miércoles, 25 de marzo de 2015

El Cuarto Poder



-¡Eso es lo que pienso del Cuarto Poder!
-¿Cuáles son los otros tres?
-El rey, la nobleza y los plebeyos. ¡Aprende historia de Francia!

Drederick Tatum, sobre la libertad de prensa

Creo que ésta es la parte en la que empiezo mi entrada con algún cliché tipo "en nuestros tiempos los medios de comunicación se han vuelto tan fundamentales para la sociedad que con justa razón se les llama el Cuarto Poder", pero eso es algo que ustedes y yo sabemos muy bien y que realmente no tiene mucho caso recalcar. Sabemos del enorme potencial de los medios como herramientas de la verdad y la democracia, pero también como armas del autoritarismo y la enajenación.

Pensando en lo anterior, me decidí a armar un ciclo de cine cuyo tema fueran los medios de comunicación. El propósito de esta selección es reflexionar acerca de su alcance e importancia en nuestra sociedad. Valientes periodistas que se enfrentan al poder para desenmascarar la verdad, empresarios sin escrúpulos que usan los medios para manipular al público a su favor, cadenas de televisión que lo transforman todo, incluyendo la vida misma, en un espectáculo... en estas películas podrán encontrar desde historias reales hasta farsas surrealistas y fábulas de ciencia ficción; en fin, de todo un poco para iniciarnos en algunos de los temas más relevantes que atañen a los medios y su relación con nuestras vidas.



8
Shattered Glass
(2003)




Dir: Billy Ray
Con: Hayden Christensen, Peter Sarsgaard, Chloë Sevigny, Rosario Dawson y Hank Azaria

Antes de que Hayden Christensen saltara a la infamia por perpetrar a Anakin Skywalker, hizo esta peliculita que le ganó muchos elogios y buenas críticas. Esta cinta, que en México se conoció como "El precio de la verdad", trata del joven y prometedor periodista Stephen Glass, quien tuvo una fugaz y brillante carrera en la prestigiosa revista estadounidense The New Republic. (Ésta es una revista buenísima, por cierto, les recomiendo que la sigan en Twitter para checar sus fabulosos artículos de diferentes temas.)

Para mantenerse en una revista tan genial, el joven Glass empezó a falsificar notas espectaculares, que se publicaron atrayendo mucho éxito para el chaval. La película va de cómo el castillo de naipes construido por Glas comienza a desmoronarse y la verdad poco a poco sale a la luz. Su caso nos muestra cómo hasta un medio de mucho prestigio puede caer en falsedades y lo fácil que es dejarnos enganchar por una historia fascinante aunque no sea verdad. Es también una importante lección sobre ética periodística, a través de los diferentes personajes que conocemos en la redacción de la revista.

7
Wag the Dog
(1997)



Dir: Barry Levinson
Con: Dustin Hoffman, Robert De Niro, Anne Heche, Woody Harrelson y Kirsten Dunst

En México tuvo el poco afortunado título de "Escándalo en la casa blanca", que pierde totalmente el sentido del epígrafe que da nombre a esta cinta en inglés: "¿Por qué el perro mueve la cola? Porque el perro es más inteligente que la cola. Si la cola fuera más inteligente, la cola movería al perro." Pues de esto se trata esta deliciosa y genial sátira surrealista: de cómo todo un país es  manipulado como si la cola moviera al perro (wag the dog).

La anécdota es ésta: poco antes de las elecciones el presidente de los Estados Unidos es descubierto haciendo insinuaciones inapropiadas a una niña exploradora que visitaba la Casa Blanca. Con el objetivo de desviar la atención del escándalo mediático, el apagafuegos oficial, interpretado por Robert De Niro, contrata a un productor de Hollywood, interpretado por Dustin Hoffman. Su plan: producir una guerra internacional ficticia contra un país de los Balcanes.

El resto es una delicia. Este par de pillos logran despertar la indignación del público y su deseo de intervención con imágenes filmadas en estudios, y crean de la nada un héroe americano festejado por el patriotero pueblo que celebra las victorias y se conduele con las bajas. Además, sólo por ver a De Niro y Hoffman juntos vale la pena checar este título.

El problema de esta peli, y la razón por la que no la puse en un lugar más alto, es que los conspiranoicos tienden a tomársela demasiado en serio y creer que es un documental de cómo funciona la política exterior gringa. No, las guerras intervencionistas sí existen, y se dan por causas bastante más complejas que sólo tapar los escándalos sexuales de los presidentes. Hay que verla con sentido crítico, como una parodia de la manipulación de la opinión pública mediante la sensiblería, y como una joya del humor más inteligente y, en ocasiones, muy negro.


6
The Truman Show
(1998)



Dir: Peter Weir
Con: Jim Carrey, Laura Linney, Ed Harris y Natascha McElhone

Una de las mejores películas de ciencia ficción de los 90, dentro de esa tendencia de hacer historias que cuestionaran la naturaleza de la realidad y de la ilusión, "El show de Truman" es también una fábula sobre cómo la vida y la dignidad humanas son convertidas en espectáculo para un público siempre ávido de entretenimiento.

Truman (Jim Carrey) vive cautivo, sin saberlo, en un estudio de televisión. Sus familiares, vecinos y amigos son actores. Su vida es una mentira. Jamás ha salido del suburbio en el que habita. Parece feliz, trata de adaptarse a esa única realidad que conoce, pero algo lo llama para ir más allá. Mientras, afuera, el público estadounidense mira abobado la vida de Truman, que es más bien ordinaria y anodina. ¿Qué pasará cuando el velo de la ficción comience a rasgarse?

Esta cinta ha sido analizada a múltiples niveles, como relato existencial o alegoría religiosa, pero a nosotros ahora nos interesa por la forma en que satiriza a una televisión que todo lo devora y lo convierte en espectáculo, incluyendo las vidas de los seres humanos, y que nos hace olvidarnos de la realidad para sumergirnos en un mundo de ficción.

