viernes, 23 de febrero de 2018

Lois & Clark

Can you read my mind? Do you know what it is that you do to me? I don't know who you are. Just a friend from another star. Here I am, like a kid out of school. Holding hands with a god. I'm a fool. Will you look at me? Quivering. Like a little girl, shivering. You can see right through me. Can you read my mind? Can you picture the things I'm thinking of? Wondering why you are... all the wonderful things you are. You can fly. You belong in the sky. You and I... could belong to each other. If you need a friend... I'm the one to fly to. If you need to be loved... here I am. Read my mind.

Lois Lane en Superman (1978)




Este año Superman cumple 80. Para celebrarlo, estaré publicando varias entradas en honor a mi héroe favorito, ángel de la guarda, figura paterna y modelo a seguir. Como estamos en febrero, mes del amor y esas cursilerías, hoy quiero hablar de la audaz reportera que descubre las tramas criminales de los supervillanos, la estrella del Daily Planet, la mortal que robó el corazón de un semidiós. Ella es Lois Lane.

Lois es uno de los mejores personajes de la historia del cómic; junto con un puñado de otros que, sin ser superhéroes, se ha ganado un lugar prominente en su mitología (Alfred, la tía May, Gwen Stacy…). Apareció por primera vez en el mismo Action Comics #1 (1938) que vio nacer a Superman. Desde un primer momento, se caracterizó por su personalidad determinada y testaruda, su afán de ponerse en la línea del peligro en busca de una buena historia y de enfrentarse sin temor a los villanos, a los que bien podía meterles un puntapié o un buen bofetón. En los 40 llegó a tener incluso su propia tira cómica Lois Lane: Girl Reporter.



El artista Jerry Siegel se inspiró en el aspecto de la joven modelo Joan Kovacs (quien luego sería su esposa) para la apariencia de Lois. El escritor Joel Shuster se inspiró en el personaje protagónico de la seial fílmico Torchy Blane para la personalidad de su osada reportera. Era a finales de la década de los 30 y mucho había cambiado en los veinte años anteriores; las mujeres habían obtenido el derecho al voto y la generación flapper había desafiado las convenciones sociales de la época. Las mujeres estaban conquistando la vida profesional y el trabajo de periodista era uno en el que podían demostrar su inteligencia y valor.

En los 30 y 40, durante la Era Dorada del cómic, las historias de Superman tenían una línea en común: el director del Daily Star (así se llamaba entonces) enviaba a Lois y a Clark a cubrir un caso; ella siempre se metía en problemas por ir más allá del cumplimiento de su deber, lo que desencadenaba el conflicto y hacía que el villano saliera a la luz. Por supuesto, Superman siempre intervenía al final para rescatarla. Claro, Supes es el protagonista de estas venturas, pero también está ahí la idea de que no importa cuán fuerte, inteligente e independiente pudiera ser Lois, al final siempre habría de necesitar a Superman. Esta dinámica se trasladó a los estupendos cortos animados de los hermanos Fleischer (1941-1943), del mejor material de Superman fuera de los cómics.





Las cosas se pusieron feas en la ultraconservadora década de los 50 y hasta principios de los 60, la llamada Era Plateada del cómic. Lois pasó de ser la reportera estrella a convertirse en una mujer infantilona obsesionada con casarse con Superman. Ya tú sabes, porque las mujeres siempre están probando estratagemas para lazarnos. Por esa época tuvo su propio cómic, Lois Lane: Superman’s Grilfriend. Chequen la diferencia: en la tira de los 40, su título era “la chica periodista”, pero en los 50 era sólo “la novia de Superman”. Lo peor es que ni siquiera era su novia: no tenían una relación formal.

Tuvimos que esperar hasta la década de los 70 para ver una maduración de su personaje en el cómic. Lois volvió a ser la ruda periodista que no se detenía ante nada y protagonizó un montón de historias creativas e interesantes, como aquella en la que se mete a investigar el movimiento por los derechos civiles de los negros y cuestiona su privilegio de raza, un cómic que merecería todo un análisis aparte.



Una de mis encarnaciones favoritas de toda la vida es la de la película Superman, de Richard Donner (1978). Ahí es interpretada por Margot Kidder, quien a mi gusto es LA Lois, como Christopher Reeve es EL Superman. La caracterización de Kidder le dio al personaje las dimensiones y excentricidades que la hicieron más humana. Obsesiva, desordenada, fumadora compulsiva y con mala ortografia: ¡Lois es un desmadre!

Pero es perfecta. Frente al correctísimo y morigerado Superman, ella es simplemente humana. Uno de mis momentos predilectos de la peli es cuando ella está toalmente morboseando y tirándole la onda a Superman y él, todo caballero, como que no se da cuenta o finge no hacerlo.



Sus imperfecciones humanas, su pasión y su fortaleza son lo que hacen que Superman se enamore de ella, a tal grado que es capaz de desafiar a las leyes cósmicas para salvar su vida. Mucho se ha criticado esa secuencia al final de Superman cuando el Azulote hace volver el tiempo para salvar a Lois, que porque es un deus ex machina, que porque es contradictorio con el personaje, que porque no se había demostrado que fuera tan poderoso, etc.

Yo creo que no lo entienden: esa escena es brillante. Ver a su amada muerta, tener su cuerpo inerte en sus brazos, desencadena en Superman algo desconocido incluso para él mismo. Nunca hasta ese momento había liberado tanto poder, nunca había roto las reglas de esa manera, pero entonces se arrojó a quebrantar sus propias limitaciones como no lo había hecho ni por su propio padre adoptivo, ni por ninguna otra persona. Superman nunca es tan humano como en ese momento, en el que a la vez es tan divino.



La década de los 80 estaría marcada por la reestructuración del universo DC tras Crisis en tierras infinitas, con lo que inicia la Era Moderna. Al legendario John Byrne le tocaría dar una nueva vida a Superman con El Hombre de Acero (1986) y por supuesto que haría cambios importantes con todo el elenco. Lois no sólo era una profesionista exitosa (ganadora del premio Pulitzer) y una mujer independiente que ya no necesitaba ser rescatada todo el tiempo, sino que incluso en ocasiones era ella la que salvaba la vida a Superman. Una superheroína sin capa y sin poderes.

Se estableció que Lois era hija de Sam Lane, alto general del ejército, quien la había entrenado a ella y a su hermana Lucy en combate cuerpo a cuerpo y el uso de armas de fuego. De él, Lois heredó su carácter fuerte y obstinado, pero su rebeldía ante la personalidad controladora del general los llevó a tener una relación áspera toda la vida.

Lois era una mujer de mundo frente al provinciano y a menudo ingenuo Clark. Mientras él apenas y se había percatado de que su mejor amiga Lana le tiraba la onda, Lois era una mujer sexualmente activa que había tenido varias parejas, incluyendo al archienemigo del Hombre de Acero, el multimillonario Lex Luthor, y en la serie animada de los 90, ¡a Bruce Wayne!



De hecho, esta fue la época en la que se estableció que Kal-El es en verdad Clark Kent, y que la personalidad de Superman es la que usa para cumplir con su deber superheroico, al contrario de la Era Plateada, en la que Clark kent era un disfraz para Superman (el famoso monólogo de David Carradine en Kill Bill hace referencia a aquella versión).

Así, la relación de Lois sería con su modesto y educado colega, y no con el Hombre de Acero, lo que permitía que fuera mucho más realista, humana y equitativa. Al principio fueron compañeros de trabajo (y casi rivales), pero no tardó en suceder lo que durante décadas fue impensable: Clark reveló su identidad secreta ante Lois. Así fue como pudieron tener un noviazgo real, aunque algo intermitente, hasta que por fin se casaron tras la muerte y resurrección de Superman.



Sam nunca valoró mucho al pobre de Clark, por considerarlo un pusilánime inmerecedor de su hija. En alguna ocasión hasta le espetó “¿alguna vez has servido a tu país?”. Ya saben, suegros… Como Lois se negó a ser “entregada” en el altar (ella recorrió el pasillo de la iglesia por sí misma), Sam hizo un berrinche y casi no llegó a la boda. Lois, por cierto, contra la costumbre anglosajona, nunca adoptó el apellido de su nuevo esposo.

Estábamos ya en la década de los 90, una de grandes cambios, de los cuales la nueva vida de Lois y Clark como esposo fue de los más importantes. Todo esto se reflejó en la nueva encarnación de la pareja, en la serie de TV Lois y Clak: Las nuevas aventuras de Superman (1993-1997), que aunque era bastante cutre y bobalicona, tiene el mérito de centrarse más en las vidas y relaciones de los dos reporteros estrella de El Planeta (y también de su colorido equipo). La pareja fue interpretada por Teri Hatcher y Dean Cain.



En la serie como en el cómic, Lois y Clark fueron presentados como una pareja moderna, que enfrentaba problemas realistas (dentro de lo que cabe). Desde la inclinación de Clark a ser sobreprotector, que agobiaba el espíritu autónomo de Lois, hasta las dificultades económicas, el desempleo (hubo una época en la que Lois fue la única proveedora) y la enfermedad.

