sábado, 21 de febrero de 2015

La migraña y yo



Padezco migraña desde los once o doce años de edad. Recuerdo la primera vez que me dio un ataque; me encontraba en Campeche, en casa de unos primos míos que tenían computadora. En mi casa no teníamos, por lo que para mí su Acer era una máquina mágica y maravillosa. Pasé la mejor parte de un fin de semana usando el dichoso aparato, literalmente hasta que la cabeza estaba a punto de reventarme.

Nunca había sentido un dolor tan intenso, y eso que crecí como un niño enfermizo, propenso a toda clase de malestares. Sentía que dentro mi cabeza había algo duro, caliente y que latía presionando para romperme el cráneo. Lloraba de dolor mientras mi madre me ponía paños de agua fría para tratar de mitigarlo. Todos pensamos que el dolor había sido la respuesta de mi cuerpo al exceso de pantallas, pero que se trataba de un caso en particular, jamás de que algo pudiera estar mal conmigo. Más tarde ese mismo año sabríamos cuán equivocados estábamos.

El ciclo escolar había comenzado. Recuerdo perfectamente que estaba en la clase de física, mirando mi libreta, cuando vi por primera vez las luces. Me preocupé mucho, pero no estaba seguro de lo que significaban hasta que comenzó el dolor. Un dolor igual o más intenso que el que sentí la primera vez. Me llevaron a casa, me dieron medicamentos, me pusieron compresas, vomité, lloré, grité desesperado...

Poco después me llevaron con un neurólogo, quien me diagnosticó con migraña. Me dijo que era una condición para toda la vida, pero que era más grave durante la adolescencia debido a los cambios hormonales. Me habló de alimentos y actividades que pueden desencadenar los ataques y me recomendó evitarlos. También me recetó unas medicinas para llevar como tratamiento profiláctico y otras para cuando me atacaran los dolores.

No había mucho más que pudiera hacer, él lo sabía y yo ahora lo sé. Pero la sentencia a padecer migraña por el resto de mi vida no nos dejó satisfechos a mí ni a mi madre. Fue aquí donde entraron todos los charlatanes que, siempre aprovechándose de la desesperación de quienes sufrimos alguna enfermedad crónica por la que la medicina científica no puede hacer gran cosa, desvergonzadamente prometen encontrar la solución a sus males. Homeopatía, acupuntura y magnetoterapia son algunas de las "medicinas alternativas" a las que mi mamá (bendita sea) me sometió en busca de una cura contra la migraña. Ninguna, desde luego, funcionó.

En la universidad tuve el privilegio de ser alumno del escritor José Ramón Enríquez, quien resulta que es otro migrañoso. Él me prestó el fantástico libro del neurólogo Oliver Sacks titulado simplemente Migraña, uno de los mejores tratados de divulgación científica que he leído en la vida. Gracias a este libro puede comprender más sobre la enfermedad que me afligía y desterrar de mi pensamiento algunas creencias equivocadas al respecto.

Sin embargo, no voy aquí a hacer una exposición científica de la migraña. Quiero, en cambio, contarles mi experiencia. Ya les di algunos antecedentes, ahora permítanme compartir con ustedes cómo es y ha sido para mí vivir con migraña.



La migraña no es un dolor de cabeza ordinario. Es un dolor atroz, tan fuerte que se siente como si la cabeza fuera explotar. A veces llega a ser tan fuerte que pienso que sería preferible trepanar mi propio cráneo y dejar que salga lo que sea que está presionando desde adentro (de hecho, la trepanación era una práctica relativamente común para tratar la migraña en tiempos antiguos). 

El dolor siempre se concentra de un solo lado de la cabeza. De ahí su nombre, hemi crania: medio cráneo. En mi caso, los dolores se presentan cada vez en lados alternados; es decir, si en un ataque el dolor me da en el lado derecho, en el siguiente me dará en el izquierdo. De hecho, si después de algún tiempo me viene un ataque, es casi seguro que otro me dará a los pocos días del lado que hizo falta.

Yo sufro de migrañas con aura. No es sólo el dolor, sino todo un complejo de síntomas. Para cada persona es diferente, y en mi caso los ataques de migraña siempre vienen precedidos por alucinaciones visuales. Es algo muy difícil de describir; quizá lo más cercano sea compararlas con esos destellos de colores que se ven cuando pasas de un lugar muy soleado a uno muy oscuro. Son lucecillas danzarinas coloridas y burlonas que se mueven en zigzag. Inician como un punto vago, pero que en cuestión de minutos se extienden por tu campo de visión hasta cubrir una toda una mitad. Entonces empiezan a encogerse de nuevo hasta desaparecer, y es cuando empieza el dolor. Es curioso que siempre el dolor me da en el lado opuesto a donde aparecen las luces; es decir, si las alucinaciones cubren el lado derecho de mi campo visual, me dolerá la mitad izquierda del cráneo y viceversa.



Pero lo peor no son las luces, sino la nada. Esto es imposible de explicar para alguien que no lo haya vivido. Las luces danzarinas forman un arco o un semicírculo y dentro de éste lo que se ve es nada. No un espacio vacío, no una sombra oscura o un resplandor blanco. Es nada, como si una parte del universo mismo hubiera desaparecido. Es la Nada de Michael Ende en La historia sin fin

Déjame tratar de ilustrarte: pon tu dedo índice frente a ti. ¿Lo ves con claridad? Ahora cierra los ojos por unos segundos. ¿Qué veías con los ojos cerrados en el lugar en el que se encuentra tu dedo? Oscuridad, ¿no? Ahora, coloca tu dedo detrás de nuca (no vires la cabeza). ¿Qué ves en el lugar en donde se encuentra tu dedo? Exacto: nada. Así es como se ve. Deja que eso se asiente un momento.

Otros síntomas que anuncian ataques pueden ser escuchar zumbidos o silbidos muy agudos, como lo que quedas escuchando después de haber pasado una noche en el antro más escandaloso de la ciudad. Ese tiiiiiiiiiiiii molesto. Bien, en ocasiones yo lo escucho de forma espontánea antes de un ataque, pero a veces me viene completamente al azar, y como viene se va. Un ataque me puede sobrevenir a los pocos días, o puede ser que no pase nada.

También en una ocasión perdí la capacidad de enfocar. Todo lo veía doble, como si estuviera haciendo bizco. Un ataque de dolor especialmente intenso me empezó poco después de que recuperé la vista. En otra ocasión llegué a experimentar sinestesia. Veía el dolor. Se ve como luces verdes y rojas que palpitan.



Además del dolor de cabeza, el síntoma más común son las náuseas, una ganas de vomitar muy fuertes. Mientras vomito el dolor alcanza niveles apenas humanamente tolerables, pero después de que vacío mis entrañas en el inodoro he liberado suficiente presión y siento algo de alivio (y mucho cansancio) que me permite quedarme dormido con más facilidad. Últimamente las náuseas son poco usuales, pero en vez de eso siento muchas ganas de ir al baño; supongo que es otra forma, menos brutal, en la que mi cuerpo busca liberar presión.

Un síntoma más es una extraña sensación de tener intenso calor en la cabeza, pero mucho frío en el cuerpo; tanto frío como para temblar y tanto calor como para sentir la necesidad de meter la cabeza en un balde con hielos.

Algunos medicamentos y drogas y ciertas actividades pueden darme algo de alivio, pero lo único que logra detener el dolor es que yo pueda quedarme dormido por completo, totalmente inconsciente. De hecho, esas medidas que tomo tienen como objeto darme el suficiente alivio para que pueda dormir. 

¿Qué me ayuda a cumplir este propósito? Darme un baño de agua tibia que me relaje es un buen inicio. Lo ideal es encerrarme en una habitación lo más oscura posible, aislada de ruidos molestos y de preferencia con aire acondicionado. Aplico frío en la parte adolorida; tengo compresas de gel siempre en el congelador, listas para usarlas cuando las necesite. Si tienes cerca un alma caritativa que pueda ayudarte a tener un orgasmo eres un ser humano afortunado, pero la verdad es que un paciente con migraña no es la persona más sexy del mundo, y si yo estoy indispuesto con un ataque eso significa que mi esposa se tiene que chutar la chinga de atender la casa y los niños, por lo que no se puede permitir usar tiempo y energía en consentirme de esa manera.

He pasado por diversos medicamentos para tratarme la migraña. Quadrax y Zomig estuvieron en mi botiquín durante muchos años, pero no sé si realmente nunca me ayudaron mucho o es que me fui haciendo insensible a ellos. Hoy, si el dolor no es muy intenso, lo puedo tolerar con una buena dosis de Excedrin, u otra mezcla de aspirina + paracetamol + cafeína. Si el dolor es muy intenso de plano uso Tramadol. En mi afán de poder quedarme dormido me he tomado algún Tafil.

Mi madre solía darme un aceitito chino, el único de todos esos remedios alternativos que me daba algún resultado. Su olor a mentol y eucalipto me relajaba y al aplicarlo en una sien el aceite me entumecía el área, reduciendo el dolor.



Pero para estos casos nada supera a la cannabis. Sí, lo admito abiertamente: he usado marihuana para tratarme durante mis ataques de migraña. Alivia el dolor casi hasta desaparecerlo, inhibe las náuseas y me relaja lo suficiente como para poder dormirme, y también reduce el malestar que me dejan las secuelas. Lo malo es que obviamente es ilegal (y difícil de conseguir para un burguesito insulso como yo), y que al fumarla me irrita por el calor y por el humo, de hecho aumentando el dolor ligeramente antes de que el tetrahidrocannabinol haga efecto y empiece a sentir alivio. Si la marihuana medicinal fuera legal, podrían hacerse pastillas de cannabis para que los pacientes de migraña pudiéramos tomarlas y acostanos a dormir, sin necesidad de lidiar con narcomenudistas o amigos hippies, sin vernos a obligados a aceptar un producto de calidad dudosa, y sin tener que consumirla fumándola, actividad no es muy agradable que digamos. ¡Legalícenla!

Mencionaba las secuelas. Después de "dormir la migraña" (un sueño incómodo, muy a menudo acompañado de horribles pesadillas) despierto casi sin dolor. Es decir, ya no me duele todo el tiempo, sólo cuando hago algún movimiento brusco, me inclino o me levanto de golpe, toso o estornudo. Entonces se siente como si dentro de mi encéfalo tuviera colgando un tumor de carne caliente y palpitante que se golpea contra las paredes de mi cráneo. Pero si me quedo tranquilo, es bastante tolerable.

Al despertar de la migraña siento una fatiga total, una astenia que me impide moverme más que con suma lentitud. También siento mucha tensión en todas mis articulaciones, como si todo mi cuerpo hubiera estado engarrotado y necesitara estirarse, pero de poco en poco porque duele moverse de nuevo. Extrañamente, me da mucha hambre, con un antojo en particular por alimentos salados y grasosos. No sé por qué será esto.



Con la migraña también me viene un profundo bajón emocional, casi como una depresión exprés. Me pongo muy sensible: toda agresión o adversidad me producen una seria desazón y a menudo tengo ganas de llorar... y lloro. Más de una vez he tenido pensamientos suicidas durante el ataque y sus secuelas. Sé que todo es porque la química de mi cerebro me juega malas pasadas, pero no lo puedo evitar. Un poco de dulzura y comprensión son necesarias para sobrellevar esta etapa.

Otros síntomas relacionados con la migraña se me presentan aún cuando no estoy en un cuadro migrañoso. Ya mencioné los zumbidos que escucho de vez en cuando. A menudo también me dan dolores de cabeza "leves", de ésos que puedo tratar con un par de aspirinas. A veces las venas y arterias de mi cabeza y cuello laten tan fuerte que se puede sentir fácilmente y hasta ver a simple vista. Si me ponen un estetoscopio al pecho o me toman el pulso en la muñeca todo parece normal, pero si tocan mi cuello o mis sienes las sentirán retumbando de forma que asusta. En esas ocasiones los latidos son tan fuertes que puedo verlos: visualicen que la imagen que tienen frente a ustedes late con fuerza y se deforma con cada sístole y diástole. Tum-tum, tum-tum, tum-tum...