Esta cinta salió pocos años antes de que el boom de los reality show comenzara y lo que anunciaba parecía en ese entonces inverosímil. Pero con el cambio de milenio llegó esa horripilancia que fue Big Brother y la televisión se sumergió en un hoyo negro de realities del que apenas ha comenzado a recuperarse (gracias, Netflix). La realidad supera a la ficción.


5
Good Night, and Good Luck
(2005)



Dir: George Clooney
Con: David Strathairn, Robert Downey Jr, Patricia Clarkson, Frank Langella y Jeff Daniels 

La década de 1950. El senador paranoico anticomunista Joseph McArthy encabezaba una cacería de brujas por todo el país en contra de cualquier persona que pareciera sospechosa de comunismo. Bastaba escribir o decir en público cualquier cosa que sonara demasiado liberal, cualquier defensa de los derechos laborales, cualquier queja en contra del gobierno en turno. En esos días, un periodista valiente, Edward R Murrow se atrevió a presentar oposición.

La película narra este duelo de voluntades entre Murrow y MacArthy, la forma en la que este último usa su poder político para perseguir y castigar a sus enemigos, la manera en la que el periodista combate al senador sólo armado con la verdad y el foro que tiene a su disposición. Las acusaciones falsas, las amenazas de despidos, el retiro del patrocinio... nada de eso logra quebrantar la voluntad de Murrow para hacer justicia en un país dominado por el miedo.

Esta historia nos habla de la necesidad de que existan medios críticos que se opongan abiertamente al poder, nos recuerda que la lucha de estos comunicadores valientes puede terminar en la victoria. El discurso histórico que Murrow dio en 1958 habla de la importancia de hacer de la televisión y la radio algo más que cajas idiotas: pueden herramientas con potencial para informar y educar al público. Advierte que si los historiadores del futuro pudieran tomar una semana de transmisiones de televisión encontrarían decadencia y escapismo. Para que no todo sea así, debemos tener en la memoria ejemplos de comunicadores valerosos como él.

Les dejo con el discurso:



4
The Insider
(1999)




Dir: Michael Mann
Con: Al Pacino, Rossel Crowe, Christopher Plummer y Michael Gambon

Seguimos con historias de comunicadores valientes. La verdad tuve dudas sobre si poner ésta o la anterior en un lugar más alto. Consíderenlas empatadas, y si al final opté por colocar "El informante" en un puesto superior es porque, aunque el asunto del que trata es menos importante, como película me parece un poco mejor, y es que si algo hace bien Michael Mann es meterle mucho suspenso e intensidad emocional a sus filmes.

En "El informate" nos cuentan la historia real de Jeffrey Wigand (Crowe), un científico que, tras trabajar durante años para las industrias tabacaleras, fue despedido por presentar a sus empleadores un reporte sobre los riesgos de salud que implica el consumo de cigarro. Wigand es poco después contactado por Lowell Bergman (Pacino), productor del programa de entrevistas 60 minutos.

A partir de aquí comienza un verdadero thriller. Bergman lucha por sacar a la luz verdades sobre las que las tabacaleras se hacen tontas: la nicotina es adictiva y fumar produce cáncer. Las corporaciones tienen la información científica, pero la niegan, la niegan y la niegan. Mientras abogados y matones acosan y amenazan a Wigand y a su familia, la televisora presiona a Bergman para que no saque la historia o que presente una versión censurada.

Ya habíamos hablado de la importancia del compromiso ético de los periodistas, que deberían perseguir la verdad aunque ésta afecte los intereses de los poderosos (en este caso, las corporaciones), pero aprovecho para mencionar la importancia de la ética en la actividad científica. Un científico también tiene un compromiso con la sociedad, y si sus investigaciones dan con un hecho que compromete el bienestar de la comunidad, es su responsabilidad darlo a conocer. Científicos y comunicadores valientes, hay que honrarlos.


3
Network
(1976)



Dir: Sidney Lumet
Con: Faye Dunaway, Peter Finch, William Holden, Robert Duvall y Marlene Warfield

Hasta ahora nuestro ciclo ha consistido de puras películas recientes. Vamos a revisar un poco de cine más clásico para los primeros lugares, y empecemos por la multipremiada y obligatoria "Poder que mata" (chale, los títulos de estas películas recibieron muy malas traducciones en México...). Esta cinta nos cuenta la historia de Howard Beale (Peter Finch),  un veterano presentador de noticias que está a punto de ser despedido porque sus ratings son demasiado bajos. Aprovechando sus últimas transmisiones, Beale se deschaveta en vivo y suelta netas sobre la podredumbre del orden político y social de su tiempo. Sorprendentemente, estas transmisiones logran un rating altísimo y la cadena le da a Beale su propio programa para que lace sus alocados despotriques libremente.

Ahora, lo delicioso de esta película es cómo es una sátira dentro de otra sátira. Mientras que algunos (los productores del pseudodocumental Zeitgeist, por ejemplo) se alucinan con los dislates del personaje de Finch y gritan "sí, a huevo, así funciona el mundo, esto es la neta", en la película se muestra cómo ese ranteo en apariencia subversivo es convertido a su vez en espectáculo borreguizador, en parte de la idiotización misma de la caja idiota. Beale está predicando como cualquier evangelista de la tele y su público lo admira como a un profeta. Su mensaje es que la gente apague la puta televisión, que piensa por sí misma y que salga a vivir su vida; pero el público lo sigue con devoción acrítica y fanática, obedece sus mandatos, repite sus mantras, lo sigue a través de la televisión y además, se cree que se está rebelando contra el sistema. ¿No es absolutamente exquisito?

En su afán de repetir el éxito del programa de Beale, la joven y ambiciosa productora Diana Christensen (Faye Dunaway) incluso contacta con una célula radical de guerrilleros negros, a los que seduce ofreciéndoles una serie de docudrama. El viejo productor y amigo de Beale, Max Schumacher, ve el mundo que conoce desmoronarse en una nueva dinámica sin alma en la que hasta las ideologías tienen precio. Grandilocuente y melodramática, "Poder que mata" nos muestra cómo la televisión es capaz de absorberlo todo, y que incluso la rebeldía puede convertirse en el más barato producto de consumo.




