jueves, 26 de mayo de 2016

Recordando jefes imbéciles



En la historia de mi vida laboral hay dos individuos que se disputan el puesto del jefe más imbécil que haya tenido. Uno de ellos es el ya conocido Tipo religioso que se volvió loco. El otro era el dueño de una escuela en la que estuve trabajando por varios años.

Algo tengo que aclarar antes de proseguir: la escuela en cuestión era buena. Teníamos un súper equipo de profesores, instalaciones de primera, una directora muy amable y una coordinadora súper chingona que era la que en realidad hacía funcionar todo. El problema era el dueño, un LAE con visión empresarial al que le importaba un carajo la educación y sólo veía la escuela como un negocio para hacerse rico.

Era completamente despótico y prepotente con nosotros, sus empleados. Tan egocéntrico, que el día de su cumpleaños había homenaje. No es broma. Típico jefe mexicano que se cree hacendado o señor feudal, era de los que consideraba que sus empleados eran sus sirvientes y que una vez que los había contratado para una cosa, ellos tenían que servirlo en todo lo que él quisiera. Así, nuestras responsabilidades incluían apoyar en eventos sociales diseñados para dar vistosidad a la escuela, y que nada tenían que ver con la educación. No me refiero sólo a estar "de guardia" un domingo por la mañana para una convivencia familiar, sino hasta ir de acomodadores a eventos sociales que no tenían relación con las actividades escolares, pero en los que el jefe, como socialité que aspiraba a ser, estaba involucrado.



Se creía tan dueño de nosotros que aún después de que los chicos salieran de vacaciones quería que fuéramos a la escuela en verano a "cumplir horario". También nos quiso prohibir salir de la escuela si teníamos horas libres entre clase y clase, pero me tocó poco que se aplicara esta restricción. La cosa es que era el típico jefe mexicano que siente que si sus empleados no están en la oficina hasta el último minuto por el que les paga, de alguna forma le están robando. No importa si ese tiempo no se está haciendo nada productivo: les pago para que estén aquí, carajo.

Por supuesto, cada ciclo escolar se le ocurría alguna cosa nueva, "ahora los maestros se van a tener que encargar de...", aumentando así nuestra carga de trabajo y responsabilidades sin, faltaba más, aumentarnos el sueldo. Al entregar calificaciones debíamos hacerlo en dos formatos distintos. La información era exactamente la misma pero, si no recuerdo mal, uno era para control interno y otro para la SEP. El caso es que no nos dejaba copiar y pegar la información que hubiésemos capturado de un formato al otro; de hecho, hizo que la secretaria configurara los formularios para que fuera imposible. ¿Por qué? No más, porque eso de copiar y pegar es trampa, y él parecía pensar que el propósito de un empleado no es producir, sino sudar, que de otra forma no estábamos desquitando nuestro salario.

Típico jefe mexicano que cree que le hace un gran favor a sus empleados al darles trabajo. Cuando para mi segundo año ahí me dieron más horas, el dueño se aseguró de hacerme entender dos cosas. La primera era que "esto es un regalo"; no algo que yo me había ganado por mi trabajo, sino algo que él, en su infinita bonditud, me estaba otorgando como una gracia. Lo segundo fue que "me dicen que siempre llevas un libro bajo el brazo" y añadió "el libro es para la noche, no para acá". ¡El dueño de la escuela! ¡A un profesor! ¡Decirle que leer es algo que se hace como entretenimiento unos minutos antes de dormir! ¡Oh, por Cthulhu!




Ya antes les había contado que en una ocasión el jefe regañó a un maestro que tenía muchas horas en otra escuela. "Pero es que necesito el dinero para mantener a mi hija..." El jefe montó en cólera y explotó "¡El que está aquí por el dinero que se largue!" Supongo que él quería que trabajáramos ahí por el puro gusto de disfrutar de su agradable compañía. Su esposa, por cierto, no se quedaba atrás, y nos llegó a decir cosas como "¡Prefiero tener muchos alumnos que paguen colegiaturas, que tener excelentes maestros!" y "¡Si esta escuela no nos reditúa, les juro que la demuelo y pongo unos condominios". Quizá debía haber hecho eso desde el principio.

