jueves, 25 de febrero de 2016

Educación para Pepe y Toño



Por ahí de 1842 el filósofo francés Auguste Comte (sí, el papá del positivismo... no, no tiene nada que ver con "pensar positivo") se quejaba de que la educación en Europa era todavía demasiado "religiosa, metafísica y literaria" y que hacía falta una enseñanza basada en el conocimiento preciso y confiable que sólo podían proporcionar las ciencias. Sonará un poco frío, pero hay que entender el contexto; en esos tiempos mucha de la educación (de la élite que se podía permitir el acceso a ella, claro está) consistía de enseñanza religiosa, cultura clásica grecolatina y bellas artes; todavía décadas después de que Comte emitiera su reclamo, el 70% del tiempo de estudio en los liceos franceses se dedicaba a las materias que hoy consideramos las humanidades.

El propósito de estos estudios no era que fueran a servirle de mucho a los hijos de la aristocracia (y de la floreciente burguesía que quería imitarla), sino que servían como distintivo de clase; el poder leer a Horacio en latín, tocar cancioncitas en el piano de cola, o saber de memoria parlamentos de Shakespeare no preparaba a un joven para sus futuras actividades, pero lo identificaba como miembro de la alta sociedad y lo diferenciaba de la plebe ignorante (de la misma forma que actividades como la esgrima o la equitación).

En plena Revolución Industrial, cuando lo que la sociedad necesitaba eran químicos, físicos, ingenieros, matemáticos, economistas y sociólogos, el llamado de Comte para reformar la educación y basarla en las ciencias tenía mucho sentido. La reforma en los planes de estudios de bachillerato impuesta por la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), no lo tiene.




En Yucatán la Uady administra sus propios bachilleratos, pero también fija los planes y los estándares educativos de otras tantas escuelas preparatorias privadas (las mejores de la entidad, hay que decirlo). El semestre pasado me enteré del nuevo plan de estudios que pretende imponer en sus escuelas afiliadas y el miedo hizo que se me helara la sangre. Entre los cambios se encuentra la eliminación y mutilación de varias asignaturas: Física, Química y Filosofía pasan de tener cada una dos semestres, a sólo uno; Literatura pasa de tres semestres a uno solo; Historia deja de ser tronco común a mitad de, pues, la historia, y si quieres saber cómo llegamos a la modernidad tienes que tomar la optativa; Psicología desaparece del tronco común y se queda como optativa; Historia del Arte desaparece incluso como materia optativa; Geografía sigue ausente de los programas, por más que se ha pedido una y otra vez.

A cambio se ofrecen nuevas asignaturas con perfil ocupacional, vocacional o preprofesional (con nombres como "Liderazgo Emprendedor", "Electricidad de Instalaciones Residenciales" y "Administración de Redes Sociales"), que prepare a los estudiantes para el siempre competitivo mercado del trabajo. Ya ni entraré en detalle sobre varias deficiencias del nuevo plan de estudios; como que se ofrecen muchas optativas en unos semestres, pero muy pocas en otros; que se quieren eliminar las pruebas escritas, cuando para ingresar a la Uady se necesita pasar una prueba escrita; o los nombres rebuscados, pomposos y mamones que le quieren poner a las asignaturas básicas de toda a vida.

Sobre lo que quiero llamar la atención, porque es lo que me preocupa, es el atentado contra las ciencias y las humanidades. De las ciencias, ni se diga, necesitamos más ciencia en el país, y no sólo para formar científicos profesionales, sino para toda la ciudadanía, pues ahí está la clave de la innovación y el desarrollo económico. De las humanidades, como son mi área, creo que hace falta una justa defensa. Primero, quiero aclarar que no tiene nada de malo que se quiera preparar a los estudiantes para estudiar una carrera y ejercer una profesión. Ésa es una parte importantísima de la educación, y actualmente la escuela le ha fallado bien gacho a los jóvenes en ese rubro. Pero no es lo único; los propósitos de la escuela deberían incluir también la formación de ciudadanos conscientes y críticos capaces de conformar una sociedad democrática y libre (por el lado social), y dar a cada estudiante las herramientas que necesita para desarrollar al máximo sus capacidades humanas (por el lado individual). Pedir que lo que se enseña en las aulas sea útil no es incorrecto; el error está en entender que lo útil se reduce a lo monetario u ocupacional, sin tener en cuenta que la vida es mucho más que la forma en la que nos la ganamos.



Por un lado, con la mutilación en las materias de humanidades, la Uady parece ignorar que algunos de los estudiantes que se gradúen de bachillerato querrán ser profesionales precisamente de las áreas que ya no tendrán para contribuir a su formación. ¿O qué antecedentes académicos espera que tengan sus futuros alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades? ¿Dónde habrán aprendido Historia del Arte los futuros estudiantes de la Facultad de Arquitectura? Además, los egresados de esas facultades verán sus opciones de trabajo reducidas, ya que muchos de ellos se dedican a la docencia, por lo menos en algún momento de la vida.

Pero es no es todo, estas materias victimizadas son de provecho y utilidad para cualquier persona. Además de que se sabe que la lectura de ficción narrativa ejercita las capacidades cognitivas (y en especial la empatía), que en el estudio de la historia está la base de formarse una conciencia social o que obviamente no sólo a los psicólogos les sirve entender cómo funciona la mente humana, como profesor pienso la enseñanza de las humanidades tiene dos propósitos fundamentales e igualmente importantes.

