miércoles, 25 de octubre de 2017

¿Qué es una película de terror? (Primera parte)



Introducción

Como todos los años, este octubre me he puesto a ver las pelis de terror que han visto la luz últimamente, y a subir las respectivas reseñas en mi página de feis. Entre que busco recomendaciones en aquellos sitios de Internet que prometen listas de las mejores pelis de miedo de los últimos años, y entre que decido si pongo las reseñas en una de mis carpetas o en la otra, me reencuentro un viejo dilema: ¿qué es lo que hace que una peli sea de terror?

Al ver que algunos títulos que no considero “de terror” aparecían con frecuencia en estas listas (como Black Swan) o que películas que me habían recomendado como “de terror” no me parecieron tales (como Get Out y Grave), regresé a plantearme esa misma duda y a poner a prueba las respuestas tentativas que me daba desde que era un pequeño obsesivo con una compulsión por clasificarlo todo.

No me quiero clavar con la diferencia entre “horror” y “terror”, que hay gente que le quiere dar muchas vueltas al asunto y se dicen cosas como que “uno es como el erotismo y el otro es como la pornografía”, pero ya ni me acuerdo de cuál era cuál, si bien como emociones humanas podemos percibir que no es lo mismo sentirse horrorizado que sentirse aterrado. Por pura comodidad y sin razones teóricas de por medio, en este par de entradas llamaré "terror" al género (ej. "pelis de terror") y "horror" a la reacción emocional.

Al fin y al cabo estamos en una discusión bizantina porque en la realidad, aunque clasificar las cosas puede ser útil para entender el mundo y no hacernos tantas bolas, lo cierto es que siempre habrán casos fronterizos difíciles de delimitar, más aun tratándose de algo tan ambiguo como los géneros cinematográficos. Que son dos, realmente: ficción y documental, y que son los de ficción los que se subdividen en todos esos que conocemos, más para cuestiones mercadológicas que para análisis teórico. Y eso hay algo llamado teoría de los géneros (genre theory, no confundir con teoría de género, o gender theory, que es a lo que le tienen miedo los derechairos), pero neta que no me ha servido de gran cosa.




¿Cuál dirían ustedes que es el elemento fundamental de una película de terror? Quizá podríamos pensar en la emoción que se supone debe producir. Ya desde tiempos del teatro griego se había delimitado que la diferencia fundamental entre los dos géneros, la tragedia y la comedia, radica principalmente en que una busca conmover mientras que la otra pretende hacer reír. Podríamos extender esa diferenciación clásica hacia los géneros contemporáneos en el cine. Así, la aventura pretende estimular nuestro, eh, "espíritu de aventura" (a falta de un mejor nombre, y perdonen por la rebuznancia), la acción algo así como nuestro "espíritu de lucha" (mismo caso) y el cine de terror busca producir miedo.

Aristóteles hablaba de la catarsis, la experiencia del público al contemplar las desgracias que sufren los personajes de una tragedia. El público podía así experimentar la tristeza y otras emociones fuertes, pero seguros de no ser ellos los que corren dichos peligros. De la misma manera, puede reírse de lo ridículo representado en las comedias, sin ser ellos los que se sometan al ridículo. Extrapolando al buen Aris podríamos suponer que el cine de terror nos permite experimentar miedo, una emoción primaria y evolutivamente muy útil, sin correr riesgos innecesarios. Ahora bien, ¿cómo logra el cine de terror causarnos miedo?

La raíz del miedo

Súbanse conmigo al tren del mame de inventar conceptos, por qué diablos no, que al fin hoy en día cualquiera puede volverse teórico en Internet. Así, he decidido clasificar tres tipos de reacciones emocionales (espanto, suspenso y horror) que se generan mediante la combinación de tres tipos de elementos narrativos (audiovisuales, actanciales y argumentales).

Los elementos auditivos y visuales en las películas de terror son de lo más básico y consisten en señalizadores de peligro, imágenes y sonidos que percibimos como amenazantes y activan de inmediato nuestros primitivos sensores de alerta: gritos, aullidos, rugidos, música siniestra o silencio absoluto, sangre, cráneos, cadáveres, objetos afilados, oscuridad y penumbras, etc. Estos elementos pueden formar parte del escenario y así contribuir a la creación de la atmósfera deseada, o conformar el aspecto del monstruo (y los visuales están en el póster de la peli para que el público sepa de qué va).



Con elementos actanciales me refiero a la agencia o personaje que realiza una función dentro de una narración, en el sentido usado por Algirdas Greimas (ni viene al caso invocar a Greimas, pero suena mamalón). En este caso, el actante por excelencia en el género de horror es el monstruo, un ser al cual percibimos como una amenaza que podría matarnos o hacernos daño; puede ser una entidad sobrenatural, un engendro de la ciencia o simplemente un asesino psicópata o un animal salvaje. Lo importante es que el monstruo tiene una relación con los demás personajes como la que tiene un depredador con sus presas.

Visualmente se construye con los señalizadores de peligro: colmillos, garras, ojos grandes y amenazantes (o ausencia de ojos), rostros deformes o casi humanos (o el uso de una máscara o maquillaje), etc. Si estos seres además violan el orden natural del mundo que conocemos, son entes que no deberían existir o tienen poderes que hacen casi imposible defenderse de ellos, el miedo que producen puede ser mayor.

Por último tenemos pos elementos argumentales, es decir, lo que sucede. En nuestras pelis se trata de situaciones de pesadilla: tortura, mutilación, canibalismo, encierro, muerte propia o de seres queridos, estar rodeados de enemigos que se camuflan como personas ordinarias, estar bajo el poder de alguien o algo de lo que no podemos protegernos, ser incapaces de confiar en la propia razón y los sentidos, etc.



