiento ha salvado más vidas que el descubrimiento de las bacterias, la asepsia y los antibióticos.

Por supuesto, no menosprecio de los doctores que ayudaron en esas crisis. De hecho, muchos podrías ayudar civiles E investigar las bacterias al mismo tiempo, como el Dr Zhivago... que es un personaje ficticio, pero seguro hubo muchos como el en ese entonces.

El punto es que la investigación científica de hoy son los pilares del futuro.

Gran entrada, como siempre.

G.P.Plascencia dijo...

¿es que nadie piensa en los tuits?

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