jueves, 22 de marzo de 2018

Los talibanes de América. Parte I




El nombre puede parecer algo hiperbólico, lo admito. Nadie en América está implantando un régimen opresivo y fundamentalista remotamente comparable a lo que tuvieron los talibanes en Afganistán. Pero el mote no es mío; “American Taliban” es un concepto que ha estado circulando desde hace algunos de años para referirse al sector más reaccionario de la derecha religiosa en Estados Unidos.

Sucede que si bien estos fundamentalistas cristianos no tienen el poder de los talibanes islámicos, sí que tienen una mentalidad muy parecida y sospecho que, de tener la oportunidad, llevarían a nuestras sociedades de regreso a tiempos oscurantistas. De hecho, de lo que hablaremos precisamente será del papel de estas corrientes religiosas en el ascenso de la ultraderecha en el mundo, en este Invierno Fascista que estamos viviendo.

Digo “nuestras sociedades” porque, ya que no soy gringo, cuando digo América me refiero a nuestro continente, norte, centro y sur, latina y anglosajona, y no a uno solo de sus países. Así, aunque primero va una introducción sobre cómo está la cosa en ‘Murica, cuna de estos movimientos reaccionarios, en una segunda entrada nos pasearemos por México y otros países de Latinoamérica para echar un vistazo.

Mientras en América Latina la denominación cristiana más poderosa ha sido históricamente la Iglesia Católica, en Estados Unidos lo han sido las congregaciones evangélicas. Según nos informa Wikipedia, a diferencia del catolicismo, el cristianismo evangélico no se trata de una sola religión organizada con una jerarquía definida y una ortodoxia centralizada. En realidad se trata de un movimiento amplio que incluye a iglesias de diferentes denominaciones, o sin denominación específica, con algunos rasgos en común, tales como una creencia en la literalidad e infalibilidad de la Biblia, la necesidad de la salvación a través de la fe y la gracia de Cristo, la importancia de la experiencia de “volver a nacer” y la misión de extender la Palabra de Dios.



El movimiento nació en el siglo XVIII en el mundo anglosajón y agarró fuerte en los Estados Unidos. En un esclarecedor artículo en The Atlantic, Michael Gerson nos cuenta que en los siglos XVIII y XIX el evangelismo se convirtió en el más importante movimiento cultural de los Estados Unidos. Le dio identidad y unidad a la nueva nación e impulsó la creación de escuelas y universidades. Fue durante muchos años un movimiento reformista, que creía en la misión de hacer mejor la vida para las personas en la tierra. Guiado por la compasión y el amor universal profesado por Cristo, los evangélicos hicieron campaña por la abolición de la esclavitud, la reforma carcelaria y la justicia social.

Pero en algún momento, nos cuenta Gerson, el movimiento evangélico perdió el rumbo. A principios del siglo XX se había convertido en un mal chiste. ¿Qué fue lo que pasó? El desarrollo de la ciencia evolutiva a partir del trabajo de Charles Darwin, y de los estudios históricos de la Antigüedad, hicieron imposible para toda persona educada tomar en serio la literalidad de la Biblia. El movimiento fue perdiendo relevancia cultural y social, y se escindió en dos corrientes: una que buscaba modernizarse y otra que se quedó estancada en los dogmas antiguos.

Esta segunda corriente adoptó el nombre de fundamentalismo (neta, nadie más se lo puso) y significó la primera decadencia del evangelismo:

“[El evangelismo] respondió a la modernidad en formas que lo cortaron de su propio pasado. En reacción contra la crítica académica, se volvió simplista y literal en su interpretación de la escritura. En reacción contra la evolución, se volvió anti-científico en su orientación general. En reacción a las corrientes modernizadoras, llegó a considerar el concepto de justicia social como una peligrosa idea liberal.”

Lo que es más trágico, abandonó la idea de que la vida debe hacerse buena en la tierra para adoptar un dogma según el cual el mundo ya está jodido y lo único que nos salvará será la próxima venida de Jesús, que está a la vuelta de la esquina. Es así como el evangelismo decayó como corriente de pensamiento, se aisló y perdió influencia, para convertirse en una ideología marginal (fringe, como dicen los angloparlantes).



Esto comenzó a cambiar hacia la década de los 60, cuando algunos líderes religiosos decidieron salir del gueto que se habían impuesto y abandonaron el nombre fundamentalistas para adoptar el de evangélicos. El recién fallecido Billy Graham, pastor de la Convención Bautista del Sur, se convirtió en la figura más señera del movimiento, abogando por la necesidad de volver a incidir en la vida pública de los Estados Unidos.

Graham presentó una imagen más amigable del evangelismo, se sumó a la causa contra la segregación de los negros y  se convirtió en el asesor espiritual de todos los presidentes gringos desde Harry Truman hasta Barack Obama. Esto debería haber traído una renovación modernista para el movimiento, pero se toparon con la contracultura sesentera y su revolución sexual.

