martes, 1 de diciembre de 2015

Entender el mal



Cuenta Ron Rosenbaum en su libro Explaining Hitler, que cuando estaba haciendo sus investigaciones se encontró con mucha hostilidad. Rosenbaum se proponía por lo menos empezar a entender por qué Hitler fue como fue e hizo lo que hizo. Pero tratar de explicar a Hitler, decían sus detractores, equivalía a justificarlo. Si se podía decir que Hitler se había convertido en un megalómano genocida debido a factores biográficos, históricos o psicológicos, entonces daba igual simplemente perdonarlo. Es mejor, decían, considerarlo una excepción histórica, un fenómeno de malignidad surgido espontáneamente (como tampoco se puede explicar, decían los mismos, la aparición de un genio como Shakespeare).

Tales actitudes, afirmaba Rosenbaum, son comprensibles pero absurdas. No se trataba de justificar a Hitler, sino de entender por qué sucedió lo que sucedió. Por ello dedicó su libro no tanto a explicar él mismo al Führer, sino a explorar las diversas hipótesis tentativas que se han planteado para arrojar una luz sobre uno de los personajes más siniestros de la historia. 

Al tratar de explicar a Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés; Dáesh por sus siglas en árabe), uno suele encontrar posturas simplistas opuestas. No en los medios que publican análisis serios, por supuesto (al final, una colección de enlaces), sino entre las personas comunes y corrientes que están poco informadas pero muy opinionadas, entre los hinchas ideológicos, los geopolitólogos de Facebook y los verdadosos de las más oscuras esquinas de los internetz.

Dejemos de lado los delirios conspiranoicos, esgrimidos tanto por la extrema derecha como por la izquierda más atarantada, que consideran que el Dáesh fue creado por Estados Unidos o los judíos o quien sea, para destruir Europa o para quedarse con el petróleo de Siria o algo así. Tales elucubraciones pueriles no sin dignas de la atención de personas pensantes e informadas.



La actitud de la derecha (incluso la no tan extrema) en Occidente tras los atentados del pasado viernes 13 de noviembre en París ha sido dolorosamente predecible. Se podría resumir en "Ahí está, ¿para qué acogen refugiados?". La xenofobia derechista ve en todo musulmán, sea refugiado de guerra o inmigrante, a un terrorista en potencia. Culpa al Islam mismo como religión de ser el causante directo del terrorismo. El extremismo islámico, dicen, es sólo una consecuencia lógica de la perversa religión de la que surge.

Los hechos contradicen estos prejuicios islamófobos. Aunque es perfectamente posible que terroristas puedan infiltrarse entre refugiados sirios que huyen de la guerra, o los emigrantes del Magreb que se arriesgan a cruzar el Mediterráneo en busca de mejores condiciones económicas, esto es poco probable. De hecho, la mayoría de los perpetradores de ataques terroristas relacionados con el Islam en Europa han sido ciudadanos europeos, descendientes de segunda o tercera generación de inmigrantes de países árabes. Son reclutados en Europa, viajan a Medio Oriente para entrenarse y adoctrinarse, regresan a Europa en avión, con el dinero que les proporcionan el Daesh o Al Qaeda, pasan con su pasaporte francés (o británico, belga, holandés, etc.) y llevan a cabo el ataque terrorista. Muchas veces, los jóvenes ni siquiera son árabes ni de familias cuyo origen cultural sea islámico. Europa no importa terroristas, los exporta.

La parte difícil es entender el por qué estos jóvenes que han crecido en los países más avanzados del primer mundo se unen a las filas de un grupo con aspiraciones medievales y milenaristas. La respuesta de la derecha es culpar al Islam. Si se le deja a sus anchas, el Islam termina irremediablemente convirtiéndose en esto. 

