lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Habríamos sido esclavistas?



Hace ya algún tiempo, saliendo de ver la ganadora del Oscar de su momento, 12 años de esclavitud, mi brillante novia me dijo algo que, palabras más o palabras menos, que "Obviamente todo el mundo se conmueve con este tipo de historias, pero es porque la esclavitud ya quedó atrás y entonces cualquiera puede decir que es mala. Se imaginan que ellos no habrían aprobado la esclavitud en esa época, ¿pero cómo lo saben?".

Eso me hizo pensar y desde entonces hemos vuelto al tema varias veces y expandido nuestras reflexiones al respecto, todo lo cual me propongo compartirles en esta entrada. De hecho, muchas de mis entradas cavilosas nacen de conversaciones que tengo con mi novia, y ahora le doy el crédito porque si no me pega.

Bien, el meollo de toda la cuestión es: ¿cómo sabemos que no habríamos sido esclavistas? Es muy fácil mirar al pasado y decir "oh, qué cosa tan horrible es la esclavitud" cuando vives en una época en la que la moral social generalizada rechaza tan abominable institución. Pero, ¿una persona de hoy rechaza la esclavitud porque tiene una conciencia moral autónoma que le permite darse cuenta de que es mala? ¿O simplemente la rechaza porque ha sido educada en una sociedad que la rechaza también?

Temo que quizá en muchos casos es la segunda opción. Aunque por supuesto a cada uno de nosotros le gustaría pensar que de haber vivido en la Louisiana del siglo XIX habría manifestado su repudio por la esclavitud, creo que no meteríamos las manos al fuego por los demás. Lo cierto es que hubo un momento en el que la esclavitud era vista en general como algo inevitable, cuando no deseable. La idea de que podía existir un mundo sin esclavitud era inconcebible para sus defensores. ¿Cómo podrían prosperar las naciones si no se ponía el trabajo pesado sobre los hombros de los inferiores para que los superiores pudieran dedicarse a actividades más nobles? Los que la cuestionaban fueron en un principio una minoría que creció muy poco a poco.

Hoy en día persisten las apologías veladas a la esclavitud; no falta quien diga que "no era tan mala" o que por lo menos a los esclavos se les daba alimento y techo. No hay que irse tan lejos como a los Estados Unidos; en México tuvimos una era de la esclavitud muy reciente: en el Porfiriato las condiciones de los trabajadores de las haciendas era esclavitud en todo menos en el nombre. En su momento por supuesto que encontraban sus apologistas, pero da miedo ver que sigue habiendo quien dice "pues sí, pero había que tratar así a los peones porque eran flojos y no querían trabajar" o "pues sí, pero gracias a eso México era una potencia económica". Y me pregunto ¿cuántos de esos mexicanos que seguramente se conmovieron mucho con la historia narrada en 12 años de esclavitud son indiferentes ante la marginación y explotación, histórica y actual, que sufren los pueblos indígenas?



Una visión pesimista de la humanidad, que a veces me sobrecoge, es que la mayoría de las personas nunca serán capaces de tener una conciencia moral autónoma, sino que simplemente se apegarán a los valores de su cultura y sociedad. Serán unos pocos los que tengan la visión ética para darse cuenta de lo que está mal en los valores de su propia cultura y sociedad, y pugnen por cambiarlos. ¿Cómo saber a qué grupo pertenece cada uno? Nos gusta creer que somos pensadores libres e independientes, ¿pero qué tanto estaremos determinados por los valores de la sociedad en la que crecimos?

La perspectiva se vuelve aterradora cuando pensamos ¿cuál será el equivalente a la esclavitud hoy en día? ¿Qué prácticas, instituciones y valores aceptamos como parte de nuestra sociedad y nuestra cultura, que en el futuro serán considerados barbaridades? Obviamente la esclavitud persiste de forma literal, por ejemplo la trata de personas, aunque oficialmente es ilegal. Pero también me preocupan sus formas maquilladas, como las modernas sweatshops en las que las condiciones de trabajo son inhumanas, y que son aceptadas por gobiernos y legislaturas. No es tan mala como la esclavitud decimonónica o profirista, pero para mí sigue siendo algo atroz y sí espero que un futuro nos deshagamos de esas instituciones y que nuestros nietos las miren con el horror con que vemos las plantaciones de Lousiana (o con el que deberíamos ver a las haciendas de Yucatán). De hecho, hay quien defiende esa forma de esclavitud moderna con argumentos análogos a los que usaban los decimonónicos. ¿Habríamos sido esclavistas? ¡Lo seguimos siendo ahora!