2
All the President's Men
(1976)



Dir: Alan J. Pakula
Con: Robert Redford, Dustin Hoffman, Jack Warden y Jason Robards

Grandísimo año para el cine, aquél de 1976, como pueden ver. No sólo estuvieron "Todos los hombres del presidente" y "Poder que mata", sino también "Taxi Driver". Aún así la Academia le dio el Oscar a "Rocky", pues porque son un montón de mecos, por eso.

Si hay  una historia sobre la importancia del periodismo de investigación comprometido con la ética profesional y cambio social, así sea que haya que enfrentarse con el poder más poderoso de la poderosidad, es ésta. Es la historia de Woodward y Bernstein (Redford y Hoffman) los periodistas que sacaron al sol los trapitos sucios del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Es sobre el escándalo de Watergate (la razón por la cual a todos los escándalos políticos les agregan un -gate en el nombre), en el que se descubre que el mismo gobierno de Nixon había ordenado espiar a sus rivales políticos (usando cubanos de Miami, nada más). Son Woodward y Bernstein los que destapan toda la coladera, pero no es nada fácil, pues tienen que seguir una serie de pistas que parecen no llevar a ninguna parte, hablar con Garganta Profunda (no es una actriz porno), eludir perseguidores, convencer a testigos que temen por sus vidas y, por supuesto "seguir el dinero".

Además de la valentía de los reporteros, un aspecto importante que retrata esta película es el papel del editor Ben Bradlee (Robards), quien es el que los alienta a seguir la historia hasta sus últimas consecuencias, pues detecta que hay algo más ahí de lo que aparece a simple vista, a la vez que les exige rigor periodístico y fuentes fidedignas de todo lo que presenta. Esta película deberían ponerla en todas las escuelas de comunicación y periodismo, caray.

El reportaje, tras ser publicado, desencadenó una tormenta política que terminó con la renuncia del presidente. Déjenme repetirlo: en Estados Unidos, un par de reporteros pusieron al descubierto la corrupción del presidente y éste a final de cuentas se vio obligado a renunciar. En México, pasa justo lo contrario. ¿No aman este país? :D


1
Citizen Kane
(1941)



Dir: Orson Welles
Con: Orson Welles, Dorothy Comingore, Joseph Cotten, Everett Sloane y Ruth Warrick

Es difícil hablar de algo tan enorme como "Ciudadano Kane" sin parecer un idiota. Se trata de una de las mejores películas de la historia del cine mundial, si es que no LA mejor. Es una cinta que cambió para siempre la forma de hacer cine y revolucionó el lenguaje de la narrativa cinematográfica; es un monumento de belleza sobrecogedora, en su fotografía, en sus actuaciones, en su guión, en su impresionante dirección de cámara...

Pero lo que nos importa aquí es hablar de esta película en relación a los medios de comunicación. Y es que el personaje principal de esta película, Charles Foster Kane (Welles) está basado en el magnate de los medios de comunicación William Randolph Hearst. Este señor fue algo así como el Rupert Murdoch de principios de siglo XX: igual de reaccionario, amarillista y demagogo, cualidades gracias a las cuales se hizo asquerosamente rico.

A nivel personal "Ciudadano Kane" explora la psicología de este hombre extremadamente ambicioso, enérgico y hábil, pero absolutamente incapaz de mantener relaciones sanas con sus familia y seres queridos, a todos los cuales termina alejando de su vida. A nivel social, la cinta aborda las relaciones entre el poder de los medios de comunicación y el poder de la política; Kane utiliza sus diarios para influir en la opinión pública, atacar a sus enemigos políticos, combatir medidas públicas que pudieran afectar sus intereses, e incluso tiene un papel decisivo en el involucramiento de los Estados Unidos en una guerra con otro país.

Aunque "Ciudadano Kane" como obra de arte puede apreciarse perfectamente bien por sí misma, para captarle mejor a su contexto histórico les recomiendo enfáticamente el excelente documental "La batalla por 'Ciudadano Kane'", que viene con las ediciones en DVD y blu-ray de la película. En esta excelente pieza se narran las vidas paralelas de Orson Welles, William Randolph Hearst y todo lo que ocurrió alrededor de la producción de la película, incluyendo la historia de cómo el magnate trató de sabotearla de muchas maneras y cómo influyó en Hollywood para que tras su estreno no recibiera los reconocimientos que se merece.

Vistas en dupla (ustedes elijan el orden) "Ciudadano Kane" y el documental que la acompaña brindan un panorama del poder de los medios de comunicación en un momento crucial en la historia del mundo moderno, en el que se puede hallar el origen de muchos de los fenómenos que se abordan en las cintas anteriores. Por eso me parece la película óptima para terminar con nuestro ciclo sobre el Cuarto Poder.





Antes de despedirme quiero añadir algo más. Siendo de un país como México, en el que históricamente una buena parte de los medios ha estado controlada por una empresa casi omnipotente y siempre afín a los gobiernos, en el que la inmensa mayoría de la programación audiovisual ha sido de un nivel cultural ínfimo, en el que el periodismo investigativo, crítico y de denuncia ha sido y es castigado por regímenes autoritarios, me parece importante tener muy en cuenta los temas de los que tratan los títulos seleccionados. Hoy es de suma importancia, como ciudadanos que esperan construir una democracia, que dejemos de ser un público pasivo ante los medios de comunicación y nos convirtamos en interlocutores críticos y analistas de nuestra realidad y de lo que nos presentan como tal.

lunes, 23 de marzo de 2015

El conocimiento es social


Solos no sabemos nada. Juntos lo sabemos todo.

Estoy seguro de que si alguien astuto y perspicaz se tomara la molestia de leer todos los textos que he publicado desde 2007 en este blog, encontraría una enorme cantidad de fallas. De entrada, seguro habrá muchos errores factuales que seguramente he cometido a lo largo de mi carrera blogueril y que alguien con mayores conocimientos que los míos podría señalar con facilidad.

