jueves, 9 de octubre de 2008

Crisis económicas de ayer y hoy




Introducción


No sé mucho de economía. Los pocos (poquísimos, ínfimos) conocimientos que podría tener sobre economía los he obtenido principalmente de lecturas sobre historia y política. Como no se puede comprender la historia ni la actualidad del género humano sin entender las relaciones de producción (y según la interpretación marxista, ambas cosas, la historia de la humanidad y la de los modos de producción, son una misma), en todo buen libro que trate de la sociedad actual o pretérita vienen explicaciones relativamente sencillas, para profanos, de los fenómenos económicos.


Viviendo en los resabios de la crisis económica mundial que nos cayó encima desde 2008, creo que mis pocas (pero, siento yo, acertadas) lecturas me permitirán hablar de otra crisis económica mundial, la que estalló el "Jueves Negro", el 24 de Octubre de 1929.


No voy a abundar en pormenores relativos a la Gran Depresión. Ya todos sabrán lo de la "epidemia de suicidios", las filas de desempleados, la gran cantidad de personas que perdieron sus casas y el ataque de King Kong a Nueva York en 1933. Quien quiera conocer las historias humanas en el contexto de la Gran Depresión, que lea Las uvas de la ira de Steinbeck (que aún no he leído, pero que menciono aquí para hacerme al culto).


De lo que voy a hablar en esta entrada es de las causas, consecuencias y, sobre todo, de las soluciones que se tomaron en aquellos años para resolver la crisis.


Dejad hacer, dejad pasar




Como ustedes saben, el lema del liberalismo económico es el famoso laissez faire, laissez passer, o sea, "dejad hacer, dejad pasar", o sea "tú Estado, no te metas con el Mercado, déjalo hacer, déjalo pasar, que él solito hará justicia y verá que todo quede en su lugar".


¿Cómo regularía el Mercado la vida de la humanidad, sin necesidad de la intervención del Estado o de cualquier otra institución controlada a su vez por la ciudadanía? Les pongo un ejemplo sencillo: el Estado no tiene que regular que los productos que fabrica o vende tal compañía sean de buena calidad y se den a buen precio. El Mercado se encargará de que eso sea así, porque si una compañía vende un producto de mala calidad, o a un precio exagerado, o que sea dañino para salud o el medio ambiente, los consumidores harán uso de su libertad de elección y comprarán a otra compañía cuyos productos no tengan ninguno de esos defectos. Así, las empresas se verán obligadas a desarrollar productos de buena calidad y a buenos precios, a menos que quieran desparecer.


El Estado tampoco tiene que regular las condiciones de trabajo ni los sueldos de los empleados, porque si una empresa ofrece empleos con muy malas condiciones o muy mal pagados, el trabajador insatisfecho podrá hacer uso de su libertad e irse a buscar trabajo en otra empresa que le ofrezca mejores condiciones. Así, si una empresa quiere sobrevivir, tendrá que ofrecer buenos salarios y buenas condiciones para atraer a los empleados mejor capacitados.


Ahora bien, hay que ser muy ingenuo para pensar que este sistema funciona tan de maravilla como se dice, porque, como cualquiera que haya ido a hacer el súper o cualquiera que haya buscado un empleo sabe, bien puede darse el caso de que TODAS las empresas den productos de mala calidad, dañinos y a precios ridículos y TODAS las empresas ofrezcan salarios miserables por labores extenuantes en condiciones peligrosas, y que los consumidores y trabajadores tengan que aceptar esta situación porque no tienen de otra. El ideal de la libre competencia se derrumba desde el momento en que las grandes corporaciones absorben a las pequeñas y concentran cada vez más y más poder, eliminando a la verdadera competencia y con ella la capacidad real de elección de los consumidores. Pero sobre todo, el Homo economicus, que toma decisiones libres, individuales y racionales sobre su economía, empleo y consumo, es una ficción pseudocientífica


Otro ejemplo muy sencillo es que el Mercado ha permitido que celebridades (deportistas, cantantes, actores) semianalfabetas se hagan obscenamente ricos, mientras maestros, médicos, bomberos y policías reciben salarios míseros, provocando a su vez que los respectivos servicios que prestan sean pésimos y sus profesiones y oficios se desprestigien, como les platiqué en Sobre una muy pobre concepción de la riqueza. Más aún, muchas de las profesiones más lucrativas de la actualidad no producen riqueza en lo absoluto, sino que se dedican a distribuirla, o más bien a concentrarla, en las manos de los oligarcas.


