viernes, 24 de noviembre de 2017

La Civilización Occidental

Ruinas griegas


Nuestro uso de la frase “Edad Oscura” para cubrir el periodo entre el año 600 y el 1000 es señal de nuestra indebida preferencia por concentrarnos en Europa occidental. En China este periodo incluye los tiempos de la dinastía Tang, la mejor época de la poesía china, y en muchos otros aspectos una era muy destacable. De la India a España, la brillante civilización islámica florecía. Lo que se había perdido para la cristiandad en estos tiempos no se había perdido para la civilización, sino al contrario.

Nadie habría imaginado que Europa occidental se convertiría más tarde en la civilización hegemónica, tanto en poder como en cultura. Para nosotros, parecería que la cultura europea occidental es LA civilización, pero ésta es una visión estrecha. Mucho del contenido cultural de nuestra civilización proviene del Mediterráneo oriental, de los griegos y de los judíos. En cuanto al poder, Europa occidental fue dominante entre el final de las Guerras Púnicas y la caída de Roma –es decir, aproximadamente durante seis siglos entre el 200 a.C. y el 400 d.C. Después de esos tiempos, ningún estado en la Europa occidental se pudo comparar con China, Japón o el Califato.

Nuestra preponderancia desde el Renacimiento se debe en parte a la ciencia y al método científico, en parte a las instituciones políticas que lentamente se construyeron durante la Edad Media. No hay razón, en la naturaleza de las cosas, que asegure que esta superioridad continuará. En la guerra presente [la Segunda Guerra Mundial], gran fuerza militar ha sido desplegada por Rusia, China y Japón. Estas naciones combinan la técnica occidental con ideologías orientales –bizantina, confucionista o sintoísta. La India, si se independiza, contribuirá con un nuevo elemento oriental. No parece improbable que, durante los próximos siglos, la civilización, si sobrevive, tendrá una mucho mayor diversidad de la que ha tenido desde el Renacimiento.

Existe un imperialismo de la cultura que es más difícil de vencer que el imperialismo del poder. Mucho después de la caída del Imperio de Occidente –de hecho, hasta la Reforma protestante- toda la cultura europea conservó una nota de imperialismo romano. Ahora tiene, para nosotros, una nota de imperialismo occidental-europeo.

Creo que, si queremos encontrar nuestro lugar en el mundo después de esta guerra, tendremos que admitir a Asia como una igual en nuestros pensamientos, no sólo política, sino culturalmente. Qué cambios nos traiga esto, no lo sé, pero estoy convencido de que serán profundos y de gran importancia.

Tomado de Historia de la filosofía occidental, de Bertrand Russell


La mezquita de Córdoba


Me pareció pertinente rescatar la reflexión de Russell (uno de mis pensadores favoritos), en especial en estos tiempos en los que se habla del supuesto peligro que corre la "cultura occidental" por el influjo de inmigrantes de otros orígenes, que traen sus propias cosmovisiones y tradiciones.

Ya de por sí es bastante problemático definir en qué consiste la cultura occidental. Por conveniencia y comodidad, a sabiendas de que el término es inexacto e insuficiente, usémoslo para referirnos a ese agregado cultural heterogéneo que tiene en común la doble raíz grecolatina y judeocristiana (y, en menor medida, germanocéltica). Que abarca Europa, pero también el mundo anglosajón desde Norteamérica hasta Australia y, sí señor, América Latina (con un asterisco, por la enorme influencia de las culturas amerindias de la conformación de la identidad latinoamericana).

Hoy en día, algunos reaccionarios, no sólo en las blancas Europa y Estados Unidos, sino también en la colorida América Latina, quisieran mantener intacta y prístina la herencia cultural de Occidente, sin contaminación de fuentes extranjeras. Pero su visión de lo que es la cultura occidental es estrecha, limitada a sólo algunos fetiches descontextualizados y superficialmente comprendidos.

Russell es difícilmente el típico mamerto multiculti de los que despiertan la antipatía de derechistas y centristas por igual. Pero ya en 1944 nos recuerda que Occidente se construyó con aportaciones fundamentales de otras culturas, que su hegemonía no durará para siempre y que es necesario que empecemos a comprender y apreciar otras tradiciones culturales para adaptarnos a un mundo cada vez más diverso.

No hace mucho, hablando del canon occidental, decía yo que, así como hoy desde Canadá hasta Argentina se lee a los clásicos griegos, llegará el momento en que nuestros programas educativos tendrán que incluir obras chinas o árabes. Un mundo más integrado va a requerir de mayor entendimiento entre todos nosotros. De lo contrario nos convertiremos en provincianos culturales.




