viernes, 22 de septiembre de 2017

Las pensadoras.



En un texto anterior hablé de la necesidad de incluir más mujeres en los planes de estudios de las materias humanísticas con enfoque histórico (historia, historia del arte, filosofía, literatura…). Pero creo que más que una defensa general hace falta construir el caso de qué mujeres en específico deberían estar en los programas y por qué. Ya que actualmente imparto la materia de Filosofía, les quiero platicar de las pensadoras que incluí “de contrabando” en el programa, ya que originalmente no estaban ahí.

Aclaro que no pretendo con esto plantear una lista definitiva, sino sólo proponer desde mi experiencia, mis conocimientos y claro, mis inevitables sesgos (soy parcial a la tradición anglosajona, so there’s that). Estoy seguro de que muchos de ustedes tendrían propuestas diversas y hasta mejores. 

También les comparto que a partir de este año la materia de Filosofía en bachillerato quedó reducida de dos semestres a uno solo, lo cual es una lástima, pues me veré obligado a quitar a muchas figuras señeras, hombres y mujeres, del programa.

Hipatia de Alejandría (330-416 d.C.)

Debido a que, por desgracia, la totalidad de su obra quedó destruida (y las citas que circulan por ahí atribuidas a ella son apócrifas), no hay mucho que sepamos de las ideas de Hipatia. La incluyo más por su historia y por lo que ésta representa. Hipatia fue una célebre matemática, astrónoma y filósofa neoplatónica que vivió en Alejandría, Egipto, a finales de la Edad Antigua, a pocas décadas de que cayera el Imperio Romano. Su fama de mujer sabia le ganó el respeto de sus contemporáneos, pero también la animadversión de muchas personas, en particular de los cristianos que se estaban convirtiendo en un grupo poderoso. A ella le tocó ser testigo de la destrucción de la legendaria Biblioteca de Alejandría a manos de una turba de fanáticos religiosos. Años después, ella fue linchada y asesinada por esos mismos fanáticos. Su historia queda como testimonio del potencial de las mujeres para destacar en la ciencia, así como de los peligros de la misoginia y el fanatismo religioso. Más sobre Hipatia aquí.



Hildegarda de Bingen (1098-1179)

Monja, abadesa, profetisa, mística, médica, compositora y escritora medieval originaria de Alemania. Como se le quiera ver, Hildegarda fue una persona extraordinaria para los estándares de cualquier época y cultura. Aconsejó a algunos de los líderes más importantes de su tiempo, incluyendo el Papa y el Emperador. Predicó sobre la redención y criticó la corrupción en la Iglesia. Su obra más importante fue El libro de las obras divinas, un tratado de teología que no le envidia nada a los trabajos de los grandes pensadores del cristianismo. Tan es así que el papa Benedicto XVI la nombro Doctora de la Fe, título que comparte con figuras de la talla de Santo Tomás de Aquino. Es una lástima que tuviera que esperar casi un milenio para ese reconocimiento. En clase no profundizamos en sus ideas (la teología es una asunto muy denso para los preparatorianos), pero la menciono como muestra de los logros que una mujer, en una época tan difícil como la Edad Media, era capaz de conseguir. Más de Hildegarda aquí.



Cristina de Pizán (1364-1430)

Filósofa, poeta y humanista, esta gran mujer italiana tuvo vida muy dura (se casó y quedó viuda con tres hijos siendo apenas una adolescente) en los difíciles tiempos de la Guerra de los Cien Años. Fue quizá la primera escritora profesional de Occidente, es decir, alguien que vivía directamente de las ventas de sus libros. Y también fue probablemente la primera feminista tal cual de la historia (aunque claro, el término no existía) ya que ella escribió específicamente sobre el derecho de las mujeres a recibir educación y participar en los debates públicos. Eso le ganó la antipatía de los escolásticos de la Universidad de París, quienes básicamente le decían que se callara porque era mujer. Su libro más famoso es La ciudad de las damas, en las que rescata de la historia (y de la mitología, que en esa época no había mucha diferencia) las vidas y obras de muchas mujeres ilustres para demostrar que el género femenino es tan capaz como el masculino, y no ese receptáculo de vicios que en ese entonces se le atribuían.



Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

¿Qué se puede decir de Juana de Asbaje? Probablemente sea la persona más brillante que ha dado este territorio llamado México y cada aspecto de su biografía intelectual es impresionante. En clase de literatura es un tema obligatorio, así que en filosofía nos concentramos en analizar sus ideas. La pasión de Sor Juana por el conocimiento en todas sus formas, desde las ciencias a las artes y la filosofía, es una inspiración aún en el mundo contemporáneo que quiere reducir la feminidad a lafrivolidad, algo contra lo que se rebela en su famoso soneto En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? La doble moral sexista es duramente criticada en las archiconocidas redondillas Hombres necios, y debo decir que me encanta ver cómo mis alumnas reaccionan a este poema y dicen que “sí es cierto, que así sigue siendo”. Pero el texto que estudiamos es la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en donde Sor Juana hace esa apasionada defensa de la necesidad de aprender y estudiar. Lo mejor es cuando ese entusiasmo por el conocimiento se le contagia a mis alumnos y alumnas por igual. Como plus, este tema sirve también para que vean que la filosofía también floreció de este lado del Atlántico.



Mary Wollstonecraft (1759-1797)

La Ilustración fue una gran revolución cultural, pero así como los filósofos y líderes de aquellos tiempos hablaban de “los derechos del hombre”, fue necesario que las mujeres escribieran a favor de sus propios derechos. La más famosa fue la inglesa Mary Wollstonecraft, con su Vindicación de los derechos de la mujer, obra en la que critica con dureza la idea de que las mujeres son intelectualmente inferiores a los hombres y cuyas únicas virtudes serían el encanto con el alegran la vida de sus compañeros varones. Para ella estaba muy claro que esta condición no era en absoluto natural, sino producto de la educación. Como buena filósofa ilustrada, Wollstonecraft defiende la necesidad de tratar a hombres y mujeres como seres igualmente racionales, sujetos de derechos y obligaciones, y consideraba que mientras no se desarrollara el potencial de las mujeres el progreso humano quedaría siempre trunco. Cabe mencionar que ella es madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein.



Olympe de Gouges (1748-1793)

Durante las revoluciones americana y francesa la filosofía se transformó en acción, y una de las figuras más relevantes de este periodo fue la revolucionaria Olympe de Gouges. Al igual que otras muchas mujeres que participaron con sus ideas y sus acciones en la Revolución Francesa, Olympe defendió la igualdad de derechos para su género, lo que la llevó a escribir la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, una respuesta al documento revolucionario, tan reverenciado hoy en día, pero que no contemplaba a la mitad de su población en la gesta libertaria que se estaba peleando. Por sus ideas y su “innatural inclinación a la política” fue guillotinada por el régimen de Robespierre. Defensora también de la abolición de la esclavitud, sus palabras siguen resonando como una crítica a los hombres que siguen queriendo hacer revoluciones por la libertad y al mismo tiempo ser déspotas de las mujeres.



Harriet Taylor Mill (1807-1858)

Esta filósofa inglesa formó parte de la corriente conocida como utilitarismo, de gran importancia para la reflexión tanto ética como política, pues sostenía que las acciones deben juzgarse moralmente por sus consecuencias, y que por tanto el propósito de la política era lograr el mayor bienestar para el mayor número de personas. Harriet, ya una célebre feminista, se casó en segundas nupcias con uno de los máximos representantes del utilitarismo, John Stuart Mill. La influencia de ella en la filosofía de Mill fue tremenda, al punto de que se podría decir que lo educó en el feminismo. De hecho, estos dos grandes pensadores trabajaron muy estrechamente y creo que al hablar del uno se debería hablar de la otra (cuando se trata de Harriet siempre se menciona a Mill, pero rara vez ocurre al revés). John y Harriet eran considerados “radicales” para su época, pues estaban a favor de la igualdad total de hombres y mujeres en la educación y la ley, de la abolición de la esclavitud y el sufragio universal. Su obra más importante es La emancipación de las mujeres.



Susan B. Anthony (1820-1906)

La más famosa de las sufragistas estadounidenses, primera mujer que apareció en las monedas americanas y que fue arrestada en 1872 junto con otras mujeres que votaron en las elecciones presidenciales, lo cual era contra la ley. En realidad, más que hablar de Anthony en específico, el subtema es el movimiento sufragista (parte del tema de la filosofía política del siglo XIX), así que igual podría haber escogido a otra americana como Elizabeth Cady Stanton (1815-1902) o a la británica Emmeline Pankhurst (1858-1928). Lo importante para los estudiantes es conocer no sólo la lucha de las mujeres por el voto y por la igualdad de derechos, sino los argumentos que se usaron en ese largo debate. Cómo se justificaba esa desigualdad y cómo las sufragistas combatieron el discurso sexista con argumentos racionales (y con activismo político en la calle). Sobre todo, cómo ese mismo sexismo sigue presentándose de otras formas hoy en día: argumentos muy similares continúan usándose para atacar al feminismo.