Eso sin contar las afirmaciones que hoy en día el consenso considera conocimientos establecidos, y por lo tanto yo también, pero que en un futuro bien podrían quedar descartados. Peor aún: podría ser que yo sostengo posturas que para generaciones venideras serán consideradas absolutamente aborrecibles y a mí ni se me habría ocurrido (como Aristóteles, que con la esclavitud no tenía problema alguno).

También sin duda hallarán contradicciones, incoherencias y falacias de todo tipo en mi pensamiento tal como se ve reflejado en estos escritos. Incluso si descontamos el inevitable cambio en mis ideas que se habrá dado de forma imperceptible y gradual a lo largo del tiempo, es probable que de un texto a otro me esté contradiciendo a mí mismo o esté faltando a mi propia coherencia interna.

¿Me preocupa mucho esto? La verdad, sí. Nadie quiere vivir voluntaria y conscientemente en el error. Pero, por otro lado, el error es inevitable, porque los seres humanos somos falibles. Claro, yo creo en la honestidad intelectual, trato de ser congruente conmigo mismo, y aunque soy humano y cometo errores, eso no significa que deba simplemente bajar la guardia y dejar de esforzarme por evitarlos. Cualquier incongruencia o falta de coherencia o lógica que puedan encontrar ha sucedido sin darme cuenta y sin malicia, pueden estar seguros de ello.


Además, lo que me sirve de consuelo para no preocuparme demasiado, mis conocimientos, mis ideas, mis pensamientos, como individuo, no importan gran cosa. Porque el valor del conocimiento no es individual sino social.

Sí, mis conocimientos me aportan beneficios (y a veces problemas) y hacen que mi vida sea mejor, y algo de ello beneficia a las personas cercanas a mí, y dese luego que el bienestar personal y la felicidad individual importan, pues es absurdo pensar en una sociedad feliz sin individuos felices.

Déjenme explicarles lo que quiero decir con eso de que el valor del conocimiento es social. Verán, todos los seres humanos somos limitados; ninguno puede entenderlo ni preverlo todo, ni siquiera los grandes genios y ni siquiera en un solo tema. Nadie está exento de cometer errores, de dejarse llevar por los sesgos y prejuicios de su época, su cultura o su clase social, o por las inclinaciones y preferencias de su personalidad, aunque tratemos honestamente de ser lo más rigurosos, objetivos e imparciales (esfuerzo que, creo, es una responsabilidad).

En cambio, es como sociedad, como civilización, como especie, que vamos construyendo el conocimiento, llevando a cabo una Gran Conversación humana, en la que las visiones, ideas y saberes de unos complementan, aumentan o corrigen los de otros. Cada quien estará cegado por sus propias subjetividades, pero entre todos podemos ir superando las deficiencias en nuestro quehacer y nuestro pensar, tomando nota de las incongruencias en el trabajo de los demás, aprendiendo los unos de los otros, a través de las generaciones y de la geografía. Es la suma de lo que todos sabemos lo que importa, y la forma en la que usamos ese conocimiento para mejorar nuestras vidas.

He ahí la clave del conocimiento científico; no es, como nos ha pintado la cultura popular, el resultado del trabajo de un genio que en la soledad de su estudio o su laboratorio da con alguna Verdad. No, es un trabajo en equipo, que lleva años de experimentos, verificaciones, correcciones y añadidos que nunca terminan. No hay una Verdad, sino verdades provisionales, siempre susceptibles a ser revisadas, corregidas y aumentadas.




Genios hay, sin duda, en el sentido de que existen y han existido individuos cuyas capacidades intelectuales han sido extraordinarias en comparación con las de la generalidad; pero como ya había dicho en otra entrada, su genialidad no basta para hacer avanzar el conocimiento, sino que es necesario el trabajo de muchas personas. Además, los genios también cometen errores, a veces muy graves, pueden sostener posturas repugnantes, y con ello llegan a causar mucho daño. Pero tarde o temprano sus fallas son superadas por las generaciones posteriores, mientras que sus aportes pasan a formar parte de un acervo colectivo que sobrevive a las edades.

Por eso es que la vida del erudito que se aísla de la sociedad para refugiarse en su biblioteca, alejado del vulgo ignaro, no es admirable sino inútil. Como el tipo introvertido y ligeramente misántropo que soy, imagino que ha de ser una vida muy satisfactoria, pero no por ello menos inútil. Los conocimientos de ese sabio morirían con él, y habrá sido como si jamás hubiese existido. El conocimiento sólo es valioso si se comparte y se transmite.



En la misma línea, es peligrosísimo elevar la obra de un individuo o un grupo al grado de conocimiento supremo e incuestionable. Cuando esto sucede, hay un estancamiento, pues se asume que lo que dijo el Maestro (sea Buda, Jesús, Aristóteles, Marx, Freud o quien sea) es básicamente la respuesta definitiva, el cristal a través del cual se debe mirar e interpretar la realidad, y que basta hacer exégesis de sus textos para encontrar respuestas a prácticamente todo. Ello reduce o elimina la posibilidad de corregir los inevitables errores de pensamiento que habrán tenido incluso las mentes más brillantes, y de ver más allá de las limitaciones que todos los seres humanos tenemos. El conocimiento sólo es valioso si está sometido a crítica, revisión y confrontación constantes.

Finalmente, porque el conocimiento es social, son peligrosas la ignorancia y la superstición cuando empiezan a propagarse y adquirir fuerza en el seno de las sociedades. Me refiero a la ignorancia no sólo como falta de conocimientos (todos somos ignorantes en ese sentido: todos), sino como esa fuerza arrogante, prepotente y activamente hostil hacia el conocimiento. Precisamente por eso es riesgoso adoptar una actitud complaciente y decir de aquellos que predican la superstición que no más hay que dejarlos en lo suyo, creyendo lo que quieran creer, que no hay problema mientras nosotros sí estamos en lo correcto. Por lo general la postura más decente y civilizada es la de "vive y deja vivir", pero cuando la ignorancia gana terreno, hay que combatirla de frente, porque si se le da suficiente espacio, puede llegar a posiciones de poder desde las cuales tenga la facultad arrasar el saber colectivo y arrojar a las sociedades de vuelta a etapas de oscurantismo (vimos un ejemplo reciente con los anti-vacunas). El conocimiento sólo es valioso si estamos dispuestos a defenderlo de la ignorancia.




