jueves, 19 de octubre de 2017

Los orígenes del totalitarismo



"Nunca nuestro futuro ha sido tan impredecible, nunca hemos dependido tanto de fuerzas políticas de las que no podemos confiarnos que sigan las reglas del sentido común y el interés propio –fuerzas que parecen demencia pura, si las juzgamos con los estándares de otros siglos."

Hannah Arendt (1906-1975) fue una de las grandes pensadoras del siglo XX. Nacida en Alemania de una familia judía, vivió de primera mano el ascenso del nazismo en Europa. Huyó a Francia, pero cuando este país fue ocupado por los nazis, ella fue internada en un campo de prisioneros. Logró escapar a los Estados Unidos, donde tuvo una prolífica carrera como politóloga y profesora universitaria. En 1951 publicó su magna obra, uno de los textos de filosofía política más importantes de nuestros tiempos, Los orígenes del totalitarismo.

Casi 70 años después, este libro se convirtió en un éxito de ventas en Amazon, considerado como una referencia obligatoria para entender el clima político en el que estamos viviendo, con el resurgimiento de movimientos neonazis, cada vez más envalentonados bajo la presidencia de Donald Trump, y la admiración hacia figuras como Vladimir Putin, que representa la pérdida de fe en la democracia liberal y la nostalgia por el autoritarismo de antaño.

En este contexto, decidí leerme el libro. Fue una toda una experiencia, como someterme a un curso intensivo bajo la guía de una maestra extraordinaria. La erudición de Arendt y la profundidad de su pensamiento me impactaron, al igual que su estilo como prosista (tenía un indiscutible talento literario) y la claridad de su exposición.




Esta obra monumental está dividida en tres partes: Antisemitismo, Imperialismo y Totalitarismo. En las dos primeras presenta los antecedentes sociales, culturales e ideológicos que derivaron en el totalitarismo, y en la última (la mejor y más interesante) expone cómo los movimientos extremistas llegaron al poder y cuál es su naturaleza y su funcionamiento.

Arendt afirma que el totalitarismo, como fenómeno político, es algo totalmente nuevo, a pesar de sus raíces y antecedentes, y que no es igual a las dictaduras y tiranías de otros tiempos y lugares. Según ella, sólo han existido dos regímenes verdaderamente totalitarios: el nazismo y el estalinismo. Ni siquiera otras dictaduras fascistas o comunistas tuvieron el alcance de aquellos dos regímenes, porque no pretendían subsumir la totalidad de la existencia humana en un proyecto megalómano cuyos alcances no eran menos que la globalidad y la perpetuidad.

Para comprender mejor la relevancia actual de este libro y las ideas de su autora, he decidido exponer brevemente de qué se trata cada parte e ilustrarla con una selección de citas. Incluyo para cada sección un libro recomendado que sería un excelente acompañamiento para intercalar con la lectura.

PARTE I: ANTISEMITISMO




Arendt nos habla del antisemitismo como un fenómeno relativamente reciente, en oposición al clásico “antijudaísmo”, que es como ella llama al desprecio, discriminación y persecuciones que secularmente los judíos habían sufrido en Europa. La diferencia radica en que el antisemitismo es una ideología y una teoría conspiratoria. Los judíos no son vistos simplemente como seres despreciables (los asesinos de Jesús, usureros inmorales que se aprovechan de los cristianos, etc.), sino como una fuerza siniestra que mueve los hilos del mundo.

Arendt, por supuesto, señala lo absurdo de estas nociones conspiratorias. Explica la historia de los judíos en el seno de la sociedad europea a lo largo de los siglos XVIII y XIX, y hace énfasis en el enriquecimiento de familias como los Rotschild, cuya prosperidad sirvió de combustible para la paranoia antisemita, cuando en realidad el interés e influencia de los judíos como colectivo en la política era casi nulo. De ahí que funcionaran como financieros de casi cualquier gobierno, sin importar sus inclinaciones: les interesaban los negocios, no la ideología.