La luz me tortura cuando tengo un ataque de migraña, pero de por sí me es molesta, incluso en la vida cotidiana. Desde chico he huido de la luz y buscado la oscuridad. Me es casi imposible dormir si hay alguna fuente de luz en la habitación, algún resquicio por el cual se cuelen los rayos luminosos. Puedo hacerlo si el nivel de luminosidad es más o menos parejo, pero cuando hay por ejemplo un foquito o una rendija por la que se cuela la luz exterior, esto casi siempre me produce dolor de cabeza.

Por cierto, ya les he hablado de las medidas que me ayudan a paliar el dolor, ahora mencionaré las cosas que me lo provocan. Para cada persona es diferente; por ejemplo, existe una lista estándar de alimentos que se sabe que pueden desencadenar ataques, pero en realidad no a todos les afectan todos los alimentos de la lista. En mi caso, no me hace mal el chocolate (por fortuna, porque la vida no tendría sentido sin él) ni las fresas, los lácteos o los embutidos.

Sí, en cambio me hacen mal el café, las bebidas energéticas tipo Red Bull y la cerveza, lo cual no es tan malo porque ni me gustan. Tampoco es que me causen ataques invariablemente, pero si consumo mucho de estas bebidas, o muy seguido, es casi seguro que me dará migraña en los días siguientes. Eso es una lata porque ahora, que ya he llegado a los 30, a veces necesito café para poder quedarme trabajando durante la noche. Al final he decidido que las migrañas no valen la pena y lo dejé casi por completo.



Los cítricos me pueden causar ataques de migraña inmediatos. Puedo tomar una naranjada, o comer algún dulce de limón sin problemas, pero chupar una naranja natural o comerme una mandarina a gajos casi de seguro me provocará una migraña ipso facto.

El vino tinto puede provocarme ligeros dolores de cabeza, pero nada que no pueda controlar con aspirinas; sólo si de plano me emborracho me arriesgo a una migraña, pero de todos modos yo sólo bebo con moderación y desde hace muchos años que no me embriago.

Las luces brillantes e intermitentes y los ruidos fuertes, agudos y repetitivos pueden causarme migraña. También la falta de sueño, el saltarme alguna comida, el intentar dormir con la luz prendida o el pasar mucho tiempo sin tener sexo (es en serio). Y por supuesto el estado de ánimo influye: el estrés, el coraje o la tristeza profunda pueden producirme ataques. Curiosamente, la migraña tiene la decencia de esperar a que los momentos de mayor intensidad emocional hayan pasado antes de presentarse. Es decir, si ando muy estresado durante días porque tengo que terminar algún deber, la migraña aparece ya una vez que he concluido y bajado la guardia. Es como si mi cuerpo esperara a cumplir con sus obligaciones antes de decir "ahora sí nos ponemos fuera de servicio".



Lo más difícil a lo que un paciente de migraña se enfrenta, después de la enfermedad en sí, es a la incomprensión de los demás. La migraña es una enfermedad benigna, no el sentido de que te haga algún bien, sino que no daña el organismo. Tampoco tienen síntomas visibles, excepto la cara de sufrimiento que ponen quien la sufre (y el vómito, cuando lo hay). Es decir, para una persona es imposible ver la migraña, y entonces le es muy difícil hacerse una idea de lo mucho que la persona está sufriendo.

Uno puede recibir empatía por parte de los demás las primeras veces que explica "tengo migraña". Pero esa empatía se convierte rápidamente en fastidio cuando ven que los ataques se vuelven frecuentes. La gente tiende a culparte de tus migrañas, creen que depende de tu voluntad, que lo único que tienes que hacer es relajarte y concentrarte y convencerte a ti mismo de que no existe el dolor. Creen que si te da migraña es que no te estás cuidando, que no estás haciendo lo suficiente para evitarlo.

Y pues no: uno puede hacer algunas cosas para reducir la incidencia y la gravedad de los ataques, pero ultimadamente éstos se dan de forma aleatoria. Algo que me enseñó el libre de Oliver Sacks es que finalmente nadie sabe a ciencia cierta por qué se da la migraña y que no tiene cura.

Pero los demás (jefes, colegas, amigos, incluso tu propia familia) llegan a pensar exageras o provocas tus migrañas para zafarte de tus responsabilidades, como si pudiera existir algún quehacer tan tortuoso que fuera preferible padecer un ataque. Piensan que pedir oscuridad y silencio para convalecer son sólo pesadeces tuyas. Esto es especialmente doloroso cuando eres una persona que se esfuerza por cumplir con su deber y demostrar que es responsable. En cuanto la enfermedad ataca te conviertes en un estorbo, en un fastidio, porque quedas incapacitado y ya no puedes hacer las cosas, y en este mundo los demás te valoran por lo que puedes hacer y cómo eso los beneficia o perjudica. Te sientes Gregorio Samsa convertido en cucaracha.



Lo cierto es que aquel primer neurólogo tenía razón: mis ataques de migraña fueron mucho peores en la adolescencia. El dolor me duraba por horas, las náuseas y vómitos eran casi inevitables, el ataque y sus secuelas me dejaban incapacitado por lo menos durante dos días, y a menudo me tenían que inyectar analgésicos. Después de los 20 años mis ataques se hicieron menos frecuentes e intensos. Podía vivir seis meses o más sin tener uno, el dolor se iba con unas tres o cuatro horas de descanso y las secuelas se esfumaban en cosa de 24 horas.

Recientemente las migrañas se han hecho otra vez muy frecuentes. En mes y medio he tenido cinco ataques, casi uno por semana. También han sido tan fuertes como cuando estaba en la adolescencia. He vuelto a ir con un neurólogo, el cual me ha recetado un nuevo tratamiento, además de indicarme algunos cambios en mi estilo de vida: comer menos alimentos procesados, hacer más ejercicio al aire libre y tomar mucha agua. Lo estoy intentando.

Hace años, motivado por la lectura de Oliver Sacks escribí este cuento en el que plasmo la experiencia de un ataque de migraña (fue publicado en la revista Este País... sólo lo menciono por farol). También les incluyo aquí un artículo del gran Sacks. Espero que con estos textos pueda contribuir un poco al entendimiento de esta enfermedad y lo que sufrimos quienes la padecemos.  Lo que los pacientes de migraña necesitamos es precisamente eso: un poco de comprensión y paciencia.

viernes, 13 de febrero de 2015

Y tú... ¿eres Charlie? (Parte II)





MAIK: Hola, estamos de vuelta en esta segunda parte de nuestra mesa redonda sobre los asesinatos de Charlie Hebdo en París, en enero pasado. En la primera parte de esta charla, hablamos acerca de la libertad de expresión; en esta otra trataremos de la islamofobia creciente en Europa y de los orígenes del terrorismo.

La comprensión y el diálogo son vitales en un mundo en el que el acercamiento entre culturas distintas es inevitable en la vida cotidiana. Sin renunciar al derecho que todo ser humano tiene de burlarse de lo que le dé gana, creo que en muchas ocasiones es más productivo tratar de comprender al otro. Por eso quiero empezar la sesión de hoy cediendo la palabra a algunas personalidades musulmanes, que explican el porqué encuentran las caricaturas de Charlie Hebdo ofensivas:

NAIMA EL AKIL: Para los musulmanes el profeta Muhammad (la Paz y las Bendiciones de Dios sean con él), es el ejemplo a seguir. Su vida y sus enseñanzas constituyen, junto con el Corán, la principal fuente del Islam. Es el ser humano más querido y admirado por los musulmanes, de hecho el amor hacia él forma parte de la esencia de las creencias islámicas.

Por ello, por supuesto que cualquier ataque u ofensa en su contra es asumida por cualquier musulmán como un ataque directo contra él. Pero ese amor hacia el profeta como exigencia religiosa se traduce en el propio islam en la exigencia de seguir y vivir de acuerdo a su ejemplo.

Con todo esto lo que quiero decir, es que claro que la ofensa contra el Profeta nos afecta como musulmanes, claro que se rechaza y se denuncia. Pero nada justifica la violencia ni el terror, nada justifica el ataque a lo más sagrado que es la vida humana.

Considero que es mucho más ofensivo hacia el profeta Muhammad, hacia sus enseñanzas y los musulmanes en general, cualquier acto de violencia que se haga, cualquier ataque contra seres humanos, alegando supuestamente hacerse en defensa del Islam, que millones de caricaturas.

MOHAMED SAID ALILECH: En primer lugar queremos dejar nuestra condena a los atentados de París y decir que es algo injustificable. Bajo ningún concepto se puede matar a los inocentes.

El Islam no llama a matar incluso ante una ofensa, ante un insulto, nunca la reacción debe ser esa porque el mismo profeta no lo hacía. Le hicieron de todo, pero nunca él mató a nadie por haberle insultado sino que todo lo contrario, les trataba bien y se sorprendían los mismos que le insultaban de la reacción tan serena. Eso era motivo para que abrazaran el Islam.

La figura del profeta está protegida para nosotros y no se va a afectar porque uno publique una foto o diga alguna cosa o haga algún chiste.

Decir que los musulmanes y cristianos reaccionan en forma diferente cuando ofenden a sus profetas es un cliché. Creo que la reacción es idéntica y la sensibilidad es la misma, creo que los que aman a Jesús lo aman de la misma manera que los que aman a Mohamed, el profeta del Islam.

Pero hay situaciones que se utilizan en los medios y se estigmatiza a toda una comunidad. También tuvimos por ejemplo el atentado de Noruega cuando Anders Breivik mató a 77 personas en nombre del Cristianismo. En los medios occidentales no se enfocó de la misma manera, se habló de un desequilibrado mental, de personas fanáticas, y se cerró la página.

Pero cuando se habla de un episodio relacionado de la misma manera con el Islam se habla de que toda la comunidad musulmana es violenta o reacciona con medidas totalmente fuera de control, esto es un cliché.

OMER EL HAMDOON: Los musulmanes siempre han estado en contra del uso de imágenes en general porque sienten que esto puede conducir a la idolatría. Hay instrucciones claras de no usarlas.
Pero las imágenes que ofenden son las que ridiculizan. Los musulmanes no ven por qué la necesidad de divertir a algunas personas a la expensa de otros. Para los musulmanes la religión es algo muy profundo, muy cercano a su corazón.

El profeta del Islam es considerado lo mejor de la creación de Dios, el mejor hombre que caminó sobre la Tierra, el ejemplo a seguir. Para muchos es más importante que sus familias y que si mismos. Muchos musulmanes aceptarían que se burlen de sus familias, pero no que ridiculicen al profeta.



MAIK: Tras los atentados ha habido varias voces llamando a la “comunidad musulmana” a disculparse o deslindarse de esta forma de violencia. Entre estas voces se encuentra la de Rupert Murdoch. Básicamente, están diciendo que, a menos que los musulmanes se deslinden explícitamente de las acciones de los extremistas, estará implícitamente sancionándolas. Se dice que debería haber una demarcación clara entre musulmanes violentos y musulmanes pacíficos… ¿Qué opinan de eso?

JAVARIA AKBAR: Si un extraño te exigiera que te disculpes por algo que ni hiciste, ¿qué le dirías? La mayoría de nosotros le diríamos que dejara de ser tan agresivo, que nos dejara en paz, que encontrara al verdadero culpable, porque ésa sería la forma más sensata de lidiar con alguien que no está entendiendo para nada el punto.

Entonces me parece extraño que tantos cruzados de las teclas parecen demandar que los musulmanes moderados alrededor del mundo se pongan de pie y se disculpen por el ataque sinsentido contra Charlie Hebdo perpetrado por extremistas islámicos.

Los terroristas barbáricos que se describen a sí mismos como musulmanes no tienen nada que ver conmigo, mis creencias, mi alma y mi persona. Disculparme por sus atroces crímenes tiene poco sentido para mí cuando no tengo absolutamente nada en común con ellos, y un nulo entendimiento de su grotesca interpretación del Islam. ¿Por qué debería responsabilizarme por los pecados de alguien más, pecados que ni siquiera puedo empezar a comprender?

