jueves, 22 de septiembre de 2016

Leones comandados por asnos: Las grandes matanzas de 1916



Oh, how do you do, young Willy McBride?
Do you mind if I sit here down by your graveside,
and rest for a while in the warm summer sun?
I've been walking all day and I'm nearly done.


El año de 1916 fue uno de los más sangrientos de la historia humana. Algunas de las batallas más grandes -en cuanto a fuerzas, muertes, recursos usados y duración- se dieron aquel año como parte de la Primera Guerra Mundial, que hundió a Europa y buena parte del globo en un baño de sangre. El conflicto había estallado en agosto de 1914 y después de la "etapa de movimientos" de aquel año había llegado a un punto muerto. No porque no hubiera acción -las muertes se podían contar por miles en un solo día- sino porque por más balas que fuesen disparadas, por más bombas que explotaran, por más jóvenes que murieran en el altar de sacrificio de esa locura llamada nacionalismo, ninguna de las potencias beligerantes podía presumir de hacer avances significativos o duraderos.

Desde inicios de 1916 los altos mandos militares de algunas de las potencias decidieron intentar operaciones grandilocuentes con tal de romper el empate. Pero las armas eran muy destructivas, los hombres usados como carne de cañón eran muchos, y sobre todo la soberbia, la incompetencia y el total desdén por la vida humana por quienes gobernaban naciones y comandaban ejércitos era demasiada. La destrucción y la muerte podían ser tremendas; los avances, muy poco significativos, insuficientes para inclinar la balanza. Tengamos en cuenta que unas 11 millones de personas murieron en ese conflicto; de ésas, 4 millones perdieron la vida en 1916. Para nunca olvidar los niveles demenciales que la presunción de los "asnos que comandaban a los leones", y continuando con nuestra conmemoración del centenario de la Gran Guerra, les dejo un resumen de las acciones militares más importantes de aquel año y de sus catastróficos resultados.

Las fuerzas en campo





Repasemos. La Primera Guerra Mundial se dio entre dos coaliciones de países. Por un lado, las Potencias Centrales: el Imperio Alemán, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Turco Otomano y el Reino de Bulgaria.

Por el otro, la Triple Entente o los Aliados: el Imperio Británico (que incluía a Canadá, Australia, Nueva Zelanda, la India y otras colonias), el Imperio Ruso, la República de Francia y el Reino de Italia, más sus aliados menores, Bélgica, Portugal, Serbia y Montenegro, a los que este año se uniría Rumania.

La Rebelión de Pascua


And I see by your gravestone you were only nineteen
When you joined the great falling in nineteen sixteen.
Well, I hope you died quick, and I hope you died clean.
Oh, Willy McBride, was it slow and obscene?




En abril de aquel año la guerra se extendió hasta un "frente doméstico". Nacionalistas irlandeses pensaron que aquel momento, en que las fuerzas británicas estaban ocupadas con el conflicto en Europa, era bueno para declarar la independencia de Irlanda como una república. La insurrección armada duró solamente una semana, pues los 1,200 rebeldes no fueron problema para los 16 mil soldados británicos que las sofocaron. 

Los enfrentamientos y las ejecuciones que les siguieron arrojaron un saldo 82 muertos entre los combatientes irlandeses, 143 entre los ingleses y 260 civiles que no la debían ni la temían. Casi nada, comparado con los números de muertos en cada batalla de las que se libraban en el continente, pero estos eventos, sumados a las recientes derrotas británicas en la guerra, ocasionaron pánico entre los ingleses, sobre todo porque se sabía que agentes alemanes habían colaborado con los rebeldes.

La caída de Kut


And did you leave a wife or a sweetheart behind?
In some loyal heart is your memory enshrined?
And though you died back in nineteen sixteen,
In that loyal heart you're forever ninteen.



Ya les había platicado de esta acción militar ocurrida en Mesopotamia, entre las tropas británicas e indias que se apostaron en la ciudad de Kut Al Amara, y las fuerzas turcas que les pusieron sitio. Todos los intentos por parte de los Aliados para liberar la ciudad terminaron en fracaso. Incluso los rusos habían intentado hacer pasar una fuerza por Persia, pero no llegaron ni cerca de Kut.

Los sitiados resistieron desde septiembre de 1915, pero el hambre y las enfermedades los hicieron capitular finalmente en abril de 1916. Ésta fue probablemente la mayor derrota para el ejército británico en toda su historia, y venía a pocos meses después de la vergonzosa retirada de Galípoli -en enero de este mismo año, en que un intento de invasión aliada había sido repelido por los otomanos-, y casi al mismo tiempo que la rebelión irlandesa. Como se pueden imaginar, las situación parecía desesperada.

