viernes, 2 de junio de 2017

Lo que a ti te gusta es mover el culo



Buenos días, Internet. Agárrense porque va a haber arena. Voy a hablar de algo que levanta muchas costras y pone a la gente a mostrarse los dientes unos a otros. Voy a hablar de reguetón. No realmente, voy a hablar del mame alrededor del reguetón (y otros géneros similares), en especial cuando sus fanses sienten que deben defenderlo de las acusaciones de gente mamona y malaondosa. Sí, te estoy hablando a ti, que te gusta perrear; a ti, que te gusta mover el culo.

A mí, Maik, el reguetón me parece horrendo. El ritmo me es insoportable y las letras me parecen abominaciones. Pero sé que el que a ti te guste no te hace una persona menos inteligente, ni menos íntegra, que no socava en lo más mínimo la validez de tus convicciones éticas, y que ultimadamente no necesitas mi aprobación y que puede valerte madres lo que yo opine. También ya superé esos pruritos moralinos de apocalíptico que ve en toda moda que no le agrada signos de la decadencia cultural de Occidente.

La música fea me viene importando un comino mientras nadie me obligue a escucharla.  Lo que me caga es la deshonestidad intelectual. Porque es muy fácil y cómodo encontrar la mierda ideológica en los gustos de los demás, pero blindar los tuyos propios contra toda crítica. Espérate, no te vayas, que esto, con todo y las palabrotas, pretende ser un ejercicio de reflexión para beneficio de todos los interesados. Hear me out.

Las defensas de la música reguetonosa se pueden reducir básicamente a dos: a) sí es sexista, pero también lo son muchos otros géneros musicales y nadie se escandaliza; y b) detrás de las críticas al reguetón hay prejuicios clasistas, porque se trata de música populachera.



A la primera queja suele seguir una buena dosis de cherry picking, un sumergirse en décadas y décadas de rock, pop, blues y metal para rescatar del fondo de los baúles una que otra canción más o menos olvidada, la cual, analizándola detenidamente, tiene algún mensaje más o menos velada o abiertamente sexista. Y esto se pretende presentar, en una bonita falsa equivalencia, como comparable con lo que las canciones de reguetón hacen abiertamente, estribillo tras estribillo, hoy en día, en todas partes y sin pelos en la lengua.

Pero es que además ése es un argumento falaz del tipo tu quoque. Aun aceptando, for argument’s sake, que la música de otros géneros y otras épocas está tan llena de sexismo como el reguetón, esto no lo hace menos criticable. Que si fuéramos a aceptar como válida la justificación de “pues sí, el reguetón es sexista, pero todo lo es”, vale, está bien, pero si así está la cosa no quiero volver a leer de tus dedos críticas a las princesas Disney, los videojuegos de GTA, los cómics de Batichica, los comerciales de Tecate, el porno de Internet o las comedias románticas de Hollywood. Porque si el argumento va a ser que no podemos criticar algo porque todo es sexista, entonces no podemos criticar nada.



Pero no queremos eso, ¿verdad? Queremos analizar diferentes manifestaciones culturales, y si encontramos en ellas características que nos parecen propias de formas de pensar negativas, queremos poder señalarlo sin temor, con el objetivo de comprender mejor nuestra cultura y, quizá, mejorar un poquito como los monos vestidos que somos.

Claro, no es de mucha confianza el criterio de quien se alarma por el sexismo del reguetón pero le tienen sin cuidado las innumerables (y mucho más graves) muestras de sexismo que chorrean por todos los poros de nuestra cultura. Entonces es razonable sospechar que quizá no es el sexismo lo que más le molesta en el reguetón. Es más, no dudo que muchos de ésos nomás estén buscando agarrar el primer ejemplo de incongruencia para joder al prójimo: jaque mate, feminazis.

Es cierto también que muchas veces los chistes que denigran al reguetón van acompañados de insinuaciones sobre la clase social de quien escucha esa música (también muy a menudo, van sobre su inteligencia y cultura, o falta de ambas).



Lo que nos lleva a hablar del segundo argumento, el del clasismo. Sí, puede ser que haya clasismo en quien se caga en el reguetón. Pero no puedes afirmar que ésa sea la única razón para que a alguien no le guste. Puede ser por conservadurismo, por mochismo, por esnobismo intelectual, o porque sea una persona mayor a quien todo lo nuevo le horroriza. Puede ser un poco de todo. Puede ser que a alguien simplemente le parezca feo, mientras otros géneros igual de origen popular y guapachoso, como la salsa o la cumbia, le son muy agradables (es mi caso). No soy fan del hip hop ni del rap. ¿Me hace eso racista aun cuando sí me gustan el jazz y el reggae? Es como decir que si no te gusta el k-pop es porque eres racista contra los asiáticos. O que si no te gusta el calypso eres despectivo contra los jamaiquinos. O qué sé yo.