De nuevo, los hechos contradicen estos prejuicios. Primero, porque, obviamente, la mayor parte de los musulmanes del mundo no son fundamentalistas ni violentos, sino que, como la mayoría de los seres humanos, sólo quieren vivir bien y en paz. Históricamente ha habido sociedades musulmanas notoriamente abiertas y tolerantes (el Al-Andalús, el Califato Omeya, el Imperio Otomano) en las que las artes, las ciencias y la filosofía podían florecer. Hoy en día Irán y Arabia Saudita son teocracias que dan miedo, y los terroristas pueden surgir de cualquier parte en el mundo musulmán, pero también existen sociedades de mayoría musulmana, como las de Túnez, Turquía o Indonensia, que ni se convierten en teocracias ni exportan contingentes de milicianos cortacabezas. Ciertamente no son democracias liberales al estilo de los países nórdicos, pero tampoco lo son las católicas naciones de América Latina, y no suele ponerse en duda si el catolicismo es incompatible con la democracia y la modernidad.



No conozco el Corán, pero conozco la Biblia y sus llamados a someter a las mujeres, apedrear adúlteras y asesinar homosexuales. Bien puede ser que el texto fundacional del Islam invite más a la violencia contra los infieles y pecadores de lo que lo hace el texto fundacional judeocristianao (después de todo, el discurso culero del Viejo Testamento queda atenuado por la buena onda general del Nuevo). Pero así como cristianos y judíos ignoran las partes más barbáricas de su Libro (ya sea porque en verdad las desconocen o porque les hacen caso omiso), veo que histórica y actualmente las sociedades de mayoría musulmana pueden hacer lo mismo y adaptarse a los valores de la modernidad, y si no lo han conseguido se debe a la suma de diversos factores ajenos a la religión.

También es una necedad hablar de un "choque de civilizaciones", del Islam contra el Occidente. Basta ver los países que integran cada bando en el actual conflicto en Siria: Estados Unidos, Francia y Reino Unido apoyando grupos rebeldes con ayuda de Arabia Saudita y otros estados del Golfo Pérsico; del otro lado, el gobierno de Bashar Al Assad, que recibe apoyo de Irán, Rusia y China; el Dáesh por su cuenta, aterrorizando a todo el mundo. En ambos bandos hay occidentales, en ambos hay sociedades de mayoría musulmana, en ambos hay teocracias medievales. No se trata de culturas en conflicto, sino de la asquerosa y cínica geopolítica de siempre. Los únicos que quieren entender esto como un choque de civilizaciones son los fanáticos: los del Dáesh y la ultraderecha en Occidente.

Finalmente, no puede olvidarse que las principales víctimas del terrorismo islámico son los mismos musulmanes. También son los principales héroes, los que más valerosamente luchan contra el Daesh en sus países, natales o adoptivos, para defender a sus familias, amigos y vecinos: el policía que murió asesinado por los terroristas de Charlie Hebdo, el joven que escondió a los judíos en la tienda kosher que esos mismos terroristas tomaron por asalto, el padre que dio la vida para salvar las de cientos en el atentado en Beirut, el mesero que salvó a unos comensales el viernes 13 en París, el eminente arqueólogo que fue capturado y ejecutado por Estado Islámico cuando se negó a abandonar las ruinas de Palmira, o las milicias femeninas kurdas que se han organizado para defenderse del Daesh que viola, mutila y esclaviza mujeres. Musulmanes todos, héroes todos. 

Entonces, no se puede esgrimir el Islam como única explicación para el terrorismo islámico. Satanizar a todos los musulmanes por lo que hacen los extremistas no sólo es erróneo y estúpido: es una putada inmoral e indecente (y típicamente derechista). Se deben tener en cuenta factores económicos, políticos, sociales e históricos para empezar a entenderlo (empezar, que esto tampoco son ciencias exactas). Es ahí donde los derechistas acusan de querer "justificar" al terrorismo, cuando lo que se quiere es arrojar luz sobre un fenómeno muy complejo que ellos quieren simplificar. Pero también es aquí donde se cae en el otro error de simplificación, el que se ubica en el extremo opuesto.