Cuando la English Defence League realizó manifestaciones en mi ciudad, nunca pensé que fuera el deber de los británicos blancos no racistas el organizar una marcha para disculparse. No tenían que pedir perdón por las acciones de intolerantes porque ellos mismos no lo son. ¿Aprecio si los activistas manifiestan su oposición al racismo? Claro que lo hago, como aprecio todas las formas de humanitarismo. Pero también reconozco que esto puede lograrse sin disculpas que no sirvan a más propósito que el de aplacar a quienes no entienden el punto.

Muchos musulmanes y grupos islámicos están condenando el ataque. Yo lo condeno también, no sólo como musulmana, sino como hermana de cualquiera que crea en la santidad de la vida humana.

MICHAEL MUHAMMAD KNIGHT: El pasado jueves, las oficinas de Colorado de la National Asociation for the Advancement of Colored Peopled [NAACP] fueron atacadas con explosivos caseros. El FBI tenía como sospechoso a un hombre blanco de mediana edad que conducía una pickup. Si este hombre resulta ser culpable, su acto de terrorismo encaja perfectamente con la tradición estadounidense de gente blanca que bombardea las iglesias, hogares y centros comunitarios de los negros.

Tras este atentado no hubo cuestionamientos sobre si el incidente refleja la incapacidad de la gente blanca de vivir en una sociedad diversa. Tampoco los comentarios sobre el ataque usaron términos como “barbarismo” o “civilización”, especularon lo que significa ser moderno, o cuestionaron si la gente blanca había expresado suficientemente su pena e indignación al respecto. Los medios no pidieron declaraciones colectivas de una imaginaria “comunidad blanca” ni citaron historias de las conquistas europeas y americanas de conquista y destrucción como prueba de que no se puede confiar en la gente blanca.

KAREM ABDUL-JABBAR: Cuando el Ku Kux Klan quema una cruz en el patio de un hogar negro, nadie exhorta a los cristianos prominentes a explicar cómo esos actos no son verdaderamente cristianos. Eso es lo que otros musulmanes y yo anhelamos: el día en que esos terroristas que alaban al Profeta Mahoma o a Alá mientras desvirtúan sus verdaderas enseñanzas sean reconocidos al instante como bravucones disfrazándose de musulmanes.



MAIK: Pues no estoy seguro si se puede hablar de un verdadero Islam y un falso Islam, como tampoco de si se puede hablar de un verdadero cristianismo y un falso cristianismo. Ultimadamente, las religiones son creencias sin bases objetivas y con muchas interpretaciones, y no hay forma de decir que unas son más “verdaderas” que otras. Pero ciertamente se puede y se debe entender que algunas de esas interpretaciones son más humanas que otras, que unas son más abiertas a los valores de la convivencia pacífica, la libertad individual, el diálogo y el respeto a los demás. Creo que la mayoría de las personas interpreta sus religiones de una manera que le permita convivir con los demás, y por eso me parece mezquino e injusto e identificar a todos los musulmanes con los terroristas, aunque todos digan creer en las mismas deidades y seguir los mismos textos sagrados.

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZCualquiera que considere que todos los musulmanes son terroristas es un imbécil, un ignorante, un fanático o un desinformado, pero el problema es de él y sólo de él. Se le puede informar, se le puede explicar, se le puede aclarar o se le puede mandar muy lejos por decir estupideces, pero nada más. ETA es una organización terrorista que mató a casi 900 personas en nombre de la independencia del País Vasco... ¿era necesario insultar a los vascos no violentos llamándolos "vascos pacíficos" para ponerlos en el mismo nivel que los "terroristas vascos"? Yo creo que no. Había una mayoría de vascos y una minoría de terroristas vascos. Como hay corsos y una minoría de terroristas corsos.

A mis amigos musulmanes, a mis héroes musulmanes, a los musulmanes que admiro y respeto, no me atrevería a llamarles "musulmán pacífico", porque sería una ofensa. Esa designación implica que "musulmán" tiene por sí mismo la implicación de violencia y terrorismo, precisamente, y que hay que aclarar que ellos son "musulmanes pero de los buenos". Me parece pésima idea y profundamente discriminatoria. Están los musulmanes y luego hay algunos que se tienen que diferenciar indicando que son terroristas o militantes o violentos.

Además la confusión "musulmán-terrorista" generalmente la hace la ultraderecha, que no es menos enemiga de las libertades, los derechos y la cultura de la Ilustración que los integristas violentos. No creo que sea razonable actuar atendiendo a los dictados de la ultraderecha.



MAIK: Parece que se nos viene un futuro islamófobo en Europa y Norteamérica. La derecha xenófoba debe estar disfrutando de este acontecimiento: no sólo dañaron a una publicación que le era incómoda por hacerla constante objeto de sus burlas, sino que además la coyuntura les permite satanizar a sus viejos enemigos, los extranjeros, los inmigrantes, los diferentes. Y, sobre todo, esto les permitirá acceder a cotos de poder. ¿Cómo ven ustedes este panorama?

MICHAEL MUHAMMAD KNIGHT: En Europa la violencia contra los musulmanes va en ascenso. Crímenes de odio contra musulmanes se han incrementado un 65% en 2014. En la década pasada, 40% de las mezquitas en Holanda han sido objeto de actos violentos. Una reciente ola de ataques se dirigido a mezquitas en Suecia. Pero, de alguna forma, el terrorismo blanco e islamófobo no ha sido acordemente reconocido como una crisis global.

Mike Morell, antiguo director interino de la CIA, dijo en la CBS, para la que es un consultor en asuntos de seguridad, que el tiroteo en Charlie Hebdo ha sido el peor atentado terrorista en Europa desde los ataques en Londres de julio de 2005. Convenientemente olvida que el nacionalista blanco Anders Behring Brievik mató en 2011 a 77 personas con la esperanza de salvar a Europa de la dominación musulmana.

El terrorismo es perpetrado en contra de los musulmanes alrededor del mundo, pero los musulmanes abrumadoramente responden a la violencia, el acoso y llamados a su aniquilación masiva explicando que son pacíficos y racionales. Similarmente, tras el bombardeo de la NAACP, los afroamericanos no hicieron un trending topic del hashtag #KillAllTheWhitePeople en Tiwtter. Sin embargo, el hashtag #KillAllTheMuslims fue publicado por toda la red social después del ataque contra Charlie Hebdo, ejemplificando las respuestas reaccionarias de algunos blancos cuando se enfrentan a actos de violencia aislados cuando éstos son perpetrados por gente que no luce o reza como ellos.

SANTIAGO ALBA RICO: Lo verdaderamente urgente es alertar contra la islamofobia, precisamente para evitar lo que los asesinos quieren -y están ya consiguiendo- provocar: la identificación ontológica entre el islam y el fascismo criminal. La gran eficacia de la violencia extrema tiene que ver con el hecho de que borra el pasado, el cual no puede ser evocado sin justificar de alguna manera el crimen; tiene que ver con el hecho de que la violencia es actualidad pura, y la actualidad pura está siempre preñada del peor futuro imaginable. Los asesinos de París sabían muy bien en qué contexto estaban perpetrando su infamia y qué efectos iban a producir.

El problema del fascismo y de su violencia actualizadora es que se trata siempre de una respuesta. El fascismo está siempre respondiendo; todo fascismo se alimenta de su legitimación reactiva en un marco social e ideológico en el que todo es respuesta y todo es, por tanto, fascismo. El contexto europeo (pensemos en la Alemania antiislámica de estos días) es el de un fascismo rampante. En Francia concretamente este fascismo blanco y laico tiene algunos valedores intelectuales de mucho prestigio que, a la sombra del Frente Nacional de Le Pen, llevan calentando el ambiente desde púlpitos privilegiados a partir del presupuesto, enunciado con falso empirismo y autoridad mediática, de que el islam mismo es un peligro para Francia.

La islamofobia tiene tanto fundamento empírico -ni más ni menos- que el islamismo yihadista; los dos, en efecto, son fascismos reactivos que se activan recíprocamente, incapaces de hacer esas distinciones que caracterizan la ética, la civilización y el derecho: entre niños y adultos, entre civiles y militares, entre bufones y reyes, entre individuos y comunidades. “Matad a todos los infieles” es contestado y precedido por “matad a todos los musulmanes”.

HAMED ENOICHI: Vendrán días muy tristes en las redes sociales y los medios arderán. Siempre que pasan estas cosas le sigue una ristra de comentarios que lo único que hacen es aumentar la náusea, el asco y la tristeza. Unos justifican el horror, otros culpabilizan al tuntún, otros iluminados proponen soluciones como una guerra total (¿?), otros piden venganza, otros piden cruzada, otros vuelven a polarizar el mundo exactamente como hacen los fanáticos de la supuesta otra orilla. Y así es como se consigue lo que los intolerantes quieren: Polarizar el mundo. Islam contra Occidente u Occidente contra el Islam; y la gente suele caer en la trampa sin saber que los yihadistas a los que más matan, sin cesar, es a musulmanes. Que a los que decapitan en mayoría son a musulmanes, aunque aquí sólo duela cuando decapitan a un reportero occidental, a un yazidí o a un cristiano como si los demás no fuesen humanos, como si no mereciesen atención o estima de la gente de aquí. El yihadismo es una guerra contra la humanidad, no contra Occidente. Si al final Occidente acaba comparando Islam con terrorismo y trata a justos por pecadores, la gran mayoría de musulmanes sí que verá a Occidente como un enemigo; y entonces sí que ya estará la bomba preparada para que alguien prenda la mecha.




MAIK: No podemos dejar de mencionar al heroico Ahmed Merabet, el policía musulmán que murió defendiendo a los colaboradores de Charlie Hebdo. También es necesario honrar a Lassana Bathily, otro musulmán que salvó la vida a los clientes de una tienda kosher cuando ésta fue tomada por los terroristas. Estos hombres también son el Islam, y reconocer su valentía y su integridad.

Es cierto que hoy en día los grupos integristas religiosos que hacen más ruido y provocan más terror son los musulmanes: Al Qaeda, Boko Haram, Estado Islámico… Pero su nos atenemos a la historia de las tres grandes religiones abrahámicas encontraremos episodios de violencia intolerante en todas ellas. En los textos sagrados del cristianismo, el judaísmo y el Islam hay llamados a ejercer la violencia contra los infieles y los enemigos. El Islam no es esencialmente más violento que el cristianismo o el judaísmo, o ninguna otra religión. ¿Entonces por qué es el terrorismo islámico el más preocupante?

La respuesta no puede ser hallada sencillamente en el Islam mismo; sus causas deben una mezcla de factores políticos, sociales, económicos, históricos y culturales. Tratemos de rastrear el origen del terrorismo en explicaciones más inteligentes que sólo decir “es que el Islam es violento” o “es que los musulmanes no pueden vivir en el mundo civilizado”.

KAREEM ABDUL-JABBAR: La violencia cometida en nombre de la religión no tiene que ver con la religión: ultimadamente se trata de dinero. La película de 1976, Todos los hombres del presidente dio en el clavo cuando redujo el laberinto del escándalo de Watergate a una simple frase: “sigue el dinero”. Olvídense de los matones que llevan a cabo los actos de violencia, ellos no son diferentes a drones manejados a control remoto. En vez de señales de radio, sus pilotos usan dogma selectivo para manipular sus acciones. Pervieran el Corán a través de omisiones y falsas interpretaciones.

¿Cómo es acerca del dinero? Cuando uno se fija en los objetivos de estos ataques terroristas, se ve que no se trata de asustarnos hasta cambiar nuestro comportamiento. El ataque contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre no asustó a América a abrazar el Islam. La fatwa en contra de Salman Rushdie no impidió la publicación de Los versos satánicos. Como todos los ataques terroristas en Occidente, sólo fortalecen nuestra resolución.

Así que el ataque en París, como la mayoría de los otros, no busca cambiar el comportamiento de los occidentales, sino que es el equivalente a presentarse en una habitación, lucir los músculos y esperar que eso cause algunos suspiros de admiración. En este caso, los suspiros son más reclutas y más donativos para mantener viva la organización. Ellos tienen que probar constantemente que son más relevantes que otros grupos terrorista. Es sólo negocio.