Así, vemos que el "dejar hacer y dejar pasar" no asegura que las cosas sean justas y no hace falta darle muchas vueltas al asunto para evidenciar esto. Pero sí tuvo mucha popularidad antes de la Gran Depresión y tiene mucha popularidad hoy en día, (principalmente porque hace muy ricas a algunas personas, y los demás se dejan convencer con la esperanza de ser ricos ellos también).


Pero el liberalismo económico fracasó y su gran fracaso fue precisamente la Gran Depresión que se inició en 1929. Por eso hay neoliberalismo, porque el liberalismo original fracasó estrepitosamente y se llevó a todo el mundo a la chingada. Si no hubiera fracasado el liberalismo, hoy habría ese mismo liberalismo y no un neoliberalismo. Hay neonazis porque los nazis originales perdieron, si no, serían simplemente nazis también; y hubo un arte neogótico porque el estilo gótico había pasado de moda mucho tiempo antes... ¿Sí se capta la idea?


Las causas



La causa principal de la Crisis de 1929 fue, como ya dijimos, el poquísimo control del sector público sobre el sector privado, o sea del Estado (que en este sentido incluye al gobierno y a la ciudadanía que lo elige y al que le rinde cuentas) sobre la actividad de las empresas privadas. Las demás causas derivan de ésta.


Sobreproducción: Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Estados Unidos y otros países no europeos (sobre todo Japón) habían desarrollado numerosas industrias para cubrir las demandas de consumo en el Viejo Continente. Al acabar la Guerra, esa demanda de consumo no continuó, porque los europeos pusieron en marcha sus propias industrias. Pero sí continuó la producción. Entonces, hubo mucha más producción que consumo, lo que provocó un derrumbe de los precios, y consecuentemente, del valor de las acciones de las compañías.


Expansión artificial del mercado de acciones: Una acción es un papelito que representa un porcentaje de la propiedad de una compañía. Algunas compañías fraccionaron tanto su propiedad para vender más acciones, que al final cada acción representaba un porcentaje ínfimo de la propiedad de esa compañía. Millones de personas invirtieron su dinero en acciones (una forma de ganar dinero sin trabajar), incluso endeudándose para comprar más acciones. Si en un principio una acción de una compañía valía millones de dólares, al fragmentar cada vez más la propiedad de esa compañía, cada acción valía menos. Y cuando se dio el derrumbe en los precios de las acciones, los millones de dólares que tenía la gente invertidos en las acciones, simplemente dejaron de existir. De pronto los papeles de un millón de dólares ya no valían nada, y como no existía efectivo respaldando el valor de ese papel, mucha gente perdió todo su dinero.


Distribución inequitativa de la riqueza: Los 20 eran años prósperos, pero la riqueza, aún en los países capitalistas más desarrollados, estaba en unas pocas manos. Este factor agravó la crisis de sobreproducción, pues al no haber suficiente gente con poder adquisitivo, no se podían colocar tantos productos en el mercado. Esto causó, a su vez, un círculo vicioso: como las empresas comenzaron a perder dinero, despidieron trabajadores para reducir gastos. Pero por cada persona que pierde su empleo, hay un consumidor menos, porque esa persona ya no tiene poder adquisitivo. Y mientras menos consumidores había, peor les iba a las empresas, que tenían que seguir despidiendo gente, agravando más y más la situación en una espiral descendente.


Gastos mayores que ingresos: Como decía más arriba, mucha gente se endeudaba para invertir en acciones. Pero también se endeudaban para conseguir todas esas "necesidades" que el modelo capitalista les hacía creer que tenían. La gente gastaba más de lo que ganaba. Cuando estalló la crisis, los bancos u otras instituciones acreedoras no tenían todo el dinero que habían prestado, ni la población podía pagar todo el dinero que habían recibido. O sea, todos estaban endeudados y nadie tenía nada, lo que agravó aún más las cosas.


Como pueden ver, todos estos factores que causaron la Gran Depresión están presentes en el panorama económico actual. Al igual que antes de 1929, los políticos y economistas pregonan (y logran) la liberación del Mercado y la poca o nula participación de Estado. Al igual que en 1929, la distribución de la riqueza es inequitativa, y la gente se endeuda de formas absurdas para comprar lo que no necesita. No recuerdo qué comercial de televisión, creo que era de Chapur, tenía como slogan la frase "El que nada debe, nada tiene". Y como tener es un valor en esta sociedad consumista, hay que endeudarse para poder tener y ser "alguien".


Sobreproducción no parece haber, por ahora. Pero la habrá en el momento en que las empresas produzcan más de lo que la población puede consumir. O más bien al revés, la población perderá su poder adquisitivo y no se podrá consumir todo lo que las empresas producen. Una diferencia importante es que en vez de (o aparte de) una expansión artificial del mercado de acciones, lo que se dio hasta 2008 fue una expansión artificial del mercado de hipotecas. Una hipoteca se vende y se revende tantas veces que al final ya nadie sabe quién es dueño de qué.


En pocas palabras, lo que el liberalismo provocó en 1929, lo está repitiendo el neoliberalismo hoy en día. Sólo vean este fragmento del documental Inside Job sobre la crisis económica en Islandia:





Los efectos



Seré breve con los efectos (o síntomas) de esta crisis y me limitaré a enlistarlas:

  • Disminución de la producción y el comercio

  • Aumento catastrófico del desempleo

  • Quiebra y cierre de muchas empresas

  • Los bancos no tenían efectivo para devolver los ahorros a sus clientes, por lo que éstos también se quedaron sin dinero

  • Mucha gente perdió su hogar y todos sus bienes

  • Epidemia de suicidos como pocas veces en la historia

  • Muchas naciones se volvieron hacia demagogos nacionalistas, como Hitler y Mussolini, que prometían soluciones milagrosas (aunque algunos las lograron, más o menos).

Esto último es especialmente preocupante. El fracaso del liberalismo económico hizo que Europa se volviera hacia la extrema derecha; el fracaso del neoliberalismo parece estar provocando lo mismo justo ahora, en que los demagogos fascistoides ganan popularidad por todo el mundo. Esperemos ser lo suficientemente listos para prever y prevenir estos resultados en la crisis que enfrentamos actualmente.


Las soluciones




Ya que el principal causante de la Gran Depresión fue el liberalismo económico, cuyo dogma principal es la mínima participación del Estado en la economía, la solución lógica fue una mayor participación del Estado en la economía. A esto se le llamó en Estados Unidos el New Deal, "nuevo trato", una nueva relación ente el gobierno y las empresas.


De un gobierno ausente que sólo tenía que asegurar la vida y propiedad, se pasó a un gobierno comprometido que tenía que asegurar bienestar en el más amplio sentido de la palabra. Por ese entonces, un joven político estadounidense obtuvo el apoyo de los grupos liberales (liberales sociales, no liberalistas económicos, que muchas veces suelen ser conservadores sociales), sindicatos y minorías raciales y religiosas. Todo ese apoyo lo utilizó para llegar a la Casa Blanca, sacar a los republicanos que entonces gobernaban, darle una patada al exagerado modelo liberalista que los había llevado a la crisis, y empezar a solucionar las cosas. ¿Les parece familiar este escenario?