Los neofascistas suelen alardear del orgullo que sienten por las raíces grecolatinas y germanocélticas. Pero, como nos explica Carl Sagan en el capítulo El espinazo de la noche de su serie Cosmos, si Grecia se convirtió en el portento que llegó a ser en la Antigüedad, se debe al factor accidental de su geografía. Era una región principalmente insular y costera, un pueblo de marineros y comerciantes. Estaba lo suficientemente cerca de otras civilizaciones más antiguas y avanzadas, como Egipto, Persia y Babilonia, como para aprender mucho de ellas. Pero estaba lo suficientemente aislada para no dejarse dominar por ninguno de esos viejos imperios. Esa mezcla de oportunidad para aprender de otros y de independencia y libertad fue lo que llevaron a Grecia a la grandeza.

El influjo enriquecedor está en la cuna misma misma de Occidente, pero no termina ahí: el Imperio Romano era multicultural; como pueblo mediterráneo, los romanos se veían a sí mismos más cercanos a los norafricanos y a los mediorientales que a los bárbaros nórdicos. El mundo árabe mantuvo vivos los conocimientos de los griegos y romanos, que regresaron a Europa gracias a los filósofos islámicos como Avicena. Uno de los grandes triunfos de la cultura occidental, la Revolución Científica, sería impensable sin las aportaciones previas de la ciencia del mundo islámico, que van desde la química hasta el cero (traído desde la India). Desde el té y el café hasta el jazz y el rock, la influencia de Asia, Europa y la América prehispánica en la conformación de Occidente es profunda.

El verdadero peligro para el mundo occidental es el anquilosamiento, la cerrazón al cambio, la renuncia a la riqueza cultural que pueden aportar otras civilizaciones. Una de las grandes fortalezas del agregado heterogéneo al que llamamos "Occidente" ha sido precisamente su capacidad para abrirse a las enseñanzas de otros. En el caso de América Latina, esto incluye revalorar nuestras raíces indígenas y africanas. Y si bien debemos oponernos a ideologías y prácticas que vayan en contra de los derechos humanos, la libertad individual o el avance del conocimiento científico, las respuestas que proponen los reaccionarios y xenófobos precisamente van en contra de esas conquistas culturales que tanto valoramos. 

Arquitectura neomaya en Yucatán


Termino con un extracto más, de otro de mis pensadores favoritos:

De hecho la cultura griega, al menos desde los tiempos de Pitágoras, no se podría concebir sin tener en cuenta a la cultura egipcia, y en el magisterio de los egipcios y los caldeos se inspiró el más típico de los fenómenos culturales europeos, o sea el Renacimiento, mientras que el imaginario europeo, desde los primeros obeliscos descifrados y hasta Champollion, desde el estilo imperio a las fantasmagorías de la new age, modernísimas y muy occidentales, se ha nutrido de Nefertiti, de los misterios de las pirámides, de las maldiciones de los faraones y de los escarabajos de oro.
No vería yo como algo inoportuno, en una Constitución, una referencia a las raíces grecorromanas y judeocristianas de nuestro continente, unida a la afirmación de que, precisamente en virtud de esas raíces, del mismo modo que Roma abrió su propio panteón a dioses de toda raza y elevó al trono imperial a hombres de piel negra (sin olvidar que San Agustín era africano), nuestro continente está abierto a cualquier otro aporte cultural y étnico, considerando esta apertura precisamente como una de sus características culturales más profundas.
Tomado de Las raíces de Europa, de Umberto Eco


16 comentarios:

Anónimo dijo...

El problema radica en que ña cultura del Islam actual (voy a referirme al Islam por ser el referente a cultura ajena que mas ronchas levanta actualmente en Occidente) no tiene nada que ver con el Islam de hace 5 siglos o antes. Los musulmanes ya no son un pueblo de cientificos y filosofos; la cultura islamica actual es salvaje y violenta si la comparamos con la occidental. Si se le permite permear a las sociedades occidentales, no esperes a un nuevo Avicena, sino que la instauraccion de la Sharia y todo lo que ello significa. Los valores como la libertad o los derechos humanos desapareceran para ser reemplazados con los designios de los orates de Arabia Saudi.

Maik Civeira dijo...

Dudo mucho que sea realista temer la instauración de la Sharia en occidente. De hecho, me parece un delirio paranoide. Pero, en todo caso, como dije: "debemos oponernos a ideologías y prácticas que vayan en contra de los derechos humanos, la libertad individual o el avance del conocimiento científico".

