martes, 27 de octubre de 2015

Arthur Gordon Pym: La novela que Poe no quería escribir



            Edgar Allan Poe (1809-1849) es mejor conocido por sus relatos y sus poemas que por su única novela concluida[1], La narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket, compuesta entre 1836 y 1838.  Por diversos motivos ésta es una obra atípica para Poe y el mismo hecho de que haya sido escrita es resultado de una serie de improbabilidades. Y es que Arthur Gordon Pym es la novela que Poe no quería escribir.

            Revisando la obra de Poe podemos encontrar una constante: su brevedad. Poe había dicho que un poema largo que era “una llana contradicción de términos”[2] y asevera en su Filosofía de la composición:

“Si una obra literaria es demasiado extensa para ser leída en una sola sesión, debemos resignarnos a quedar privados del efecto, soberanamente decisivo, de la unidad de impresión; porque cuando son necesarias dos sesiones se interponen entre ellas los asuntos del mundo, y todo lo que denominamos el conjunto o la totalidad queda destruido automáticamente.”[3]
Teniendo tales prejuicios contra la narrativa extensa, ¿qué lleva a Poe a aceptar el reto de componer una obra de largo aliento? La respuesta es simple: dinero. Poe, digno representante del romanticismo tardío, siempre tuvo toda clase de problemas en su vida personal, a los que se sumaba una perenne bancarrota.

Hacia finales de 1836 Poe trabajaba en la Southern Literary Magazine, propiedad de Thomas W. White, con quien tenía constantes confrontaciones, las cuales finalmente llevaron al despido del autor. Es probable que Poe hubiese presentido el fin de esta relación profesional, pues fue por esos días que comenzó a escribir los primeros capítulos de Arthur Gordon Pym.

Ya antes había intentado en varias ocasiones vender un volumen de cuentos a diversas casas editoriales, que rechazaron sus textos por considerarlos “demasiado cultos y místicos para el gusto de las masas”. La editorial Harper and Brothers en particular, le dio el sabio consejo de escribir una sola historia conexa que apelara mejor al gusto del público norteamericano… Algo que en nuestros días equivaldría a aconsejarle “¿Por qué no escribes algo tipo Crepúsculo? Eso vende”.




Por aquella época el público no demasiado educado tenía gusto por historias sensacionalistas de aventuras marítimas en tierras lejanas, cargadas de violencia y exotismo[4]. Poe decidió hacer su versión de tales historias. Así tenemos que Arthur Gordon Pym (cuyo mismo nombre nos recuerda al de su creador) de Nantucket[5], deseoso de salir en busca de aventuras, se embarca como polizón, con ayuda su mejor amigo, Augustus Barnard, en la nave del padre de éste, que se dirige a los mares del Sur. Así comienza una serie de aventuras para Arthur, a cual más grotesca e increíble, hasta el enigmático y perturbador desenlace de su odisea.

Pero Poe, al igual que Pym, no tenía ni idea de por dónde lo llevarían sus aventuras. En Filosofía de la composición, el autor bostoniano declara que:

“Un plan cualquiera que sea digno de este nombre ha de haber sido trazado con vistas al desenlace antes que la pluma ataque el papel.”[6]
            Éste no es el caso de Arthur Gordon Pym: la novela está llena de inconsistencias y errores de continuidad, como el del perro Tiger que aparece y desaparece, el papel en blanco que después tenía una carta falsificada, el cambio repentino de una narración regular al símil de una bitácora, o el testimonio que Augustus le relataría a Arthur “muchos años después”, a pesar de que Augustus muere unos días más tarde. Es más, uno no puede evitar imaginar a Poe, quien toma con muy poca seriedad este proyecto, improvisando los vericuetos que tendría la anécdota: “Es la historia de un muchacho que se embarca… y luego… eh… naufraga… y después… lo rescatan… y… ah… hum… eh… ¡Naufraga otra vez!”.

            La poca o nula planificación del autor da por resultado que la novela sea por momentos una parodia de humor negro del género (como un Quijote macabro), un intento de hacer un relato de viajes verosímil, una historia sobre el paso de la adolescencia a la edad adulta y una novela de fantasía y ficción especulativa.



            En cuanto al aspecto paródico, tenemos al protagonista, un muchacho que ha tenido una vida bastante acomodada, pero que, como se revela desde las primeras páginas, sueña con tener aventuras en alta mar, sobrevivir a naufragios y ser capturado por salvajes. Arthur logra todo esto, sólo para darse cuenta de que no hay nada de romántico y sí mucho de horrible en tales experiencias idealizadas por la misma literatura sensacionalista cuya popularidad Poe quería aprovechar.