Así que, en conclusión, es bueno, es loable, yo diría que es necesario, que cada uno de nosotros trate de aprender todo lo que pueda de la mejor manera posible, que aprenda a pensar y razonar evitando las incongruencias, las falsedades y las falacias, que se esfuerce por desarrollar al máximo sus capacidades humanas. Pero siempre a sabiendas de que nadie puede saberlo todo, que la objetividad y la racionalidad perfectas y absolutas son imposibles; y sobre todo, que importan menos mi erudición y mi genialidad que el conocimiento que ahora mismo, continuamente, infinitamente, estamos construyendo como especie.

No soy un genio, sé que yo no haré ningún gran descubrimiento, ni construiré un sistema filosófico que cambie al mundo, y seguramente he dicho y seguiré diciendo muchas tonterías. Pero, ¡hey! no importa. Mis tonterías serán olvidadas, y me contento con haber enseñado algo de lo bueno a alguien, de haber dado una buena idea, de haber enunciado alguna buena frase para esta Gran Conversación.

martes, 17 de marzo de 2015

Ciencia y superstición. Espiritualidad y materialismo.



En mi experiencia, una de las razones por las que muchas personas rechazan el conocimiento científico es que, argumentan, va en contra de lo que consideran "espiritual". Una visión científica del mundo, dicen, es materialista, deshumaniza y niega el aspecto espiritual de la existencia. Estoy hablando de personas que buscan esta espiritualidad en prácticas y creencias de la "Nueva Era", misticismos orientales, cosas como los cristales, las energías, los niños índigo, el reiki, las medicinas alternativas, el feng shui, la astrología, el tarot, las auras y otras por el estilo, pero también en las personas que siguen religiones organizadas,  ya sean el catolicismo u otras más exóticas de ésas que les gustan a los hípsters.

Pero la creencia y práctica en todas estas faramallas, las cuales cuando no están demostradas como falsas, tampoco tienen ninguna base para siquiera considerarlas como probables, ¿realmente lleva a la espiritualidad? ¿Por qué la gente cree que creer en magia, dioses, seres sobrenaturales y cosas que no existen los llevará a ser más "espirituales"? ¿Por qué asumen que por carecer de estas creencias uno sería más vacío, materialista, frío, sin alma, una especie de robotito que anda por la vida sin propósito?

¿Qué es lo espiritual? Es una pregunta que puede complicarse mucho, irse por los terrenos de la semántica o la filosofía, o caer en el esoterismo. El ser humano, sin duda, tiene necesidades que van más allá de lo material, de lo físico, de lo biológico. Tenemos necesidades afectivas y psicológicas también. Necesitamos sentir, entre otras cosas, que tenemos un propósito, que formamos parte de algo importante, que nuestras acciones tienen trascendencia.

Les voy a poner tres videos en esta entrada, empezando por éste, que resume muy bien lo que pienso de toda esa gente y su "espiritualidad"

  


En lo personal, yo llamaría "espiritual", a aquello que no tiene un valor material directo y obvio, aquello que no produce una ganancia económica ni "te da de comer" como dicen los más pedestres de los individuos, y que, sin embargo, hacen la vida hermosa y que valga la pena vivirse. Me refiero a valores abstractos, tales como el Amor, la Amistad, la Familia, la Libertad, la Justicia, la Paz, el Bien, el Arte, la Belleza, la Sabiduría... Yo le doy mucho valor en mi vida a todo ello, y es en su búsqueda contemplación y consecución que encuentro lo que la gente llama lo "espiritual", la clase de satisfacción inmaterial y difícil de definir que va más allá de las necesidades biológicas y monetarias.

Ahora bien, no veo cómo es necesario creer en la magia, los dioses, las hadas, los ángeles, las energías o los astros para conocer y apreciar esta clase de satisfacciones. Puedo sentirme sobrecogido por la belleza del cielo estrellado, puedo admirar hasta las lágrimas a quienes luchan por la libertad y la justicia, puedo abogar por la importancia del arte en nuestras vidas sin necesidad de creer que seres sobrenaturales o fuerzas místicas están como principio o destino de cualquiera de estas experiencias.

Entiendo, claro está, que se busque satisfacer las necesidades espirituales en dichas creencias. Sentirse conectado con Dios o el universo, saber que se hace su voluntad, que se salvan almas en su nombre, que se forma parte de una hermandad humana, que se trascienden las barreras materiales en busca de una mayor consciencia y wara wara. De verdad que entiendo el sentimiento subjetivo detrás de todo eso, aunque no lo comparto, y siento que sobra e incluso que muchas veces estorba.



Yo no digo que una persona no pueda encontrar satisfacción a sus necesidades espirituales en tales creencias sobrenaturales y esotéricas, por más falsas que sean. No niego la importancia de lo subjetivo en la vida de los seres humanos. Lo que yo sostengo es que A) Una persona que no cree en lo sobrenatural puede encontrar perfectamente satisfacción a lo que comúnmente se llaman necesidades espirituales en experiencias muy enriquecedoras y B) Muchísimas veces lo que se busca en las supersticiones no es nada "espiritual", sino más bien se pretende cubrir necesidades y deseos bastante terrenales.

Va uno de los ejemplos más claros que me he topado a lo largo de la vida. En una ocasión, que no viene al caso explicar, me encontré de vendedor de matrículas para cursos de inglés. Los talleres de capacitación para los vendedores, así como los rituales (no hay otra forma de llamarlos) que se realizaban antes de mandarnos a cazar clientes, estaban llenos de superstición. Por ejemplo, todas las mañanas una señora dirigía una serie de movimientos de baile que teníamos que hacer para librarnos de "malas energías" y tener buenas ventas. Había que girar sobre nosotros mismos, pero siempre para cierto lado, para que las "energías" se cayeran.

