viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Quién le teme al marxismo cultural?

                

Si usted es de aquellos masoquistas que gustan de meterse en discusiones en los Internetz, quizá se haya topado con el término “marxismo cultural”, usado por lo general de forma acusatoria y despectiva, por parte de conservadores o personas de derechas, para atacar posturas progresistas, liberales o de izquierdas. Pero, ¿qué significa realmente?

Hagamos un poco de memoria: según nos cuenta la RationalWiki, el término fue acuñado por el intelectual Trent Schroyer como una crítica al marxismo tal como lo practicaba la afamada Escuela de Frankfurt, uno de los grupos intelectuales más influyentes del siglo XX, creadores de la Teoría Crítica (y por los cuales personalmente no siento gran respeto). Schroyer decía que estos teóricos eran marxistas sólo en lo cultural, es decir, que se la pasaban hablando y escribiendo del marxismo, pero en su vida estaban inmersos en la dinámica de la clase media capitalista, y no se comprometían con la revolución. Schroyer usaba la expresión despectivamente, como nosotros podríamos decir “revolucionario de café” o “activista de sillón”.

El uso que se le da hoy en día es completamente distinto, paranoide y profundamente antiintelectual. Algunas personas entendieron que los miembros de la Escuela de Frankfurt y demás intelectuales que le siguieron se dedicaron a difundir veladamente ideas marxistas para transformar poco a poco la sociedad occidental. Estas personas advierten que, de forma deliberada o por descuido, o porque de plano somos víctimas de una vasta y maligna conspiración global, hemos dejado que esas ideas se infiltren en todos los aspectos de la cultura: la academia, el sistema educativo, el arte, el entretenimiento, los medios, etcétera, y que ello nos está llevando lentamente a convertirnos en una distopía comunista.

Empiezan con matrimonios interraciales, continúa con matrimonios del mismo sexo: ¡todo orquestado por los judíos! Esta caricatura que vi en Internet no me mentiría.

¿Cuáles son esas ideas? Básicamente, cualquier cosa que no le venga bien a un derechista, aunque no tenga nada que ver con la filosofía de Marx. ¿Apoyas el matrimonio igualitario? ¡Marxista cultural! ¿Te quejas del sexismo en la sociedad? ¡Marxista cultural! ¿Simpatizas con movimientos antirracistas como Black Lives Matter? ¡Marxista cultural! ¿Te indigna que el 1% de los mexicanos concentre más del 40% de la riqueza en el país? ¡Marxista cultural! ¿Consideras que las mujeres deberían tener derecho a decidir si interrumpen su embarazo? ¡Marxista cultural! ¿Te preocupa el cambio climático? ¡Marxista cultural! ¿Estás a favor de los derechos de los pueblos indígenas? ¡Marxista cultural! ¿Usaste las palabras “opresión” o “explotación!? ¡Marxista cultural! Y así, y así…

Poco importa que Marx no hubiera dicho nada de los derechos de los homosexuales, por ejemplo; cualquier cosa que pretenda subvertir un orden tradicionalista puede ser descalificado con la frasecilla. Los que lo señalan pretenden posar como listillos: “¡Ja! ¡Tú crees que tus ideas son tuyas y que llevan a la libertad, pero yo sé que estás siendo manipulado por los comunistas, chairo pendejo!”. Más aún, como su hermano gemelo “ideología de género”, este término se utiliza para poner fin a una discusión sin tener que tomarse la molestia de analizar y cuestionar las posturas propias o ajenas. Una vez que una idea queda descalificada como “marxismo cultural”, ya ni siquiera vale la pena ser discutida.

¡Muajajaja! El feminismo, los movimientos por los derechos de los gay, el ateísmo y la legalización de la marihuana. ¡Todo controlado por los judíos comunistas para destruir a Occidente!


Claro, muchas de las posturas de la izquierda provienen de Marx, y otras tantas coinciden con las del viejo barbón, pero es que resulta prácticamente imposible escapar de la influencia de uno de los pensadores más relevantes de Occidente en los últimos dos siglos, cuyas aportaciones reconocen hasta quienes no son sus seguidores. De cualquier forma, no todos los ideales y valores tradicionalmente asociados con la izquierda tienen origen en la obra de Marx, ni mucho menos. Una buena parte se remonta hasta la Ilustración, y otra buena parte surgió precisamente porque el marxismo resulta insuficiente para explicar y solucionar muchos fenómenos sociales. Y aunque vinieran del marxismo o estuvieran relacionados con éste, tendríamos que juzgarlos en sí mismos, en vez de hacer una burda falacia de asociación y decir que si Iósiv Stalin y los movimientos obreros estaban ambos inspirados por Marx entonces han de ser lo mismo.

