jueves, 11 de enero de 2018

Misandria, heterofobia y racismo a la inversa

Cabe la aclaración de que con este texto no pretendo pontificar, sino exponer, poner a consideración o cuando mucho persuadir de mis reflexiones personales.



La misandria sería una forma de discriminación y desprecio contra los hombres. Racismo “a la inversa”[1] sería el odio y prejuicio contra los blancos. Y así por el estilo. Yendo directo al grano, ¿existen esas formas de discriminación? Eso depende de lo que quieran decir con esas palabrejas.

Si por ellas nos referimos a sistemas de opresión, entonces la respuesta en un absoluto NO. Si lo planteamos como actitudes despectivas, entonces podemos decir que SÍ. Éste es uno de esos asuntos en los que la cosa es más compleja de lo que parece a primera vista.

No existen en el mundo actual ejemplos de opresión sistémica contra hombres, personas blancas o heterosexuales, ni me parece razonable pensar que alguna vez los habrá. El racismo, el sexismo y la homofobia son mucho más que actitudes personales de gente ignorante o culera; son sistemas de opresión que se manifiestan en diversos aspectos de la vida social, incluyendo las leyes, las costumbres, los valores, las jerarquías de facto, la distribución de la riqueza, el acceso a las oportunidades, la vulnerabilidad ante la violencia, la cultura mediática, el lenguaje, etcétera.

Por otro lado, sí es posible encontrar ejemplos de actitudes despectivas por parte de algunos individuos o grupos: prejuicio, desdén o de plano odio contra hombres, blancos o heterosexuales. Si le escarban un poco, podrán encontrar ejemplos de feministas extremas que consideran a los hombres como seres inferiores y malvados sin remedio, o activistas afroamericanos que piensan que personas negras que se emparejan con blancas son traidoras a la raza, y cosas por el estilo.

Tratándose de un asunto muy delicado, hay que proceder con cautela y aclarar ciertos puntos. Empezando por el más importante:

Las actitudes despectivas y la opresión sistémica no son equivalentes



En uno de mis constantes debates en los internetz, tratando de hacer que un vato entendiera lo que significa el concepto de “interseccionalidad”, le planteé el siguiente punto: ¿dirías que existe en la sociedad estadounidense un racismo generalizado?[2]

Su respuesta, que le era imposible evitar siendo honesto, era que sí, en efecto existe… Pero (tenía que haber un “pero”) que si te vas a un barrio negro podrás ver cómo ahí discriminan a los blancos.

Ahora bien, eso es probablemente cierto. El error (o la maña) consiste en plantear esas dos situaciones como si fueran equivalentes, o peor, como si una anulara la otra. Bien puede ser que una persona de raza negra sienta rencor y desprecio contra los blancos. Puede ser que esas actitudes sean compartidas por algunos de sus vecinos y conocidos. Pero estas personas carecen del poder para hacer que sus sentires tengan mucha consecuencia. No pueden hacer leyes, no pueden cabildear en los congresos, no dictan los contenidos de los medios de comunicación. No tienen ni siquiera los números, la organización o la influencia para convertir su sentir en actitudes generalizadas. Simplemente, no están en posiciones de poder. Si acaso, ejercerán esas actitudes despectivas en contextos muy reducidos en alcance y proporción. Después de todo, estamos hablando de comunidades marginadas, en oposición a naciones enteras.

En una ocasión, una gringa blanca (y libertariana, para más inri) me dijo que a ella, cuando estudió en México, profesores y alumnos habían sido despectivos sólo por ser güera. Le creo: los mexicanos tenemos un trauma de rencor contra “los pinches gringos”. Estuvo muy mal que la trataran así. Pero me lo dijo porque estábamos discutiendo acerca del racismo de Trump y sus seguidores. Sacó a colación su experiencia para poder decir “también hay racismo contra nosotros los blancos”. Tu quoque.

Aquí está otro punto importante: las personas que plantean que la “discriminación inversa” también existe, rara vez lo hacen porque les preocupe la situación. Lo que pretenden es hacer de cuenta que racismo contra negros y racismo contra blancos son equivalentes y minimizar el primer problema, como diciendo “las cosas están parejas, así que no se quejen”. Es como cuando ante cualquier tema feminista, alguien sale con “los hombres también tienen problemas”, pero sin la menor intención de tratar los asuntos de los hombres, sino solamente de hacer que se callen las feministas y dejen de plantear cuestionamientos incómodos.

