viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Quién le teme al marxismo cultural?

                

Si usted es de aquellos masoquistas que gustan de meterse en discusiones en los Internetz, quizá se haya topado con el término “marxismo cultural”, usado por lo general de forma acusatoria y despectiva, por parte de conservadores o personas de derechas, para atacar posturas progresistas, liberales o de izquierdas. Pero, ¿qué significa realmente?

Hagamos un poco de memoria: según nos cuenta la RationalWiki, el término fue acuñado por el intelectual Trent Schroyer como una crítica al marxismo tal como lo practicaba la afamada Escuela de Frankfurt, uno de los grupos intelectuales más influyentes del siglo XX, creadores de la Teoría Crítica (y por los cuales personalmente no siento gran respeto). Schroyer decía que estos teóricos eran marxistas sólo en lo cultural, es decir, que se la pasaban hablando y escribiendo del marxismo, pero en su vida estaban inmersos en la dinámica de la clase media capitalista, y no se comprometían con la revolución. Schroyer usaba la expresión despectivamente, como nosotros podríamos decir “revolucionario de café” o “activista de sillón”.

El uso que se le da hoy en día es completamente distinto, paranoide y profundamente antiintelectual. Algunas personas entendieron que los miembros de la Escuela de Frankfurt y demás intelectuales que le siguieron se dedicaron a difundir veladamente ideas marxistas para transformar poco a poco la sociedad occidental. Estas personas advierten que, de forma deliberada o por descuido, o porque de plano somos víctimas de una vasta y maligna conspiración global, hemos dejado que esas ideas se infiltren en todos los aspectos de la cultura: la academia, el sistema educativo, el arte, el entretenimiento, los medios, etcétera, y que ello nos está llevando lentamente a convertirnos en una distopía comunista.

Empiezan con matrimonios interraciales, continúa con matrimonios del mismo sexo: ¡todo orquestado por los judíos! Esta caricatura que vi en Internet no me mentiría.

¿Cuáles son esas ideas? Básicamente, cualquier cosa que no le venga bien a un derechista, aunque no tenga nada que ver con la filosofía de Marx. ¿Apoyas el matrimonio igualitario? ¡Marxista cultural! ¿Te quejas del sexismo en la sociedad? ¡Marxista cultural! ¿Simpatizas con movimientos antirracistas como Black Lives Matter? ¡Marxista cultural! ¿Te indigna que el 1% de los mexicanos concentre más del 40% de la riqueza en el país? ¡Marxista cultural! ¿Consideras que las mujeres deberían tener derecho a decidir si interrumpen su embarazo? ¡Marxista cultural! ¿Te preocupa el cambio climático? ¡Marxista cultural! ¿Estás a favor de los derechos de los pueblos indígenas? ¡Marxista cultural! ¿Usaste las palabras “opresión” o “explotación!? ¡Marxista cultural! Y así, y así…

Poco importa que Marx no hubiera dicho nada de los derechos de los homosexuales, por ejemplo; cualquier cosa que pretenda subvertir un orden tradicionalista puede ser descalificado con la frasecilla. Los que lo señalan pretenden posar como listillos: “¡Ja! ¡Tú crees que tus ideas son tuyas y que llevan a la libertad, pero yo sé que estás siendo manipulado por los comunistas, chairo pendejo!”. Más aún, como su hermano gemelo “ideología de género”, este término se utiliza para poner fin a una discusión sin tener que tomarse la molestia de analizar y cuestionar las posturas propias o ajenas. Una vez que una idea queda descalificada como “marxismo cultural”, ya ni siquiera vale la pena ser discutida.

¡Muajajaja! El feminismo, los movimientos por los derechos de los gay, el ateísmo y la legalización de la marihuana. ¡Todo controlado por los judíos comunistas para destruir a Occidente!


Claro, muchas de las posturas de la izquierda provienen de Marx, y otras tantas coinciden con las del viejo barbón, pero es que resulta prácticamente imposible escapar de la influencia de uno de los pensadores más relevantes de Occidente en los últimos dos siglos, cuyas aportaciones reconocen hasta quienes no son sus seguidores. De cualquier forma, no todos los ideales y valores tradicionalmente asociados con la izquierda tienen origen en la obra de Marx, ni mucho menos. Una buena parte se remonta hasta la Ilustración, y otra buena parte surgió precisamente porque el marxismo resulta insuficiente para explicar y solucionar muchos fenómenos sociales. Y aunque vinieran del marxismo o estuvieran relacionados con éste, tendríamos que juzgarlos en sí mismos, en vez de hacer una burda falacia de asociación y decir que si Iósiv Stalin y los movimientos obreros estaban ambos inspirados por Marx entonces han de ser lo mismo.

Lo que asusta a estas personas son tendencias que ciertamente de unas décadas para acá vienen desarrollándose y que están dando como resultado una sociedad más liberal y menos tradicionalista: hay cada vez más aceptación hacia las personas LGTBQ; hay movimientos feministas que piden mucho más que simple igualdad de palabra y pugnan por cambios sociales profundos; hay una cada vez mayor generalización de valores como el aprecio a la diversidad y el respeto hacia otras culturas. Pero esto no es producto de la voluntad o la planeación de una sola cábala de genios malignos, sino que se trata fenómenos socioculturales multifactoriales y complejos. Y definitivamente nada de esto va a "destruir al mundo occidental". Las veces que Occidente ha estado a punto de suicidarse (dos guerras mundiales y momentos puntuales en la Guerra Fría), no se puso al borde del abismo por abrazar valores liberales, sino por el contrario, lo hizo por seguir a los ídolos que hoy adoran quienes se alarman por "el marxismo cultural": nacionalismo, militarismo, intolerancia, xenofobia...

Pero a los paranoicos anti-marxistas, que casi con toda seguridad ni han leído a Marx, no les importa; su concepción de la realidad política y de la historia es simplista y conspiratoria, y creen que si algo que no les gusta está ganando terreno, sólo puede deberse a que las malévolas fuerzas judeo-masónicas-bolcheviques-gay están comploteando en su contra. Así se explica que puedan llegar a tener nociones tan delirantes y completamente absurdas como que desde Hollywood hasta el gobierno de Peña o el de Obama están todos infiltrados por los comunistas. No es de extrañar que, fuera de algunos derechistas despistados, los que con más enjundia hablan de “marxismo cultural” sean los del extremo más diestro y menos sofisticado del espectro ideológico: fundamentalistas cristianos, hispanistas del revisionismo histórico, neonazis, criptofascistas e iluminados de la alt-right.

Pero los nazis no eran malos, ésas son las mentiras que le meten a los niños en la escuela esas maestras judías que están a favor del capitalismo y del comunismo. Por eso no hay que darles educación a nuestros hijos.


Hablando de lo cual vale la pena recordar que estas actitudes paranoides tienen su origen en los mismísimos nazis; ya saben, esa gente muy mala que representa el non plus ultra de todo lo que puede malir sal con la humanidad. Para acallar la oposición política en Alemania, prácticamente acusaban a todo el que les estorbara de “bolchevismo cultural” (y si se trataba de reivindicar los derechos de las mujeres, entonces era “bolchevismo sexual”). Todo impulsado por los judíos, claro está, pues no olvidemos que los nazis, con su mentalidad hipersimplificadora, metían a sus enemigos en el mismo saco y que para ellos tanto la democracia burguesa como el comunismo soviético eran obra de los sabios de Sión para destruir Occidente. Así que ahí tienen chavos: cuando alguien les acuse de “marxismo cultural”, se vale señalarles que están cometiendo “nazismo cultural”. Je.

En conclusión, cualquier texto que se presente como de análisis político o de crítica social y use en serio la expresión “marxismo cultural” (o “ideología de género”, para el caso) pude ser descartado ipso facto como si hablara de la Conspiración de los Reptilianos Illuminati para establecer el Nuevo Orden Mundial.