Pero la respuesta no es violentar o segregar a seres humanos que no han cometido ningún ilícito, privarlos de sus derechos, sus libertades y su dignidad, porque eso sería anular los valores occidentales a los que supuestamente tratamos de proteger.

Anónimo dijo...

"Roma abrió su propio panteón a dioses de toda raza y elevó al trono imperial a hombres de piel negra"

Whaaat?¿Roma tuvo emperadores negros?

Maik Civeira dijo...

Sí, Séptimo Severo y su hijo Caracala. Hay que tener en cuenta que el mundo romano era el Mediterráneo, no Europa. Era un mundo muy diverso, racial y culturalmente.

Anónimo dijo...

Yo creo que el problema esta en que muchos de los chairos progres posmodernos usan ese discurso, del multiculturalismo pero en la aplicación lo que quieren es que se quiten o no borren las enseñanzas de la Europa "cristiana occidental",lo pongo entre comillas por es cristiana mas por tradiciones culturales que por la religión en si, y poner sólo enseñanzas del islam, budistas, yoguis o indigenistas. Es decir quitar una y poner otras, no promueven el conocimiento de todas y quien de opone a esto es considerado supremacista, loqueseafobico y mocho, o en España, facha. Saludos

Maik Civeira dijo...

¿Podrías citar y enlazar a ejemplos específicos de eso mismo que mencionas?

Anónimo dijo...

Sobre el asunto de si Séptimo Severo era negro, ¿que evidencia histórica hay para tal afirmación?

Mi pregunta es por esta información publicada en wikipedia en inglés:

"He had Italian Roman ancestry on his mother's side and descended from Punic - and perhaps also Berber - forebears on his father's side"

https://en.wikipedia.org/wiki/Septimius_Severus#Early_life

Según esto la ascendencia de Séptimo Severo era romana por parte de la madre y púnica (cartaginesa) por parte del padre. Los cartagineses eran un pueblo del norte de Asia que se dice descendían de los fenicios, es decir de un pueblo asiático. Se menciona también una probable (es decir no comprobada) ascendencia bereber.

Maik Civeira dijo...

No es algo cien por ciento establecido. Las suposiciones se basan en que el arte representa a Séptimo Severus con piel oscura y a Caracala con rasgos claramente africanoides, además del origen geográfico. Ten en cuenta que tampoco es como que los fenicios se mantuvieron sin mezclarse durante los siglos que estuvieron en la Cirenaica.

https://www.reddit.com/r/AskHistorians/comments/41ir7m/were_there_actually_any_black_roman_emperors/?st=jaj459m6&sh=18aa8517

Anónimo dijo...

Si es así entonces se puede decir que no hay evidencias sólidas para sostener la afirmación que estamos discutiendo.

De las representaciones artísticas se podrían discutir muchos detalles, por ejemplo, si las obras fueron contemporáneas al personaje representado o si son muy posteriores, si los artistas conocieron realmente al personaje representado, si los artistas idealizaron en su representación al personaje, etc. Pero en cualquiera de los casos como evidencia son débiles, si mucho se les puede considerar evidencia circunstancial.

Por lo que se sabe, la versión no es consistente con los conocimientos históricos que se tienen. Si se sabe que Séptimo Severo tuvo padres de origen romano y cartaginés, difícilmente se le puede considerar "negro", por mucho que sea perfectamente verosímil que tuviera ancestros negros más remotos. Sobre Caracalla (que fue hijo de Séptimo Severo) el caso es más débil aún. Se sabe que su madre Julia Domna era de origen sirio.

Sospecho que estas afirmaciones tendrían su origen en la ideología del "afrocentrismo". Los partidarios de esta ideología tienen la costumbre de hacer las afirmaciones más disparatadas sin la más mínima base histórica. Por ejemplo, he leído en blogs de Internet diciendo que Sócrates supuestamente fue negro, basándose en que en esculturas se le representa con la nariz chata.

Sobre estos temas recomiendo mucho el libro del antropólogo Marvin Harris "Theories of Culture in Postmodern Times". Ahí se crítica la falta de evidencia científica del racismo contra los negros, pero también la misma falta de base empírica de las creencias afrocentricas.

P.D. Corrijo una errata de mi comentario de arriba. Donde dije que "Los cartagineses eran un pueblo del norte de Asia" debí decir "Los cartagineses eran un pueblo del norte de África"

Maik Civeira dijo...