Con esta actitud deshonesta, conscientemente o no, muchas veces lo que pretenden es proteger su zona de confort intelectual para no tener que discutir un asunto espinoso que implica cuestionar su responsabilidad moral para desmantelar el sexismo, el racismo y la homofobia. A veces, de plano se trata simplemente de disimular o justificar sus propias actitudes discriminatorias, y detrás de todo el rollo, lo que quieren decir es “sí, soy racista/misógino/homófobo, pero los del otro lado también me odian y me quieren oprimir, así que tengo derecho a serlo”.

“No eres tú, es tu tribu”



No hace mucho salió la noticia de un hombre que había sufrido meses de acoso por parte de una stalkeadora loca, tipo Atracción fatal. La reacción predecible de muchos antifeministas no se hizo esperar: “Ya lo ven, los hombres también sufrimos”. Es decir, la actitud clásica de la que hablábamos en el apartado anterior.

Pero también hubo algunas mujeres que se rieron del caso con comentarios del estilo “jajajaja, lágrimas de onvre; a nosotras nos matan, violan y demás, y tenemos que compadecernos de este pobre onvre”.

Es aquí donde vemos la actitud negativa opuesta. Dado que, a nivel global, la violencia de hombres hacia mujeres no sólo es inconmesurablemente mayor en números, sino que además es facilitada por el orden social en el que vivimos, lo que pueda sufrir un hombre a manos de una mujer es indigno de compasión.

Los seres humanos tenemos el pensamiento tribal muy enraizado en nuestra psique. Sin pretenderlo, juzgamos moralmente lo que hacen las personas en función de la “tribu” a la que pertenecen, en vez de juzgarlos como en individuos en situaciones concretas. Si lo hace alguien de “mi tribu” es menos malo (incluso defendible); si lo hace el de “la tribu enemiga” es un crimen. De hecho, en el pensamiento tribal se fundamentan el racismo y la xenofobia.

Cuando ocurre un atentado terrorista en Europa y alguien dice “bueno, pero los europeos han jodido al tercer mundo”, como para justificar o minimizar el crimen, no están considerando como individuos a las personas que pierden la vida, sino miembros de una “tribu” que comparten la culpa de ésta y por tanto merecen su mismo castigo. Es la misma estructura de pensamiento detrás de la islamofobia y es igualmente inmoral.



El sumarnos a las causas más nobles y justas no nos libera en automático de los sesgos cognitivos más comunes, y las personas que se encuentran activa y enérgicamente en contra de las diversas formas de opresión sistémica no se salvan de caer en el pensamiento tribal. Así, surge una máxima, explícita o implícita, a la hora de juzgar los actos de los demás: si lo hace alguien de un grupo históricamente oprimido contra alguien de un grupo históricamente privilegiado, entonces no está tan mal (incluso puede ser que esté bien).

Veamos un par casos, extremos entre los extremos. En su autobiografía Soul on Ice, el miembro de las Panteras Negras Eldridge Cleaver admitió haber violado mujeres blancas como un acto político, una venganza por todas las mujeres negras que los blancos habían violado a lo largo de siglos. Contrario a lo que nos dicen los blancos supremacistas, el dato es correcto: históricamente la violación de hombres blancos contra mujeres negras ha sido mucho mayor [aquí, aquí y aquí]. Pero, ¿quién podría ser tan mierdas para justificar las acciones de Cleaver? ¿Quién diría a esas mujeres violadas que no la hagan de pedo porque las mujeres negras han sufrido más? Pero esta actitud no es representativa de los movimientos por los derechos de los afroamericanos. Martin Luther King e incluso el más radical Malcolm X denunciaron esas actitudes como racistas (con esa palabra) y hasta el mismo Cleaver reconoció después que lo que hizo fue inhumano[3].

Miren a Valerie Solanas, quien sostenía que los hombres son inferiores biológicamente a las mujeres, que el sexo heterosexual era para mujeres débiles y que llevar a cabo un genocidio de hombres no vendría mal. Además intentó asesinar a Andy Warhol y a otros dos hombres. ¿No llamaríamos “misandria” a esa actitud? ¿No sería aterrador si muchas personas la compartieran? Por fortuna, no es así. Hasta las feministas radicales (vaya, hasta Dworkin) rechazaban las posturas de Solanas. La cual por cierto, fue diagnosticada con esquizofrenia paranoide, así que sus rollos eran más psiquiátricos que ideológicos.