Primero, enseñar a pensar críticamente; el estudio de materias como filosofía, literatura e historia le da a los alumnos las herramientas intelectuales más básicas para empezar a analizar y cuestionar su realidad social; confronta a los alumnos con ideas nuevas, diferentes a las suyas y a menudo opuestas, que se ven obligados a desmenuzar, defender, ampliar o rebatir. Bajo la guía de un buen maestro, los contenidos de estas materias pueden enseñarles a ampliar su criterio y darse cuenta de que viven en un mundo complejo en el que las respuestas sencillas son escasas.

Por otro lado, el aprendizaje de estas asignaturas sirven para lo que llamo "navegar la cultura", es decir, comprender la cultura en la que están inmersos, salir al mundo y entender de dónde provienen las ideas, los valores, las instituciones, las costumbres, las referencias y las tendencias que se encontrarán a cada paso. Se trata de que no sean pasivos ante su realidad; que la cultura en la que viven no les sea una cotidianidad indiferente que den por sentado, ni una maraña caótica sin cómos ni porqués. Hay algunos (algunos palurdos) que desdeñan este conocimiento como "cultura general"; pero es precisamente la cultura general la que amplía nuestra visión más allá de lo inmediato y lo cotidiano y nos hace ciudadanos del mundo.



Por supuesto que existen muchas deficiencias en los contenidos de dichas asignaturas y en la forma de enseñarlos. Por ejemplo, Filosofía y Literatura se enseñan a menudo como catálogos de autores y obras que los alumnos deben memorizar mecánicamente, de a misma forma en que la Historia se reduce a listas de fechas y nombres. Hablando de eso, los cánones de autores y temas deberían ser revisados a la luz de lo que sea más relevante para nuestros adolescentes. También abundan los profesores que no saben de lo que hablan. Con todo esto, no es de extrañar que nuestros chicos sientan que aprender esa sarta de cosas sea por completo inútil. ¿De qué me va a servir?, preguntan, y están en su derecho a hacerlo. Pero no son sólo las materias de humanidades las que presentan estos problemas (las ciencias se enseñan con frecuencia como colecciones de datos o de fórmulas, y se olvida inculcar una visión científica del mundo), y definitivamente la solución no es desaparecerlas de los programas de estudio.

Como yo lo veo, este tipo de iniciativas tienen el objetivo de reducir las prospectivas de los jóvenes al medio ambiente empresarial; se les educa para ser empleados (si son de escuelas de clase media baja) o directivos (si son de escuelas de clase media alta). Esta reforma está contaminada por una ideología que ve en la empresa privada la fuerza social más importante y en el empresario la epítome del individuo exitoso y pleno. Pero en este país y en ese mundo necesitamos no solamente piezas para la maquinaria empresarial: necesitamos científicos (naturales y sociales), académicos, intelectuales, filósofos, artistas y, sobre todo, ciudadanos conscientes capaces de construir una sociedad democrática.

En gran parte, Comte tenía razón al criticar la educación diseñada para una clase social ociosa y en pedir una educación utilitaria para un mundo que se industrializaba a grandes pasos. Pero la visión de Comte también ya está superada, y no podemos quedarnos con una idea de la educación exclusiva para favorecer al empresariado (equivalente actual de la aristocracia y con sus equivalentes estrecheces de miras), porque ni la vida individual, ni la sociedad, ni siquiera la economía o el mercado laboral, se reducen al mundo de Pepe y Toño.



Ya he escrito en contra de esta visión de la escuela como un taller para formar "recursos humanos"; tampoco dejen de checar el resumen de una charla con el sociólogo Hugo Zemmelman sobre esta preocupante tendencia. Afortunadamente, no soy ni de lejos el único consternado; maestros y directivos de algunas escuelas ya preparan la resistencia...

miércoles, 17 de febrero de 2016

Música para conquistar el mundo

"Napoleón cruzando los Alpes"
Jacques-Louis David (1749-1825)


¿Acabas de cruzar el Rubicón? ¿Tienes a tus tropas apostadas frente a Austerlitz? ¿Te parece una bonita mañana para invadir Polonia? ¿Invitaste a tus amigos a jugar Risk? ¿Pero no encuentras la inspiración adecuada para que guíe tus impulsos conquistadores? ¡No te preocupes! Ahora mismo te compartimos una colección de piezas de música clásica que pueden servir de soundrtack para tu carrera como conquistador de naciones. Incluimos también algunas piezas de arte del Romanticismo (porque esos románticos eran todos unos loquillos) que despertarán tus instintos bélicos y tu sed de gloria milenaria.

ACTUALIZACIÓN: Con algunas sugerencias del Consejo de Supremos Amos del Mundo (es decir, los ñoños que leen este blog), hemos aumentado la lista para llegar a las 15 piezas y que la experiencia sea todavía más monumental. Dejamos de lado los himnos nacionales y canciones militares patrióticas para centrarnos en la música sinfónica. Comencemos...