Publicado originalmente en Polis.mx

sábado, 19 de noviembre de 2016

El invierno se acerca

Tess Asplund se le plantó por delante a un contingente de neonazis que marchaba por las calles de Borlänge, Suecia. El racismo en el país, en especial contra las personas de raza negra, ha estado creciendo en los últimos años, mientras que grupos xenofóbicos y de extrema derecha ganan popularidad.

Sus discursos excitan las pasiones de las masas en contra de una clase política de siempre, a la que culpan de los problemas actuales de la sociedad. Se plantean a sí mismos como ajenos al establishment político, dispuestos a derrocar a las élites del poder para gobernar según la voluntad del pueblo. Prometen resolver esos problemas con soluciones sencillas que dependen de la fuerza de voluntad del gobernante.

Son ferozmente nacionalistas y xenófobos: están en contra de la inmigración y temen que la cultura de sus naciones esté en peligro por las influencias extranjeras. Están en contra de la integración global y a favor de un aislacionismo que permita a cada estado-nación regirse a sí misma libre de instituciones trasnacionales como la ONU, la Unión Europea o la OTAN. En Occidente predican el miedo a los musulmanes y advierten que Europa y América se están islamizando. En ocasiones son abiertamente racistas y predican la supremacía blanca.

En general son tradicionalistas y están en contra del feminismo, el multiculturalismo y los movimientos LGTBQ. Alimentan fantasías conspiratorias acerca de que la ideología de género, el marxismo cultural y la corrección política amenazan con destruir el estilo de vida de Occidente (aunque sus definiciones de esos tres conceptos suelen ser ambiguas y ad hoc). En ocasiones esas posturas tienen sus raíces en el fundamentalismo religioso.

Tienen una fuertemente vena autoritaria y consideran que los problemas de seguridad pueden resolverse mediante el uso de la fuerza irrestricta, sin consideración a los derechos humanos. Contra el crimen y el terrorismo, dicen, los gobiernos liberales han sido demasiado suaves, demasiado débiles. Por ello favorecen la vigilancia masiva, el uso de la tortura en interrogaciones y la facultad de las autoridades para actuar sin restricciones.

También predican el antiintelectualismo y el pseudointelectualismo; denuestan a los intelectuales y a los universitarios y desprecian todo conocimiento científico que no sea compatible con sus ideologías. A menudo niegan el cambio climática e incluso la evolución. Desconfían de los medios de comunicación mainstream y en cambio se apoyan de medios fringe de dudosa reputación (por decir lo menos). En realidad, se apoyan en la desinformación y las teorías conspiratorias, muchas veces difundidas desde medios como Russia Today y Sputnik.

De hecho, algunos de ellos tienen vínculos con la Rusia de Vladimir Putin y se ayudan los unos a lo otros en una suerte de alianza internacional. A través del océano, se felicitan mutuamente por sus victorias, toman inspiración los unos de los otros, se visitan los unos a los otros en sus eventos políticos, expresan su admiración hacia Putin, usan los medios rusos como plataforma y reciben dinero de los bancos rusos. Pero ésta no es la Rusia soviética, y ninguna ideología utópica, y menos los valores de  las izquierdas, socialistas o de cualquier otro tipo, guían al gobierno de Putin; es sólo el autoritarismo autócrata y la competencia con los Estados Unidos y la Unión Europea por la hegemonía geopolítica.

La recesión económica que se vive desde 2008 ayudó a crear el ambiente de resentimiento contra las élites dominantes, ajenas a los problemas e intereses de la gente común, que ha permitido el ascenso de estos demagogos. Pero sobre todo, se debe al clima de miedo e inseguridad que he provocado la crisis de los refugiados árabes en Europa, producto de la guerra civil en Siria y otros conflictos en Medio Oriente y el Norte de África (que a su vez son las reacciones de los gobiernos totalitarios y de grupos musulmanes fundamentalistas a la Primavera Árabe) y el ascenso del Estado Islámico con sus ataques terroristas en el Viejo Continente.

Se trata de la nueva ultraderecha, que está creciendo peligrosamente a lo largo y ancho del mundo occidental, pero también en otros lugares del globo. No todos estos grupos comparten todas las características que acabo de enlistar, y en realidad en algunos puntos pueden diferir bastante (en lo económico, por ejemplo, varían entre el libertarianismo y el proteccionismo). Y el calificativo de "fascista" puede parecer exagerado en muchos de los casos, aunque en otros encaja casi a la perfección. Pero el caso es que si esta década inició con una Primavera Democrática, amenaza con terminar con un Invierno Fascista. Ésta es una muestra del panorama global, sólo algunos puntos a los que todo ciudadano del mundo debe prestar atención en los próximos meses.

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FRANCIA




El Frente Nacional lleva las riendas de la ultraderecha en Francia. Bajo el liderazgo de Marine Le Pen (desde 2011) ha tenido unos años de gran éxito, especialmente tras las elecciones de 2014 y 2015. Con la pérdida de popularidad del Partido Socialista del ahora presidente Francois Holande, Le Pen se perfila para ser la próxima gobernante. En el menos peor de los casos, el partido conservador de Nicolás Sarkozy (que junto al FN parece hasta moderno), podría vencer a Le Pen.

En materia de seguridad, el FN está a favor de una política de cero tolerancia a la delincuencia, sentencias más duras, un sistema penitenciario más amplio para poder encarcelar a más personas y el reestablecimiento de la pena de muerte. Culpa a la inmigración, en especial a la proveniente de países musulmanes, de ser la causa de los problemas de seguridad en el país galo, por lo que aboga por cerrar las fronteras.

En su nacionalismo, Le Pen quiere sacar a Francia de la Unión Europea y reestablecer las auduanas fronterizas para limitar el tráfico de bienes y personas entre países. También está en contra de que ciudadanos franceses tengan doble nacionalidad.

El fundador del FN, y padre de la actual presidenta, Jean-Marie Le Pen (después expulsado del partido) declaró abiertamente que la ocupación nazi de Francia "no fue tan mala" y puso en duda el Holocausto. El Frente Nacional declaró su simpatía hacia Rusia en el reciente conflicto con Ucrania y la consecuente ocupación de Crimea. Le Pen ha llamado a Putin "el gran defensor de la civilización europea cristiana". Por cierto, el Frente Nacional ha recibido financiamiento de bancos rusos.

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REINO UNIDO





El Brexit triunfó en el Reino Unido tras una campaña de desinformación encabezada por Nigel Farage (por ejemplo, prometiendo un influjo imposible de dinero para todos), uno de los miembros fundadores del UK Independence Party. A pocos días del referéndum, iniciaron ataques racistas y xenofóbicos contra inmigrantes y personas de raza no blanca, pues muchos ingleses creían que el propósito del Brexit era expulsar a los extranjeros.

La ideología del UKIP se basa en el nacionalismo identitario; argumenta que la identidad británica se encuentra en peligro por causa de la inmigración y las influencias extranjeras. Está en contra de la Unión Europea, la cual, según su retórica, es la que obliga al Reino Unido a recibir inmigrantes y terroristas en sus tierras. Aunque se declaran unionistas, el corazón del partido es completamente inglés, y deja de lado a los celtas irlandeses, escoceses y galeses. Sus miembros sueñan con restaurar la gloria del Imperio Británico.

En cuanto a economía, están a favor del libertarianismo, que plantea una casi absoluta libertad de los mercados y las actividades económicas. Una de las razones para dejar la EU, sería que ésta impone demasiadas regulaciones a la economía británica. Según el UKIP no deberían existir regulaciones ni siquiera para proteger el medio ambiente o los derechos laborales.

De hecho, el partido niega la existencia del cambio climático antropogénico, y no apoya el desarrollo de fuentes de energía sustentables; incluso se ha opuesto al establecimiento de granjas de energía eólica porque "afean el paisaje". En cambio, está a favor del uso continuo de combustibles fósiles y del fracking.

