viernes, 29 de junio de 2018

¡Los aztecas cabalgaban dinosaurios y nosotros tenemos las pruebas!




Buenos días, habitantes del Cenozoico. Este domingo hay elecciones y por eso ¡no hablaremos de política! Pues estamos hartos, cansados, y de todos modos nada de lo que pueda decir aquí cambiará la opinión de nadie sobre por quién votar. En cambio, para relajarnos un poco y con el pretexto del estreno de Juanito y los Clonosaurios 5 (reseña aquí) hablemos de ¡DINOSAURIOS!

Muchos de nosotros, desde chavillos, soñábamos con algún día llegar a ver dinosaurios vivos. Pues algunas personas piensan que los seres humanos de hecho convivieron con dinosaurios y otras bestias supuestamente extintas. ¿Cómo pueden demostrarlo? El arte de civilizaciones antiguas, por supuesto.

Es decir, así como hay personas que se la pasan buscando evidencias de que los egipcios tuvieron contacto con extraterrestres, hay otros expertos que opinan que hay muestras de arte antiguo que retratan dinosaurios. Como los antiguos no tenían paleontología ni técnicas modernas de reconstrucción anatómica de especies extintas, sólo podemos suponer que si tallaron imágenes de dinosaurios es porque vieron vivos a estos animales.

Es decir, miren este grabado en un antiguo templo camboyano:



¿Acaso no representa claramente a un estegosaurio? ¿No es una prueba irrefutable de que los antiguos camboyanos vieron alguna vez a este animal pastando por sus selvas? Respuestas: No y no. Pues esto de los “dinosaurios ancestrales” (todos los dinosaurios son ancestrales, pero ustedes saben a qué me refiero) es pura pseudociencia y magufería. En esta entrada les voy a explicar por qué.

Miren, los principales promotores de esto de “los egipcios vieron dinosaurios” son nuestros viejos amigos, los creacionistas de la Tierra Joven, religiosos fundamentalistas que creen que el relato del Génesis en la Biblia debe ser interpretado literalmente, así que Dios creó el mundo en seis días hace seis mil años.

¿Qué pasó con los dinosaurios? No se extinguieron hace 65 millones de años (¡la Tierra sólo tiene 6 mil!) como dicen los científicos ateos liberales. No, éstos fueron creados con el resto de los seres vivos, y se fueron extinguiendo gradualmente a lo largo de los siglos, al igual que sucedió a otros animales como el león europeo o el dodo. Así que los fósiles de dinosaurios que los científicos han encontrado son en realidad muy recientes, tanto como las primeras civilizaciones humanas. Prueba de ello es que los humanos de la Antigüedad plasmaron a los dinosaurios en su arte. ¡Incluso Jesús quizá cabalgó en un dinosaurio!


No se necesita ser creacionista. Se puede ser nada más un magufo criptozoológico, que crea que algunos dinosaurios (las especies más populares con los niños, faltaba más), sobrevivieron a la extinción de Cretáceo y fueron vistos por algunos habitantes del mundo antiguo. Esta tesis es un poco menos idiota, pero igualmente se cae por tierra. Como vimos en mi entrada sobre la criptozoología, simplemente no hay forma que un gran reptil hubiera podido sobrevivir al meteorito, y que los ecosistemas actuales no podrían sostener una población viable de estos grandes animales sin que nadie se diera cuenta.

Sé que suena completamente descabellado. Y lo es. Pero los creacionistas y los criptofans se lo creen muy en serio, y por eso dedican sus investigaciones (sic) a demostrarlo. ¿Podemos refutarlos? Facilísimo. A continuación veremos algunos de esos supuestos artefactos y cuál es la verdadera historia que se esconde tras ellos.