MAIK: Este video es anterior a los atentados contra Charlie Hebdo, pero lo incluyo aquí porque es muy actual. Luego continuamos con el intercambio:




MAIK: Siguiendo esta línea de ideas, una cosa que es necesario entender, tanto por parte de izquierdistas que ven al extremismo islámico como una reacción de legítima lucha antiimperialista, como por parte de los derechistas que no entienden la diferencia entre Islam y terrorismo islámico, es que el extremismo es un fenómeno relativamente reciente, que no forma parte de las culturas milenarias que comparten el Islam como religión, ya sean árabes, turcos, persas o pakistaníes.

AAMER AHMED KHAN: Las reacciones extremistas a las imágenes del profeta Mahoma no siempre fueron comunes en Pakistán. Pero esta actitud creció con el comienzo de la guerra en Afganistán en 1979, cuando el Estado declaró un proceso de "islamización" para alentar a la gente a unirse a la llamada yihad o guerra sagrada en territorio afgano.

El impacto de esa islamización fue el extremismo y la intolerancia ante cualquier forma de disenso y las reacciones extremas ante las caricaturas del profeta son sólo una manifestación de eso.

Las reacciones tienen que ver con el contexto en que la gente creció. No debemos olvidar que el 70% de los 200 millones de habitantes de Pakistán tienen menos de 30 años. O sea que nacieron luego del comienzo de la guerra en Afganistán y por ello han conocido principalmente una versión extrema e intolerante del Islam.

Ésa es la principal razón de la gran tolerancia a los crímenes cometidos en el nombre del Islam, sea terrorismo o linchamiento de acusados de blasfemia. La mayoría de los grupos extremistas en Pakistán ven cualquier tolerancia hacia algo con lo que no están de acuerdo como una pérdida peligrosa de su espacio político. Pretenden defender la religión, pero en realidad defienden su espacio político.

En ese sentido, las creencias religiosas extremas no son mucho más que una afirmación cínica de una política que no es nada pluralista.

OLIVER TONNEAU: Pocas personas hoy en día saben que hubo un periodo, desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX, llamado Nahda, o Renacimiento, que vio un amplio proceso de secularización desde Marruecos hasta Turquía. Pocas personas se preocupan por recordar que, en los 50 y 60, las mujeres que usaban el velo eran una reducida minoría en Túnez, Argel o incluso en el Cairo. Esto no significa que ellas no fueran musulmanes, aclaro. Justo como en Occidente había muchas chicas cristianas que tenían sexo antes del matrimonio y tomaban la píldora anticonceptiva, los principios estaban evolucionando, con algunas tensiones inevitables.

Fue sobre las cenizas de la Nahda que los fundamentalismos como los conocemos emergieron. Digo “emergieron”, porque no debemos dejarnos engañar por los fundamentalistas que claman restaurar el Islam a su pureza original. La ideología que ellos promueven –literal, violenta, legalista, estrecha de mentes, ultramundana- es una novedad radical en la historia del Islam. Es la perversión dramática de una cultura. Entonces, ¿cómo tuvo lugar esta perversión? Es aquí donde la historia se pone compleja –más compleja que esa narrativa de Occidente versus Islam.

Los movimientos anti-colonialistas en el antiguo imperio francés (en Túnez, Argelia, Marruecos, pero también en Egipto) fueron seculares (lo que desde luego no significa que sus miembros fuesen ateos): ellos intentaban crear modernos estados-nación independientes del tutelaje de explotadores occidentales. Pero el caos durante y después de las guerras de independencia (por el cual Occidente tiene una seria responsabilidad), proveyó de una excelente oportunidad para fanáticos de todo tipo, que resentían profundamente la evolución de sus países, un regreso a preeminencia con todo y venganza.

Así que hoy Francia es hogar para muchos árabes, algunos de ellos musulmanes, muchos de los cuales llegaron perseguidos en sus países de origen en la década de 1960. Estuvieron expuestos al racismo, desde luego, especialmente en sus lugares de trabajo, acosados por la policía y tratados como ciudadanos de segunda clase. Entonces pelearon por la igualdad y la justicia, con el apoyo de muchos en la izquierda política, por ejemplo durante la Marche des beurs en 1983. Créanlo o no, ninguno de los protagonistas hacía reclamos religiosos: no marchaban como musulmanes, sino como ciudadanos franceses que demandaban que Francia les diera realmente Libertad, Igualdad y Fraternidad.




ILYA U. TOPPER: Los“patriotas” de derechas están metiendo la cabeza en la arena cuando denuncian la inmigración como causa de los males: ni fueron violentos los musulmanes que llegaron a Europa hace dos generaciones, ni lo son los que llegan hoy. No existe un flujo de yihadistas de Siria, Marruecos o Iraq a Europa. Existe un flujo de yihadistas de Francia, Alemania, Inglaterra, España, Austria hacia Siria. Europa no importa terroristas islámicos: los exporta.

Pedir cerrar la puerta a la inmigración musulmana como hacen tantos “patriotas”, equivale a cerrar las ventanas de una casa para combatir el mal olor de las cañerías.

Y son ellos, los “patriotas” de derechas, esos que se manifiestan con una gran cruz para mostrar su oposición a la “islamización de Occidente”, ellos y sus mayores, quienes tienen la culpa que esto sea así. A los magrebíes y turcos que llegaron a Europa en los años sesenta y setenta no les faltaba voluntad de integrarse; explotados como mano de obra barata, les faltaban medios. Empezando con un punto clave: el aprendizaje del idioma. Quizás no hicieron suficiente esfuerzo. Pero no debe olvidarse que cierto racismo de la población (un racismo corriente, dirigido contra cualquier obrero de origen campesino, moreno, turco, magrebí, siciliano o andaluz) les puso un muro adicional, les cerró las puertas, les hizo entender que no eran bienvenidos.

Se replegaron. Ignorantes en todo a lo que se refiere al islam o a la cultura intelectual, literaria, de sus países de origen, criaron a sus hijos en un ambiente suspendido entre dos mundos, sin pertenecer a ninguno. Y también sus hijos se dieron cabezazos contra este muro: hasta hoy, tener un apellido magrebí en Francia hace desplomarse las oportunidades en el mercado laboral.

Se quedaron, pues, en el barrio. Viendo la televisión. Esa televisión que algún día empezó a poblarse, por obra y gracia de la parabólica, con predicadores vestidos de blanco que se dirigían a “los musulmanes”. A ti, sí: a ti. Tu vida tiene sentido ante Dios y la historia, les dijeron, si cumples las leyes divinas y garantizas que tu hermana no se pasee con hombres blancos. Que no se pasee con hombres, vaya.

Así se fue creando el gueto. Un gueto en el que se ha ido cristalizando una extraña cultura que guarda recuerdos de la gastronomía magrebí o turca, pero que se ha modelado según el ideario del islam que han difundido los telepredicadores y los imames del barrio. Estos imames que han ido apareciendo por doquier, sin que se sepa siempre muy bien quién les paga el salario.

OLIVER TONNEAU: Seamos claros: el fundamentalismo no es causado por la inmigración desde países musulmanes. Es muy fácil demostrar eso: musulmanes han migrado a Francia desde la década de los 50 y la cuestión del fundamentalismo sólo emergió en los últimos 15 años. El fundamentalismo es algo nuevo, algo que ejerce una fascinación en los jóvenes desarraigados de Francia en general –no en musulmanes en general. De hecho, la generación más vieja de musulmanes franceses está aterrorizada por este fenómeno. Después de la matanza de Charlie Hebdo, los imames demandaron que el gobierno tomara acciones contra los sitios web y las cadenas de televisión de propaganda fanática.

Francia tiene una larga tradición de un Islam secular, completamente compatible con las leyes de la República, pero en guerra con los fundamentalistas. En los 90, el imam de París fue baleado por fanáticos cuya violencia él denunciaba; más recientemente, el imam de Drancy, quien expresó su desagrado hacia Charlie Hebdo, pero condenó firmemente la fatwa que Al Qaeda invocó contra la revista, fue condenado a muerte por dicha organización terrorista y ahora vive bajo protección policiaca.

Entonces la cuestión es: ¿cómo es que una fracción de la juventud francesa (blanca, negra o árabe) es tan receptiva al fundamentalismo? La respuesta a esta pregunta no puede ser directamente rastreada a “es que Occidente bombardea países musulmanes”. Creo que tiene que ver primero con el completo fracaso de la República para cumplir sus promesas de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

En un hermoso libro titulado La Démocratie de l’Abstention, dos sociólogos nos cuentan la descorazonadora historia de cómo los ciudadanos franceses que llegaban de las antiguas colonias votaban masivamente: estaban orgullosos de participar en la democracia. Trataron de convencer a sus hijos de hacer lo mismo, pero éstos no estaban interesados. Décadas de segregación y discriminación social y económica les dejaron claro que la palabra “francés” en su pasaporte carecía de significado: no hay igualdad, ni libertad y claramente no hay fraternidad.

El proceso de desarraigo fue gradual. Los disturbios empezaron en los 80 y tomaron ritmo en los 90. No tenían un subtexto religioso: eran expresiones de ira contra la discriminación y el acoso policiaco. Pero la necesidad de pertenecer es fundamental para los seres humanos: si los jóvenes franceses de ascendencia árabe no se sentían parte de Francia, ¿a dónde pertenecían? La Démocratie de l’abstention describe cómo el conflicto entre Israel y Palestina –que ya llevaba décadas para entonces –de pronto captó la imaginación de la juventud: era su Vietnam, su causa. Habían encontrado a sus hermanos allende los mares.




ILYA U. TOPPER: Sí: Europa ha fomentado, no sé si a ciegas o a conciencia, pero de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, financiados desde Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y sus vecinos gracias a la marea del petróleo. Desde las cúpulas del gobierno hasta el último alcalde, se ha elevado a los imames, los teólogos, los predicadores al rango de representantes de los colectivos de origen magrebí, turco o pakistaní. Un rango que nunca tuvieron en sus países originales, un poder que sólo pudieron adquirir gracias a la complicidad de las administraciones europeas. Por doble vía: por elegirlos como representantes y por cerrar a estos colectivos toda otra vía de expresarse.

Cuando al periodista alemán Günter Wallraff le ofrecieron ser miembro del consejo musulmán local (gracias a su larga trayectoria de defensa de los inmigrantes turcos) aceptó con la condición de leer en la mezquita los Versos satánicos de Salman Rushdie y debatir sobre los límites del arte frente a la religión. No hubo manera. Más tarde intentó que firmasen una declaración contra la lapidación de una mujer iraní. Tampoco.

Y con estos antecedentes hay quien sigue aplaudiendo que las mezquitas en España sirvan de lugar de reunión social y organicen comidas o talleres, en lugar de buscar a los inmigrantes un espacio donde pudieran reunirse lejos del control de los imanes, lejos de sus discursos excluyentes, lejos de frases tipo: "No pueden entrar las mujeres que tengan la regla".

Europa ha islamizado, durante décadas, la sociedad inmigrante, religiosamente indiferente, que recibió. En plena complicidad con los jeques árabes y sus imperios mediáticos. Los gobiernos han envuelto su actitud en un neologismo venerado hasta la náusea: multiculturalismo. Una hermosa palabra para expresar el racismo de toda la vida. El racismo que preconiza la separación de “lo nuestro” y “lo de ellos”. Sí, también los manuales oficiales nazis decían que todas las razas tenían igual valor, sólo que no conviene mezclarlas. Hoy tenemos valores europeos, sólo aplicables a los blancos de tres generaciones, y hay valores de “ellos” que deben respetarse en “sus comunidades”.

Que más nos da que ellos fuercen a sus mujeres a taparse, qué más nos da que en sus barrios amenacen de muerte a cualquiera que venda alcohol, que más nos da que en sus familias dirimen matrimonio y divorcio según diga el imam. Son ellos, la sociedad es multicultural: respetamos el derecho de cada imam y de cada matón de barrio a oprimir a sus fieles, a castigar a sus hermanas, a imponer su machismo como vea bien. Eso se llama tolerancia. Lo de la tolerancia cero solo es cuando la violencia afecta a las mujeres nuestras.