Lo que asusta a estas personas son tendencias que ciertamente de unas décadas para acá vienen desarrollándose y que están dando como resultado una sociedad más liberal y menos tradicionalista: hay cada vez más aceptación hacia las personas LGTBQ; hay movimientos feministas que piden mucho más que simple igualdad de palabra y pugnan por cambios sociales profundos; hay una cada vez mayor generalización de valores como el aprecio a la diversidad y el respeto hacia otras culturas. Pero esto no es producto de la voluntad o la planeación de una sola cábala de genios malignos, sino que se trata fenómenos socioculturales multifactoriales y complejos. Y definitivamente nada de esto va a "destruir al mundo occidental". Las veces que Occidente ha estado a punto de suicidarse (dos guerras mundiales y momentos puntuales en la Guerra Fría), no se puso al borde del abismo por abrazar valores liberales, sino por el contrario, lo hizo por seguir a los ídolos que hoy adoran quienes se alarman por "el marxismo cultural": nacionalismo, militarismo, intolerancia, xenofobia...

Pero a los paranoicos anti-marxistas, que casi con toda seguridad ni han leído a Marx, no les importa; su concepción de la realidad política y de la historia es simplista y conspiratoria, y creen que si algo que no les gusta está ganando terreno, sólo puede deberse a que las malévolas fuerzas judeo-masónicas-bolcheviques-gay están comploteando en su contra. Así se explica que puedan llegar a tener nociones tan delirantes y completamente absurdas como que desde Hollywood hasta el gobierno de Peña o el de Obama están todos infiltrados por los comunistas. No es de extrañar que, fuera de algunos derechistas despistados, los que con más enjundia hablan de “marxismo cultural” sean los del extremo más diestro y menos sofisticado del espectro ideológico: fundamentalistas cristianos, hispanistas del revisionismo histórico, neonazis, criptofascistas e iluminados de la alt-right.

Pero los nazis no eran malos, ésas son las mentiras que le meten a los niños en la escuela esas maestras judías que están a favor del capitalismo y del comunismo. Por eso no hay que darles educación a nuestros hijos.


Hablando de lo cual vale la pena recordar que estas actitudes paranoides tienen su origen en los mismísimos nazis; ya saben, esa gente muy mala que representa el non plus ultra de todo lo que puede malir sal con la humanidad. Para acallar la oposición política en Alemania, prácticamente acusaban a todo el que les estorbara de “bolchevismo cultural” (y si se trataba de reivindicar los derechos de las mujeres, entonces era “bolchevismo sexual”). Todo impulsado por los judíos, claro está, pues no olvidemos que los nazis, con su mentalidad hipersimplificadora, metían a sus enemigos en el mismo saco y que para ellos tanto la democracia burguesa como el comunismo soviético eran obra de los sabios de Sión para destruir Occidente. Así que ahí tienen chavos: cuando alguien les acuse de “marxismo cultural”, se vale señalarles que están cometiendo “nazismo cultural”. Je.

En conclusión, cualquier texto que se presente como de análisis político o de crítica social y use en serio la expresión “marxismo cultural” (o “ideología de género”, para el caso) pude ser descartado ipso facto como si hablara de la Conspiración de los Reptilianos Illuminati para establecer el Nuevo Orden Mundial.

Publicado originalmente en Polis.mx

7 comentarios:

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

De acuerdo contigo, y actitudes similares hay del otro lado cuando se usan las étiquetas "neoliberal" y "fascismo" para cerrar todo diálogo.

Anónimo dijo...

Sus discursos excitan las pasiones de las masas en contra de una clase política de siempre, a la que culpan de los problemas actuales de la sociedad. Se plantean a sí mismos como ajenos al establishment político, dispuestos a derrocar a las élites del poder para gobernar según la voluntad del pueblo. Prometen resolver esos problemas con soluciones sencillas que dependen de la fuerza de voluntad del gobernante.

Son ferozmente nacionalistas y xenófobos: están en contra de la inmigración y temen que la cultura de sus naciones esté en peligro por las influencias extranjeras. Están en contra de la integración global y a favor de un aislacionismo que permita a cada estado-nación regirse a sí misma libre de instituciones trasnacionales como la ONU, la Unión Europea o la OTAN. En Occidente predican el miedo a los musulmanes y advierten que Europa y América se están islamizando. En ocasiones son abiertamente racistas y predican la supremacía blanca.

En general son tradicionalistas y están en contra del feminismo, el multiculturalismo y los movimientos LGTBQ. Alimentan fantasías conspiratorias acerca de que la ideología de género, el marxismo cultural y la corrección política amenazan con destruir el estilo de vida de Occidente (aunque sus definiciones de esos tres conceptos suelen ser ambiguas y ad hoc). En ocasiones esas posturas tienen sus raíces en el fundamentalismo religioso.

Tienen una fuertemente vena autoritaria y consideran que los problemas de seguridad pueden resolverse mediante el uso de la fuerza irrestricta, sin consideración a los derechos humanos. Contra el crimen y el terrorismo, dicen, los gobiernos liberales han sido demasiado suaves, demasiado débiles. Por ello favorecen la vigilancia masiva, el uso de la tortura en interrogaciones y la facultad de las autoridades para actuar sin restricciones.

Tamy Sputnik.

De hecho, algunos de ellos tienen vínculos con la Rusia de Vladimir Putin y se ayudan los unos a lo otros en una suerte de alianza internacional. A través del océano, se felicitan mutuamente por sus victorias, toman inspiración los unos de los otros, se visitan los unos a los otros en sus eventos políticos, expresan su admiración hacia Putin, usan los medios rusos como plataforma y reciben dinero de los bancos rusos. Pero ésta no es la Rusia soviética, y ninguna ideología utópica, y menos los valores de las izquierdas, socialistas o de cualquier otro tipo, guían al gobierno de Putin; es sólo el autoritarismo autócrata y la competencia con los Estados Unidos y la Unión Europea por la hegemonía geopolítica.

Maik Civeira dijo...

?

Mariana dijo...

curiosamente muchos de los que usa y abusan del término marxismo cultural son el tipo de gente que nunca ha leído el Capital y no saben nada sobre Marx y aún así se las dan de muy cultos xDD

saludos Ego :)

Anónimo dijo...

La soberanía de la esfera social es una alternativa a la visión del mundo del ecleciasticismo y el secularismo (especialmente en su forma estatista). Durante la Edad Media, una forma de monarquia Papal consideraba que Dios gobierna el mundo a través de la Iglesia.
El eclesiasticismo era muy evidente en las artes. Los temas religiosos eran impuestos por la Iglesia, el principal patrón de las artes. De manera similar, a menudo la política durante la Edad Media consistía de líderes políticos llevando a cabo aquello que la Iglesia había ordenado. La Iglesia supervisaba tanto a las gremios productivos como a la agricultura. En la esfera de la familia, la Iglesia regulaba la procreación de la familia, posiciones sexuales, sexualidad, e infidelidad. En la esfera educativa, las órdenes religiosas fundaron varias universidades.
Durante el Renacimiento, el crecimiento de una visión secularista acompañó el surgimiento de una clase comerciante rica. Algunos comerciantes fueron patrones de las artes, independientes de la Iglesia. Posteriormente el Protestantismo impulsó que el gobierno civil, las artes, la familia, la educación, y la economía estuvieran libres de control eclesiástico. Mientras que el protestantismo mantuvo una visión holística religiosa amplia de la vida en contraposición con el ecleciasticismo, la Ilustración secular posterior buscó que la sociedad se deshiciera por completo de la religión.

Anónimo dijo...

¿Qué me dicen de los que creen que la ONU se valen del feminismo y del comunismo para implantar la ideologia de genero en America Latina para volver a los niños homosexuales como medida de control de la poblacion? No es churro, hay videos en youtube de una conferencia de una exfuncionaria de la ONU que dice lo anterior y existe gente que lo cree.

Amílcar López

Maik Civeira dijo...

Amílcar:

Sí, precisamente a esos los meto dentro del saco de los que no saben nada y opinan mucho. Lo malo es que ahora parecen estar ganando terreno y tendremos que tomárnoslos en serio :|

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