miércoles, 18 de enero de 2017

El centésimo mono y la consciencia universal



Cien monitos 
  
La anécdota circula por aquí y por allá desde hace muchos años. La primera vez que la escuché fue en un cómic e la Liga de la Justicia escrito por Grant Morrison y la más reciente, en un video de la página Psiconautas. Ambas fuentes tienen en común que no son precisamente científicas y que se las truenan bien rico, pero ello no necesariamente es relevante para emitir un juicio sobre el caso. Veamos:

Se cuenta que los científicos que observaban el comportamiento de los macacos japoneses de la especie Macaca fuscata hicieron un experimento curioso que arrojó resultados extraordinarios. Proveyeron de patatas a los monos de cierta isla, y mientras que unos las comían así tal  cual, otros aprendieron que era mejor lavarlas para quitarles la arena y tierra que se pegaba a su cáscara. Aparentemente fue una mona joven la que hizo el descubrimiento y le enseñó a otros de su propio grupo. Poco a poco, los monos fueron aprendiendo este comportamiento; el conocimiento adquirido por la experiencia se transmitía mediante el ejemplo y la comunicación.

Luego sucedió lo extraordinario: a partir de que cierto número de monos de la misma especie había aprendido a lavar sus patatas (se maneja el número cien, pero algunas fuentes admiten que es una cifra simbólica), de pronto todos los monos de otras tribus, e incluso de otras islas estaban mostrando la misma conducta. Es decir, que monos de grupos que no habían tenido ningún tipo de contacto con los de la primera isla habían aprendido la misma conducta sin que mediara la comunicación. ¿Cómo era esto posible?

La conclusión obvia era que una vez que cierto número de individuos de una especie adopta una conducta, todos los miembros la aprenderán gracias a alguna forma de “consciencia colectiva” que conecta inconscientemente a toda la especie. ¡Las posibilidades de este descubrimiento son estimulantes! Piensen: si suficientes seres humanos interiorizan valores positivos como la paz, la cooperación, la igualdad y la tolerancia, llegará un momento en que toda la humanidad lo practique. ¿Acaso no es hermoso?



Pues sí, pero desgraciadamente no es verdad. La historia del centésimo mono es muy bonita, pero no tiene bases reales. Se cita a menudo de fuentes terciarias, cuyas referencias son otras fuentes terciarias; por lo general se trata de una de esas leyendas favoritas de la Nueva Era, que publicaciones con inclinaciones esotéricas aprenden unas de las otras sin volver a la fuente original.

Ésta sería el doctor Lyall Watson, etólogo británico, quien en la segunda mitad de los 70 decía estarse basando en el trabajo que primatólogos japoneses habían hecho en los 60. Es decir, Watson no hizo dichas observaciones de primera mano, sino que alegaba que los científicos japoneses que habían hecho los estudios originales tenían miedo al ridículo y que por eso no los habían publicado. Es más, admitió que para completar los detalles de la historia tuvo que recurrir a anécdotas personales y rumores. ¡Vaya ciencia!

De hecho, sí hubo macacos que lavaron sus patatas y se enseñaron los unos a los otros (un fascinante ejemplo de que hasta entre los animales existe cultura, es decir, conocimiento y comportamientos no instintivos, transmitidos de un individuo a otro y que permanece a través de las generaciones). Pero todo aquello de los monos que aprendieron sin tener contacto físico es puro mito que ha sido desacreditado muchas veces, empezando por la investigación de Ron Amundson a finales de los 80, quien contactó a los científicos japoneses, los cuales declararon que no tenían ni idea de lo que hablaba Watson. O sea, éste se lo sacó todo del bolsillo.

Pero el daño estaba hecho. El misticismo de la Nueva Era retomó el mito del centésimo mono como una demostración de que la consciencia universal es posible, esperando a que si un número suficiente de personas “despierta”, el resto lo hará. Y como buen mito zombi, éste se levanta de su tumba una y otra vez.

La consciencia universal

Algunas reflexiones sobre la “consciencia universal” me parecen pertinentes. Ésta no llegará gracias a la magia, la telepatía ni a ningún otro fenómeno paranormal, así que por favor dejemos de esperar que eso suceda. Sin embargo, como especie sí tenemos la capacidad de organizarnos colectivamente para alcanzar metas que ninguno de nosotros podría lograr por sí mismo; como sociedades hemos creado los medios de acumular, perfeccionar y transmitir un cuerpo de conocimientos que supera vastamente lo que cualquiera de nosotros podría llegar a saber individualmente. La cultura sería nuestra “consciencia colectiva”, porque permite la suma de nuestros conocimientos, capacidades y esfuerzos, no porque conecte directamente cada mente individual con otra (y, no se asusten individualistas, tampoco va a pasar que la propia consciencia se funda y pierda entre las demás). La ciencia es la actividad colectiva por excelencia, que ha llevado a la humanidad a realizar logros impresionantes, y resulta un ejemplo para otras empresas humanas.