Se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y está a favor de la reintroducción de la pena de muerte. Pretende sacar a Gran Bretaña de la Convención Europea de los Derechos Humanos y de la Convención Europea para los Refugiados. También apoya que la Iglesia Anglicana siga siendo la oficial en el Reino Unido, mantenida por el Estado.

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Selfie contra el odio. Una joven musulmana se toma una selfie ante manifestantes islamófobos en Amberes, Bélgica. Mayo de 2016.

ALEMANIA



Irónicamente, ante la victoria de Trump y del Brexit, y del muy probable ascenso del Frente Nacional al poder, la Alemania de Angela Merkel permanece como el último bastión del liberalismo en Europa. De ahí el apoyo de Rusia al ultraerechista partido Alternativa por Alemania (AfD).

Aunque Alternativa por Alemania aprueba la permanencia del país en la Unión Europea, está favor de eliminar el euro, y en contra de una mayor integración paneuropea y de mantener a países subdesarrollados como Grecia.

Su postura en cuanto a la inmigración es de línea dura, y esto es lo que le ha dado al partido cierta popularidad a raíz de la crisis de refugiados, en especial desde que el gobierno de Merkel decidió acoger a miles de sirios.

También se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo, apoya los roles de género tradicionales, niega que el cambio climático sea producido por la actividad humana, se opone al desarrollo de energías sustentables y favorece el reestablecimiento de la conscripción militar

Aún más a la derecha se encuentra el Partido Nacional Democrático de Alemania (NPD), que es más o menos abiertamente neonazi, promueve el racismo, el antisemitismo y la islamofobia y llama a la abolición de la decadente democracia parlamentaria, para restaurar a Alemania con las fronteras anteriores al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

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OTROS PAÍSES DE EUROPA




Polonia se encuentra actualmente gobernada por el Partido por la Ley y la Justicia (PiS en polaco). En su política económica y exterior no es muy diferente a otros partidos conservadores europeos, ya que no propone salirse de UE, sino limitar su injerencia en asuntos nacionales, así como reducir las regulaciones económicas y los programas de asistencia social. Es en lo social donde se muestra más abiertamente reaccionario: se opone al matrimonio igualitario, a la eutanasia, a la educación sexual, a la fertilización in vitro y un reciente intento de prohibir el aborto sólo fue detenido por protestas masivas de mujeres por todo el país.

En Austria, Norbert Hofer perdió las elecciones presidenciales por un pelo, pero luego éstas fueron anuladas por la Corte Constitucional debido a sospechas de fraude y se volverán a celebrar en un futuro próximo. Hofer es miembro del Partido por la Libertad de Austria (FPÖ en alemán), que cuenta entre sus fundadores tanto a antiguos nazis. Este partido pregona una extraña combinación de políticas económicas libertarianas de mínima participación del Estado, con una ideología nacionalista y pangermánica. Se opone a la integración europea, a la inmigración y al Islam por considerarlos amenazas a la identidad austriaca.

La crisis económica y política en Grecia llevó al apogeo de dos partidos políticos antisistémicos. El izquierdista Syriza, que actualmente gobierna, y el ultranacionalista Amanecer Dorado. Este último ha sido señalado como neonazi y sus miembros y seguidores se han visto envueltos en casos de violencia y pandillerismo. Además de usar el saludo romano, miembros prominentes de Amanecer Dorado han hecho cosas como: 1) declarar su admiración por el dictador nacionalista Ioannis Metaxas (1871-1941), 2) citar el innumerables veces refutado libelo Los protocolos de los sabios Sión, 3) lamentar la derrota del nazismo, que según ellos habría regenerado la ahora decadente cultura europea, y 4) negado el Holocausto, entre otras muestras públicas de su afecto por el nazismo.

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Miles de mujeres protestaron en Polonia contra los intentos del gobierno conservador para prohibir el derecho a interrumpir el embarazo. Otoño de 2016.


TURQUÍA




El ultraconservador de Recep Tayyip Erdogan ha acumulado más y más poder alrededor de su persona. Musulmán muy estricto, se le ha acusado de violar la laicidad de la República Turca, que ha sido un principio fundamental desde su creación. De ahí su conservadurismo social, que lo ha llevado a criminalizar las comunidades LGTBQ y a declarar abiertamente que el papel de las mujeres es ser madres y esposas. También es conocido por su política de mano dura contra sus opositores y contra manifestantes y activistas (como durante la Primavera Turca en 2013), lo que le ha llevado a constantes violaciones contra los derechos humanos.

Tras el fallido golpe de Estado en julio de 2016, ha llevado al extremo su política autoritaria, declarando un estado de emergencia permanente que le ha servido como excusa para encarcelar a más de cien mil ciudadanos turcos (entre servidores públicos, militares, intelectuales y académicos) opuestos a su régimen.

Además, ha implementado una política de segregación contra los kurdos de Turquía, los chivos expiatorios favoritos del gobierno de Erdogan. Esto ha llevado al despido de 12 mil profesores kurdos y la destitución de 24 alcaldes electos de etnia kurda.

Esto último tiene connotaciones muy onerosas, sobre todo teniendo en cuenta que el gobierno de Erdogan niega que haya ocurrido el Genocidio Armenio, perpetrado por el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial. Aquél fue uno de los primeros grandes genocidios del siglo XX, ejecutado por el gobierno otomano cuando los armenios fueron tomados como chivos expiatorios por las derrotas sufridas por el ejército en el Cáucaso. Un millón y medio de armenios murieron como parte de este acto genocida, el cual es aún punto de discusión en la política interior y exterior de Turquía.

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ASIA ORIENTAL




El giro hacia formas de gobierno autoritarias, nacionalistas y demagógicas no es exclusivo de Europa o de Occidente en general. Actualmente podemos atestiguar el auge de organizaciones políticas que predican estos principios.

"Hitler mató a tres millones de judíos. Ahora hay tres millones de drogadictos y narcotraficantes en nuestro país a los que quiero exterminar" dijo públicamente Rodrigo Duterte, el nuevo presidente de Filipinas (su mandato inició este 2016). Evocar a Hitler no es un suicidio político en un país en el que la historia de Occidente no es bien conocida. Por el contrario, muchas veces se ve a Hitler como un líder efectivo que hace lo que tiene hacerse con mano dura. No es de extrañar que Duterte haya iniciado una guerra sin cuartel contra el narcotráfico, con una política de "dispara primero, averigua después", que ya ha arrojado un saldo de miles de muertos y cientos de violaciones a los derechos humanos, en la que ni siquiera se puede saber si los caídos eran en realidad culpables de lo que se les acusaba.

Por otro lado, en Japón el gobierno del primer ministro Shinzo Abe coquetea con un peligroso revisionismo histórico que minimiza los crímenes de guerra cometidos por el militarismo nipón antes y después Segunda Guerra Mundial. El discurso oficial es moderado si se compara con el de revisionistas más radicales que niegan o justifican los crímenes de guerra y el feroz expansionismo japonés, al que miran como una valiente cruzada contra el imperialismo occidental.




En Indonesia apenas en 2014 el general Pabrowo Subianto estuvo a punto de ganar las elecciones presidenciales con una plataforma abiertamente autoritaria, que incluso utilizó simbología nazi como parte de su campaña. En la India, Tailandia y Pakistán también existe cierta idea de que Hitler era alguien capaz de poner orden al caos, aunque parece ser más producto de la ignorancia que de una sincera admiración por el nazismo, y por el momento parece lejana del poder.

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AMÉRICA LATINA




En América Latina no hemos visto un auge de grupos neofascistas, si bien las agrupaciones políticas de derecha en el continente tienden a ser bastante oscurantistas. Sin embargo, sí hemos presenciado un giro hacia la derecha, especialmente después del agotamiento de varios experimentos de izquierda, que en la Venezuela de Chávez y Maduro acabó en desastre, mientras que en Argentina y Brasil terminó en escándalos de corrupción, y en Nicaragua el gobierno posrevolucionario se va transformando en la dinastía familiar del clan Ortega. Es a la sombra de esa reacción conservadora que los movimientos de corte fascistoide pueden florecer.