El libro de cabecera del nuestro jefe era "El Secreto" y él era un fiel creyente en la ley de la atracción (que es una creencia sobrenatural y esotérica, aunque use un lenguaje pseudocientífico). Nos decía que él había vivido en una ciudad de la que todos decían que era muy peligrosa, pero que a él nunca lo habían asaltado. ¿Su secreto? Él pensaba "a mí nunca me van a asaltar" y la magia de la ley de la atracción hacía el resto. En una ocasión él iba a visitar a un cliente y se le cruzó por la mente la idea "¿y si al llegar a su casa no está?" Grave error, nos dijo, pues por pensar eso, cuando llegó, no lo halló. Desde entonces siempre pensaba positivo.

El nivel de arrogancia de un sujeto que cree que sus pensamientos son capaces de transformar la realidad y el comportamiento de las personas y, aún más, de suponer que aquellos a los que les pasan cosas malas es porque no "pensaron positivo" es suficiente para causarme náuseas morales de sólo recordarlo. Pero además lo molesto es que estos tipos, con su creencia en las energías y en la ley de la atracción, eran de lo más materialistas del mundo. Seguían estos rituales mágicos no con el propósito de conectarse con el universo o lograr la paz del alma, sino de vender. Eso era todo.



No les interesaba el arte, tener buenas relaciones con sus familias, o la justicia en el mundo. Es más, se nos advertía que para triunfar en la empresa había que dar todo nuestro tiempo, sacrificando a la familia si era necesario y se nos exhortaba a no ver las noticias para no andar estresados ni preocupados por el mundo, porque ¿para qué te vas a preocupar por algo que no es tu negocio? Eso sólo te llena de malas vibras y eso es negativo para tu venta. Mi mentor en este empleo decía "A estas alturas de mi vida yo lo que busco no es amor, ni cariño ni esas mamadas. Yo lo que quiero es di-ne-ro."

En el mundo Godínez esta combinación de superstición y materialismo es muy frecuente por lo que he visto. Un vendedor de otro trabajo que tuve contaba como en una ocasión iba en carretera en un viaje de negocios, cuando vio que le quedaba poca gasolina. Pensó positivo y ¡magia! el tanque le alcanzó para llegar. Ese mismo tipo que nos aseguraba que es necesario creer en algo, nos decía momentos antes que lo más importante para el negocio (¡una escuela!) es captar clientes. Y el dueño de otra escuela en la que trabajé, un tipo déspota y prepotente a quien le importaba poco la educación y que sólo veía cómo le sacaba más dinero al negocio, en una ocasión me mandó una cadena de un sortilegio chino... para ganar dinero reenviándola.

Ejemplos así podemos encontrarlos muchos. Piensen en cuántas supersticiones hay para ganar más dinero, o para que nos vaya mejor en los negocios. Piensen en cómo se recurre a limpias, brujerías y adivinaciones para objetivos de ese tipo. Hay amuletos, rituales, inciensos y hasta cadenas de e-mail, Facebook o WhatsApp (porque la superstición se actualiza con la tecnología). Preparando la presente entrada me topé con esta página, sobre cómo hacer dinero fácil con tonterías supersticiosas (la respuesta es vendiendo remedios inútiles a tontos supersticiosos, digo yo).



Y no sólo eso: piensen en la cantidad de veces en las que se recurre a la divinidad o a la magia para pedir cosas de lo más mundanas: cerrar un negocio, obtener un empleo, aprobar un examen... Se reza al "niño futbolero" para que gane la selección nacional, y los futbolistas mexicanos tienen la costumbre de persignarse después de anotar un gol, como si al ser supremo que creó el universo y lo dotó de leyes le importara un juego de pelota. ¿Es eso ser espiritual?

La salud es algo muy importante de la vida, y es difícil ser feliz cuando la salud propia o la de un ser querido declina. Pero no veo por qué es más "espiritual" buscar un remedio en la acupuntura o en la santería que en la medicina científica, ni entiendo cómo optar por lo segundo a sabiendas de que lo primero son patrañas me haría "vacío" o "cerrado".

El amor es una de las necesidades a la vez más básicas y más elevadas de la existencia, pero creo que se abarata cuando se recurre a amuletos, hechizos, a santos puestos de cabeza para conseguirlo, ¿no? Depender de la intervención de seres mágicos que manipulen la voluntad de la persona deseada, o de plano drogarla, ¿cuál es la diferencia? Que drogarla funciona, por lo menos para poder abusar de esa persona.



En cambio, en el conocimiento que brinda la ciencia uno puede encontrar satisfacciones profundamente espirituales. En el entender que somos literalmente polvo de estrellas, que a pesar de nuestra insignificancia e intrascendencia para la totalidad del universo estamos aquí y podemos contemplarlo y empezar a comprenderlo. ¿Acaso la búsqueda del conocimiento, del entender sólo por entender, por desentrañar el misterio, sin importar la ganancia o el lucro que nos pueda generar, no es algo poderosamente espiritual?

Quiero ahora compartirles otro video, fragmento de la serie Cosmos, de uno de mis héroes personales, el astrónomo y divulgador Carl Sagan. Sólo véanlo y díganme si no hay en sus palabras mucha más espiritualidad que en las de todos los gurús de la Nueva Era, pensamiento místico oriental, oshos y deepak chopras:




En conocer la humildad de nuestro origen está el entusiasmarse con las posibilidades de nuestro destino. No somos la criatura formada a imagen y semejanza del Todopoderoso y no perdimos la perfección y el paraíso por comer una manzana, ni manchamos nuestra alma otrora pura. Somos el eslabón presente de una larguísima cadena que poco a poco se ha hecho cada vez más compleja. Fuimos moléculas sin mente ni sensación flotando al azar en el caldo primigenio. Fuimos bestias aullando en el bosque, mirando estúpidos y aterrados los fenómenos del cielo sin comprender. No éramos nada y ahora somos la forma en la que el universo se conoce a sí mismo. ¿No es ésa una mayor epifanía que la de cualquier profeta?

