miércoles, 14 de junio de 2017

¿De qué trata Jurassic Park?



El éxito taquillero de Steven Spielberg, Jurassic Park, ha sido una de mis películas favoritas desde aquel lejano 1993 en que vio la luz. Desde entonces la he visto decenas de veces. Pero sólo recientemente me he puesto a pensar, ¿de qué se trata en realidad? No sólo la primera, sino la serie completa, ¿de qué habla realmente? La respuesta me golpeó como un balón de futbol americano en la ingle de Juan Topo: Jurassic Park trata de la FAMILIA.

Putattention: Todas las películas de Jurassic Park tienen como eje central de su argumento la creación o recuperación de la unidad familiar. Todas tienen personajes que descubren o redescubren la felicidad de la paternidad y/o la maternidad; en todas la amenaza del divorcio (disolución familiar) se cierne sobre los protagonistas y en todas al final la familia triunfa. Veamos...

En la primera Jurassic Park tenemos al paleontólogo Alan Grant, nuestro héroe y protagonista, un hombre al que no le agradan los niños. De hecho, ése es uno de los primeros rasgos definitorios del personaje: los niños "apestan" y no quiere tener uno. 


Pero cuando la crisis comienza, Alan se ve obligado a proteger a Alex y Timmy, a los que hasta ese momento había demostrado poca tolerancia. Ya antes se nos había informado que los padres de los chicos estaban enfrentando un proceso de divorcio, y el miedo de los niños a ser abandonados se refleja claramente en el momento del ataque de la tiranosaurio "¡Nos abandonó! ¡Nos abandonó!" gime Alex, traumatizada, refiriéndose no sólo al escurridizo abogado Donald Gennaro, sino a sus propios padres. Pero Alan le brinda seguridad "yo no voy a abandonarlos". 

Alan descubre su lado paternal y asume el rol tradicional de padre protector contra las fuerzas hostiles de la naturaleza salvaje. Al final, mientras los sobrevivientes huyen en helicóptero, su colega Ellie le dirige una mirada significativa cuando lo ve a él acurrucado con los dos niños exhaustos.

En The Lost World el protagonista es Ian Malcolm, de quien sabemos desde la primera película que ha pasado por varios matrimonios y tiene muchos hijos. En esta entrega, conocemos a su hija Kelly, a quien Ian constantemente decepciona y desatiende. Como sabemos, Kelly se escabulle clandestinamente en la expedición a la Isla Sorna, donde habitan los dinosaurios, lo que obliga a Ian a asumir el rol de padre protector en el que había fracasado durante tantos años, ahora junto a su novia Sarah. De esta manera, Ian, Sarah y Kelly conforman una nueva unidad familiar.



En Jurassic Park III tenemos a otra pareja de divorciados, los señores Paul y Amanda Kirby, que llegan a la Isla Sorna en busca de su hijo Eric. Ben, el novio de Amanda, había llevado a Eric a una aventura peligrosa (e ilegal) en la isla de los dinosaurios; finalmente el joven pierde la vida y el niño queda atrapado en la isla. Esta desventura obliga a los padres a unir fuerzas para buscar a su hijo y salvarlo de las garras de los depredadores; a lo largo de la aventura reconstruyen sus relaciones, como pareja y como padres. Además, Paul queda reivindicado como una figura paterna; frente al juvenil y aventurero Ben, cuyas dotes lo hacían atractivo como amante, la prudencia y estabilidad de Paul demuestran que él es la mejor opción para ser el paterfamilias.

Por otra parte, mientras Ellie Satler ya ha formado una familia (y es precisamente ese matrimonio lo que salva a los naúfragos en la isla de los dinosaurios, porque el esposo de Ellie tiene influencias y manda a la marina a rescatarlos), Alan Grant tiene un hijo putativo en la figura de su joven aprendiz Billy. El joven decepciona a Alan al robar los huevos de los velocirraptores, y ambos tienen una pelea poco antes de que el pupilo se sacrifique para salvar a sus compañeros. Alan entonces se da cuenta de que había valor en la forma de pensar de Billy y se lamenta por no haberlo reconocido antes de perderlo. Por fortuna, la vida le da una segunda oportunidad de llevar a cabo un mejor papel como figura paterna, porque Billy sobrevive y al final ambas unidades familiares escapan.

