viernes, 19 de agosto de 2016

Si un árbol cae en medio del bosque...



Inicia otro nuevo curso de Filosofía en segundo de prepa. Eso significa que tengo desde la primera clase que plantear algo que les llame la atención y al mismo tiempo les dé una probadita de lo que será una materia que tiene fama de aburrida e inútil. El truco que utilizo es recurrir al viejo y choteado experimento mental "Si un árbol cae en medio de un bosque y no hay nadie ahí para escucharlo, ¿hace ruido?".

No se me alebresten, mis queridos contertulios. Ustedes saben que no estoy aquí para hacer reflexiones magufas de libro de autoayuda y que me huixo solemnemente en el posmodernismo relativista de "nuestra percepción crea la realidad, maese". Pensar en el árbol en medio del bosque solitario NO es filosofía, ustedes lo saben y yo también. Pero escojo este mame con un motivo, y es que puede ser el desencadenador de la serie de reflexiones que acercarán a mis educandos a la filosofía.

El proceso suele ir más o menos así: algunos chicos responden "no", otros responden "sí", y lo que les preguntó es por qué. Ahí empieza el meollo del asunto, porque pasan a preguntarse si existe sonido sin que haya un oído que lo detecte. Pero tiene que existir algo aunque nadie lo perciba, ¿no? Si los chicos son sensatos, no tardarán en llegar a una respuesta: la caída del árbol produce ondas sonoras, pero sin un ser con un sistema auditivo que las detecte y las interprete como ruido, no se puede hablar de tal.

Hasta aquí todo muy bien, ya hicieron un ejercicio de pensamiento que los llevó más allá de la respuesta fácil y automática. Pero aquí les planteo una nueva cuestión: ¿cómo saben que la caída del árbol producirá esas ondas sonoras? Tardarán un poco en formular sus pensamientos coherentemente, pero al cabo los presentan de la siguiente manera: que cuando un cuerpo choca con otro se producen siempre esas ondas sonoras. 

Muy bien, chicos, pero ¿cómo lo saben? Me encanta ver su cara de estupefacción en este punto, y su reacción de que "¡güey, es obvio!" Pero, ¿lo es? Es aquí donde pasan a apelar al conocimiento científico: lo saben porque lo dice la ciencia. Pero, ¿cómo lo sabe la ciencia? Porque se ha comprobado mediante observación, experimentación, etcétera. Entonces les planteo el problema de la inducción (del cual ya les había hablado en el breve curso de lógica práctica que les puse por acá).



Yo golpeo la puerta, y se produce ruido; la golpeo otra vez y se produce ruido; la golpeo una vez más y también hace ruido. Luego concluyo que todas las veces que golpee la puerta ésta hará ruido. De la misma manera, todas las veces que hemos observado a dos cuerpos chocar constatamos que se producen ondas sonoras, y podemos predecir confiados en que siempre que dos cuerpos choquen se producirán ondas sonoras. Todo esto es muy sensato, pero ¿cómo sabemos que simplemente no nos ha tocado uno de los pocos casos en los que dos cuerpos que chocan NO hacen ruido? ¿Cómo sabemos que ya hemos observado suficientes veces el mismo fenómeno para establecer que siempre va a ser así? Así es como empieza dolerles la cabeza.

Si no se rinden antes de tiempo, la respuesta puede llegar a ser: no lo sabemos, chingados, pero lo más sensato y seguro es confiar que sí. Pues bien, he ahí una revelación importante. Porque, verán, el punto de plantear la pregunta mamona del árbol no es encontrar una respuesta definitiva, sino hacer que los estudiantes se cuestionen las respuestas que ya tienen de antemano. Que se pregunten por qué creen en lo que creen y si pueden confiar en el conocimiento que les ha sido dado, ya sea por sus padres, sus maestros o los medios. 

Sobre todo, es un punto de partida para una de las lecciones más importantes sobre la ciencia: que, a diferencia de otras formas de conocimiento, no debemos admitir la que se nos presenta como científica sólo porque alguien nos dice que así son las cosas, sino que podemos cuestionarla y siempre preguntarnos cómo y por qué. Y nos dará respuestas, aunque sean parciales y tentativas. Así empezamos a damos cuenta de que la ciencia, si bien imperfecta y limitada porque los seres humanos somos imperfectos y limitados, es la mejor forma de conocimiento de la que disponemos. 




Como yo lo veo, la materia de Filosofía cumple dos finalidades primordiales. La primera es ésta: enseñar a pensar. Partimos de las respuestas que algunas de las grandes mentes de la humanidad le han dado a las mismas grandes preguntas que nos seguimos haciendo, para que cada uno de nosotros haga sus propios razonamientos y llegue a sus propias conclusiones. Estamos llenos de respuestas prefabricadas, y estudiar filosofía nos obliga a preguntarnos ¿por qué creemos esto? Nos obliga a cuestionarnos nuestros criterios de lo que es bueno, verdadero, justo o bello: nos saca de nuestra zona de confort intelectual.