Las familias judías adineradas formaban una especie de comunidad transfronteriza con intereses supranacionales, lo cual generaba una hostilidad natural en tiempos de auges nacionalistas. Además, las prerrogativas que los judíos habían gozado tradicionalmente por ser considerados un grupo aparte, aunque fueron demolidas en nombre de la igualdad tras la oleada revolucionaria que iniciara en Francia, fueron también fuentes de resentimiento. La trágica ironía es que para cuando el antisemitismo se había vuelto más feroz y virulento, una gran parte de la población judía se había asimilado al resto, y entonces el “ser judío” se convirtió en una cuestión de nacimiento, y no ya en una pertenencia a una religión, cultura y comunidad.

El caso Dreyfus y los Protocolos de los sabios de Sión son explicados con detalle en sus antecedentes y consecuencias. No deja de abordar el papel de las izquierdas en la difusión del antisemitismo. Por otro lado, el elemento conspiranoico es una parte tan fundamental del totalitarismo que merece un texto aparte, el cual pueden leer aquí.

Lectura para acompañar: El cementerio de Praga de Umberto Eco


"La política totalitaria –lejos de ser simplemente antisemitismo, racismo, imperialismo o comunismo- usa y abusa de sus propios elementos ideológicos hasta que desaparece por completo la base de la realidad factual, de las que las ideologías obtienen su fuerza y su valor propagandístico –la realidad de la lucha de clases, por ejemplo, o los conflictos de interés entre los judíos y sus vecinos."
"Comparados con los acontecimientos mismos, todas las explicaciones del antisemitismo aparecen armadas de una forma precipitada y torpe, para cubrir un asunto que tan gravemente amenaza nuestro sentido de la proporción y nuestra esperanza de cordura."
"El antisemitismo, habiendo perdido sus cimientos en las condiciones especiales que habían influido en su desarrollo durante el siglo XIX, ahora podía ser transformado libremente por charlatanes y lunáticos en esa mezcla de medias verdades y supersticiones que emergieron en Europa después de 1914: la ideología de todos los elementos frustrados y resentidos de la sociedad."
"Si las doctrinas raciales finalmente sirvieron a propósitos políticos más siniestros e inmediatos, es verdad que mucho de su plausibilidad y poder de persuasión yacía en el hecho de que permitían a cualquiera sentirse un aristócrata, un elegido por la fuerza de sus cualidades raciales."
"Todos los desclasados de la sociedad capitalista estaban listos al fin para unirse y establecer sus propias organizaciones turbulentas. La turba es un grupo en el que los residuos de todas las clases están representados. Esto hace que sea fácil confundir a la turba con el pueblo, que también comprende todos los estratos de la sociedad. Mientras que el pueblo en todas las grandes revoluciones lucha por verdadera representación, la turba siempre aclama al “hombre fuerte” al “gran líder”. Pues la turba odia a la sociedad de la que ha sido excluida, tanto como al Parlamento que no la representa. Los plebiscitos, por tanto, que los modernos demagogos han aprovechado con éxito, son un viejo concepto de los políticos que dependen de la turba."
"El caso del desafortunado capitán Dreyfus demostró al mundo que en cada judío millonario o noble permanecía el viejo paria, quien no tiene patria, para quien no existen los derechos humanos y a quien la sociedad puede gustosamente excluir de sus privilegios."

PARTE II: IMPERIALISMO




En esta sección Arendt se ocupa del desarrollo del imperialismo, tanto la expansión de imperios como Inglaterra y Francia hacia posesiones ultramar, como los movimientos pan-nacionalistas en Europa, que pretendían unificar a todos los miembros de una misma “raza” en sendos Estados-nación.

La importancia del imperialismo en el desarrollo de las ideologías totalitarias es múltiple. Por un lado, la experiencia imperialista creó por vez primera una política global y el ideal de la expansión por la expansión misma demostró que es posible para una entidad seguir extendiéndose sobre otras de forma prácticamente ilimitada.

Es aquí en donde se desarrollan las primeras doctrinas racistas, como una forma de justificar la dominación de los europeos sobre los pueblos del mundo. De hecho, uno de los capítulos más interesantes está dedicado al desarrollo del racismo como ideología, que se remonta al siglo XVIII. Tampoco olvidemos que los primeros campos de concentración y los primeros experimentos más o menos organizados para exterminar a poblaciones enteras se dieron en el África colonial.