Por último llegamos a Jurassic World, en la que la dinámica se repite una vez más. Los padres de Gray y Zack los envían al parque de diversiones más peligroso del mundo para que los chicos no tengan que estar en casa mientras ellos se divorcian. ¡Menuda sorpresa que tendrán los niños cuando regresen! Son puestos bajo el cuidado de su tía Claire, una mujer absorbida por su trabajo a quien los niños le son indiferentes y que los subarrenda al cuidado de su asistente (a la cual tampoco le importan mucho los chamacos). Como era de esperarse, en el momento en que la crisis golpea, Claire y el adorable patán Owen se ven obligados a asumir el papel de padres protectores de los chicos, y en el proceso sientan las bases de una nueva unidad familiar.



¡Pero eso no es todo! El tema de la familia no esta presente únicamente entre los personajes humanos. ¡Es también recurrente para los dinosaurios! Chequen: en Jurassic Park todos los dinosaurios son creados hembras para impedir la reproducción; en otras palabras, para impedir que formen familias. Pero estas lagartas terribles superan la homofobia y transfobia de sus creadores y, con ayuda de los genes de rana que les permiten cambiar de sexo, comienzan a reproducirse. Habrá familias, lo quieran o no los patriarcas del parque.

En The Lost World tenemos a una pareja de tiranosaurios y a su joven cría, secuestrada por malvados humanos. La película puede leerse como la historia de un padre dedicado en busca de su cría. Después de sembrar el caos en San Diego, el tiranosaurio y su bebé tienen un momento de unión filial cuando el pequeño mata y devora a su primer humano y el padre lo mira con orgullo. Al final, la familia feliz se ve reunida en libertad.



En Jurassic Park III los velocirraptores persiguen a nuestros héroes porque el joven Billy había robado sus huevos. La tensión se resuelve cuando Alan devuelve los huevos y la familia de raptores se reúne de nuevo. 

En Jurassic World tenemos a un engendro, la Indominus rex, una criatura que ni siquiera debería existir. La única de su especie, no sólo en el presente, sino en toda la historia natural de la vida en la Tierra, esta bestia no tiene ni podría tener familia, y desquita sus frustraciones contra todos los seres vivos que encuentra (a su única familia, su hermana, la había devorado cuando ambas eran crías). En un momento pretende y logra convencer a las velocirraptoras de que ella es no sólo parte de la familia, sino su matriarca legítima, ya que comparte ADN con ellas. Pero hacia el final de la cinta Owen, su entrenador, les recuerda que no es el ADN sino las relaciones afectivas lo que forman a una verdadera familia y las raptoras se vuelven contra la Indominus




Por lo anterior podemos concluir que la saga de Jurassic Park es una defensa de los valores familiares. Aunque esto podría tomarse como una postura conservadora y tradicionalista (y lo es, hasta cierto punto), hay otros elementos que nos permiten apreciar la defensa de la diversidad en la configuración familiar, como podemos apreciarlo en las familias trans de dinosaurios en Jurassic Park, o en la familia interracial de Malcolm (padre judío, madrastra caucásica, hija mulata) de The Lost World y la reiteración constante de que los miembros de una familia no necesariamente tienen que tener lazos de sangre. Pero definitivamente, el mensaje central en Jurassic Park es que la familia es lo más valioso de la vida y la unidad de significado de todas nuestras relaciones sociales. Y si no se han dado cuenta todavía, todo lo anterior es mame.

Repito: sí, es mame. No creo ni un poquito (bueno, quizá un poquito) en todo lo que les acabo de exponer. Un día noté que el divorcio es un tema presente en las cuatro películas, y por los lulz me puse buscar y rebuscar detalles en la serie para armar una interpretación que coincidiera con una hipótesis lo suficientemente creíble para hacerla pasar como legítima. 

¿De qué se trata Jurassic Park? De dinosaurios que comen gente. Bueno, la primera se trata también de cómo el control humano sobre la vida es siempre una ilusión, que la naturaleza es caos y que la vida se abre camino. Pero sobre todo se trata de dinosaurios que comen gente. 

This!

Hay niños en todas ellas porque son películas de aventuras familiares que atraen a los pequeños y se necesita personajes con el que se puedan identificar. En la novela original Alan es un bonachón al que le encantan los niños, pero en la película lo cambiaron porque es más interesante ver a alguien a quien no le agradan los mocosos obligado a convivir con ellos y protegerlos. Por eso la dinámica se repite en Jurassic World. 