El arte era contemporáneo de los personajes en cuestión. En el enlace que te puse se discute
las tendencias artísticas de la época y se señala que el arte romano no marcaba diferencias entre los morenos mediterráneos y los morenos mediorientales, pero sí entre éstos y los del África negra, de ahí que llame la atención que a Severo se le represente con piel más oscura que a otros personajes. En todo caso, Séptimo Severo y Caracala serían mestizos, con rasgos africanoides más marcados que los de sus compatriotas.

El afrocentrismo en cuestiones como la etnia de los egipcios contradice lo que sabemos de historia, dado que el arte egipcio marcaba diferencia entre ellos mismos y los africanos negros; además de que hubo una dinastía de faraones negros, que sobresalen en los anales históricos como tales.

El caso de los severinos tiene muchos más indicios a su favor, si bien como dices no hay pruebas concluyentes. De cualquier forma, el punto es que el mundo romano era cultural y étnicamente diverso, no la comunidad homogéneamente blanca que se suele presentar en la cultura pop.

Anónimo dijo...

Da la impresión de que dices que los blancos no han tenido nada que ver en la construcción de la civilización occidental y que esta no es mas que el resultado de influencias externas a Europa, ¿me equivoco?

David

Maik Civeira dijo...

David:

Te equivocas. Sólo hago énfasis en las influencias externas, que no deben soslayarse. De forma alguna implicaría que las culturas germánicas, celtas o eslavas no tuvieron grandes aportaciones al desarrollo de la civilización.

Armando E. Torre Puerto dijo...

No veo muy claro eso de que la dinastía Severa y san agustín sean negros. Los padres Zinedine Zidane viene de ese grupo étnico y con trabajo parece mediterraneo.

Anónimo dijo...

Sobre San Agustín, la especialista en clásicos Mary Lefkowitz, dice que su padre era de origen romano y de su madre se desconoce la etnicidad, pero supone que era bereber. No hay tampoco evidencia de que San Agustín fuera "negro".

Hay muchos personajes a los que los afrocentristas consideran "negros", generalmente sin evidencia histórica, por ejemplo a Moisés (personaje que probablemente no existió), Sócrates o Cleopatra. Hay una teoría afrocentrista muy estrafalaria que afirma que los olmecas eran negros y descendientes de colonos africanos que cruzaron el Atlántico. Una de las "evidencias" son las esculturas de cabezas que presentan rasgos supuestamente africanos como labios gruesos.

Es un error también identificar africano con negro. Por ejemplo, en el norte de África (que conquistó el Imperio Romano) habitaban pueblos como los egipcios, que según pruebas genéticas estaban emparentados predominantemente con los semitas. También ahí se asentaron los cartagineses descendientes de los fenicios que provenían de donde ahora es Líbano. Incluso en el norte de África había ciudades griegas, como Cirene, que se menciona en la Biblia.

Maik Civeira dijo...

Ok, sí, pero no estamos hablando de teorías afrocentristas extravagantes del tipo "todos eran negros". Los Severos y San Agustín sería bereberes, por lo menos. Los bereberes actuales varían mucho en sus fenotipos, desde mediterráneos claros, hasta oscuros casi negros. El punto es recordar que en la composición de la cultura occidental entraron componentes de otras culturas, y que los griegos y sobre todo los romanos se veían más cercanos a los pueblos norafricanos y mediorientales que a los bárbaros del norte de Europa, y que no tenían problema alguno en tener gobernantes y filósofos de piel oscura nacidos en otros continentes.

Anónimo dijo...

Lo que escribí respecto al afrocentrismo lo hice porque la creencia de que San Agustín era negro es una creencia afrocentrista, y como tal y de la misma forma que muchas otras creencias seudocientificas del mismo estilo, carecen de evidencia histórica. Se entendió que tu propósito en tu artículo es otro, pero aún así haces afirmaciones que tampoco tienen ningún fundamento histórico y que por lo tanto no se diferencian mucho, al menos en ese aspecto, a las afirmaciones de los afrocentristas.

Cuando hablamos de sucesos históricos, si son comprobables, estos tienen que estar respaldados en documentos. Decir que los emperadores de la dinastía de los severos o que San Agustín eran negros, son afirmaciones que no son corroborables por ningún documento histórico. Al menos de lo que se sabe de las genealogías de esos personajes no consta tal cosa. Son afirmaciones que no pueden ser justificadas.

Sobre reconocer las influencias externas en la formación de la civilización occidental, el propósito de tal cosa es muy bueno. Lo malo sería defender tal tesis con argumentos extremadamente endebles.

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