jueves, 28 de septiembre de 2017

Tengo un murciélago en mi sótano



Este septiembre se han cumplido 25 años del estreno de Batman: La serie animada, que en 1992 lo cambió todo. Elevó los estándares de los que se podía esperar en las series animadas de acción, una tradición iniciada en los 80 con series como Thundercats y Tortugas Ninja. Influyó en los mismos cómics en los que se inspiraba, especialmente con el que sin duda es el personaje más popular y emblemático: Harley Quinn. Dio inicio al DC Animated Universe, el primer experimento de un universo compartido en a gran escala en un medio fuera del cómic (y que es un antecedente del Marvel Cinematic Universe), además de que es el inicio de la actualmente muy celebrada tradición de películas animadas de DC. En fin, creó un producto que ha sido difícil de superar en estas dos décadas y media, una de las versiones más definitivas de Batman.

Creada por Paul Dini y Bruce Timm, quienes antes habían trabajado en Tiny Toons y Animaniacs para Warner Brothers (extraño antecedente) y que estarían detrás de muchos de los grandes proyectos animados de DC, la serie de Batman recuperó la estética decó de los cortometrajes animados de los Fleischer en los 40 (con el diseño tipo pin-up para los personajes femeninos), más un toque gótico sin precedentes en la animación para TV (fue la primera serie animada dibujada sobre fondos negros). A ello añadió una pizca de la revolución estética que significaron las dos películas de Tim Burton (sobre todo la música de Danny Elfman) mientras al mismo tiempo recuperaba la esencia noir de los cómics policiacos originales. El resultado fue la que quizá ha sido la mejor encarnación de Batman, dentro y fuera de las viñetas.




Mientras escribo estas líneas me transporto de inmediato a mi niñez. Entre la salida de la escuela y el entrenamiento de deportes por las tardes, tenía la oportunidad de ver un capítulo de Batman en Canal 5. La emoción iniciaba desde que el símbolo de la WB se convertía en los reflectores de un dirigible de la policía flotando sobre Ciudad Gótica. Luego venía la explosión e iniciaba el heroico tema compuesto por Elfman. Los criminales escapaban por los callejones y los tejados. Entonces surgía Batman, la justicia hecha sombras, el bien salido de una pesadilla. ¿Notan el miedo en los ojos de los delincuentes? ¿El sobresalto cuando aparece el Murciélago frente a ellos? Los despacha en segundos, y al final, con el relámpago que estalla a sus espaldas, Batman reina sobre el paisaje urbano: la ciudad tienen un protector.




 Mucho se ha escrito estos días acerca de la grandeza de la serie. Mi camarada Armado E. Torre se ha aventado nada menos que tres textos. Uno como invitado en este blog, sobre la nueva película Batman and Harley Quinn, y otros dos en Voz Abierta, un recuento de Los mejores capítulos de la serie y sobre la evolución de Harley Quinn, quien también cumple 25 años. Yo quiero reparar solamente en tres aspectos que tienen para mí un gran valor personal, y que hacen de Batman una de mis series más queridas.

1.- Ese equilibrio entre la oscuridad y el heroísmo. Las adaptaciones de Batman, las mismas historias en los cómics, han fluctuado entre la sordidez excesiva y la ligereza chabacana. Ejemplo de lo segundo son la serie con Adam West de los 60 (que también es un hito, se diga lo que se diga), o las profanaciones perpetradas por Joel Schumacher. Por otro lado, algo que me ha logrado cansar en los cómics del Encapotado es que llegan a ser oscuros en exceso. La cantidad de muertes y desastres que ocurren en Ciudad Gótica dejan a Batman como un héroe ineficiente, que a lo mucho puede capturar al villano, pero sólo después de que éste ha cometido una masacre horrible, y todo para que vuelva a escapar apenas los editores lo decidan.



Batman: The Animated Series alcanzó un equilibrio perfecto entre la oscuridad y tragedia que por un lado son la marca del personaje, y el heroísmo y la esperanza que, por otro, son lo que buscamos en las historias de superhéroes. Estaba dirigida a los niños, así que no sangre en pantalla, pero estaba claro que la muerte era un peligro real. A diferencia de otras series contemporáneas (X-Men, Spider-Man), en Batman los criminales usaban armas reales que disparaban balas (en un famoso episodio, el comisionado Gordon fue herido de un tiro). Este enfoque alcanzó su cenit con la excelente Mask of the Phantasm, el largometraje animado que se encontraba entre las dos encarnaciones de la serie y que es considerada por muchos como la mejor película del Caballero de la Noche.




2.- El doblaje. Amo el doblaje mexicano, pero creo que quizá este trabajo realizado en Venezuela es lo mejor que se ha hecho en lengua española (de hecho, incluyo el doblaje de todo el DCAU). Era simplemente perfecto, adecuado al tono del programa. Sí, incluso la decisión de mantener los nombres Bruno Díaz, Ricardo Tapia y Guasón, me parece de lo más acertada, que le dan a la serie un toque de nostalgia inigualable. Se ha hablado poco de ello, así que quiero reconocer a los actores y actrices que dieron voz a esos memorables personajes.

