lunes, 4 de abril de 2016

Feminismo. Parte I: Nombres y conceptos



Introducción

Pues ha llegado el momento de hablar de feminismo. No es la primera vez que toco el tema, claro está, pero es la primera vez que me animo a hacer el ejercicio de exponer mi pensamiento de forma estructurada. Me parece necesario porque hay muchísima confusión, de la ingenua y de la malintencionada, acerca de términos, conceptos, causas y luchas.

Con esta serie de entradas no pretendo (¡faltaba más!), escribir el texto definitivo al respecto. Hubo muchas ideas que por falta de espacio se quedaron en el tintero, muchos temas que no toqué y muchas posibles objeciones en las que pensé pero no tuve chance de abordar (y por supuesto, muchísimas cosas de las que mi ignorancia me impide hablar). Lo que quise más bien fue aclarar algunos puntos y así apartar varios obstáculos que nos impiden iniciar una conversación ilustrada.

Comprendo también que el papel de los hombres que simpatizan con el feminismo es usar los espacios a los que tienen acceso para ayudar a la causa, y que no nos corresponde pontificar ni arrogarnos el papel de voceros del feminismo ni mucho menos. No pretendo imponer mis opiniones sobre lo que creo que el feminismo debería ser o lo que deberían hacer las feministas. Trataré simplemente del feminismo como yo lo entiendo, de los valores que yo defiendo y de los hechos que yo conozco. Cualquier pifia es responsabilidad mía.

Parte I: Nombres y conceptos

1.- ¿De qué va?



Empecemos por el principio: ¿qué podemos entender por “feminismo”? Como yo lo veo, el término puede interpretarse principalmente de dos maneras, una de las cuales deriva y depende de la otra. La primera es como el conjunto de principios, valores y actitudes que favorecen la equidad entre los géneros, la liberación de las mujeres y la oposición al sexismo. Con base en esta definición amplia, todas las personas que comparten estos valores pueden ser llamadas “feministas”.  Denme chance, sé que no todos están de acuerdo con esta interpretación.

La segunda forma de entender “feminismo” es como el conjunto y cada una de las muchas corrientes de pensamiento, y los movimientos militantes derivados de ellas, avocadas a la realización social y política de los valores arriba mencionados. En este sentido, es fundamental comprender que no existe UN feminismo, sino muchas vertientes feministas, algunas de las cuales divergen bastante, e incluso se contraponen. Es más, las opiniones varían mucho entre individuos. Todas, sin embargo, tienen en común un objetivo: lograr la equidad entre los géneros al eliminar la opresión en la que se encuentran las mujeres. Es a partir de este principio básico que todos los feminismos divergen en análisis, métodos, paradigmas, metas, etcétera. Esto implica que una persona puede ser feminista sin formar parte de un movimiento militante ni identificarse con corriente alguna.

A su vez existen dos formas de antifeminismo. Una es la conservadora o reaccionara, que se aferra a los roles de género tradicionales y se opone de plano a la equidad, a menudo por motivos religiosos. Es decir, se opone a los valores feministas y en consecuencia a los movimientos feministas. La otra es más “liberal”, y está a favor de la equidad, pero piensa que ésta ya se ha logrado, por lo menos en las sociedades desarrolladas, y/o que no es necesario el activismo en forma de movimientos feministas militantes para alcanzarla. Es decir, se opone o se desentiende del activismo feminista y no cree que esos valores sean potestad exclusiva del feminismo.





Este segundo grupo, además, tiende a identificar al feminismo contemporáneo con las corrientes actuales más extremistas de la militancia (ver apartado 3) y ello provoca que algunas personas prefieran no identificarse con la etiqueta. Es decir, para estas personas “feminismo” es un término identitario que se relaciona con corrientes y movimientos particulares que incluyen muchos elementos con los que no están de acuerdo. A su parecer, las actitudes a favor de la igualdad de género no tendrían que estar supeditadas a identificarse con dichas corrientes, sino que serían simplemente los valores de cualquier persona ilustrada y decente. Después de todo, históricamente ha habido movimientos y posturas a favor de la equidad, que si bien retroactivamente se clasifican como feministas, en su momento nunca usaron la etiqueta. De ahí que rechacen el mote y digan cosas como “sí estoy a favor de la igualdad, pero no soy feminista”.

Ante estos reveses, las feministas responden que si una persona está a favor de la equidad de género y en contra del sexismo y la opresión, entonces es feminista. Pero esta discusión se encuentra en un callejón sin salida porque cada bando está hablando de dos acepciones distintas de una misma palabra. Para aceptar el argumento de las feministas se necesita partir del supuesto de que tal conjunto de valores debe ser nombrado categóricamente feminismo. Yo comparto esta opinión, y por tanto alegar “sí estoy a favor de la equidad, pero no soy feminista” me parece un poco tonto, como decir “sí creo en el gobierno representativo del pueblo, pero no me identifico como demócrata” o “no creo en las religiones ni en la existencia de ningún dios, pero no me considero ateo” o “sí creo que la homosexualidad es inmoral, pero no me gusta que me digan homofóbico”. Sin embargo, entiendo que no todos aceptan esto.