MAIK: Uno de los episodios más grotescos de hipocresía en las últimas semanas fue cuando algunos líderes del mundo se aparecieron para tomarse una foto durante la gran marcha que se realizó en París tras los ataques contra Charlie Hebdo. Gente como Sarkozy o Netanyahu, haciendo llamados para respetar la libertad de expresión…

WILLEM: Tenemos muchos amigos ahora, como el Papa, la Reina Isabel y Putin. Realmente me hace reír.  Marine Le Pen se deleita cuando los islamistas empiezan a disparar por todas partes. Nosotros vomitamos en toda esa gente que de pronto dice que son nuestros amigos. Nunca han visto Charlie Hebdo.

Hace algunos años, miles de personas tomaron las calles de Pakistán para protestar contra Charlie Hebdo. Ni siquiera sabían lo que era. Ahora es lo opuesto, pero la gente protesta para demandar libertad de expresión, lo que naturalmente es algo bueno.

OLIVER TONNEAU: Ésta es la difícil discusión que he estado teniendo con mis amigos franceses: todos estamos conscientes del hecho de que el ataque contra Charlie Hebdo será explotado por la extrema derecha, y que nuestro gobierno lo usará como una oportunidad de crear una falsa unanimidad en un una sociedad profundamente dividida. Ya hemos oído al primer ministro Manuel Valls anunciar que Francia estaba en una “guerra contra el Terror” –y me horroriza reconocer las palabras usadas por George W. Bush. Todos tratamos de encontrar un sendero estrecho: defender a la República contra las amenazas gemelas del fundamentalismo y el fascismo (y el fundamentalismo es una forma de fascismo). Pero aún creo que la mejor forma de hacerlo es luchando por nuestros ideales republicanos. La igualdad carece de significado en tiempos de austeridad. La libertad es hipocresía cuando elementos de la población francesa son rutinariamente discriminados. Pero la fraternidad se pierde cuando la religión desplaza a la política como el principio estructurador de la sociedad. Charlie Hebdo promovía la igualdad, la libertad y la fraternidad… eran parte de la solución, no del problema.

MAIK: Una reflexión final: el miedo y el odio (no por nada eran hijos de Ares, dios de la guerra, en la mitología griega) nos impiden pensar con claridad y nos hacen presa fácil de los manipuladores. Así sean los imames financiados por la monarquía saudí incitando odio contra los blasfemos, o los políticos protonazis en Europa predicando odio contra los inmigrantes, hay que entender que ellos son el verdadero peligro para la paz y una sociedad plural e incluyente. No son el enemigo los caricaturistas satíricos ni las personas de apariencia y costumbres diferentes a las de uno. No hay que perder eso de vista, o nos veremos, una vez más, en otro de esos escenarios tan comunes en la historia humana, en el que la gente odia y es odiada, muere y pide muerte, mientras los que se sientan en la cima, del partido político o de la religión organizada, disfrutan del poder.



FIN

viernes, 6 de febrero de 2015

Y tú... ¿eres Charlie? (Parte I)



El pasado mes de enero se perpetró un horrible atentado terrorista en París, cuando un grupo de sujetos armados entraron a la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y asesinaron a balazos a 12 personas. La revista era conocida por su irreverencia, y le había dedicado no pocas portadas a burlarse del extremismo islámico, violando de paso un tabú del Islam, que prohíbe representar gráficamente al profeta Mahoma. Los asesinos eran fundamentalistas musulmanes que pretendían castigar a los moneros por lo que consideraban era una afrenta contra su religión.

Esto ya lo sabemos todos y no hay mucho que decir al respecto. Lo interesante, y de lo que quiero discutir en las dos próximas entradas es la pequeña "guerra cultural" que se ha desatado a partir de este trágico acontecimiento. Las reacciones a estos atentados en Occidente han sido muchas, y en general las opiniones se han polarizado.

Por un momento pensé en no más hacer comentarios, poniendo mi perspectiva en esta discusión, pero la verdad es que hay muchas personas mucho más inteligentes y elocuentes que yo que han expresado opiniones mas valiosas que las que yo podría aportar. Entonces pensé en hacer una especie de dossier con los textos que me parecieran más lúcidos, escogiendo algunos párrafos relevantes y proporcionándoles enlaces a los textos originales.

Pero luego se me ocurrió algo más divertido. Miren, yo pienso que todos en esta humanidad, pero en especial los que escribimos para un público, formamos parte de una Gran Conversación, un diálogo eterno, un infinito intercambio y combate de ideas. Pensé entonces en tomar esos textos, seleccionar algunos párrafos e intercalarlos con acotaciones mías de forma que parezca que entre todos estamos entablando una conversación, algo así como una mesa redonda. Es un juego que se me ocurrió y que espero que aporte algo de claridad al intenso debate que se ha venido dando.


Advierto que para hacer tomé párrafos textuales de los textos que publicaron sus respectivos autores. En el caso de textos en inglés, los traduje como Dios me dio a entender. Mi propósito fue siempre ser fiel al mensaje que quisieron transmitir los autores, pero si ustedes sienten que al hacer esta mezcolanza algún párrafo quedó descontextualizado y se tergiversa el mensaje, les invito a señalarlo en los comentarios, y de todos modos pongo enlaces a los textos originales para que cada quien pueda leerlos y sacar sus propias conclusiones.




MAIK: A raíz del atentado, muchas personas han enfatizado que, si bien repudian los crímenes, también rechazan el contenido de la revista por considerarlo discriminatorio y ofensivo, y recalcan que no tienen por qué identificarse con los autores de Charlie Hebdo.

Desde luego, yo entiendo que repudiar el contenido de la revista porque va contra sus principios morales no implica que justifiquen ni aplaudan el ataque terrorista, aunque algunos se han expresado de ciertas formas en las que parece que así es. Por supuesto que nadie tiene el imperativo moral de identificarse con Charlie Hebdo (el único imperativo moral es reconocer que matar gente no está bien). Desde luego que cualquiera está en libertad de criticar el contenido de esa publicación, de señalar si cree que difunde mensajes negativos y de invitar a otros a no compartir ese discurso.

Empecemos por quienes consideran reprobable el discurso de Charlie Hebdo y deciden no identificarse con la revista:

JOSÉ ANTONIO GUTIÉRREZ: No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. No puedo ver con buena cara esa constante agresión simbólica que tiene como contrapartida una agresión física y real, mediante los bombardeos y ocupaciones militares a países pertenecientes a este horizonte cultural.

Tampoco puedo ver con buenos ojos estas caricaturas y sus textos ofensivos, cuando los árabes son uno de los sectores más marginados, empobrecidos y explotados de la sociedad francesa, que han recibido históricamente un trato brutal: no se me olvida que en el metro de París, a comienzos de los ‘60, la policía masacró a palos a 200 argelinos por demandar el fin de la ocupación francesa de su país, que ya había dejado un saldo estimado de un millón de “incivilizados” árabes muertos.

No se trata de inocentes caricaturas hechas por libre pensadores, sino que se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas (sí, aunque pose de alternativo Charlie Hebdo pertenece a los medios de masas), cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar. Mensajes cuyo propósito implícito es justificar las invasiones a países del Oriente Medio así como las múltiples intervenciones y bombardeos que desde Occidente se orquestan en la defensa del nuevo reparto imperial.

TIM SANDERS: Ha habido una campaña vocal exaltando los “valores occidentales” de la libre expresión y el derecho a ofender, clamando que una sátira debe estar libre de constreñimientos y tener la facultad de ofender indiscriminadamente. Es aquí donde disiento de los satiristas de Charlie Hebdo. El punto de la sátira es atacar al poderoso, exponer su hipocresía y sus absurdos, y por supuesto ser graciosa. Si la sátira se dirige hacia abajo no es sátira, es abuso.

¿Deberían los caricaturistas ser ofensivos? Sí, por supuesto, ése es nuestro trabajo. ¿Pero a quén deberíamos ofender? No es suficiente con decir “Somos groseros con todos, ¡¿cuál es tu problema?!” porque resulta que no todos somos iguales. Para alguien de orígenes cristianos aguantar las diatribas del Papa está bien, de hecho se le alienta a ello; pero agarrarla contra alguien más pequeño y débil que uno mismo, como todos sabemos desde el jardín de niños, está mal. Es importante no confundir insultos con sátira; son algunas veces lo mismo, pero la mayoría no. Basarse en estereotipos fáciles y racistas como ha hecho Charlie Hebdo no es sátira, sutil o siquiera remotamente gracioso.

SIMON DAWES: De hecho, hay razones válidas y convincentes para criticar al periódico por haber contribuido a la estigmatización de los musulmanes en Francia, y a una amplia banalización de la islamofobia que algunos han diagnosticado en los medios franceses, así como por ser una publicación hecha predominantemente por y para hombres blancos de clase dominante.

No obstante, hay algunos que han reaccionado instintivamente a este evento proclamando que la libertad de expresión –y, por extensión, la libertad de prensa –es un derecho absoluto. Más aún, que Charlie Hebdo representa este derecho –y, por extensión, todos los valores occidentales. El peligro aquí es que esto puede ser expresado estratégicamente para justificar la representación de los musulmanes como fundamentalmente opuestos a los valores occidentales, así como la necesidad de mayor vigilancia estatal para monitorear a posibles terroristas y prevenir ataques.

MICHAEL MUHAMMAD KNIGHT: He escrito mi cuota de material ofensivo. Particularmente en mi trabajo más temprano, blasfemaba contra todo lo que mis hermanos y hermanas musulmanes consideran sagrado. Por esa razón, después de la controversia de las caricaturas danesas, la edición británica de mi novela The Taqwacores fue publicada en una versión muy censurada. Permií estas purgas editoriales con la condición de que cada pasaje censurado fuera marcado con un asterisco dentro del texto, convirtiendo la censura en una especie de performance. Mi historia con The Taqwacores lleva a algunos a asumir que estoy con los racistas y los xenófobos, pero yo puedo defender la libertad de expresión sin apoyar la supremacía blanca. Yo no soy Charlie.



MAIK: Veamos si podemos clarificar las ideas. ¿Es Charlie Hebdo en verdad racista, islamófoba? ¿Está realmente burlándose del débil? ¿Cómo se puede marcar la línea entre abuso y sátira? ¿Qué dicen ustedes sobre los que insisten en esas acusaciones?

CHARB y FABRICE NICOLINO: El Charlie Hebdo de los años 70 ayudó a formar el espíritu crítico de toda una generación, burlándose, ciertamente de los poderes y de los poderosos. Riéndose, a veces a mandíbula batiente, de las desgracias del mundo, pero siempre, siempre, siempre defendiendo a la persona humana y los valores humanos que están asociados a ella.


Nos reímos, criticamos y soñamos todavía con las mismas cosas. No traicionamos secreto alguno, si les contamos que el equipo actual se compone de partidarios de la izquierda, de la extrema izquierda, de los anarquistas y de los ecologistas. No todos votan, pero todos aportaron su granito de arena a la derrota de Nicolas Sarkozy en el mes de mayo de 2012.

¿Dónde están, entonces, los supuestos racistas? No tenemos miedo de confesar que somos militantes antirracistas convencidos y desde siempre. Sin necesariamente tener una tarjeta que lo acredite, en este ámbito hemos elegido bando y jamás los cambiaremos. Si por casualidad -y no sucederá nunca- se publicase una palabra o un dibujo racista en nuestra revista, la eliminaríamos al instante y con bombo y platillo.

Por eso, falta saber el porqué. El porqué de esta idea loca que se extiende como una enfermedad contagiosa. Según esa idea proclamada por nuestros difamadores, seríamos islamófobos. Lo que, en su vocabulario, significa racistas. Ejemplo paradigmático de la involución que se apodera de tantas mentes.

Hace cuarenta años, era obligatorio execrar y hasta maldecir las religiones. El que quería criticar la marcha del mundo no podía dejar de abominar de los grandes poderes de los principales clérigos. Pero, según algunos, cada vez más numerosos, hoy habría que callarse al respecto.