Preguntarse sobre si los árboles hacen ruido no tiene mucha utilidad en la vida real, pero sí lo será preguntarse cuándo una acción es éticamente correcta, cómo podemos alcanzar la felicidad o en qué tipo de sociedad queremos vivir. Quizá no sean preguntas que nos vayamos a hacer todos los días, pero sí son preguntas importantes que nos haremos en momentos importantes. La filosofía no nos da respuestas definitivas (ni pretende, ni es justo exigírselas), pero nos enseña a plantearnos las preguntas. Puede ser que al final los chicos se queden con sus mismas respuestas pero ahora tendrán las bases para decir por qué. 

La otra finalidad es la de dotar a los estudiantes de los elementos para entender el mundo en el que viven. ¿De dónde vienen las ideas que todo mundo sostiene? ¿Por qué algunas formas de pensar triunfan y otras fracasan? ¿Cómo es que algunas que hace siglos eran compartidas por un puñado de personas al final terminan convirtiéndose en doctrinas casi universales? ¿Por qué tenemos el sistema político que tenemos y por qué estamos convencidos de que (en teoría) es el mejor?

Como creo con firmeza en ambas finalidades de la Filosofía, lamento profundamente el embate que sufre la asignatura en los nuevos planes educativos. Éste es el último año en que daré la materia completa; a partir del siguiente quedará reducida a sólo la mitad, y todo para satisfacer a un sistema educativo obsesionado con lo inmediato, lo cotidiano y lo laboral; un sistema que no quiere individuos pensantes, sino empleados útiles.

En fin, sólo me queda educar a esta última generación lo mejor posible, hacer mi mejor trabajo a partir del próximo año a pesar de las limitaciones y tratar de crear otros espacios para la reflexión que hará falta en las escuelas, por lo menos hasta que lleguen tiempos menos insensatos.

6 comentarios:

Master of Doom dijo...

Chingon!!!!..me recordó la discusión que tuve con el director de la facultad de Ingeniería donde estudiaba, me quería expulsar por comentarios que puse en el portal de noticias de la pagina Web de la escuela, eso hace 20 años. En un momento le comente que el lema de la Universidad que es "alere flammam veritatis" era pura mentira ya que me antes me respondió que el alumno viene a estudiar y no a pensar. Allí abrí los ojos y me di cuenta de la triste realidad de la educación en México. Y no me pudo expulsar ya que me protegieron varios catedráticos que eran del bando contrario.

Anónimo dijo...

Fuiste mi profesor de historia y etimologia en la FML hace algunos años, estoy a punto de terminar mi carrera y no he tenido mejores clases que las suyas, me hubera encantando cursar sobretodo con este metodo mayeutico su clase de filosofia.
Saludos!

Maik Civeira dijo...

Gracias! No sabes lo que eso significa para mí! :')

Maik Civeira dijo...

Gracias por tus comentarios, Master, y por compartir tu experiencia. :)

master_of_seals dijo...

Hola, Ego. Hace algún tiempo, unos 3 años ya, llegué a realizarte una entrevista para mi clase de filosofía por medio de Skype que grabé y mostré a mi clase. Quizá no lo recuerdes, pero creo que la claridad de tus respuestas en aquél entonces incrementaron mi interés ya presente por la licenciatura en filosofía. Desde hace algunos periodos he estado cuestionando la validez de la especulación filosófica. La encuentro intelectualmente infertil, y no me satisface ya la respuesta de que la filosofía esta para formular preguntas relevantes, ya será la ciencia la que se encargue de ver qué preguntas son validas y cuáles son las mejores respuestas a las que podemos acceder. Además, creo que las preguntas valiosas desde hace algunas decadas ya no son planteadas por los filósofos profesionales, sino por científicos. Tampoco me convence la respuesta de que la filosofía enseña a pensar. Incluso si ése fuese el caso, a menos que hablemos de pensamiento científico el razonamiento filosófico, cuando menos aquél razonamiento filosófico que esta presente en todas las obras que he estudiado, incurre en peticiones de principio o, con suerte, en perogrulladas. Esto es, el pensamiento científico me parece tanto o más riguroso que el así llamado filosófico, pero además con el compromiso de no dejar recaer en última instancia sus argumentos, cualquiera que sea, en creencias no demostradas. Continúo en la carrera con la convicción de que en algún punto encontraré una respuesta que vuelva a mostrarme el valor de la filosofía, aún si es completamente diferente al que le atribuí al comenzar a estudiarla como (espero que tan sólo la primera) mi licenciatura.

Maik Civeira dijo...

Hola, masters:

Sí, lo recuerdo bien. Entiendo tus inquietudes, y créeme que son muy comunes. En esta entrada defendía más bien el estudio de la filosofía para estudiantes de bachillerato. La filosofía profesional de hoy está llena de charlatanería, pero no hay que tirar al niño junto con el agua. ¿Conoces el blog de Massimo Piggliucci?

https://platofootnote.wordpress.com/

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