Así pues, el debate se ha vuelto semántico y, por lo mismo, llegado a un punto muerto. Lo que sucede es que alguien dice “Según lo que YO entiendo por feminismo, no soy feminista” a lo que se responde “Según lo que YO entiendo por feminismo, sí lo eres.” Se convierte en una discusión sobre palabras…

2.- El nombre...



Una de las objeciones más comunes (y molestas) que se le hacen al feminismo va más o menos así: “si buscan la equidad entre hombres y mujeres, ¿por qué llevan el nombre de un solo género?”. La respuesta es más bien sencilla: porque se trata de acabar con la opresión que sufren las mujeres; porque son las mujeres el género que histórica y actualmente se ha encontrado en desventaja y que debe liberarse.

Otras etiquetas como “humanismo” o “igualitarismo” resultan imprecisas. En sus orígenes el humanismo no incluía específicamente la lucha contra el sexismo. El igualitarismo es un término demasiado amplio que implica igualdad entre individuos, razas, géneros, clases sociales, etc; puede pedir igualdad de oportunidades o de resultados; puede alegar que las diferencias innatas entre individuos son irrelevantes para la igualdad de derechos, o puede negar que existan diferencias innatas; puede aceptar u oponerse a la meritocracia.

Naturalmente, en sus acepciones modernas tanto humanismo como igualitarismo incluyen la equidad entre géneros como un principio cardinal, pero aún así se hace necesario nombrar de forma específica a las actitudes y valores encaminados hacia ello, y es por eso que sigo defendiendo el uso del término “feminismo”.



Toda injusticia es mala, desde luego, y toda persona decente se indigna ante ella. Pero no todos los grupos humanos sufren las mismas formas de injusticia, ni con la misma intensidad, ni por los mismos motivos, ni por parte de los mismos victimarios. Así como se necesitan movimientos que combatan específicamente el racismo, el maltrato infantil, la explotación laboral, la corrupción política, la represión a las libertades civiles o el deterioro del medio ambiente, se necesitan otros que se concentren en luchar contra las injusticias que sufren las mujeres. Es decir, se necesitan movimientos feministas.

Si tú defiendes los valores que llevan hacia la equidad de géneros, pero crees que esos valores no tienen por qué ser etiquetados de feministas, y entonces prefieres llamarte “humanista” o “equidista”, aunque pienso que no es lo más acertado, ¿qué te puedo decir? Si crees que puedes aportar a la lucha contra las injusticias que sufren las mujeres sin necesidad de usar un nombre con el que no te sientes identificado, ¡enhorabuena!

Pero tengo que decirlo: he notado que muchas de esas personas que dicen “sí, estoy a favor de la equidad y en contra del sexismo pero no soy feminista” tienden a negar que las mujeres sigan sufriendo opresión en las sociedades desarrolladas y en general rechazan de antemano cualquier discurso que provenga del feminismo. Y esto puede ser peligroso. A menudo cuando se habla de la violencia machista, los que suelen responder “pues toda violencia es mala, venga de quien venga”, son los que de todos modos no hacen nada por apoyar las luchas contra esas formas de violencia. Son como los que a un "Black lives matter" responden tranquilamente "All lives matter" y siguen igual.

Como sea, si la principal objeción que le pones al feminismo es su nombre, pues vaya, creo que de todos modos no tienes mucho qué decir.

3.- Oye, pero hay feminazis



De entre de las múltiples y muy variadas corrientes de feminismo hay muchas cosas con las que personalmente no estoy de acuerdo. Hay posturas que me parecen debatibles (¿es el prohibicionismo y la censura la mejor forma de combatir los discursos misóginos?) y otras que creo que están de plano equivocadas (lenguajx incluyentx, por ejemplx). Pero hay que saber distinguir la gimnasia de la magnesia.

Tengo amigas (y amigos) feministas con los que estoy de acuerdo en la mayoría de las cosas que profesan, pero con los que tengo ciertos puntos de desencuentro, que por lo general nos llevan a tener las mismas discusiones una y otra vez (y a veces nos acaloramos bastante). Pero no las descalifico llamándolas “feminazis”, porque entiendo que esas discrepancias no desvirtúan los valores que defienden ni hacen que el resto de su lucha carezca de legitimidad. Las gente decente puede disentir sin enemistarse.

Ciertamente algunas posturas y algunas personas me parecen irremediablemente irracionales, dogmáticas y delirantes. Sí, yo también he leído a quienes dicen que los hombres son inherentemente malvados y que el mundo sería mejor si sólo existieran mujeres, o que una verdadera feminista tendría que ser lesbiana porque toda forma de coito heterosexual equivale a violación, y demás cosas por el estilo. Si hubiera que colocar el mote de “feminazi” a alguien, se lo reservaría exclusivamente a estas personas. Pero como a menudo (y por lo general desde la derecha) se usa esa palabreja para insultar a todas las feministas y rechazar acríticamente todo lo que pueda venir del feminismo, he optado por emplearla cada vez menos (no sea que me confundan con los machirrines).