Estos casos son extremos, representan actitudes marginales y no es razonable pensar que llegarán a ser algo más que eso. Pero tampoco por eso se vuelven menos atroces. Es difícil, pero importante, aprender a mantener un equilibrio entre las dimensiones social e individual de la vida humana. En lo social: la opresión sistémica del sexismo, el racismo y la homofobia son incomparablemente más graves que las actitudes despectivas que algunas personas puedan tener hacia los grupos sistémicamente privilegiados. En lo individual: la violencia que sufra una persona a manos de otra no es por ello menos condenable.

Debemos tener mucho cuidado aquí, porque muchas veces quien dice “yo estoy en contra de la violencia, venga de donde venga”, en realidad lo que pretende es minimizar la violencia que es resultado y expresión de la opresión sistémica, y ultimadamente sin mover un dedo contra esa violencia genérica a la que supuestamente se opone.  

Por supuesto, el contexto es importante para juzgar las acciones de una persona y decir “toda violencia es mala” como un machote universalmente aplicable sin modificaciones no es viable. ¿Se trata de un acto de autodefensa? ¿Fue una agresión injustificada? ¿Estuvo motivada por el odio o desprecio hacia un grupo? ¿Esta persona tuvo que hacerse justicia por mano propia porque no tuvo de otra? Pero hay un principio del cual no debemos retroceder: una persona no tiene por qué cargar con las culpas de su “tribu”.

Uno de los pasos más importantes en la lucha histórica contra las diferentes formas de discriminación fue reconocer la necesidad de valorar a las personas por sus méritos individuales y no por las tribus a la que se percibe que pertenecen. Es una máxima para aplicarse en todas las direcciones.

Si se da el caso en que una persona perteneciente a un grupo oprimido comete un acto de violencia o muestra actitudes discriminatorias contra una persona de un grupo privilegiado, se debe tomar en cuenta el contexto y la situación, pero no se puede concluir de buenas a primeras, sin que medie el análisis y la reflexión, que la primera tiene la razón, o que el sufrimiento de la segunda no es importante o digno de empatía.

Agredir, humillar o excluir a una persona, y luego justificar ese acto, no en las acciones de la misma, sino en que pertenece a un grupo privilegiado, sería un injusticia que merecería ser denunciada y criticada. Invocar el sufrimiento del grupo oprimido no sería sino sofisma.

Eliminando prejuicios



De la misma manera, una opinión prejuiciosa y discriminatoria es injusta e irracional, y merece ser denunciada y criticada. Actitudes despectivas y prejuicios contra grupos humanos pueden existir en cada uno de nosotros, independientemente de si esos grupos han sido privilegiados y oprimidos.

El problema es que frases como “la misandria no existe” o “el racismo contra los blancos no existe” se han vuelto lugares comunes y el resultado es que se pierde la voluntad de superar los propios prejuicios. Como la misandria no existe (que incluso es imposible, inconcebible), decir que todos los hombres son una mierda no puede ser misandria, y entonces es una afirmación irreprochable.

Veamos unos ejemplos por demás banales. Pienso que la burla y escarnio contra el opresor es válida (y necesaria), pero en cuanto a que es opresor. Creo que está bien reírse del neonazi que después de dárselas de muy macho apareció lloriqueando en un video cuando supo que lo buscaba la policía. Como está bien apuntar con sorna que Steve Bannon es un viejo gordo y feo, compararlo con un magnífico ejemplar de hombre afroamericano y rematar con ironía recordándonos que el primero se cree racialmente superior al segundo.

Donde no veo justicia es en burlarse de hombres que han sido violentados por sus parejas, que fueron rechazados por su crush, o tienen penes pequeños (o alguna otra característica que los haga sexualmente “inadecuados”). Tendría sentido si se supiera que estos tipos son abusadores o misóginos notorios, pero asumir que merecen el escarnio sólo por ser hombres no me parece congruente.

No lo traigo a colación porque considere una injusticia terrible ni un asunto muy importante la burla hacia alguien que probablemente ni siquiera se entere de que está siendo objeto de tal. Es que me saca mucho de onda cuando viene de personas que censuraran el humor sexista o el body-shaming, y que cuando les pregunto qué pedo, responden recordando las formas horrorosas en las que los hombres (aunque no sean esos hombres) tratan a las mujeres y pontificando que “la misandria no existe”.

Es decir, me preocupa la incongruencia y falta de honestidad intelectual por parte de quien quiere racionalizar su mala onda gratuita. Es que aunque el objeto de una actitud prejuiciosa no llegue a convertirse en víctima, o siquiera a estar enterado, el prejuicio en sí es irracional e incompatible con un ideal de justicia para todos los seres humanos.