Rosa Luxemburgo (1871-1919)

Ya entramos en la filosofía política del siglo XX, centuria de terribles acontecimientos, de entre los cuales destacan las guerras mundiales y múltiples revoluciones. Hablando de lo cual no podemos dejar de mencionar a la activista Rosa Luxemburgo, de quien ya habíamos tratado aquí. Filósofa marxista de origen polaco y fundadora del Partido Comunista Alemán. Criticó tanto el comunismo soviético como las formas moderadas de la socialdemocracia. Sostenía que las reformas al capitalismo no eran suficientes, y que era necesario que las clases trabajadoras tomaran el poder, pero creía que el régimen bolchevique se estaba convirtiendo en una tiranía que usaba los ideales comunistas para mantener en el poder a una clase privilegiada. Fue torturada y asesinada por el gobierno alemán durante una revuelta en 1919. Una de sus obras más importantes es Reforma o revolución.



Emma Goldman (1869-1940)

Empezamos el tema hablando de socialismo en sus variantes soviética y occidental, repasamos el capitalismo liberal, estudiamos detenidamente el fascismo y el nazismo, y terminamos viendo el anarquismo. Esto manda que hablemos de Emma Goldman, una de las pensadoras más influyentes de esta corriente política. De origen judía y nacida en Lituania (Imperio Ruso), huyó de su casa hacia Estados Unidos a los 15 años. A los 20 se convirtió en activista. También vivió en diversos países de Europa y en Canadá. Fue una de las fundadoras del anarco-feminismo, pues entendía el patriarcado como una forma más de opresión. Se oponía tanto al capitalismo como al comunismo soviético y consideraba que ciertas acciones de violencia, si eran estratégicas, estaban justificadas. Creía en la libertad individual para la autoexpresión y el disfrute de la vida, de ahí su famosa frase "si no puedo bailar, no es mi revolución". Una de sus obras más importantes es Anarquismo y otros ensayos.



Hannah Arendt (1906-1976)

Esta filósofa alemana de origen judío se especializó en filosofía política. Ante el ascenso del nazismo huyó a Francia y durante la guerra ayudó a rescatar niños judíos de Austria y Checoslovaquia. Cuando los nazis invadieron Francia, pasó un tiempo en un campo de concentración, pero logró escapar a los Estados Unidos, donde escribió sus principales obras. Trabajó como profesora universitaria y de hecho fue la primera mujer en enseñar en Princeton. Tiene dos trabajos fundamentales para entender la historia del siglo XX: Los orígenes del totalitarismo  y Eichmann en Jerusalén. El primero es una obra monumental que permite empezar a comprender cómo fue posible que el nazismo y el estalinismo pudieron conquistar tantas mentes y hacerse del poder para luego convertirse en los regímenes más sanguinarios de los tiempos recientes. En el otro libro nos introduce el concepto de banalidad del mal. Inspirada por el juicio a Adolf Eichmann, que presenció como corresponsal, Arendt señala que quienes hacen el mal no son precisamente monstruos, sino que las personas comunes y corrientes son capaces de cometer monstruosidades si nunca cuestionan las reglas del sistema al que pertenecen. El mal no es algo demoniaco ni incomprensible, sino algo muy banal y superfluo.



Simone de Beauvoir (1908-1986)

Llegamos con la única pensadora que estaba originalmente en el programa escolar, y con la última de nuestra selección. Simone de Beauvoir nació en una familia de clase media acomodada y muy religiosa. Estudió filosofía en la Sorbona, donde fue una alumna destacada. Ahí conoció al filósofo Jean-Paul Sartre, con quien tuvo una relación amorosa de muchos años. Su relación era muy abierta; nunca se casaron ni tuvieron hijos y se permitían tener otros amantes. Inició su carrera como novelista y profesora. Pero mientras que Sartres era reconocido como el gran intelectual de su tiempo, ella era sólo "la novia" de aquél. Esto cambio cuando ella publicó su primer libro de filosofía, El segundo sexo, que la convirtió en una de las pensadoras más importantes del feminismo y una de las principales influencias para la segunda ola de movimientos feministas. De Beauvoir es famosa por su frase “una no se nace mujer, sino que se hace mujer”, lo cual se refiere a que el ser mujer está marcado por lo que la sociedad entiende que ello implica, y que aunque la biología es fundamental para entender su situación en la vida, no marca un destino inamovible, sino que su carácter está moldeado por la sociedad y la cultura.




Con esto terminaos por ahora. Quizá en un futuro cercano podamos incluir a algunas pensadoras más recientes, pero por el momento confío en que partimos de un buen inicio para conocer más la obra de las grandes filósofas y lo mucho que sus palabras nos pueden enriquecer e inspirar como seres humanos.

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