No se puede negar la corrupción que infectaba el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil, pero el proceso de impeachment en su contra tenía poco que ver con la justicia y mucho con el revanchismo político. Que los políticos que lo encabezaron tuvieran historiales de corrupción iguales o peores es de preocuparse, pero lo es más que declararan abiertamente que lo hacían en nombre de Dios y del glorioso recuerdo de la dictadura militar. El nuevo presidente Michel Temer, quien asumió el cargo en agosto de 2016, no tardó en mostrar sus verdaderos colores y formar un gabinete compuesto por puros hombres blancos, sin mujeres, indígenas o negros, además de revertir políticas sociales progresistas al suavizar la definición de esclavitud (para que no incluyera referencias a "condiciones degradantes y turnos agotadores"), reducir las tierras protegidas de los pueblos indígenas y recortar la construcción de vivienda pública.

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Encabezado por el premio Nobel de la paz, Juan Manuel Santos, el gobierno de Colombia lleva ya varios años negociando la paz con el grupo guerrillero de las FARC, para poner fin a un conflicto armado de alrededor de medio siglo. Santos llamó a un referéndum para darle legitimidad democrática al proceso, y para sorpresa suya y de casi todos los analistas políticos alrededor del mundo, ganó el NO (por fortuna, desde entonces se han llegado a nuevos acuerdos de paz). Lo preocupantes que, al igual que con el Brexit en el Reino Unido, la campaña a favor del No estuvo sustentada en mentiras y desinformación. Encabezada por el expresidente derechista Álvaro Uribe, la campaña por el No se basó en el resentimiento y el revanchismo, pero también en falsos rumores sobre que la victoria del Sí implantaría la tan mentada "ideología de género" en el país, y con eso embaucaron a las personas más religiosas.

De hecho, se ha registrado un empoderamiento de las iglesias evangélicas protestantes en América Latina, las cuales pregonan entre sus valores religiosos la homofobia, los roles tradicionales de género y el creacionismo. En México, aliados a la Iglesia Católica, estos grupos religiosos son la principal fuerza que compone el Frente Nacional por la Familia, surgido este año para combatir la iniciativa del gobierno federal a favor del matrimonio igualitario. Entre las mentiras difundidas por el FNF estaban que nuevas leyes permitirían que los niños se cambien de sexo ante el registro civil sin permiso de sus padres.

Ahora bien, el FNF es ciertamente retrógrado, pero no cae en la categoría de fascista y sería injusto llamarlo así. Sin embargo, bajo su cobijo grupos de inspiración neonazi hicieron su aparición. En América Latina, estos grupos se presentan con un nacionalismo hispanista (que exalta las raíces españolas del continente y minimiza la importancia de las culturas indígenas, si es que no las desprecia abiertamente), por lo general católico, igualmente homofóbico y misógino. Estos grupos celebran la conquista española, idealizan la época colonial y a los dictadores militares latinoamericanos. Por otra parte, se oponen a la influencia de los Estados Unidos y a la globalización. Una de las principales páginas hispanistas en México apoyó abiertamente a Donald Trump.

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Dos mujeres jóvenes se dan un beso en el Besatón de Mérida, México, organizado para contrarrestar la homofobia promovida por el Frente Nacional por la Familia. Septiembre de 2016.


WINTER IS COMING





De los Estados Unidos hablé en la entrada anterior, y le dedicaré otro texto próximamente, cuando quede más claro el panorama postelectoral y se defina el equipo de transición de Donald Trump (que no pinta para nada bien). La victoria del Hombre Naranja ha envalentonado a los grupos racistas y xenofóbicos en nuestros vecino del norte, y ocasionado la peor ola de crímenes de odio desde el 9/11. Además, le ha dado bríos a los grupos de ultraderecha en Europa y, suponemos, del mundo.

Si hace un par de años nos parecía inverosímil que fantoches como Trump pudieran llegar a la presidencia, hoy en día debemos estar alerta. Esos grupúsculos que hoy en día ocupan un lugar marginal en el ambiente político podrían sorprendernos y dar un salto a puestos de poder importantes. Probablemente lo hagan desde el interior de agrupaciones conservadoras moderadas (como el PAN en México) y vayan ascendiendo en ellas y redirigiendo su plataforma cada vez más hacia la reacción radical, justo como le sucedió al Partido Republicano.

El ascenso de estas ideologías significa una amenaza para la democracia, los derechos humanos, el Estado laico, el combate al cambio climático y los avances sociales conseguidos en materia de equidad de género, y en la lucha contra el racismo y la homofobia. Debemos mantener los ojos abiertos. El invierno se acerca y los lobos están hambrientos.

Pero también por eso puse algunas fotos de mujeres que luchan contra esta ola reaccionaria (precisamente teniendo en cuenta que estos grupos son sexistas), para que nos demos cuenta que, incluso en este ambiente tan frío, hay valor, integridad y esperanza. Es tiempo de organizarnos y resistir.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Heil Trump!



Ha sucedido lo impensable: Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Ríos de tinta (virtual) ya se han derramado sobre este terremoto que ha sacudido al mundo y provocado desconcierto y miedo. No creo que tenga mucho que añadir al respecto, así que hoy sólo quiero aclarar algunos puntos:

EL INVIERNO FASCISTA



El fenómeno Trump no es aislado ni exclusivo de los Estados Unidos. Es simplemente el acontecimiento más reciente y más notorio de una tendencia histórica reaccionaria que está barriendo el mundo. Grupos de ultraderecha están ganando terreno en diferentes países. Tienen en común una vena autoritaria y antiintelectual, a menudo relacionada con el fundamentalismo religioso; son ferozmente nacionalistas y xenofóbicos, se oponen a la inmigración y a menudo son abiertamente racistas; se manifiestan en contra de la integración global y de la coexistencia de diferentes culturas; tiene poco respeto por la verdad y los hechos, predican teorías conspiratorias y echan mano de desinformación transmitida a través de las redes sociales, mucha de ella generada por agencias rusas como Russia Today y Sputnik.

De hecho, estas organizaciones tienen fuertes vínculos con la Rusia de Vladimir Putin, y están formando algo así como una alianza internacional de extrema derecha. Por cierto, que no se engañen los trasnochados que siguen pensando que Rusia es de alguna forma un referente para la izquierda. No hay nada izquierdista en el gobierno autoritario y autocrático de Putin. Su oposición a los Estados Unidos y a la Unión Europea no tiene fundamentos ideológicos ni lo hace un campeón del antiimperialismo: lo que hay aquí es una lucha global por la hegemonía.

Se ha debatido si estos grupos merecen o no el nombre de fascistas. Lo cierto es que se trata de una derecha demagógica, autoritaria, violenta y sobre todo, descarada, que no se compara con los neocons de la era Bush, los neoliberales autoritarios y demás grupos derechistas y conservadores a los que en el pasado reciente se ha querido llamar “fascistas” con demasiada laxitud. El hecho de que algunos de esos grupos europeos están formados y apoyados por verdaderos neonazis (y en Estados Unidos, por el Ku Kux Klan), me parece suficiente para por lo menos calificarlo de fascistoides.

Esto es peligroso, porque asistimos a una época de retroceso histórico global. El regreso del PRI al ejecutivo federal ya era en sí un retroceso para México, pero cosas peores pueden venir. Podría aparecer un Trump mexicano, impulsado por fuerzas oscurantistas y retrógradas, como el Frente Nacional por la Familia, que pretenda implantar valores religiosos tradicionalistas como reacción a los precarios avances en materia de inclusión y derechos humanos (mientras Trump alcanzaba la victoria, la Cámara de Diputados en México echó por tierra la propuesta presidencial a favor del matrimonio igualitario). Y en este país alguien así podría tener un apoyo tremendo, sobre todo si se concierta una alianza entre los sectores más medievales del catolicismo y el cristianismo evangélico.

