miércoles, 26 de marzo de 2008

Movimientos sociales en Mérida

Quizá el apelativo de "movimientos sociales" le quede un poco grande a los fenómenos que estoy a punto de describir. Y es que en realidad sólo quiero hablar de las marchas, protestas y otros tipos de manifestaciones que forman parte (o deberían formar parte) de los movimientos sociales, fenómenos más complejos que no tengo la competencia para tratar aquí.

Hablaré entonces de los logros y fracasos de las marchas, protestas y similares en la historia reciente de Mérida. He notado que existen los siguientes problemas:

1.- La poquísima capacidad de convocatoria. Va muy poca gente a estas manifestaciones. Las que más jalaron fueron las que se hicieron contra la visita de Bush, pero después del Martes 13 parece que mucha gente quedó cimbrada y un año después, la protesta contra la represión llamó a muy poca concurrencia. La primera del 132 en 2012 fue también muy concurrida porque formaba parte de un movimiento de todo el país, pero en general los que van a todas las manifestaciones es la misma gente de siempre.

2.- El escaso o nulo éxito. Nadie les hace caso y para los gobernantes es muy fácil ignorar las protestas. No logran sus objetivos.

Advierto que, aunque he pasado por la calle, no soy experto en el tema. No soy activista comprometido (admiro a los que tienen la entrega para serlo), sólo alguien que espera dar su punto de vista y así contribuir de alguna forma positiva. No presumo de tener la capacidad o los conocimientos para dar con la clave del triunfo de un movimiento, pero me gustaría hacer algunas observaciones basadas en mi experiencia.

En primer lugar creo que el escaso poder de convocatoria de estos movimientos se debe a un factor: la falta de información. Las personas que se enteran de que habrá tal marcha en tal lugar son siempre las mismas, las que se sabe de antemano que, aunque no siempre estarán ahí, por lo menos estarán de acuerdo con el objetivo de la manifestación. Es decir, la información se mueve siempre dentro de los mismos círculos y difícilmente se difunde más allá.

No bastaría con informar a la mayor cantidad de gente posible sobre el lugar, fecha, hora y motivo de una manifestación. Debemos recordar que para la mayoría de la población mexicana las marchas se han convertido en un fastidio y que las personas ya ni se preguntan por qué se hace tal o cual manifestación, sino que sólo ven que están interrumpiendo el tráfico.

A un condtuctor estresado poco le importa que un grupo de jóvenes esté protestando por el aumento al pasaje de los camiones. El conductor sólo ve un estorbo en su camino. Tengamos en cuenta que para los meridanos, que suelen ser muy conservadores, las marchas y protestas son otra de esas maldiciones (traídas de fuera, según ellos) que interrumpen la proverbial tranquilidad de la Ciudad Blanca.

Entonces, lo más importante, por donde hay que empezar, es por CONSCIENTIZAR a la población. Antes de hacer una marcha la población debe tener en claro cuál es el objetivo y porqué se persigue ese objetivo. Por ejemplo, si se lucha contra una situación injusta, se debe informar cómo es dicha situación y porqué se debe combatir. La labor panfletaria no debe ser menospreciada: se debe tratar de hacer llegar esa información a la mayor cantidad de gente posible. Los medios de comunicación modernos, en especial las redes sociales, serán de gran ayuda, pero también en ellas sucede a menudo que la información se difunde en los mismos foros de siempre.

Repartir esos panfletos sólo en el momento mismo de la manifestación no es buena idea. Primero porque la mayoría de la gente evitará pasar por ahí y sólo se enterarán de los objetivos perseguidos las personas que de antemano estén de acuerdo con ellos. La información se debe repartir antes de realizarse la manifestación y debe ser dada a todo tipo de personas.

Aquí tenemos entonces el otro problema. Se tiene el prejuicio de que los participan en las manifestaciones son sólo los hippiosos (jóvenes o viejos). El caso es que ese mismo prejuicio lo tienen quienes organizan las manifestaciones, y así, sólo los hippiosos son invitados a formar parte de éstas. Hay prejuicios en estos círculos: lo he visto. No se pensaría en ir al Roger's Hall o al Piaget a repartir panfletos. Vamos, en la Universidad Modelo casi nunca nos enterábamos de que había marchas.

Existe el prejuicio de que los fresas, los de clase media-alta, y los que estudian en escuelas privadas no sólo no tendrían ningún interés en este tipo de eventos, sino que son precisamente parte del SISTEMA, el enemigo contra el que se está luchando. Luego, sólo se puede contar con los neojipitecas y los estudiantes de la Facultad de Antropología. En parte tienen razón, porque ciertamente es muy probable que un chavito de escuela privada comparta los valores de la clase dominante (aunque no necesariamente pertenezca a ella, ya saben como es eso de la enajenación), pero también se da el caso de niños "fresas" que tienen conciencia social y que quieren formar parte de un cambio.

Las niñas "popis" (uso el término de la época) fueron muy importantes para el Movimiento Estudiantil del 68. Prestaban sus coches, se ponían a panfletear por igual y a la hora de los macanazos recibieron lo suyo. Y es que para que un movimiento tenga éxito, éste debe incluir a la mayor cantidad de gente posible, y para ello se deben dejar las puertas abiertas a todo el mundo.

Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, fresas y nacos, frikis y normales, todos deben ser invitados a formar parte de los movimientos. Y es importante convencerlos de la necesidad de hacerlo. Por ello los panfletos deben llegar a todos y tener información adecuada y convincente. Hay que dar la información que no dan los medios usuales, y hay que difundirla hacia todas las personas que sea posible. Lo más probable es que muy pocos sean persuadidos de participar en la manifestación, pero por lo menos estarán enterados de lo que se trata.

De aquí sacamos los dos primeros principios (valga la rebuznancia) de un movimiento:

1.- Informar a toda la población de lo que está sucediendo y de lo que se trata de conseguir, para obtener su simpatía.

2.- Invitar a toda la gente posible, sin discriminar ni caer en prejuicios. Mientras más sean, mejor.


1 comentario:

Olga fuera. dijo...

Me haz quitado las palabras de la boca.Me alegra que seas propositivo :D

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