martes, 12 de septiembre de 2017

Tragando mitos: Agustín de Iturbide



Si la Independencia de México se logró oficialmente el 27 de septiembre de 1821, ¿por qué no conmemoramos esa fecha? ¿Por qué, si él fue quien logró la consumación, no celebramos a Agustín de Iturbide junto a Hidalgo, Morelos y Guerrero? ¿No merecería incluso más reconocimiento que aquéllos?

Desde que estaba en la primaria, me había hecho estas preguntas. La forma en la que nos enseñan la historia de México es confusa, incompleta y contradictoria. Hay muchas cosas que no nos dicen y de las que sólo podemos enterarnos si seguimos aprendiendo por nosotros mismos, en libros dirigidos ya no a niños o adolescentes en edad escolar, sino a adultos que, se espera, tienen el criterio y estómago para aceptar ciertas verdades incómodas.

Por ejemplo, que los movimientos de Independencia y Revolución no fueron tan heroicos (ni exitosos) como nos dicen. Que en nuestro panteón de héroes nacionales coexisten próceres que se hicieron la guerra, se traicionaron o asesinaron unos a otros. Que se cacarea el inicio de la Revolución, pero ninguna consumación porque no queda claro cuándo, o si es que, terminó. O que la historia de México en general está llena de metidas de pata, traiciones, mezquindades, confusión y violencia, y que en ese caso es mejor tomarla con humor para no deprimirnos.

El problema es que esta deficiencia educativa prepara el terreno para la incepción de otras nociones, igual de equivocadas y maliciosas, si no es que más. Aquí es donde se cuela la visión histórica de revisionistas, hispanistas, mitófagos y demás caterva de chafaldramas que se acercan a decirte "Pss, pss, ¿qué crees? ¡Todo lo que te han enseñado sobre la historia es mentira! ¡Yo te voy a contar la mera neta del planeta!"



Acto seguido proceden a hacer lo mismo que tan chafamente hizo la SEP por nosotros, sólo que al revés. Es decir, nos presenta de igual forma una versión de la historia mitificada, romantizada, a medias, simplista y maniquea, con la única diferencia que cambia a todos los "buenos" canónicos por los "malos" usuales y a todas las "gestas heroicas" por "edades de oro". Así, nos pinta que personajes tradicionalmente villanizados, como Maximiliano de Habsburgo o Profirio Díaz, son los verdaderos héroes de la historia de México y que Hidalgo y Juárez eran seres repugnantes, mientras que periodos como la Colonia o el Porfiriato fueron momentos de paz y prosperidad arruinados por convulsiones fratricidas que no trajeron nada bueno. Y todo ello porque "la historia la escriben los que ganan" y los que ganan mienten, se entiende.

Pues bien, este tipo de personas tienen como uno de esos héroes a Agustín de Iturbide, Agustín I Emperador de México, Padre de la Patria, Consumador de la Independencia, Rompedor de Cadenas, Madre de Dragones, etcétera. Y cada septiembre despotrican sobre cómo deberíamos celebrar a don Agustín en vez de a Hidalgo, Morelos y su bola de chairos revoltosos que nomás trajeron sangre y destrucción a una Nueva España donde todo marchaba de lo lindo.

La realidad es que las cosas son más complicadas que eso, y para que no se deje engatuzar por cuando tragamitos circula en las redes sociales, déjeme le cuento la verdadera historia de Agustín de Iturbide y de la consumación de la Independencia de México.

El realista



Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu nació en 1783 en Michoacán, hijo de un vasco rico y de una criolla michoacana. Desde joven tuvo fama de mal estudiante y bravucón, pero también de astuto, valiente y ambicioso. Encontró su vocación en el ejército.

En 1808 Napoleón invadió España y depuso al rey Fernando VII, con lo que hubo un vacío de poder y confusión en las colonias. ¿A quién tocaba obedecer? Algunos sostenían que ya que el gobierno francés en España no era legítimo, la Nueva España debía declararse autónoma hasta que el rey regresara al trono. Con este plan en mente, los criollos del Ayuntamiento de la Ciudad de México, encabezado por Francisco Primo de Verdad, propusieron al virrey Iturrigaray para lograr la autonomía de la Nueva España.