Es más fácil que estos niños estén sin sus padres porque si lo estuvieran sabríamos que una película así de comercialona no se atrevería a dejar niños huérfanos o padres deshijados y no habría tanto suspenso. Es más interesante que los niños estén bajo el cuidado de personas que no sean sus padres (por eso Jurassic Park III está de hueva). En el libro The Lost World Kelly ni siquiera es hija de Ian, sino que ella y otro niño están ahí por un proyecto escolar. Todos los demás detalles que les mencioné son circunstanciales.

¿Por qué hice todo esto? Sólo para mostrarles lo fácil que es hacer una interpretación rebuscada y mamona de cualquier producto de la cultura pop, para que aprendamos a no irnos con la finta y buscar significados ocultos donde no los hay. Muchas veces lo que sucede es que los detalles a los que queremos dar enormes significados son en realidad subproductos de decisiones del autor para favorecer la narración o de los corporativos para hacer su producto más comercializable. 

¿Por qué Hugo, Paco y Luis son sobrinos y no hijos de Donald? ¿Por qué Rico McPato es tío de Donald? ¿Dónde están los padres de todos ellos? ¿Es acaso un mensaje para disolver los lazos familiares en pos de un sistema de valores individualista como conviene al capitalismo imperante? No, es sólo que si los patitos fueran hijos de Donald, tendrían que estar con él todo el tiempo, además de que tendrían que casar a Donald con Daisy, y también tendrían que estar juntos siempre. El que Donald sólo sea tío, sobrino y novio, permite una mayor flexibilidad para sus historias y aventuras, pues en ocasiones podría estar con los patitos, con Daisy o con el tío Rico, pero no siempre tendrían que estar todos juntos.



¿Qué significa que el sable de luz de Luke Skywalker en El regreso del Jedi sea verde y no azul como el de Obi-Wan y el de Anakin? Nada, es sólo que para las secuencias de acción en Tatooine el sable azul se perdía en la inmensidad del cielo despejado y se necesitaba otro color para que resaltara. ¿Por qué el sable de Mace Windu es púrpura? Porque ése es el color favorito de Samuel L. Jackson y él lo pidió (y no se le dice que no a ese Bad Motherfucker). Que luego, retroactivamente, le inventaran significados a los colores de los sables de luz es otra cosa. 

¿Acaso Batman tiene a Robin como su protegido porque es secretamente un pervertido al que le gustan los chavitos? Nah, es que la editorial quería un personaje colorido que atrajera a los niños, y ponerle un hijo era narrativamente complicado. Claro está, autores sucesivos le han dado un nuevo significado a esa relación (el optimista y chistín Robin vendría a encarnar la infancia que Bruce perdió al ver morir a sus padres). Pero de entrada la creación del personaje respondía a decisiones editoriales. ¿Por qué los superhéroes son casi siempre huérfanos, hijos únicos de hijos únicos? Por sencillez narrativa y por darles un origen trágico.




Moraleja: cuando quieran abordar el análisis de un producto de la cultura pop tengan en cuenta que muchas decisiones pueden responder a motivos externos a la narración y no necesariamente a significados que el autor le hubiera querido meter o le hubiera puesto inconscientemente. En otras palabras, paren de mamar.

jueves, 8 de junio de 2017

Sabia como Atenea, hermosa como Afrodita... ¡Poderosa como Hércules!



¡Ya era hora! Después de décadas, aquí está por fin la película de la Mujer Maravilla. Justo lo que esperábamos, justo lo que necesitamos... ¿O no?

Les confieso algo: en un principio, apenas terminando de verla, como que no cumplió mis altas expectativas. Luego la estuve repensando y me di cuenta de que quizá estaba siendo demasiado exigente con ella, pidiéndole cosas que no me son necesarias en otras cintas de superhéroes, a las que estoy más bien acostumbrado a darles pase si me entretienen lo suficiente. Supongo que fue mi error esperar de esta cinta, en especial después de todos los elogios que le he leído, una obra revolucionaria que me volara la mente, algo tipo The Dark Knight. En realidad se trata una peli de superhéroes que está por encima del promedio, con una mezcla entre momentos chingones y otros cutres, aunque predominan por mucho los primeros.

Sin ser tan ambiciosa como la fallida Batman v Superman, tiene una narrativa coherente y bien estructurada, y un arco argumental enfocado en el desarrollo de la protagonista, a quien podemos crecer y desarrollarse desde el principio hasta el desenlace. En pocas palabras, es una película bien hecha, bien actuada y visualmente hermosa (BvS  es un desastre desde el punto de vista de la narrativa).

Eso sí, los resultados de Rotten Tomatoes son igual de ridículos que con BvS. ¿28% vs 97%? Ésas son calificaciones para churros de serie B y obras maestras que revolucionan el séptimo arte, respectivamente. Yo le pondría a cada cual, un 7.0 y un 8.5. Sinceramente, veo estos extremos como puro mame.

Si no han visto la película, los redirijo a la reseña que publiqué en Voz Abierta. La que viene a continuación estará llena de spoilers. Han sido advertidos.


WONDER SPOILERS!




Gal Gadot es per-fec-ta como la Mujer Maravilla. La veo tan en el papel como veía a Lynda Carter o a Christopher Reeve como Superman. Logra retratar esa mezcla de valor y furia con la ingenuidad e idealismo que caracterizan al personaje. Ella llena las altas botas escarlata de la Mujer Maravilla. Y se avienta frases como que “los hombres son esenciales para la procreación pero innecesarios para el placer”.

Patty Jenkins se las arregla para dar a su filme un aspecto visual que corresponda con las otras del DCEU, pero con todo mejor logrado. Las secuencias de acción están padrisisímas. Sin ser tan hiperbólicas como las de Snyder en sus pelis de Bats y Supes, se sienten más reales, con más en riesgo para los personajes que luchan. Mi favorita fue la batalla entre las amazonas y los soldados alemanes en la playa. ¿Mujeres con espadas, lanzas, caballos y flechas contra sujetos armados con fusiles? Difícilmente se puede poner más cool que eso.



Chris No-Evans hace un buen papel como Steve No-Rogers, si su objetivo era parodiar un poco el estereotipo de gringo bravucón, pero aun así dejarnos con un personaje carismático que a pesar de todas sus torpezas y sus esperables inseguridades masculinas, es quien le enseña a Diana el potencial heroico de la raza humana: “Puedes hacer algo o puedes no hacer nada. Y yo ya intenté no hacer nada”.

Los personajes secundarios, que en un principio parecían ser caricaturas nacionales (un escocés, un marroquí francés y un indio americano) tienen ciertos momentos respectivos que permiten darles un poco de dimensión y uno termina encariñándose con ellos.

La peli hasta se da el lujo de echar dos que tres gotitas de reflexión, no muy original ni profunda, pero que podrían sacudirle el cerebro a la chaviza y a las personas no acostumbradas a que sus películas pop mainstream den mucho en qué pensar. El contraste entre los ideales y valores de Diana y la crudeza y cinismo del mundo del hombre (representado visualmente hasta en los colores brillantes de Themyscira y los tonos grises de la Europa arrasada por la guerra) constantemente nos invita a ponderar y debatir.



Son un puñado de momentos específicos, pero no pierde la oportunidad de hacer comentarios acerca de a) sexismo: la forma en que las mujeres son relegadas a segundo plano en la sociedad europea; no pueden votar, no pueden combatir, y mientras su ropa está diseñada para hacerlas ver bonitas, la de los varones está hecha para permitirles actuar; b) el racismo: un personaje marroquí quería ser actor, pero terminó siendo carne de cañón del ejército francés porque su color de piel no es el adecuado; c) el colonialismo: por lo anterior, pero también en un personaje nativoamericano que revela a Diana que la gente de Steve No-Rogers hizo con ellos lo que el Reich intenta hacer con el resto de Europa.

También nos muestra, como ninguna película de superhéroes desde la primera Iron Man, los horrores reales de la guerra. Los campos devastados convertidos en desiertos de lodo, el uso indiscriminado de formas de matar cada vez más atroces, el trauma psicológico que deja profundas cicatrices en los soldados, la indiferencia con la que los altos mandos envían a sus tropas a morir, o el sometimiento de la población civil al abuso de los militares (lo de los civiles belgas esclavizados para trabajar en fábricas alemanas es históricamente cierto).