·         Cuando el pasado nos alcance


CONSECUENCIAS



Estamos hablando de un candidato que ha sido acusado de fraude, evasión de impuestos, acoso sexual y violación a menores. Que un ser humano así llegue a la presidencia del país más poderoso del mundo da miedo, mucho miedo. Es la epítome de la impunidad: el crimen no sólo no se castiga, sino que se premia con el mayor de los triunfos. ¿Qué mensaje envía esto a toda una población?

Las nefastas consecuencias de la victoria de Trump ya se han empezado a sentir, y no me refiero sólo a la inestabilidad en los mercados mundiales y la probable recesión que viene. Las promesas de Trump sobre el muro y las deportaciones masivas son inviables. Pero no es necesario que las cumpla; basta con que lo intente para ocasionar un gran daño entre la población de origen migrante. De hecho, ya con que lo haya prometido y defendido ha vulnerado enormemente a la sociedad estadounidense.

Pues resulta que gracias a este triunfo, los racistas y xenófobos de los Estados Unidos se han envalentonado (como ha sucedido en Inglaterra tras el Brexit). Sienten que sus discursos y sus ideas han quedado legitimados y que tienen libertad para salir a la calle y perpetrar crímenes de odio contra negros, latinos, musulmanes y homosexuales. El Ku Kux Klan ya se prepara para realizar un desfile triunfal. Piensen en el significado de esto: un grupo terrorista, cuya existencia ni siquiera debería ser permitida en un Estado de derecho, pretende desfilar victorioso a plena luz del día.

A nivel geopolítico, quien sale ganador es la Rusia de Putin. Trump ha declarado que Estados Unidos no puede darse el lujo de cuidar a sus aliados. Esto podría traducirse en el probable abandono de Europa Oriental a la merced de Rusia. Lo mismo le pasaría a Japón y Corea del Sur frente a China. De hecho, todo el orden mundial de la posguerra, que ha servido para preservar la paz (es decir, por lo menos no ha habido más guerras entre potencias y las guerras internacionales van a la baja), puede venirse abajo. Y si mientras por un lado los partidos ultraderechistas del mundo celebran a Trump, también los jihadistas hacen lo suyo: la islamofobia descarada y la retórica beligerante del plutócrata son perfectos materiales de reclutamiento para los extremistas musulmanes.

·         Así gobernará Donald Trump
·         Day 1 in Trump’s America


PELIGRO EXISTENCIAL



Guerras ocurren, imperios surgen y caen, la gente muere, pero la humanidad y la Tierra ahí quedan. Excepto que Donald Trump y la gente que lo rodea y apoya representan un peligro existencial todos los seres humanos y la vida en nuestro planeta. No es sólo por qué ahora este hombre volátil y de muy pocas luces tendrá los controles del armamento nuclear más grande del mundo, con la capacidad de destruir la Tierra varias veces.

Es que además de todo, la gente de Trump es profundamente anticientífica. Él mismo tuvo la peor calificación de los cuatro candidatos en cuanto a conocimientos científicos por parte de la revista Scientific American. Su vicepresidente Mike Pence, además de homófobo y misógino, es un cristiano fundamentalista que no cree en la evolución y niega la existencia del cambio climático. De hecho, los creacionistas y negacionistas del calentamiento global abundan entre las filas de poder y serán colocados en posiciones estratégicas. Además de la vicepresidencia, la Secretaría Educación y la Agencia de Protección al Medio Ambiente serán ocupadas por fundamentalistas religiosos anticientíficos.

Barack Obama puso a los Estados Unidos en una posición de liderazgo en el combate al cambio climático; todo eso se acaba con Trump. Y el daño que puede sufrir nuestro planeta con eso puede llegar a ser irreversible, ya que con esta administración podríamos alcanzar el punto de no retorno, e incluso si no se llega a tales extremos, esto afectará trágicamente a los ecosistemas de la Tierra, y las vidas de millones de personas que serán afectadas por sequías, el aumento del nivel del mar y fenómenos meteorológicos extremos como tormentas y huracanes.



PERO, ¿POR QUÉ?



Desde que Trump empezó a ascender en las primarias del Partido Republicano y hasta la hora de su triunfo se han escrito innumerables artículos tratando de explicar cómo se pudo llegar a esto. Se ha achacado gran parte de la culpa a los prejuicios y a la ignorancia del electorado estadounidense. Los gringos resultarían ser más misóginos y racistas de lo que se pensaba, y han guardado un resentimiento especial contra Obama y lo que sienten es un desempoderamiento de la clase media blanca. El hecho de que el grupo demográfico fuerte para Trump hayan sido hombres blancos heterosexuales y cristianos de la clase media empobrecida (Hillary ganó en prácticamente todos los demás) nos da la pista de que esta elección bien podría ser las patadas de ahogado de la supremacía blanca.

Además, hay una seria deficiencia en la educación: la gente no sabe lo suficiente de historia, ciencias y lo que llamaríamos educación cívica (aunque no sé si ése sea un problema de estos tiempos en particular).

Se acusa también a los medios, que dieron demasiada cobertura a Trump, y que además jugaron el peligroso juego de la falsa equivalencia: consideraron que lo justo y objetivo era darle la misma oportunidad y espacio a las insensateces que se decía desde la campaña de Trump, y a los argumentos para contrarrestarlas, como si para ser imparciales se le debiera igual consideración a la mentira y al discurso de odio que a los hechos y la defensa de los valores democráticos.

Sin embargo, no se puede dejar de lado la responsabilidad del Partido Demócrata que escogió a una candidata impopular y bien metida en el establishment, cuando lo que sucede es que la gente está harta de ese mismo establishment. Racista o misógina o ninguna de las dos, una buena parte de la población se siente abandonada y traicionada por la élite tecnocrática de Washington, empobrecida por las políticas económicas neoliberales, y satanizada por los liberales gringos.

Estos últimos habían dejado de lado la lucha de clases para abrazar otras causas como el multiculturalismo y la política identitaria. Los liberales gringos desprecian y se burlan de los rednecks y los white trash de formas que nunca lo harían con campesinos de cualquier otro grupo étnico. ¿Por qué? Porque son blancos, racistas y religiosos, todos rasgos que los liberales gringos consideran deficiencias morales personales. En su ceguera, el establishment liberal optó por seguir ignorando ese descontento y desdeñar a esos votantes, mientras que gente como Trump encontró las palabras exactas y les dijo justo lo que querían escuchar.

Tras largas discusiones y tras varias lecturas he llegado, o redescubierto, una conclusión. Es importante no satanizar al equivocado, sin dejar de reconocer que en efecto existen posturas equivocadas, incluso perversas. Muchas de estas personas tenían razones para votar por Trump -o contra Hillary- que no eran el racismo y la intolerancia, incluyendo las preocupaciones económicas o el desconcierto que ocasiona la rapidez con la que se transforma este mundo globalizado. Muchos distritos que en 2008 y 2012 le dieron la victoria a Obama no se la quisieron dar a Hillary. ¿Es posible que en estos años se hubieran vuelto más racistas que antes o que más bien fueran misóginos desde siempre? Es posible, pero ello no se puede concluir de buenas a primeras.

Por otro lado, eso no le quita responsabilidad a los votantes de Trump. Pueden no ser racistas, puede ser que simplemente eligieron que podrían tolerar el racismo de la gente de Trump, o quizá no pensaron que fuera muy en serio o no estaban conscientes de sus alcances. Pero aunque sus preocupaciones y reclamos sean legítimos, y aunque sus intenciones fueran nobles, lo cierto es que estas personas votaron desde la ingenuidad, la ignorancia, la irracionalidad o la inconsciencia. Y aunque no quisieran apoyar el racismo, la consecuencia real es que su voto ha contribuido a fortalecerlo. Caray, es como decir “yo voté por Hitler, pero no por lo de la superioridad de la raza aria, sino por su vegetarianismo”.