Entran aquí dos grupos que, siempre aliados, han estado detrás del sabotaje de prácticamente todos los intentos de hacer avanzar la historia en este país: la Iglesia y los ricos. Éstos temían perder sus privilegios, de modo que para mantener el statu quo, dieron un golpe de Estado, depusieron al virrey y asesinaron a Primo de Verdad. Con ello frustraron el intento de lograr pacíficamente la autonomía del país. En fin, Iturbide, rico y próspero, no tenía interés en que la situación de la colonia cambiase. Se puso a las órdenes de los golpistas en 1808.

Esto es importante porque los criollos que anhelaban la independencia se dieron cuenta de que por las buenas y la vía legal no sería posible y que llegaría el momento en que habría que salir a coger gachupines. Así que cuando los revisionistas lloriquean porque "ay qué malote Hidalgo que se levantó con violencia", recuerden que el intento de hacerlo pacíficamente fue frustrado, como siempre, por los poderosos, y que su "héroe" estaba de parte de quienes frustraron ese intento.



En 1810 las tropas de Hidalgo (si es que se le puede llamar así a sus turbas iracundas y desordenadas) saquearon la hacienda de papá Iturbide, con lo que provocó la ira del gallardo joven, quien se unió a las fuerzas de Torcuato Trujillo para combatir la insurgencia. A lo largo de las primeras etapas de la Guerra de Independencia, Iturbide hizo carrera combatiendo a los rebeldes con sonado éxito. Por ejemplo, sofocó la guerrilla de Albino García en Guanajuato, hizo fusilar a 170 de sus hombres y al cabecilla lo descuartizaron.

Ah sí, porque Iturbide era famoso por la brutalidad con la que reprimía los brotes rebeldes. Sus tropas saqueaban y arrasaban pueblos enteros; mataron o mutilaron a miles de insurgentes, y no les importó masacrar a mujeres, niños o ancianos. Además, Iturbide tenía la costumbre de realizar fusilamientos masivos.

Esto es para cuando los fanses del Agus lloriquean "¡Ay, qué malote Hidalgo, goe, sus tropas mataban a un chingo de gente! ¡Remember the Alhóndiga!" O sea, sí. Hidalgo y Morelos hicieron también terribles crueldades y las de Iturbide no justifican las suyas. Pero la cosa es que los mitófagos suelen salir con que "Iturbide sí es héroe porque Hidalgo y Morelos eran unos asesinos", lo cual es una pendejada. No se pueden agarrar de eso para decir que uno fue "el bueno" y los otros "los malos", porque Iturbide fue igual de sanguinario, si no es que más.



Además, ya desde entonces Iturbide demostró tener tendencias despóticas. Gracias a sus hazañas militares, recibió el grado de Coronel y fue nombrado intendente provincial de Guanajuato en 1814. Iturbide aprovechó el puesto para convertirse en todo un cacique: monopolizaba el comercio y se apropiaba del presupuesto para su uso personal, además de que sus tropas robaban a los ganaderos y luego culpaban a los insurgentes.

Los notables guanajuatenses lo acusaron con Félix María Calleja, entonces virrey de la Nueva España, quien no hizo mucho caso, aparentemente porque recibía su tajada de los chanchullos de Iturbide. Pero el jueguito se le acabó cuando llegó un nuevo virrey: Juan Ruiz de Apodaca, quien sí escuchó las acusaciones y destituyó a Iturbide de su cargo. Acuérdense, porque esto es importante.