A menudo se hace la comparación entre los terroristas musulmanes y los blancos supremacistas en Europa o Norteamérica. Que los primeros no representan a la generalidad de las culturas islámicas como los segundos no representan a la cultura occidental. Me parece una comparación muy válida y necesaria para acallar los discursos racistas y xenófobos de la derecha. Pero funciona en ambos sentidos.

Desde la izquierda, al terrorista musulmán se le considera el producto de las condiciones sociales, políticas y económicas en las que vive. Es una víctima de las circunstancias. A un supremacista blanco (como el jovencito que mató a un montón de personas negras en una iglesia en Carolina del Sur) se le considera el producto de una ideología perversa, cuyas semillas están en el racismo generalizado de la sociedad blanca en Occidente. ¿Por qué, entonces, ignorar la presencia de una ideología perversa en el caso del terrorista musulmán? ¿Por qué hacer de cuenta que esa semilla es inexistente en el Islam?

Las condiciones de marginación y pobreza de los jóvenes musulmanes en Europa explica en gran parte por qué son proclives a dejarse seducir por el fundamentalismo islámico. Pero esos factores no son suficientes. Por ejemplo, el por lo general lúcido Jorge Zepeda Patterson, en un típico mea culpa titulado No es ISIS, somos nosotros, menciona el hecho de que un número desproporcionado de musulmanes están en las prisiones de Francia. Bueno, los negros en Estados Unidos también viven en condiciones de marginación y pobreza, y también están despropocionadamente representados en las poblaciones carcelarias. Pero no existe un "terrorismo afroamericano" en Estados Unidos. Existe un terrorismo supremacista blanco.

Además, la pobreza y la marginación en la que crecen los jóvenes de ascendencia islámica en Europa, aunque muy real, es relativa. Tampoco es como si vivieran en una misera abyecta, en casas de cartón en favelas. Esas condiciones a menudo empujan a los jóvenes a la delincuencia, el pandillerismo y el crimen organizado. Pero el crimen ofrece poder, dinero, mujeres y emociones en el presente. El terrorismo tiene motivaciones distintas: el fiel converso no quiere "la buena vida", sino que mata y muere por algo más grande e importante que sí mismo, algo que trasciende la vida terrena.




Mientras la derecha suele explicar el terrorismo blanco como casos de locos solitarios y achacar el terrorismo islámico a la religión musulmana en general, la izquierda suele encontrar las explicaciones al terrorismo blanco en los rasgos más nefastos de la cultura occidental. Pero por alguna razón quita la ideología de las explicaciones del terrorismo islámico, como si las ideas y los valores no tuvieran nada que ver. Decir que "ISIS nada tiene que ver con el Islam" tiene la noble intención de no satanizar a los musulmanes, pero es una afirmación engañosa.

Peor aun, se achaca la totalidad de la culpa del terrorismo a Occidente. Es claro que más de dos siglos de imperialismo europeo y estadounidense en el mundo islámico han contribuido a crear las condiciones para que el terrorismo florezca. Por ejemplo, sabemos que el caos y vacío de poder en la región tras la estúpida, criminal e ilegítima invasión estadounidense a Irak creó un escenario propicio para que el Dáesh se consolidara. Pero sus orígenes se remontan a unos años antes de la invasión gringa. ISIS habría existido con o sin las idioteces imperialistas de George W. Bush.

De alguna forma se considera que los occidentales tienen un poder de elección extraordinario. Podrían elegir no ser racistas, no ser imperialistas, no marginar a los inmigrantes, no hacer caricaturas ofensivas, no prohibir que se use el hijab en las escuelas públicas; si toman las decisiones erróneas es porque son malvados, necios o estúpidos. Pero a los musulmanes no se les concede ese poder de elección y se asume que sólo reaccionan, cual animalitos inocentes, a las condiciones adversas que los occidentales malignamente les crean. Los musulmanes nunca podrían elegir no odiar, no matar, no ser terroristas, no ofenderse por blasfemias idiotas... Sólo son criaturas indefensas, carentes de voluntad o raciocinio, y no son responsables de sus acciones. Los occidentales, por tanto, son los únicos culpables. 