Por supuesto, está la nunca suficientemente enfatizada moraleja de que la humanidad no es buena ni mala en sí, sino que hay luz y oscuridad en cada uno de nosotros, y que así como somos capaces de grandes crueldades, también somos capaces de grandes heroísmos, como se lo demuestra a Diana el sacrificio de Steve. Sobre todo, Diana aprende que no se puede resolver el problema de la maldad simplemente eliminando al malo, que la realidad humana es más complicada que eso, lo cual para una película de superhéroes es casi  una epifanía.



Claro que ese mensaje se diluye un poco al final, en que Diana pelea con Ares y lo destruye. No tenía mucho caso combatir y matar al dios de la guerra si ya establecimos que con o sin él los hombres se van a matar los unos a los otros, pero realmente no podíamos tener una peli de superhéroes sin que al final hubiera catorrazos entre dos seres ultrapoderosos, en especial cuando los otros dos villanos de esta película estuvieron tan chafas.

Lo anterior reafirma la ambición de DC de ser algo más que el entretenimiento ligero; bien o mal logradas, las tres películas de este universo (voy a ignorar Suicide Squad) han sido intelectualmente más ambiciosas que cualquiera de la Maravillosa Competencia (las de X-Men se cuecen aparte). Para bien o para mal estas pelis han generado discusión y comentarios como ninguna de las otras. Es decir, ¿qué tanto más le vas a analizar a Ant-Man?

Y tengo que decir que, a pesar de los inevitables clichés en una historia de origen y de lo cutre que siempre es el tropo de “el poder del amor”, la película me sorprendió en más de una ocasión. No sabía para dónde iba a ir. La revelación final me tomó desprevenido. Nunca me esperé que el profesor Lupin fuera Ares.

Un momento… Marte es el nombre romano de Ares. En la mitología romana, Marte es padre de Rómulus y Remus, los fundadores de Roma… Remus, como Remus Lupin… Ahora todo tiene sentido. Rayos, debí haberlo visto venir.




Como decía, peor de la peli fueron los antagonistas. Que hayan tomado a una figura histórica real como Erich von Ludendorf y lo hayan convertido en un malo de Rocky y Bullwinkle, con todo y risa malvada y retorcerse las manos, me producía un facepalm cada vez que aparecía en la pantalla. Sólo faltaba que le pusieran la musiquita tipo “Ludendorff malvados y asociados”.

Es bastante malo que hayan hecho un villano tan chafa, pero que hayan convertido a un personaje histórico en ese villano chafa es como para repartir lapos. Para eso mejor hubieran inventado un personaje ficticio con un nombre alemán ridículo, como siempre hacen los gringos, algo tipo Barón Gustav von Tottengötter. Y que tuviera un monóculo y una cicatriz en la mejilla, para redondear. Él y la Dra. Veneno aburren más que dar miedo o inspirar odio. Después de la revelación final, este par de dos son todavía menos interesantes y relevantes, sobre todo si ves la peli por una segunda vez, y francamente importa un comino lo que pase con sus vidas.



Qué bueno que se revela que al final el verdadero villano es Ares porque habría sido anticlimático quedarnos con esa pelea tan mensa entre Diana y el Ludendorff puesto perico con venom. Qué malo que sea el profesor Lupin. Es que miren, fue muy astuto esconder a Ares en un caballero inglés de mediana edad y buenos modales, en vez del general megalomaniaco. Pero ya que se convierte en el Ares de los cómics que conocemos, pero sigue teniendo la cabeza del profesor Lupin, toda a arrugada, pelona y con ese bigotito ñoño, se ve más que ridículo. Mínimo le hubieran puesto barba postiza para que se vea como el Dios de la Guerra, o hubieran creado un personaje CGI que mantuviera los rasgos de Lupin, pero que no siguiera viéndose como el caballero inglés de mediana edad y buenos modales.



Como ñoño de las guerras mundiales, desde que supe que esta cinta se situaría en la Primera, y no en la Segunda como en los cómics originales de la Mujer Maravilla, me sentí decepcionado. Para empezar porque la Alemania del Káiser no es ni de lejos un villano tan perfecto como la Alemania de Hitler. A diferencia de la 2GM, en la que había claramente un bando agresor con una ideología perversa, la 1GM fue más bien una competencia entre potencias europeas para ver quién la tenía más grande. Los soldados en las trincheras, fueran alemanes, franceses o ingleses, dan más pena que ganas de verlos derrotados. Sobre todo, se perdió una gran oportunidad, en estos días de nacionalismos y neofascismos renacientes: la de tener a una mujer pateando nazis en la pantalla grande.