Para 1815 las cosas en la Nueva España tornaron a cierto estado de calma. Morelos y sus principales capitanes habían sido ejecutados; Apodaca ofreció un indulto real a los líderes insurgentes que quedaban y la mayoría de ellos aceptaron dejar las armas para vivir en paz. Sólo algunos líderes como Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria rechazaron el indulto y continuaron haciendo la guerrilla en zonas remotas del país, donde eran más un estorbo que una amenaza para el orden virreinal. Como Iturbide de verdad le caía mal al nuevo virrey, quien ya no tenía un buen uso para él en tiempos de paz, decidió refundirlo en una hacienda cerca de Chalco, cosa que el ahora popular y celebrado héroe realista no tomó con mucha gracia. Tomen nota.

El libertador



Ok, para entender lo que sigue hay que regresarnos a la Madre Patria y hablar de la Constitución de Cádiz. En 1812, con España ocupada por las fuerzas de Napoléon, un grupo de políticos, juristas y letrados liberales de la Península y de todo el Imperio Español se reunieron en la ciudad de Cádiz. Allí, acosados por los cañonazos franceses redactaron un nueva Constitución que acababa con el absolutismo y establecía una monarquía parlamentaria (siguiendo el modelo inglés). La Constitución de Cádiz (en cuya elaboración participaron representantes de la Nueva España) también abolía la Inquisición, el feudalismo, los derechos señoriales y el sistema de castas, con lo que otorgaba igualdad legal a todos los ciudadanos del Imperio Español. En fin, limitaba los privilegios del clero, la aristocracia y el ejército.

Esta constitución, liberal y revolucionaria, no pudo aplicarse realmente ni en España, que estaba en guerra contra los franceses, ni en la Nueva España, que estaba en guerra contra sí misma. Además, en 1814 el rey Fernando VII regresó al trono y lo primero que hizo fue echar a la basura la nueva constitución, porque al fin y al cabo el absolutismo lo manda Diosito. Aun así, la influencia de este documento fue tremenda para la historia de la Independencia, y ahora veremos por qué.

En 1820 una revuelta en España obligó al rey a reconocer la Constitución de Cádiz y éste no tuvo más remedio que hacerlo. La constitución tendría que aplicarse en la Nueva España, lo que causó que las clases privilegiadas paniquearan y empezaran a correr en círculos chocando los unos contra los otros. La Iglesia perdería muchos de sus ingresos y sus privilegios; los altos mandos militares, en su mayoría partidarios del absolutismo, podían ser llamados a España donde serían castigados por los liberales en el poder; los ricos perderían sus monopolios comerciales por las leyes del libre comercio.

Ante este panorama, empezaron a conspirar en el templo de la Profesa para dar autonomía a la Nueva España y que así se mantuviera el orden absolutista. Incluso pretendían invitar a su majestad Fernando VII para que gobernara México como monarca absoluto tal cual lo quiere Dios. O sea, si la guerra de Independencia inició porque sus líderes querían lograr un cambio radical para construir una sociedad más justa e igualitaria, al final se logró porque un montón de curas y riquillos querían dejar las cosas como estaban. Yey.

Los conspiradores de la Profesa querían que Iturbide, héroe para los realistas, regresara de su retiro para ser el líder militar de este complot. Para ello, convencieron al virrey Apodaca de que lo enviara a sofocar la guerrilla que Vicente Guerrero aun mantenía en las selvas del sur. Como a Iturbide estaba bien resentido contra el gobierno de Apodaca y veía la emancipación como una oportunidad de adquirir mayor poder, aceptó el trato.



Lo que sigue es bien conocido: en vez de derrotar a Guerrero, Iturbide empezó a cartearse con él para llegar un acuerdo. En 1821, después de mucha correspondencia, Guerrero salió al encuentro de Iturbide, se dieron un abrazo en Acatempan (es un decir) y acordaron luchar juntos por la Independencia de México con el Plan de Iguala. Se establecieron las Tres Garantías: religión, unión e independencia. Verde, blanco y rojo.

El resto fue como bajar una colina. Las guarniciones realistas se rendían o se sumaban al Plan de Iguala. Hubo muy pocos muertos en esporádicos enfrentamientos. Así como Iturbide había convencido a Guerrero, Antonio López de Santa Anna -otro realista de carrera- animó a Guadalupe Victoria a dejar la clandestinidad y unirse al movimiento. La Iglesia saludó el cuartelazo como una lucha santa contra la herejía liberal que había tomado posesión de España. En honor a Iturbide y el Ejército Trigarante, unas monjitas poblanas inventaron los chiles en nogada, que es lo mejor que salió de todo esto.

