martes, 18 de abril de 2017

Mis videojuegos retro favoritos



Después de una breve semblanza de cómo era la experiencia gamer en los 80 y 90, llegó la hora de hablar de mis videojuegos favoritos, aquéllos que permanecerán en mi kokoro para siempre, ya sea porque son geniales, más probablemente porque me encariñé con ellos en alguna etapa ingenua y vulnerable de mi vida.

Voy a decepcionarlos: aquí no hay videojuegos recientes. Vaya, ni siquiera hay algún título de los últimos 10 años. Hay puro juego retro vintage para chavorruco. Y sí: soy un filthy casual, y me gusta pura pendejada. Mátenme, gamers de verdad, pero no me juzguen muy duro, por favor.



Mención honorífica
DUKE NUKEM 3D
(1996)

Uno de los pocos shooters que me han gustado, y debe ser no más porque era el que estaba en la primera computadora que tuve. Sus niveles de violencia eran, en aquel entonces, in-pinches-creíbles. En síntesis, jugabas con un cuate mamalón al estilo Arnold, armado hasta los dientes, que andaba por las calles de Los Ángeles y otros escenarios apocalípticos durante una invasión extraterrestre. Lógicamente, el juego se trataba de matar todo lo que se te pusiera en frente.



Era en verdad entretenido. Los niveles estaba diseñados con mucha creatividad, llenos de retos y sorpresas. Al jugar, uno sentía verdadera tensión porque un malvado extraterrestre podía salir en cualquier momento de un rincón oscuro (y como ven, los bichos son bien feos). Pasé muchas horas de mi adolescencia frente a la computadora resolviéndolo una y otra vez, con y sin trucos, subiendo la dificultad y explorando nuevos rincones.

En ese entonces no existía Anita Sarkeesian y un juego así podía ser bien misógino y no había pedo. En este caso, el L.A. había sus strípers y señoritas urbanas. De hecho, eran los únicos personajes humanos que quedaban y sólo estaban ahí todas paradotas sin hacer nada. Si te acercabas a ellas y apretabas la barra espaciadora, Duke les entregaba un fajo de billetes y las chicas se levantaban el sostén para mostrar las bubis, aunque eso sí, con los pezones cubiertos. Y claro, las podías volar en pedazos, porque las mujeres sirven para dos cosas. Había un cheatcode para que cuando te les acercaras Duke les arrojara billetes inceremoniosamente a la cara y cuentan las malas lenguas que existía otro con el que podías hacer que se desnudaran por completo, pero nunca lo descubrí. 




Como pendejete de trece años eso me parecía súper guay, hoy en día, gracias a mis gafas violeta, ya lo veo feíto. Creo que hoy por hoy ya ni lo jugaría, pero en algún momento de mi vida fue importante o algo, y sentí que lo debía poner en la lista, aunque fuera no más por no dejar.

10
MARVEL SUPERHEROES
(1995)



Más que Street Fighter, más que Mortal Kombat o cualquier otro juego de peleas para maquinitas, mi favorito fue y será siempre este título. ¿Por qué? Porque soy un nerd de los cómics, por eso, y porque qué puede ser mejor que ver a algunos de mis personajes predilectos partirse la madre en pantalla sin razón aparente. Que además, eso es justo lo que mejor saben hacer los de Marvel.

El juego sigue la historia del Guantalete Infinito y de Onslaught... Bueno, en realidad es nada más de irse agarrando a madrazos con personajes de la casa de M. Y como todo en este tipo de juegos tiene que estar "equilibrado", puedes ver cosas como al Capitán América noqueando a Hulk a puño limpio.

Mi personaje favorito para luchar era y es el invencible Iron Man, porque sacaba su cañón de protones y partía madres. Smart Bombs! Aunque claro, siempre podías escoger personajes súper populares como... Suma Gorath... y Black Heart... ¿? Bueno, pero ahí estaba Psylocke, que era muy cool y daba para el taco de ojo... Si nuestros yos de los 90 vieran lo que han hecho con ella hoy en día...




Y sí, neta, era muy emocionante ir venciendo uno tras otro a los personajes "jugables" para terminar enfrentándote a villanazos de la talla del Dr. Doom, Thanos y Onslaught. Como dije, se suponía que había una historia para justificar todo esto, pero en realidad es lo de menos. Lo importante es que cuando acababas el juego te sentías como un puto dios.

Y sí, me gustaba más que Marvel vs Capcom, por la simple razón de que no estaba lleno de japos a los que ni conozco. Además, el de MvC no traía al Tony, sino a War Machine, que por alguna razón estaba muy de moda en los 90. Aunque es cierto que aquél tenía su encanto, En fin, cuando ustedes quieran armamos las retas.

9
STAR FOX 64
(1997)

La versión del Super NES


Oh, sí... Lo recuerdo ferpectamente... Era Día del Niño y mis padres nos compraron una consola Super NES, que traía el juego de Super Mario World, claro está, pero aparte nos compraron otro, el Star Fox. Desde entonces me encantó el jueguito aquel, todo angular y lleno de aristas puntiagudas que podrían sacarte los ojos, y especialmente con su banda sonora tan épica, y su historia toda fusilada de Star Wars

Por desgracia, a mi señora madre le daba por castigarnos escondiendo nuestros juegos de video. Luego olvidaba dónde los había guardado, lo que daba la oportunidad perfecta a sus empleados para que los robaran sin dejar rastro. Así perdimos casi todos nuestros juegos de NES y Super NES. Pero en fin, lucha de clases y así.

Star Fox 64, uno de los primeros que mi hermano y yo adquirimos cuando por fin pudimos comprarnos una consola. No fue un simple premio de consolación; de hecho, constituye una considerable mejora respecto al original. Lo único que siempre extrañé de aquel era su banda sonora, y no porque la nueva no fuera genial, sino porque le faltaba el tema principal, ya saben, el pam, pam, pam, paaaaaam (8). Afortunadamente, quedó inmortalizado en el Orchestral Game Concert.


La versión del 64

Seguía fusilándose a Star Wars, con todo y un emperador malvado que tenía poderes psíquicos, pero guarever. El juego era extremadamente divertido y emocionante, con niveles creativos y visuales increíbles (especialmente cuando saltabas al hiperespacio y todo se ponía bien pachecote, incluso la música). Y cómo olvidar los niveles en los que ibas en tanque y el otro en submarino. No sé qué sentido tenía eso, pero estaba chingón. Y pos claro, el modo multiplayer en el que podías hacer unas buenas batallas. No, de hecho eso estaba bien chafa, porque la pantalla siempre quedaba dividida en cuatro.