Hoy quiero centrarme en la "marcha de la muerte" que vino después, cuando los prisioneros británicos e indios fueron obligados a caminar desde Mesopotamia hacia campos de prisioneros en Anatolia. Un 70% de los ingleses, para nada preparados para resistir aquellos climas áridos e inclementes, murió en el trayecto, así como un 30% de los indios. En total, el Imperio Británico perdió a 30 mil hombres, mientras que el Imperio Otomano perdió 10 mil.

La batalla de Verdún

Or are you just a stranger without even a name,
Forever enshrined behind some old glass pane,
In an old fotograph torn, tattered and stained,
And faded to yellow in a brown leather frame?



Quizá nada habla de la futilidad de la guerra como la Batalla de Verdún, que se dio entre febrero y diciembre. El objetivo de su artífice, el comandante alemán Erich von Falkenhayn, era obligar a los franceses a desgastarse en la defensa del sistema de fortalezas de Verdún. O eso dijo él tiempo después, porque en un principio afirmaba que tomaría las posiciones francesas con pocos problemas, pero cuando vio que la ofensiva se prolongaba sin visos de un final parece que cambió su versión.

Verdún no sólo era importante desde el punto de vista estratégico, pues custodiaba las fronteras entre Francia y Alemania, sino que tenía un significado histórico y simbólico para los franceses, quienes alardeaban de que la fortaleza era impenetrable. Por eso cuando las hostilidades comenzaron no tardaron en escalar. Los franceses no podían permitirse perderla (Ils ne passeront pas! era el grito de guerra) y los alemanes no podían darse el lujo de no conquistarla, porque el honor se les iba en ello. Con cada bando decidido a no ceder ni un ápice, franceses y alemanes derramaron hombres y recursos en esta batalla que duró 300 días.

El tonelaje de bombas y artillería usados por alemanes y franceses en la batalla no tuvo precedentes en la historia humana. Cuando los alemanes atacaron por sorpresa el 21 de febrero, iniciaron con un bombardeo que duró ocho horas y en el que dispararon no menos de dos millones de proyectiles sobre las posiciones francesas. Decenas de millones de proyectiles serían disparados en los casi diez meses que duró la batalla. Si bien la mayor parte de los soldados caídos en la Gran Guerra perdieron la vida por causa de la artillería, en Verdún las proporciones fueron inauditas: el 70% pereció bajo las balas de los cañones.

Los alemanes arrojaron bombas, atacaron desde el aire, usaron gas contra sus enemigos. Obligaron a los franceses a concentrar valiosos recursos en la defensa de esta fortalezas. Consiguieron destruir los bosques que rodeaban la región y reducir muchas de las fortificaciones francesas a escombros. No menos de nueve aldeas francesas (Beaumont, Bezonvaux, Cumières, Douaumont, Fleury, Haumont, Louvemont, Ornes y Vaux) fueron arrasadas hasta sus cimientos, y de ellas no quedó piedra sobre piedra.

Pero al final, ¿qué se logró? Para cuando los alemanes por fin desistieron de su intento porque se dieron cuenta de que no podían seguir invirtiendo hombres y recursos en esto, las bajas entre ambas partes sumaban cerca de un millón entre muertos, heridos y prisioneros. Aproximadamente 160 mil franceses y 140 mil alemanes murieron en una batalla sangrienta y destructiva que decidió prácticamente nada.

Si los alemanes hubieran sabido que la única vía de abastecimiento que tenían los franceses era la Voie Sacrée (Vía Sagrada), un continuo convoy de camiones que viajaban por una carretera completamente vulnerable a un posible ataque aéreo, quizá la batalla habría terminado más pronto y con menos muertes... O quizá no.

La batalla de Jutlandia

The sun shining down in this green fields of France
The warn wind blows gently and the red poppies dance
The tranches have vanished long under the plow
No gas, no barbwire, no guns firing now.



Aunque la Primera Guerra Mundial vio relativamente poca acción en alta mar, fue el escenario de la batalla naval más grande de la historia humana hasta ese momento, por el número de naves de guerra que participaron y el tonelaje de artillería que se disparó en ella. Se dio entre el Imperio Británico y el Imperio Alemán en las aguas frente a Jutlandia, en el Mar del Norte, entre el 31 de mayo y el primero de junio.

Los británicos habían establecido casi desde el principio de la guerra un bloqueo marítimo que tenía el objetivo de ahogar a Alemania, privándola de sus rutas de abastecimiento por mar. Sin embargo, en el campo de la guerra submarina los alemanes llevaban la delantera y establecieron una política de ataques indiscriminados contra cualquier embarcación que se dirigiera hacia las Islas Británicas, aunque fueran barcos civiles o de países no beligerantes.

