martes, 28 de junio de 2016

England prevails!


Britain first! exclamó Thomas Mair antes de apuñalar y balear a la parlamentaria Jo Cox, en plena calle, a mitad del día. La consigna es lema del UKIP (United Kingdom Independence Party) y del movimiento antiinmigración que apoya la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Jo Cox era una figura señera entre los políticos a favor de la permanencia. ¡Muerte a los traidores! exclamó Mair cuando ya estaba bajo el poder de las autoridades. 

Aunque el movimiento nacionalista se deslindó por completo de las acciones de Mair (y les creo), este tipo de actos son los que se legitiman y envalentonan con la retórica patriotera, racista y xenofóbica de la ultraderecha europea, que está ascendiendo al poder por todo el continente, parte del retroceso histórico global que experimenta el mundo. El triunfo del Brexit entra también en esta tendencia.

Algunos despistados desde la izquierda celebran el Brexit como un triunfo contra el neoliberalismo. No es así. Como explica Gary Younge en The Guardian:

"Gran Bretaña no es hoy más soberana de lo que era ayer. Dejaremos la UE pero permaneceremos dentro del sistema neoliberal. Dejados a merced del mercado somos ahora menos capaces de dirigirr nuestros asuntos que antes. No somos independientes, simplemente estamos aislados."

Antes de la votación Ed Rooksby en The Jacobine y Bertie Russell en Red Pepper reconocían sin problemas que sí, que la manera en la que funciona la Unión Europea representa el grueso de lo que desde la izquierda consideramos negativo, todo aquello a lo que deberíamos oponernos. Pero también urgían a no dejarnos engañar: no existe una agenda izquierdista para el Brexit y el triunfo de ese movimiento sería (como lo fue) para la ultraderecha, un triunfo para el racismo, el nacionalismo a ultranza, la satanización de los migrantes y la xenofobia. Incluso si los votantes de Lexit (left exit) tuvieran en mente ideales de izquierda, en realidad estarían votando por la validación de un proyecto de la derecha más extremista y el ascenso al poder de sus figuras más radicales. El triunfo del Brexit, advertían con razón, tendría como resultado un giro hacia la derecha en la política británica y en Europa. La izquierda debía tomar una pragmática decisión de Realpolitik y votar por la permanencia.



En efecto, las consecuencias negativas del triunfo del Brexit se empezaron a manifestar apenas se anunciaron los resultados. La libra esterlina se desplomó a niveles desconocidos desde las crisis de la década de los 70 y en general los mercados de todo el mundo se tambalearon. De las "opresivas regulaciones" de la UE, muchas tenían el objetivo de proteger al medio ambiente; ahora están a merced de gente que no cree en la existencia del cambio climático. El primer ministro David Cameron ya anunció su próxima renuncia; su legado es un desastre histórico y una Gran Bretaña más dividida y polarizada de la que encontró.

Escocia, un país más liberal y con un mejor sistema educativo que Inglaterra, y en donde la inmensa mayoría de la población votó a favor de la permanencia, ahora quiere separarse del Reino Unido con tal de seguir formando parte de la Unión Europea. Irlanda del Norte contempla lo mismo y los habitantes de Gibraltar no saben qué será de ellos. El Brexit es impulsado por el nacionalismo inglés, y eso dejará a una Inglaterra sola: el Reino Unido podría dejar de existir.

La juventud británica, las generaciones que crecieron siendo europeos, son los que salen peor parados de este resultado. El porcentaje a favor de la permanencia era mayor conforme más jóvenes eran los votantes, pero al final se impusieron las generaciones más viejas, aquéllas que vivirán sólo una o dos décadas con las funestas consecuencias a las que condenaron a sus nietos. Éstos perdieron la oportunidad de estudiar, trabajar, vivir y casarse en todos los países de la Unión Europea. Como lo expresaron elocuentemente en Twitter:

"El futuro de mi generación ha sido decidido por quienes son mayores de 65 años que no sufrirán las consecuencias, mientras que quienes tienen 16 y 17 años no tuvieron cómo expresarse #NotInMyName"
"El destino de nuestro país ha sido decidido por personas que añoran un pasado que nunca existió y han creado un futuro que es sombrío #NotInMyName"
"Soy parte de casi la mitad que no quiso esto. También soy parte de la generación que va a sufrir más #NotInMyName"
"Una generación de visiones obsoletas me ha costado mi futuro y el de cada joven, pero morirá antes de que vea las consecuencias #NotInMyName"
"Totalmente devastada. Miedo e ignorancia le han ganado a la tolerancia y a la unidad. Este resultado no habla por mí"
"Resulta que los jubilados odian a los 'inmigrantes' más que lo que aman a sus nietos #WhatHaveWeDone #NotMyVote"



Pero quizá lo peor es que el Brexit ha envalentonado y legitimado las acciones xenófobas y racistas en Inglaterra. Los migrantes, o las personas de aspecto foráneo ya han empezado a ser acosadas y violentadas por quienes piensan que el Brexit les ha dado el derecho de hacerlo. Impulsos que deberían ser motivo de vergüenza se expresan abiertamente en plena luz del día. Inglaterra ha seguido el ejemplo de Thomas Mair.

Pues no hay que engañarse: detrás de la falsa narrativa de una Gran Bretaña oprimida cual colonia por la "burocracia de Bruselas" (demonio siempre invocado por los euroescépticos) que les obliga a aceptar a inmigrantes musulmanes que "están conquistando Europa" (teoría conspiratoria a la altura la "puñalada en la espalda" y digna de aparecer en Mein Kampf) lo que hay realmente es racismo, xenofobia, nacionalismo, antiintelectualismo, antielitismo, negacionismo científico e histórico; hay miedo y odio tales que la información y los hechos no pueden contrarrestar los prejuicios.

Un joven votante comentó en una nota del Financial Times, demostrando una gran lucidez de la que carecen personas de generaciones más viejas:

“Vivimos en una democracia post-factual. Cuando los hechos se encuentran con los mitos son tan inútiles como balas que rebotan en los cuerpos de los extraterrestres en la novela de HG Wells. Cuando [el político nacionalista] Michael Gove dijo “la gente está harta de los expertos”, tenía razón. Pero, ¿puede alguien decirme la última vez que una cultura dominante de anti-intelectualismo ha llevado a otra cosa que a la intolerancia?”

Britain first! recuerda ominosamente a England prevails!, lema de Norsefire, el partido fascista que gobernaba a Inglaterra en la película distópica V for Vendetta. Las similitudes entre las retóricas de los fascistas de la ficción y sus contrapartes en la realidad son perturbadoras. La historia de cómo Norsefire obtiene el poder explotando el miedo de su población, y en especial poniendo como chivos expiatorios a los musulmanes, se ve reflejado en el triunfo del UKIP.




El triunfo del Brexit, el ascenso de Donald Trump, el crecimiento del Frente Nacional en Francia y de Alternativa por Alemania, lo cerca que Norbert Hoffer estuvo de ganar las elecciones en Austria, son todos signos del crecimiento de la ultraderecha fascista en Occidente. No se trata de los neocons de la era Bush, ni de neoliberales autoritarios, ni de panistas mochos, ni de ninguno de esos otros grupos a los que nos hemos acostumbrado a llamar "fascistas" tan a la ligera. Se trata de neofascistas de verdad (y en el caso de Austria y otros países, de nazis literales), se trata del regreso del monstruo ideológico que en la primera mitad del siglo pasado hundió al mundo en baños de sangre. 

Ahora vemos nazis envalentonados marchando por las calles de ciudades europeas, supremacistas blancos que ya no temen expresar sus verdaderas opiniones, y también sus equivalentes mexicanos y latinoamericanos; aquellos que deberían estar escondidos en un rincón, que no deberían recibir de la sociedad en general más que rechazo y vergüenza, se sienten hoy libres de difundir sus mensajes de odio y violencia.