Déjenme compartirles este fragmento de la obra de teatro Heredarás el viento, de Jerome Lawrence y Robert E. Lee:

-Pero, ¿es que existe algo sagrado para el renombrado agnóstico?
-¡Sí! ¡La mente humana individual! En la facultad de un niño para dominar las tablas de multiplicar hay más de sagrado que en todos sus proclamados "amén", "santos" y "osanas". Una idea es un monumento más grande que una catedral. En el avance del conocimiento humano hay un mayor milagro que palos convertidos en serpientes o en la partición  de las aguas.
Diría que amo la ciencia, pero eso sería injusto para quienes hacen ciencia. Más bien, amo que haya gente haciendo ciencia y que puedan comunicar ese conocimiento, provocando maravilla y asombro en mi mente.

Tampoco quiero decir que la ciencia sea EL camino hacia la espiritualidad, o que los científicos sean siempre sabios del tamaño de Carl Sagan. Están el arte y el amor, sólo por mencionar dos experiencias que pueden llevar al éxtasis espiritual. Pero sí digo que acercarse a las ciencias puede ser una manera de hallarse ante la contemplación de lo sublime, como lo entendía el filósofo Immanuel Kant, y tener vivencias que sólo se podrían describir como espirituales.

Ahora sí, para finalizar y recalcar todo lo que acabo de decir, les dejo este otro video:





Que tengan una bonita vida.

domingo, 1 de marzo de 2015

Respetando a los imbéciles



Como si se tratara de una noticia proveniente de algún país subdesarrollado o de tiempos pretéritos, en enero de 2015 nos enteramos del brote epidémico de sarampión que se dio en California, Estados Unidos. Una enfermedad que desde el año 2000 había sido oficialmente erradicada del mundo desarrollado aparecía repentinamente a partir de un contagio en uno de los parques de Disney.

¿Qué puta madre pasó? Los antivacunas, eso pasó. Personas que están en contra de la vacunación porque creen que causan más enfermedades que las que previenen, incluso que provocan autismo en los niños. Se trata de un movimiento anti-científico, tecnofóbico, conspiranoico y bastante estúpido que había cobrado mucha fuerza en los últimos años en Estados Unidos y que ya dejaba sentir su influencia en otras partes del mundo. Los más delirantes de sus miembros aseguran que las vacunas son una forma de los #PoderososQueGobiernanElMundo para enfermar o controlar a la población mundial por quién sabe qué oscuros propósitos.

No me voy a tomar el tiempo, principalmente porque no tengo los recursos para hacerlo, de plantear una defensa de la vacunación. No puedo yo explicarles con detalles cómo funciona el sistema inmunológico, en qué consiste el concepto de "inmunidad de rebaño", y por qué es tan importante esta parte de la medicina preventiva para el bienestar colectivo. Para eso les pongo unos enlaces a continuación:






(In english).

Lo que sí puedo decirles es que:

1.- No hay un debate científico sobre la efectividad y seguridad de las vacunas. No son científicos ni profesionales de la salud los que quieren convencer al mundo de que hay una controversia. Son charlatanes profesionales hippies de primer mundo, teóricos de la conspiración, conejitas de Playboy y gente completamente atarantada que no sabe de lo que habla; ellos son los que insisten en este asunto, los que convencen a gente sin los conocimientos necesarios para darse cuenta de que les están pendejeando.

2.- Todos, de verdad todos, los conocimientos científicos de que disponemos, y las evidencias de décadas de vacunación, nos aseguran que vacunar a los niños es lo mejor, porque previene enfermedades que podría llevarlos a mucho sufrimiento, lesiones permanentes o incluso la muerte. Sabemos que es mentira que exista relación alguna entre la vacunación y el autismo, o cualquier otro riesgo del que los anti-vacunas insisten en advertirnos (lean cualquiera de los enlaces anteriores; o todos, mejor).

3.- "Ah, pero es que la ciencia occidental está al servicio de la hegemonía y el capitalismo. Por eso todos esos estudios 'prueban' lo que les conviene" Eres un idiota, de veras, no hay vuelta de hoja. Estás tan delirante que para poder explicarte el por qué las evidencias y los estudios llevados a cabo por muchas instituciones y científicos alrededor del mundo no coinciden con tus creencias personales te has inventado una mitología en la cual todos los científicos de instituciones públicas y privadas, todos los gobiernos y todos los medios de comunicación de este jodido planeta están en una sola gran conspiración global para ocultar la verdad. No jodas, si de verdad que es así de grande el complot, ¿qué esperanza tienes siquiera de desenmascararlo? Por favor, suicídate.



Y no, perdónenme pero discúlpenme pero no voy a ponerme buenrrollista con los antivacunas. No tengo que ser comprensivo, ni tolerante, ni nada de eso. Estoy hasta la madre de que cuando sale gentuza de este tipo promoviendo sus pendejadas uno tenga que respetar su mierda. Ay, no les digas "tontos", qué malito. Y mi actual despotrique va contra esa actitud, porque es esa onda de respetar a los imbéciles lo que les permite difundir su imbecilidad.

Este artículo de Slate dice, entre otras cosas, hay que comprender a los pobres padres y madres antivacunas de California, porque en los 80 y 90 sonaba plausible la hipótesis que relacionaba vacunas con autismo. Mierda de toro. La ciencia detrás de la vacunación era casi tan sólida en ese entonces como ahora (estudios posteriores sólo reafirmaron lo que ya se sabía). Estas personas no son los habitantes de una remota aldea en el cuarto mundo que tengan una comprensible desconfianza hacia todo lo que les porta el hombre blanco y el mundo moderno. No son los habitantes de un medio rural pobre que no han tenido acceso a la educación y a la información.