Hay pocas actitudes tan paternalistas y etnocentristas que pueda imaginar, mismas que terminan criminalizando a las víctimas occidentales del terrorismo, a las que se les niega empatía o solidaridad. Eso también es una putada inmoral e indecente (y típica de la izquierda chaira).



Aceptamos que el nazismo no es representativo de la cultura europea, pero que sus raíces se encuentran en corrientes de pensamiento que forman parte del bagaje cultural europeo. Aceptamos que el terrorismo blanco en Europa y Norteamérica no representa a la generalidad de la gente de raza caucásica, pero que el racismo, que justificó conquistas, genocidios y esclavitud, forma parte del bagaje cultural de estos pueblos y que apenas el siglo pasado se ha empezado a exorcizar. Hemos de aceptar también que el Daesh no representa a la generalidad los musulmanes del mundo, pero que detrás de sus acciones está una ideología de muerte que tiene sus raíces en la "religión de la paz", aunque sea una versión corrupta y retorcida de ésta.

Y es que el Daesh no es nada más un montón de personas reaccionado como pueden ante los embates del imperialismo occidental. Reducirlos a un montón de fanáticos que no saben lo que hacen sería como decir que los nazis eran sólo una bola de vándalos. Se trata de un grupo bien organizado, con estrategia, con recursos, con infraestructura, con objetivos bien definidos y con una ideología que promete darle sentido a la existencia: gloria en la supremacía, la lucha, la muerte y la conquista. Justo como lo hacía el nazismo, y una de las razones por las que atrae a jóvenes desarraigados y alienados.

Es indiscutible que Occidente tiene su parte de responsabilidad, y yo creo además que tiene la obligación moral de hacer lo que esté en sus manos para solucionar las condiciones de pobreza y marginación que favorecen el surgimiento de grupos terroristas y el reclutamiento de jóvenes europeos. Es claro que no se debe satanizar a los musulmanes, y considero que ninguna persona con un mínimo de humanidad abogaría por dejar a los refugiados a su suerte en manos de los asesinos. Pero tampoco se puede ignorar el componente ideológico en este conflicto. Ni las condiciones socioeconómicas ni una religión apocalíptica bastan para entender lo que ISIS significa; hay una multitud de factores, y elegir sólo los que convienen a nuestras narrativas preferidas no es más que ceguera.

Es vital en estos tiempos desechar las explicaciones simplistas de una derecha protofascista que quisiera "purificar" a Occidente, se niega a mostrar empatía por los musulmanes que sufren a manos de los fanáticos, y que usa el terrorismo como pretexto para establecer estados policiacos. Pero también hay que desechar los simplismos de una izquierda que quiere perder el tiempo en mea culpas inútiles para sentirse muy santa y pura, y que aprovecha la situación para culpar de todo a Estados Unidos. Corremos el peligro de satanizar a los inocentes y de perder las libertades que se supone son la esencia de la cultura Occidental por un lado, o de subestimar la que bien podría ser la amenaza más grande para la paz en el mundo en los últimos años.




Para empezar a entender este conflicto, les comparto los siguientes enlaces. Ya en mi blog había resumido la situación de la guerra en Siria aquí, y hablado contra la islamofobia tras los ataques a Charlie Hebdo aquí. En esas entradas hay muchos otros enlaces para complementar los que pongo a continuación:

EN ESPAÑOL:

En el origen del Estado Islámico de Guerras Posmodernas
El Califato del fin del mundo de Sabemos Digital


EN INGLÉS:

What ISIS really wants de The Atlantic
Mothers of Isis de The Huffington Post


2 comentarios:

G.P.Plascencia dijo...

Ego'pa presidente de la ONU! ;)

G.P.Plascencia dijo...

Ego'pa presidente de la ONU! ;)

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