1. "La cabalgata de las valquirias" - El anillo de los Nibelungos de Richard Wagner

Nada grita "soy un puto megalómano" como la música de Wagner. La mejor forma de ponerse a tono es con esta inmortal pieza de la ópera más famosa del compositor favorito de lo metaleros de todo el mundo. Mientras organizas a tus tropas dejarás muy en claro que no eres un bravucón cualquiera, sino un héroe de leyendas que está aquí en serio para dejar su huella en la historia.



"Aasgardreien"
Peter Nicolai Arbo (1831-1892)

2. Obertura - Caballería ligera de Franz von Suppé

Ahora que has hecho sentir tu presencia, prepárate para tu primera batalla. Nada reafirmará tu porte y elegancia como un buen cuerpo de caballería ligera, en que todos sus jinetes estén ataviados con relucientes uniformes y cabalguen hacia el enemigo con los sables desenvainados, pues a nadie le gustan la chusma desarrapada. Los tonos enérgicos de esta pieza de Von Suppé son el acompañamiento ideal para enviar a tus húsares para picarle las botas a tu enemigo.


"Oficial del cuerpo de cazadores a la carga"
Théodore Géricault (1791-1824)

 3. Obertura - 1812 de Piotr Ilich Tchaikovsky

Ahora sí, dejémonos de jueguitos vámonos a la batalla con todo. Esta pieza de Tchaikovsky, compuesta para conmemorar el choque entre los ejércitos de Napoleón y de Rusia, suena como debe sonar una batalla. Un poco de la Marsellesa por aquí, campanas por allá, cañones verdaderos disparando por acullá y todo in crescendo, es el acompañamiento musical perfecto para tu primera victoria.


"Batalla de Borodino"
Louis-François, Baron Lejeune (1775–1848)

 4. "Gloire immortelle" - Fausto de Charles Gounod

Has logrado tu primera gran victoria. Que tus soldados celebren con varoniles cánticos, como con este coro de los soldados de la ópera Fausto, en el que hablan de la victoria conseguida y del regreso triunfal a casa. Como tus tropas, estos galantes combatientes cantan a la gloria inmortal que han obtenido en el campo de batalla.



"Soldados franceses marchando"
Henri-Louis Dupray (1841-1909)

5. "Marcha Rákóczi" - La condenación de Fausto de Hector Berlioz

Pero no te duermas en tus laureles; es tiempo de otra batalla. Disfruta de esta pieza de Berlioz, inspirada en una canción patriótico húngara. Deja que tus movimientos en el campo se sincronicen con el ritmo cada vez más grandilocuente de esta pieza, en la que podrás escuchar desde el la llegada de tus fuerzas, pasando por el encuentro entre tus tropas y las de tus enemigos, hasta la gloriosa batalla que te traerá una nueva victoria.

"Batalla de Denain"
Jean Alaux (1786-1864)

6. "Marcha de los soldados suizos" - Guillermo Tell de Gioachino Rossini

¿Las cosas se pusieron difíciles para ti durante la batalla? ¡Deja que tus adversarios crean eso! En el momento en que tu enemigo piense que está poniéndote contra la pared, manda a tu caballería ligera a romper sus filas y quebrantar su moral. Nada aumenta los bríos como la llegada de último momento de tu caballería al ritmo de esta pieza clásica de Rossini.


"Dragones de Novgorod en la batalla de Aladja"
Aleksey Divshenko (1851-1895)

7. Primer movimiento - Sinfonía heroica de Ludwig van Beethoven

Ahora sí te has hecho de un nombre y una fama. Te has ganado el derecho a ser homenajeado como todo un héroe y para ello lo mejor es el primer movimiento de la tercera sinfonía de Beethoven. Originalmente fue compuesta en honor a Napoleón, pero tú ya eres mucho mejor que el viejo corso. Deja que estas notas describa tu carrera llena de gloria y tu papel como héroe de leyenda.


"Washington cruzando el Delaware"
Emanuel Leutze (1816-1868)

8. Cuarto movimiento - Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvorák

Te has hecho de una gran fama como genio de la estrategia; por todas partes surgen admiradores que te invitan para derrocar a sus tiranos e incorporar a sus naciones a tu benévolo Imperio. Nuevas conquistas están ahora ante ti. Quedarte en tu terruño no te llevará a la gloria: ¡hay que lanzarse a la captura de nuevos mundos! El cuarto movimiento de la novena sinfonía de Dvorák te acompañará mientras cruzas los mares con tus fragatas y galeones.


"Batalla de Trafalgar"
William Clarkson Stanfield (1793-1877)

9. "Invasión" - Séptima Sinfonía de Dmitri Shostakovich 


Cuenta la leyenda que Shostakovich compuso esta pieza para representar la invasión alemana contra Rusia. Aunque él siempre dijo que no era cierto y que la había empezado a componer desde antes de la Segunda Guerra Mundial, se quedó con el nombre no oficial de Invasión. Te servirá como tema triunfal mientras tus tropas desfilan por las nuevas ciudades conquistadas y eres recibido como un libertador.



"Carga del noveno batallón"
Ernst Zimmer (1864-1924)

10. "Marte, el portador de la guerra" - Los planetas de Gustav Holst

Oh, pero no podía ser tan sencillo. ¿Escuchas eso? Es el sonido de las fuerzas del Mal, que se están amasando en tu contra. Bajo la Estrella Roja que representa al dios de la guerra, estos ejércitos sombríos traen ruina y destrucción a su paso. Al principio con lentitud, después con una explosión devastadora. Una flota siniestra que incendia las costas, tropas tenebrosas que arrasan por donde van, están amenazando los lindes de tu imperio y ahora vienen hacia tu encuentro.


"Batalla de Sinop"
Ivan Aivazovsky (1817-1900)

11. "Va pensiero" - Nabucco de Giusseppe Verdi

Tus enemigos han dejado todo en ruinas, han matado a muchos de tus leales súbditos y otros tantos se encuentran Tu pueblo se encuentra dominado por sus fuerzas y ha sido reducido a la esclavitud. Escucha su lamento, tal como lo expresaron los esclavos hebreos en Babilonia, de la ópera Nabucco, de Verdi. Su conmovedor anhelo de libertad te dará a ti y a tus tropas la motivación necesaria para luchar por ellos.


"Masacre de Quíos"
Eugène Delacroix (1798-1863)

12. Marcha Eslava de Piotr Ilich Tchaikovsky

No puedes dejar que tus enemigos tengan la pieza musical más amenazante de esta historia. Si algo puede alimentar tu megalomía y tus ganas de partirle la cara a la gente, es esta patriótica e inspiradísima pieza de Tchaikovsky. Escúchala mientras encabezas a tus tropas para el encuentro con tus aborrecibles enemigos, y que todos sepan que en este mundo sólo cabe un rey de reyes.


"Napoleón en Austerlitz"
François Gérard (1770-1837)

13. "Oh Fortuna" - Carmina Burana de Carl Orff

Ahora sí, ha llegado el momento decisivo de tu carrera como conquistador. Tus tropas y las de tus enemigos están frente a frente y es hora de luchar con todo. No hay pieza más épica para ese momento que esta celebérrima de Orff, que con toda elocuencia representa lo que está en juego. Ésta es la gran batalla de nuestra era, y de cualquier forma estos coros te harán sentir como si así lo fuera. Además, conviene recordar que la Fortuna es la emperatriz del mundo y que todo podría pasar.


"Batalla de Avaí"
Pedro Américo (1843-1905)

14. "Batalla en la nieve" - Alexander Nevsky de Sergei Prokofiev


La batalla se ha prolongado durante todo el día, y aunque has conseguido importantes avances, tus enemigos no se rinden ni cejan. Debes reagrupar a tus fuerzas y prepararte para el asalto final. Como nadie sabe más de megalomanía que los rusos, esta pieza de Prokofiev, usada por su tocayo Einsestein en la enorme Alexander Nevsky es justo lo que necesitas como acompañamiento de tu última y más grande victoria. En ella podrás escucharlo todo, desde las alineaciones de tu caballería y tu infantería que toman su lugar, hasta el choque final entre tus soldados y tus enemigos. Aquí te juegas el futuro de la humanidad.



"Batalla de las Pirámides"
François-Louis-Joseph Watteau (1758-1823)

15. "Himno a la Alegría" - Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven

¡Felicidades! ¡Has triunfado en tus planes megalómanos para la conquista mundial! Con tus enemigos derrotados, ahora puedes regodearte en tu magificencia mientras la raza humana conoce una nueva era dorada bajo tu amoroso puño de hierro. Para exaltarte como te mereces, disfruta de los coros de la máxima obra de Beethoven a la par que alcanzas la apoteosis. Ha sido un honor servir bajo tus órdenes.

"Napoleón en el trono imperial"
Jean-Aguste-Dominique Ingres (1780-1867)




Nota: Para los que son nuevos en este blog, sepan que el propósito de la entrada es puramente cultural; no vayan a creer que es una exaltación de la guerra y los valores castrenses. En este blog somos bien progres y estamos a favor de la paz mundial, la abolición de los nacionalismos, la hermandad de los pueblos de la tierra y todas esas maricadas.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Hablando de cómics en los cómics



Con su permiso, voy a ponerme nostálgico y transportarme a aquella época en la que los cómics de Marvel y DC aparecían bajo el sello de Editorial Vid, importantísima empresa mexicana sin la cual es imposible entender la historia del cómic en México. Vayamos a la segunda mitad de la década de 1990, en que su seguro servidor pasó de ser un lector casual de historietas a volverse un fan como Cthulhu manda. En ese tiempo yo compraba y leía casi todos los cómics de las dos casas mayores que Vid editaba en México.

El trabajo que hacía Vid era por lo general excelente, si bien de vez en cuando cometieron algunos graves tropezones y malas decisiones editoriales que no viene a cuento mencionar, y que de todos modos palidecen frente a los horrores que comete Editorial Televisa, con ejemplares llenos de faltas ortográficas de primaria y traducciones burdas que dejan los textos ininteligibles.

Además, una de las características más loables de las ediciones de Vid es que en cada número de sus historietas incluían contenido adicional interesantísimo. Donde las ediciones originales americanas metían publicidad cada dos páginas, y en donde los actuales de Televisa no hay ni madres, en los ejemplares de Vid aparecían trivias para que los lectores demostraran sus conocimientos, o listas de datos curiosos para que los ampliaran; cartas que los fans enviaban a la casa editorial, a veces con fanart o dudas que eran respondidas amablemente por el equipo.