Ahora veamos las reacciones emocionales que este tipo de películas pretenden generar mediante la combinación de esos elementos y que son a lo que indistintamente nos referimos cuando decimos que “sí da miedo”. Una sería el sobresalto y es la más fácil y barata. Consiste en atrapar desprevenido al espectador con algo sorpresivo. Un monstruo que salta de pronto frente a la pantalla o un sonido súbito en medio del silencio… Lo importante es ese contraste entre la quietud y un sobresalto inesperado, que es lo que nos espanta.

Claro que el cine ha evolucionado y desarrollado los “falsos sobresaltos”, momentos en los que la cinta nos presenta señales que –como hemos aprendido con los años- anuncian la llegada de un sobresalto y con ello nos ponen alerta sólo para engañarnos después. Desde luego, también hemos aprendido que después de un falso sobresalto por lo general viene un sobresalto verdadero cuando bajamos la guardia.

Otra emoción, más compleja y difícil de lograr, es el suspenso, una forma de tensión o ansiedad que como espectadores experimentamos cuando sabemos o sospechamos que los personajes están en peligro, pero no estamos seguros de lo que va a pasar. Es lo que nos tiene “a la orilla del asiento”. Claro, para que esto funcione, tenemos que interesarnos en los personajes y en lo que les suceda, y pensar que de verdad pueden estar en peligro. En cuanto a que tememos por los personajes, el suspenso es una forma de miedo. Ignorancia sobre la naturaleza de la amenaza o ambigüedad sobre su presencia pueden acentuar el estrés, que en último grado puede convertirse en desesperación o paranoia.




Por último tenemos el horror mismo ante lo que se presenta en pantalla. Nos horroriza lo que vemos; la simple idea de vivir algo así, de enfrentarnos a monstruos o dementes como aquellos, de encontrarnos en escenarios similares, nos parece horrible. Para que funcione, el horror debe presentarse en una situación verosímil (que no es lo mismo que realista, ojo), de forma que nos permita por un momento suspender nuestra incredulidad y sumergirnos en las ilusiones que la ficción plantea. En un grado máximo, que pocas películas logran, esa sensación permanece después de los créditos finales: a nivel irracional y primitivo tememos que cosas como las que acabamos de presenciar nos sucedan de pronto (funciona mejor si estamos pachecos… me han contado).

En el cine de terror, las otras dos emociones tienen que estar relacionadas con el horror. Es decir, el suspenso que se siente cuando nuestro héroe está, digamos, tratando de desactivar una bomba, pertenece al género de acción. En cambio, el suspenso que sentimos cuando un personaje entra en una casa oscura en la que sospechamos que hay algo horroroso, identifica al género de terror. Aquello que nos sobresalta debe ser igualmente horroroso. Puede ser un gato o algo así en algún momento de falso sobresalto, pero después tiene que ser aquello que protagoniza nuestra historia de terror.

A veces también los elementos de una peli de terror pueden generar repugnancia, que es una emoción diferente al miedo (nos lo enseñó Intensamente, que cuenta como paper científico, ¿no?), pero que funciona como una forma de reforzar la inquietud e incomodidad de los espectadores. El empleo de imaginería gore, por ejemplo, o la fealdad de algunos monstruos, apela tanto a nuestro sentido del horror como al de la repugnancia.

Pero, ¿se trata del miedo?

A estas alturas habrán notado que hay varios problemas con toda la chaqueta mental teorización anterior: podrá servirnos para entender cómo una película de terror nos produce miedo, pero no nos sirve para definir ni clasificar cuáles son pelis de terror y cuáles no.

Todos los elementos que mencionamos y todas las reacciones emocionales que describimos podrían bien estar en películas de otros géneros. Una cinta de aventuras por lo general tiene momentos de mucho suspenso en los que los personajes están en peligro y no sabemos qué será de ellos. Una película de guerra, crimen o atrocidades históricas puede presentarnos situaciones de pesadilla. Las historias de fantasía heroica a menudo incluyen monstruos horribles y las de acción pueden mostrar tanta sangre y desmembramiento como una de terror. Vaya, si nos fijamos bien, la trilogía de El Señor de los Anillos tiene todos esos elementos y causa todas esas reacciones emocionales en diferentes momentos y a nadie se le ha ocurrido clasificarla como de terror.



Por otro lado, lo que le da miedo a una persona puede dejar indiferente a otra. Lo que es más, películas de terror han dejado de dar miedo con el paso de los años, como mis adorados clásicos de Universal Pictures de los años 30. De hecho, muchos fans del cine de terror estamos fascinados aunque las películas no nos den miedo. Si una comedia no diera risa, la consideraríamos un fracaso. Pero una película de terror no tiene que dar miedo para ser buena. La Novia de Frankenstein es una de mis películas favoritas de toda la vida: las actuaciones, el diseño de arte, la dirección, el guión son extraordinarios. It Follows me parece una de las mejores películas del género de los últimos años, pero no me dio ni tantito miedo.

Entonces, ¿de qué se trata? ¿Cómo podemos definir el cine de terror y diferenciarlo de géneros hermanos como el thriller? Quizá una comparación de los elementos típicos de unos y otros nos ayude a despejar las dudas. Pero por ahora ya me extendí mucho; dejemos eso para la próxima entrada. ¡Nos vemos!

CONTINUARÁ

2 comentarios:

Arevalo dijo...

Frankenstein, novela de Mary Selley (1818), da origen al género de terror. Y Le manoir du diable (1896) fue la primera película de terror. :)

Maik Civeira dijo...

Usté sí sabe :)

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