Dinosaurios aztecas e incas

Empecemos por el terruño, nuestro querido México. En 1944 un comerciante alemán radicado en Acámbaro, Guanajuato, se topó un día con curiosas figurillas de cerámica. Intrigado, le encargó a un granjero de la localidad que le llevara todas las figurillas que pudiera encontrar, y que a cambio le pagaría un peso por cada una de ellas. Ni tardo ni perezoso, de puro milagro el granjero le fue presentando figurilla tras figurilla hasta que el alemán acumuló unas 32 mil.

Algunas de las piezas representaban cosas bien extrañas, como civilizaciones muy lejanas (egipcios, europeos, etc.) que dispararon las especulaciones sobre contacto entre aquellas y los pueblos de Mesoamérica (que también son patrañas; escribí todo un post al respecto). Algunas otras representaban claramente dinosaurios, así que estaba la duda: ¿acaso los aztecas convivieron con los lagartos terribles?



No, obvio que no. Para empezar está la enorme coincidencia de que en un solo lugar de todo México se encontraran estas representaciones. Digo, si los aztecas hubieran visto tiranosaurios, no habrían quedado tan impactados que lo habrían dibujado en todas partes todo el tiempo? ¿Cómo es que sólo aparecieron en un ranchito en Guanajuato, justamente encontrados por un tipín que estaba recibiendo dinero para encontrarlos? ¿Y cómo es que las figuras corresponden con la representación de los dinosaurios en la cultura pop de la época, y no como los científicos actuales saben que fueron?

De hecho, las figurillas sí han sido analizadas y fechadas por expertos. Quedaba claro, a simple vista, que su manufactura era reciente, pues no mostraban desgaste ni acumulación de polvo en sus recovecos. Técnicas de datación ubican la cocción de las figurillas no más de 30 años antes de la década de los 60. Es una lástima, ¿acaso no habríamos querido imaginar guerreros águila montados en triceratops?



Bueno, los aztecas no domaban dinosaurios, ¿qué hay de los incas? En la década de los 60, en la provincia peruana de Ica, un señor llamado Javier Cabrera dio a conocer una colección de piedras talladas con técnicas desconocidas y que representaban dinosaurios. Cabrera escribió un libro sobre las piedras, argumentando que –chequen nomás- eran prueba de que los seres humanos tienen unos 405 millones de años de edad, o que humanos de otros planetas visitaron la tierra en el Mesozoico y las tallaron. Porque eso es lo que hacen los seres que han dominado el viaje interplanetario: dejar suvenires ambiguos e inútiles.



Y… ¡también son falsas! Resulta que Cabrera igual se las compraba a un granjero local, quien años más tarde confesó haberlas elaborado él mismo con un taladro de dentista, y las hacía parecer más antiguas al cocerlas en popó de vaca. El artesano confesó su fraude porque las autoridades peruanas estaban a punto de arrestarlo por el delito de vender piezas arqueológicas. Luego se dedicó a ganarse la vida haciendo más de esas rocas y vendiéndolas a los turistas. Estos casos de campesinos que estafan a ilusos citadinos me dan una alegría tremenda.

Dinosaurios en el Gran Cañón

En el estado de Arizona hay un cañón llamado Havasupai; allí se encuentra un petroglifo que representa a un animal muy extraño. ¿Lo sorprendente? Su perfil coincide a la perfección con la figura de un edmontosaurio, uno de esos dinosaurios de “pico de pato” que caminaban sobre sus patas traseras. El petroglifo y la imagen del vetusto lagarto son prácticamente idénticas, prueba de que los amerindios prehistóricos que habitaron el valle, llegaron a ver a estos grandes animales.



O no. De hecho, la imagen del edmontosaurio fue creada ex profeso para coincidir con el petroglifo y no corresponde con las reconstrucciones modernas de ese animal. Los tiempos en los que se pensaba que los grandes bípedos caminaban erguidos y arrastrando las colas han quedado atrás. Chequen la diferencia:



De hecho, el petroglifo del Havasupai corresponde con la iconografía usada por los antiguos amerindios para representar aves específicamente el águila. Confundir animales existentes con dinosaurios (o, para el caso, objetos comunes con naves extraterrestres) es algo que sólo le puede pasar a tarados y charlatanes, no a expertos en el arte y la cultura de los pueblos antiguos. Por eso no es de extrañarnos que haya otro animalejo pintado en la roca; esta vez, se trata de pterosaurio en Utah.