Si bien a los racistas declarados hay que combatirlos, a las personas que son culpables sólo de insensatez habrá que persuadirlas y educarlas. Las izquierdas gringa y europea deberán hacer un gran esfuerzo por recuperar a esa parte de la población que se siente abandonada. En México también deberemos aprender ésta y todas las demás lecciones.

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ESPERANZA




Si sólo los Millennials hubieran votado en esta elección, Hillary habría ganado en casi todos los estados. Si sólo la gente de razas no blancas hubiera votado, se habría dado el mismo caso. Por eso decía que esta elección podrían ser las patadas de ahogado de la supremacía blanca estadounidense. Desde hace algunos años que la mayoría de los bebés que nacen en los Estados Unidos no son blancos. Las generaciones más viejas y conservadoras morirán tarde o temprano y serán sustituidas por la generación más progresista y multicultural, menos nacionalista y religiosa, y mejor educada e informada de la historia humana. El futuro depende de que esta generación se mantenga fiel a sus valores y logre influir en los de las siguientes.

Pero no tenemos que irnos tan lejos: la victoria de Trump está provocando reacciones entre las fuerzas progresistas y liberales alrededor del mundo, las cuales deberán desde ya organizarse y formar alianzas para resistir a la ola facista que está arrasando. Sólo en Estados Unidos, Bernie Sanders y Elizabeth Warren (la dupla que habría podido derrotar a Trump si el esablishment demócrata no les hubiera bloqueado el camino) están asumiendo el liderazgo que ofrecerá resistencia a este futuro gobierno reaccionario. Y Barack Obama no se va a ningún lado: yo lo veo continuando la lucha como ciudadano. Habrá otras voces que den guía y aliento, allí y en distintas partes del mundo. Ya hemos enfrentado antes a estos demonios y al final lo mejor de la humanidad triunfó. 

Debemos seguir defendiendo los valores de la democracia, el respeto a la diversidad, la tolerancia, los derechos humanos, la ciencia al servicio de la humanidad, de la generosidad y el bien común, de la racionalidad y el aprecio al conocimiento. Éste es el gran desafía de nuestros tiempos. Vienen tiempos oscuros, pero si logramos derrotar a esa oscuridad la humanidad saldrá más fortalecida.

·         History as a cure for our times



viernes, 4 de noviembre de 2016

El horror según Hammer



Saludos, mortales, y bienvenidos a una entrada especial para esta temporada de espantos. Como ustedes sabrán, soy fan de las películas de terror viejitas, y no hay nada que me parezca más halloweenesco que un maratón de clásicos del género. Ya antes les he platicado del cine de horror de Universal Pictures, y de la racha de ciencia ficción de la década de los 50. Ahora es tiempo de regresar a la patria del cine de horror, las Islas Británicas, de la mano de uno de los mayores íconos del cine de todos los tiempos: ¡la productora Hammer Films!

A finales de los 50 la tradición gótica del horror había quedado olvidada. En su lugar, reinaba la ciencia ficción. El escenario era el mundo contemporáneo y los monstruos, productos de fallidos experimentos científicos o invasores extraterrestres, eran metáforas de la paranoia por la Guerra Fría. La vuelta a los orígenes góticos tendría que venir de sus creadores mismos, los británicos. Todo comenzó en 1957 con la producción de The Curse of Frankenstein, que tuvo un éxito tremendo y dejó el camino para una nueva generación de monstruos clásicos. De finales de los 50 a finales de los 60, Hammer produjo un volumen impresionante de pelis terror y suspenso, con un sello característico que las identificaría por siempre.



El escenario era siempre "de época". Las historias estaban ambientadas entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XX, en Europa y a menudo en la parte oriental del Viejo Continente. Sus fuentes primarias de inspiración eran los clásicos de la literatura gótica, así como mitos y leyendas de antaño. Por lo general contaban con un presupuesto muy limitado, lo que llevaba a los realizadores a echar mano de toda su creatividad. Los vestuarios, escenarios y la utilería eran reutilizados para aprovecharlos al máximo, y los mismos actores, directores y equipos de producción participaban en casi todos los proyectos.

La estética de Hammer es una de sus características más distintivas; visualmente estas películas tienen un sello único. Los trajes y escenarios no pretendían recrear con demasiada precisión las épocas en que se situaban las historias, sino que estaba muy estilizados para efectos dramáticos. Los colores saturados, y en especial la sangre Hammer ("más roja que el rojo" como ha sido descrita) tenían el mismo propósito. Las cantidades de líquido escarlata y de gore eran inusitadas para el cine en esos años, lo que habla de la osadía del estudio y sus creativos.



El maquillaje es quizá lo que peor ha envejecido de estas películas, especialmente en esta época de alta definición, que hace ver a todos los personajes, incluso los que no están caracterizados de monstruos, cubiertos por una gruesa capa de engrudo. Recomendación, no vean estas películas en pantallas gigantes de alta resolución: su textura no está hecha para eso. 

Además de todo lo anterior, entre lo más memorable de la estética de Hammer están las hermosas mujeres que eran seleccionadas para participar en estas cintas. Y, desde luego, sus atrevidos escotes. Y es que Hammer imprimió una seductora sensualidad a sus películas, y no solamente para atraer al público masculino, sino porque muchas veces formaba parte importante de la trama y de su particular estética del horror, o como decía el director Terence Fisher "el encanto del mal". Este se ve especialmente en sus películas de vampiros, empezando por  Horror of Dracula  (1958), donde el titular conde es, como debe ser, un seductor y una especie de depredador sexual además de un no-muerto.



El cine de horror es uno que envejece muy rápido. En unas décadas lo que solía ser aterrador tiende a volverse cotidiano e incluso ridículo. Una buena película del género rara vez sigue dando miedo después de muchos años. Es por eso que, en primer lugar, tiene que ser una buena película. Es decir, no puede depender del efectismo chocante ni de los espantos; sus creadores tienen que estar conscientes de que algún día dejará de asustar. Lo genial de las películas clásicas de Hammer es precisamente eso: son buenas películas, independientemente de si han dejado de dar miedo. No son maravillas del séptimo arte, pero están muy bien hechas, con un esfuerzo por parte de directores, guionistas y escritores que se nota serio y sincero. Sus guiones por lo general son inteligentes y en todos ellos hay misterio y sorpresa; como espectadores nos comprometemos con la trama y con lo que pueda suceder a los personajes. Son películas que pueden verse una y otra vez sin que pierdan su encanto.

La época mejor época de Hammer va de 1957 a 1962; después empiezan a dominar interminables secuelas con los mismos monstruos, aunque siguen apareciendo ocasionalmente películas buenas e interesantes a lo largo de la década. El canto del cisne llegaría para Hammer en 1968 con The Devil Rides Out, una de sus mejores películas. Pero a partir de ese año y durante los 70 el cine de horror tomaría nuevos caminos, con tendencias marcadas por Night of the Living Dead y Rosemary's Baby: por un lado hacia las producciones independientes de bajo presupuesto pero mucha originalidad y valor artístico; por otro hacia obras sofisticadas que cuentan con el talento de actores y realizadores de renombre y el dinero de los grandes estudios. Además, están las películas de exploitation que lucraban con el sensacionalismo de la violencia y el sexo.

Las cosas ya no estaban para la elegancia decimonónica y Hammer optó por realizar extraños experimentos que incluían vampiras lesbianas, monstruos antiguos en tiempos modernos, muchas tetas y gore, y hasta kung-fu. Aún en esos años de rarezas, surgieron algunas películas bastante buenas, o por lo menos interesantes, como The Vampire Lovers. Pero ésa es otra historia, que merecería una entrada aparte, así como las pelis de ciencia ficción, aventuras y fantasía que la Hammer produjera.