Pase todavía que Charlie consagre muchas de sus viñetas a los papistas. Pero la religión musulmana, bandera impuesta a innumerables pueblos del planeta (hasta Indonesia) debería respetarse. ¿Por qué diablos tendríamos que hacer algo así? ¿Cuál es la relación, más que ideológica, que hay entre el hecho de ser árabe y la pertenencia al Islam?

ZINEB EL RHAZOUI: La islamofobia. Qué concepto más maravilloso. Tan amplio como la chilaba de un integrista. Es capaz de absorber todo lo que no le plazca: la razón, el espíritu crítico, incluso el humor. El término, hoy día tan consagrado como la xenofobia -concepto mucho más preciso-, se escuchó por primera vez de boca de los mulás iraníes que exigían asesinar a Salman Rushdie. Eso les importa poco a los (y las) idiotas útiles de los islamistas, cuando hoy lo ponen al servicio de su falsa filantropía.


El resultado de sus investigaciones es la conclusión, sin la sombra de una duda, que ser islamófobo es ser racista, y de paso atacan a la religiofobia, igual de sospechosa. Para ellos, el derecho de criticar una religión se debe limitar al catolicismo. Los musulmanes, en cambio, se meten en el saco de los minusválidos, víctimas por haber nacido así, en resumen: aquellos de los que uno no se puede reír porque la vida ya los ha castigado lo suficiente. Vaya visión de igualdad.

El (o la) idiota útil sostiene que un religiófobo no tiene derecho a criticar el islam, dado que sin duda no lo conoce lo suficiente como para hacerlo. Este argumento lo he escuchado mil veces de parte de los radicales al sur del Mediterráneo, allí donde el islam ocupa el lugar de la ley, y donde sería muy extraño llamar racistas a los “islamófobos”, hijos del país; es más fácil tacharlos de occidentalizados. “Usted critica el islam porque lo desconoce: usted no tiene derecho a hablar de él”. Porque evidentemente, si una conoce el islam, con sus cinco rezos diarios, su ramadán y sus placeres polígamos, no hay más remedio que amarlo.

Yo, Zineb, nacida en Casablanca, donde me he criado, me reservo el derecho. En nombre de los dieciseis años de educación islámica obligatoria, desde Primaria al bachillerato, me reservo el derecho de criticar el islam como me venga en gana, sin que ningún(a) idiota útil de los barbudos me explique que yo estoy sufriendo un síndrome de odio a mí misma. Estos impostores de la diversidad deben en primer lugar comprender que criticar una idea no es lo mismo que insultar a quien la defiende. Sin este postulado de base, no se puede llevar a cabo ningún debate de opiniones.



OLIVER TONNEAU: Valdría la pena saber que el blanco principal de Charlie Hebdo era el Fruente Nacional y la familia Le Pen. Luego venían bandidos de todo tipo, incluyendo jefes y políticos (incidentalmente, una de las víctimas del tiroteo fue un economista que mantenía una columna semanal sobre los desastres causados por las políticas de austeridad en Grecia). Finalmente, Charlie Hebdo era un oponente a todas las formas de religión organizada, a la manera del anarquismo de vieja escuela: ¡Ni Dios, ni madre! Ridiculizaban al papa, a los judíos ortodoxos y a los musulmanes, en la misma medida y con la misma mordacidad. Tomaron posiciones feroces contra los bombardeos en Gaza.

Su sentido del humor se inserta perfectamente en la tradición francesa de sátira -y a fin de cuentas estaba dirigida sólo a un público francés. Sólo es leyéndola o viéndola fuera de contexto que algunas de sus caricaturas parecen racistas o islamofóbicas. Charlie Hebdo también denunciaba continuamente las injusticias sufridas por las minorías y abogaban incansablemente por que los inmigrantes ilegales tuvieran derecho de residencia permanente. Espero que esto ayude a entender que si ustedes forman parte de la izquierda radical, acaban de perder valiosos amigos y aliados.

Teniendo esto en claro, el ataque se presenta más trágico y absurdo: dos jóvenes franceses de ascendencia árabe no asaltaron los numerosos periódicos de extrema derecha que existen en Francia (Minute, Valeur Actuelles), que incesantemente confunden árabes, musulmanes y fundamentalistas, sino la publicación misma que hace mayor lucha contra el racismo. Para mí, una de las preguntas que este evento en particular plantea es: ¿cómo pudieron estos jóvenes llegar a este nivel de confusión y locura? ¿Qué alimenta la furia fundamentalista? ¿Cómo podemos combatirla?

ALBERTO FERNÁNDEZ: Mi crítica es a ciertas denuncias superficiales de racismo e islamofobia contra la revista que aparecen en algunos artículos de opinión en la prensa estadounidense para justificar la postura de “Je ne suis pas Charlie”; denuncias que me parece que están menos motivadas por una análisis profundo de los contenidos y lenguaje gráfico del semanario y más por el apego a ciertos lugares comunes de un multiculturalismo que da por sentada la legitimidad de toda apelación a la cultural y la religión.

Concediendo sin regatear el punto sobre lo “ofensivo” de la revista, el punto es que los señalamientos mencionados coinciden en no profundizar en las razones para asignar los adjetivos y le dejan a uno varias dudas: ¿la sola representación de Mahoma en una caricatura es inherentemente islamofóbica? ¿La islamofobia es en sí misma racista? ¿Por qué exactamente la religión de una minoría marginada y oprimida merece mayores consideraciones que la religión del grupo dominante, que en el caso del semanario francés fue ridiculizada con una saña notable? El problema, creo yo, es que algunos de los críticos de Charlie Hebdo se han tomado en sentido literal las denuncias por “blasfemia” emitidas por algunos voceros de las comunidades musulmanas y han terminado por pensar que el respeto por una minoría conlleva una visión acrítica sobre sus prácticas religiosas y culturales, las cuales, por supuesto, son siempre cambiantes y renegociadas al interior de las comunidades que las practican. 

GABRIEL ANDRADE: El problema de Gutiérrez, típico entre los multiculturalistas, es que nos chantajean con el anti-colonialismo. Sí, ciertamente el colonialismo es reprochable. Pero, no por ello, la crítica de las sociedades del Tercer Mundo es inaceptable. Gutiérrez asume que el criticar la misoginia, los castigos bárbaros, la legislación teocrática, la persecución a minorías religiosas (judíos, cristianos, yezidíes, bahais, etc.) en el Medio oriente, entre otras, es una “agresión simbólica”. Describir la realidad no es ninguna agresión. Las denuncias que gente como Ayaan Hirsi Ali, Christopher Hitchens, Salman Rushdie o Ibn Warraq han hecho sobre el mundo islámico, no son ninguna caricatura. Desde su privilegiada posición en Occidente, seguramente a Gutiérrez le parecerá que lo que estos críticos describen es una caricatura, precisamente porque él está acostumbrado a vivir en una civilización más tolerante, y le cuesta creer que en el resto del mundo no exista esta tolerancia. Pero, se equivoca.

Ninguna de estas caricaturas se burla de la lengua árabe, del color de piel de los árabes, de su olor, etc. En ese caso, las caricaturas sí serían racistas. Pero, insisto, no es el caso. Se burlan de la religión islámica (vale agregar, los árabes son minoría en el Islam, algo que Gutiérrez parece ignorar). Y, la religión islámica, como cualquier otra religión, merece nuestras burlas. Exigir creer que el creador del universo (que supuestamente es omnipotente y omnibenevolente, pero aún así permite el sufrimiento) se apareció a un comerciante analfabeta en el siglo VII, es algo digno de burla.

Las caricaturas no presentan a los árabes como bárbaros que hay que contener. Presentan al Islam radical como una religión bárbara que hay que contener. Y, en esto, apoyo sin reservas a Charlie Hebdo. Vale agregar, además, que esta misma revista se ha burlado de Cristo y del Papa. No veo a Gutiérrez señalar que, a partir de estas caricaturas, Charlie Hedbo es una revista que pregona odio contra el mundo occidental, y que expresa el mensaje de que los occidentales deben ser exterminados.

MARJANE SATRAPI: Yo aplaudo la voluntad de Charlie Hebdo de "pintarle el dedo" a todo tipo de autoridad, fuera religiosa política. No siempre me encantaba lo que ellos hacían. Sin embargo, estaba enamorada de la idea de que teníamos una revista que era así de subversiva.



MAIK: Parece haber mucha confusión en el debate generalizado alrededor de estos hechos. Por ejemplo, una comentarista en mi blog comparó los ataques a Charlie Hebdo con un hijo que al ver que el patrón veja y humilla a su madre, reacciona dándole un golpe al abusivo. Es decir, miren cómo confunde la sátira de una religión con la violencia real hacia personas reales, igual que lo hace Gutiérrez, que equiparó a los franceses que hicieron un dibujo con los ingleses que cazaron y mataron a nativos de Tierra del Fuego para después exhibirlos como trofeos... ¿En serio creen que hay punto de comparación? Y vean cómo implícitamente comparan los asesinatos con un acto de justicia contra el poderoso.

En mi clásica entrada sobre la corrección política escribí que para que una ofensa o insulto sea realmente un abuso, éstos deben venir de alguien con poder sobre el insultado, de forma que éste no tenga las opciones de ignorar o devolver el insulto. Por ejemplo, es abuso si viene de un jefe, un policía, un político, un gángster, un profesor o el bravucón de la escuela, de los que no puedes simplemente hacer caso omiso y que te pueden castigar física, social o económicamente si te atreves a devolverles el insulto.

¿Estaban los moneros y escritores de Charlie Hebdo abusando de los débiles? No lo creo. En primer lugar, como se ha dejado en claro, sus burlas no se dirigían hacia las personas, sino a creencias, y las creencias no son sujetos de derecho: las personas lo son, pues tienen la libertad de creer lo que quieran sin que nadie se los impida o les imponga otras creencias. Pero las creencias en sí no deben ni deberían estar protegidas de la burla y de la crítica, ni aún si resulta que por la coyuntura del lugar y el momento quien sostiene dichas creencias se encuentra oprimido y marginado.

Si así fuera, sería válido entonces burlarse del Islam en Egipto, pero no sería justo burlarse del cristianismo allí, porque en ese país los cristianos son minoría. Sería válido burlarse del Islam en Afaganistán, donde el poder de los talibanes aún se hacen sentir, pero no estaría bien burlarse del budismo, porque ahí es religión minoritaria. Sin embargo, estaría bien burlarse del budismo en Myanmar, pero no del Islam, porque en ese país los budistas persiguen violentamente a los musulmanes.

De hecho, eso de considerar al Islam como religión de débiles y oprimidos es de lo más etnocéntrico y paternalista, porque es practicada por millones de personas, en decenas de países, y por algunos de los gobernantes y clérigos más ricos y poderosos del mundo. Lo irónico es que mientras en Occidente algunos se deslindan de Charlie Hebdo para dejar en claro que son bien progres y multicultis, en algunos países árabes (donde la libertad de expresión tiene muchas más restricciones) los moneros se solidarizaron sin reservas con las víctimas del atentado.



Pero volviendo a Francia, ¿estaban los colaboradores de Charlie Hebdo en una posición de poder con respecto a los musulmanes de allí? Bueno, estaban en una posición de privilegio, toda vez que como hombres blancos su vida había sido hasta ese momento más fácil, con más oportunidades y sin el peligro de sufrir discriminación en el mismo lugar en el que viven.

Pero ellos, como individuos, no tenían poder sobre los musulmanes de Francia, no eran ellos quienes los marginaban ni los oprimían. Hay una confusión enorme cuando se mencionan las atrocidades de los países occidentales contra las naciones árabes, porque quienes las traen a colación parecen creer que por el hecho fortuito de haber nacido en el país abusivo lo hace a uno compartir la culpa y la responsabilidad de lo que han hecho sus gobiernos, como si el ser francés le confiriera un poder incontestable sobre los árabes y musulmanes en Francia, igual al que tiene el señor sobre el siervo.

Pero no era así. Ultimadamente, cualquier árabe o musulmán en Francia a quien no le gustara el discurso de Charlie Hebdo podía simplemente ignorarlo, o podía responder con críticas a la publicación o con caricaturas igual de mordaces, sin peligro a sufrir represalias por eso. Pero los colaboradores de Charlie Hebdo no pudieron ignorar ni contestar las balas.

