jueves, 15 de diciembre de 2016

El complejo de Galileo



La historia es bien conocida por cualquier escolapio: Galileo Galilei, gran científico italiano del Renacimiento e inspiración para los coros de Bohemian Rapsody, anunció ante el mundo que, plot twist! la Tierra se mueve alrededor del sol, como ya había dicho Copérnico, y no al revés, como decían todos los demás. Pero Galileo se enfrentó al fundamentalismo religioso de aquella época y la Santa Inquisición lo invitó a retractarse porque aquello del heliocentrismo contradecía a las Sagradas Escrituras y hacía llorar al niño Jesús, no fuera a ser que se vieran obligados a darle el mismo trato que a Giordano Bruno y quemarlo vivo con todo y sus libros.

La historia se plantea no sólo como una oposición entre la ciencia y las creencias religiosas, sino además como una lucha entre el individuo capaz de pensar con autonomía y una sociedad que lo persigue y reprime por no ajustarse a los mandatos del rebaño. Esto último ha sido fuente de inspiración para algunas personas que sienten que ocupan en la actualidad el sitio de Galileo: genios perseguidos porque la masa insensata no soporta que le lleven la contraria. Ahí tienen a toda clase de charlatanes, magufos o simplemente gente muy confundida que no sabe lo que dice, segurísima de que si sus locas ideas no han encontrado el apoyo de la comunidad científica es porque son los Galileos modernos. Y he ahí el problema.

Creacionistas, negacionistas del cambio climático, antivacunas y proponentes de medicinas alternativas, inventores de máquinas de energía infinita y movimiento perpetuo… Todos gustan presentarse a sí mismos como Galileos de hoy, enfrentándose al establishment científico, rebeldes que han encontrado una verdad incómoda y a quienes los poderosos están tratando silenciar. Después de todo, si la ciencia del siglo XVII estaba equivocada mientras que Galileo estaba en lo correcto, tal vez la ciencia actual está equivocada y estos valerosos insurgentes tienen la razón, ¿no?

No, en realidad no. Para empezar ahí hay una falacia de asociación:

·         X es A y B
Y es A
Por lo tanto, Y es B

·         Galileo fue perseguido y tenía la razón
Yo soy perseguido
Luego, yo tengo la razón

Pero pos no: el que “persigan” (que es más bien, ninguneen, critiquen, refuten, ignoren o ridiculicen) a alguien por sus ideas no significa que esa persona tenga la razón, pero ni de pedo. Todavía tiene que demostrar  que tiene la razón, y el caso es que estos “rebeldes” no han logrado demostrar nada. A veces se ríen de alguien porque lo que dice es risible.



Pero sobre todo, hay algunas diferencias grandes e importantes entre la historia de Galileo y la de estos modernos enemigos de la ciencia, y la principal es que Galileo no se estaba enfrentando al consenso científico sino al dogma religioso

En tiempos de Galileo el pensamiento estaba dominando por el dogma católico y una corriente filosófica conocida como Escolástica. Los escolásticos rechazaban la experimentación, la observación y la comprobación, y creían que solamente basándose en lo que habían dicho las autoridades (la Biblia, Aristóteles, los padres de la Iglesia) y aplicando la lógica rigurosa se podía llegar a conclusiones firmes.

Galileo Galilei fue uno de los principales protagonistas de la Revolución Científica, y uno de los que más aportó al desarrollo del método científico moderno, que antes de su tiempo prácticamente no existía. Las observaciones de Galileo, junto con sus precisos cálculos matemáticos, demostraban que la Tierra giraba alrededor del sol.

Los clérigos y filósofos de tiempos de Galileo, en cambio, tenían solamente las sentencias de las autoridades, a partir de las cuales querían llegar a conclusiones sobre casos particulares pero a las que no se podía cuestionar. Varios de ellos incluso se negaron a mirar por el telescopio las lunas de Júpiter que Galileo había descubierto. El dogma decía que los cuerpos celestes eran siete[1], un número sagrado, y no se podía contradecir el dogma, viera lo que se viera con el dichoso aparatejo. La Biblia, en el libro de Josué, daba a entender que el Sol se mueve alrededor de la Tierra, y no se puede cuestionar a la Biblia. Es decir, por un lado Galileo tenía pruebas y datos, y por el otro sus perseguidores tenían dogmas y choros (y el poder político para imponer su versión de la verdad).



Ahora sucede al revés: el consenso científico tiene las pruebas, datos y evidencias, mientras que los negacionistas de la ciencia tienen falacias argumentales, verdades a medias y dogmas religiosos o ideológicos. Los negacionistas son repudiados y ridiculizados por la comunidad científica porque sus hipótesis tienen todas las evidencias en su contra. Estos individuos quieren equiparar el consenso científico al dogma religioso, señal de que no habría que tomarlos en serio cuando hablan de ciencia.

Apelar al consenso científico no equivale a hacer una falacia ad populum, porque el consenso no se logra nada más juntando a todos los científicos para que digan qué opinan y que gane el que tenga más votos, sino a través de la elaboración y replicación de experimentos, recopilación de datos, revisión por pares, estudios, análisis y meta análisis, comprobaciones y refutaciones.

Por supuesto, la cosa escala bastante rápido para los negacionistas de la ciencia: si todas esas instituciones científicas alrededor del mundo están de acuerdo en algo, no puede ser porque hayan llegado a las mismas conclusiones mediante estudios rigurosos, sino porque todos son parte de la misma conspiración, dominada por el heterocapitalismo global integrado, los sabios de Sión, el Nuevo Orden Mundial, el marxismo cultural o vaya usted a saber qué locura. O sea, que para justificar por qué las personas que mejor conocen del tema no toman en serio sus debrayes, se inventan una justificación aún más masiva e inverosímil que abarca a miles de personas alrededor del mundo y contra la cual ellos se presentan como una heroica resistencia (formada por líderes religiosos, políticos de carrera y CEOs de grandes corporaciones, todos unos underdogs).

Sí puede darse el caso de que un equipo de científicos[2] haga un descubrimiento que ponga en entredicho lo conocido hasta entonces por la ciencia. En esos casos, el escepticismo no sólo es natural, sino muy sano, y nada tiene que ser aceptado de buenas a primeras a menos que se demuestre con el mayor rigor posible, máxime si contradice lo que ya está bien establecido. “Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias” decía sensei Carl Sagan. Lo cierto es por cada genio que en un principio fue puesto en duda porque sus ideas eran muy radicales, hay cientos de miles de charlatanes y chiflados cuyas ideas se rechazan porque son absurdas.

Claro, los científicos no son menos proclives a los errores de juicio que cualquier otra persona, y pueden aferrarse a ideas erróneas por costumbre o por ideología, y hasta rechazar el trabajo de otros o falsear el propio por ambición personal. Es para eso que la ciencia tiene mecanismos de autocorrección y verificación: tarde o temprano la verdad se impone. Ni el poder de la industria tabacalera pudo detener de forma definitiva la ciencia que demostraba que fumar causa cáncer y adicción. Por eso los negacionistas de la ciencia no debaten con los científicos de verdad, sino que apelan a la ignorancia de los legos y halagan su “sentido común” para convencerlos de que los científicos o no saben nada o forman parte de una conspiración para ocultar la verdad.



La falacia de Galileo puede ser muy peligrosa porque es capaz de engatusar a muchas personas y, si logra engañar a las suficientes, la fuerza de sus números puede contrarrestar la influencia de los expertos y, mediante el poder del voto o la presión social, echar para atrás los esfuerzos que deberían hacerse guiados por el mejor conocimiento científico disponible. Como en Estados Unidos, donde con la victoria de Trump han llegado los creacionistas y negacionistas del cambio climático al poder. En ese caso sí nos encontraremos ante un escenario digno de tiempos de Galileo: una gran masa confundida e iracunda, que se ha dejado manipular por el halago y el miedo, dirigida por un grupo que ostenta el poder político y económico, reprimiendo o ninguneando a una minoría que posee el conocimiento científico. Y eso da miedo, mucho miedo.

Sólo para que lo tengamos muy claro:

·         La evolución es un hecho.
·         Las vacunas no causan autismo.

Más sobre la falacia de Galileo:

·         RationalWiki: Galileo Gambit




[1] El Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, que son visibles a ojo pelón. Los demás planetas, planetoides y satélites sólo podían ser vistos mediante el telescopio.
[2] Eso de los científicos solitarios que trabajan en el sótano de sus casas es de caricaturas y cómics. La ciencia es una actividad colectiva y social, y los descubrimientos los hacen equipos que trabajan en instituciones (públicas o privadas).

4 comentarios:

Gary Rivera dijo...

caray! interesante como siempre!
obligare a mi primo a leerte! que justo estabamos hablando de lo mucho que podriamos retroceder por el cambio de la politica en eeuu.

Anónimo dijo...

Ego, usted habla mucho, habla demasiado. La gente que habla mucho no suele tener finales felices.

Alvaro Murga dijo...

Grande Ego, buena entrada. Es enervante ver que gente ignorante useel caso de galileo para darle validez a ideas que no las tienen. A él o a Colón. Por cierto ¿Para cuando el analisis de Rouge One?

Diego dijo...

Muy buen artículo.

Los inventores de máquinas de movimiento perpetuo suelen padecer el complejo de Galileo. Hay amateurs sin conocimientos de ciencia que pretenden poder construir máquinas que realizan trabajo por los siglos de los siglos y sin ninguna fuente externa de energía, y pretenden hacerlo construyendo sus inventos en su cochera y usando materiales comprados en una ferretería. No solo aspiran a echar abajo las teorías de la física, sino algunos de ellos fantasean con resolver el problema energético y liberar al mundo de la dependencia del petroleo.

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