jueves, 19 de abril de 2018

Superman contra el racismo



No hace mucho salió un cómic de Superman (Action Comics #987, septiembre de 2017) que causó la irritación de la alt-right y demás grupos de derechairos subnormales. En él, el Azulote protege a un grupo de inmigrantes de los disparos de un supremacista blanco (el cual tiene todo y una bandera gringa atada en la frente). El sitio criptonazi Breitbart expresó un predecible berrinche tachando a Supes de ser un "Social Justice Warrior" y de que sus acciones son "supersocialismo". 

Aplaudo que mi héroe favorito haga enojar a los retardados morales de la ultraderecha, pero lo cierto es que la situación no es nueva. Superman, desde sus orígenes, ha sido de ideales progresistas. No olvidemos que ya en su primera aparición, Action Comics #1, es presentado como hombre del pueblo y campeón de los oprimidos: defiende a un hombre injustamente condenado a ejecución y a una mujer golpeada por su marido, y combate a una panda de gángsters bravucones y a cabilderos capitalistas que quieren provocar una guerra para vender armas (más ejemplos aquí).

Hoy quiero hablarles de un par de cómics que salieron en la década de los 70. Esos años son poco conocidos para muchos de los lectores que se iniciaron en la época post Crisis en tierras infinitas. Solemos confundir y revolver la época pre-crisis como si todo fueran cosas ñoñas y tontas como éstas:



Pero los 70 fue una década de mucha creatividad e innovación. Los cómics de superhéroes se atrevieron a llegar a nuevos horizontes, preparando el arribo de títulos que cambiarían para siempre la industria en los 80, como The Dark Knight Returns o Watchmen.

Uno de los aspectos más llamativos de aquellas publicaciones es que, al contrario de lo que sucede ahora, cada número presentaba una aventura autocontenida. No era necesaria una maxisaga cósmica que conectara 50 títulos de DC para tener una buena historia. De hecho, cada número era como un buen cuento fantástico en el que Superman se enfrentaba a situaciones muy diversas. En ellas, el Hombre de Acero salía victorioso más por su ingenio que por su fuerza.

El formato era siempre similar. El cómic iniciaba con un panel de página completa a mitad de la acción; un momento impactante y extraño que captaba la atención del lector de inmediato, pues queríamos saber cómo rayos se había llegado a esa situación. Aun así, las historias podían llegar a ser muy creativas, originales y, en el caso de las dos que les traigo hoy, de un compromiso social que las vuelve curiosidades de valor histórico.



El primero que les traigo es Superman #247 (1972), escrito por Elliot Maggin e ilustrado por Curt Swan. En él, nuestro héroe, después de cumplir una misión en el espacio exterior, es interceptado por los Guardianes del Universo (los jefes de los Linternas Verdes), quienes le sugieren que quizá sus acciones protectoras están haciendo a la gente de la Tierra demasiado dependiente de él, y con ello atrasando su desarrollo social. Superman se queda pensando en esto mientras va de regreso a su hogar.

En el camino pasa por California, donde alcanza ver a un capataz blanco golpeando un jovencito mexicano. Rodeado de jornaleros temerosos, el gringo ejerce su despotismo contra el muchacho. Superman interviene y detiene el abuso ante las quejas del gringo. Manuel, el joven mexicano, le explica la situación. Los jornaleros había acordado irse a huelga contra los maltratos que sufrían bajo el patrón, pero a la mera hora, todos se culearon y sólo Manuel protestó, por lo cual recibió todo el castigo.



En este cómic, Superman hace un paralelismo explícito entre su propia historia y la de Manuel: ambos son inmigrantes indocumentados que llegaron a Estados Unidos después de que su padre, moribundo, los enviara a buscar un mejor futuro. Nuestro héroe simpatiza con los trabajadores explotados, pero la advertencia de los Guardianes de la Galaxia resuena en sus oídos.



Kal lo medita y decide que no puede hacer por los braceros aquello que ellos mismos no están dispuestos. Después de salvar a su comunidad de un repentino terremoto, Superman les dice que tienen que tomar su destino en sus propias manos. Necesitan organizarse para defender sus derechos, seguir el ejemplo de Manuel y estar unidos en vez de dejar que el miedo los divida y paralice. Así que sí: en este cómic Superman incita a los trabajadores a irse a huelga.

Es fascinante que en una historia tan breve haya podido plasmar un dilema moral para Supes, retratar una situación social existente y enviar un mensaje sobre organización y solidaridad en la búsqueda de la justicia.



