viernes, 13 de octubre de 2017

Viernes 13: Vida y milagros de Jason Voorhees



Jason Voorhees, con su característica máscara de hockey, su pose desgarbada, su andar lento pero constante y los poderes sobrenaturales que por alguna razón lo hacen indestructible, es la bien conocida estrella de la saga fílmica Viernes 13, una de las más exitosas y con más secuelas, con todo y que ninguna de ellas es buena (no, ni siquiera la primera).

Pero, ¿sabían que Jason no siempre fue como lo conocemos ahora? En la primera Viernes 13 (1980), el asesino no es Jason, sino su madre. El pequeño Jason, un niño con ciertas deformidades y retraso mental, había muerto ahogado en un campamento de verano en Crystal Lake porque los cuidadores andaban foshando rico en vez de cuidar a los niños. Una década más tarde, la señora Voorhees emprende una matanza contra los nuevos adolescentes foshadores que se preparaban para reabrir el campamento.

Imagínense que doña Voorhees hubiera sido la estrella de las mil ocho mil películas...

En Viernes 13, Parte 2 (1981) se revela que Jason estaba vivo y bien, y había crecido para convertirse en un adulto fortachón con ciertas deformidades y retraso mental. Ahora le toca a él llevar a cabo una matanza de adolescentes foshadores. Sólo que en esta peli Jason no usa la máscara de hockey y no tiene poderes sobrenaturales, sino que es sólo un psicópata común y corriente como cualquier vecino, con una funda de almohada en la cabeza.

Es en la tercera entrega (1982) en la que por fin Jason adopta la máscara de hockey, pero en la cuarta (1984) muere a manos de sus víctimas tentativas. En la quinta entrega, Viernes 13: Un nuevo comienzo (1985), un chico que había sobrevivido al frenesí asesino de Jason se obsesiona con él y casi flipa cuando un don adopta su personaje y comienza a cometer asesinatos haciéndose pasar por el enmascarado. Nuestro héroe, mientras tanto, permanece muerto y enterrado.

Jason en su etapa de hillbilly

Es hasta Viernes 13, Parte VI: Jason vive (1986) que, intentando destruir el cuerpo de Jason con un pararrayos (¡qué ocurrencia!), aquel chico de la otra peli sin querer lo revive: el rayo cae en Jason y no sólo lo vuelve la vida sino que le da poderes sobrenaturales. Ésta es la primera vez que tenemos a nuestro amigo no-muerto, indestructible e implacable, con su máscara de hockey, asesinando adolescentes foshadores. Sí, es hasta la SEXTA película que el Jason que conocemos y amamos aparece tal cual. Esto seguiría así durante las séptima y octava entregas. En una es revivido por los poderes psíquicos de Carrie (no se llama así, pero claramente es la idea) y en última Jason viaja a Nueva York.

Pero en Jason al Infierno (1993), la novena película nuestro héroe es destruido por el FBI… Por lo menos su cuerpo. Entonces se descubre que el corazón de Jason está endemoniado por una maldición satánica (o algo así). El caso es que el órgano cardiaco en cuestión se comporta como un monstruo parásito chillador que se mueve y muerde gente. Y claro, cada vez que este bicho se le mete a alguna persona, ésta se convierte en un asesino serial y la única forma de detener al monstruo es con una daga sagrada legendaria empuñada por algún familiar de Jason (o algo así). Al final Jason es enviado al Infierno para siempre (¿o no es así…?)

¡Y que pronto te vayas al Infierno, carcamán!

Ésa sería la última película de nuestro querido enmascarado en más de una década, pero el personaje aparecería aun en novelas  y cómics e incluso en 1995 protagonizaría un crossover con Leatherface de La masacre de Texas, el cual por cierto no está nada mal, a pesar de lo que uno podría creer por sentido común.

Jason X (2002) nos lleva al futuro y al espacio. Ahí se revela que Jason es una especie de mutante con poderes regenerativos y por eso nunca se le podía destruir y siempre revivía (ignoremos lo del bicho posesor de cuerpos). Además le ponen nanotecnología que lo hace todavía más mamalón y blablablá. Al final lo tiran al espacio y desintegra en la atmósfera de Tierra 2 (¿o no es así…?)

Finalmente, la joya de la corona, y lo mejor que ha salido de todo esto es Freddy vs Jason (2003). Ya en la novena película se había insinuado un duelo con el otro asesino serial sobrenatural del cine chafa: Freddy Krueger, quien a diferencia de Jason, tiene por lo menos una o dos películas honestamente buenas. En ella Jason y Freddy se conocen en el Infierno y hacen una alianza temporal para matar adolescentes foshadores y al final se agarran a wamazos de la forma más gloriosa que puedan imaginar.

Es como Pacino contra DeNiro, pero mejor.

La pelea entre estos dos gladiadores continúa en Freddy vs Jason vs Ash un par de cómics aparecidos en 2007 y 2009 que mete a la ecuación al héroe de la saga The Evil Dead, Ash Williams. Son malos, feos y misantrópicos, pero pasan como placer culpable si les gustan estas chucherías.

El reboot de la saga en 2009 mezcla un poco de las historias de las dos primeras películas. La señora Voorhees aparece al principio como una vieja loca, asesina en serie, quien es decapitada por una de las adolescentes a las que quería matar. Jason atestigua esto y entonces se le bota la canica y cuando crece se convierte en asesino serial con máscara de hockey y machete. Aquí Jason vuelve a ser un ser humano, deforme y medio imbécil, pero muy difícil de matar. Y claro, al final lo matan, pero no es así. A pesar de las pésimas críticas, una secuela ha sido anunciada.

Y no podíamos hacer una entrada sobre Jason sin incluir esta escena...

El subgénero de slasher, en el que un villano, que puede o no ser una entidad sobrenatural pero de ley tiene una apariencia memorable, nos dio algunas películas realmente buenas en los 70 y 80: La masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), Negra Navidad (Black Christmas, 1974), Halloween (1978) El despertar del diablo (The Evil Dead, 1981) y Pesadilla en la Calle Elm (A Nightmare on Elm Street, 1984). También nos dio toneladas de material fílmico espantosamente malo y estúpido, entre secuelas, refritos e imitaciones. La saga de Viernes 13 es un ejemplo de ello (también las de Chucky son basura, todas y cada una).

No hay una sola película buena de Viernes 13, y a lo mucho sólo son rescatables como placeres culposos. Ninguna de ellas aportó nada nuevo al subgénero, sino que la saga se construyó con elementos que ya habían demostrado su éxito en películas infinitamente superiores. ¡Tardaron seis malditas entregas en definir la identidad de su protagonista! Y sin embargo, Jason se ha convertido en un ícono mundialmente reconocible. Ha aparecido en multitud de medios, como novelas, cómics, programas de televisión y videojuegos, ya sea en forma de spin-offs, homenajes o parodias, además de que es un disfraz de Halloween obligatorio ¿A qué se debe su éxito?

Pues es que sus películas son la encarnación definitiva del cine de terror ochentero chafa, la summa de todos los clichés ridículos que le dan su identidad a esos productos de la infracultura. De hecho, cuanto más extravagantes y formulaicas son las películas, y más en plan irónico y desenfadado está uno, más se disfrutan.  Mucho más simple y menos interesante que Freddy Krueger o Michael Myers, Jason es querido porque es como un chiste recurrente. Así, podemos estar seguros de que seguiremos viendo su emblemática máscara por muchos viernes 13 más, para terror de los adolescentes foshadores en todas partes.


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