viernes, 29 de abril de 2016

Hacia la paz pepertua: la filosofía política de Immanuel Kant



Hace ya tiempo les compartí una selección de citas y fragmentos de la obra de tres grandes pensadores de la antigua Grecia: Platón, Aristóteles y Demóstenes. En esta ocasión quiero hacer lo mismo con el pensamiento de Immanuel Kant, quizá el más grande de los filósofos de la Ilustración y una de las figuras más sobresalientes del pensamiento occidental.

Las obras más importantes de Kant, Crítica de la razón pura y Crítica de la razón práctica, que tratan de metafísica, ética y epistemología, son famosas por su dificultad y complejidad. En cambio, cuando escribe sobre temas más mundanos, Kant es un autor muy accesible. Aquí les presento una colección de fragmentos de varios ensayos que tienen en común los temas políticos, sociales e históricos. Nos sirven para conocer el pensamiento del filósofo alemán, su evolución a lo largo de los años y su influencia en la historia de las ideas políticas, pero también encontrarán que estas reflexiones tienen mucha actualidad y relevancia para los tiempos modernos.

Kant estaba a favor de una democracia moderada, por ejemplo en forma de monarquía parlamentaria. Simpatizó con la independencia de los Estados Unidos y, antes del Terror, con la Revolución Francesa. Conocido por su morigeración en todos los aspectos de su vida, y por su rigorismo lógico, no es de sorprendernos que sus ideales políticos apelen sobre todo a la razón.

¿Qué es la Ilustración? (1784)





Este primer ensayo es una pieza breve en la que habla de la libertad de pensamiento y expresión, pilares de la revolución cultural que transformó a Occidente a partir del siglo XVIII. Kant defiende la vital importancia de guiarnos por nuestra propia capacidad de raciocinio, y de no renunciar a pensar por nosotros para aceptar ciegamente la guía de alguien más. Los gobernantes deben asegurar la libertad de todos para expresar sus pensamientos, incluso si éstos son incómodos o inconvenientes para el poder. Kant, más reformista que revolucionario, piensa que un ciudadano no debe romper la ley, pero que está en su derecho de criticarla si le parece injusta o inconveniente.

“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. ¡Ten valor para servirte de tu propia razón! Tal es el lema de la Ilustración.”

“Un público sólo puede conseguir lentamente la ilustración. Mediante una revolución acaso se logre derrocar un despotismo personal y la opresión generada por la codicia o la ambición, pero nunca logrará establecer una auténtica reforma del modo de pensar; bien al contrario, tanto los nuevos prejuicios como los antiguos servirán de rienda para esa enorme muchedumbre sin pensamiento alguno.”

“Para esta ilustración tan sólo se requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas puedan llamarse así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos.”

 “El ciudadano no puede negarse a pagar los impuestos que se la hayan asignado, a pesar de lo cual, él mismo no actuará contra su deber cívico si, en tanto que especialista, expresa públicamente sus tesis contra la inconveniencia o la injusticia de tales impuestos.”

“Una época no puede aliarse y conjurarse para dejar a la siguiente en un estado e que no le haya de ser posible ampliar sus conocimientos, rectificar sus errores y en general seguir avanzando hacia la ilustración.”

“Los hombres van abandonando poco a poco el estado de barbarie gracias a su propio esfuerzo, con tal de que nadie ponga un particular empeño por mantenerlos en la barbarie.”


Ideas para una historia universal en clave cosmopolita (1784)




En este texto Kant trata de encontrar el propósito de la historia humana, no de las historias particulares de cada pueblo o nación, sino la de toda la humanidad. Claro, Kant parte dando por hecho algo incomprobable (y en mi opinión, falso) que es que la historia tiene un propósito. En fin, él cree que puede hallar ese propósito al estudiar la historia universal (cosmopolita), un propósito trazado por la Naturaliza o la Providencia y que implica el continuo mejoramiento de la sociedad humana. Es de observarse que en este texto, contrario a lo que se lee en La paz perpetua, la guerra aparece como algo inevitable, incluso como un proceso que permite el avance de la historia hacia un estadío en el que más conflictos no sean necesarios. Aquí pueden hallarse las raíces del pensamiento que después desarrollaría Hegel y, más tarde, Marx.