Pero el racismo no era sólo de bancos contra africanos o asiáticos: se daba también entre europeos. Se sostenía que existía una esencia en cada raza, que la hacía diferente a todas las demás. Los primeros desvaríos sobre la “raza aria” se dieron en Francia, para justificar la superioridad de la recién derrocada aristocracia (de origen germánico) sobre la plebe revoltosa (de origen galorromano). Lo nórdicos, se aseguraba, eran por naturaleza superiores a los mediterráneos y los eslavos, y estas ideas llevaban circulando por más de un siglo antes de que Hitler escribiera Main Kampf. De ahí las justificaciones del imperialismo continental y los movimientos pangermánicos y paneslavos.

Algo que me llamó la atención sobre este capítulo, al relacionarlo con los eventos actuales, fue lo que Arendt dijo acerca de los refugiados tras las guerras europeas, especialmente la Primera Guerra Mundial. Los refugiados de guerra se convirtieron en seres sin patria, y por lo tanto, sin derechos. Ningún Estado podía avalar sus derechos más elementales; era como si no existieran en calidad de personas jurídicas. Además, la experiencia de los campos de refugiados, cuyos habitantes eran tratados cual criaturas subhumanas, fue uno de los antecedentes más inmediatos de los campos de concentración, tanto de los nazis como de los gulags soviéticos.




"El imperialismo nació cuando la clase dominante en el sistema de producción capitalista se topó con las fronteras nacionales como limitantes a su expansión económica. La burguesía se volvió hacia la política por necesidad económica; si quería preservar el capitalismo, cuya ley inherente es el crecimiento económico constante, debía imponer dicha ley en los gobiernos nacionales y declarar que la expansión era el fin último de la política exterior."
"El poder por sí mismo no puede sino adquirir más poder y la violencia ejercida por el bien del poder mismo (y no por la ley) se convierte en un principio destructivo que no se detiene hasta que no quede nada más que violar."
"El racismo puede bien acarrear la perdición para el mundo occidental y, para el caso, de la humanidad misma."
"Una ideología difiere de una simple opinión en que aquélla asegura poseer la clave de la historia, la solución para todos los misterios del universo o el conocimiento íntimo de las ocultas leyes universales que supuestamente rigen sobre la naturaleza y el hombre."
"El imperialismo habría necesitado del racismo como la única “explicación” y excusa posible para sus actos, incluso si ninguna idea de raza hubiera existido antes en el mundo civilizado."

"La raza era la forma en la que los europeos explicaron a seres humanos que no podían entender, cuya humanidad misma les asustaba y los humillaba tanto que no querían pertenecer a su misma especie."
"La conciencia de raza es violenta en aquellos que no tienen nada que perder, salvo su pertenencia a la raza blanca."


"Que los nazis encontraran tan poca resistencia por parte de la policía de los países que ocuparon y que fueran capaces de organizar el terror con la ayuda de las fuerzas policiacas, se debió en parte a la posición de poder que la policía había obtenido durante años de dominio arbitrario e irrestricto sobre los apátridas y refugiados."
"Lo que no tenía precedentes no era la pérdida del hogar sino la imposibilidad de encontrar uno nuevo. De pronto no había lugar en la tierra a donde los migrantes pudieran ir sin las más severas restricciones; ningún país en el que fueran asimilados, ningún territorio en el pudieran fundar una nueva comunidad propia. Esto no tenía que ver con problemas materiales o sobrepoblación; no era un problema de espacio, sino de organización política."
"Los refugiados eran perseguidos no por lo que hubieran hecho o pensado, sino por lo que inalterablemente eran; por haber nacido en la raza o clase social equivocada, o por haber sido conscriptos por el tipo equivocado de gobierno."
"El peligro es que una civilización global, universalmente interrelacionada, produzca a sus propios bárbaros de entre su propio seno, al forzar a millones de personas a vivir en condiciones que, a pesar de las apariencias, son salvajes."
"La iniciativa de expansión ultramarina se ha mudado de Inglaterra y Europa Occidental hacia los Estados Unidos de América; y la iniciativa de expansión continental ya no viene de Europa Central ni Oriental sino que exclusivamente se encuentra en Rusia."