Sé que lo hicieron para que no pareciera que le estaban fusilando a Marvel con su Capitán América, pero de todos modos es una lástima (y de todos modos los marvelitas siguen diciendo que es fusil… pendejos ¬¬). Supongo que la 1GM se prestaba más a uno de los mensajes centrales de la película, que “todos somos responsables” por el infierno en el que hemos convertido al mundo.



Finalmente, Wonder Woman es una cinta importante. No es la primera cinta de superheroínas, pero sí es la primera, hasta ahora, que ha sido honestamente buena. Viéndola pienso que a lo mejor hicieron bien en esperar hasta este momento, en que el género ha madurado, para darle una película a la Mujer Maravilla. De otra forma, podía haber quedado algo tipo Gatúbela. Ugh.

Desde 1977 hemos tenido: 8 películas de Batman, 7 de Superman, 7 de Iron Man, 7 de Wolverine, 6 de Spider-Man, 6 del Capitán América y sendas películas para personajes de los que nadie fuera de la nerdósfera había escuchado hablar, como Ghost Rider, Punisher, los Guardianes de la Galaxia o el Doctor Strange. Fuera de una película para la TV de 1974 (en la que Diana ni siquiera usa su traje distintivo), la Mujer Maravilla nunca había tenido un protagónico.

Esta es la película de superheroínas que necesitábamos; no es sermoneadora ni panfletera, no es tan “radical” que pueda espantar al público regular, pero lo suficientemente atrevida como para hacer rabiar a los machirrines (como ya lo ha hecho) y tan llena de heroísmo que ya está inspirando a mujeres y niñas de todas las edades alrededor del mundo. El simple hecho de que sea una buena película de superheroína ya la hace un parteaguas. Sobre todo, responde a las necesidades de una sociedad en pleno proceso de transformación y que requiere con urgencia de modelos femeninos positivos y fuertes en la cultura pop; necesidades que, por cierto, llevó a William Moulton Marston a crear a la Mujer Maravilla en aquel lejano 1941.



Después de pensarlo estos días, me di cuenta de que la Mujer Maravilla le ha quitado a Superman el papel de símbolo de la esperanza y muestra de lo mejor que hay en los seres humanos. El viejo boy scout fue pervertido por la ideología randiana de Snyder y Goyer, no sólo incompatible, sino opuesta a la filosofía que hace del Hombre de Acero el héroe benévolo, generoso y empático que es en los cómics. Bajo la batuta de Patty Jenkins, en cambio, Diana conserva la pureza del personaje. 

Wonder Woman es hasta ahora la mejor de la franquicia y superior a la mayoría de las de Marvel. Diana ya se había robado la película de Batman v Superman, y ahora con esta cinta se roba todo el Universo DC. 

viernes, 2 de junio de 2017

Lo que a ti te gusta es mover el culo



Buenos días, Internet. Agárrense porque va a haber arena. Voy a hablar de algo que levanta muchas costras y pone a la gente a mostrarse los dientes unos a otros. Voy a hablar de reguetón. No realmente, voy a hablar del mame alrededor del reguetón (y otros géneros similares), en especial cuando sus fanses sienten que deben defenderlo de las acusaciones de gente mamona y malaondosa. Sí, te estoy hablando a ti, que te gusta perrear; a ti, que te gusta mover el culo.

A mí, Maik, el reguetón me parece horrendo. El ritmo me es insoportable y las letras me parecen abominaciones. Pero sé que el que a ti te guste no te hace una persona menos inteligente, ni menos íntegra, que no socava en lo más mínimo la validez de tus convicciones éticas, y que ultimadamente no necesitas mi aprobación y que puede valerte madres lo que yo opine. También ya superé esos pruritos moralinos de apocalíptico que ve en toda moda que no le agrada signos de la decadencia cultural de Occidente.