Además, éste fue uno de los últimos juegos en los que no podías guardar. Así es, como en los viejos tiempos, tenías que sentarte a jugar sin parar hasta terminarlo. Y dependiendo de tus decisiones podías irte por el camino fácil o el difícil. En el difícil estaba el final verdadero de la historia, en el que te encontrabas con el Force Ghost de James McCloud, el padre de Fox. Porque les digo que esto es un fusil de Star Wars con furries. Hmmm, furries...

La versión del GameCube, con material para Yiff

8
MEGA MAN X
(1994)

Todos los juegos de Mega Man son bastante chidos, y recuerdo que jugué y disfruté varios de ellos en NES, pero el X de Super NES fue y será siempre el mejor. Desde el primer nivel ya se puede apreciar el soundtrack con un riff de guitarra eléctrica de lo más chido del power metal ochentero. ¡Uno escucha esa música y se siente listo para el combate!

  

Sigue la tradición de los otros juegos, en los que nuestro héroe puede absorber los poderes de sus enemigos derrotados, y en esta ocasión tiene definitivamente a los mejores. ¡No había nada más emocionante que probar un nuevo poder, cargar el booster y disparar con todas tus fuerzas! Cada nivel era único y tenía características especiales (la selva, el mar, el hielo), que se correspondían con las del jefe local y sus respectivos poderes. Mis poderes favoritos eran los del Pingüino (rayo de hielo y deslizador de hielo) y los del Halcón (remolino y remolino más cabrón). Creo que el único chafa era el bumerán del Vikingo... Un momento, ¿por qué había un vikingo si todos los demás eran animales?

El modo de juego estaba perfectamente bien diseñado para que fueras aprendiendo a vencer los retos a la vez que aumentaba la dificultad. No requerías de muchas instrucciones, sino que podías saltar directo al ruedo y empezar a repartir disparos de rasho láser. Además, tenía una bonita historia de camaradería y sacrificio en el personaje de Zero, algo así como un hermano mayor para X, todo lo cual inspiró series animadas y cómics.




Es curioso, pero a pesar de que es uno de nuestros juegos favoritos, mi hermano y yo nunca tuvimos uno de nuestra propiedad. Cuando queríamos jugarlo (y era seguido), no teníamos más remedio que ir a rentarlo a Blockbuster. Lo bueno es que no se guardaba el juego en el cartucho como la mayoría de los de aquella época. Cada vez que pasabas un nivel aparecía un código en pantalla. Ese mismo código podías ingresarlo en cualquier cartucho y de así de fácil iniciarías el juego justo en donde te quedaste.

Y lo confieso: nunca logré terminarlo por completo. Hubo jefes que me fue imposible derrotar. Pude con el Pingüino, el Mandril, el Halcón, el Vikingo el Pulpo y algún otro, pero nunca pude ir más allá. Mi hermano, que siempre fue más ducho para los videojuegos que yo, sí pudo acabarlo. Es uno de mis grandes pendientes. A ver si ahora que está en iOS lo termino por fin...


Mención honorífica
DONKEY KONG COUNTRY
(1994)

No le estaría haciendo justicia a este juego clásico si no le dedico tan siquiera unas líneas. Hablando de plataformas para el Super NES esta aventura de nuestro gorila bobalicón favorito es una de las mejores y más memorables. Recorramos un mundo salvaje junto a él y su fiel patiño Diddy (que no sabemos por qué tiene el mismo apellido, si ni siquiera es de la misma especie, pero bueno...).




Desde las selvas tropicales hasta las montañas nevadas y los lagos pantanosos, con la ayuda de rinocerontes, peces espada, ranas saltarinas y avestruces que pueden volar, disparándonos los unos a otros de un barril a otro, vayamos a rescatar la pila de bananas que el rey K. Rool le ha robado a nuestro amigo. Oigan, pero qué mamada...

Una de las mejores cosas de este videojuego era la banda sonora. El tema principal, el de la selva, suena casi como un mambo o un jazz de big band, mientras que el tema acuático es dulce como una sinfonía. Digno de Hollywood, vaya. No es de extrañar que sea uno de los temas mejor logrados del Orchestral Game Concert




La secuela es casi tan buena como la original. Inicia donde se quedó la anterior y esta vez hay que rescatar a Donkey, secuestrado por un malvado cocodrilo pirata. En esta ocasión Diddy una fuerzas con Dixie, una típica niña de los 90 con todo y ponytail rubia que usa para volar como helicóptero y colgarse de los ganchos como si fuera una cola prensil, porque los videojuegos no tienen sentido. Lo diferente es que aquí en vez de montarte en tus amigos animales te conviertes en ellos. Eso está raro, pero en fin...

7
POKÉMON BLUE
(1998)


Jugué varios títulos de Pokémon, incluyendo el YellowSilver y Sapphire, y a todos ellos les dediqué una cantidad de horas tal que mis ancestros deben avergonzarse de mí por toda la eternidad. Cada juego tenía lo suyo, pero si he de escoger a mi favorito, éste tendrá que ser la versión Blue. ¿Por qué? Bueno, porque es el que jugué primero, sólo por eso. Por lo mismo, fue el que jugué por más tiempo y en el que llevé a mis monstruitos más lejos.

Los juegos de Pokémon son altamente adictivos. Apela a varios rasgos psicológicos típicos de los obsesivos como su seguro servidor: puedes coleccionar cositas, vas desactivando logros, te dan recompensas y trofeos, etcétera.




Cuando jugué Blue el trauma de Pokémon estaba en su apogeo como ya les había contado alguna vez. Estaba la serie animada, por supuesto, y tengo que decir que ahora que la he vuelto a ver en Netflix es bastante divertida. También las tarjetas, los muñequitos, los tazos y mucha más parafernalia. Mi hermano y yo hasta adquirimos un manual para saber a qué nivel evolucionaban los Pokémon o aprendían nuevos ataques.

¡Ah, qué recuerdos! Recorrer toda la región Kanto de cabo a rabo. Emocionarte cuando tu Pokémon evolucionaba. Caminar tranquilamente por un bulevar para que perfectos desconocidos te retaran a combates y luego les robaras su dinero. O, al contrario, cuando vencían a tus Pokémon y por alguna razón tú te desmayabas. Caminar y caminar horas en el pasto para que te pareciera algo. No poder dar dos pasos dentro de una cueva sin que te atacara un Zubat... Ahora que lo pienso, era medio fastidioso ese juego. 