Cuando el liberal Juan O'Donojú, el último gobernante enviado por el gobierno liberal de España (no como virrey, sino capitán general), llegó a México, se dio cuenta de que no había nada más que hacer y firmó los Tratados de Córdoba en los que reconocía la independencia de la colonia. El 27 de septiembre de 1821, "casualmente" fecha de cumpleaños de Iturbide, el Ejército Trigarante entró triunfal a la Ciudad de México, con Iturbide a la cabeza como victorioso héroe. Y pos ahí termina la cosa.

Para ser justos, Iturbide no estaba interesado en llevar a cabo el proyecto de los absolutistas ni sentía mucho amor por los gachupines. Durante la guerra muchos criollos habían logrado avanzar en sus carreras militares y la llegada a México de más peninsulares (ni se diga el rey), significaría un retroceso para sus compatriotas. Su Plan de Iguala pretendía ser una especie de compromiso entre las ambiciones de los absolutistas y las de los insurgentes. Para la Iglesia, religión única y privilegios del clero; para españoles y criollos ricos, respeto a sus propiedades y puestos; para el pueblo, reducción de impuestos e igualdad ante la ley. El México independiente no sería una monarquía absolutista como querían los conservadores, ni una república como anhelaban los independentistas, sino una monarquía moderada. O sea, que trató de dejar contentos a todos. Lo cual, en este país, es suicida.

El Emperador



Para organizar el gobierno, Iturbide estableció una "regencia" encabezada por él mismo y llamó a conformar un Congreso del cual excluyó a los líderes insurgentes. El libertador se recompensó a sí mismo de 120 mil pesos anuales (el doble de lo que ganaba un virrey) y se regaló 20 leguas cuadradas de terrenos en Texas. Mientras, el país agonizaba en la ruina en que lo habían dejado 11 años de guerra civil.

Como Fernando VII obviamente no aceptó ser rey de México, y tampoco ningún otro monarca o príncipe europeo, en 1822 los seguidores de Iturbide lo proclamaron Emperador. El Congreso estaba tan intimidado que no tuvo más remedio que aceptarlo. Todo mundo lo celebró. Guerrero aceptó de buen grado la coronación. Sólo Guadalupe Victoria dijo fuck this shit y se volvió a ir a la selva para armar la guerrilla contra el nuevo tirano.

No le duró el gusto al flamante Agustín I. El país estaba todo dado en la madre, mientras él y la Emperatriz se afanaban para crear en México una parodia Región 4 de las fastuosas cortes europeas. Su pompa y derroche resultaron entre ridículos y ofensivos para un país que se estaba muriendo de hambre. Los ánimos de las masas son volubles, y quien fuera aclamado "portento del mundo", luego fue odiado por la mayoría. Las expresiones de descontento no tardaron en aparecer.

El país estaba lleno de enemigos de Iturbide. Los absolutistas querían que México volviera a ser parte del Imperio Español. Los republicanos querían, pues, una república. Nadie quería a Iturbide y lo culpaban de todos los males del país. Harto de sus conspiraciones, Iturbide disolvió al Congreso y mandó a encarcelar a sus opositores para gobernar él solito.




No es que el Congreso fuera un ejemplo de organización parlamentaria democrática. Pasaron meses y sus integrantes, electos por dedazo, ni madres que escribían una constitución y no más se la pasaban discutiendo sus sueldos y facultades. Hasta tenían la intención de convertirse en el órgano central de gobierno y que todo el poder quedara en sus manos.