Además, dudo mucho que un género musical que está haciendo millonarios a sus intérpretes, que se toca en los antros más fresas y hip, que ha conseguido que a la moda se sumen artistas pop como Shakira y demás, pueda ser clasificado como música del pueblo.

Pero si así fuera, si estuviera mal criticar el sexismo en algo que es “expresión del pueblo bueno”, entonces no valdría ofenderse de las portadas de los pastiches sensacionalistas que ponen a chamaconas semiencueradas junto a brutales escenas de violencia o accidentes. No habría que ofenderse por los comentarios de Julión Álvarez ni las letras de la música de banda. No habría que rasgarse las vestiduras por el humor sexista de los comediantes de teatro regional. Porque, al fin y al cabo, el pueblobueno es el público de estos materiales.



Curiosamente, la apelación al clasismo es la que sacan seguido los machirrines para defender el piropo. ¿Acaso se puede condenar a los taxistas o albañiles por piropear a las señoritas, si el piropo es parte de su cultura populachera y han sido educados así? ¿Acaso no fue un acto de prepotencia clasista cuando Tamara de Anda hizo que ese pobre taxista pasara una noche en detención por gritarle “guapa”? Mis respuestas: sí y no.

Pero, como siempre, se trata de una argumentación comodina y conveniente. Si alguien te acusa de un pecado (sexismo), tú lo puedes acusar de otro (clasismo, xenofobia, eurocentrismo colonialista, seguidor del cultor de Cthulhu, guarever). El chiste es pasarle la carga de la culpa y la vergüenza a otro para no tener que ver las contradicciones propias. Entonces es razonable sospechar que no es el clasismo lo que más te molesta en los criticones del reguetón.

Mira, lo honesto sería decir algo así como: “Pues sí, las letras de reguetón son muy sexistas y vulgarzonas, pero me vale madre, porque el ritmo está bien sabroso y me gusta bailarlo y sentirme sexy y sin inhibiciones; no necesito la aprobación de ningún listillo porque mi cuerpo es mío y hago con él lo que me da la gana, y además no tenemos que ser puristas ni que cada forma de entretenimiento o relajo que disfrutamos esté hasta el último detalle en concordancia con nuestras posturas éticas”.



¡Enhorabuena si tienes esa claridad de pensamiento! Me consta que muchas personas a las que les gusta el perreo están bien conscientes de esto y no necesitan que nadie les explique nada.

Lo cierto es que a todos nos gustan cosas bien pendejas. A mí me encanta la película 300, con todo y que es racista, xenófoba, capacitista, randiana, militarista, fascistoide e hipermasculinista, amén de históricamente inexacta (además es involuntariamente gay, pero eso lo tomo como algo bueno). Pero está bien chida, y la acción está poca madre, y me emociona. Sobre todo, sé que no me vuelvo menos progre-chairo-mangina porque me guste. Puedo reconocer la mierda ideológica en cosas que me gustan sin que por ello que dejen de gustar.

El problema, por el cual imagino que muchas personas temen aceptarlo de esta manera, es que abre ciertas puertas. Pues si aceptas que una persona no deja de ser feminista porque le guste el reguetón a pesar de sus letras sexistas, entonces tendrías que aceptar la posibilidad de que el ñoño al que le gustan los cómics de Milo Manara, el vatito que cuenta un chiste de humor negro que refuerza estereotipos, la bandita que no quiere dejar de corear y brincotear al ritmo de Ingrata, tampoco son necesariamente monstruos misóginos. Y eso es lo que te asusta: el ya no tener la autoridad moral para juzgar y condenar los gustos estúpidos de todos los demás.

Lo que de fondo sucede aquí es que quieres exentar al reguetón de toda crítica porque es lo que a ti te gusta. En eso es en lo que consiste tu deshonestidad intelectual.


Haré una apuesta arriesgada: te gusta no porque te hayas sumergido en toda la variedad de los géneros musicales de la humanidad y descubierto que el reguetón es lo que realmente expresa tu identidad; te gusta porque es lo que te tocó que estuviera de moda en tu juventud, como los tatuajes, los mason jars, los ukeleles y las fotos de Instagram en colores pastel. Y eso no tiene nada de malo: generación tras generación de seres humanos hemos sido así.