La música fea me viene importando un comino mientras nadie me obligue a escucharla.  Lo que me caga es la deshonestidad intelectual. Porque es muy fácil y cómodo encontrar la mierda ideológica en los gustos de los demás, pero blindar los tuyos propios contra toda crítica. Espérate, no te vayas, que esto, con todo y las palabrotas, pretende ser un ejercicio de reflexión para beneficio de todos los interesados. Hear me out.

Las defensas de la música reguetonosa se pueden reducir básicamente a dos: a) sí es sexista, pero también lo son muchos otros géneros musicales y nadie se escandaliza; y b) detrás de las críticas al reguetón hay prejuicios clasistas, porque se trata de música populachera.



A la primera queja suele seguir una buena dosis de cherry picking, un sumergirse en décadas y décadas de rock, pop, blues y metal para rescatar del fondo de los baúles una que otra canción más o menos olvidada, la cual, analizándola detenidamente, tiene algún mensaje más o menos velada o abiertamente sexista. Y esto se pretende presentar, en una bonita falsa equivalencia, como comparable con lo que las canciones de reguetón hacen abiertamente, estribillo tras estribillo, hoy en día, en todas partes y sin pelos en la lengua.

Pero es que además ése es un argumento falaz del tipo tu quoque. Aun aceptando, for argument’s sake, que la música de otros géneros y otras épocas está tan llena de sexismo como el reguetón, esto no lo hace menos criticable. Que si fuéramos a aceptar como válida la justificación de “pues sí, el reguetón es sexista, pero todo lo es”, vale, está bien, pero si así está la cosa no quiero volver a leer de tus dedos críticas a las princesas Disney, los videojuegos de GTA, los cómics de Batichica, los comerciales de Tecate, el porno de Internet o las comedias románticas de Hollywood. Porque si el argumento va a ser que no podemos criticar algo porque todo es sexista, entonces no podemos criticar nada.



Pero no queremos eso, ¿verdad? Queremos analizar diferentes manifestaciones culturales, y si encontramos en ellas características que nos parecen propias de formas de pensar negativas, queremos poder señalarlo sin temor, con el objetivo de comprender mejor nuestra cultura y, quizá, mejorar un poquito como los monos vestidos que somos.

Claro, no es de mucha confianza el criterio de quien se alarma por el sexismo del reguetón pero le tienen sin cuidado las innumerables (y mucho más graves) muestras de sexismo que chorrean por todos los poros de nuestra cultura. Entonces es razonable sospechar que quizá no es el sexismo lo que más le molesta en el reguetón. Es más, no dudo que muchos de ésos nomás estén buscando agarrar el primer ejemplo de incongruencia para joder al prójimo: jaque mate, feminazis.

Es cierto también que muchas veces los chistes que denigran al reguetón van acompañados de insinuaciones sobre la clase social de quien escucha esa música (también muy a menudo, van sobre su inteligencia y cultura, o falta de ambas).



Lo que nos lleva a hablar del segundo argumento, el del clasismo. Sí, puede ser que haya clasismo en quien se caga en el reguetón. Pero no puedes afirmar que ésa sea la única razón para que a alguien no le guste. Puede ser por conservadurismo, por mochismo, por esnobismo intelectual, o porque sea una persona mayor a quien todo lo nuevo le horroriza. Puede ser un poco de todo. Puede ser que a alguien simplemente le parezca feo, mientras otros géneros igual de origen popular y guapachoso, como la salsa o la cumbia, le son muy agradables (es mi caso). No soy fan del hip hop ni del rap. ¿Me hace eso racista aun cuando sí me gustan el jazz y el reggae? Es como decir que si no te gusta el k-pop es porque eres racista contra los asiáticos. O que si no te gusta el calypso eres despectivo contra los jamaiquinos. O qué sé yo.

Además, dudo mucho que un género musical que está haciendo millonarios a sus intérpretes, que se toca en los antros más fresas y hip, que ha conseguido que a la moda se sumen artistas pop como Shakira y demás, pueda ser clasificado como música del pueblo.

Pero si así fuera, si estuviera mal criticar el sexismo en algo que es “expresión del pueblo bueno”, entonces no valdría ofenderse de las portadas de los pastiches sensacionalistas que ponen a chamaconas semiencueradas junto a brutales escenas de violencia o accidentes. No habría que ofenderse por los comentarios de Julión Álvarez ni las letras de la música de banda. No habría que rasgarse las vestiduras por el humor sexista de los comediantes de teatro regional. Porque, al fin y al cabo, el pueblobueno es el público de estos materiales.



Curiosamente, la apelación al clasismo es la que sacan seguido los machirrines para defender el piropo. ¿Acaso se puede condenar a los taxistas o albañiles por piropear a las señoritas, si el piropo es parte de su cultura populachera y han sido educados así? ¿Acaso no fue un acto de prepotencia clasista cuando Tamara de Anda hizo que ese pobre taxista pasara una noche en detención por gritarle “guapa”? Mis respuestas: sí y no.

Pero, como siempre, se trata de una argumentación comodina y conveniente. Si alguien te acusa de un pecado (sexismo), tú lo puedes acusar de otro (clasismo, xenofobia, eurocentrismo colonialista, seguidor del cultor de Cthulhu, guarever). El chiste es pasarle la carga de la culpa y la vergüenza a otro para no tener que ver las contradicciones propias. Entonces es razonable sospechar que no es el clasismo lo que más te molesta en los criticones del reguetón.

Mira, lo honesto sería decir algo así como: “Pues sí, las letras de reguetón son muy sexistas y vulgarzonas, pero me vale madre, porque el ritmo está bien sabroso y me gusta bailarlo y sentirme sexy y sin inhibiciones; no necesito la aprobación de ningún listillo porque mi cuerpo es mío y hago con él lo que me da la gana, y además no tenemos que ser puristas ni que cada forma de entretenimiento o relajo que disfrutamos esté hasta el último detalle en concordancia con nuestras posturas éticas”.



¡Enhorabuena si tienes esa claridad de pensamiento! Me consta que muchas personas a las que les gusta el perreo están bien conscientes de esto y no necesitan que nadie les explique nada.

Lo cierto es que a todos nos gustan cosas bien pendejas. A mí me encanta la película 300, con todo y que es racista, xenófoba, capacitista, randiana, militarista, fascistoide e hipermasculinista, amén de históricamente inexacta (además es involuntariamente gay, pero eso lo tomo como algo bueno). Pero está bien chida, y la acción está poca madre, y me emociona. Sobre todo, sé que no me vuelvo menos progre-chairo-mangina porque me guste. Puedo reconocer la mierda ideológica en cosas que me gustan sin que por ello que dejen de gustar.

El problema, por el cual imagino que muchas personas temen aceptarlo de esta manera, es que abre ciertas puertas. Pues si aceptas que una persona no deja de ser feminista porque le guste el reguetón a pesar de sus letras sexistas, entonces tendrías que aceptar la posibilidad de que el ñoño al que le gustan los cómics de Milo Manara, el vatito que cuenta un chiste de humor negro que refuerza estereotipos, la bandita que no quiere dejar de corear y brincotear al ritmo de Ingrata, tampoco son necesariamente monstruos misóginos. Y eso es lo que te asusta: el ya no tener la autoridad moral para juzgar y condenar los gustos estúpidos de todos los demás.




Lo que de fondo sucede aquí es que quieres exentar al reguetón de toda crítica porque es lo que a ti te gusta. En eso es en lo que consiste tu deshonestidad intelectual.

Haré una apuesta arriesgada: te gusta no porque te hayas sumergido en toda la variedad de los géneros musicales de la humanidad y descubierto que el reguetón es lo que realmente expresa tu identidad; te gusta porque es lo que te tocó que estuviera de moda en tu juventud, como los tatuajes, los mason jars, los ukeleles y las fotos de Instagram en colores pastel. Y eso no tiene nada de malo: generación tras generación de seres humanos hemos sido así.




Se les llama “placeres culposos”, pero no deberíamos sentir culpa ni pena por ellos. Lo que tampoco tendríamos que hacer es rebuscar y hacer malabares mentales para hacerlos pasar por cosas filosóficamente sofisticadas o políticamente comprometidas, y así dotarlos de un aura de prestigio que no necesitan. O sea, cuando hablamos de perrear, lo que está de hueva es que te pongas a hacer racionalizaciones mamonas acerca de “liberación sexual” y “música del pueblo”, como si al defender el perreo estuvieras luchando por la justicia social.

Lo que a ti te gusta es mover el culo. ¡Albricias! No necesitas darle muchas vueltas, ni necesitas justificarlo ante nadie. Aceptémoslo con sinceridad y dejémonos de mamadas.


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