Los prejuicios y el pensamiento tribal siempre son obstáculos para el pensamiento crítico. Quizá los nuestros no lleguen a convertirse en actos injustos, pero creo que una persona lúcida debería hacer el intento por eliminarlos de su mente.  Nadie puede ser perfectamente congruente, nadie puede evitar todo el tiempo caer en sesgos y falacias, pero en yo creo en la responsabilidad de por lo menos intentar serlo; que la honestidad intelectual exige que, al ser confrontados con nuestras incongruencias, las reconozcamos.

La resistencia no es discriminación



Dicho todo lo anterior, aclaremos unas cosas. No solamente los casos de actitudes discriminatorias contra personas de grupos privilegiados son, tomados globalmente y en conjunto,  incomparablemente menores, casi ínfimos, con lo que sucede la inversa. No solamente los que invocan esos casos las más de las veces tienen la intención maliciosa de ningunear la inconmesurablemente más grave opresión sistémica. Es que además, con demasiada frecuencia, los que hablan de misandria, heterofobia o racismo a la inversa en realidad están atacando acciones, propuestas o posturas de legítima defensa y lucha contra la opresión sistemática existente.

De forma menos extrema y obvia, pero en el mismo espíritu de los supremacistas que dicen “anti-racismo es código para anti-blanco” o que “la diversidad es el disfraz del genocidio contra los blancos”  hay quien grita “¡heterofobia!” al reconocimiento de los derechos de las personas LGTB, quien llama “¡misandria!” a las denuncias contra esta sociedad misógina.

Una vez compartí un texto llamado “Mara: Todos los hombres son malos”. Un vato enseguida saltó a gritar “¡misandria!”, y desde entonces, cada que me topo con él en las redes, no pierde la oportunidad de recordar cómo el “feminismo de hoy” se dedica a difundir la misandria, usando ese artículo para que todo el mundo lo vea.

Lo que intenté explicarle es lo que les digo a continuación: si leen detenidamente el texto verán que no va contra los hombres como personas individuales, ni dice que todos seamos esencial e inevitablemente malvados; va en contra de la construcción cultural de lo masculino en nuestra sociedad, que lleva a nos hombres a reproducir conductas violentas y dominantes. El texto nos urge a los hombres a deconstruir esas nociones. Pueden estar de acuerdo o no, pero ¿cómo va a ser eso “difundir la misandria”?



Tampoco es misandria la creación de espacios exclusivos para mujeres: se trata de facilitarles lugares seguros en una sociedad en la que la violencia de género está en todas partes. No todos los hombres son asesinos, violadores o acosadores, obvio. Pero dadas las estadísticas, es perfectablemente razonable para una mujer minimizar los momentos en los que está vulnerable, y esos espacios son una opción.

No es misandria ni racismo a la inversa la política de cuotas de género o de raza. Se trata de compensar las desigualdades existentes, de no tener que depender de que los empleadores sean perfectamente ciegos a género y raza, y que de verdad sólo vean el mérito, en una sociedad en la que los prejuicios están arraigados en la cultura y las oportunidades no están al alcance de todos. A lo mejor podemos debatir si estas medidas resultan eficientes o no, pero es estúpido decir que se basan en la discriminación.

No es heterofobia decirle al homofóbico que está siendo homofóbico. No es discriminación decirle al que suelta mierda racista que es un racista de mierda. En fin, no podemos en este espacio detenernos a revisar cada medida, estrategia o acción llevada a cabo en nombre de la lucha contra la opresión. Pero podemos irnos con esta reflexión: Paren de mamar con eso de llamar discriminación a algo nomás porque  incomoda al que se encuentra privilegiado en un sistema de opresión.




[1] O sea, contra los blancos, porque el racismo de los blancos contra todos los demás es “el normal” #Sarcasmo.
[2] Usé el ejemplo gringo, porque nos tienen muy acostumbrados a entender racismo como un fenómeno blanco vs. negros y hacer entender el fenómeno del racismo de hispanos vs. indígenas en México y América Latina es harto difícil, además de que tiene características propias.
[3] Tengan en cuenta que Cleaver también violó mujeres negras antes de eso, así que su retórica de “retribución” era puro choro para justificar que era un misógino de mierda. También homofóbico, por cierto. Y terminó uniéndose al Partido Republicano y apoyando a Reagan. En fin, que una maravillosa persona no era.