Tengo que confesar algo: nunca tuve este juego en realidad. Lo tenía solamente en un emulador de Gameboy Color para PC. Eda pidata. Lo siento. No por robarle a Nintendo, que en este blog estamos a favor de la piratería porque anarkos y así. Lo siento porque nunca pude llevar mis animalitos entrenados con mucho trabajo y amors a competir contra otros en Pokémon Stadium. Por otro lado, Silver y Sapphire sí los tuvimos originales, y ahora mi chiqui tiene Zafiro Alfa y Pokémon Luna para el Nintendo DS. Por mi parte, ahora juego Pokémon Go en mi cel, y ése lo pago dándole a Niantic toda mi información de mi paradero, así que creo que ya lo compensé. Y como hice aquella vez cuando inicié mi aventura Pokémon en Blue, esta vez escogí como compañero a Squirtle. Parece que seguiremos juntos por un largo tiempo.

6
THE LEGEND OF ZELDA:
OCARINA OF TIME
(1998)

¡No podía faltar en esta lista! Miren ustedes, como simplón amante de las plataformas, los juegos de la serie de Zelda siempre me parecieron innecesariamente largos y complicados. ¡Éste no fue la excepción! Así es: jugué Ocarina del Tiempo muy poco. Prácticamente nada. ¡Esperen, no se vayan ofendidos!



Lo que pasa es que éste es un título muy especial para mí, porque descubrí que aunque lo jugué muy poco, tiene un lugar único en mi kokoro, y eso se debe a que vi que mi hermano lo jugara completo por días y horas y meses. Me sentaba a ver que mi hermano lo jugara o me ponía a hacer alguna otra cosa en el cuarto, pero no podía evitar estar pendiente del juego. Entonces quizá no jugué Ocarina del Tiempo, pero sí viví Ocarina del Tiempo tanto como otros de mi generación.

Sucede que éste es un juego que se vive. Nunca antes había jugado ni visto jugar algo con una historia tan completa, con mundos tan grandes y escenarios tan diversos, con aventuras tan extraordinarias y personajes tan entrañables. ¡Qué visuales! ¡Qué aventuras! ¡Y sobre todo, qué música! La calidad cinematográfica de Ocarina del Tiempo, junto con su poder emotivo y su feeling mitológico, fue algo parecido a sentarse a ver una serie de películas épicas tipo El Señor de los Anillos




Así que sí: me lo sé de pi a pa, desde la aldea de Kokiri, pasando por el Castillo Hyrule, el Valle de las Gerudo, las gallinas ésas que te pueden matar, la gente de agua de la extrañamente atractiva Zora, la Caverna de Dodongo, los Goron, la vocecita chillona de Nabi que no se callaba ni un momento (admítelo, también intentaste matarla con la espada), hasta la batalla final con Ganondorf. De modo que éste es mi videojuego favorito que nunca jugué, podríamos decir. Uno de estos días sí me lo echo, lo prometo.

5
MARIO KART 64 / SUPER SMASH BROS.
(1996 / 1999)



No pude decidir cuál de los dos juegos me gusta más, así que los puse juntos en esta posición. Estos son definitivamente los juegos más divertidos para reuniones de cuates echando retas, comiendo pizza, fumando porros y metiéndose ácidos. Son juegos en los que te puedes clavar durante horas, o de los que puedes nomás echar una partida. Son los juegos casuales por definición, los que existen no más para pasarla bien. Y por eso me encantan.

Claro que con Mario Kart tengo una historia de más años, puesto que llegó a mi vida desde tiempos del Super NES. Lo tenían mis primos campechanos, así que ir de visita a su casa significaba de ley echarnos unas carreritas de Kart. La versión del 64 constituyó una considerable mejora, con nuevos personajes y pistas loquísimas, de las cuales sin duda recuerdan todos la Rainbow Road.




Cuando llegó el Smash Bros. parecía un chiste. Un juego en el que algunos de los personajes más famosos de Nintendo se agarraban a wamazos, pero no al estilo seriesón de Street Fighter, sino más bien al estilo de caricaturas como los Looney Tunes. Por supuesto, el juego era divertidísimo.

Mi personaje favorito en ambos juegos es, sin lugar a dudas, Mario. Tiene el equilibrio perfecto entre fuerza, poder, velocidad y habilidades especiales tanto para las carreras como para los trancazos. Mi segunda opción es casi siempre Yoshi, en especial para caerles con un "roinjá" en la cabeza a mis enemigos de Smash. En Kart me gusta mucho usar a Koopa Troopa, que estaba disponible en el de SNES, desapareció en el de 64 y fue reintroducido para GameCube y Wii.




Todas las versiones de estos dos juegos me han gustado mucho, y hasta la fecha las que más juego son las de Wii. Pero si he de escoger mis favoritas, creo que serían las del 64. Hoy en día los juegos de Smash están atiborrados de personajes que ya ni siquiera sé quiénes son (aunque estuvo bien chido que hayan metido a Sonic y a Mega Man), y ya no sé qué falta para que los Mario Kart sean Smash Bros Racing. Además, al Mario Kart de Wii le falta la pista de Choco Mountain y la versión del 64 te da los powerups más aleatoriamente (la de Wii practica la discriminación positiva, ya los vi ¬¬). Así que por neostalgia y purismo de chavorruco que ya no entiende el mundo en el que vive, me quedo con las versiones del 64.


Mención honorífica
DIDDY KONG RACING
(1997)

Hablar de Mario Kart sin mencionar este otro juego sería una gran injusticia. Le tengo un apego especial porque fue uno de los dos cartuchos que mi hermano y yo compramos aquellas vacaciones en las que adquirimos el Nintendo 64 (el otro fue Star Fox). Realmente lo escogimos sólo porque el Kart era demasiado caro y éste costaba sólo la mitad, pues parecía una de tantas imitaciones destinadas al fracaso (como ésa otra de los Looney Tunes que hicieron por aquellos años).




Pero no, fue mucho más. De hecho, creo que es mejor -sí, leyeron bien, mejor- que el Mario Kart 64. El modo de juego es muy similar (no más hay que acostumbrarse a los frenos y derrapes, que son ligeramente distintos), y aunque por un lado se extrañan a los personajes, los powerups y las pistas clásicas, por otro tiene muchas ventajas respecto al original de Mario y sus amigos. 

Por ejemplo, aquí puedes competir con avionetas y lanchitas además de los carros. De hecho, en algunas pistas es posible elegir entre los tres vehículos para gusto del cliente. Las copas eran por "tema", es decir, en cada una había cuatro pistas, todas ubicadas en un mundo: el de los dinosaurios, el de la nieve, el de la playa, el medieval y el futurista. Había dos pistas para el modo batalla, y otras dos con minijuegos completamente nuevos y originales.



Lo mejor: el modo aventura. Para ir desbloqueando las pistas que pudieras correr en modo casual, había que salvar al mundo de un cerdo gigante malvado brujo extraterrestres (y que no era Ganondorf). ¿Cómo? Ganándole en carreras, por supuesto. Y no sólo a él, sino a una morsa, un pulpo, un triceratops y un dragón (que además hacen trampa). Por todas esas emociones (y frustraciones) que me brindó en la adolescencia, y porque hasta la fecha es tradición de Navidad que mi hermano y yo corramos unas carreras en el mundo de nieve, este juego merece un lugar alto en mi conteo.