Respecto a eso de considerar los asesinatos como la respuesta desesperada de los débiles, tengan por seguro que a los fanáticos no les interesaba liberar a los musulmanes oprimidos, sino castigar el insulto contra sus símbolos religiosos. No atacaron a los políticos protonazis que son los que están oprimiendo realmente a la población de origen árabe y musulmán en Europa, sino a los que se atrevieron a pitorrearse de seres imaginarios. Para los fanáticos ésa es una afrenta más grave que causar daño real a gente real. Si empezamos a autocensurar las críticas y sátiras al Islam no será para beneficio de "los oprimidos", sino de los gozan del privilegio de poder que da el estar en la cúpula de una organización religiosa, dictando a creyentes y no creyentes cómo deben comportarse.

Los izquierdistas que no ven la diferencia entre la burla hacia los ídolos y los apoderados de las religiones organizadas, y la opresión, marginación y violencia reales que sufren personas reales, y que entienden la reacción violenta contra esa sátira como lucha anticolonial y libertaria, caen en el mismo esquema mental que los terroristas fanáticos... Y eso me asusta, porque yo me considero de izquierda.

Esto me lleva a preguntarme, ¿qué pasa con esa izquierda que repudia a Charlie Hebdo, que insiste en que la libertad de expresión debería tener límites, que señala con el dedo gritando “revisa tu privilegio”? ¿Cuándo dejó la izquierda de tener como sus valores principales la libertad de expresión y el cuestionamiento de toda autoridad? O sea, ¿qué pedo con esa izquierda?



GERARDO VILCHES: Pienso que hay, en ciertas personas, una necesidad de disentir casi patológica, de ir más allá de la mayoría, incluso de los de su cuerda, de ver lo que nadie ve, de querer ser más papista que el papa: de ser más izquierda que nadie. Normalmente esto conlleva una seriedad exagerada, un ansia de trascendencia que deviene en una superioridad moral tan dañina como la de la derecha más tradicional. Desde arriba, nos juzgan y señalan nuestros pecados. Y se pasan, claro. Creo de veras que cierta izquierda, en esa especie de carrera por ver quién es más abierto, tolerante y respetuoso, han acabado dando la vuelta completa y cayendo en cierto tipo de conservadurismo. Es lo que ha sucedido estos días en torno a Charlie Hebdo.

Obviamente muchas de esas personas ni siquiera conocían la revista previamente. A partir de cuatro portadas que satirizaban el Islam se han formado una rápida opinión para desmarcarse de la corriente y descubrirnos que ahora lo verdaderamente de izquierdas es censurar y poner límites, porque, claro, Charlie Hebdo es una revista islamófoba. Porque satiriza el Islam. Da lo mismo que durante sus cinco décadas de historia hayan disparado a todo y a todos, da lo mismo que tengan multitud de portadas y chistes donde arremeten contra otras religiones, incluyendo la católica. Da lo mismo que hayan cargado abiertamente contra la derecha y contra las políticas xenófobas de la misma, da igual que varios de los dibujantes sean de origen árabe. Han visto una imagen en la que han detenido la mirada tres segundos y eso es suficiente para sentar cátedra.


Criticar el Islam es racista y xenófobo, dicen. Es una falta de respeto innecesaria a las creencias de unas personas. Ok. Supongo entonces que toda esa gente se sentirá fatal cuando Mongolia ridiculiza las creencias de los católicos españoles. Pero no, por supuesto. A esas personas de izquierda les parece bien eso, les parece bien la crítica sin límites a nuestras tradiciones, entienden que eso es progresista, y de hecho ponen el grito en el cielo con cada condena de nuestra deficiente legislación a un humorista. Porque, dicen, la libertad de expresión es sagrada. Cómo ha cambiado el cuento en tres días. De repente, las mismas personas que seguramente compartirían entusiasmados viñetas de El Papus de los años setenta cargando contra la Iglesia, los mismos que quizás sin saber su procedencia hayan aplaudido antes alguna portada de Charlie Hebdo crítica con Franco— por ejemplo—, nos dicen que libertad de expresión sí PERO.

ZINEB EL RHAZOUIQué cómodo es ser intelectual y cerrar filas con quienes nunca se ven amenazados por los cócteles molotov, ni corren riesgo de aparecer en la lista de una web de Al Qaeda, todo en aras de redimirse ante cualquier sospecha de racismo!


Idiota útil, permíteme que te diga: tu obsesión con que te puedan tomar por racista hace que defiendas a la extrema derecha musulmana. Entre los mil quinientos millones de musulmanes en cuyo nombre tú crees hablar, sólo algunas miles quieren llevar el niqab. La mezquita de La Meca, el lugar más sagrado del Islam, prohíbe entrar con niqab, y tú defiendes que se lleve en la Universidad en Francia. Al tomar partido por el ala fascista del islam, arrojas a sus fauces a los demás, a la mayoría silenciosa y a la minoría laica militante. La Historia no te lo agradecerá.

ILYA U. TOPPERUna izquierda que ha enterrado su cabeza todavía mucho más profundamente en la arena que la derecha. No han aprendido: apenas ha dejado de retumbar el eco de los disparos de París cuando una legión de pensadores de izquierda se ha abalanzado sobre Charlie Hebdo para denunciar que caricaturizar a Mahoma es racista y xenófobo y se burla de los débiles.

Los débiles: como si el islam en Europa fuera la religión de los débiles. No lo es: ese islam que defienden los predicadores europeos, ese de las mezquitas de ostentación, sea la de la M-30 o sea la que pretenden construir en Colonia, de débil no tiene nada. Es la religión de varias monarquías bañadas en oro negro, países cuyos dirigentes son los dueños de Harrods y parte del resto de Londres. Países con dinero suficiente como para financiar cadenas satélite, universidades con becas para todos (a condición de convertirse al islam) y milicias cortacabezas por medio Oriente.

Seguramente también han financiado el mejor gabinete de relaciones públicas del mundo, si la izquierda europea cree que una revista satírica francesa al borde de la quiebra estaba humillando a “los débiles” cuando esta revista desafió la prohibición de dibujar a Mahoma, prohibición que no existe en el islam y de la que nunca han sabido nada los obreros magrebíes o turcos, hasta que no la proclamasen urbi et orbi los teólogos saudíes.

Y la izquierda probablemente desgastará sus últimos cartuchos de tinta en intentar convencerse a sí misma de que luchar contra siglos de opresión eclesiástica y contra los coletazos de la reciente dictadura nacionalcatólica es justo y necesario, pero que el islam de los saudíes es diferente, exótico, intocable, digno de todo respeto como cualquier rito de una lejana tribu caníbal. Mientras se coman entre ellos.




GONZALO FRASCA: Charlie Hebdo es hija del 'Siglo de las Luces' francés, de la defensa de las ideas ante todo, por más ofensivas que puedan ser. El actual discurso de la cultura estadounidense proclama la coexistencia pacífica, el no ofender al vecino con la esperanza de vivir en paz. Aclaro que hablo de un discurso ideológico; no me refiero a lo que hace el gobierno de Estados Unidos, que es distinto. Es lo que llamamos ser políticamente correctos, una estrategia que Estados Unidos necesitó para lidiar con su diversidad y sus conflictos raciales internos y que ahora ofrece como receta para convivir en un mundo que se globalizó de golpe.

ALBERTO FERNÁNDEZ: Cuando conocí a las amigas de la universidad de mi esposa, hace casi 13 años, me contaron una historia sobre malentendidos interculturales. Todas habían asistido a una pequeña universidad muy liberal del medio oeste estadounidense en la segunda mitad de los años 90, en plena reconfiguración de la izquierda en torno a la política identitaria y el multiculturalismo. La historia es esta: una chica de la misma generación de este grupo de amigas había conocido a un joven mexicano durante una estancia semestral en el D.F. En la ciudad se enamoraron y decidieron vivir juntos en Estados Unidos. Luego de un tiempo al otro lado del río, sin embargo, el paisano debió darse cuenta que su corazón era muy grande para una sola gringa y le hizo a la chica una propuesta: le dijo que la relación había caído en la monotonía, que debían abrirse a salir con otras personas y que ellos debían seguir queriéndose sin compromisos en un proceso que él llamo “reconquista”. Una de las amigas de mi esposa le advirtió claramente que el mexicano le estaba echando un choro barato para no perder los privilegios de su cama, pero “sin ataduras”. Sin embargo, la chica se retorcía de angustia. “¿Y qué tal –respondió llorando- si la ‘reconquista’ es una práctica cultural legítima en México y yo no la puedo entender desde mi etnocentrismo?”


Después del ataque extremista contra Charlie Hebdo hubo una explicable condena unánime a la infamia, pero también una clara división acerca de la forma de expresar la solidaridad a la revista. Hubo quienes hicieron suya sin reservas la consigna “Je suis Charlie” y también quienes se apresuraron a deslindarse de ella ofreciendo una amplia gama de razones. Me interesa especialmente cómo se expresó esa división en la izquierda porque me parece que algunos de los argumentos en contra de ofrecer una solidaridad irrestricta a la publicación reflejan un poco de ese sentimiento de culpabilidad y pérdida de autoconfianza frente al multiculturalismo de la historia de la chica universitaria y el mexicano con corazón de condominio.

XABEL VEGASParadójicamente a la progresía de esta parte del planeta le gusta recurrir a un elemento propio del cristianismo más beato como es el de la culpa. La mala conciencia nubla el entendimiento y distorsiona la mirada que tenemos hacia la realidad. Pertenecemos a la parte privilegiada de la humanidad y eso pesa tanto que buscamos la explicación de todos los males del mundo en nuestra propia maldad primigenia, en nuestro particular pecado original. No falta quien utiliza el imperialismo occidental como comodín justificatorio de todas las barbaridades que comenten otros, como si un mal justificase siempre un mal contrario. La reacción de una parte de la izquierda europea ante los atentados contra el Charlie Hebdo ha puesto de manifiesto una vez más ese tipo de ideas.


Van a disculparme que no solo no reniegue de formar parte de la región del mundo que disfruta de más libertades individuales sino que celebre dichas libertades e incluso las desee para los ciudadanos de otros lugares del planeta. No pienso caer en la trampa de la mala conciencia que desprecia elementos tan fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de orientación sexual o la igualdad de género, como si fuesen caprichos occidentales. El deseo de exportarlos a aquellas partes del mundo donde no pueden disfrutar de ellos no es un síntoma de imperialismo uniformizador, por más que algunos se empeñen en ello.  Solo una mentalidad aburguesada puede restar valor, en nombre del particularismo, a derechos que para nosotros son innegociables. Como si el resto del mundo no estuviese preparado para entender su significado y como si los europeos tuviésemos la obligación de ayudar a quienes no lo son a preservar sus culturas, por más preceptos aberrantes que puedan contener. Una actitud paternalista que victimiza al no occidental y lo discrimina tratándole como un menor de edad no preparado para comprender nuestros valores más elementales.






MAIK: Hay dice que la libertad de expresión tiene o debería tener limites...

GERARDO VILCHES: Nos estamos equivocando terriblemente. En serio. Si ése va a ser el discurso, si la izquierda va a ser así, perdón pero yo me bajo. Esto no es ser de izquierdas, o al menos no es la idea que yo tengo de ser de izquierdas. Primero: la oración «Estoy a favor de la libertad de expresión» debe ser simple y terminar con un punto. No admite matices. Si los tiene, entonces ya no es libertad. Si consideras que una cosa es la libertad de expresión y otra faltar al respeto, entonces no has entendido absolutamente nada. La libertad de expresión incluye la posibilidad de faltar al respeto. Porque si tenemos que respetar las creencias, entonces tenemos que respetarlas todas; incluso las absurdas o las que sólo sostiene una persona. Lo cual equivale a decir que no podemos reírnos de nada. Pero si la cuestión es que alguien considera que no puede satirizarse una religión porque es la que profesa un pueblo oprimido, entonces vamos todavía peor. Primero, por el paternalismo etnocentrista de quien está intentando ser más tolerante y multicultural que nadie. Y segundo, porque precisamente es la versión dura de esa religión la que está oprimiendo a millones de árabes.