9 comentarios:

Verreaux dijo...

la mentalidad tribal es algo que cada dia veo mas, y no solo en estos temas el gran peligro es que no deja espacio al debate ni al aprendizaje, creo que eso propicio la eleccion de trump, todo mundo se dedico a denostar a sus simpatizantes como racistas o misoginos, "white trash" sin embargo no vieron que el sujeto realizo promesas en el ambito laboral sumamente atractivas y esperanzadoras para mucha clase media empobrecida, sin embargo muchos "liberales, intelectuales y criticos" se negaron a ver esto generando un encono en estas personas (no niego que tambien muchos racistas y xenofobos, le apoyaron por sus discursos antiinmigrantes tambien), creo que vivimos en una epoca de un extremismo en derecha e izquierda chocante y no es que antes no hubiera, si no que ahora gracias a las redes sociales se ah vuelto mas visible, donde la verdad puede ser retorcida hasta que se amolde a sus propias ideas o refutada en caso de no ser asi.

por ultimo dejo este interesante video que encontre

https://www.youtube.com/watch?v=fxSGXkWrPfU&t=15s

Sakkura Princess Yaoi dijo...


Me parece muy interesante tu punto de vista. De hecho pienso que tienes razón en la gran mayoría de tu escrito. Creo que como dices, todo es una visualización desde la perspectiva de tu crianza y vida. Allí es dónde dices que si alguien de tu "tribu" hace algo, quizá no esté tan mal, como si fuera de otra "tribu".

Lo comprendo, porque creo que muchas veces los juicios se ven cegados por ello, o si no cegados, sí al menos influenciados. Poniéndome como ejemplo a mi hermana y a mí, nosotras nunca hemos podido empatizar con el feminismo, y sobre todo con el más cercano a nosotras, por nuestras experiencias. En nuestras vidas, quienes más nos han tratado mal, humillado, insultado e incluso golpeado, han sido mujeres (como caso particular, a mi mejor amigo, casi lo expulsan, por defenderme de dos chicas que me agarraron a golpes, cuando yo nunca he sido una persona agresiva). Siempre hemos estado en círculos masculinos, quizá como resultado, o quizá como causa. Una amiga de mi hermana, que se dice parte del movimiento, nos dice que obviamente las mujeres nos tratan mal, por pasar tanto tiempo con hombres. En referencia, hemos siempre estado rodeadas de hombres buenos, amigos, ex novios, mi padre, abuelos, mi hermano.

Tomando eso, pasamos luego al lado de las feministas que conocemos. Me atrevo a llamarlas así, porque ellas así se hacen llamar. Porque están en movimientos oficiales, y no solo como militantes, si no como cabeza de ellos. Las conozco a un nivel medianamente personal, y he encontrado cierto patrón en aproximadamente 4 líderes, y unas 14 partidarias. Padres ausentes, novios golpeadores, padres golpeadores, víctimas de asaltos sexuales, entre otros. Muchas referencias malas de hombres. Tanto así, que se vuelven muy agresivas con el género masculino, comprenderás que por la experiencia de vida, de mi hermana y mía, nos es imposible tratar y pensar de las maneras que ellas lo hacen.

A que quiero ir con esto, es que no pienso que todas las personas que decimos frases como "rechazamos todo tipo de violencia" es que intentemos minimizar algo, es que nos preocupan de verdad, todo tipo de violencia. Como mujer, deseo salir a la calle y sentirme más segura, sin necesidad de espacios especiales,quiero usar ropa sin ser juzgada, que mi sexo no determine mi valor laboral. Pero como hermana, hija, y amiga, me preocupo también por cosas que pueden ocurrirle a mis conocidos.

En el artículo que adjuntas "Mara: todos los hombres son malos", entiendo el concepto, de que habla de una construcción social del varón. Sin embargo me parece mal que no se tomen en cuenta, otros tipos de violencia que pueden ser ejercidos hacía él hombre, sólo porque no sean tan "llamativos" y quizá atroces, como las violaciones, asesinatos, y torturas directas.

¿A que me refiero con "directas"? Mi hermana y yo reflexionamos sobre la sutileza de la mujer que tiene para ejercer violencia. La mayoría de las mujeres saben perfectamente como jugar el papel de víctima, es conocido que más del 70% de los infanticidios son cometidos por mujeres, pero siempre existe una manera de que a estas se les ampare, se les cuide, se les trate como enfermas, y escasas ocasiones como asesinas. Las mujeres son mejores mintiendo y engañando que los hombres. Tienen una lengua afilada, saben intrigar, y destruir vidas, sin que su mano se mueva. Solo con lo que dicen. Un hombre despechado, puede ir y golpear a su mujer, una mujer despechada, puede destruir la carrera de un hombre, su vida amorosa, e incluso su relación familiar, y el hombre nunca tendrá manera de presentar una demanda en su contra.