"La Historia, que se ocupa de la narración de tales fenómenos, nos hace abrigar la esperanza de que, por muy profundamente ocultas que se hallen sus causas, acaso pueda descubrir al contemplar el juego de la libertad humana en bloque un curso regular de la misma, de tal modo que cuanto se presenta como enmarañado e irregular ante los ojos de los sujetos individuales pudiera ser interpretado al nivel de la especie como una evolución progresiva y continua, aunque lenta, de sus disposiciones originales."

"No puede uno librarse de cierta indignación al observar la actuación del hombre en la escena del gran teatro del mundo, pues, aun cuando aparezcan destellos de prudencia en algún que otro caso aislado, haciendo balance del conjunto se diría que todo ha sido urdido por una maldad y un afán destructivo asimismo pueriles; de suerte que, a fin de cuentas, no sabe uno qué idea debe hacerse sobre tan engreída especie."

"El hombre es un animal, el cual cuando vive entre los de su especie necesita un señor: pues ciertamente abusa de su libertad con respecto a sus semejantes y, aunque como criatura racional desea una ley que ponga límites a la libertad de todos, su egoísta inclinación animal le induce a exceptuarse a sí mismo a la menor ocasión. Precisa por tanto de un señor que quebrante su propia voluntad y le obligue a obedecer a una voluntad universalmente válida, de modo que cada cual pueda ser libre."

"Toda guerra supone un intento (ciertamente no en la intención de los hombres, pero sí de la Naturaleza) de promover nuevas relaciones entre los Estados y, mediante la destrucción o cuando menos desmembración de todos ellos, configurar nuevos cuerpos políticos, los cuales, al no poder subsistir tampoco en sí mismos o junto a otros, tienen que padecer nuevas revoluciones análogas a las anteriores; hasta que finalmente (gracias en parte a la óptima organización de la constitución civil interna y en parte también a la legislación exterior fruto de un consenso colectivo) se alcanzará un estado de cosas que, de modo similar a una comunidad civil, se conserve a sí mismo como un autómata."

"Si bien este cuerpo político sólo se presenta por ahora en un tosco esbozo, ya comienza a despertar este sentimiento, de modo simultáneo, en todos aquellos miembros interesados por la conservación del todo. Y este sentimiento se troca en la esperanza de que, tras varias revoluciones de reestructuración, al final acabará por constituirse en aquello que la Naturaleza alberga como intención suprema: un estado cosmopolita universal en cuyo seno se desarrollen todas las disposiciones originarias de la especie humana."


Probable inicio de la historia humana (1786)





Es interesante este breve ensayo, que consiste principalmente en una interpretación racionalista del libro del Génesis es decir, que toma la narrativa del texto bíblico como metáfora de sucesos históricos que bien pudieron haber ocurrido. Me pareció interesante, pues cuando yo aún era creyente pensé que de esa manera tendría que haber sido interpretado, e incluso llegué a conclusiones similares. Muchos de los temas antes tratados se abordan aquí de nueva cuenta, y podemos extraer algunas reflexiones de mucho interés.

“La reflexiva expectativa de futuro, esta capacidad de gozar no sólo del momento actual, sino también del venidero, esta capacidad de hacerse presente un tiempo por venir, a menudo muy remoto, es el rasgo decisivo del privilegio humano, aquello que le permite trabajar en pro de los fines más remotos con arreglo a su destino – pero al mismo tiempo es asimismo una fuente inagotable de preocupaciones que suscita el futuro incierto, cuitas de las que se hallan exentos todos los animales.”

“La salida del hombre del paraíso no consistió sino en el tránsito de la rudeza propia de la simple criatura animal a la humanidad, de las andaderas del instinto a la guía de la razón, en una palabra, de la tutela de la naturaleza al estado de libertad.”

“La amenaza de la guerra es, incluso hoy en día, lo único que modera el despotismo, porque actualmente un Estado precisa de mucha riqueza para convertirse en potencia y sin libertad no se darían las iniciativas que pueden crear esa riqueza.”

“Se ha de reconocer que las mayores desgracias que afligen a los pueblos civilizados nos son acarreadas por la guerra y, en verdad, no tanto por las guerras actuales o las pretéritas, cuanto por los preparativos para la próxima, por ese rearme nunca interrumpido e incesantemente incrementado que tiene lugar por temor a una guerra futura.”

“Dado el nivel de cultural en el que se halla todavía el género humano, la guerra constituye un medio indispensable para seguir haciendo avanzar la cultura; y sólo después de haberse consumado una cultura –sabe Dios cuándo. Podría sernos provechosa una paz perpetua, que además sólo sería posible en virtud de aquélla.”

“Éste es el factor decisivo de una primitiva historia humana esbozada por la filosofía: satisfacción con la providencia y con el curso de las cosas humanas en su conjunto que no avanza elevándose de lo bueno a lo malo, sino que se despliega poco a poco hacia lo mejor partiendo de lo peor; progreso al que cada uno está llamado por la naturaleza a colaborar en la parte que le corresponda y en la medida de sus fuerzas.”


La paz perpetua (1795)





Éste es el ensayo más extenso y el más importante de cuantos Kant escribió sobre asuntos sociales y políticos. En él busca la receta para la paz perpetua entre naciones. Su tesis principal, con ecos de Hobbes, es que en un estado de naturaleza los hombres están en guerra constante los unos contra los otros y por eso requieren de un Estado que les dé orden y leyes. Claro que si Hobbes tenía en mente al Leviatán absolutista, Kant piensa en un orden social donde le sea posible a los ciudadanos participar de la política de su país y criticar al poder si le parece. 

Ahora bien, las naciones del mundo se encuentran precisamente en un estado de barbarie entre ellas; no hay más ley que la ley del más fuerte ni más justicia que la del vencedor en la guerra. De hecho, dice Kant, la única diferencia entre los salvajes de Europa y los de América es que estos últimos se comen a los vencidos, mientras que aquéllos los hacen engrosar las filas de sus ejércitos. La solución para este ciclo de barbarie es una unión libre de naciones. Libre, es decir, no mediante la conquista militar, sino por la voluntad de cada nación, que entienda la conveniencia de someterse a una ley superior a las leyes nacionales. Con este ensayo, Kant sienta las bases de la teoría del derecho internacional. 

La profundidad de la visión del filósofo es impresionante, sobre todo después de más de tres siglos de su muerte y tras la catástrofe de las guerras mundiales. También me hace pensar en la actual crisis de refugiados del Medio Oriente en Europa, donde ahora mismo resurgen la xenofobia y el nacionalismo fanático. Urge recuperar estas ideas.

“Un Estado no es (como, por ejemplo, el terreno sobre el que se halla situado) un patrimonio. Es una sociedad de hombres sobre la cual sólo ella misma puede gobernar y disponer.”

“Estar al servicio de alguien con el objeto de matar o ser muerto parece incluir el uso del hombre como simple máquina o instrumento en manos de otro (del Estado), cosa incompatible con los derechos de la humanidad en nuestra propia persona.”

“La guerra no es otra cosa que un triste remedio en el estado de naturaleza (en el que no hay tribunal alguno que pueda pronunciar un fallo legal) para afirmar cada uno su propio derecho por medio de la fuerza.”

“Una guerra a muerte que aniquile ambas partes y anule todo derecho no podrá terminar nunca en paz perpetua, a no ser la del cementerio de todo el género humano.”

“En una constitución no republicana, la guerra es la cosa más fácil del mundo, puesto que el jefe del Estado no es conciudadano, sino propietario del Estado, y la guerra no le quita nada de sus banquetes, cazas, castillos fastuosos, fiestas, etcétera.”

“A la auténtica política le es imposible dar un solo paso sin haber rendido antes homenaje a la moral.”

“El derecho del hombre ha de ser guardado como algo sagrado, por muchos sacrificios que ello pueda ofrecer al poder gobernante.”

“No se trata de filantropía, sino de derecho: la hospitalidad significa el derecho de un extranjero a no ser recibido con muestras de hostilidad por el mero hecho de haber arribado a territorios pertenecientes a otro.”

“El problema es el siguiente: una muchedumbre de seres racionales pide leyes universales para su observación, aunque cada uno sienta interiormente el deseo de eludirlas. Ahora hay que ordenarlos, dándoles una constitución tal que, aunque sus tendencias internas se opongan unas a otras, éstas se detengan mutuamente, siendo respecto a su conducta pública el resultado igual al que podría lograrse si no existieran dichas malas intenciones.”

“Las máximas de los filósofos acerca de las condiciones de la posibilidad de una paz pública deben ser consultadas por los Estados dispuestos para la guerra.”

“Sólo existe este modo de entender el derecho a la guerra: Es justo que los hombres que piensen así se destrocen mutuamente y encuentren, por consiguiente, la paz perpetua en la gran tumba, bajo la tierra que cubre todos los horrores de la violencia con sus propios causantes.”