Musulmanes o no, religiosos o no. Estáis errando el tiro: no es con el radicalismo y el fanatismo con el que debéis ser tolerantes. No son «sus costumbres»; es un sistema de control totalitario y asfixiante que está matando, sobre todo, árabes. Que oprime a las mujeres, que castiga la disidencia, que tortura. Que hace todo lo que aquí hemos luchado, desde la izquierda, por erradicar. Y ahora, por no querer pecar de lo que con acierto denunciáis en la derecha, por no dar pie a que nadie dude de vuestro respeto a otras culturas, estáis comulgando con ruedas de molino. Ruedas de molino peligrosas, además. Y se cae en una esquizofrenia cultural llamativa: se defiende el velo porque las monjas también llevan la cabeza cubierta y al mismo tiempo se critica la iglesia católica por relegar a las mujeres a ese rol. Se exige el laicismo para nosotros pero se respeta el integrismo para ellos. Sólo que ya no hay un nosotros separado de un ellos.

No es una cuestión cultural. Se trata de opresión y tiranía. Y, creedme, a nadie le gusta ser oprimido. Pensaba que eso sí lo teníamos claro. Si ante la prohibición de dibujar a Mahoma la respuesta es no dibujarlo, entonces han ganado los opresores.

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ: Por principios creo en la libertad de expresión y me alarma mucho el peligro de que la conducta individual o social se vea controlada y regida, y sobre todo censurada, por lo "ofendido" que se pueda sentir alguien por lo que diga otro. Cualquier cosa puede ser interpretada como algo "ofensivo", y entonces no se podría decir nada porque todo ofende. Lo que estoy escribiendo ahora puede ser ofensivo para alguien, ¿ya por eso pierdo el derecho de escribirlo?

Lo que parece estar prevaleciendo es la idea de que se debe censurar sólo aquello a lo que los "ofendidos" respondan con brutal violencia, ya sea verbal, psicológica o físicamente. Que no puedas criticar a los terroristas islámicos porque miles de willystoledos salten babeantes a llamarte "racista", que no puedas expresar una opinión de izquierda porque los derechistas puedan presionar a tu empresa para que te despidan... es la censura por la vía del miedo y convierte en blanco de la crítica sólo a aquél que no está dispuesto a atacar, golpear, destruir o matar por sentirse "ofendido".

Quizá a algunos les parezca de mal gusto, pero esta caricatura tiene tanto derecho de existir y ser publicada como las que hacía Charlie Hebdo. Los intentos de censurarla por parte del gobierno francés son un absurdo repugnante.
El colmo de la ironía: fui expulsado de Facebook durante siete días por postear esta imagen
Defender la libre expresión es defender que la gente diga cosas que no nos gustan. O estar dispuesto a callarnos si a cualquiera resulta que no le gusta lo que decimos, que equivale a convertir al mundo entero en una mezcla aterradora de Irán, Corea del Norte y la Alemania Nazi.


JORGE HILL: ¿Qué importa si te ofende? ¿Qué importa que algo que para ti es sagrado, para otra persona sea un absoluto absurdo digno de risas? Nada, si viviéramos en un mundo en el que la gente ha aprendido que su moral y su visión del mundo no es la única ni la válida, que es únicamente la suya aunque la comparta con otro puñado de millones.

Pero no, ellos quieren “límites”. ¿Desde dónde vendrá el límite? ¿Qué discurso, qué poder y qué moral lo impondrá? ¿Le hará gracia y le parecerá muy bien al que quiere poner “límites” cuando se los pongan a él, cuando se limite o se anule la adoración y expresión de sus símbolos más queridos y sagrados?

No, aquel que quiere poner límites a la libertad de expresión asume que se impondrán desde su moral, que serán cómodos para él, que estarán “de su lado”. Tremenda inocencia, la que deviene de vivir el delirio de una única y verdadera moral: ¿cómo habría otra opción?

NOAM CHOMSKY: La apasionada y ubicua consigna "Yo soy Charlie", no debería entenderse como un indicio, ni siquiera como una insinuación, de asociarse con la revista. En cambio, debería expresar la defensa del derecho a la libre expresión sin importar lo que se opine de los contenidos, incluso si se les considera odiosos y depravados.

GONZALO FRASCA: Es cierto que hay vestidos, ideas, dibujos y textos que nos pueden molestar y hasta ofender. Muchos dibujos de Charlie Hebdo (y de su equivalente edulcorado estadounidense, South Park) no me hicieron gracia y varios me indignaron. Pero las únicas alternativas civilizadas son ignorarlos o responder en el mismo plano: escribiendo, dibujando y argumentando. Si reaccionamos con violencia física nos convertimos en bestias. Y como dijo Buda: “quien te enfada, te domina”.

La dificultad de convivir con el otro es parte de la naturaleza humana. Pero en los últimos años, gracias a las redes sociales, está quedando documentada por escrito y eso nos ayuda a ver cómo nosotros mismos reaccionamos frente al debate y la intolerancia.

SANTIAGO ALBA RICO: No es que uno no pueda hacer daño escribiendo y dibujando -enseguida hablaremos de esto-; es que escribir y dibujar son tareas que una larga tradición histórica compartida sitúa en el extremo opuesto de la violencia; si se trata además de la sátira y el humor, nadie nos parece más protegido que el que nos hace reír. En términos humanos, siempre es más grave matar a un bufón que a un rey porque el bufón dice lo que todos queremos oír -aunque sea improcedente o incluso hiperbólico- mientras que los reyes sólo hablan de sí mismos y de su poder. El que mata a un bufón, al que hemos encomendado el decir libre y general, mata a la humanidad misma. También por eso los asesinos de París son fascistas. Sólo los fascistas matan bufones. Sólo los fascistas creen que hay objetos no hilarantes o no ridiculizables. Sólo los fascistas matan para imponer seriedad.

MAIK: Hablando de eso, otros han dicho que publicar esos contenidos simplemente era imprudente...


GERARDO VILCHES: El argumento del miedo me apena más incluso que el anterior, que más bien me cabreaba. «¿Qué necesidad hay de provocar? Hombre… seamos juiciosos». Tanto darle vueltas a los límites del humor y de la libertad de expresión para llegar a la conclusión de que el límite está en las pistolas. Así de triste. Di lo que quieras pero si te pueden pegar un tiro, cállate. Esto no me lo estoy inventando, ni estoy haciendo parodia: son comentarios que se escuchan y leen en estos días, dichos por gente supuestamente tolerante y abierta. «Se lo han buscado», «Ya sabían el riesgo que corrían». El argumento de ser tolerante con la intolerancia porque las consecuencias pueden ser sangrientas es, lo voy a decir claro, aterrador. Supone una derrota absoluta, en mi opinión, de unos valores y una ideología que debería buscar todo lo contrario: la valentía, el arrojo, la lucha por lo que se cree. Si nos metemos con unos porque no nos ponen bombas pero con los que sí lo hacen nos callamos, hemos perdido. Y ellos han ganado.


GONZALO FRASCA: ¿Por qué burlarse de lo que para otros es sagrado? ¿Por qué provocar a los extremistas islámicos si sabían que podían reaccionar con violencia? Como lector de su publicación y de sus bromas, creo que lo hacían porque estaban convencidos de una verdad: no se puede convivir con fanáticos irracionales.

En la visión del semanario francés, la tolerancia políticamente correcta es como intentar convivir con un esposo golpeador. Es creer que el esposo es naturalmente bueno, pero sólo golpea cuando se lo provoca. Es convencerse de que la culpa no es del violento sino de la víctima. Es creer que si nos portamos bien, nada malo pasará. La experiencia muestra que, tarde o temprano, el golpeador golpeará.

Podemos ser políticamente correctos y decir que los dibujos de Charlie Hebdo eran “demasiado controvertidos”. Pero eso es lo mismo que argumentar que el vestido de una mujer violada era “demasiado sexy”. Aquí no hay controversia alguna: por un lado tenemos dibujos y por el otro balas asesinas.

¿Podemos convivir con fanáticos si no los provocamos? ¿O debemos dejarlos en evidencia para tomar consciencia de su brutalidad? No es una pregunta simple, pero coincido con Charlie Hebdo que es un problema con el que hay que lidiar más temprano que tarde. Por eso creo que, a pesar de no compartir muchas veces su humor, era y seguirá siendo necesario.

JORGE HILL: Ya no sorprende a nadie que automáticamente se escupan al aire cretinismos repetitivos vacíos como “Se lo buscaron”, con esas palabras u otras, con velos lingüísticos y desarrollos innecesarios que buscan el eufemismo intelectualizado. Al final, la lógica tan común (y tan vista en el mexicano) de culpar a la víctima por sus expresiones y por el ejercicio de sus libertades, termina cerrando su ciclo y logrando su función: atemorizar o devaluar, ejercer poder desde una moral específica (de las millones que existen) e instaurar la censura y autocensura para obstaculizar el progreso de otras morales, otros poderes, otros caminos, otras posibilidades.

Curiosamente -o no- se parece mucho al proceso terrorista. En el caso de Charlie Hebdo y otros parecidos, de la historia reciente y antigua, los dos procesos se unen para formar la aniquilación y el mensaje claro: “esto no se va a soportar, si lo haces, sufrirás el mismo destino”.

“Provocativa”, su palabra favorita. De la misma manera en la que considerarían “provocativa” a una mujer en minifalda, “ella se habrá buscado la violación”. Y se pierden en largas y absurdas apologías, justificaciones y “diferenciaciones” de esta “lógica”, en tantos “yo no dije eso”, cuando se pueden decir tantas cosas a través de una “lógica” o método de pensamiento sin usar las tantas palabras y ejemplos específicos que los pueden ir revistiendo. Un método específico y tan simple de pensamiento no se puede usar cuando conviene y ocultar cuando no. O sí, es lo que algunos creen demostrarnos.

Así, aquellos reaccionarios y victorianos trasnochados que piensan que debe haber un “límite” para la libertad de expresión nos muestran “una evidencia más” de su lógica. “¿Ya ven lo que pasa?”. Entonces nos aliamos al terror, sin ponernos el uniforme, sólo uno de los calcetines.

¿Esto nos hará terroristas? evidentemente no. ¿Aterrados? probablemente sí. ¿Moralistas mórbidos que necesitan ejercer su poder sobre todos los demás? definitivamente sí. El pan de todos los días, lo “normal”. No vaya a ser que alguien se ofenda. 



MAIK: Una reflexión final y para ello trazaré un símil. He dicho antes que estoy en contra de métodos violentos y actos vandálicos como expresiones de protesta, porque no me parece la estrategia más inteligente ni la más efectiva. Aún así, desconfío de aquellos que se esmeran más por expresar su repudio enfático hacia ventanas rotas y coches incendiados de lo que se atreven a manifestar su indignación por violaciones a derechos humanos y crímenes de Estado. Si por cada vez que expresas que matar personas no está bien, dices diez veces que "pero eso no justifica el vandalismo", algo te está fallando.

De la misma manera, desconfío de la brújula moral de cualquiera que se esmere más por expresar su repudio hacia unos dibujitos de lo que se esfuerza por condenar un asesinato. Si por cada vez que aceptas que matar personas no está bien, apuntas diez veces que las caricaturas eran muy ofensivas, algo anda mal contigo.

Como sea, más grave aún que las reacciones moralinas y mojigatas de la izquierda buenrollera contra las caricaturas de Charlie Hebdo, me parece la reacción de la derecha xenófoba y fascistoide, empezando por exigencias de que los musulmanes en general se disculpen por el atentado, que de otra forma pensaríamos por default que lo aprueban, hasta llegar a proclamas de que el Islam es un peligro para Europa y que por ello hay que expulsar o tener bien vigilados a todos los musulmanes… Éste será el tema de nuestra próxima mesa redonda, al igual que comprender los orígenes del terrorismo islámico, la responsabilidad de Occidente en su surgimiento y los peligros de una creciente islamofobia en el mundo. ¡Nos vemos!

Continuará...

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