No diría que esas posturas o esas personas no son “el feminismo real” puesto que se identifican como tales. Simplemente diré que son feminismos con los que no puedo estar de acuerdo. De la misma manera soy de izquierda, pero no estoy de acuerdo con todas las corrientes, posturas, movimientos e individuos que se identifican como izquierdistas. Y así como critico a la izquierda irracional, he criticado y seguiré criticando esas posturas feministas que me parece que están cagando la banana. Pero por ahora creo que es más importante defender aquello con lo que estoy de acuerdo que criticar aquello con lo que no. Es que a fin de cuentas las “feminazis” pueden ser irritantes, pero el machismo mata.

En fin, es válido y necesario utilizar el propio criterio para juzgar qué posturas, acciones, narrativas, metas y objetivos dentro de los feminismos nos parecen sensatos y cuáles descartables. Lo que no se vale, lo que es deshonesto, injusto y muy estúpido es tomar como ejemplo lo obviamente infumable para deslegitimar todo lo demás. No dejaré de apoyar el feminismo sólo porque en su interior existan posturas con las que no estoy de acuerdo, así como no dejaré de ser izquierdista sólo porque en la izquierda abunden los chairos y magufos, y así como no dejaré de ser fan de Star Wars porque la mitad de ellos sean tetos y chavorrucos.

4.- ¡Patriarcado!



Patriarcado es sencillamente el nombre para designar un orden social que favorece a los hombres en detrimento de las mujeres, y que se manifiesta a través de leyes, instituciones, costumbres, creencias, valores, prácticas y otras expresiones culturales. Varía mucho de una sociedad a otra, incluso dentro de clases o círculos sociales.

No es un sistema que haya sido diseñado por nadie, ni es el resultado de una gran conspiración, ni una fuerza mística invisible que lo controla todo, aunque haya una que otra feminista que así lo entienda y antifeministas que usen esa absurda interpretación para negar que exista. Como, por ejemplo, el capitalismo, es simplemente la forma en la que nuestra sociedad evolucionó por diferentes causas históricas. Todas las sociedades humanas han sido patriarcales en mayor o menor medida, mientras que la equidad sólo ha podido avanzar mediante la acción consciente y deliberada. Debido a que el patriarcado se expresa en valores y creencias muy arraigadas, la lucha en su contra topa con una fuerte resistencia, incluso entre las personas que no se benefician de él, de ahí que muchas mujeres contribuyan con sus acciones a perpetuarlo.

Esto no significa que cada hombre oprima a cada mujer personalmente, ni niega que haya hombres decentes y mujeres culeras. Quiere decir que los hombres, como clase, oprimen a las mujeres, como clase. Se trata de una opresión sistémica, no personal. Tampoco implica que todas las mujeres estén igualmente oprimidas ni que todos los hombres estén igualmente privilegiados. Existen otros ejes de opresión, tales como raza, clase social, edad, orientación sexual, religión, posición al interior de una estructura jerárquica, condiciones de salud, etcétera. Un anciano campesino indígena y pobre seguramente enfrenta condiciones más difíciles que una mujer “criolla” joven y rica de la gran ciudad. Pero una mujer anciana indígena pobre la tiene aún más difícil que el hombre precisamente por su condición de mujer (a esto se refiere el concepto de “interseccionalidad”; búsquenlo).



O sea, lo importante es entender que cuando un cabrón golpea a su esposa, cuando un patán toca las nalgas de una señorita en el metro, cuando un jefe le da los ascensos a otros hombres aunque sus empleadas sean igual o más eficientes, no estamos ante casos de individuos que son cretinos (aunque obviamente tienen responsabilidad individual por sus acciones), sino ante pautas de conducta muy comunes detrás de las cuales están una serie de factores sociales, culturales e institucionales generalizados en la sociedad.

Cuando las feministas dicen que están luchando contra el patriarcado, quieren decir que luchan no solamente contra las acciones culeras de algunos hombres específicos, sino contra el sistema social que las produce, las alienta o las normaliza.



En la siguiente entrega hablaremos de realidades y luchas, de si las mujeres realmente están oprimidas en esta sociedad (spoiler alert: sí), de si los hombres también sufren por culpa del sexismo, de cuáles son las causas actuales por las que batallan las feministas cuando derechos como la educación y el voto hace tiempo que se reconocen, y otras dudas que seguramente les surgieron en este ratito.

3 comentarios:

Viajero Astral dijo...

Pero Ego, que no tu ya eres chavorruco? :P

Maik Civeira dijo...

No, yo soy un señor cool :v

Anónimo dijo...

Yo renuncié a mi trabajo porque le aumentaron el sueldo a una chica y ganaba más que yo!!

Pero no por pensar que no tenga capacidad, si no porque en todas las empresas que he estado es la primera vez que alguien de esa área gana más que los de mi área.

No creas que soy machirrin, igual mi jefa ganaba más que yo pero era de mi misma área.

Saludos
Joako =P

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