Se les llama “placeres culposos”, pero no deberíamos sentir culpa ni pena por ellos. Lo que tampoco tendríamos que hacer es rebuscar y hacer malabares mentales para hacerlos pasar por cosas filosóficamente sofisticadas o políticamente comprometidas, y así dotarlos de un aura de prestigio que no necesitan. O sea, cuando hablamos de perrear, lo que está de hueva es que te pongas a hacer racionalizaciones mamonas acerca de “liberación sexual” y “música del pueblo”, como si al defender el perreo estuvieras luchando por la justicia social.

Lo que a ti te gusta es mover el culo. ¡Albricias! No necesitas darle muchas vueltas, ni necesitas justificarlo ante nadie. Aceptémoslo con sinceridad y dejémonos de mamadas.


10 comentarios:

Volaverunt91 dijo...

Buena reflexión. Aunque creo que me va a dar una embolia con todos esos gifs XD!

Me gustó bastante el ejemplo de 300 sobre las pendejadas que a uno le gustan a pesar de todo. A propósito, sé que, como has comentado en otras ocasiones, Snyder es muy randiano en sus películas, pero quizás no comprendo del todo esa visión en esta, o en medio de las tonterías millerianas se me pierde el "mensaje". ¿Puedes explicarme mejor eso?

Maik Civeira dijo...

Pues tiene un rollo de cómo los pendejos inferiores refrenan a los superhombres...

No dijo...

Entiendo, pero no llegamos a ningún lado. Si lo que les gusta es el ritmo sabrosón para bailar ¿por qué tienen que escuchar canciones con esas letras? y si todas las canciones con ese ritmo (o por lo menos las famosas) tienen esas letras ¿por qué será?

Además estás asumiendo que (por lo menos la mayoría de) las mujeres que escuchan esto tienen preocupaciones feministas pero, seamos sinceros, esto muy raramente es así.

Maik Civeira dijo...

Pues no sé, pero recuerda que no se trataba de cuestinar el gusto de cualquier persona (hombre o mujer, feminista o no) a la que le guste el reguetón, sino los argumentos mamones que se ponen frente a quien los critica.

Volaverunt91 dijo...

Ya que estamos en el tema. Quizás hayas visto la polémica con Maluma y "Cuatro babys". Hasta la gobernación de Antioquia lo condecoró (claro que eso fue, obviamente, más por política que porque sea un poeta el hombre). Hay mucha gente a la que le gusta la canción, y mucha para la que es repugnante. ¿Tienes alguna opinión al respecto?

Maik Civeira dijo...

Sí, la canción está horrorosa por todas partes. La métrica de los versos es un desmadre, el ritmo es como ruido de licuadora, y la letra ¡la letra! Es inverosímilmente sexista, vulgar hasta casi ser porno barato cantado, ofensiva para hombres y mujeres por igual. No creo que debieran prohibirla (no creo en la censura, sí en el análisis y el debate), pero me gustaría que se reconociera lo horrenda que es.

Anónimo dijo...

Aquí te va mi contra argumento: no todo reggaeton tiene letras vulgares, ¿Sabías que existe reggaeton Cristiano?

XD

Ya en serio, quizás mejor dicho, no todo reggaeton es directamente vulgar y sin gracia, algunos al menos recurren a ser más sutiles cuando insinúan situaciones sexuales, a mi hay un par de canciones de Daddy Yankee que me gustan, por ejemplo llamado de emergencia, en cambio he escuchado otras canciones de otro cantantes que me parecen insoportables.

Sé tocar un poco el piano, me gustan las bandas sonoras de videojuegos como ser las dos estilo de Nobuo Uematsu y Koji Kondo, y de películas como John Williams, Ennio Morricone y y así, y en música popular lo que más escuchó recientemente es rock/pop alternativo del estilo de oasis, coldplay y Radiohead,

Esto de la música me confunde, porque a mi me gusta escuchar un poco de todo, cuando estaba de moda RBD me gustaban un par de sus canciones, pero decir que te gustaba alguna canción de ese grupo era invitación a recibir bullying de parte de los grupos intelectuales,

es contraproducente para alguien como yo, un introvertido nerd, que por su ambiente diario tiene que convivir con gente que en realidad le gustan esos ritmos como reggaeton y bachata, y que luego al entrar a internet,el tipo de gente intelectual con el que interactúo​ piense que esa es música de pendejos, te hace sentir enmedio de dos mundos sin saber del lado de quién te debes poner.

Maik Civeira dijo...

Oh, no es música de pendejos. Conozco gente culta e inteligente a la que le agrada. No sé por qué, creo que es porque les prende las regiones más primitivas del cerebro, pero el caso es que sí les gusta. Eso del gusto musical es un misterio, qué le vamos a hacer.

Anónimo dijo...

Muy Buena reflexión.

Anónimo dijo...

Muy buena reflexión.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails