miércoles, 10 de febrero de 2016

Hablando de cómics en los cómics



Con su permiso, voy a ponerme nostálgico y transportarme a aquella época en la que los cómics de Marvel y DC aparecían bajo el sello de Editorial Vid, importantísima empresa mexicana sin la cual es imposible entender la historia del cómic en México. Vayamos a la segunda mitad de la década de 1990, en que su seguro servidor pasó de ser un lector casual de historietas a volverse un fan como Cthulhu manda. En ese tiempo yo compraba y leía casi todos los cómics de las dos casas mayores que Vid editaba en México.

El trabajo que hacía Vid era por lo general excelente, si bien de vez en cuando cometieron algunos graves tropezones y malas decisiones editoriales que no viene a cuento mencionar, y que de todos modos palidecen frente a los horrores que comete Editorial Televisa, con ejemplares llenos de faltas ortográficas de primaria y traducciones burdas que dejan los textos ininteligibles.

Además, una de las características más loables de las ediciones de Vid es que en cada número de sus historietas incluían contenido adicional interesantísimo. Donde las ediciones originales americanas metían publicidad cada dos páginas, y en donde los actuales de Televisa no hay ni madres, en los ejemplares de Vid aparecían trivias para que los lectores demostraran sus conocimientos, o listas de datos curiosos para que los ampliaran; cartas que los fans enviaban a la casa editorial, a veces con fanart o dudas que eran respondidas amablemente por el equipo.

Pero a mi parecer lo más importante eran los artículos que aparecían en las páginas de estos cómics. Muchos de ellos proporcionaban información que ayudaba a la lectura de la historieta misma, en especial sobre los personajes que aparecían en ese número. Otros tantos nos hablaban de arcos argumentales clásicos, o de artistas y escritores fundamentales para el cómic. A veces nos informaban de la próxima saga que se publicaría en Estados Unidos o de planes para una película protagonizada por nuestros personajes favoritos. En ocasiones de plano los articulistas se aventuraban a hacer análisis de los cómics o de los personajes, incluso críticas, lo que daba por resultado textos fascinantes de leer.

En esta entrada quiero rendir un modesto homenaje a esos articulistas y confieso que muchas veces me iba directo a leer sus textos, antes del cómic en sí, sobre todo porque a veces publicaban ensayos completos por entregas y me dejaban “picado”.

Al escribir esto tengo por casualidad en mis manos el número 19 de Spider-Man (octubre de 1999)[1]: de 32 páginas, 5 las dedican a contenido adicional creado por el equipo de Vid, sin contar los forros, que también fueron aprovechados para ese propósito. Me voy a centrar en los textos que aparecieron en las páginas del Trepamuros, porque ahí vieron la luz algunos de los más interesantes (y para que no digan que nunca hablo de Marvel).

Hay tres nombres que quiero rescatar y a los que quiero honrar: Everardo Ferrer, Uriel A. Durán y Héctor C. Garza.

Les voy a poner un ejemplo de lo que hacían estos caballeros por nosotros. Spider-Man #56 (abril de 2001) en el que aparecen como personajes invitados Carnage y Silver Surfer, incluye sendas introducciones para ambos. En su columna regular “Telarañas”, Everardo Ferrer nos cuenta la historia de Carnage, tanto su biografía ficticia como la historia de su publicación. Mientras, en su propia columna titulada “Aracnofilia”, Uriel A. Durán, nos habla del buen Silver Surfer.


Como ven, eran textos bastante completos.

No se puede soslayar la importancia que tenían estas piezas informativas, en especial para los lectores jóvenes que no conocían a profundidad el vastísimo Universo Marvel. ¿De qué otra forma habríamos podido empezar a conocer el bagaje cultural que traían nuestros cómics? Hoy en día, si aparece un personaje o se menciona un evento del que no has oído hablar, puedes ir directo a Google y consultar de qué se trata (probablemente, con el mismo smartphone en el que estás leyendo el cómic en su versión digital). Pero por esos años Internet era una tierra de nadie salvaje, caótica y llena de lobos; no existía Wikipedia ni bases de datos confiables y los buscadores no eran muy precisos (si buscabas en Altavista, era más fácil hallar porno que otra cosa).

Antes de que existieran enciclopedias sobre cómics, de ésas que ahora venden hasta en Sanborns, la erudición comiquera, obtenida de primera mano, de Durán y Ferrer hacían más accesible y disfrutable la experiencia de leer una historieta. Ese mismo servicio nos prestaban ambos en otros títulos de Marvel y DC publicados por Vid.

Pero no se crea que estos colegas comiqueros se limitaban a proporcionar información árida cual entrada de diccionario. Los artículos en sí estaban muy bien escritos, con una prosa profesional trabajada y amena, que a menudo incluían mensajes que invitaban a la reflexión. Vuelvo a aquella columna de Durán en el número 56 de Spider-Man:

“Un héroe poderosísimo, pero más que con pies de barro, de papel… Más que desventaja, es el acierto de Silver Surfer; ya que demuestra que por muy poderoso que sea, en el fondo es tan normal o más débil que otros… Este caso recuerda que en el humano no hay virtud sin por lo menos un defecto que equilibre la ecuación total.”
El mismo Uriel A. Durán dedicó una serie de cuatro artículos entre los números 20 y 23 de Spider-Man, nada más y nada menos que sobre Stan Lee y su importancia para el medio y la industria. En el número 24 nos comparte una reflexión sobre el significado de las máscaras:

“Según las ciencias antropológicas, el empleo de las máscaras obedece muchas veces a motivos místicos y religiosos, más que prácticos. Al usar una máscara el individuo se libera de inhibiciones y asume otra identidad, la cual refleja la máscara. […] Usar una máscara o disfraz no implica simplemente ocultar la identidad real, sino también asumir la identidad que el disfraz simboliza.”


En ese mismo número, Everardo Ferrer escribió un conmovedor In memoriam a Gwen Stacy, un personaje fundamental para la historia de Spidey, pero poco conocido para quienes empezamos a leer cómics como pubertos en los 90. De la misma forma, nos presentó la historia de los equipos superheroicos de los que Spidey había formado parte, las parodias de Spider-Man en el mundo, noticias sobre proyectos futuros relacionados con el Trepamuros (¿se acuerdan de esa película que iba a dirigir James Cameron y que tendría a Electro y Sandman como villanos?), y mucho, mucho más.

Pero aunque me encantaban las columnas de Durán y Ferrer, y nunca me las perdía, las de Héctor C. Garza eran definitivamente mis favoritas, y número con número anhelaba saber cuál sería el próximo tema que este agudo columnista trataría. En muchas ocasiones, claro está, sus textos tenían el propósito de aumentar los conocimientos de los lectores, pero otras veces eran verdaderos ensayos críticos, que bien podrían presentarse como ponencias en congresos sobre cómic.

En el número 34 (mayo de 2000), aparecen dos textos de este autor. El primero es una entrega de su columna habitual “Del escritorio de J. Jonah Jameson” y es un exhorto a los fans del cómic de superhéroes para que se acerquen a otros géneros de la historieta:

“Entre los fanáticos de la historieta existe una ignorancia casi total sobre la historia del medio y todo lo relacionado con él. Muchos lectores pueden citar con detalle la vida de todos los héroes habidos y por haber, en qué número aparecieron por primera vez y quién los dibuja. […] Por otro lado, estos mismos conocedores de la vida y obra de Jim Lee, Rob Liefeld o Marv Wolfman, seguramente mirarían con cara de extrañeza a quien les hablara de Milo Manara, Jules Feiffer, Walter Kelly o Robert Crumb.”