Impresionante, ¿no es cierto? Pero sólo si la fotografía está tomada de tal forma que tres pinturas distintas se superponen y nuestra tendencia a la pareidolia hace el resto. Los expertos nos informan que la cabeza y el cuello son de la pintura de una figura humana con los brazos extendidos; una segunda silueta antropomorfa forma el torso y las patas, mientras que la otra ala es la imagen de una víbora cornuda. Nadie había visto al pterosaurio hasta que a alguien se le ocurrió conectar las tres pinturas dentro de un contorno delineado con gis.



Otra vez en los Yunaites, la capital mundial del cristianismo fundamentalista, nos trasladamos al río Paluxy, en Texas. El río es famoso por las huellas de dinosaurios que se han encontrado en sus riberas. Los dinosaurios caminaron en el lodo de esta cuenca hace eones, y en algunos casos el lodo se endureció y las huellas quedaron para la posteridad. Ah, y también hay huellas humanas, prueba irrefutable de que los primeros hombres caminaron junto a estas magníficas criaturas.

Excepto que no (venga, ya sabían que iba para acá). Los creacionistas se la pasan diciendo que ésas son huellas humanas, pero los científicos de verdad hace mucho que establecieron que son huellas de dinosaurios bípedos, las cuales, al erosionarse con el tiempo, adquirieron la forma de huellas humanas ¡gigantes! Ah sí, porque esas pisadas no tienen el tamaño de huellas de humanos normales, sino que tienen proporciones descomunales. Los creacionistas dicen que son de los hombres gigantes de la Biblia. Porque todo el mundo sabe qué es un coloso, pero ¿quién ha oído hablar de un “igúnadon”, Lisa?




Otros supuestos dinosaurios en arte antiguo son más ejemplos de lo anterior: o se trata de fraudes recientes para engañar a los incautos, o se trata de animales incorrectamente identificados por gente que no sabe nada sobre el estilo artístico de los pueblos antiguos. ¿Qué hay de ese bajorrelieve camboyano de allá arriba? He ahí un verdadero misterio, pues hasta la fecha no se sabe si es una pieza auténtica que representa a otro animal (quizá un rinoceronte), o una falsificación reciente, dado que el templo en cuestión ha sido usado durante décadas para producir películas, y los equipos fílmicos han hecho y deshecho a su antojo, sin mucha regulación de las autoridades.

Otros algunos ejemplos antiguos incluyen: el Mosaico de Palestrina, el Mosaico de Lydney Park,  el fresco de Pompeya, una moneda alejandrina, arte rupestre en Zambia y pinturas en el Lago Superior y en Illinois. Como refutar todos y cada uno de estos casos me es imposible, les dejo para investiguen por su cuenta, teniendo presente todo lo que acabamos de ver. Les dejo imágenes por los lulz.

Un estegosario de Acámbaro

Un triceratops en una de las piedras de Ica

Un supuesto dinosaurio pintado en Agawa Rock, Canadá.
En realidad representa a un ser de la mitología de los ojibwe.

Según los creacionistas, este mosaico del 100 a.C. representa un dinosaurio.
Según los expertos, se trata de una nutria u otro mamífero acuático.

¿Dinosaurios en un fresco en Pompeya?
No, son pigmeos cazando hipopótamos y cocodrilos.

Este mosaico romano en Lydney Park, Inglaterra, muestra a dos plesiosaurios combatiendo...
O a dos monstruos de la mitología celta.

Así que ya lo saben: los dinosaurios están extintos. Es tiempo de dejar de esperar a que aparezcan en algún rincón del mundo, presente o pasado. Y es tiempo de sacarlos del gobierno. ¡Ups! Parece que al final sí metí algo de política. 😉

Para saber más:



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