Cerca del final de la continuidad pre-Flashpoint (el Universo DC con el que crecí) se dio un arco muy bonito, Last Son (2006-2008) en el que Lois y Clark adoptaron a un niño kryptoniano al que llamaron Christopher (en honor a Reeve, obvio). Así pudimos apreciar qué tal se las arreglarían ellos dos como padres. Tristemente, se reveló que Christopher era hijo de Zod y el pobre chico quedó atrapado en la Zona Fantasma. Regresaría más tarde como adolescente en papeles muy secundarios.



Flashpoint y los New 52 borraron el matrimonio entre Lois y Clark y rejuvenecieron a los personajes. La nueva aproximación resultaba interesante y fresca, en especial los arcos escritos por Grant Morrison para Action Comics, pero los viejos fans extrañábamos a la pareja.

Los eventos de Convergence nos revelaron que los Lois y Clark pre-Flashpoint habían sobrevivido en una especie de limbo fuera del Multiverso junto con un montón de ciudades extraídas por Brainiac de múltiples realidades. Durante estos acontecimientos Lois estaba embarazada y de hecho llegó a dar a luz (¡asistida por el Thomas Wayne de Flaspoint, no más!). El chico fue bautizado Jonathan, en honor al padre adoptivo de Clark. Los eventos de Rebirth han restaurado a los esposos y su joven hijo a la continuidad principal del Universo DC, para gusto de los fans chavorrucos como su seguro servidor.



En las nuevas películas del DCEU Lois y Clark son interpretados por Amy Adams y Henry Cavill. Aunque siento que a la Lois de Adams se falta la chispa y la sassiness de Margot Kidder, me gusta cómo se ha dado la relación en estas nuevas cintas. Lois conoce el secreto de Clark desde un inicio y se hacen amantes bastante pronto (y se van a vivir juntos sin haberse casado, kescándala), lo que nos ahorra la dinámica que se repitió por más de cinco décadas.

¡Y podríamos hablar de más versiones alternativas! Ya antes de su “boda oficial” se había jugado con la idea de que Lois y Clark se casaran y tuvieran críos en diferentes “historias imaginarias” y Elseworlds. Alan Moore les da un final feliz en Qué le pasó al hombre del mañana, una de las mejores historias del Gran Boy Scout. Con un tono más melancólico, no podemos dejar de hablar de All-Star Superman, de Grant Morrison, uno de los autores que mejor entiende a estos personajes.



De hecho, el Superman de Tierra-2 (que oficialmente era el de la Era Dorada, quien debutó en Action Comics #1), se casó con Lois y la pareja sobrevivió a la destrucción del Multiverso en Crisis en tierras infinitas. Anduvieron por años en un limbo raro hasta la nueva reestructuración producto de Crisis infinita, en la que esta Lois murió, haciendo que el Superman de Tierra-2 flipara y se agarrara a hostias con el Superman actual. Pero luego se hicieron amigos y juntos se madrearon contra Superboy Prime, quien era un psicópata asesino de masas. El Superman de Tierra-2 murió a causa de las heridas recibidas durante la pelea. Expiró pronunciando el nombre de su esposa.

Lois es, más que ningún otro personaje, quien mantiene a Kal-El en contacto con su humanidad y en múltiples historias alternativas ha sido la muerte de ella lo que le hace perder piso y entregarse de lleno a su lado ktryptoniano, frío y deshumanizado; se convierte en un dios castigador que reparte juicios y condenas, como en Injustice. Como dice el nuevo Clark a Lois en Batman v Superman, “tú eres mi mundo”. Y cuando en Justice League el revivido Supes despierta todo encabronado y se pone a madrear superhéroes, es la presencia de Lois la que lo hace recuperar la cordura.



Con excepción de los oscuros años 50, Lois siempre ha representado un ideal de mujer moderna y empoderada, siempre a la vanguardia en cada época, aunque dentro de los límites de otro ideal: el del amor romántico, ése en el que hasta yo creía antes de que la vida me jodiera. Sin importar el paso del tiempo o las miles de versiones alternas, ellos son la pareja romántica por excelencia, e incluso se ha sugerido que su amor es parte del orden mismo del Multiverso. Así, Lois y Clark representan la fuerza del amor que trasciende el tiempo, las fronteras entre lo humano y lo divino, y los límites mismos de la realidad.

Para más del mito de Superman y su importancia cultural:




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