Pero a mi parecer lo más importante eran los artículos que aparecían en las páginas de estos cómics. Muchos de ellos proporcionaban información que ayudaba a la lectura de la historieta misma, en especial sobre los personajes que aparecían en ese número. Otros tantos nos hablaban de arcos argumentales clásicos, o de artistas y escritores fundamentales para el cómic. A veces nos informaban de la próxima saga que se publicaría en Estados Unidos o de planes para una película protagonizada por nuestros personajes favoritos. En ocasiones de plano los articulistas se aventuraban a hacer análisis de los cómics o de los personajes, incluso críticas, lo que daba por resultado textos fascinantes de leer.

En esta entrada quiero rendir un modesto homenaje a esos articulistas y confieso que muchas veces me iba directo a leer sus textos, antes del cómic en sí, sobre todo porque a veces publicaban ensayos completos por entregas y me dejaban “picado”.

Al escribir esto tengo por casualidad en mis manos el número 19 de Spider-Man (octubre de 1999)[1]: de 32 páginas, 5 las dedican a contenido adicional creado por el equipo de Vid, sin contar los forros, que también fueron aprovechados para ese propósito. Me voy a centrar en los textos que aparecieron en las páginas del Trepamuros, porque ahí vieron la luz algunos de los más interesantes (y para que no digan que nunca hablo de Marvel).

Hay tres nombres que quiero rescatar y a los que quiero honrar: Everardo Ferrer, Uriel A. Durán y Héctor C. Garza.

Les voy a poner un ejemplo de lo que hacían estos caballeros por nosotros. Spider-Man #56 (abril de 2001) en el que aparecen como personajes invitados Carnage y Silver Surfer, incluye sendas introducciones para ambos. En su columna regular “Telarañas”, Everardo Ferrer nos cuenta la historia de Carnage, tanto su biografía ficticia como la historia de su publicación. Mientras, en su propia columna titulada “Aracnofilia”, Uriel A. Durán, nos habla del buen Silver Surfer.


Como ven, eran textos bastante completos.

No se puede soslayar la importancia que tenían estas piezas informativas, en especial para los lectores jóvenes que no conocían a profundidad el vastísimo Universo Marvel. ¿De qué otra forma habríamos podido empezar a conocer el bagaje cultural que traían nuestros cómics? Hoy en día, si aparece un personaje o se menciona un evento del que no has oído hablar, puedes ir directo a Google y consultar de qué se trata (probablemente, con el mismo smartphone en el que estás leyendo el cómic en su versión digital). Pero por esos años Internet era una tierra de nadie salvaje, caótica y llena de lobos; no existía Wikipedia ni bases de datos confiables y los buscadores no eran muy precisos (si buscabas en Altavista, era más fácil hallar porno que otra cosa).

Antes de que existieran enciclopedias sobre cómics, de ésas que ahora venden hasta en Sanborns, la erudición comiquera, obtenida de primera mano, de Durán y Ferrer hacían más accesible y disfrutable la experiencia de leer una historieta. Ese mismo servicio nos prestaban ambos en otros títulos de Marvel y DC publicados por Vid.

Pero no se crea que estos colegas comiqueros se limitaban a proporcionar información árida cual entrada de diccionario. Los artículos en sí estaban muy bien escritos, con una prosa profesional trabajada y amena, que a menudo incluían mensajes que invitaban a la reflexión. Vuelvo a aquella columna de Durán en el número 56 de Spider-Man:

“Un héroe poderosísimo, pero más que con pies de barro, de papel… Más que desventaja, es el acierto de Silver Surfer; ya que demuestra que por muy poderoso que sea, en el fondo es tan normal o más débil que otros… Este caso recuerda que en el humano no hay virtud sin por lo menos un defecto que equilibre la ecuación total.”
El mismo Uriel A. Durán dedicó una serie de cuatro artículos entre los números 20 y 23 de Spider-Man, nada más y nada menos que sobre Stan Lee y su importancia para el medio y la industria. En el número 24 nos comparte una reflexión sobre el significado de las máscaras:

“Según las ciencias antropológicas, el empleo de las máscaras obedece muchas veces a motivos místicos y religiosos, más que prácticos. Al usar una máscara el individuo se libera de inhibiciones y asume otra identidad, la cual refleja la máscara. […] Usar una máscara o disfraz no implica simplemente ocultar la identidad real, sino también asumir la identidad que el disfraz simboliza.”


En ese mismo número, Everardo Ferrer escribió un conmovedor In memoriam a Gwen Stacy, un personaje fundamental para la historia de Spidey, pero poco conocido para quienes empezamos a leer cómics como pubertos en los 90. De la misma forma, nos presentó la historia de los equipos superheroicos de los que Spidey había formado parte, las parodias de Spider-Man en el mundo, noticias sobre proyectos futuros relacionados con el Trepamuros (¿se acuerdan de esa película que iba a dirigir James Cameron y que tendría a Electro y Sandman como villanos?), y mucho, mucho más.

Pero aunque me encantaban las columnas de Durán y Ferrer, y nunca me las perdía, las de Héctor C. Garza eran definitivamente mis favoritas, y número con número anhelaba saber cuál sería el próximo tema que este agudo columnista trataría. En muchas ocasiones, claro está, sus textos tenían el propósito de aumentar los conocimientos de los lectores, pero otras veces eran verdaderos ensayos críticos, que bien podrían presentarse como ponencias en congresos sobre cómic.

En el número 34 (mayo de 2000), aparecen dos textos de este autor. El primero es una entrega de su columna habitual “Del escritorio de J. Jonah Jameson” y es un exhorto a los fans del cómic de superhéroes para que se acerquen a otros géneros de la historieta:

“Entre los fanáticos de la historieta existe una ignorancia casi total sobre la historia del medio y todo lo relacionado con él. Muchos lectores pueden citar con detalle la vida de todos los héroes habidos y por haber, en qué número aparecieron por primera vez y quién los dibuja. […] Por otro lado, estos mismos conocedores de la vida y obra de Jim Lee, Rob Liefeld o Marv Wolfman, seguramente mirarían con cara de extrañeza a quien les hablara de Milo Manara, Jules Feiffer, Walter Kelly o Robert Crumb.”


Fue la primera vez que leí esos nombres y todavía pasarían muchos años para que pudiera ver y leer su trabajo (gracias a la piratería en Internet, obvio). El segundo texto en ese mismo número se titula “Una mirada a los teóricos de la historieta”, en que fustiga sin piedad a científicos sociales que se han atrevido a analizar el cómic sin conocerlo:

“En cuanto surgieron los primeros ‘comunicólogos’, muchos vieron al cómic como una forma de subcultura. Cientos de estudios fueron publicados en varias partes del mundo en donde se demostraba que las viñetas no eran más que sucias herramientas del imperialismo yanqui, cuyo único fin, aparte de corromper las mentes infantiles y alejar a los hombres de la lectura ‘culta’, era facilitar la entrada de los intereses norteamericanos a las sociedades del Tercer Mundo. […]
Si bien los que hacen crítica de cine son cinéfilos, los de literatura, lectores voraces y los de música, melómanos consumados, muchos de los teóricos de la historieta nunca en su vida han abierto una, excepto quizá para disecarla inmisericordemente. Es gente que al comprar una sola vez el Hombre Araña catorcenal, hace un concienzudo análisis del porqué la relación enfermiza de Peter con su tía May no es más que un reflejo de tendencias gerontofílicas reprimidas de los autores, y se hace con el fin de socavar los principios morales de los niños que leen la revista…”
Esta columna además nos ilustra el panorama de la época, en la que aún faltaba una generación para que en México y América Latina el cómic se tomara en serio como la expresión cultural que es y como la obra de arte que puede llegar a ser. Creo que el señor Garza estaría feliz de ver que ahora el análisis del cómic está en manos de los comiqueros.

En otro texto al que llamó “Héroes en política”, aparecido en el número 52 de Spider-Man (febrero de 2001), aborda otra vez el tema:

“Aunque se sabe que ningún escritor de cómics se sienta ante su máquina y dice: ‘¿Qué mensaje de penetración imperialista enviaré hoy a los pueblos del mundo’, es necesario reconocer que los teóricos no están tan errados. Un guión de cómic, como cualquier otra forma de comunicación humana, reflejará en mayor o menor grado la forma de pensar de quien lo crea, y considerando que la gran mayoría de los escritores están inmersos en el ‘american way of life’, ese tipo de mensajes, aunque inconscientes, aparecerán en toda la producción.”
Quizá el opus magnus de Héctor C. Garza de los que aparecieron en las páginas de nuestro amigable vecino, sea la serie en cinco partes titulada “Cómics y represión”, (números 40 al 44, fechados entre agosto y octubre de 2000). En ella se habla de la persecución que han sufrido los cómics a lo largo del tiempo; parte el infame y fraudulento estudio de Friedric Werthman La seducción del inocente, que dio lugar a la creación de la mojigata herramienta de censura, el Comic Code Authority; pasa por la persecución sufrida bajo regímenes dictatoriales, tanto en la España de Franco, como en el Chile de Pinochet, como en la Cuba de Castro, y los casos especiales de México, donde la censura se daba siguiendo el puritanismo católico o la defensa del nacionalismo cultural; llega hasta a su actualidad con los grupos de presión religiosos y asociaciones de padres de familia.

“Como se puede ver, los mayores enemigos del cómic no siempre se encuentran dentro de las viñetas, sino que los que más daño les han hecho a los superhéroes están fuera, como lo fue el doctor Wertham y todos los censores que le siguieron.”



Si alguna vez el señor Garza me hizo levantar la ceja fue en sus análisis psicológicos un poco extraños y basados en conceptos pop. Por ejemplo, en un texto en el que habla de la sexualidad de los superhéroes, termina por llamar a Xavier un "pedófilo reprimido" (número 55), una conclusión típicamente freudiana y que no viene al caso; también a menudo usaba la palabra "esquizofrénico", para llamar a alguien que tiene doble personalidad, cuando para empezar la esquizofrenia es una cosa y el trastorno de disociación de identidad es otra y bajo ningún concepto Peter Parker tiene la una ni la otra.

Pero esos resbalones se compensan con otros textos muy lúcidos, como aquél en el que invita a los lectores a recuperar el sentido de placer culposo que tiene la historieta, dejando de lado pedanterías y racionalizaciones mamonas o ese otro en el que señala lo mucho que aprende un lector de cómics, pues en las viñetas encuentra por primera vez temas de ciencia, historia o mitología (números 54 y 56). Me quedo sin poder hablarles de otros textos aparecidos en otras publicaciones, como una breve disputa entre dos columnistas, que respectivamente atacaban y defendían el nombre de “Guasón” para referirse al Joker; uno sobre la influencia de Star Wars en trabajos científicos; u otro sobre el Malleus Maleficarum, aparecido en las páginas de Buffy la Cazavampiros.

De los textos de Ferrer, Holguín y Garza aprendí muchísimo sobre la historia de los cómics, no sólo de Marvel y DC, sino de muchos artistas y obras más, cuyos nombres conocí por vez primera en estas páginas. Revisando los textos para escribir este choro me encontré descubriendo que aquí tuve mi primera aproximación al ensayo, el género literario que más cultivo, y que de aquí debe venir mi afán por estudiar la cultura pop relacionándola con la sociedad y la política.

Estas columnas, artículos, ensayos, notas o como se les quiera llamar, no sólo hacían más rica la lectura del cómic, sino que ampliaban el universo del lector, lo invitaban a conocer más del medio y de la industria (y de la cultura general), y sobre todo, al exponerle diversas aproximaciones a la historieta, contribuían a formar lectores críticos, dispuestos a ver más allá del personaje en mallas coloridas saltando por las cornisas. Por ello, quiero darles las gracias.



COLOFÓN: Aquí presenté algunas páginas escaneadas de mi colección personal, pero bien valdría la pena digitalizar todos estos textos para rescatar este riquísimo legado cultural de la historia del cómic en nuestro país. Por cierto, textos así siguieron apareciendo en las revistas de cómics de Vid hasta el final, aunque los costos de impresión obligaron a reducir su cantidad. Poco a poco, nombres nuevos empezaron a aparecer firmando estos trabajos, mientras que los clásicos de siempre desaparecían. El #62 post-Crisis Infinita, el último de Superman que publicó Vid, incluye un breve artículo sobre Action Comics #1, de la autoría de Jorge Tovalín.

            Quería incluir unas fichas biográficas de los tres autores que mencioné en esta entrada, pero no encontré nada sobre Héctor C. Garza. Si alguno de ustedes sabe algo de él, se agradecerá la información.

            De Uriel A. Durán encontré que además de gran conocedor de cómics era colaborador y guionista de la emisión cultural de la estación de radio Reactor 105.7 y que falleció en 2011. De Everardo Ferrer sabemos que se encuentra bien y sigue trabajando, que es periodista especializado en cómics, rock y lucha libre, además de ser uno de los fundadores de la revista Comikaze.



[1] No se puede confiar en las fechas que las editoriales imprimen en sus mismos cómics, pues por costumbre les ponen una fecha muy posterior a aquella en que de hecho se puso en venta la revista, para mantenerla en los estanquillos el mayor tiempo posible. Esto lo sé gracias a los artículos que venían en las revistas de cómics.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Malditas feminazis, por su culpa sufro :'(


Venga, pues ya es momento de abordar el tema. Pues cada vez que en los Internetz (y a veces en la vida), una persona quiere hablar del feminismo o de la lucha por los derechos de las mujeres, no falta el valeroso prócer que guste de hacer mención de las formas en las que los hombres sufren por los roles de género. Los casos más mencionados incluyen: a) el servicio militar obligatorio y en general el hecho de que los varones sean enviados a las guerras, incluyendo a los niños reclutados por milicias fanáticas en el tercer mundo; b) que la custodia de los hijos se le da preferentemente a las madres en el caso de divorcio, mientras que a los padres se les ponen cargas onerosas como pensiones alimentarias y se les restringen los derechos de visita; c) que los hombres son las principales víctimas de violencia en el mundo, incluyendo el asesinado, la violación (en las cárceles), o el suicidio. Y muchos otros, acompañados del "ah, pero no es un problema de género".

Bien, aceptemos lo anterior. De acuerdo con que los roles de género nos joden la vida a los hombres de muchas maneras. Pero vamos más allá. Obviemos el hecho de que difícilmente algunas leyes muy específicas en países del tercer mundo pueden compararse con una opresión sistemática histórica y universal. Obviemos que tales leyes han sido promulgadas bajo gobiernos dirigidos por hombres. Obviemos, por ejemplo, que cuando los hombres va a la guerra, quienes los envían son los otros hombres que gobiernan el país, que no van precisamente desamparados sino armados y entrenados para pelear contra otros hombres armados y entrenados, enviados a su vez por otros gobernantes (hombres), mientras que mujeres civiles, ni armadas ni entrenadas, son a menudo violadas como botín (algo a lo que se alienta, por ejemplo, a los niños reclutados por las milicias fanáticas).



Hagamos de cuenta, for argument's sake, que de verdad los hombres y las mujeres están igual de oprimidos por los roles de género, sólo que de forma distinta. ¿Por qué le reclamas a las feministas? ¿Ellas qué? No son las que ponen esas leyes que favorecen a las madres divorciadas, ni las que promueven el servicio militar obligatorio para los varones, ni las que incitan a los hombres a violar a otros hombres en las cárceles. Tampoco es como si la lucha contra la discriminación, el acoso sexual, la violencia doméstica o el slut shaming perdieran alguna validez porque hay hombres que también sufren. 

Es más, la mayor parte de las feministas estarían de acuerdo en que todas esas situaciones que atribulan a los hombres son injustas y terribles; si quisieras iniciar campañas sociales para mejorar las cosas, estoy seguro de que la mayoría te darían su visto bueno (no digo "todas"; como en todo grupo humano, hay sus pendejas y sus lunáticas). Después de todo, el feminismo está contra los roles de género, que incluyen la creencia de que por default una mujer está mejor capacitada para criar a un niño, o que el papel del varón en la sociedad es el combate y la protección de los que no combaten.

De hecho, ¿por qué no te animas? Qué tal si te organizas con algunos amigos que le sepan a eso del derecho para crear una asociación que asesore a padres solteros y divorciados. Qué tal si escribes una pieza bien pensada argumentando por qué el servicio militar es un atavismo absurdo en nuestros tiempos. O qué tal si te unes a algún movimiento de aquéllos que quieren reducir la violencia o reformar el sistema penitenciario.

¿Ah, que por qué no lo hacen las feministas? ¿Y por qué chingados deberían? Están ocupadas luchando en contra de las diferentes formas de opresión bajo las ellas que se encuentran. ¿Que si quieren igualdad por qué no luchan por TU igualdad también? Te repito, si tú quieres cambiar las situaciones injustas en las que se encuentran algunos hombres (y no: estar en la friendzone no cuenta como opresión), las feministas no te la van a hacer de pedo. Cada quien su lucha, ¿no? Si ves a un grupo de personas de raza negra manifestándose contra la discriminación que sufren, no llegarás a decirles "¿por qué no se manifiestan contra la discriminación que sufren los asiáticos, los indígenas o los hispanos? ¿Eh, a ver, por qué?". No, ¿verdad que sería una mamada? Obviamente, los negros no estarían a favor de la discriminación de otros grupos étnicos, pero tampoco es obligación suya luchar por los demás.

Pues es lo mismo que estás haciendo: le estás diciendo a las mujeres que la lucha por sus derechos no tiene valor a menos que también luche por los tuyos. Le estás diciendo "Vieja, ¿por qué te ocupas de ti misma antes de atenderme a mí" (pero no eres machista, ni se diga).



Ah, pero es que el meollo del asunto no son las injusticias que sufren los hombres. No es eso lo que te preocupa. Lo cierto es que te importa un soberano carajo el padre que se quedó sin la custodia de sus hijos o el niño reclutado por la milicia. Si te importaran tantito podrías hablar del tema, involucrarte y hasta luchar por ello sin traer a colación a las feministas, que nada tienen que ver.* Lo que quieres tú no es generar conciencia sobre estas situaciones, lo que tú quieres es que las feministas se callen.

Sí, de eso se trata, simple y llanamente. Quieres que te dejen de estar jodiendo con sus rollos, y por eso te urge encontrar algún argumento demoledor que demuestre que sus quejas y reclamos no tienen valor. Como eso de la pensada no se te da, te figuras que tal argumento será "pues miren, esto prueba que los hombres también sufrimos así que cállense". 

Pero pos no, lo único que haces es revolcar el "¡peeeero los niños pobres de África!", una falacia clásica de la que ya he hablado, y que se trata de traer a colación a los niños pobres que mueren de hambre, aunque no tengan nada que ver con nada, sólo por el afán de hacer quedar mal al otro. Pues tú haces lo mismo, pero contra las feministas; y así como a los magufos que se quejan de la exploración espacial o a los homofóbicos que se quejan del matrimonio igualitario no les podrían importar menos los niños hambrientos, a ti te son por completo indiferentes los varones oprimidos del mundo, excepto como argumento para joder a las feministas.




Ahora, no sé por qué te irritan o asustan tanto las feministas que cualquier pseudoargumento escupido por cualquier idiota te parece justo, bueno y necesario con tal de que ataque al feminismo. Pueden ser mil razones que sólo tú conoces; desde que quizá sólo eres un ignaro y no sabes de qué va la cosa, hasta el esperable temor de cualquier grupo privilegiado que ve que un grupo oprimido se está empoderando. ¡Rayos! Incluso admito la posibilidad de que tengas objeciones al feminismo, desde tu punto de vista muy válidas y sensatas. No sé, prefiero no especular, no sea que juzgue injustamente a alguien que a lo mejor no ha cometido pecado más grande que ser tontito. Lo único que sé es que este "argumento" de "pero los hombres también sufren" es malintencionado, pendejo y digno del más llorón de los quejicas.

Si quieres quitarte lo basto, aquí hay algunos enlaces para empezar:

But what about the men? - Is feminism sexist?



*Creo que es justo y necesario reconocer que también hay personas esforzándose de hecho por solucionar las situaciones injustas o desfavorables para los hombres a causa del sexismo, sin verse en la necesidad de echar mierda al feminismo. Esta entrada no va contra ellos.

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