La Flota de Alta Mar del Káiser tenía la intención de sorprender a la Gran Flota de la Marina Real para destruir de ella lo más que pudiera y romper el bloqueo, pero los británicos interceptaron las comunicaciones de los alemanes y pudieron eludir a los submarinos, los cuales no tuvieron participación alguna en la batalla de Jutlandia. Al medio día del 31 de mayo, los alemanes y los británicos se encontraron antes de lo que los primeros tenían planeado

La Marina Real nunca había sido derrotada, pero eso cambió aquel día. A pesar de que los alemanes sólo contaban con 99 naves de batalla, frente a las 151 de los británicos, fueron los primeros quienes ocasionaron mayores daños a sus enemigos. Los británicos perdieron 14 naves; los alemanes, 11. Pero además, los británicos perdieron a más de 6,000 hombres, mientras que los alemanes contaron bajas de 2,500 hombres. En cuanto al volumen de material hundido, los británicos perdieron 113 mil toneladas, contra las 62 mil perdidas por los alemanes.

Sin embargo, la victoria táctica fue para los británicos. Temerosos de la Marina Real, los comandantes de la Flota de Alta Mar ordenaron la retirada de las aguas de batalla durante la noche; al amanecer, la flota de Su Majestad se encontró dueña del mar. Si los alemanes se hubieran dado cuenta de la ventaja que tenían o si hubieran contado con el apoyo de su flota submarina, quizá la historia de la guerra habría sido distinta...

La batalla del Somme

But here in this graveyard that's still no man's land
The countless white crosses in mute witness stand
To man's blind indifference to his fellow man
And a whole generation were butchered and damned




Una de las acciones militares más sangrientas y destructivas de toda la guerra y de la historia humana hasta su momento. Del desastre que significó el intento de británicos y franceses por romper las líneas alemanas es que proviene la expresión "Leones comandados por asnos". La ofensiva tuvo lugar entre julio y noviembre, en el área circundante al río Somme que separaba las líneas alemanas de las francesas. Nació de la mente de sir Douglas Haig, comandante de las fuerzas expedicionarias, quien se ganó el apodo de "El Carnicero".

Todo empezó a ir mal desde el primer día. Después de haber bombardeado las trincheras alemanas durante 7 días, el primero de julio los británicos enviaron una fuerza de 100 mil soldados para tomar por asalto las posesiones enemigas. Fue un desastre: los soldados británicos fueron recibidos por ráfaga tras ráfaga de ametralladora y perdieron a casi 20 mil de los suyos. Ésta fue la peor matanza en la historia del Imperio Británico.

Como de costumbre, la situación fue mucho más difícil de lo que el wishful thinking de los comandantes les hizo creer. El avance de los franceses y británicos iba a un ritmo demasiado lento y costaba demasiadas vidas. Algunas unidades eran exterminadas casi por completo. Por ejemplo, el 11 de julio, el Undécimo Batallón de East Lancashire perdió a 584 de los 720 que lo conformaban. El día quince, 3,000 hombres de la Primera Brigada Sudafricana ocuparon el Bosque de Delville (o, como ellos lo llamaban, Devil's Wood) y resistieron los feroces ataques de los alemanes. Cuando el batallón fue relevado, sólo quedaban 143 hombres. Durante las seis semanas entre julio y agosto en que los británicos enviaron a las fuerzas australianas y neozelandesas para tratar de capturar la posición granja Mouquet, murieron 12 mil soldados.

Durante la Batalla del Somme la guerra escaló como nunca antes. Mucha de la imaginería que normalmente asociamos con este conflicto (tropas atravesando desiertos de lodo, soldados disparando desde trincheras hediondas, ases del aire teniendo duelos de caballería por encima de campos de batalla mucho menos románticos) provienen de esos días de horror. Fue allí donde por primera vez se usaron los tanques; fue allí donde Manfred von Richtoffen, el mítico Barón Rojo, forjó su leyenda; fue allí donde J.R.R. Tolkien vivió las experiencias que marcaron su vida y su obra.

En agosto, después del avance de los Alidos y sin conseguir el éxito en Verdún, Von Falkenhayn renunció al mando del ejército alemán y fue reemplazado por Paul von Hindenburg y su mano derecha, Erich Ludendorf. Éstos adoptaron una nueva estrategia: retroceder y concentrar sus fuerzas para obligar a los Aliados a extenderse más allá de su capacidad y así hacerlos sufrir más bajas de las que podrían soportar.

