martes, 10 de enero de 2017

¡Con toda violencia!



Ante el panorama desalentador del mundo y nuestro propio país, me parece que cada vez más personas tienen en claro que hacen falta diversas formas de resistencia contra los regímenes corruptos, autoritarios y opresivos que joden las vidas de los ciudadanos comunes y corrientes. Ya sea para enfrentar a Trump en Estados Unidos o a Peña Nieto (o lo que le siga) en México, he visto a quienes abogan por la necesidad de una lucha activamente violenta. La protesta pacífica, argumentan, es inefectiva, además de que quienes la predican son clasemedieros liberales sin cojones suficientes para pelear como se debe. Después de todo, nos recuerdan, las grandes gestas históricas se han ganado mediante la violencia, no con buen rollo.

Creo que quienes hacen estos llamados tienen algunos puntos a su favor, pero creo que también hace falta recordar otros factores, y que por lo que puedo ver de sus publicaciones, nos caería bien pensar las cosas en frío. Voy a dejar de lado cuestiones éticas e idealistas para concentrarme en un enfoque pragmático. Pensemos en lo que puede ser efectivo. Esto significa que argumentos como “todo violencia es mala”, “la violencia genera más violencia” y “no puedes caer en lo mismo que combates” no cuentan, pero tampoco cuentan otros como “el pueblo tiene derecho a ser violento porque la violencia del sistema es peor”, “la no-violencia es ideología burguesa”.

En efecto, la violencia puede acabar con la violencia; sólo se necesita que uno de los bandos sea tan bueno ejerciéndola que destruya o minimice a sus enemigos con tal eficiencia que éstos queden imposibilitados de volver a ejercer violencia. Entonces la pregunta es, ¿qué violencia serías tú capaz de ejercer? ¿Serías capaz de vencer a las fuerzas armadas y derribar a un gobierno? ¿O por lo menos de tomar un territorio y resistir de forma que dicho régimen no tenga poder dentro de éste? ¿Cuentas con los recursos (armas, tropas, entrenamiento, insumos, etc.) para ejercer violencia que dañe, debilite o mantenga a raya al gobierno que pretendes combatir? Teniendo en cuenta que una vez que inicies la lucha habrá una respuesta, ¿qué violencia por parte del enemigo serías capaz de resistir? ¿Es realmente preferible ser vencidos intentándolo que seguir tolerando esta situación? Y conste que puedo concebir sin problemas situaciones en las que las respuestas puedan ser claramente positivas o negativas.

Y no, no estoy pidiendo que cites ejemplos de revoluciones históricas o guerrillas y autodefensas actuales que han podido derribar gobiernos o puesto a temblar a los poderes fácticos. Te pregunto a ti, ¿qué es lo que puedes hacer? Pues tampoco vale hacer apologías de “la violencia” en abstracto. Tienes que construir un caso para defender una estrategia violenta específica, misma que podría ser llevada a cabo en la realidad, por ti o por alguien más.



Aclaro esto porque veo que en general cuando aparecen defensas de la violencia como medio de lucha, éstas en realidad se refieren menos a una revolución armada con tropas organizadas y más bien a justificar los disturbios y motines que ocurren en protestas que “se salen de control” y que terminan con la destrucción de propiedad pública y privada.[1] Claro, como bien se ha dicho, la violencia no se realiza contra las cosas, sino contra las personas, por lo que la destrucción de objetos no se define como tal… a menos que tengamos en cuenta que esos objetos pueden ser los medios de subsistencia de personas más o menos igual de jodidas por el sistema, y que esos actos de violencia las perjudican a ellas y no al poder que las está oprimiendo. Por eso vuelvo a preguntar, ¿la violencia que ejerzas, será capaz de combatir la violencia del poder? ¿O afectará sólo a quienes no son tus enemigos mientras el poder sigue indemne?

Claro, bien puede ser que una situación con disturbios, saqueos, vandalismo, golpizas y demás, no pueda ser contenida por las fuerzas habituales del orden público, y que para reprimirla se necesite de tanta brutalidad que no pueda sino resultar en un baño de sangre (es decir, que el gobierno use una violencia muy superior a la de los amotinados). En este caso, dependiendo de la clase de gobierno, país o sociedad, imagino que puede irse por una entre tres opciones (con sus respectivas variantes y posibles combinaciones): a) el gobernante cede ante la presión y dimite o hace los cambios que se le exigen; b) el gobierno ejerce la violencia con toda su fuerza y el asunto termina en matanza; c) el régimen espera a que el amotinamiento consuma sus energías y se apague por sí mismo.

En el primer caso habría una victoria[2]; en el segundo el gobierno podría debilitar más su imagen y perder su legitimidad, acelerando con ello su caída, o podría quedar impune por décadas y sólo ser condenado por la memoria histórica (pero de cualquier forma a los muertos los tendríamos ahora); en el tercer caso podría ser la revuelta la que quede sin legitimidad ante los ojos de una población que la juzgue como un desmadre que no sirvió para nada y decida que esas luchas no valen la pena.

Ahora, tengan en cuenta que cualquiera de los tres resultados podría ocurrir con una estrategia no violenta. El punto es conocer la situación presente y la histórica, las características del propio gobierno, la opinión pública, el contexto internacional, y todos esos factores para juzgar cuál resultado es más probable para cada método, porque si se puede obtener lo mismo (victoria o fracaso) con menos porrazos valdría la pena hacer el balance. Que la causa sea justa, el estar convencido de tener la razón y la superioridad moral, no hace automáticamente que una estrategia sea efectiva.

Eso es lo que quiero poner como base de toda discusión sobre métodos de lucha (violentos o no violentos): ¿Qué es lo que se quiere lograr y cuál es la mejor forma de conseguirlo? ¿Qué es lo que va a funcionar?  ¿A qué se puede aspirar siendo realistas? ¿Qué riesgos podemos asumir? ¿Qué costos, aún en el caso de la victoria, estamos dispuestos a aceptar? Sea cual sea la estrategia a elegir, debe hacerse pensando seriamente, con organización, planeamiento, disciplina y compromiso, no solamente con ardor y visceralidad, que esto último puede producir mucho heroísmo pero pocos resultados.




[1] Es discusión aparte si esos actos son justificados no como estrategia de lucha sino como expresión legítima de descontento, independientemente de su valor práctico.
[2] Que a su vez presenta nuevos problemas. Si dimite el gobernante, ¿quién lo sucede? Si “da su brazo a torcer” y podría ser percibido como débil. En cualquier caso, ¿no podría otra revuelta, con objetivos opuestos a los de la primera, hacer lo mismo? ¿Cómo prevenirlo?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ante todo, lo bueno de una buena violencia es que es buena. ¿Porque es buena? Por que genera violencia violenta, eso la hace buena.

Ce Acatl dijo...

Excelente Mike. Le has puesto letras a mis confusos pensamientos. Si no te importa, compartiré esta entrada para ayudar a articular la lucha, sea violeta o pacífica.

Verreaux dijo...

Excelente articulo, siempre me llama la atencion que muchos agitadores que claman que es necesaria la violencia, lo digan en tercera persona nunca dicen "es necesario levantarnos en armas" si no el "pueblo, jovenes, ciudadanos deben de levantarse en armas" sin embargo aunque en teoria suene muy bonito la realidad es otra, las largas guerras en mexico, lastraron su desarrollo, todos estaban muy ocupados en pelearse que en producir.

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