Podemos difundir y practicar una cultura basada en los valores de la generosidad, la cooperación, la empatía, la solidaridad, el aprecio al conocimiento y el diálogo entre grupos humanos diversos, más allá de la competencia, el egoísmo y las lealtades tribales que nos lo siguen obstaculizando. Esto se logrará mediante las herramientas culturales y tecnológicas que hemos desarrollado para transmitir el conocimiento y expandir “el círculo empático” (es decir, el conjunto de los seres a los que consideramos dignos de nuestra empatía). Pero no sucederá de un día para otro, sino que será un proceso lento que tendrá que ir avanzando generación tras generación.

Esperar a que suficientes personas “despierten” para cambiar el mundo por un proceso mágico puede ser peligroso, una falsa esperanza que tiene su origen en una superstición. Pero es que además brinda el falso consuelo de que basta con “ser bueno” y anhelar que otros lo sean para cambiar el mundo. El cambio inicia en uno mismo, es cierto, pero no es suficiente con ser bondadosos de forma pasiva y justos en nuestras relaciones directas: hace falta promover la bondad y oponerse a la injusticia.



Para saber más:

7 comentarios:

Martín Alejandro dijo...

Ese experimento japones yo lo conocí gracias a los libros de Jesús Mosterín por lo que por suerte me llego sin el agregado fantasioso del centésimo mono. Lo interesante es que luego el experimento avanzo sustituyendo las batatas por semillas y creo recordar que la misma Imo (la que inicio la costumbre de lavar la batata) fue la que dedujo un método para escardar las semillas de la arena y que se extendió dentro de la cultura local de esos macacos. A su vez Mosterín afirma que ambos hábitos fueron desdeñados por los macacos mas viejos y que con el paso de las tiempo estos pasaron ha ser en cierta manera propiedad de los descendientes de Imo.

Martín Alejandro dijo...

Hago una corrección al comentario anterior. La palabra "desdeñados" debe ser sustituida por la palabra "ignorados".

Cory Matthews dijo...

dicha historia, que admito no conocía, solo aumenta mi desprecio por la practica tan común hoy en día (gracias de nuevo redes sociales) de compartir información seudocientífica con la frase inicial "Científicos de sabrá dios donde, dicen x cosas sobre Y situación"

vivimos en una situación en que la desinformación y la información real están ambas a tan fácil alcance, y la gente no sabe distinguir una de otra

Anónimo dijo...

Sobre los textos seudocientíficos con la frase "científicos afirman que ..." hay varias formas de intentar verificar (o descartar) la información que publican. Se puede en primer lugar buscar información sobre la universidad a la que supuestamente pertenecen los supuestos científicos, para saber en primer lugar si existe tal institución. Se puede buscar en los sitios académicos de la institución si hay información sobre esos supuestos científicos, su trayectoria y publicaciones (para saber si existen). Y también se puede buscar el paper donde publicaron la información que se les atribuye (para saber si existen dichas investigaciones y si ese fuera el caso, si no deformaron la información los propagadores de seudociencia). Los científicos verdaderos publican los resportes de sus investigaciones en revistas arbitradas. En caso de que no sea posible localizar ninguna de esas informaciones, casi con seguridad el caso es un fraude.

Me toco leer sobre un supuesto hallazgo de un craneo extraterrestre, en el periodico excelsior. La única información que se podía localizar en la web era de páginas conspiranoicas.

Maik Civeira dijo...

Snopes y RationalWiki hacen un excelente trabajo al respecto. Son buenísimas fuentes para consultar y despejar las dudas. Ahora que si ellos no han abordado un tema, sí será necesario recurrir a las fuentes primarias.

Verreaux dijo...

Es preocupante ver como ese llamado "Despertar" se aplica a muchas areas incluidas la politica, cultura, etc. parece que la idea de las soluciones magicas se da incluso en la gente que se dice "mas culta"

Anónimo dijo...

Que el "homo sapiens"crea en este tipo de "historias" solo deja en manifiesto la actitud pasiva del hombre frente a la realidad,me refiero a que siempre sera mas facil,esperar que otros hominidos rompan la inercia para generar cambios,y si esos cambios se traspasan de manera magica" a todos los zombies! mejor aun!de esa manera se evitan la fastidiosa tarea del trabajo evolutivo que nace con la experimentación individual.

Admiro tu trabajo ...
Saludos desde una isla al fin del mundo.

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