Pero si en septiembre una victoria aliada parecía posible, por lo menos en la imaginación de los mandos militares, en octubre la llegada de las lluvias convirtió los campos y bosques devastados por la artillería en grandes lodazales. Los Aliados ahora tendrían que luchar cuesta arriba y enfrentar un clima desfavorable. El primero de octubre los británicos perdieron a 57 mil hombres entre muertos, heridos y prisioneros, en los combates en Le Transloy.

Tras casi cinco meses, tras 141 días de bombardeos, asaltos, batallas aéreas, combate cuerpo a cuerpo y los primeros usos de tanques en el frente, los Aliados lograron avanzar apenas unos 10 kilómetros. El costo: 420 mil soldados británicos, 200 mil franceses y 500 mil alemanes. En total, más de un millón de seres humanos perdieron la vida o quedaron heridos y mutilados para ganar esos 10 kilómetros. Es por eso que el Somme se ha convertido en sinécdoque de la brutalidad y futilidad de la Gran Guerra.

La ofensiva Brusílov


And I can't help but wonder, oh Willy McBride,
Do all those who lie here know why they died?
Did you really believed them when they told you the cause?
Did you really believe that this war would end wars?



Entre junio y agosto el ejército del Imperio Ruso avanzó sobre territorios del Imperio Austro-Húngaro con una enorme ofensiva, concebida por el brillante general Aleksei Brusílov. Éste planeó el inicio del ataque con una serie de bombardeos rápidos y precisos sobre las líneas enemigas. Normalmente los bombardeos eran prolongados, lo que daba tiempo al enemigo de replegarse y prepararse para ulteriores ataques, además de que dañaba la Tierra de Nadie entre las líneas, por lo que resultaba muy difícil para los ataques avanzar a través del territorio bombardeado.

La nueva estrategia de Brusílov resultó un éxito rotundo; la línea de los austro-húngaros fue rota por completo y los rusos avanzaron a grandes pasos por la Galizia ucraniana. Entre otras mejoras tácticas, Brusílov creó unidades especiales de choque, compuestas por individuos con experiencia y bien entrenados, para atacar puntos débiles en las líneas austro-húngaras, en vez de enviar grandes números de soldados a morir bajo la artillería enemiga.

Brusílov había aprendido que la guerra moderna era muy diferente a la decimonónica, pero por desgracia fue de los pocos que lo hicieron. La importancia de las comunicaciones y de líneas de abastecimiento bien organizadas fue obviada por el alto mando ruso. El éxito del avance de Brusílov lo alejó cada vez más de sus propias líneas, y además, tras barrer con el incompetente ejército austro-húngaro tuvo que enfrentarse al eficiente ejército alemán, que no caía en las mismas estratagemas. 

Por si fuera poco, el éxito en cuanto a territorio ganado vino a un altísimo costo en vidas humanas, pues los rusos se estaban jugando el todo por el todo. Cuando el avance ruso llegó a su fin en agosto, el Ejército Imperial había perdido 500 mil hombres. Con todo, las pérdidas para las potencias centrales fueron mucho mayores: aproximada 1,3 millones de soldados entre muertos, heridos y prisioneros. Para colmo, el objetivo principal fracasó: el propósito de la ofensiva rusa era coordinarse con la ofensiva británica y francesa en el Somme para romper de una vez por todas los ejércitos de las Potenciaes Centrales, lo que obviamente no sucedió.

Las batallas del río Isonzo

Well the suffering, the sorrow, the glory the shame,
The killing and dying, it was all done in vain.
Oh, Willy McBride, it all happened again,
And again, and again, and again, and again.



Este río, que separaba los terrirtorios de Italia y Eslovenia (en el Imperio Austro-Húngaro) fue el escenario de no menos de doce batallas durante la Primera Guerra Mundial, de las cuales cinco (de la quinta a la novena) se pelearon en 1916, entre los meses de marzo y noviembre.

Esta batalla resulta excepcional porque fue un duelo de talentos entre dos de las mentes militares menos brillantes de la historia humana: el italiano Luigi Cadorna, artífice de la entrada de su país a la guerra, y el austriaco Franz Conrad von Hötzendorf, el responsable de que Austria-Hungría invadiera Serbia e iniciara la guerra, un tipo tan soberamente estúpido que merecería una entrada para él solito. Ambos se caracterizaban por pensar que la maquinaria de guerra moderna no contaba para nada y que lo importante era el valor y patriotismo de los soldados, por lo que no tenían empacho en lanzar oleadas tras oleadas de hombres jóvenes contra el fuego de las ametralladoras.

En marzo los italianos lanzaron una ofensiva, como era costumbre, mal planeada y peor ejecutada. No hubo un resultado claro, sino más bien fue otro de esos empates que nada lograron, pero costaron muchas vidas. Los italianos sufrieron 1,800 bajas, mientras los austriacos perdieron a 1,900 hombres, entre muertos y heridos.

La batalla de agosto fue la más exitosa para los italianos, lo cual es muy poco decir. Les costó 20 mil vidas, contra las 8 mil de los austriacos (8,500 hombres de ambos bandos murieron sólo el 6 de agosto, en los combates en Doberdò), y lo único que lograron fue tomar el control del paso a través del río, así como conquistar la población de Gorizia, en el lado esloveno. Con todo, se vendió al público como una gran victoria para Italia. Esperando repetir ese resultado, Cadorna ordenó otra ofensiva en septiembre, en la que se invirtió una gran cantidad de recursos y se contaron 17 mil bajas para los italianos y 15 mil para los austriacos, pero no se logró nada, en parte debido a que las lluvias desbordaron el río y sus aguas inundaron las trincheras italianas.

Otro intento fallido se dio en octubre, con 25 mil bajas para cada uno de los bandos. Cadorna seguía terco con querer establecer posiciones del otro lado del río y un último intento tuvo lugar en noviembre. Las bajas fueron catastróficas: 39 mil para los italianos y 30 mil para los austriacos. Aunque estos últimos siempre tuvieron la mejor mano, no podían seguir perdiendo gente a ese ritmo, lo que provocó la intervención de los alemanes, quienes sumaron sus fuerzas a las de sus aliados en las consiguientes batallas. Mientras tanto, miles de hombres jóvenes habían perdido la vida a orillas de río Isonzo.

La Zona Roja de Francia

Did they beat the drums slowly?
Did the played the fife lowly?
Did they sound the Death March,
As the lowered you down?
Did the band played the 'Last Post' in chorus?
Did the pipes played 'The Flowers of the Forest'?



Finalmente, quiero mostrarles cómo la guerra sigue teniendo efectos sobre el medio ambiente y la vida humana, aún tras un siglo de que terminara. La Zona Roja en Francia recibe ese nombre porque es un sitio sumamente peligroso, que corresponde al área en la que se libró la batalla de Verdún. La cantidad de explosivos, municiones y armas tóxicas usadas en esta zona durante la Primera Guerra Mundial la han convertido en un campo minado. Aunque en algunas partes alrededor del área se han establecido viviendas, granjas y hasta sitios turísticos, en su corazón hay un área restringida.

Desde hace décadas los granjeros de los alrededores extraen toda clase de vestigios del conflicto: armas, cascos, ballonetas, incluso restos óseos de soldados olvidados. Y a veces, proyectiles y explosivos que en ese momento estallan, dañan los tractores y dejan aterrorizados a los campesinos.

Además, los químicos usados en la fabricación de armas y explosivos siguen contaminando el medio ambiente durante años, aún después de que las bombas hubieran estallado. Por supuesto, los remanentes de los ataques con gas tóxico son de los elementos más contaminantes, y los que causan más muertes de los trabajadores del Département du Déminage, la dependencia del gobierno francés que aún hoy, cien años después, se dedica a limpiar sitios de riesgo. De hecho, se calcula que terminar de limpiar la zona tomará varios siglos.

Entre los químicos presentes en el suelo, el agua e incluso en los organismos vegetales y animales del lugar se encuentran plomo, mercurio, arsénico y zinc. ¿Lo peor? Los niveles de algunos de estos contaminantes siguen en ascenso y pueden permanecer en el ambiente por 10 mil años. Algunas áreas están tan contaminadas por los agentes tóxicos que se han convertido en extensiones desérticas, en las que casi nada puede crecer.


Los verdes campos de Francia...

La expresión "leones comandados por asnos" implica que los que están al mando eran idiotas, pero que los combatientes eran guerreros valerosos. Esta concepción es engañosa, pues quienes estaban en la línea de fuego no necesariamente eran "leones", sino personas comunes y corrientes que fueron transformadas por la experiencia bélica, y así como algunos sobrevivían y otros resultaban ser buenos para el combate, otros se quebraban, y nadie volvía a casa sin cicatrices, físicas o emocionales. Los numerosos casos de shell shock, o neurosis de guerra, una forma de estrés postraumático que afectó a muchos soldados, da cuenta de que en realidad nadie está hecho para la guerra.

La guerra es locura. En nombre de la patria, de la raza o del honor, unos hombres envían a otros a matar y morir, a vivir una pesadilla que quienes no la han experimentado apenas pueden imaginar. La guerra es siempre un acto de los viejos contra los jóvenes, los ricos contra los pobres, los poderosos contra los anónimos. 