4
TINY TOONS ADVENTURES
(1991)

No sé si alguien más se acuerda de este juego, pero no mamen, ¡era magnífico! Clásico olvidado, merece un lugar más alto en los anales de las plataformas para el original NES. Claro, seguía la vieja fórmula iniciada por los juegos de Mario: había que avanzar por mundos poblados de enemigos a los que se eliminaba cayéndoles encima, y había que agarrar 100 zanahorias para tener una vida extra.



Hoy en día, las adaptaciones de caricaturas y películas a videojuego casi nunca dan por resultado algo digno, pero en ese entonces aparecieron muchos títulos fascinantes: Chip N' Dale: Rescue Rangers, DuckTales, The Little Mermaid, y uno genial de los Picapiedra en el que viajabas al futuro de los Supersónicos. Todos ellos merecerían menciones honoríficas, pero este jueguito inocente de los Tiny Toons superó todos los otros juegos de plataforma de aquella consola, pródiga en aventuras de este tipo.

Antes de iniciar cada nivel podías escoger entre cuatro personajes, cada uno de los cuales tenía algún poder especial. Buster podía correr muy rápido; Dizzy podía girar en remolino destructor; Plucky podía volar por breves periodos y Peluso podía trepar por las paredes. Los niveles estaban loquísimos: había desde los clásicos de bosque, playa y cueva hasta otros completamente extraordinarios como Wackyland y los inspirados en aquella parodia de Star Wars que hicieron en la caricatura de los Tiny Toons.




Ése era otro plus del juego: realmente se inspiraba en la serie animada, y tanto los niveles como los jefes de cada uno eran personajes que alguna vez le habían causado problemas a nuestros amiguitos. El jefe final era, claro está, Montana Max, a quien debías derrotar en su tren de millonario. Era un juego fantástico y nunca lo olvidaré, aunque hace muchos años que se perdió o lo robaron. :'(


3
KNIGHTS OF THE OLD REPUBLIC
(2003)

Eran tiempos de las precuelas de Star Wars y, como ustedes saben, yo soy fan from hell de esta saga cinematográfica. No parecía poder saciarme con ello, así que naturalmente este videojuego se ganó mi corazón desde el primer momento en que los discos pirateados lo instalaron en la vieja PC de mi casa paterna.



Este juego era in-pinches-creíble. Ambientado miles de años antes de la Guerra de los Clones, en una Galaxia en la que los Jedi y los Sith se contaban por miles, ofrecía una aventura épica cien por ciento original. El personaje principal es diseñado al gusto del jugador (me gusta usar mujeres en los RPGs siempre que se puede; mi personaje era una joven llamada Eowyn Solo) y se puede elegir lo que dice y las decisiones que toma, todo lo cual lo puede llevar al Lado Oscuro o al Luminoso de la Fuerza.

Como tu personaje desde un principio sufre de amnesia, une sus fuerzas con una panda de inadaptados (es Star Wars, al fin), que son reclutados para una misión secreta con el objetivo de descubrir qué es lo que trama Darth Malak, quien a su vez está en busca de su antiguo maestro, el Lord Sith Darth Revan. Nuestros héroes resolverán muchas misiones en diversos mundos fantásticos (incluyendo Tattooine y Kashyyyk, pero muchos otros nuevos también) antes de enfrentarse al ejército de Jedi oscuros y descubrir que Darh Revan es... ¡prepárense para un plot twist del tamaño de "Yo soy tu padre"! ¡En serio, les volará la mente hasta otro planeta!




No por nada está considerado uno de los mejores juegos de la historia. Es simplemente fantástico, uno de esos juegos que se viven más que sólo verse o jugarse, y que me atrapó por completo durante meses, con sesiones maratónicas en las que no comía ni dormía ni podía pensar en otra cosa (estaba ya en la Uni, pero pregúntenme si me acuerdo de algo de aquellos días que no fuera este juego y contar el tiempo que faltaba para Episodio III). Es el último juego que me apasionó de esa manera y por ello siempre tendrá un lugar especial entre mis favoritos. Hmm... veo que aún lo venden en línea... Baia, baia...

Mención honorífica
WORLD EMPIRE III
(1994)



Antes de pasar a mis dos primeros lugares quiero hacer mencionar un juego que, si bien no es particularmente grandioso, me dio muchas horas de diversión en algún tiempo de mi vida. Este juego era básicamente como un Risk electrónico. Había que ir conquistando países de uno en uno, atacándolos rápidamente y procurando unificar continentes para que te dieran más ejércitos en cada turno. La diferencia era que tenía la división política del mundo real, actualizado para principios de los 90. Así aprendí mucho de geografía, aunque usted no lo crea. Había un modo de juego llamado "mundo real" en el que los recursos y población reales de cada país estaban proporcionalmente representados en el juego.




Algo interesante que tenía este juego y que le falta al Risk es aquello de las revoluciones. Cada jugador escogía un color que representaba su ideología (militarismo, populismo, realismo, feminismo, pacifismo, etc.) y aunque al inicio de la partido todos los países menos el inicial de cada quien era neutral, tenía un color que indicaba cierta predisposición ideológica de su población. Si conquistabas un país con inclinaciones diferentes a las tuyas, tenías que dejar cierto número de tropas para evitar que se rebelaran. Eso significa que un enemigo tuyo podía atacar a tus tropas y reducirlas sólo lo suficiente para facilitar una revolución en ese país. Una de las mejores estrategias era entrar a un continente enemigo y provocar una docena de revoluciones en sus territorios.

El juego vino de pura casualidad con la primera computadora que tuvimos, en un CD llamado House of Games que eran para MS DOS (¡figúrense!). Rápido le agarré el gusto y pronto me aficioné a armar largas y épicas partidas con mi hermano, primos y amigos. Nunca olvidaré al General Chip Silicon (todos tenían nombres así de mamones). Y es por eso que le dedico estas líneas a aquel juego olvidado.

2
AGE OF EMPIRES II
(1999)



Pero si de desatar mis impulsos megalómanos se trata, ningún juego me ha dado tantas horas de fantasías de conquista global como la saga de Age of Empires... Sí, lo recuerdo perfectamente... Mauricio, uno de mis mejores amigos, llegó un día con un set de CDs pirata (de la misma manera me roló el KOTOR) y me dijo "¡Tienes que jugar esto!". En la tarde, después del almuerzo, lo instalé. Jugué la campaña de aprendizaje de William Wallace, inicié una partida propia, exploré las diferentes civilizaciones que tenía, jugué otra partida, otra más... Cuando me di cuenta ya había amanecido, los pajaritos cantaba y yo seguía ahí sentado frente a mi compu. Así inicio una relación de amor y adicción que ha durado hasta la fecha.