Fue la primera vez que leí esos nombres y todavía pasarían muchos años para que pudiera ver y leer su trabajo (gracias a la piratería en Internet, obvio). El segundo texto en ese mismo número se titula “Una mirada a los teóricos de la historieta”, en que fustiga sin piedad a científicos sociales que se han atrevido a analizar el cómic sin conocerlo:

“En cuanto surgieron los primeros ‘comunicólogos’, muchos vieron al cómic como una forma de subcultura. Cientos de estudios fueron publicados en varias partes del mundo en donde se demostraba que las viñetas no eran más que sucias herramientas del imperialismo yanqui, cuyo único fin, aparte de corromper las mentes infantiles y alejar a los hombres de la lectura ‘culta’, era facilitar la entrada de los intereses norteamericanos a las sociedades del Tercer Mundo. […]
Si bien los que hacen crítica de cine son cinéfilos, los de literatura, lectores voraces y los de música, melómanos consumados, muchos de los teóricos de la historieta nunca en su vida han abierto una, excepto quizá para disecarla inmisericordemente. Es gente que al comprar una sola vez el Hombre Araña catorcenal, hace un concienzudo análisis del porqué la relación enfermiza de Peter con su tía May no es más que un reflejo de tendencias gerontofílicas reprimidas de los autores, y se hace con el fin de socavar los principios morales de los niños que leen la revista…”
Esta columna además nos ilustra el panorama de la época, en la que aún faltaba una generación para que en México y América Latina el cómic se tomara en serio como la expresión cultural que es y como la obra de arte que puede llegar a ser. Creo que el señor Garza estaría feliz de ver que ahora el análisis del cómic está en manos de los comiqueros.

En otro texto al que llamó “Héroes en política”, aparecido en el número 52 de Spider-Man (febrero de 2001), aborda otra vez el tema:

“Aunque se sabe que ningún escritor de cómics se sienta ante su máquina y dice: ‘¿Qué mensaje de penetración imperialista enviaré hoy a los pueblos del mundo’, es necesario reconocer que los teóricos no están tan errados. Un guión de cómic, como cualquier otra forma de comunicación humana, reflejará en mayor o menor grado la forma de pensar de quien lo crea, y considerando que la gran mayoría de los escritores están inmersos en el ‘american way of life’, ese tipo de mensajes, aunque inconscientes, aparecerán en toda la producción.”
Quizá el opus magnus de Héctor C. Garza de los que aparecieron en las páginas de nuestro amigable vecino, sea la serie en cinco partes titulada “Cómics y represión”, (números 40 al 44, fechados entre agosto y octubre de 2000). En ella se habla de la persecución que han sufrido los cómics a lo largo del tiempo; parte el infame y fraudulento estudio de Friedric Werthman La seducción del inocente, que dio lugar a la creación de la mojigata herramienta de censura, el Comic Code Authority; pasa por la persecución sufrida bajo regímenes dictatoriales, tanto en la España de Franco, como en el Chile de Pinochet, como en la Cuba de Castro, y los casos especiales de México, donde la censura se daba siguiendo el puritanismo católico o la defensa del nacionalismo cultural; llega hasta a su actualidad con los grupos de presión religiosos y asociaciones de padres de familia.

“Como se puede ver, los mayores enemigos del cómic no siempre se encuentran dentro de las viñetas, sino que los que más daño les han hecho a los superhéroes están fuera, como lo fue el doctor Wertham y todos los censores que le siguieron.”



Si alguna vez el señor Garza me hizo levantar la ceja fue en sus análisis psicológicos un poco extraños y basados en conceptos pop. Por ejemplo, en un texto en el que habla de la sexualidad de los superhéroes, termina por llamar a Xavier un "pedófilo reprimido" (número 55), una conclusión típicamente freudiana y que no viene al caso; también a menudo usaba la palabra "esquizofrénico", para llamar a alguien que tiene doble personalidad, cuando para empezar la esquizofrenia es una cosa y el trastorno de disociación de identidad es otra y bajo ningún concepto Peter Parker tiene la una ni la otra.