Este político era Franklin Delano (no se burlen) Roosevelt, quien como presidente de los Estados Unidos adoptó las medidas recomendadas por el economista inglés John Keynes:


Introducción de medidas de asistencia social: Era necesario mantener a la población por encima de cierto margen de pobreza, que la gran cantidad de indigentes que surgieron como causa de la Depresión pudieran reincorporarse a la vida productiva. Si hay demasiados pobres no hay quien consuma y la economía no puede seguir, es por ello que se debía combatir la pobreza. Además, el Estado asumió el papel de benefactor para que la pobreza fuera menos intolerable para quien la vivía.


Fomento a la inversión en proyectos productivos: Para que la gente no tuviera su dinero ocioso en el banco (o bajo el colchón) o lo usara para comprar acciones con la esperanza de ganar dinero sin hacer nada, el gobierno tomó medidas para aumentar la inversión en proyectos productivos. Todo para que la economía siguiera dando vueltas.


Aumento a la inversión pública en grandes obras: Para generar empleos el gobierno invirtió en grandes obras públicas. Este tipo de inversiones siempre genera empleos, aunque sean temporales. Mientras más asalariados haya, hay más personas con poder adquisitivo, más consumo, más producción, lo que genera más empleo, más consumo... y así en un círculo virtuoso. En algunas ciudades, con tal de generar empleos, los gobiernos contrataban escuadras de trabajadores que excavaban baches en las calles por las noches, y a otras escuadras que tapaban esos baches durante el día.


Vuelta a políticas proteccionistas: O sea, justo lo contrario de lo que pregonaban los liberalistas económicos. Proteger a las industrias nacionales para evitar que las extranjeras las aplasten. Eso permitía que las industrias nacionales se desarrollaran y que, cuando llegara el momento, pudieran competir con las extrajeras.


Impulso a la industria del armamento: Por suerte para los Estados Unidos, no muchos años después un austriaco loco intentó conquistar el mundo y hubo que hacerle la guerra. Desde entonces, Estados Unidos inició su laaaaarga tradición de hacer la guerra para mantener su economía. Si lo piensan, es el negocio perfecto. La industria del armamento genera muchos empleos y mientras haya guerras, habrá quien consuma sus productos.


Además, las generaciones que vivieron los años de la Depresión desarrollaron una cultura de austeridad, trabajo y ahorro, muy al contrario de nuestras generaciones despilfarradoras.


Como pueden ver, algunas de estas soluciones ya se están aplicando por parte de los gobiernos, y en particular el saneamiento de la economía durante la presidencia de Obama se dio por medidas que se contraponían al ideario neoliberal. Incluso en su momento George W Bush devolvió dinero a los contribuyentes, para que gastaran e hicieran girar la economía (¡santo socialismo, Batman!). Y Felipe Calderón anunció en cierto punto un programa de millonarias inversiones en obras pública, lo que incluía una nueva refinería de Pemex. Es decir, incluso los neoliberales tuvieron que moderar su neoliberalismo para que no se los cargara el payaso.


En cuanto al proteccionismo, éste funciona y ha funcionado en países en los que existe una cultura emprendedora, como Estados Unidos e Inglaterra. En nuestro México largos años de proteccionismo sólo sirvieron para que tuviéramos empresas mediocres que hacían productos muy caros y de mala calidad. Por lo menos así fue en la mayoría de los casos. De todos modos, en este mundo globalizado, no creo que sea posible ni deseable adoptar medidas proteccionistas tratándose de productos industriales.


Ahora, en relación a lo del armamento y la guerra, es algo poco recomendable. Si no podemos recuperarnos económicamente sin hacer la guerra, es que estamos yendo muy mal. De cualquier forma, Estados Unidos está sosteniendo dos guerras desde 2001 y 2003, y eso tampoco ayudó a su economía. Creo que el recurrir a la guerra para reactivar la economía llegará a ser cosa del pasado.


Consideraciones finales




Éste ha sido un análisis muy sencillo y resumido, incluso simplificado. Como dije, no soy experto en el tema, ni mucho menos. Tengo amigos economistas que quizá podrían corregirme y rebatirme. Pero mis amigos economistas nunca leen mi blog (ni nada, en realidad), así que no puedo esperar de ellos ningún comentario.