Pero, ¿qué otras tantas prácticas e instituciones bárbaras seguimos manteniendo y defendiendo, considerándolas como males inevitables, como parte del orden natural de las cosas, incluso como aspectos positivos de nuestra sociedad? No lo sé. Quizá a los humanos del futuro, si son mejores que nosotros, les parezca inconcebible que una persona pudiera vivir su vida felizmente mientras otras sufrían la pobreza, la violencia o la marginación. Quizá los animalistas tengan razón y el consumo de productos animales es algo tan aborrecible como el genocidio. Quizá llegue un momento en el que insultarse u ofenderse unos a otros parezca tan incivilizado como batirse en un duelo a machetazos. Quizá sea nuestro sistema penitenciario, o el hospitalario o el educativo. Quizá son cosas que ni siquiera se me ocurren de tan normales que las considero. No podemos estar seguros.




No lo sé; tampoco hay que caer en el "efecto Galileo". O sea, no porque se hayan reído de Galileo significa que cualquier charlatán del que se rían hoy vaya a ser el próximo Galileo. No porque la esclavitud fuera aceptada por una mayoría y denunciada por una minoría en su momento, significa que toda minoría que denuncia nuestras prácticas actuales vaya a resultar tener la razón en el futuro. No creo que las denuncias de los grupos antiabortistas, que consideran la interrupción del embarazo como una de las grandes calamidades y crímenes contra la humanidad de nuestros tiempos, vayan a ser reivindicadas en el futuro.

Pero ¿cómo saberlo? Creo que lo único que podemos hacer es, como siempre digo, en primer lugar tener la conciencia de que podemos estar en un error. Esto no quiere decir que andemos por la vida dudando de todo, que sin puntos de apoyo firmes es fácil deslizarse hacia el nihilismo. Quiere decir que tengamos siempre en cuenta la posibilidad de que nuestros valores y creencias podrían estar equivocados, de forma que si se nos dan las razones suficientes para hacerlo podamos cambiarlos. Lo segundo es siempre mantener una actitud crítica hacia la sociedad en la que vivimos, con la mente abierta para considerar ideas ajenas a las nuestras, pero con fitro para detectar, analizar y desechar posibles patrañas. No es una receta infalible, por supuesto, pero es un inicio.

Bien, quizá después de todo esto nos queda un consuelo. Bien puede ser que la mayoría de las personas jamás cuestionarán los valores de la sociedad en la que viven, pero siempre habrá alguien que lo haga, y con el tesón suficiente, lo que era aceptado pasará a ser rechazado y viceversa. Después de todo, actitudes como el sexismo, el racismo, la xenofobia y la homofobia, si bien persisten dolorosamente en nuestras sociedades y deben ser combatidas, poco a poco van siendo abandonadas por los sectores más ilustrados. Quizá a lo mejor que podamos aspirar es a que gracias al pensamiento crítico y los esfuerzos de algunos, la generalidad vaya aceptando nuevos valores generación con generación. Es una visión elitista que me causa escozor, pero es un consuelo.

Fuente: CNN


No creo que exista ningún curso histórico inevitable; el progreso ético es una cosa muy frágil y basta una crisis para revertirnos a la barbarie. También creo que hay momentos de excesos moralinos, más de pánico puritano que de verdadero progreso ético (la mojigatería de la Era Victoriana, el retorno al conservadurismo en los 50 o, a mi parecer, la histeria políticamente correcta de nuestra década). Nada asegura que nuestros descendientes serán mejores personas que nosotros. Pero evidentemente es posible, como nos lo demuestra Steven Pinker en su monumental The Better Angels in our Nature.