No podemos esperar a que llegue ningún V a salvarnos. Pero sí es desalentador ver cómo surgen Hiltercitos por todas partes (y un Stalincito muy bien puesto en el poder), pero no hay ni un Roosevelt, ni un Churchill, ni un De Gaulle. El establishment está demasiado roto, desprestigiado, débil y falto de voluntad para oponerse (el triunfo del Brexit lo demuestra), pero temo que la izquierda contemporánea, posmoderna y políticamente correcta, no esté a la altura de un enemigo como lo es el fascismo. Acostumbrada a oponerse a mochos y neoliberales, ha olvidado que existen cosas peores. Hemos pasado muchos años peleando contra Lex Luthor. Pero ahí viene Darkseid.



Aún así, no todo está perdido: en la votación del pasado fin de semana los jóvenes demostraron una vez que en ellos podemos depositar nuestras esperanzas. Podrá criticarse mucho a la generación Millennial: acusada sin razón de frívola y conformista, con cierta justicia de ingenua y utópica, y acertadamente por su tendencia creer que ellos son los primeros en la historia y que están inventando el hilo negro. 

Pero ellos, que votaron por un proyecto que va más allá de las fronteras nacionales, que votaron abrumadoramente por Bernie Sanders por encima de Trump y Clinton combinados, ellos que debutaron en la política de masas con una Primavera Global que barrió el mundo desde El Cairo hasta Wall Street (de la cual este Invierno Fascista es la reacción); esta generación, la mejor educada, la menos nacionalista, la menos religiosa, la más cosmopolita y multiculural de la historia, la más abierta a la diversidad sexual y menos proclive al racismo; esta generación, si no se deja seducir por los Mefistófeles del odio y el miedo, tiene el poder, aunque no lo haya descubierto plenamente, de dirigir la historia por el rumbo opuesto al camino oscuro al que nos quieren arrastrar quienes temen y quienes odian. Otro mundo es posible.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

En realidad, lo más probable es que tras un periodo de convulsión, el Reino Unido volverá a la normalidad gozando de más libertad, y es que la tendencia clara no es a la unificación o uniformar grandes territorios, sino a división de regiones cada vez más autónomas, ya que estás son más eficientes y prácticas que grandes regiones o países (y vaya que sabremos de los problemas que siempre deja el centralismo en México).

Ahora que el comercio sí es un problema: si tratas de hacer una unidad política de un complejo lo suficientemente diverso, invariablemente fallaras, pero si lo dejas en comercio libre, solo benificiaras a ambas partes (en parte, por eso puedes ver que el TLC ha sido mucho más exitoso que la UE, que con esto, probablemente se irá a pique en los próximos 20 años; increíblemente, durando menos que la URSS, pero claro, la URSS se mantenía a punta de pistola).

Maik Civeira dijo...

Ok, supongamos que tienes razón, que en efecto son más funcionales regiones autónomas unidas por acuerdos de libre comercio que grandes entidades sometidas a regulaciones homogéneas...

Nada de eso niega el peligro del ascenso de los neofascismos en el mundo contemporáneo, que el tema principal de esta entrada.

Zer0MX dijo...

Yo creo que el asunto es que más allá de lo imperfecta que pueda ser la UE era un avance hacia una cooperación mundial, la razón principal de la separación no fue la autonomía, fue el nacionalismo que se ha estado dando con más fuerza en los últimos años simplemente hay que analizar los discursos de quienes quieren la separación, sólo hablan sólo de Inglaterra, como ya señaló Mike, los neofascismos han surgido con mucha fuerza un ejemplo más que evidente es Trump con su campaña y el apoyo que recibe. La verdad ésta separación en mi parecer ha sido un gran retroceso histórico.

Kazbam Mabzak dijo...

Creo que lo más feo del Brexit, incluso más feo que los tambaleos en los mercados (cosa que en México nos pega sí o sí), es el discurso xenófobo sin fundamento que, como bien dice el artículo, envalentona a racistas y nacionalistas extremos. Y este discurso xenófobo inglés (que no necesariamente escocés ni irlandés) está siendo seguido de cerca por otros grupos nacionalistas en otros países. Hay que hacer algo para evitar que el ejemplo del Brexit sea una semilla fecunda.

Saludos.

Jon dijo...

Te he nominado al #LiebsterAward http://www.enmicine.com/2016/07/liebster-award.html

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