Soy consciente de que no se puede aplicar exactamente lo que sucedió en 1929 con lo que sucede ahora; entiendo que no son dos crisis idénticas. Y es que, diga lo que diga Nietzsche, la historia no se repite, por lo menos no de forma exactamente igual. Pero esta breve y superficial (aunque parezca larga) exploración puede servirnos para comprender mejor la crisis que estamos viviendo y tomar las medidas necesarias para enfrentarla y solucionarla.


Termino esta entrada con una cita del historiador Eric Hobsbawm:

Para aquellos de nosotros que vivimos los años de la Gran Depresión todavía resulta incomprensible que la ortodoxia del mercado libre, tan patentemente desacreditada, haya podido presidir nuevamente un período general de depresión a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, en el que se ha mostrado igualmente incapaz de aportar soluciones. Este extraño fenómeno debe servir para recordarnos un gran hecho histórico que  ilustra: la increíble falta de memoria de los teóricos y prácticos de la economía. Es también una clase ilustración de la necesidad que la sociedad tiene de los historiadores, que son los "recordadores" profesionales de lo que sus conciudadanos desean olvidar.

Y eso lo decía en 1994. ¡Qué tan perplejo estaría ahora por la crisis que actualmente vivimos y la cerrazón de líderes que se niegan a cambiar las cosas!

¡Suerte a todos!

5 comentarios:

Javier García dijo...

Muy interesante tu análisis, te felicito.

Lorena dijo...

Llegué aquí por casualidad/ocio y me encantó con lo que me topé.
Me gustó mucho y es lo suficientemente sencillo como para sacar de la duda a cualquiera que no sepa qué está pasando o podría pasar.
En fin, bravo!

Gio Yakún dijo...

Hola! pues llegué también brincando de aquí para allá. Te felicito por un análisis honesto, que siempre tiene grandes tintes de verdad.

Sólo una sugerencia: aunque nuestro cerebro está diseñado para etiquetar y clasificar la realidad, tiene el pequeño defecto de que siempre tiende a sobresimplificarla. Es una tendencia natural y es bastante normal, pero a veces se interpone entre la realidad, que suele ser mucho más compleja y nuestra propia comprensión.

Tu análisis del 29 es bueno y en general correcto, pero aseverar que todo fue culpa del liberalismo y la falta de control del Estado sobre los medios de producción es simplista. Crisis similares a la del 29 han existido también en Estados Socialistas y Comunistas con total control sobre los medios de producción. Una cosa es descubrir ciertos efectos perversos del mercado descontrolado y otra muy distinta es atribuírselos a una determinada ideología.

Lo que ocurre hoy también tiene una raíz parecida, como la tienen el Olmo y el Pino, pero su desarrollo es muy distinto pues la velocidad de comunicación entre los mercados mundiales y su velocidad de respuesta es mucho más alta que la de los instrumentos políticos de control.

De ahí que las consecuencias que anotas son en realidad el síntoma de la enfermedad. La pérdida de empleo y el encarecimiento de la vida es equivalente a la fiebre: es terrible y hay que evitarla, pero sólo indica algo más profundo. La crisis financiera en EU es tan sólo la superficie de algo más gordo, que los medios de comunicación ni siquiera alcanzan a comprender (no pueden, pues están limitados a la inmediatez, así que son malos por definición para el análisis de tendencias de largo plazo).

Hay crisis alimentaria, hay crisis política, hay crisis de liderazgo, hay incluso crisis ambiental... y ahora financiera. Une los puntos e investiga por ahí...

Abrazos!

Gio.

Ego sum qui sum dijo...

Saludos y gracias por todos sus comentarios.

Rodrigo dijo...

¡Que buen articulo! Hay que enseñárselo al “economista” panista yunkista auto prestamista de Banobras: Luis Pazos, para que APRENDA lo que es el “neoliberalismo” que con tanto “amor” defiende el persignado en sus mamotretos de editorial Diana.
Muy buenos los artículos de tu blog. Lo voy a enlazar para leerlos al día.
Saludos!

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