Pero esos resbalones se compensan con otros textos muy lúcidos, como aquél en el que invita a los lectores a recuperar el sentido de placer culposo que tiene la historieta, dejando de lado pedanterías y racionalizaciones mamonas o ese otro en el que señala lo mucho que aprende un lector de cómics, pues en las viñetas encuentra por primera vez temas de ciencia, historia o mitología (números 54 y 56). Me quedo sin poder hablarles de otros textos aparecidos en otras publicaciones, como una breve disputa entre dos columnistas, que respectivamente atacaban y defendían el nombre de “Guasón” para referirse al Joker; uno sobre la influencia de Star Wars en trabajos científicos; u otro sobre el Malleus Maleficarum, aparecido en las páginas de Buffy la Cazavampiros.

De los textos de Ferrer, Holguín y Garza aprendí muchísimo sobre la historia de los cómics, no sólo de Marvel y DC, sino de muchos artistas y obras más, cuyos nombres conocí por vez primera en estas páginas. Revisando los textos para escribir este choro me encontré descubriendo que aquí tuve mi primera aproximación al ensayo, el género literario que más cultivo, y que de aquí debe venir mi afán por estudiar la cultura pop relacionándola con la sociedad y la política.

Estas columnas, artículos, ensayos, notas o como se les quiera llamar, no sólo hacían más rica la lectura del cómic, sino que ampliaban el universo del lector, lo invitaban a conocer más del medio y de la industria (y de la cultura general), y sobre todo, al exponerle diversas aproximaciones a la historieta, contribuían a formar lectores críticos, dispuestos a ver más allá del personaje en mallas coloridas saltando por las cornisas. Por ello, quiero darles las gracias.



COLOFÓN: Aquí presenté algunas páginas escaneadas de mi colección personal, pero bien valdría la pena digitalizar todos estos textos para rescatar este riquísimo legado cultural de la historia del cómic en nuestro país. Por cierto, textos así siguieron apareciendo en las revistas de cómics de Vid hasta el final, aunque los costos de impresión obligaron a reducir su cantidad. Poco a poco, nombres nuevos empezaron a aparecer firmando estos trabajos, mientras que los clásicos de siempre desaparecían. El #62 post-Crisis Infinita, el último de Superman que publicó Vid, incluye un breve artículo sobre Action Comics #1, de la autoría de Jorge Tovalín.

            Quería incluir unas fichas biográficas de los tres autores que mencioné en esta entrada, pero no encontré nada sobre Héctor C. Garza. Si alguno de ustedes sabe algo de él, se agradecerá la información.

            De Uriel A. Durán encontré que además de gran conocedor de cómics era colaborador y guionista de la emisión cultural de la estación de radio Reactor 105.7 y que falleció en 2011. De Everardo Ferrer sabemos que se encuentra bien y sigue trabajando, que es periodista especializado en cómics, rock y lucha libre, además de ser uno de los fundadores de la revista Comikaze.



[1] No se puede confiar en las fechas que las editoriales imprimen en sus mismos cómics, pues por costumbre les ponen una fecha muy posterior a aquella en que de hecho se puso en venta la revista, para mantenerla en los estanquillos el mayor tiempo posible. Esto lo sé gracias a los artículos que venían en las revistas de cómics.

3 comentarios:

prufrock jerusalem dijo...

Aunque no conozco a Héctor Garza, deduzco que éste es su perfil por la mera cantidad de amigos en común que tengo con él, y todos del gremio comiquero, por si quieres escribirle:
https://www.facebook.com/tonatcalli?fref=ts

Cory Matthews dijo...

ahh la epoca de Vid ha quedado muy lejos el gran trabajo que Guillermo de la Parra hizo y que si hijo, pobre don nadie que en su afán de ser "famoso" desperdicio los años de arduo trabajo de su padre

ya en tema, pues si, se hachen de menos este tipo de contenido en los comics de publicación nacional, recuerdo que Televiza en sus inicios si incluía material parecido, pero nunca tan profunda, y desapareció muy rápido

al menos con las cosas malas vienen también algunas buenas, como que el mercado de comic en México esta mas vivo que nunca, con todo y sus defectos

Master of Doom dijo...

Recordando al buen U! y como bien mencionas era una enciclopedia andante ese pelao. Épicas discusiones en el foro Monos y Moneros del Delphiforums.

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