Sin embargo, el impacto de Hammer durante su apogeo sería perdurable. La compañía revitalizó la industria fílmica británica tras la Segunda Guerra Mundial y el éxito de sus producciones fue tal que los estudios fueron premiados por el gobierno en agradecimiento a su contribución a la economía nacional. El cine de horror es considerado por los británicos como patrimonio cultural, tan importante para ellos como lo fuera el cine western para los estadounidenses. La influencia de su estética se dejaría ver en la obra de realizadores como Roman Polanski, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Tim Burton, y sus osados experimentos para retar a la censura expandieron los límites de lo posible.

Antes de hacer un recorrido por lo más memorable de las películas de Hammer, me parece importante presentarles a los tres grandes protagonistas de esta importante parte de la historia del cine:

Terence Fisher (1904-1980)



Fue el principal de los directores de Hammer, el creador de las más grandes obras maestras de estos estudios y cuyo nombre está asociado a casi todas sus producciones importantes. Ignorado en su tiempo por la crítica, hoy en día se ha empezado a apreciar su trabajo, y es que Fisher era más que un empleado de Hammer, encargado de dar vida a sus proyectos, sino un verdadero autor que dejaba su huella en las películas que filmaba. Tras ver varias de sus cintas, uno empieza a apreciar el estilo narrativo de este director, que quizá se podría calificar de preciso y discreto. Los ángulos de cámara, el uso del silencio y el sonido, la explotación dramática del color, nos hablan de un artista talentoso que sabía cómo contar una historia para lograr los efectos emocionales deseados en su público. Es, en fin, un cineasta al que vale la pena estudiar.


Christopher Lee (1922-2015)


Un hombre que no necesita presentación. Sir Christopher Lee es uno de los personajes con una historia de vida más impresionante de la que se haya sabido. Desde sus días como espía en la Segunda Guerra Mundial, hasta su memorable papel como Saruman en El Señor de los Anillos, desde interpretar a un villano de James Bond hasta grabar sus propios álbumes de metal sinfónico, Lee ha dejado una huella indeleble en la historia de la cultura pop del siglo XX. Quizá el actor que ha aparecido en más películas, fue sin duda el que más participó en duelos con espadas y el que a más personajes literarios e icónicos ha interpretado. Con sus más de 1.90 de altura, su voz profunda y su poderosa mirada, Lee hacía de su físico su principal herramienta y era capaz de dominar cualquier escena. Verlo actuar como héroe es un deleite. Pero verlo como villano es glorioso.


Peter Cushing (1913-1994)



El gran amigo y colega de Lee era como su polo opuesto. Delgado y de finos modales, Cushing es descrito por quienes lo conocieron como un hombre amable y gentil, un caballero inglés lleno de una gran bondad. Donde Lee dominaba con su grandiocuencia, Cushing destacaba precisamente por la sutileza de sus actuaciones. De gran versatilidad histriónica, Cushing podía interpretar por igual a perversos villanos como a heroicos justicieros, y a más de un personaje moralmente ambivalente. Esto lo lograba simplemente cambiando sus gestos faciales, su tono de voz y sus ademanes, de forma casi imperceptible que sin embargo logran a la perfección un efecto de transformación total. Pero no por eso se negaba a hacer llevar a cabo grandes esfuerzos físicos cuando su papel lo requería. Ya fuera Abraham van Helsing persiguiendo a Drácula, o Grand Moff Tarkin interrogando a la Princesa Leia, ver a Peter Cushing en pantalla siempre ha sido un enorme gusto.


Las películas

Ahora sí, les dejo con una selección de películas hechas durante los años dorados de Hammer. En vez de hacer un tradicional Top, las pongo en orden cronológico. Tengan en cuenta que ésas son las películas más básicas y, se puede argumentar, las mejores, pero verlas implica sólo rascar la superficie del acervo de los legendarios estudios. Si gustan armarse un ciclo de cine con ellas, habrán conocido una parte importante de la cultura pop del siglo XX. Si además les gustan de verdad, habrán sido la introducción a un mundo muy especial al quizá quieran adentrarse más.

The Curse of Frankenstein (1957)
Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, Christopher Lee, Hazel Court y Robert Urquhart

La película que lo inició todo. En vez de hacer un refrito del clásico insuperable de Universal, Fisher se propuso a realizar una versión única y diferente de la novela de Mary Shelley. Aquí el protagonista es el doctor Frankenstein, interpretado por Cushing, y la cinta se centra en en hacer un retrato psicológico de su descenso a la locura mientras su obsesión por controlar los secretos de la vida se hace más y más incontrolable. Su relación con su mejor amigo y mentor, así como con su prometida y con su amante, son de gran importancia. Éste es quizá el Frankenstein más malévolo y pérfido de los que verán en pantalla, lejos del brillante pero ingenuo científico que estamos acostumbrados a ver. Lee interpreta al monstruo, cuya participación es mínima y secundaria. Su actuación es buena, desde luego, pero uno siente que el gran talento de Lee está desperdiciado.

Horror of Dracula (1958)
Dir: Terence Fisher
Con: Christopher Lee, Peter Cushing, Michael Gough y Melissa Stribling

Después de Frankenstein, éste era el paso obvio a seguir. Esta versión del clásico de Bram Stoker no es mi favorita, pero tiene sus encantos. Empezando por que, y no es poca cosa, aquí por primera vez en la historia del cine se ven los colmillos de Drácula bañados en sangre, en una soberbia escena que es una de las mejores presentaciones del personaje en la pantalla grande. La trama se desvía mucho de la novela original, pero Lee es un excelente Drácula, y no es de extrañar que éste sea su papel más icónico. Seductor y maligno a la vez, encarna a la perfección la dualidad del vampiro. Cushing, por su cuenta, es también un excelente Van Helsing. Flemático y cerebral, es la oposición perfecta para la bestialidad del no-muerto. El enfrentamiento final es quizá lo mejor de la película. Nunca verán a Van Helsing pelear contra Drácula de manera tan física y energética, en lo que se ve el gran compromiso de estos actores.



The Mummy (1959)
Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, Christopher Lee, George Pastell e Yvonne Furneaux

Después del vampiro, vendría la momia. Aquí ya no hay novela clásica que adaptar, sino que claramente Hammer estaba siguiendo la línea de Universal y toma elementos distintos de tres de las películas clásicas producidas por los estudios americanos en los 30 y 40. Peter Cushing hace el papel de un arqueólogo que encuentra la tumba de la princesa Ananka (Furneaux), cuidada por la momia Kharis (Lee). Poco de la acción tiene lugar en Egipto y rápidamente se traslada a la campiña inglesa. Allí, el malévolo Mehemet Bay (George Pastell) usa a la momia para cometer asesinatos y vengarse de los profanadores de la tumba. Es una cinta muy sencilla, entretenida, un poco tonta, pero con muy buen suspenso y la delicia de ver a una momia putrefacta y enmohecida coejando imparable por los lúgubres páramos ingleses a la luz de la luna.

The Hound of the Baskervilles (1959)
Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, André Morell, Christopher Lee, Ewen Solon y Marla Landi

Ésta es una de mis películas favoritas de Hammer, y a mi gusto una de las mejores (y más ubestimadas) adaptaciones de Sherlock Holmes. Claro está, no es una película de terror sobrenatural, sino una historia de misterio y suspenso con un toque de horror gótico. Cushing interpreta a Holmes a la perfección y André Morell no se queda atrás con un digno Watson. Lee hace un impecable papel como Baskerville. A diferencia de otras adaptaciones de Hammer, esta película sigue con mucha fidelidad la novela de Arthur Conan Doyle, aunque acentuando los elementos góticos -de forma muy acertada, pienso yo-, e inicia con una reconstrucción de la leyenda del Sabueso, en la tradición de horror ya establecida por los estudios. Estupenda película, la recuerdo con especial cariño porque la vi cuando era pequeño y fue una de mis primeras aproximaciones al famoso detective de la calle Baker.



The Two Faces of Dr. Jekyll (1960)
Dir: Terence Fisher
Con: Paul Massie, Dawn Addams, Christopher Lee y Magda Miller

Ésta es una de las producciones más interesantes y complejas de aquella primera buena racha. Más que una película de terror, es una especie de thriller psicológico y un estudio sobre la maldad humana. Paul Massie hace una excelente interpretación tanto de Jekyll como de Hyde, que en esta ocasión es un hombre más joven, atractivo y seductor que su parca y austera contraparte. Jekyll vive dedicado a sus estudios en un mundo ajeno a la corrupción y decadencia del mundo. Sin que él lo sospeche, su esposa le es infiel con uno de sus amigos. Pero como Hyde, desciende poco a poco hacia un vida cada vez más perversa, hasta la violencia y el asesinato, en un Londres victoriano en el que no hacía falta la fórmula del doctor Jekyll para convertirse en asiduo de prostíbulos y fumaderos de opio. Es, a fin de cuentas, la tragedia de un hombre bueno que explora los caminos del mal en un viaje sin retorno.

The Curse of the Werewolf (1961)
Dir: Terence Fisher
Con: Oliver Reed, Clifford Evans, Yvonne Romain y Catherine Feller

Otra joyita de gran interés, especialmente por el guión que plantea una versión diferente de la leyenda del hombre lobo y construye una mitología muy rica. La película abarca varias décadas y durante una buena parte ni siquiera se hace mención de la licantropía. En cambio, lo que vemos son tragedias humanas: la crueldad gratuita de un decadente señor feudal, la animalización de un ser humano reducido a vivir como bestia enjaulada, la brutal violación de una joven sordomuda y el nacimiento de un niño en el desamparo. Así que cuando por fin aparece el hombre lobo, éste se presenta como la culminación de una serie de desgracias acaecidas a un grupo de personas. Oliver Reed da vida  a nuestro héroe trágico, pero Clifford Evans nos da la mejor actuación de la película, que además cuenta con la participación de Yvonne Romain, mi chica Hammer favorita.



The Phantom of the Opera (1962)
Dir: Terence Fisher
Con: Herbert Lom, Heather Seas, Edward de Souza y Michael Gough

En esta adaptación de la novela de Gaston Leroux la acción se traslada a Londres en vez de París, pero retiene la esencia de la triste historia del Fantasma. Aquí sobresale la producción: el Teatro de la Ópera (en realidad el teatro Whimbledon) luce majestuoso, y hasta es escenario de una ópera sobre Juana de Arco especialmente hecha para esta cinta, que fue extraordinariamente cara para Hammer. La banda sonora también sobresale, en especial por momentos en los que roza con la psicodelia. Curiosamente, ésta es la primera película en la que el Fantasma aparece interpretando la Toccata de Bach en el órgano. Por lo demás, la trama es bastante sencilla, manejada como una historia de misterio y suspenso, y las actuaciones están muy bien, en especial la de Michael Gough como el verdadero monstruo en esta historia.


Night Creatures (1962)
Dir: Peter Graham Scott
Con: Peter Cushing, Patrick Allen, Yvonne Romain y Oliver Reed

Esta pieza no está dirigida por Fisher, pero no obstante es también un clásico. Como la película de Holmes, ésta es una obra de misterio con bonitos toques de horror gótico dejados por aquí y por allá. De forma muy astuta, esta película mantiene en la ambigüedad si los fenómenos que ocurren son sobrenaturales o no hasta casi el final. Mientras tanto, tenemos más que suficientes emociones, acción, drama y romance en una historia que lo mismo habla de piratas vengativos, contrabandistas osados, valientes marinos ingleses y aterradores fantasmas que se aparecen en los pantanos. Peter Cushing nos da una de sus actuaciones más entrañables como el reverendo Blyss, mientras que Allen es el duro capitán de la marina británica decidido a desentrañar los misterios de la isla y averiguar el destino final del infame Capitán Clegg. Como pilón, la belleza de Yvonne Romain.



The Plague of the Zombies (1966)
Dir: John Gilling
Con: André Morell, Diane Clare, Brook Williams y Jacqueline Pierce

Con todos los monstruos clásicos tachados de la lista, Hammer debía explorar nuevas posibilidades. Los estudios echaron mano de la mitología griega (The Gorgon, 1964) y del concepto de hombres-lagarto (The Reptile, 1966), por ejemplo. Llegaba el momento de unos espantos hasta entonces poco retratados en la historia del cine: los zombis. Aunque esta película tiene valor en sí misma, lo  más interesante de ella es el lugar que ocupa en el desarrollo de la ficción de zombis. Los antecedentes eran White Zombie (1932), I Walked With a Zombie (1943) y The Last Man on Earth (1964). En esta cinta todavía no tenemos a los devoradores de carne humana, pero su imaginería, con hordas de muertos que caminan torpemente, tuvo una gran influencia en la primera cinta moderna del subgénero, Night of the Living Dead, que estaba a sólo dos años de estrenarse, en 1968.

Dracula: Prince of Darkness (1966)
Dir: Terence Fisher
Con: Christopher Lee, Barbara Shelley y Francis Matthews

A menudo considerada una de las mejores y más representativas películas de Hammer, en lo personal no me entusiasma mucho y la pongo aquí por su popularidad. Es la segunda cinta en la que Lee hace el papel del Conde, aunque no dice una sola línea de diálogo. Cuenta Lee que fue porque el guión era ridículo, pero el escritor Jimmy Sangster dice que Drácula no tenía diálogos. Vaya usté a saber. La trama sigue un lugar común: unos escépticos ingleses están de visita en Europa Oriental y por azares del destino llegan a hospedarse al castillo del vampiro. El suspenso es muy bueno, y la dirección de Fisher nos da algunos momentos de horror en verdad impresionantes, por lo que puedo ver por qué es tan apreciada. Destaca por la actuación de Barbara Shelley como la nueva scream queen de Hammer y porque recupera algunos elementos de la novela original. Es, en definitiva, una de las pocas secuelas que valen la pena, aunque no tenga mucho de nuevo que mostrar.



The Devil Rides Out (1968)
Dir: Terence Fisher
Con: Christopher Lee, Charles Gray, Patrick Mower, Niké Arrighi y Leon Greene

Considerada una de las mejores películas de Hammer, y con todísima razón. Está basada en la novela homónima de Dennis Wheatly y cuenta con el guión del gran Richard Matheson. Es una historia de satanismo y magia negra, en la que dos amigos tratan de salvar a una pareja de jóvenes de las garras de un culto satánico. Christopher Lee hace una memorable actuación como el Duque de Richleu, un experto en ocultismo que debe enfrentarse a las fuerzas de la oscuridad. Los demonios que aparecen en pantalla están medio cutres (un hombre negro y un hombre con cabeza de cabra), pero el mejor momento de la película lo paga con creces. Cuando Richleu y sus aliados se encierran en un círculo protector para pasar la noche resistiendo a los ataques y engaños que Mocata (Grey) envía para torturarlos. Además de esos momentos de verdadera tensión, la película tiene muchas emociones, acción y suspenso. Claro, tiene una banda sonora memorable, una impecable producción y una hermosa fotografía. Es quizá la obra más sofisticada de Hammer y una verdadera delicia.



Y con eso me despido por esta vez de la temporada de sustos. Como dije arriba, valdría la pena también explorar las cosas alocadas y extravagantes que Hammer produjo en los 70, así como sus películas de ciencia ficción, fantasía y aventura. Además, nos queda mucho por recorrer en la historia del cine de horror. Nos vemos cuando lleguen esos momentos. Felices y macabros días.

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