“Terminada una guerra, al concertar la paz, sería conveniente para un pueblo fijar, además del día de júbilo y agradecimiento, un día de penitencia para suplicar al cielo, en nombre del Estado, perdón por el gran pecado que continúa cometiendo la humanidad al no querer someterse a ninguna constitución legal en su relación con otro pueblo, prefiriendo usar, orgullo de su independencia, el medio bárbaro de la guerra.”

“Una máxima que no puede publicarse sin provocar el fracaso de sus propósitos, que debe mantenerse en secreto para conseguir el éxito deseado, que no puedo proclamar públicamente sin levantar el ánimo de todos contra mis intenciones, esta máxima no podrá basarse sino en la injusticia, injusticia con la cual amenaza a todos.”

“Las revoluciones, sea cual fuere el lugar donde la naturaleza las provoque, no deberán emplearse como disfraz de una opresión mayor, sino que, muy al contrario, servirán como una llamada de la naturaleza a la instauración, mediante hondas reformas, de una constitución legal basada en los principios de libertad.”

“El movimiento del progreso ha de ser en el futuro mucho más rápido y eficaz que en pasado.”

“Una federación de Estados que tenga por único fin el evitar las posibilidades de la realidad de una guerra es el único estatuto legal compatible con la libertad de los Estados.”


Sobre si el género humano se halla
en continuo progreso hacia lo mejor (1797)





Como buen ilustrado, Kant cree en el progreso humano, si bien es lento, tortuoso y sólo se logra a lo largo de muchas generaciones. Uno ha de tener paciencia, y entender que el progreso por el que se consagran nuestras acciones no llegará mientras vivamos. Invita a trabajar en pos de objetivos cuya consecución supera incluso nuestro tiempo de vida. Kant piensa que la mejor prueba de que el progreso es posible es la Revolución Francesa, y no tanto por sus resultados finales, sino porque en ella se expresa el deseo del espíritu humano hacia el mejoramiento moral de sus sociedades, un deber de avanzar hacia el horizonte de la utopía, aunque sea inalcanzable.

“La revolución de un pueblo pletórico de espíritu, que estamos presenciando en nuestros días, puede triunfar o fracasar, puede acumular miserias y atrocidades en tal medida que cualquier hombre sensato nunca se decidiera a repetir un experimento tan costoso, aunque pudiera llevarlo a cabo por segunda vez con fundadas esperanzas de éxito y, sin embargo, esa revolución –a mi modo de ver- encuentra en el ánimo de todos los espectadores (que no están comprometidos en el juego) una simpatía rayana en el entusiasmo, cuya manifestación lleva aparejado un riesgo, que no puede tener otra causa sino la de una disposición moral en el género humano.”

“Sus contrincantes no podían emular mediante incentivos crematísticos el fervor y la grandeza de ánimo que el mero concepto del derecho insuflaba a los revolucionarios e incluso el concepto del honor de la vieja aristocracia militar (un análogo del entusiasmo, al fin y al cabo) se disipó ante las armas de quienes las habían empuñado teniendo presente el derecho del pueblo al que pertenecían.”

“Aunque para la omnipotencia de la naturaleza el hombre sea una cosa insignificante, el hecho de que los mandatarios de su propia especie lo tomen por tal y lo traten así, sirviéndose de él cual un animal de carga, como mero instrumento de sus propósitos, o enfrentándolos en sus contiendas para que se maten unos a otro, no es ninguna minucia, sino la subversión del fin último de la propia creación.”

“Esperar que un constructo político como los reseñados aquí [las utopías] llegue a materializarse algún día –por remoto que sea- es un dulce sueño, pero aproximarse constantemente a ese horizonte utópico no sólo es algo imaginable, sino que, en cuanto pueda compadecerse con la ley moral, constituye un deber, y no de los ciudadanos, sino del soberano.”



Listo, ahí tienen un poco de sabiduría, no para aceptarla como tal (después de todo, estamos hablando de alguien que murió hace más de 300 años), sino para iniciar la reflexión crítica y el debate razonado, punto de partida si queremos empezar a caminar hacia una mejor sociedad y, quizá algún día, hacia una paz perpetua.

1 comentario:

Marquezdesade dijo...

Muy mal, pues la tendencia al "bien" no produce menos mal que el que intenta evitar. El señor Kant fue muy ciego :/

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