Pero si eso es así, la pregunta permanece: en 100 o 200 años, cuando se mire hacia este periodo de la historia, ¿te mirarán como tú miras a los esclavistas?

8 comentarios:

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

Siempre que pienso sobre el progreso moral recuerdo lo que aprendí de Carl Sagan: quién sabe si la humanidad podrá sobrevivir a su nuevo poder adquirido en armas biológicas y nucleares, y al desastre ecológico que está causando a su mundo. Pero algo es seguro, sí antes no nos autodestruimos, entonces necesariamente aquella sociedad que sobreviva tendrá que ser una muy distinta a la nuestra; con más de nuestras fortalezas y menos de nuestros defectos.

Alvaro Murga dijo...

Difiero de ti Jorge Alex: la moral no progresa, cambia. Al igual que la sociedad. No se si alguien más lo habrá dicho antes, pero en algún momento comencé a pensar de esta manera: que el progreso per sé no existe sino que es una transformación de la sociedad. No es una evolución en el sentido de avance, sino una evolución en el sentido de cambio. Para muestra, basta ver como hoy se demoniza el tabaco y se alaba la marihuana, tanto que no me sorprendería que en el futuro exista la marihuana Belmont. Quizas si viajaramos en el tiempo, veriamos una sociedad futura construida con lo que nosotros consideramos defectos, pero ellos lo verían como fortalezas. Nunca se sabe.
Lo más relevante de este post y que de alguna manera sigue la linea del post anterior es la autocrítica y que tan independientes somos de lo social o solo nos dejamos llevar por el rebaño, creyendonos independientes y razonables. ¿Cómo sabremos si lo que hoy consideramos una fortaleza sea visto en unas décadas como una debilidad y viceversa? Eso también nos obliga a ser más considerados con nuestros antepasados y sus errores. No hablo de justificarlos, sino de entenderlos y no juzgarlos desde nuestra moral. Por que ¿quién dice si no, que ser vegetariano en unas decadas se verá tan criminal como comer carne? Al final, las plantas tambien están vivas.

Zer0MX dijo...

Estoy de acuerdo en lo que escribió Alvaro, pero sólo en parte, estoy de acuerdo en el sentido que evolución expresa cambio, no necesariamente hacia lo que consideramos avances, por ejemplo, si nuestros bisabuelos vieran cómo los homosexuales tienen ahora más derechos, quizá lo verían como algo negativo, pero es por el sistema con el que crecieron.
En lo que no estoy de acuerdo es en la parte de "no juzgar", no me refiero a que emitamos juicios de valor contra la gente, pero si podemos juzgar sus acciones de la misma manera que en un futuro nosotros seremos juzgados también por las generaciones que vendrán, lo importante al final no es el juicio en sí, lo importante es ¿Qué podemos aprender a partir de ello? y en ese aspecto estoy de acuerdo a lo que se dice en el post, aunque si bien, la mayoría de la gente se deja llevar por la sociedad (El fenómeno se llama conformismo social y está fundamentado desde nuestra evolución biológica como humanos, incluso abarca el hecho de las minorías que desafían a la norma) siempre habrá minorías que empiecen poco a poco a cambiar las cosas y eso es lo que permite que evolucionemos como sociedad, ¿cómo será? Nadie sabe, sólo nos queda esperar, como siempre una excelente entrada para reflexionar un poco

TORK dijo...

Buen tema de reflexión, pero cae en el terreno de lo sensacionalista. Tan solo con ver el título es posible apelar a la Ley de Betterigde y contestar que no: no habríamos sido esclavistas.

Alvaro Murga dijo...

TORK, las entradas de Ego van más en la linea de los ensayos que en la de reportajes o noticias. La ley de Betterigde es aplicable a los encabezados periodísticos y notas de prensa. Son animales diferentes. Aquí no procede.