            Relacionado con este aspecto está el del ritual de paso: Arthur deja atrás sus concepciones infantiles y románticas del mundo y conoce su lado oscuro y cruel, al tiempo que desarrolla virtudes típicamente viriles, como la valentía y la amistad, en un escenario alejado de la seguridad hogareña.

            En enero y febrero de 1837 fueron publicadas, respectivamente, la primera y segunda entregas de Arthur Gordon Pym en la Southern Literary Messenger, pero el despido de Poe provocó que no hubiera más entregas publicadas en dicha revista. En ese entonces estaba claro que Arthur Gordon Pym era una obra de ficción escrita por un tal “Mr. Poe”. Pero en mayo del mismo año, cuando ya había asegurado que Harper and Brothers publicaría su novela y anunciado que la misma estaba “casi lista”, Poe resuelve dar un giro imprevisto y, para aprovechar la sensación que en esos días causaba la expedición antártica de Jeremiah N Reynolds, decide enviar a su héroe al Polo Sur y hacer pasar la obra como la vivencia auténtica del verdadero Arthur Gordon Pym.

Para lograr este propósito, Poe inserta una nota preliminar en la que explica que él no es más que un humilde escritor que ayuda a Pym a organizar las notas y recuerdos de su viaje. Asimismo, para dotar a su relato de verosimilitud, el autor inserta aquí y allá, material “prestado” (a menudo descaradamente fusilado) de crónicas de viajes auténticos[7].

Pero al final, Poe deja de lado esta pretensión de veracidad y hace derroche de su prodigiosa imaginación para describir una terra ignota cercana al Polo Sur, habitada por gentes y criaturas por demás extrañas. Poe imagina un océano de blanco lechoso, un ave que emite el desconcertante grito tekeli-li, una raza de hombres negros con dientes de ébano para los cuales el color blanco es un tabú, una criatura blanca de grandes zarpas bermejas y una corriente de agua cuya maravillosa descripción incluyen Borges y Bioy Casares en sus Cuentos breves y extraordinarios:

“No era incolora ni era de un color invariable, ya que su fluencia proponía a los ojos todos los matices del púrpura como los tonos de una seda cambiante. Dejamos que se asentara en una vasija y comprobamos que la entera masa del líquido estaba separada en vetas distintas, cada una de tono individual y que no se mezclaban. Si se pasaba la hoja de un cuchillo a lo ancho de las vetas, el agua se cerraba inmediatamente, y al retirar la hoja desaparecía el rastro. En cambio, cuando la hoja era insertada con precisión entre dos de las vetas, ocurría una separación perfecta que no se rectificaba en seguida.”
De hecho, la descripción del círculo polar antártico como una zona en la cual la temperatura se hace más cálida conforme se avanza hacia el sur, y la del mismo Polo Sur en el que se haya un remolino que precipita las aguas hacia el centro de la Tierra, forma parte de la teoría de la Tierra hueca, postulada por John Cleves Symmes Jr. en 1818 y que gozaba de cierta aceptación en su tiempo.

La Tierra hueca


A pesar de los empeños de Poe por hacer de Arthur Gordon Pym una novela apropiada para el gusto de las masas, el libro no tuvo el éxito comercial esperado, ni tampoco fue bien recibido por la crítica. El mismo Poe diría de ella que era “una novela bastante tonta”. El libro fue desdeñado por los estudiosos durante más de cien años, hasta que el crítico Patrick Quinn la sacó del olvido con un ensayo publicado en 1952, colocándola entre los clásicos de la literatura estadounidense.

¿Cómo es posible que una novela hecha con tan poco cuidado, con tan poco interés, se haya convertido en un clásico? ¿Cómo es posible que esta obra se haya convertido en una de las más influyentes de su autor?[8] Estas interrogantes tienen dos respuestas. La primera es que, en cada uno de las cuatro formas antes mencionadas que toma la novela, ésta es excelente. Cuando es una parodia de humor negro, es ingeniosísima; cuando es una historia de ritual de paso, es muy profunda; cuando es una aventura fantástica, es simplemente maravillosa.