Son personas de orígenes clasemedieros del país más rico y desarrollado del mundo que, teniendo la educación, la información y los recursos, escogieron la superstición por encima de la ciencia, sustentándose en falacias lógicas y cognitivas, en mentiras y en ignorancia. Su creencia no es respetable. Es una creencia factual, objetiva y demostrablemente falsa, y aún así podríamos aplicar con ella el "vive y deja vivir", si no fuera porque además causa daños a sus creyentes y a terceros.

Ok, la comunicación es importante, desde luego. Mucha de esta gente sólo está equivocada, mal informada. Si uno es agresivo, si de buenas a primeras llega en plan de decirles "todo lo que crees está mal" o "eres un idiota", se bloquean las posibilidades de comunicación y nos sale el tiro por la culata. A estas personas hay que tratarlas con paciencia, buscar el diálogo y la comprensión mutua.

Pero existen muchos también que están más allá de toda salvación, que no cambiarán su forma de pensar ni ante las evidencias más contundentes, que se aferrarán a sus errores hasta el fin del mundo. Éstos son los que no merecen ningún respeto a sus ideas. No digo que se les prohíba creer en la estupidez que quieran, ni que se les violente ni acose en la calle o en sus vidas privadas. Pero es importante señalarlos por lo que son: los idiotas del pueblo.



Cuando hablé de los creacionistas me criticaron por llamarlos "tontos", "orates" y por decirle "Pendejon" a "Pendleton", el misionero del creacionismo gringo en México. En una ocasión copié y pegué en mi página de Facebook los berridos incoherentes que un conspiranoico puso como comentarios en este blog, y alguien me cuestionó que para qué expongo de esa manera a la gente que se equivoca, que porque los quiero humillar en vez de informarlos, que qué mal rollo.

Cthulhu sabe que trato, por principio, siempre de hablar educadamente con la gente, y que no me pondré agresivo a menos que se pongan agresivos conmigo. Pero es que hay un enorme problema. Existe un tipo de imbécil, como los creacionistas, los anti-vacunas, los negacionistas del cambio climático y los conspiranoicos, que no es modesto ni humilde. No se comporta como si fuera el miembro de una minoría perseguida, como si viviera temeroso de las represalias, no es alguien de quien se podría decir "pobrecito, déjalo, ya ha sufrido demasiado, con vivir en una alucinación ya tiene bastante". Es alguien que se porta como si fuera un puto iluminado, un acólito elegido por el Mesías mismo.

Ser ignorante o cometer errores no es el problema: todos somos ignorantes sobre la mayoría de las cosas, todos cometemos errores y todos alguna vez hemos creído en pendejadas. El problema es esa clase de imbecilidad arrogante, que alardea y grita a los cuatro vientos su falta de conocimientos, de coherencia y de raciocinio. Y ésa es la que tiene ser humillada, ridiculizada, escarnecida, porque ésa es el arma contra el soberbio, contra el que se siente demasiado importante, ciego a su propia estulticia.

Decía Oscar Wilde que si quieres que la gente deje de hacer algo es más efectivo criticarlo por ridículo que por inmoral. Steven Pinker, en su libro sobre la violencia, está de acuerdo. Ridiculizar una idea es la mejor forma de volvernos inmunes a ella. Por eso es importante que quede bien claro para cualquier indeciso, para cualquiera que haya llegado tarde al debate, que las cosas que plantean los anti-vacunas (y los creacionistas y los conspiranoicos y los magufos en general) son estúpidas y peligrosas, dignas de burla y escarnio, como el bufón que se para en medio de la plaza y se proclama rey del mundo (por eso hice hace poco esta recopilación de comentarios de Facebook).



Oh, yo sé que ninguna de estas personas escoge estar equivocada adrede, que todas ellas creen que están haciendo lo correcto por ellas mismas y por sus hijos, que hay razones personales, psicológicas, sociales y culturales por las que un individuo puede ser presa de estas falsas creencias y que no depende exclusivamente de la voluntad. Pero como dije antes, si realmente estas personas ya están más allá de toda persuasión, si ya establecimos que ningún razonamiento, ningún cuerpo de evidencias va a cambiar su forma de pensar, debemos usar el ridículo como anticuerpo que mantenga a raya los memes de esta secta, no sea que infecten las ideas de los demás.

Pero noooo, los buenrolleros dicen que hay que ser comprensivos, respetuosos, tolerantes. Con los antivacunas, aunque estén provocando epidemias de enfermedades a las que ya habíamos derrotado. Con los creacionistas, aunque estén pugnando porque se enseñen falsedades en las escuelas. Con los negacionistas, aunque estén bloqueando acciones políticas y sociales para minimizar los devastadores efectos del calentamiento global. Con toda esa gente que se se cubre orejas y ojos ante la evidencia científica y lucha con trampas, mentiras y estafas para hacer prevalecer sus propias supersticiones. 

Todo por ese afán buenrollista de querer ser tan moralmente superior que ya ni juzgan, que están tan por encima de la humanidad que renuncian a tener criterio; ese afán de ser tan buenazos, de poner la otra mejilla (figurada), de ser  Jesús y Buda, que con tal de no parecer arrogantes, irrespetuosos, prejuiciosos, etnocéntricos o despectivos, se abstienen de usar su capacidad de raciocinio y dejan que la insensatez crezca hasta convertirse en atrocidad, que haya sufrimiento y muerte antes de contaminarse con el pecado de la intolerancia, porque "hay que respetar, ¿quién eres tú para juzgar?".

Pues soy alguien que se podría ver afectado en su salud o en la de sus seres queridos por las acciones estúpidas de los anti-vacunas. Soy alguien que además le emputa que la gente tenga que sufrir cuando existen los medios para evitarlo, que bastante sufrimiento hay en este mundo para que tengamos que tolerar más por buenrolleros.



Lo que yo quiero es que los antivacunas y demás fauna por el estilo tengan el mismo prestigio social que los conspiranoicos que se ponen sombreros de papel aluminio para que los extraterrestres no lean su mente. Por ello, creo que el ridículo es un arma poderosa y eficaz para mantener sus ideas en cuarentena. La salud y bienestar de muchas personas de muchas personas está en juego.

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