Jesús Seijas fue la voz de Batman en las primeras temporadas, pero quizá recuerden más a Framk Maneiro, pues él completó la serie y repitió el rol en Batman Beyond y Justice League. Ambos hicieron un excelente trabajo, como Batman y como Bruno Díaz, pues ambos hacían diferente la voz de uno y del otro (mucho mejor que Chrtisian Bale, por cierto).




El gran Rubén León merece un lugar en el panteón de los Jokers junto a Jack Nicholson, Heath Ledger y Mark Hamill. Sus inflexiones alocadas, pero sobre todo su risa demencial, son aun capaces de provocar escalofríos en quien lo escucha. Claro, no podemos dejar de mencionar la hermosa, sensual y delirante voz de Elena Prieto como Harley Quinn (también fue Babsy Bunny, por cierto), quien le dio vida a ese personaje, tan popular que terminó dando el salto de la televisión al cómic (si quieren una rareza, escúchenla en la banda de rock progresivo que tenía en los 80). Otras actuaciones memorables incluyen a Armando Volcanes como el Espantapájaros, a Juan Guzmán como el Pingüino, Lilo Schmidt como Gatúbela, Antonio Delli como Robin y el genialmente flemático Alí Rondón como Alfred.



3.- Por último, quiero hablar de algo muy específico, un episodio en particular. Tengo un murciélago en mi sótano, el vigésimo capítulo de la primera temporada. En esta ocasión un niño de como 11 o 12 años llamado Sherman sueña con ser detective. Por azar se encuentra con Batman, que estaba noqueado por una toxina. Sherman lo esconde en el sótano de su casa, mientras el Pingüino y sus secuaces están en su busca.

En los últimos años he leído críticas muy crueles contra este episodio, al que acusan de ser excesivamente infantil, como si hubiera convertido a la serie en una entrega más de Mi pobre angelito. Al contrario, yo veo y reveo este capítulo y me sigue pareciendo estupendo. Creo que los que lo critican lo hacen desde el cinismo que les ha dejado la vida a sus más de 30 años y olvidan cómo fue verlo cuando teníamos la misma edad de Sherman. ¿Qué niño no ha tenido la fantasía de salvar la vida de su superhéroe favorito y ayudarlo a vencer a los villanos? Tengo un murciélago en mi sótano nos permitió vivir un poco esa fantasía y aun los ojos me brillan con estrellitas al recordarlo (además, Sherman era un chico nerdoso, como el lector de cómic promedio, su seguro servidor incluido).




La excelencia y la importancia de Batman: The Animated Series dan para muchos párrafos. Podría hablar de, por ejemplo, su secuela Batman Beyond, a mi gusto la segunda mejor serie animada del DCAU. Podría hablar de series posteriores como The Batman, Batman: The Brave and the Bold y Beware the Batman, que no le llegan ni de lejos. Pero hoy sólo quería expresar mi amor por esa maravillosa obra que nos marcó como niños de los 90 y que nos hizo soñar con tener murciélagos en nuestro sótano.

Nota: Una versión preliminar de este artículo fue publicada en Soma.

2 comentarios:

Camilo Cardona dijo...

Ego, querido, si por alguna razòn no te has topado con la biblia de los escritores, te la comparto para que veas las ideas que tenìan a la hora de producirla. http://www.worldsfinestonline.com/WF/batman/btas/backstage/wbible/

¡Saludos desde Colombia!

Armando E. Torre Puerto dijo...

Jajajaja. Me vendiste la premisa del episodio de Sherman. Pero me hubiese gustado verlo mejor ejecutado. Momentos como la pelea con el desatornillador son terribles. Me agrada la idea de proyectarse en Sherman, y meter a Batman y al Pingüino a tu mundo, pero debió llegar el momento en el que, de alguna manera, todo se sale de control y surgen ciertas consecuencias (nada que rebase el nivel de la serie, claro). Birds of a Feather es un buen ejemplo, aunque me hubiese gustado algo más a lo Burgess, carismático pero sin escrúpulos. Y nota que en esta serie el Pingüino es el villano de ley para patear a batman cuando está caido. En concreto, inconsciente, ciego, a punto de perder su identidad secreta (con el Guasón y DOs Caras) y con el auto averiado. El mismo rol, tuvo en I Am the Night. En el peor momento sale una nota de que lo acaban de liberar. Pareciera que la broma es que el villano más pretencioso no tiene clase. Un Eric Cartman cualquiera, y si, siento que Juan Guzmán hizo un buen trabajo al emular a Burgess Meredith más que a Paul Williams.

Me pasa lo mismo con The Underdwellers. Algo mejorcito el episodio, pero la idea de un Fagin (https://en.wikipedia.org/wiki/Fagin) operando en Ciudad Gótica es muy buena y no terminó de cuajar. Me hubiese gustado ver como encaja el Rey de las Alcantarillas con el resto del bajo mundo, y que haga algo mezquino a lo villano de Dickens. Otros similares son The Forgotten y Moon of the Wolf, mucho peor, Prophecy of Doom, Christmas With the Joker y Joker's Wild. No me desagradan las premisas, solo faltó algo. La mayoría de estos episodios están entre los primeros 20 o 25, lo que me hace pensar que estaban experimentando.

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