La alineación parental, esta intentando quitarse de las leyes en México, si no es que ya se quitó (No estoy tan al día). Eso quiere decir que si el día de mañana, mi hermano se casa, tiene un hijo, luego se divorcia, y su mujer convence a mi sobrino, de que mi hermano es un hombre malo, que debe decir que lo trata siempre mal, esa mujer no tendrá ningún castigo ni pena, aún si se descubre que es mentira.

Sakkura Princess Yaoi dijo...


Todo este tipo de daños e intrigas, no es actual, leía a un doctor en historia, sobre el papel de la mujer en ella. Cuando se afirma que se ha borrado su papel en la historia. Narraba con detalle, sobre muchas, una gran cantidad de mujeres que tuvieron poder. Sus actos para llegar a él, algunas fueron admirables, otras despreciables. Si se crítica los actos atroces de los grandes conquistadores, se debería ver a estas mujer, que sin ensuciarse las manos, causaron muertes y torturas atroces.

Así que si, no es quizá comparable, el daño que existe de la opresión sexista sobre la mujer. Pero tampoco es tan mínimo, pequeño, escaso y personal, la agresión y problemas que sufre el hombre, como lo quieren hacer ver. Tampoco es nuevo además.

Existen personas malas de todo género, raza y nacionalidad. Y no todos tienen la capacidad de dañar igual, pero tampoco es imposible que lo logren, solo que de formas distintas. Como los venenos, cada uno es diferente, unos te matan más rápido, otros muy lento, para algunos hay cura, para otros no, algunos solo necesitan unas gotas, otros un frasco entero, pero la muerte es el fin de todos.

(Perdón por lo largo, excelente blog, saludos! )

Dany Sagols dijo...

Sakura excelente opinión.

Profe Ego, muy buena entrada. Al final me dejas con esta reflexión:

"La Medicina y el Veneno aunque no lo creas son la misma sustancia: Pero la dosis determina en cual se convierte".

Anónimo dijo...

Muy interesante tu punto de vista ego, buenísimo

Nicolás Aravena dijo...

Hola, buena entrada. Estoy de acuerdo con la mayoría de los argumentos que expones. Te invito a revisar mi blog, en esta entrada también hablo acerca de lo absurdo y peligroso que me parece el termino Heterofobia. Saludos desde Chile
http://blogdeperrachica.blogspot.cl/2018/01/el-absurdo-de-la-heterofobia-o-la.html

Maik Civeira dijo...

Muchas gracias a todos por sus comentarios, en especial a Sakkura, quien se tomó el tiempo de reflexionar tanto y compartirlo. Así vamos armando un diálogo significativo.

Diana dijo...

Muy interesante, estoy de acuerdo y me quedo con la nota final de ser lucida y congruente en la medida de lo posible y de no ser así tener la honestidad de reconocerlo. Yo misma he escuchado como se descalifican en cierta medida los actos terribles que acontecen en países desarrollados o tribus privilegiadas por darseles mucha difusión y exposición global, como los acontecidos en Francia o Barcelona. Se piensa en la tribu, en una elite en su conjunto, no en los individuos. ¡Debemos reflexionar!

Alchemisterius dijo...

Aunque el racismo institucionalizado de negros hacia blancos es bastante inferior en cantidad al inverso, sí existe en algunos casos. Por ejemplo, la persecución a los granjeros bóers en Sudáfrica. Homicidios y despojo de granjas sin remuneración, votada por el Congreso de ese país. Incluso, el líder del tercer partido político más grande, Julius Malema, infamemente ha dicho "No llamamos a la masacre a la gente blanca. Al menos por ahora."

Sobre la "misandria", aunque no haya países hembristas, hay un país con leyes de género que son un remedio que sale peor que la enfermedad. Este país es España (Cuya clase política tiene bastante cáncer ideológico, con una izquierda penosa y una derecha ultracorrupta).
http://kukuruyo.com/2016/02/19/leyes-de-genero-en-espana-un-pais-contra-los-hombres/
Y lo curioso es que, aunque es de los mejores países del mundo para las mujeres, tiene de las peores femilocas.

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