Como sea, su disolución provocó la ira de medio país. Los antiguos insurgentes, como Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero se unieron en una rebelión en su contra, encabezada por Antonio López de Santa Anna, quien no más se levantó en armas porque Iturbide ya sospechaba que recibía sobornos de los españoles en San Juan de Ulúa y le había ordenado ir a la Ciudad de México. Santa Anna tenía buenos negocios y poder en Veracruz, y como no quería perderlos, optó por derrocar al ya de por sí nada popular Emperador. Eso lo hizo en nombre de la República, claro está, aunque, como él mismo confesaría después, en ese entonces ni siquiera sabía lo que significaba la palabra. En fin: Santa Anna, otro héroe al que los chupamitos de Internet tratan de redimir.

La insurrección tuvo un éxito rápido y en mayo de 1823, sólo ocho meses después de su coronación, Agustín I partió al exilio. Intentó volver en 1824; sus seguidores lo convencieron de que tenía simpatizantes en todo el país y que con nomás poner un pie en tierra firme todos se levantarían para regresarlo al trono. Pero no más era wishful thinking: casi bajándose del barco, Iturbide fue apresado. Ignoraba que el nuevo gobierno republicano lo había declarado enemigo de la patria. El Emperador fue fusilado el 19 de julio de ese año.

Un balance



A pesar de su título y de su armiño, Iturbide estaba muy lejos de ser un verdadero monarca al estilo de Napoleón o Federico el Grande. Fue más bien un caudillo latinoamericano, un dictadorzuelo de ésos que nuestras regiones han dado con prodigalidad: autoritario, incompetente, pagado de sí mismo, ridículo en sus aires de grandeza y, en última instancia, muerto como perro.

¿Por qué Iturbide tendría que ser considerado un héroe? Si evaluamos sus logros veremos que lo que realmente tiene es haber consumado la Independencia legal de México. Eso es todo. Además, lo hizo después de haber pasado años luchando para evitar que se diera esa Independencia, y con el apoyo de los poderosos que no querían perder sus privilegios, los mismos que por esa misma causa habían frustrado el primer intento pacífico en 1808 y combatido la insurgencia desde 1810.

A Hidalgo lo mataron a menos de un año de haber iniciado el movimiento, pero Morelos siguió esa misma lucha y quienes finalmente fundaron la República -Bravo, Guerrero, Victoria- empezaron peleando bajo sus órdenes. O sea, que hay una continuidad entre lo que inició el 16 de septiembre de 1810 y lo que culminó en octubre de 1824, así que pueden decir lo que quieran, menos que el levantamiento de Hidalgo fue irrelevante. Iturbide aparece como un paso más en ese proceso, un mal paso necesario al que había que darle prisa.



Si nos vamos a sus acciones veremos que como gobernante Agustín I fue pésimo y como militar fue un hombre tan cruel y sanguinario como se acusa que lo fueron Hidalgo o Morelos. Lo cierto es que las guerras eran así en esos tiempos y la magnanimidad no era lo más común. Y vamos, eso no hace que esté bien, pero no veo el sentido en hacer énfasis en que Hidalgo fue un asesino de masas porque sus tropas masacraron gente y que Iturbide fue un héroe porque sus tropas masacraron gente. Pos sí, a Hidalgo se le botó la canica, se creía invencible y se hizo llamar Su Alteza Serenísima. Pero Iturbide se hizo coronar Emperador, no mamen. 

Si nos vamos a sus motivaciones, como se vea Iturbide sale perdiendo. Porque Hidalgo quería abolir la esclavitud y el sistema de castas, y Morelos no sólo eso, sino fundar una nueva nación basada en la igualdad ante la ley y la separación de poderes para evitar la tiranía. Iturbide sólo era un oportunista, aficionado al poder y al dinero, que tuvo la suerte de estar en el lugar correcto en el momento correcto.

Si a personajes nos vamos, no sé ustedes, pero si he de escoger un héroe (y eso del culto a la personalidad no me late), la neta prefiero al cura dicharachero, campechano, mujeriego y bebedor, tan culto como desmadroso, que lo mismo hablaba latín, francés, náhuatl y purépecha, traductor de Moliére, amigo de los indios y los pobres, y tan aficionado al toreo que le dio por torear a sus prisioneros españoles. ¿Por sobre un niño rico hijo de papi que dedicó toda su vida a pelear por sus privilegios de clase? Sí, en cualquier momento.

¿Qué importa todo esto?



No se dejen engañar. Los hispanistas, mitófagos o cual sea el nombre que usen estos revisionistas históricos, así como sus maestros histo-pop, no están en pos del descubrimiento de los hechos objetivos para comunicarlos al gran público. Su propósito es construir y difundir una narrativa cuasi mitológica que vaya de acuerdo con sus posturas ideológicas conservadoras, si no de plano retrógradas. Nacionalismo decimonónico, catolicismo intolerante, autoritarismo fascistoide, clasismo, racismo, misoginia y homofobia abiertos o muy mal disimulados. 

Sus contradicciones son delirantes hasta la esquizofrenia: la Independencia fue mala porque la Colonia era un paraíso, pero el verdadero héroe es Iturbide porque él logró la Independencia; la Reforma fue mala y estaríamos mejor con el Imperio de Maximiliano, que el verdadero héroe es Porfirio Díaz porque él hizo la Reforma y derrotó a los franceses; que Juárez es un traidor proyanqui, pero que los conservadores que trajeron al ejército francés sólo querían lo mejor para México.

No es de extrañar que estos personajes se suban al tren del mame del derechairismo internacional, con su apoyo a Trump, su admiración hacia Putin, su lucha contra los fantasmas inexistentes de la "ideología de género" y el "marxismo cultural", y su coqueteo casual con otros fantoches asiduos a revisar la historia para contárnosla al revés: los neonazis. Pero el Mitófago tiene casi 200 mil seguidores en Facebook, así que le ha de estar funcionando.

Bibliografía:
  • Esbozo de historia de México - Juan Brom
  • La epopeya de México - Armando Ayala Anguiano
  • Historia de México - Héctor Barroy Sánchez



PD: Mi insurgente favorito es Guadalupe Victoria, era un verdadero badass y todos ustedes se la comen.

8 comentarios:

Unknown dijo...

Guadalupe Victoria rifaba.
Ojalá puedas hacer una entrada de ese héroe tan menospreciado.

Anónimo dijo...

Quién es ese mitofago de 200 k seguidores wn fb a quien te refieres

Maik Civeira dijo...

Unknown: Ahí ta el enlace :v
Anon: Un derechairo de aquellos

R dijo...

"Esta constitución, liberal y revolucionaria, no pudo aplicarse realmente ni en España, que estaba en guerra contra los franceses, ni en la Nueva España, que estaba en guerra contra sí misma."

Te mmaste!! :D

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

En el anonimato el chisme pierde el chiste. Jajajaja. Ah, seguro que el revisionista ese del que escribes también pertenece a uno de esos horrorosos grupos de Nacionalismo Criollo. Guacala.

Por cierto Mike, estoy subiendo una serie de episodios sobre historia prehispánica de México. Los hice para ayudar a los profesores de educación básica, dándoles opciones de material didáctico. Te invito a que los revises y me comentes si los ves útiles.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLY-4TmxgyBMw1Tl506vxARorp0JiyP1PZ

Anónimo dijo...

Cómo iba?

Va mi espada enprenda y voy por ella...

Verreaux dijo...

Lo triste es que aun tiene muchos admiradores, que se la pasan soñando con que sus decendientes a los que llaman "la familia imperial mexicana" regrese y tome el trono, y lamentandose que no tengamos monarquia por culpa de los masones, los gringos, o el grupo de sus fobias favorito.

Confieso que en algun momento, me incluia en esos grupos que buscaban analizar la historia, si bien tenia participantes imparciales con verdadero gusto por la historia, todo se perdia por la mania de los revisionistas parciales y sus traumas, con su hispanofilia, la leyenda rosa, su adoracion a la monarquia, su fobia a los estados unidos, sin mencionar los que llegaban con sus traumas raciales.

YO IMAGINO dijo...

Muy...muy interesante. Me encantó leerte.

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