Hoy en día los ajedrecistas de la destrucción siguen reclutando a jóvenes, convirtiéndolos en mártires inútiles o en ejecutores de atrocidades, enseñándoles a odiar a quienes nada les han hecho, todo con las promesas vacías de ideales abstractos, mientras ellos pemanecen seguros y cómodos muy lejos del frente.

A lo largo de esta entrada les he puesto estrofas de la canción The Green Fields of France de Eric Bogle (aquí les pongo el cover de Dropkick Murphys), que trata precisamente de la tumba de un joven soldado irlandés caído en la batalla del Somme en 1916. Conociendo la historia de aquel año podemos comprender mejor la letra y conmovernos. Lo más triste de recordar la demencia de la Gran Guerra es precisamente que todo volvió a pasar una y otra vez...




Para aprender más

Easter Rising 1916: Six days of armed struggle that changed British and Irish history
The Tragedy of Kut
10 things you may not know about the Battle of Verdun
What was the Battle of Jutland and why was it so important?
The Battle of the Somme: 141 days of horror
The Brusilov Offensive
Eleven Battles of the Isonzo
The 'Red Zone' in France

sábado, 17 de septiembre de 2016

STRANGER THINGS o de cómo los 80 descubrieron la pubertad



Dedicado a Toño y Mario, mis mejores amigos de la infancia

                Como todo niño de los 80, este verano que me quedé fascinado con la nueva serie de Netflix, Stranger Things, uno de los pocos productos nostálgicos que han valido la pena. Además de su ambientación y de las referencias, obvias y veladas, a filmes clásicos de la década, esta serie tuvo el tino de recoger uno de los elementos más característicos de la época: la representación de la pubertad.

Bien se dice que la década de los 50 descubrió (o inventó) la adolescencia. Que fue el momento de la primera gran brecha generacional, en que los jóvenes marcaron su propia identidad diferenciándola de la generación de sus padres. Fue la era de los rebeldes sin causa, de los pantalones de mezclilla, chaquetas de cuero, los arrancones y el rock n’ roll.

                De la misma manera yo diría que la década de los 80 descubrió la pubertad, en particular la de los varones, esos años increíbles entre la infancia y la adolescencia (más o menos entre los 10 y los 13), de cambio y descubrimiento, de amistades únicas, experiencias nuevas y despertar sexual. Es la etapa en la que nuestros amigos dejan de ser simples compañeros de juegos y se convierten en nuestros confidentes y consejeros –aunque estén tan despistados como nosotros-, en las personas con las que compartimos las vivencias más importantes, y con los que vivimos en un mundo del que los adultos no tienen idea. Es la etapa en la que descubrimos que nuestros cuerpos cambian, que los cuerpos de las chicas también están cambiando, que las niñas siguen siendo fastidiosas pero también se vuelven extrañamente fascinantes. Es la edad en la que los más osados de nosotros roban cigarros de los bolsos de sus madres, cervezas de las neveras y revistas porno de sus hermanos mayores. Es la etapa en la que los inadaptados nos dimos cuenta de qué tan inadaptados estábamos, de qué tan diferentes éramos a los demás en nuestros gustos y nuestras ideas, pero aún soñábamos con la aceptación y la popularidad, inconscientes de que en realidad iniciábamos toda una adolescencia de nunca encajar.

Stand by Me

Un puñado de películas clásicas abordaron esos aspectos de la pubertad y se ganaron un lugar en nuestros corazones. Niños, adolescentes y adultos habían protagonizado sus propias historias, pero la pubertad nunca había sido tan explorada como en esos años en los que la cultura pop fue tan extraña, tan sui generis, que aún seguimos viendo con fascinación y nostalgia sus productos, aunque sepamos en el fondo que no eran tan buenos como quisiéramos creer.

E.T. (Steven Spielberg, 1982) es quizá la obra seminal, en la que tenemos por primera vez la dinámica del grupo de chavillos que tiene que esconder a un amigo de otro mundo mientras se enfrentan a la vigilancia de un gobierno en el que no se puede confiar.  Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985) es quizá la película arquetípica, la que viene a la mente de todo mundo. Además de presentar una aventura fantástica, esta película tiene como protagonistas a chicos irreverentes que, entre otras cosas, no tienen timidez en hacer chistes sexuales. Cuenta conmigo (Stand by Me, Rob Reiner, 1986) es probablemente la mejor, por su realismo y la rica caracterización de sus personajes. Como suele ser en las historias de Stephen King, ésta muestra los horrores detrás del idilio del típico pueblito estadounidense.