Los evangélicos podían subirse al carro de la equidad racial, pero nunca al del amor libre, la liberación femenina, los derechos reproductivos, la normalización del divorcio y la homosexualidad. No ayudó que las corrientes izquierdistas que abogaban por la justicia social y la igualdad fueran ateas o anticlericales: preocuparse por esas cosas se volvió marca de sucios marxistas.

Al mismo tiempo que las élites intelectuales y culturales de Estados Unidos (en especial en las universidades) aceptaban con entusiasmo las nuevas ideas, el evangelismo ganaba más y más números profesando el tradicionalismo en círculos menos ilustrados. Graham despotricaba contra el feminismo, creía que las mujeres debían ser esposas y madres, y aunque por lo general evitaba el tema, en ocasiones declaró su rechazo hacia la homosexualidad.

Como resultado, nos explica Gerson, el evangelismo se ha mantenido no sólo ajeno, sino de plano antagónico a las corrientes de pensamiento modernas, desplegando una narrativa victimista, conspiratoria y apocalíptica contra el mundo moderno (como si al rechazar sus creencias y valores, la sociedad los estuviera “persiguiendo”), además de antiintelectualismo (al pintar a las universidades como fábricas de fanáticos de izquierda) y anticientismo (al negar la evolución y el cambio climático antropogénico).



De la presidencia de Ronald Reagan (1981-9189) datan muchos giros hacia la dirección equivocada en la historia. Uno de ellos fue la alianza entre el Partido Republicano y las iglesias evangélicas. La historia de cómo el Great Old Party fue pasando al conservadurismo y después a la reacción y a la completa bancarrota moral es por demás interesante, sobre todo teniendo en cuenta que ése fue el partido Abraham Lincoln, que liberó a los esclavos, y de Dwight Eisenhower, que ordenó la integración racial en las escuelas del país. Ahora el GOP es el partido de la supremacía blanca, mientras que el Demócrata ha tenido una historia en la dirección opuesta, pasando de ser el partido de los esclavistas y la segregación en el sur, al de Barack Obama.

Es curioso como las escuelas de pensamiento cambian a lo largo del tiempo hasta convertirse en lo diametralmente opuesto que alguna vez fueron. Esto lo vemos en la actualidad con ciertos sectores de la izquierda, negacionistas de la ciencia y de la Ilustración. Pero ésa es otra historia que abordaré a su debido tiempo.

En fin, el caso es que de la alianza entre republicanos y evangélicos proviene una cada vez mayor confusión de valores que no tendrían por qué tener una relación lógica. Es decir, ¿por qué alguien que está a favor de un mínimo control estatal sobre la economía tendría que oponerse también al matrimonio gay y al aborto? ¿Por qué alguien que cree que los valores religiosos deben guiar la moral debería estar a favor del derecho a portar armas?

El frankenstein ideológico en que se ha convertido la derecha gringa es resultado no de que un sistema de valores central guíe sus opiniones sobre cada asunto, sino de la política de alianzas entre grupos que traen sus propias agendas a un colectivo que quiere mantener contentos a quienes le ayuden a sumar números, votos y cotos de poder.



Y luego Trump, que ganó cuatro quintos de los votos de blancos evangélicos en la elección de 2016. ¿Cómo es posible que un individuo que encarna todo lo contrario de los valores cristianos haya obtenido tanto apoyo de los evangélicos? En parte está el racismo endémico de los blancos sureños y la misoginia de la ideología evangélica. Pero también es que Trump les siguió la corriente, les decía que la cristiandad estaba bajo ataque y les prometía defenderla. Todo se reduce a un cálculo cínico y utilitario: todas las porquerías de Trump -racista, misógino, abusivo, adúltero, egocéntrico, codicioso y deshonesto- pueden ser perdonadas porque él protegerá a la cristiandad.

“Éste es lo que resulta cuando los cristianos se convierten en un grupo de interés más, peleando por los beneficios a costa de otros, en vez de buscar el bien de todos. El cristianismo es amor al prójimo, o si no pierde su camino.”

Estas palabras fueron escritas por Michael Gerson, quien no es el típico liberalote comecuras: es un evangélico conservador que sirvió como consejero de George Bush Jr. ¡Y hasta él se da cuenta de que apoyar a Trump significa la bancarrota moral para el movimiento evangélico! No es el único. Benjamin L. Corey es un teólogo cristiano que está de acuerdo en llamar “talibanes americanos” a ciertos sectores del evangelismo gringo, y convoca a otros cristianos a oponerse a ellos. En especial dice de líderes como Franklin Graham, el hijo del ya mencionado Billy:

“Gente como Franklin Graham están convocando a la gente con los mismos llamados que los talibanes: advirtiendo de que la cultura se está volviendo “demasiado progresista”, que la moralidad está bajo ataque, alentando a los cristianos de un color muy específico a tomar el control del gobierno a nivel local, estatal y nacional. Hay llamados frecuentes a “votar por la Biblia”, o a hacer que América regrese a los “valores bíblicos”. Hay una necesidad de enviar a la comunidad LGTBQ de vuelta a las sombras de la sociedad, de consolidar el derecho a discriminar a los otros, una sed insaciable de poder y el deseo de callar o castigar a aquellos que tengan una moral diferente a la suya.”

En un texto del Huffington Post, Tim Rymel recoge declaraciones de notables líderes evangélicos que son muy poco cristianas, como al mismo Franklin Graham abogando por dejar desamparados a los refugiados de guerra, al pastor Roger Jimenez celebrando la matanza de homosexuales en un club de Orlando, o a James Dobson, fundador de Focus on the Family, minimizar los abusos de Donal Trump. Esta gente, o es terriblemente hipócrita, o son peligrosos sociópatas.



Para entender a los Estados Unidos de Trump, antes que mirar a la Italia de Mussolini, habría que ver a la de Berlusconi. El gran intelectual Umberto Eco, hablando de él, nos advierte que si bien la Iglesia Católica era rival de las evangélicas en el pasado, ahora ciertos sectores de la misma se van acercando cada vez más a las posturas de los fundamentalistas. El que la Iglesia italiana se hubiera alineado con un ricachón cuya personalidad pecaminosa y altanera es muy parecida a la Trump, es señal de que la tendencia es ofrecer a los políticos que, aunque sean indiferentes o incluso contrarios a los valores morales de la religión, estarán dispuestos a favorecer las políticas más dogmáticas que los líderes religiosos les piden.

Eco termina recordándonos unos deseos expresados por el empresario de telecomunicaciones y líder baptista Pat Robertson:

“Quiero que piensen en un sistema de escuelas donde las escuelas humanistas queden completamente vedadas, una sociedad en la que la Iglesia fundamentalista asuma el control de las fueras que determinan la vida social.”

¿No es eso lo que hicieron los talibanes? Pues es lo que quiere una buena parte de los que llevaron a Trump en el poder y resulta que, ingenuamente o no, están esperando que él les cumpla. Una parte de la cristiandad está dispuesta a poner en el trono a cualquiera que les prometa darles el poder de imponer su credo sobre la sociedad. Y no les importará lo corruptos, inmorales o criminales que puedan llegar a ser estos advenedizos; no les importará sumar sus fuerzas a las de supremacistas blancos y neonazis. Como bien dice Eric Sapp, del Christian Post: éste es un pacto con el diablo, la misma oferta que Satán le hizo a Jesús en el desierto.

Ahora, estos grupos extienden varios de sus tentáculos por México y América Latina. Hablaremos de ello en la próxima entrada.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Existe un documental muy bueno (Jesus Camp), sobre las costumbres de los fundamentalistas evangélicos, en particular sobre los pentecostales.

Anónimo dijo...

¿"LOs talibanes de América"? ¿LOs que votaron por Trump? Estás invisibilizando a lAs talibAnas y a lAs que votaron por Trump. Revisa tus privilegios...

Mariana dijo...

Jesus Camp es un documental muy chido como bien lo mencionó el primer Anon, aunque según yo a momentos bordea en el horror, más cuando ve a que grado de manipulación son sometidos los niños....

yo recomiendo otros 2 documentales:

1.- Friends of God: A Road Trip with Alexandra Pelosi, en el que, como indica el título, Alexandra Pelosi hace un recorrido por el sur de estados unidos (el cinturón bíblico que le dicen), visita varias mega iglesias, algunos lugares recreativos y habla con pastores y devotos....

https://www.youtube.com/watch?v=WzjUtcYBWgY

2.- Hell House, un documental del 2001 donde se habla de las casitas del terror (en este caso, del infierno) que preparan los evangélicos para asustar a los adolescentes, con escenas de muertes, drogadicción y otras cositas más para mantenerlos a raya:

https://www.youtube.com/watch?v=bWPs6MGlTpw
https://www.vice.com/en_us/article/3kvkmy/evangelical-hell-houses-are-waking-nightmares

un ejemplo más o menos reciente de los fundamentalistas es la familia Duggar, con 19 hijos e hijas:

http://www.freejinger.org/forum/251-quiver-full-of-duggars/

wen post Ego, este tema siempre da mucha tela de donde cortar :)

martincx dijo...

La mejor forma de mostrar lo reaccionario, contradictorio y retrógrado que son esta gente, es usando el humor; por lo que recomiendo Religoulus de Bill Maher.

Maik Civeira dijo...

Hola, a todos. Perdón por tardar en responder. Gracias por sus recomendaciones. Ya vi "Jesus Camp" y "Religulous". Los otros que recomienda Mariana no los he visto. Los buscaré, gracias :)

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