Me encantan todos los juegos de la saga; tanto, que me los he comprado todos originales apenas he podido, incluso si primero los jugué en pirata. Empecé por la edición Gold que traía los dos primeros con sus respectivas expansiones y luego me fui tras el Mythology y finalmente el III con sus dos expansiones. Es tanto mi amor por estos juegos que realmente me da felicidad tener todavía los CDs originales (aunque ahora ya juego las versiones de Steam). Y claro los libritos complementarios, que de ellos aprendí un chingo sobre historia y civilizaciones antiguas. Porque hasta de las inexactitudes históricas y las mamadas (como que los aztecas tengan catapultas) uno aprende cosas nuevas.


Age of Empires: The Rise of Rome

Creo que el primer juego es mi menos favorito, aunque de vez en cuando lo revisito, sobre todo por razones de neostalgia. Es medio aburrido y difícil, pero sigue siendo el único con las civilizaciones antiguas. El Mythology tiene mucho encanto propio. Fíjense que ése me lo compré cuando vivía en Italia porque extrañaba mucho mis juegos de Age. Todo para que la laptop que tenía en ese entonces no lo pudiera correr. El juego es uno que sobresale entre toda la serie porque en él cada civilización es realmente diferente a las otras (claro que sólo son cuatro... cinco con la nueva expansión que trae chinos... debería haber mayas también, yo no más digo), y eso de los poderes divinos y los monstruos está súper wow.

Age of Mythology: The Titans

El tercero en la serie fue menos popular, pero también tiene mucho atractivo. Ver a tus líneas de mosqueteros acribillando a tus enemigos mientras una locomotora pasa a mitad de Tenochtitlán no tiene precio. Eso y ver pelear a Napoleón contra Isabel la Católica. Bueno, pero los mapas están bien padres, así como las civilizaciones de indígenas americanos. Digo, ¿en qué otro juego puedes pelear con zapotecos? Creo que lo que le falla a este tercer título es que entre 1500 y 1900 el mundo cambia un rechingo más que entre 1000 y 1500, y la neta sí se ve raro que tus españoles sigan usando espadas cuando están atacando carabineros rusos del siglo XIX.


Age of Empires III: The War Chiefs

Pero mi favorito es y siempre será el Age of Kings con sus múltiples expansiones. No sólo porque la Edad Media rockea, sino porque tiene el modo de juego perfectamente equilibrado entre dificultad, creatividad y diversión. La primera expansión The Conquerors trajo cosas muy chidas, como las nuevas civilizaciones, unidades y sobre todo, los mapas nevados. Pero la neta: eso de los aztecas con catapultas es una estupidez (mejoraron bastante estos detalles en el III) y nunca me gustaron los Petardos (esos gorditos con barriles que se hacían explotar frente a los castillos).


Age of Kings

No hace mucho Microsoft descubrió que había una fanbase muy fuerte y leal que seguía armando partidas en línea. De hecho, muchos fans hacían sus propias modificaciones y expansiones, incluyendo la popular Forgotten Empires. Ésta estaba tan bien hecha que Microsoft decidió comprarla y hacerla oficial, justo a tiempo para lanzar una versión HD del juego, que es la que ahora se consigue en Steam. Dos expansiones más aparecieron pronto: The African Kingdoms y Rise of the Rajas.


The Conquerors

En mis años mozos solía también diseñar mis propias campañas y escenarios. Hice un escenario bien complejo y con muchas posibilidades inspirado en el Rey Lear, pero lo tenía en otra compu y se perdió. También hice una campaña completa sobre Vlad el Empalador, que también se perdió. Luego hasta hicieron una versión oficial. Chale, se las pude haber vendido yo. En 2014, para celebrar el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial hice un escenario basado en este conflicto épico, el cual todavía tengo por ahí, pero que por desgracia no se puede jugar en la versión HD.


The African Kingdoms

Para mí, el Age es un juego tremendamente adictivo. Tengo que autodisciplinarme para no jugarlo, porque si empiezo, podría dar inicio a una racha de varias semanas en la que no haga otra cosa. Es sin duda una de las cosas, ya sea juegos, películas, libros, experiencias, viajes, amantes o guarever, que más ha marcado mi vida y mi formación cultural. Sí, soy un ñoño, pero no me avergüenzo de nada.


1
SUPER MARIO WORLD
(1991)



Ésta fue la decisión más difícil de todas: establecer de una vez cuál de los juegos de Mario es mi favorito. Porque era incuestionable para mí que mis juegos favoritos ever son todos los del heroico plomero (bueno, casi todos, que también existe Mario Sunshine), y que si fuera hacer un Top, por lo menos cuatro o cinco de los primeros lugares serían ocupados por los de Mario. De modo que tenía que escoger uno solo para representarlos a todos, ¿pero cuál?

¿Podría ser el original, Super Mario Bros.? Ese juego lo inició todo, y tiene cierto je-ne-sais-quoi que ninguna otra versión logró capturar (ni siquiera las de Mario All Stars). Los gráficos, la música, los sonidos, los niveles... Todo ello crea la experiencia de videojuego vintage por excelencia. Pero es también un juego muy sencillo y fácil de terminar, además de que le falta el saborcito de las siguientes entrega.



Definitivamente no sería Super Mario Bros. 2. El juego me gusta (sobre todo su versión para Advance), y no le tengo el odio de muchos otros fans. Ciertamente tiene lo suyo, con todo y que no es realmente un juego de Mario, sino una adaptación de otro juego para el mercado americano. Pero precisamente por eso no se siente mucho como una aventura de nuestro plomero: no hay los clásicos powerups, ni los mismos enemigos, ni les puedes caer encima para matarlos. En cambio, está eso de lanzar cebollitas. Pero bueno, está chido jugar con Peach.




Tampoco sería el Mario 64. Tiene cierto valor neostálgico para mí, aunque no lo jugué completo sino hasta muchos años después de que saliera, cuando incluso ya había aparecido el Wii. Sobre todo, se quedan en mi corazón la música de los niveles de Bower y la sensación que me invadió cuando vi a Mario por primera vez en 3D -¡en especial cuando entra al agua!-, en aquella lejana tarde en la feria de Xmatkuil.