Por otro lado, quizás la grandeza de Arthur Gordon Pym no se encuentra en su unidad como novela, sino en la genialidad que el autor alcanza en determinados pasajes. Si en algunos momentos se evidencia un Poe que no sabe bien qué quiere hacer con el texto, en otros queda de manifiesto el genio que nos dio El entierro prematuro, El pozo y el péndulo y La máscara de la Muerte Roja.

Episodios así son aquél angustiante en el que Arthur permanece encerrado bajo cubierta, solo, a oscuras, famélico y febril, ignorante de la masacre que ocurre allá en el mundo exterior; aquél en el que los sobrevivientes de un naufragio se ven obligados a recurrir al homicidio y canibalismo, para descubrir después que tenían un almacén de comida a su alcance; aquel momento en el que Arthur y su amigo Peters son enterrados por los negros bajo toneladas y toneladas de tierra[9]; y aquél en el que los personajes atisban esperanza en la visión de un marinero que los saluda desde un buque que se acerca, sólo para descubrir que la tripulación de aquel barco estaba muerta y que el aparente saludo del marinero no era más que el aleteo de una gaviota picoteando la carne de un cadáver.



No obstante, quizá la mayor muestra del genio de Poe se encuentra en las últimas palabras de la novela. Este final, tan misterioso y desconcertante, es uno de los momentos más poderosos de toda la literatura de Poe. El mismo autor debió darse cuenta de que esas líneas eran tan perfectas que continuar la historia trivializaría la obra completa. Se han propuesto muchas interpretaciones de este pasaje: alegóricas, religiosas, filosóficas o racionalistas. En lo personal considero que la imagen literaria es suficientemente poderosa como para prescindir de cualquier explicación, que incluso mermaría la fuerza de la obra.

 Pero Poe tenía un problema: se suponía que Arthur Gordon Pym era un personaje real y que había vivido para regresar a casa y contar sus aventuras. ¿Cómo conseguir que esta ilusión no se rompiera sin echar por la borda el momento mejor logrado de toda la novela? Poe, en una demostración más de su nula planificación, resuelve insertar al final una nota en la que explica que Pym había muerto, de forma súbita y por demás oportuna, debido a un accidente, sin haber terminado de lo que había ocurrido después del clímax de su narración.

Me permito cerrar este breve ensayo con dicho momento climático:

“Y entonces nos precipitamos en los brazos de la catarata, donde se abrió un abismo para recibirnos. Pero he aquí que surgió en nuestra ruta una figura humana amortajada, de proporciones mucho más amplias que las de ningún habitante de la humanidad. Y el tono de la piel de esta imagen tenía la blancura perfecta de la nieve…”





[1] Poe sí comenzó a escribir otra novela, la inconclusa El Diario de Julius Rodman, que se comenzó a publicar de forma seriada en los números de enero a junio de 1840 de la Burton’s Gentleman’s Magazine.
[2] Citado por J Gerald Kennedy en su introducción a la edición de Arthur Gordon Pym de Oxford University Press (1994).
[3] Philosophy of Composition, ensayo publicado por primera vez en la Graham’s Magazine en 1846.
[4] Los infames Penny dreadfuls en Inglaterra y las Dime novels en EUA, de que tanta popularidad gozaron y que son los antecedentes de la literatura pulp.
[5] Punto de partida de otra gran obra de la literatura estadounidense, Moby-Dick (1851), de Herman Melville.
[6] Philosophy of Composition.
[7] Tales como Narrative of Four Voyages (1832) de Benjamin Morrell.
[8] Arthur Gordon Pym inspiró, entre otras obras, el poema de Baudelaire Viaje a Cythera (incluido en Las flores del mal, 1857), y dos secuelas no oficiales: La esfinge del hielo (1897) de Julio Verne, y En las montañas de la locura (1936) de HP Lovecraft.
[9] El ser enterrado vivo es un temor que obsesiona a Poe y que se presenta constantemente a lo largo de toda su obra: El entierro prematuro, La caída de la casa de Usher, Berenice, El barril de amontillado, etcétera.

2 comentarios:

Iván dijo...

También se podría comparar la propuesta de escribir algo más largo con la tendencia de las editoriales modernas, al menos las de habla inglesa, por preferir contratos para series en lugar de novelas independientes. "Vuélveme esa novela trilogía y te la publicamos". Y probablemente las razones serían las mismas, si a la gente le gusta una nueva franquicia, van a querer comprar más de lo mismo antes de atreverse con algo diferente.

Maik Civeira dijo...

Exácatamente, mi estimado :/

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