PARTE III: TOTALITARISMO




La tercera y última parte es, como les dije, la más interesante. Aquí Arendt hace no sólo un recuento de cómo surgieron el nazismo y el estalinismo y cómo conquistaron el poder, sino cuáles son las características esenciales de los regímenes totalitarios. En efecto, aunque las filosofías políticas en las que se basan los movimientos encabezados por Hitler y Stalin se encuentran en extremos opuestos del espectro ideológico, tienen en común el afán por controlar totalmente cada aspecto de la vida humana y por extender su dominio de manera ilimitada.

En pasajes que recuerdan de forma aterradora lo que estamos viendo suceder actualmente en el mundo, Arendt advierte del uso que los movimientos totalitarios dieron a la propaganda, en especial a las teorías conspirativas; del descaro y la desvergüenza de los líderes totalitarios para cambiar constantemente su discurso, pretendiendo cambiar así la realidad; de la ceguera de las élites que pensaron que podrían mantener bajo su control a los nuevos dictadores para asegurar su propio beneficio; de la extraña alianza entre las élites y la turba para aplastar a los elementos moderados de la sociedad; de la ingenuidad de los gobiernos no totalitarios que, incapaces de comprender la lógica de estos regímenes, creyeron ver en ellos déspotas con los que se podría negociar con base en los principios de pragmatismo e interés propio; y finalmente, de los campos de la muerte, tanto nazis como estalinistas, en los que se buscaba no sólo apagar vidas humanas, sino la totalidad destrucción de la humanidad misma.

Uno de los puntos en los que más insiste Arendt es en lo inéditos que son los totalitarismos, a pesar de que tengan antecedentes ideológicos y prácticos en la historia de Europa. Tampoco puede dejar de hacer énfasis en lo monstruosos que son y el peligro que representan para la humanidad. Sus principios insidiosos son capaces de colarse en el discurso político cotidiano y antes de que conquisten el poder y se dejen ver tal cual son, pueden normalizarse y hacerse pasar por posturas políticas legítimas si no estamos alerta.

Sucede que los elementos característicos del totalitarismo no desaparecen una vez que han sido derrotados sus regímenes o mueren sus líderes. La tentación totalitaria sobrevive y las condiciones que engendraron esos movimientos pueden volver a darse. Por más que conozcamos la historia no podemos predecir el futuro.

Con todo, Arendt nos deja una esperanza: la misma mortalidad humana hace posible que haya inicios y finales, y con cada uno, la renovación. No me extraña que este libro se haya convertido en uno de los más vendidos del último año. Mucho de lo que habla Arendt puede verse en el mundo contemporáneo, si bien de otras formas y bajo otros colores. El único inconveniente de tan monumental obra es, quizá, su extensión. De todos modos, sería bueno que se leyera y comentara mucho.

"Sería un error asumir que la inconstancia y desmemoria de las masas es señal de que están curadas del espejismo totalitario, que ocasionalmente se identifica con el culto de Hitler o Stalin; lo opuesto bien podría ser verdad."
"La popularidad de esos movimientos no puede atribuirse a una propaganda magistralmente fraudulenta que vence sobe la estupidez y la ignorancia. Pues la propaganda de los movimientos totalitarios que precede y acompaña a sus regímenes es invariablemente tan franca como es falaz, y los aspirantes a líderes usualmente inician sus carreras alardeando de sus crímenes pasados y detallando los futuros."
"Los movimientos totalitarios utilizan y abusan de las libertades democráticas para abolirlas. Esto no se trata de simple astucia demoniaca de parte de sus líderes, o de estupidez pueril por parte de las masas."
"Pronto se hizo evidente que muchas personas de alta cultura fueron particularmente atraídas por los movimientos de masas y que, en general, el individualismo y la sofisticación no prevenían, incluso a veces alentaban, el abandono de la propia identidad y la disolución hacia la masa que el movimiento proveía."