Quizá el mejor juego de todos sea el Mario Galaxy. De verdad que ahí se lleva la aventura del fontanero de Brooklyn a niveles absolutamente épicos. Los escenarios son literalmente fuera de este mundo, el modo de juego es una exquisitez, la banda sonora es una maravilla y hasta la historia de Rosalina te hará sacar una lágrima de emoción. La segunda parte es básicamente lo mismo, pero con diferentes niveles y nuevos powerups, y cambiando a la guapa Rosalina por una estrella gorda y gay, Claro, estos dos juegos en realidad trabajan con lo que ya se había logrado en la versión del 64, pero lo hacen mucho mejor. De todos modos, estos títulos tienen relativamente poco tiempo en mi vida, y no es como si hubiera crecido con ellos.



El único contendiente real para el puesto sería Super Mario Bros. 3 ¡Vaya! Ese juego en su momento llevó a Mario a otro nivel. Para muchos fue el mejor juego del italioamericano en 2D y no es difícil argumentar por qué. Los mundos eran muy variados y de una creatividad sin precedentes, llenos de auténticos retos y secretos sorprendentes; los powerups son legendarios, especialmente el traje de rana y el de tanuki. El juego era larguísimo (incluso si usabas las flautas mágicas), y en tiempos del NES, cuando no se podía guardar la partida, eso significaba que había que sentarse a jugar durante horas hasta terminarlo.



Definitivamente Super Mario World trabaja sobre lo que Mario 3 había construido. Tenemos los powerups locochones (aunque mucho menos variados y creativos), el mapita de cada nivel, los mundos fantásticos diversos, los hijos de Bowser y demás. Durante muchos pensé que Mario 3 era entonces mi juego favorito y que Mario World siempre estaría en segundo lugar... Pero he aquí la cosa:

En realidad, Mario 3 desapareció de casa después de tenerlo sólo unos años (se perdió, nos lo robaron, mi madre lo escondió, quién sabe). Pasé literalmente años de mi vida tratando de recuperarlo, hasta que ya como adulto con chamba y familia lo pude conseguir en el Chetumalito. Pero mi Mario World siempre estuvo conmigo. Mientras suspiraba por el Mario 3 perdido y añoraba sus niveles y sus botargas de furry, crecí con Mario World, recorriendo sus niveles una y otra vez. 




Ahora, para hacer este top, me di cuenta de que de todos los juegos de Mario, el World es el que más jugué, el que mejor conozco, el que más tardes de mi infancia y adolescencia ocupó. ¡Rayos!, cuando era niño hasta redacté un tratado sobre el juego (en mi vieja máquina de escribir), en el que clasificaba sus niveles y enemigos. Entonces, sí: Mario World es como un viejo amigo confiable que ha estado a mi lado por décadas, que ha estimulado mi imaginación y me ha inspirado para escribir poemas. Por todo eso, Super Mario World es definitivamente mi videojuego favorito de toda la vida. Y si eso no les basta, añadiré una sola palabra: Yoshi. 




Aquí termina el conteo. Me tomó más tiempo del que pensaba, pero ha sido un bonito viaje a los cajones de la neostalgia. ¿Qué hay de ustedes, mis queridos contertulios? ¿Qué videojuegos han marcado sus vidas y llevarán por siempre en sus corazones? Espero sus comentarios y les deseo un muy feliz Mes del Niño.

FIN

jueves, 6 de abril de 2017

Neostalgia: Videojuegos




Hola, rucos. Toca una de esas entradas de nostalgia para relajarnos un rato y en esta ocasión quiero platicarles de un tema que me han pedido muchas veces: videojuegos. Alguna vez pensé en hacer una entrada así toda seriesota sobre la historia de los videojuegos y su impacto cultural, pero la verdad es que para eso está Wikipedia, además de que hay un excelente documental al respecto, Videogames: The Movie.

De modo que me decidí mejor por compartirles algunas de mis experiencias como chavito de los 80 y 90 que creció jugando Nintendo, para después hablarles de mis títulos favoritos de la vida. Así, los chavorrucos podrán rememorar épocas que en realidad eran horribles, pero que parecen mejores a la luz de la nostalgia y porque la vida adulta es jodidamente dolorosa. Mientras, los jovenazos podrán conocer un poco de cómo era la existencia en tiempos prehistóricos.



Desde que tengo memoria ha habido alguna consola de videojuegos en casa de mis padres. Cuando adquirí consciencia ya estaban ahí el Atari 2600 y el hoy poco recordado Intellivision. Teníamos un montonal de juegos de Atari, incluyendo Mrs. Pac-Man, Bomberman y Pigs in Space (para suplir nuestra falta de Space Invaders), junto con otros olvidados y olvidables. Del Intellivision me acuerdo de Jungle Hunt y de un juego de He-Man. Por desgracia, ninguna de estas dos consolas sobrevivió al paso del tiempo, pues en aquellos años a mis padres no se les ocurrió que estos aparatos pudieran llegar a ser valiosos.

Por cierto, que no puedo dejar de mencionar que el arte en las etiquetas de los cartuchos de Atari era una chulada. Descendiente de la estética del pulp, anunciaba mundos fantásticos y aventuras increíbles que nuestra imaginación reconstruía ante los gráficos de 8 bits... Porque creo que así funcionaba: te mostraban la imagen en el cartucho y la caja, y cuando te ponías a jugar debías entender que esos gráficos eran sólo una ayudadita visual para recrear mentalmente los mundos como se supone que debían ser. Por lo menos así chambeaba conmigo.






Por otro lado, sí conservo mi NES original. Oh, sí, el Nintendo, como lo llamábamos. Durante años Nintendo era sinónimo de videojuegos, puesto que prácticamente no existieron otras consolas caseras, con excepción de las de SEGA, que casi nadie que yo conociera llegó a tener. Mario se convirtió en el personaje de videojuegos por antonomasia, y la mayoría de las plataformas se basaban en la dinámica de las aventuras de nuestro plomero favorito. Dato curioso: en México se tendría a creer que Bros era el apellido de Mario (el apellido Bros existe). Sí, muchos llamábamos al personaje Mario Bros.

Es realmente con el NES que se inician mis años de gamer. Mi tipo de juegos favorito siempre han sido las plataformas, tanto en NES como en el Super NES, y modestia aparte, diré que soy bastante habilidoso para ellas. Por supuesto, Mario se convirtió en un héroe de mi infancia, y la estructura de sus juegos se convirtió en la base de muchos otros títulos (incluyendo aquellos que fantaseaba con diseñar algún día). Prácticamente en todos había que ir avanzando de izquierda a derecha en un mundo lleno de peligros, premios y sorpresas. Recuerdo con particular cariño juegos como los de Chip 'N Dale, DuckTales, Darkwing Duck, The Flintstones y Caveman Ninja.





Y tengo que decir el cliché: los niños de ahora la tiene muy fácil. Bueno, no. Lo que pasa es que en mis tiempos si querías jugar cualquiera de los tres primeros títulos de Mario o alguna de esas plataformas, debías hacerlo en serio. No podías guardar tu progreso cada vez que pasabas un nivel, no había continues ilimitados, y tenías las vidas contadas. A partir del Super Mario World se pudo guardar la partida, pero antes de eso uno se sentaba a jugar desde el principio hasta matar a Bowser o que te hartaras de morir a cada rato.