 Pero si he de escoger el non plus ultra de la pubertad ochentera, le doy el título a El escuadrón anti monstruos (The Monster Squad, Fred Dekker, 1987), en la que los chavos se dan a toda clase de conductas y situaciones inapropiadas, y son los héroes que salvan al mundo de las fuerzas de las tinieblas. Era el sueño de todo chicuelo adicto al terror –como quien esto escribe. Del mismo año llega Los muchachos perdidos (The Lost Boys, Joel Schumacher, 1987) que aunque está protagonizada por adolescentes, incluye a un grupo de pubertos amantes de los cómics de terror que entiende mejor la situación que sus mayores y saben cómo enfrentarse a los vampiros glam. La primera parte –a mi gusto, la que vale la pena- de la miniserie Eso (It, Tommy Lee Wallace, 1990) se centra en la infancia de los protagonistas que tienen que enfrentar al diabólico payaso Pennywise. De nuevo Stephen King nos muestra los horrores del mundo a través de los ojos de los preadolescentes.

Si bien la pubertad es ingenua, a la vez implica la pérdida de ciertas inocencias, y el mayor tino del cine de esa década fue precisamente captar esa paradoja. No es la infancia idealizada, de niños bien portados con sueños puros e imaginación dorada. No: nuestros pubertos del cine dicen groserías, se pelean a golpes, se escapan de la escuela, ven cosas prohibidas para chicos de su edad, fantasean con las hermanas mayores de sus amigos. Como pubertos, disfrutábamos de estas conductas que tanto habrían escandalizado a nuestros padres.

The Monster Squad

Los geeks están de moda, y por eso los cuatro protagonistas de Stranger Things lo son en grado extremo, al punto que parece improbable que chicos de sólo 10 años tuvieran tal acervo de referencias ñoñas. Nuestro ensemble de los 80 habría sido una panda de inadaptados con problemas de bullying, sin duda, pero aunque seguramente habrían demostrado gran pasión por cosas como los cómics, los videojuegos o las películas de terror, no habrían sido tan abiertamente geeky. Entre todos, habría habido uno que fuera el Nerd, el gafapasta, más ñoño que los demás, pero capaz de construir aparatos geniales; quizá habría habido uno que llamemos el Loco, más excéntrico y atrabancado que sus camaradas, el primero en lanzarse al peligro y tener los planes más descabellados; alguno de ellos tendría que ser el Líder, protagonista de la historia y el más sensato; por lo menos tendría que haber un chico Cool, quizá un poco mayor que los otros, más rudo y apto para los golpes, pero también un marginado, quizá porque la sociedad lo considera un delincuente juvenil o porque su familia tiene mala fama. Además, puede haber una Chica (interés romántico del Líder), una hermanita o hermanito menor, u otros chicos que no entren en estas categorías.

Nuestra historia no sería sólo un retrato de la vida púber de estos chicos, sino que sería justamente el momento de su iniciación, su ritual de paso, el momento que les llevará a tener las experiencias que los marcarán por siempre o que incluso los convertirán en héroes. Ayudar a un extraterrestre a volver a casa, desterrar a un montón de monstruos a su dimensión, encontrar un tesoro pirata, vencer a la misma encarnación del miedo o proteger el cuerpo de un compañero caído ante el acoso de los bravucones… ¡la anécdota es lo de menos! Lo importante era cómo esa aventura fortalecía nuestras amistades, permitía descubrir valor y fortaleza insospechados en nuestro interior, y nos enseñaba lo que era tener un propósito que va más allá de nosotros mismos. Y digo “nosotros” porque los chicos de este lado de la pantalla participábamos de la aventura casi tanto como los de aquel lado. Aunque no hubiéramos visto esas películas en el cine, sino en video o en la TV; aunque viviéramos en una realidad muy distinta a la del suburbio gringo; aunque esas experiencias fantásticas estuvieran fuera de nuestro alcance, nosotros que a lo mucho andábamos en bicicleta por nuestros barrios y nos metíamos a una que otra casa abandonada a buscar fantasmas y duendes, compartíamos el mismo sentir que nuestras contrapartes ficticias y anglosajonas.

Stranger Things

Creo que gran parte del éxito de Stranger Things se explica precisamente por esto. Así, mientras recordamos nuestros años pubescentes con nuestros camaradas de la infancia, ya fuera esas tardes que pasamos en busca de aventuras, o esas veces que fuimos al cine en bolita, esperamos también la segunda temporada.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Las tentaciones de San Antonio



Uno de mis temas favoritos en la historia del arte es el de Las tentaciones de San Antonio, representación de un episodio místico de la mitología cristiana. San Antonio Abad fue un monje que vivió por ahí entre los siglos III y IV de nuestra era (se dice alcanzó los 105 años de edad). Aquélla era la época en la que el cristianismo estaba definiéndose, pasando de ser una secta de sólo algunos loquillos a convertirse en la religión oficial del Imperio Romano. De hecho, Antonio fue contemporáneo de Constantino y uno de los fundadores del movimiento eremético, es decir, de los eremitas o ermitaños, hombres santos que vivían en soledad, apartados del mundo y en condiciones precarias. En su retiro, Antonio fue tentado por el Demonio en varias ocasiones, pero resistió firmemente gracias al poder de su fe.