"La verdad es que las masas crecieron de los fragmentos de una sociedad altamente atomizada cuya estructura competitiva y la correspondiente soledad del individuo habían sido mantenidas a raya sólo por la pertenencia a clases sociales."

"Los movimientos totalitarios son organizaciones masivas de individuos aislados y atomizados. Comparados con todos los otros partidos y movimientos, su característica externa más conspicua es su demanda de lealtad total, irrestricta, incondicional e inalterable del individuo. Tal lealtad sólo puede esperarse de un ser humano completamente aislado que, sin más lazos sociales, a su familia, amigos, camaradas o incluso meros conocidos, deriva su sentido de tener un lugar en el mundo de su pertenencia al movimiento."
"Los instintos antihumanistas, antiliberales, antiindividualistas y anticulturales de toda una generación, su celebración brillante e ingeniosa de la violencia, el poder y la crueldad, fueron precedidos por la incómoda y pomposa prueba “científica” de la élite imperialista de que la lucha de todos contra todos es la ley del universo."
"Himmler demostró su habilidad suprema para organizar a las masas hacia la dominación total asumiendo que la mayor parte de las personas no son bohemios, fanáticos, aventureros, maniáticos sexuales, lunáticos o fracasados sociales, sino primeramente trabajadores y gente de familia."
"La dominación total no permite la iniciativa libre en ningún campo de la vida, ninguna actividad que no sea enteramente predecible. El totalitarismo en el poder invariablemente reemplaza todos los talentos de primer nivel, sin importar sus simpatías, con esos orates e idiotas cuya falta de inteligencia y creatividad es todavía una mejor garantía de su lealtad."

"La propaganda es el instrumento con el que totalitarismo lidia con el mundo no totalitario; el terror, por el contrario, es la esencia misma de esta forma de gobierno."
"En los regímenes totalitarios la oposición política no es el pretexto para el terror, sino el último impedimento para que desate toda su furia."
"El supremo desinterés por las consecuencias inmediatas y no la osadía; la negligencia a los  intereses nacionales y no el nacionalismo; el desdén por los motivos utilitarios y no la persecución desconsiderada del interés propio; el “idealismo”, es decir, su fe inamovible en un mundo ideológico ficticio, y no la lujuria de poder… Todo esto introdujo en la política internacional un factor nuevo y más perturbador de lo que la mera agresividad habría sido capaz."
"Excepto en los últimos años de la guerra, cuando el uso de material humano en los campos de concentración no era determinado solamente por Himmler, el trabajo forzado no tenía más propósito que aumentar la carga y la tortura de sus desafortunados prisioneros."
"El miedo a los campos de concentración y el conocimiento resultante de la naturaleza de la dominación total pueden servir para invalidar todas esas diferencias políticas obsoletas de izquierda a derecha, e introducir por encima de ellas el estándar más importante para medir los acontecimientos de nuestro tiempo: si sirven o no al totalitarismo."

"Los campos de concentración, al hacer la muerte misma anónima (haciendo imposible si un prisionero vive o muere), le arrebatan su significado como fin de una vida plena. En cierto sentido, le roba a un individuo su propia muerte, demostrando así que nada le pertenece y no pertenece a nadie. Su muerte sólo sella el hecho de que en realidad nunca existió."
"Las soluciones propuestas por el totalitarismo bien podrían sobrevivir a las caídas de sus regímenes, en la forma de tentaciones fuertes que vendrán siempre que parezca imposible aliviar la miseria política, social o económica en una manera digna del ser humano."
"El súbdito ideal del totalitarismo no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino un pueblo para quien la distinción entre la realidad y la ficción, entre lo verdadero y lo falso, ha dejado de existir."
"Permanece la verdad que todos finales en la historia contienen un nuevo comienzo; ese comienzo es una esperanza. Comenzar de nuevo es la suprema capacidad del ser humano; políticamente, es idéntico con su libertad. Este comienzo es garantizado por cada nuevo nacimiento; es en verdad cada ser humano."


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