El otro cómic del que les quiero hablar es Lois Lane #106 (1970) con argumento de Robert Kanigher y arte de Werner Roth. Como anuncia el título, está protagonizado por ni más ni menos que Lois Lane. En esta breve aventura, la audaz periodista está decidida a hacer un reportaje sobre los conflictos sociales que se daban en el gueto negro de Metrópolis, llamado la "Pequeña África". 

En un principio Lois piensa que todo va a estar muy guay, que va a entrar a los barrios negros y ser recibida con los brazos abiertos. Pero casi desde que llega se topa con la desconfianza de los vecinos, que se niegan incluso a dirigirle la palabra. Al pasar ante un mítin organizado por un líder local, Lois  escucha las acusaciones del orador contra el racismo de la sociedad americana de su tiempo. Lois cae en la típica queja de los blancos: "ay, por qué dicen eso, si yo no soy racista". #NotAllWhites. La perspectiva de nuestra heroína estaba a punto de cambiar.



Con el objetivo de hacer su reportaje en mente, Lois le pide a Superman que la lleve a la Fortaleza de la Soledad para usar una máquina que permite a las personas cambiar de forma. Su objetivo: ¡volverse negra! Con todo y su pelo rizado y su piel oscura, Lois emerge de la máquina y, con ayuda de Superman, vuelve a Metrópolis y a la Pequeña África para seguir su encomienda.

Pero ahora Lois tiene que enfrentar una realidad diferente. Si en un primer momento lo que más le preocupaba era que su fabuloso atuendo "afro" se estropeara bajo la lluvia, en poco tiempo tuvo que experimentar la actitud suspicaz y despectiva de las personas blancas de su propia ciudad. ¡Incluso de amigos y conocidos suyos! Actividades de la vida cotidiana, como pedir un taxi o viajar en metro, que Lois daba por sentadas, ahora se vuelven incómodas o de plano imposibles.  O sea, éste es el cómic en el que Lois Lane reconoce su privilegio de raza.




Al llegar al gueto, Lois conoce la situación en la que viven muchos vecinos: pobreza, inseguridad, violencia. Gángster tratando de reclutar a jóvenes. En un altercado, un joven llamado Dave Stevens (el mismo del mítin) es baleado por los criminales. Superman llega al rescate y lleva al joven al hospital, pero éste ha perdido mucha sangre. Sin pensarlo, Lois se ofrece la suya para la necesaria transfusión. Porque la sangre de todos los seres humanos es del mismo color.

Concluye con una renovada confianza y amistad entre Lois y Dave. Todo muy bonito, pero no hay que perder de vista que el racismo es un problema sistémico, y que un cambio de actitud personal es un buen inicio, pero nunca es suficiente.

En efecto, vistos con los estándares de ahora, estos cómics escritos hace más de 40 años no dejan de tener sus problemas. Son optimistas en exceso y el retrato que hacen de los asuntos sociales es simplista; además, en su intento de simpatizar con grupos oprimidos no se libran de tener una perspectiva condescendiente y que en última instancia perpetúa ciertos prejuicios. Después de todo, estas historias fueron escritas por hombres blancos cuya realidad distaba mucho de la que estaban tratando de representar.



Con todo, no podemos dejar de reconocer el compromiso de este par de obras por visibilizar los problemas de la población afroamericana y de los inmigrantes hispanos en la década de los 70, y por llevar estos temas a un medio normalmente escapista. Se trata de un esfuerzo honesto por tender puentes, promover la empatía y el entendimiento, y abogar por la hermandad de todos los seres humanos. A pesar de sus fallos, este par de cómics envían poderosos mensajes: las actitudes discriminatorias no son solo cosa de "los malos", sino que cualquier persona puede tenerlas, y que uno no puede andar opinando sobre la situación de los demás si antes no hace un esfuerzo y ejercitar la empatía para ponerse en su lugar.

En estos tiempos en los que los racistas y los xenófobos andan muy descarados, algunas obras de la cultura pop han destacado por su compromiso con la diversidad. En el caso de Superman, ese compromiso ha sido, salvo ciertos momentos en épocas reaccionarias, una constante, una parte esencial del personaje, lo que lo define como el héroe, ejemplo a seguir y encarnación de lo mejor que habita en el espíritu humano. Ahora que celebramos los 80 años del Hombre de Acero, quise homenajearlo por ello.



PD: Estos cómics fueron publicados en México por Editorial Vid en 2001, como parte de una compilación titulada Superman en los Setentas

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