Mario y otros personajes no tardaron en pasar a otros medios. En los 80 y 90 hubo series animadas sobre él, sobre Donkey Kong, Pac-Man, Sonic y Link. Por supuesto, no podría dejar de mencionar Capitán N, sobre un adolescente que es chupado por su Nintendo hacia el mundo de los videojuegos, donde departe con Simon Velmont, Megaman, Kid Icarus y otros personajes... ¡Incluso tuvo un crossover con Link y Zelda! Y claro, no tardaron mucho en dar el salto a la pantalla grande, con las infames adaptaciones cinematográficas que Hollywood hizo a principios de los noventa, como Street Fighter, Mortal Kombat y Super Mario Bros. Esta última fue tan mala, pero a la vez tan extraña, tan poco apegada a los juegos, con un reparto de lujo (Bob Hoskins como Mario, John Leguizamo como Luigi y Dennis Hopper como Koopa), que hoy en día se presenta como un tesoro de la infracultura.




La fiebre por los videojuegos pegó duro en México. Hasta hubo un programa de concursos, Intercontrol, en el cual los participantes debían superar retos en escenarios inspirados directamente de los videojuegos, en especial los de Mario. Tuvimos también la revista Club Nintendo y el show Nintendomanía, ambos proyectos encabezados por el gran Gus Rodríguez, el eterno gurú de los videojuegos en nuestro país.

Es con el NES y el Super NES que nacieron y se desarrollaron ciertas costumbres de viejos gamers que a los jóvenes de ahora les parecerán extrañas. En aquellas décadas, en que los juegos venían en cartuchos, adquirimos conocimientos empíricos que se transmitían de jugador a jugador. Los cartuchos no siempre funcionaban bien y había que hacer ciertos trucos para correr el juego, como soplarles, darles palmadas o ponerles un poco de loción. No sabíamos si funcionaban, probablemente no (bueno, lo de la loción lo sigo haciendo), pero las aplicábamos de cualquier forma. Podrán decir lo que quieran, pero los CD's se pudren en poco tiempo, mientras que los cartuchos siguen funcionando tan bien como hace más de 30 años.



Ir a pasar el día a casa de un amigo significaba dedicar unas buenas horas al Nintendo. Había ciertos códigos de honor que no podían quebrantarse a no ser que quisieras ser visto como una pérfida rata de dos patas. Al grito de "¡shot primis!" uno se aseguraba de tener el control del primer jugador. En las dos primeras consolas de Nintendo sólo se podía jugar "de dos", como decíamos en aquella época (el término multiplayer habría carecido de sentido), y si había reunión de amigos no quedaba más remedio que irnos turnando de dos en dos. Si eran juegos de competencia, como de peleas o carreras, aplicaba armar las "retas", en las cuales el mismo jugador mantenía su poder sobre un control siempre que ganara, mientras los que perdían debían ir cediendo el control. Ahora que si el juego era "de uno", entonces correspondía aplicar el principio de "pasamundo-pierdevida", es decir, que cada vez que un jugador pasara un nivel o muriera en el intento, debía ceder el control al siguiente.

Cuando un jugador se encontraba en un nivel particularmente difícil, en el que tuviera que moverse con gran destreza o dar saltos complicados, exigía a todos los presentes guardar absoluto silencio. Si la cosa estaba realmente peliaguda, entonces le quitaría el sonido hasta al videojuego mismo. No sé por qué creíamos que en silencio lograríamos concentrarnos y jugar mejor, pero era algo así como una ley no escrita.



Tener videojuegos y tener hermanos era una bendición y una maldición. Mi hermano y yo nos peleábamos los turnos para jugar, nos molestábamos el uno con el otro y nos acusábamos de hacer trampa si perdíamos. Pero también queríamos jugar siempre, y sabíamos que "de dos" era mejor que "de uno", y como en toda relación fraternal existía cierta complicidad inquebrantable. Curioso, a veces mi madre me castigaba sin jugar Nintendo, pero no me estaba prohibido asesorar a mi hermano cuando él lo hacía; mamá incluso me permitía jugar un nivel por él si estaba demasiado difícil. Por otro lado, si yo estaba jugando y nos llamaban a comer, cenar o lo que fuere, mi hermano bajaba para "cubrirme" y que yo pudiera terminar el nivel. Y bueno, el ciclo de la vida: mi hermana mayor nos enseñó a jugar de todo hasta el Nintendo; luego yo fui el campeón, y para tiempos del 64, mi hermano menor dominaba el arte, como lo sigue haciendo hasta la fecha.

Ah, el Nintendo 64... Fue la primera consola que nos compramos mi hermano y yo con nuestro "propio" dinero, ahorrado de mesadas y regalos navideños. Recuerdo que sus gráficos en 3D, que vi por primera vez en la feria estatal de Xmatkuil, parecían una cosa mágica, el futuro. Por esos días empezaban a aparecer las películas y series animadas por computadora (incluyendo aquel especial de Los Simpson) y todo parecía anunciar un mañana que a la vez me fascinaba y me producía suspicacia. De hecho, durante muchos años me negué a jugar Mario 64 y otras plataformas, porque la dinámica en 3D se me hacía muy complicada (Yoshi Story fue de mis favoritos de aquellos años).




Además, la posibilidad de jugar hasta 4 a la vez permitía que pudiéramos tener verdaderas fiestas.  De hecho, no sé cómo fue que nuestros padres y tíos empezaron a permitir que hermanos y primos, a media fiesta de Navidad o lo que fuere, sacáramos el 64 para echar unas retas mientras los adultos continuaban sus pláticas insulsas. Fue en las casas de parientes y conocidos donde jugábamos 64 antes poder comprarlo, pero también era posible rentar unos minutos o media hora en unos lugares que proliferaron en los principales centros comerciales de Mérida. World Games, creo que se llamaban, y no sólo rentaban Nintendo 64, sino el primer Playstation, que por unos pesos más incluía los visores de "realidad virtual", que no eran sino unas pantallitas en los ojos que daban dolor de cabeza.

Eso me recuerda al Virtual Boy, la fallida consola de Nintendo que pretendía ser el futuro. No conozco a nadie que la haya comprado y sólo la jugamos en las tiendas departamentales. El único juego que probé fue Mario Tennis, con sus horribles gráficos de líneas rojas sobre fondo negro que causaban mareos y jaqueca. Ahora los recuerdo y me da risa.




Hablando de eso, en las tiendas departamentales también existían ciertos códigos de honor. Los chicos hacían cola para jugar o simplemente veían el juego de los otros. Cuando acabara el turno había que cederlo y eran muy mal vistos los bravucones que no lo hacían. Era casi como las maquinitas...

Ah, las maquinitas, la perezosa arcadia... Sitios de vicio y desenfreno para la juventud prepúber de mis tiempos. Y no hubo lugar más emblemático para la chaviza que Diversiones Moy, lugares increíbles a los que uno iba a jugar retas de los muy variados juegos de peleas o a ganar tickets que se pudieran cambiar por regalos feos y estúpidos, pero que de todos modos el obtenerlos se sentía como un triunfo, sobre todo después de haber pasado unos buenos minutos golpeando a esos odiosos cocodrilos en el morro.

No sólo en estos lugares se podía jugar maquinitas, desde luego. El lugar predilecto para que un diezañero fuera a deperdiciar unas monedas y unos minutos en una tarde de flojera era la tiendita de la esquina, esas instituciones de cohesión social que ahora han sido casi por completo exterminadas por los fríos e impersonales Oxxos. En toda tiendita que se preciara de serlo había una o dos maquinitas, especialmente con juegos de pelea como Street Fighter o Marvel vs Capcom, o quizá uno de beat'em up como los de las Tortugas Ninja o los Simpson.



Es ley universal, creo, que se respeta el turno del que pone su moneda en fila, y que si se arman las retas el campeón no tiene que soltar los controles hasta que alguien lo desbanca. Y pos claro, el pasadía en casa de los cuates no estaba completo si no hacíamos una visita a la tiendita de la esquina a comprar chucherías y jugar un rato de maquinitas, aunque antes o después de eso volviéramos a jugar la consola casera. Éramos unos viciosos, supongo.

Nunca perdonaré que de cierto viaje que hicieron mis viejos a Gringolandia a mi hermano le trajeron un Gameboy y a mí un juego para hacer dinosaurios de cerámica. Los juegos de Gameboy que tuvimos fueron Yoshi's Cookie y uno de Jurassic Park. Luego nos robaron la consola durante una mudanza (en México aceptas como inevitabilidad de la vida que cada vez que viajes o te mudes los empleados de mudanza y aeropuertos te van a robar algo); sin embargo, conservamos los cartuchos. Tuvimos que esperar mucho tiempo para poder comprarnos un Gameboy Advance y volver a jugar esos viejos títulos.

Antes de tener un Gameboy las opciones de consolas portátiles eran muy limitadas. Había unas baratérrimas que vendían en los mercados de falluca en las que podías jugar chorrocientos niveles de Tetris y otros juegos simplones. Tuve también dos de las de Game andWatch, incluyendo Donkey Kong, pero eran de ésas que sólo traían un mismo juego que sólo se iba haciendo más y más difícil. Eran casi tan divertidas esas cajitas transparentes llenas de agua en la que apretabas unas botones y salían burbujas para soplar unos aritos hacia unos objetivos.



De los juegos para PC he hablado en otra entrada neostálgica. No tuvimos computadora en casa sino hasta que yo cumplí los 12 años, pero desde entonces se convirtieron en toda una nueva fuente de diversiones. No sé si Solitario y Buscaminas cuentan como videojuegos, pero seguramente Chip's Challenge sí. Otros clásicos como Duke Nukem, Doom y Heretic llevaron mi insensibilidad hacia la violencia a otro nivel. Age of Empires y sus secuelas e imitaciones me hicieron perder días enteros de juventud. World Empire era mucho mejor que las versiones electrónicas de Risk en aquellos tiempos. Más tarde, los emuladores me permitieron volver a juegos de consolas viejitas que nunca tuve o que había perdido en algún momento. Y cómo olvidar mi primer juego erótico, Vida, que vino de pura casualidad en un CD de piratería que compré en una tienda de computación local.

Hubo un tiempo, por ahí de finales de los 90, en que los juegos para consolas parecían haberse estancado, mientras que los mejores y más sofisticados títulos salían para PC. En cambio, 10 años más tarde pregunté si tenían juegos de PC en una tienda especializada y se rieron de mí. Cómo cambian las cosas.




De cualquier forma, nunca he sido un gamer muy sofisticado. Supongo que soy el equivalente en videojuegos al tontito que sólo ve películas de superhéroes y lee libros de Dan Brown. Conforme los juegos se hacían más complicados y yo me llenaba de más y más responsabilidades, me fui apartando de ellos. Simplemente ya no tenía el tiempo ni las energías para jugar nada que requiriera demasiado compromiso. Las últimas consolas que me compré, allá en 2011, fueron el Wii y el X-Box 360, que ahora casi sólo uso para ver Netflix, y los últimos juegos que terminé fueron Mario Galaxy y Batman: Arkham Assylum. Aún juego ocasionalmente Mario Kart o Smash Bros. o hasta Pokémon Stadium con mis hijos o mi hermano. Claro, trato de mantenerme enterado de las tramas y los personajes de juegos relevantes, como Assassin's Creed, God of War o Halo, porque así como hay libros o películas que se deben conocer aunque sea de referencia, lo mismo hay videojuegos culturalmente importantes. Pero tengo que admitirlo: mi etapa de gamer murió con el siglo XX.

Pero eso sí: nunca he abandonado mis viejos juegos. Conservo mi NES, Super NES y N64 en buen estado, con los juegos que sobrevivieron a los hurtos y el afán de mi madre por escondernos las cosas y luego olvidar dónde estaban. Les he enseñado a mis hijos apreciar las diversiones de antaño, y esta Navidad conseguí un Atari y fuimos muy felices.




Los videojuegos son parte ya de nuestra vida y de nuestra cultura. Nos han dado sus propios mitos, junto con sus referencias y conceptos, han creado nuevas formas de interactuar y hacer amistad. Los hemos visto evolucionar desde los 8 bits hasta las maravillas de calidad cinematográfica que tenemos ahora y no me sorprendería que en algunos años lleguen a ser considerados arte sin que se desate tanta polémica por ello. Pero sobre todo, dejaron muchísimos y entrañables recuerdos en toda una generación.

Porque, como dice el poema:

Poeta,
eres único,

estás solo y sólo en tu generación,
aislado, inconexo,
joven y viejo,
nostálgico y neostálgico
de lo que nunca pasó.
Viviste una vida que nunca viviste,
y la que viviste ya se perdió.
Aquí no hay Reset, ni Continue,
no hay Save Game, ni Choose Character.
Aquí cuando pierdes es por Game Over,
de nada te sirven aquí los Cheatcodes
y se acaban el tiempo y los días andariegos,
Poeta que jugó videojuegos.



Y ahora, los dejo con la Orquesta Sinfónica de Suecia tocando temas de The Legend of Zelda:




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