Lo que me parece fascinante de la leyenda de San Antonio es la concepción de la santidad y de la tentación, dos de los aspectos que se me figuran de los más morbosos de la religión cristiana. La santidad se equipara a la privación, las carencias, incluso al sufrimiento. Un eremita se aísla de un mundo cruel y pecaminoso, y se vuelve santo por ayunar y tolerar penurias. En lo personal me preocupa quien piense que uno se hace bueno soportando carencias sin necesidad, en especial cuando tal sufrimiento no le hace bien a nadie. Pero existe en la tradición religiosa una nada sana corriente de pensamiento asceta que cree que para purificar el alma hay que castigar al cuerpo. Es justamente este culto al sufrimiento lo que me parece abominable en la recién canonizada Teresa de Calcuta, quien no daba la atención médica necesaria a los pobres a los que "ayudaba", porque quería que ofrecieran su dolor a Cristo.

Pues bien, todos esos santos apartados del mundo me parecen, además de todo, inútiles. Su santidad no servía para aliviar el sufrimiento en el mundo, y sus milagros eran de lo más chafas. Ahí está Pablo el Simple, por ejemplo, quien según la leyenda era alimentado por un cuervo que le llevaba un pedazo de pan todos los días. Dios no podía enviar a sus cuervos a alimentar a los hambrientos del mundo, pero sí a un viejito loco que se apartaba de la civilización para vivir orando todo el santo día. 

Entiendo que estos siglos de decadencia del Imperio Romano y ascenso del cristianismo eran épocas de violencia e inestabilidad. El cristianismo no ofrecía la posibilidad de mejorar el mundo, sino de hallar consuelo en un mundo hostil y maligno, en la esperanza de la vida futura. De ahí que el colmo de la santidad fuera apartarse de todo lo mundano para dedicarse a Dios. Pero de todos modos estas ideas siguen causándome escalofríos.

En cuanto a la tentación, ésta suele presentarse precisamente como los aspectos del mundo material a los que ha renunciado el santo, tales como las riquezas, el poder y los lujos. Pero, sobre todo, el sexo. Porque, a huevo, el mal no es hacerle daño a los demás sino echarse una follada. Si en las obras más antiguas vemos demonios de pesadilla que hacen de estas pinturas obras realmente macabras (y podrían muy bien estar en esta colección o en esta otra), a partir del Barroco podemos ver que en la vasta iconografía artística sobre San Antonio las tentaciones suelen estar representadas en la forma de mujeres atractivas y desnudas.

El erotismo se desborda de algunas de estas obras de arte, y apostaría a que la mayoría de estos pintores (en especial del Romanticismo en adelante) le tenían más respeto a las tentaciones que al santo. Me los imagino creyendo que Antonio es un viejito ridículo más que un hombre que merece veneración, y que son las tentadoras las que merecían un lugar en nuestros altares. O quizá es sólo que yo lo veo así. Como sea, aquí están algunas obras de arte basadas en la leyenda de San Antonio:


Empezamos con el rey de la locura, Hyeronimus Bosch, el Bosco (1450-1516)

De Domenico Ghirlandaio (1449-1494)

De Jan Brueghel el Viejo (1568-1625)

De Joos van Craesbeeck (1605-1660)

De David Teniers el Joven (1610-1690)

De Jan van der Venne (1616-1651)

De Mattheus van Helmont (1623-1685)

De Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770)

De Paul Delaroche (1797-1856)

De Eugène Isabey (1803-1886)

De Henri-Pierre Picou (1824-1895)

De Alexandre-Louis Leloir (1843-1884)

De Félicien Rops (1833-1898)

De Paul Cézanne (1839-1906)


De John Charles Dollman (1851-1934)

De Lovis Corinth (1858-1925)

 Otra de Corinth, hecha once años después de su primera versión.
De Robert Auer (1873-1952)

De Max Ernst (1891-1976)

De Salvador Dalí (1904-1989)

Espero que esta pequeña muestra de mis favoritas, por delirantes, siniestras o eróticas, les invite a buscar más del trabajo de estos artistas y de este fascinante tema. ¡Saludos! Y no sean como San Antonio: déjense llevar por las tentaciones.

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