Fieles a su mentalidad empresarial, trataban a los alumnos y sus padres como clientes: ellos mandaban. Eso dejaba una enorme carga de responsabilidades en nosotros, los maestros. Cada dos semanas debíamos llenar reportes informando a los padres si sus hijos habían estado entregando tareas a tiempo y participando en clase. Si se iban a extraordinario (que, a diferencia de otras escuelas, no se pagaba a los profesores por elaborarlos, aplicarlos ni calificarlos), debíamos darles asesorías después de clase hasta que lograran pasarlos. Así, el cumplimiento académico no era responsabilidad de ellos sino principalmente nuestra.



Creo que estos señores no entienden lo que unos padres buscan en la escuela de sus hijos. Se ve así en su publicidad, en la que hasta la fecha hablan de descuentos y pagos a plazos, pero no de calidad académica; en las presentaciones en las que ofrecen clases de relleno -y obligatorias- como repostería, pero no se habla de las asignaturas básicas; en la insistencia de armar megaproyectos como obras de teatro musicales estilo Broadway (no exagero) y presentaciones de fin de año, pero se ignoran los bajos resultados en la prueba Enlace.

Sobre esos megaproyectos... Miren, yo creo que las clases de teatro y preparar obras a fin de año son magníficas ideas. Los chicos aprenden a controlar sus emociones, a expresarse verbal y físicamente, a organizarse disciplinadamente, a superar la timidez y a trabajar en equipo, además de que puede ser una gran experiencia. Pero con estas producciones la escuela tiraba la casa por la ventana, obligaba a los padres a hacer inversiones millonarias en disfraces y esas cosas, interrumpía muchas clases para los ensayos y obligaba a los profesores a trabajar como staff durante los mismos y en la noche de la función.

Los otros megaproyectos debían estar diseñados y organizados por el profesor. De nuevo, no era mala la idea que al final del año cada grupo presentara un producto de su aprendizaje y esfuerzo. El problema era que, como esto se presentaba a los padres de familia, el jefe y su esposa querían que se luciera con toda la pompa y circunstancia. El éxito del proyecto era completamente responsabilidad del profesor y los alumnos lo sabían. Si no querían hacer nada ni siquiera perdían tantos puntos, y para algunos de ellos era más fácil irse a extraordinario que trabajar en ello todo el año. En cambio, si la cosa no salía bien, los carajeados éramos nosotros.
  



Pero el acabose llegó para mí cuando tuve que someterme a una cirugía. Como empleados no teníamos seguro social (lo que es ilegal, por cierto), así que tuve que arreglármelas con mis ahorros y con no poca ayuda de mis padres. Para colmo, al volver al trabajo me encontré que no me pagarían la semana en que estuve convaleciente. Después de mucha negociación, y con la intercesión de la directora y la coordinadora, el jefe concedió que se me diera la mitad de mi sueldo "como un apoyo". De nuevo, para él era una dávida, no una cuestión de derechos.

Ése fue mi último año. Apenas pude me fui a trabajar a otro lugar. Eso sí, como mis alumnos me querían mucho y los padres de familia hablaban muy bien de mí, la directora y coordinadora insistieron al jefe para que no me dejara ir. Después de una entrevista en la que él, sin nada de tacto, quiso averiguar "de dónde me habían operado", me ofreció darme seguro social y aumentarme el sueldo. Lo siento, ya era demasiado tarde, y me iba a trabajar a una escuela en donde daban todas las prestaciones de ley y en la que sí respetaban a los profesores.



El resto es historia... Para mí, pero no para muchas personas, no sólo porque el señor ahí sigue haciendo de las suyas, sino porque él no es más que un ejemplo de la clase de jefes que abundan en nuestro país.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que horribles jefes.

Allí donde yo estaba el director del área decía que si no se quedaban después de la hora de salida los empleados es que no estaban trabajando. El director siempre se quedaba tarde pero en la mañana también llegaba 2 horas tarde, y a nosotros no nos dejaban esa opción. Pero si hubiese llegado temprano alguna vez, podría ver como sus "personas más trabajadoras", iban por su café y tardaban esas dos horas mientras saludaban a todos y platicaban con todos
'¬¬

Saludos
Joako

Isac Salinas dijo...

alianz?

EIxharus dijo...

Creeme en este pais la situacion es parecida,desafortunadamente los idiotas nunca se extinguen

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