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

Claro, para hablar de progreso de cualquier tipo se necesita un criterio para poder decidir qué cambios son positivos y qué cambios son negativos. En ese sentido todo progreso es relativo, relativo al criterio que utilicemos. El criterio que muy vagamente tenía en mente al hacer el primer comentario es que "lo mejor" o "lo deseable" según un cierto tipo de moral que yo practico es reducir el sufrimiento y la violencia y aumentar las libertades, la cooperación y la felicidad global. Admito que son éstas ideas muy vagas ¿Qué es la felicidad y cómo determinamos si esta a aumentado o disminuido? ¿Qué es el sufrimiento y cómo medimos su cantidad? Tratar de responder estas preguntas ha dado lugar a una bibliografía interminable. Pero creo que, por ejemplo, siendo dos sociedades iguales pero en una habiendo racismo (sociedad A) y en otra no (sociedad B); la sociedad B es preferible a la A usando el criterio que expliqué brevemente al comienzo de este comentario, porque es fácil pensar que al no haber racismo en B entonces el grupo humano X que sería discriminado en A posé mayores herramientas para conseguir libertad y felicidad (cómo acceso a puestos de trabajo, a educación, a salud, a actividades recreativas, a redes sociales, etc.). Es en este sentido en el que hablo de progreso, aunque claro que necesitan compartir mi criterio para compartir mis conclusiones.

Sombrerudo dijo...

Para Tork, citando su propio link:

"Un titular expresado en interrogación implica, en la inmensa mayoría de los casos, que la noticia es tendenciosa o sensacionalista. "

La "inmensa mayoría" no significa todos y, como dijo Álvaro, esto no es una noticia, sino un ensayo. Además, la pregunta lanzada no es sobre hechos concretos del mundo material("¿Los robots comen carne? Descúbralo en Mundo Enfermo y Triste"), sino una pregunta abierta al lector sobre su propia conducta. Lo importante no es la respuesta, sino la búsqueda constante de esa respuesta y el análisis de la propia moral.

Aún así, mi respuesta también es No. Obviamente no se puede afirmar que así sería pero, como añade Zeromx, podemos juzgarlo en base a nuestro conformismo social. Si en nuestra sociedad actual ya cuestionamos dogmas, muy probablemente lo hubiéramos hecho en el pasado... aunque muy probablemente hubiéramos crecido sin las ideas de la ilustración... y eso cambiaría tan radicalmente lo que somos que no me puedo permitir ninguna respuesta.

En lo que concierne al presente y al futuro, creo que se nos juzgará más por nuestras acciones que por nuestras ideas. Hasta al más incauto del pueblo le parecerá atroz lo que sucede en foxconn, y se puede conmover hasta las lágrimas un día, y al siguiente comprar un iPhone.

Las acciones son la encarnación de las ideas.

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En otro tren de ideas, ¿no habías visto "El Anticristo"? Von Trier es mi director vivo favorito, y de los pocos que maneja el simbolismo de manera no intrusiva.
Me extraña que hayas abordado la crítica como película "intensa" o "de terror" cuando, creo yo, eso está en último lugar. En primer lugar está el título: "Anticristo".

Von Trier, hombre criado sin religión, pero influenciado por el cristianismo vía la sociedad que lo rodea: una Europa poscristiana con valores cristianos (piedad, amor, perdón...), ¿sostiene la racionalidad, un "anticristo" a su manera, estos mismos valores? ¿O debemos cuestionarlos así como cuestionamos a dios?

Tenemos una pareja individualista, concentrados en sus sueños y en el placer, tanto que pierden a su hijo. No es una apología al cristianismo, pero sí una mirada por alguien ajeno a la doctrina. Es, también, un contraste de mundos: la lujuría contra castidad, mujer sumisa vs dominante, dios como medida de todas las cosas vs el hombre...

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Lo cual me trae de vuelta a esta entrada. La búsqueda constante de la ética.

Maik Civeira dijo...

Gracias a todos por sus comentarios.

Sombrerudo: Era la primera vez que la veía. La considero una excelente película de terror, aunque claro, también es MUCHO MÁS que una película de terror, como lo son "El Resplandor" o "El bebé de Rosemary". Y sí, creo que tienes razón en lo que dices de la cinta.

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