lunes, 14 de abril de 2008

¡Al abordaje!



Como sabrán, la semana pasada se celebró en la chula ciudad de Puebla la sexta edición del CONEL (uno de tantos congresos de literatura) y como sabrán, yo estuve por allá para dicho evento. Como sabrán, la UADY envió un camión lleno de estudiantes de literatura para que asistieran al congreso y, como sabrán, dicho camión fue asaltado.

Seguramente han leído los periodicazos y escuchado muchos rumores y versiones encontradas. Se acabó. Yo (y por lo menos otros cuatro blogueros) estaba ahí, yo fui uno de los asaltados. Y esto fue lo que pasó:

Transitaba el camión por la carretera de Veracruz a Coatzacoalcos a eso de las 11 de la noche. Íbamos todos enfiestados porque contrabandeábamos alcohol y algunos de mis compañeros y yo estábamos de pie en el autobús, algunos charlando, otros bailando al ritmo de Dance de los 90, porque algún indecente había acaparado el estéreo.

De pronto, el autobús dio un breve frenón, los estudiantes nos balanceamos por la inercia y luego nos reímos de lo chistoso que se sintió. Me asomé por encima de los hombros de mis compañeros para acechar por el parabrisas y ver cuál era la causa de nuestra súbita disminución en la velocidad. Noté que había dos autos estacionados en medio de la carretera cerrándonos el paso y que un individuo nos hacía señales con una lámpara de mano.

Un segundo frenón mucho más violento arrojó a varios de mis camaradas al suelo, y eso ya no fue divertido. Pensé "Debió haber ocurrido un accidente". Entonces escuché el disparo. Alguien preguntó "¿Qué pasó? ¿Chocamos?" "No", dije "Nos están asaltando". Regresé a mi asiento pensando en cómo esconder mis pertenencias.

Mientras escondía mis cosas en una mochila, fuimos abordados por piratas. Pero no por piratas con clase como Jack Sparrow o James Hook, aunque no pude dejar de notar que uno de ellos tenía un pasamontañas de color rojo brillante que combinaba de maravilla con su suéter. El fulano entró al autobús y nos dijo "Todos con las manos arriba", apuntándonos con su pistola.

Logré esconder mi celular, mi Gameboy y parte de mi dinero. Decidí dejar unos billetes en mi cartera porque pensé que si me encontraban sin nada de varo, sabrían que lo había escondido. Así que tomé dos billetes al azar y los metí a mi cartera. El problema fue que en la oscuridad de la noche no pude distinguir entre Sor Juana y don Ignacio Zaragoza, y los billetes que metí en mi cartera eran de 500, así que cuando los asaltantes pasaron de lugar en lugar a reclamar el botín, perdí 1,000 pesos :(

Ahí no acabó la pesadilla, sino que después de eso obligaron al chofer del camión a meterse en una vereda de terracería en medio del monte. Cuando estuvimos bien adentro, nos obligaron a bajarnos del camión, aunque parecía que en eso no estaban muy de acuerdo los ladrones porque unos nos decían que bajáramos y otros que nos quedáramos en nuestro lugar.

Ésa no era la única desavenencia que se dio entre los ladrones. Uno de ellos regañó a otro por no apagar sus lámparas y me parece que el mismo era el que después los estaba apresurando y repetía una y otra vez. "¿A qué hora, esos? Nos está esperando la camioneta"

Cuando bajamos, fuimos separados los hombres de las mujeres y fue ahí que se puso feo. A los hombres nos pusieron de frente contra el camión, mientras a las chicas las esculcaban. A nosotros no nos catearon. Después me enteré de que a algunas muchachas las manosearon esos bandidos.

Aquí dos anécdotas chistosas. Al bajar del autobús, nos dijeron a los chavos "Péguense contra el camión, con las manos arriba." lo que hicimos de inmediato, pero de espaldas el vehículo. El malandrín volvió a ordenar "Péguense contra el camión", y nos quedamos como estábamos. "¡Que se peguen contra el camión!" "Pero si estamos pegados", le dijimos "Así no, pendejos, al revés". "Ah", dijimos comprendiendo y nos dimos la vuelta.

Más tarde, mientras nos tenían allí encañonados y contra el autobús, a Tatto se le ocurrio decir "Oye, güey, voy a mear" El sinvergüenza aquél (no Tatto, el ladrón) ordenó "Cállate, cabrón.", pero Tatto sólo dijo "No, güey, voy a mear." Temiendo que ese granuja (Tatto, no el ladrón) estuviera pedo y fuera de sus casillas (suele pasar) le murmuré "Cállate, Tatto", pero él no hizo caso y siguió insistiendo en que iba a mear, lo cual hizo muy quitado de la pena y sin pringar a nadie.

La música Dance de los 90 no se detuvo mientras fuimos desvalijados, hasta que uno de los ladrones, supongo que por buen gusto, ordenó al camionero que la apagara.

Vi pasar a varios vehículos por la carretera, pero supongo que ellos no nos vieron. Después de media hora o cuarenta minutos nos volvieron a meter al camión. Una voz histérica dijo "Todos tírense al suelo", y no sé a qué coño vino eso porque los ladrones no ordenaron tal cosa y si bien debíamos agacharnos sostengo que debía ser cuando cada uno estuviera en su respectivo lugar y no apenas nos subimos de vuelta al camión, porque en ese momento se arrojaron muchos al suelo dejando a los demás sin espacio para agacharnos nosotros mismos, y menos aún pasar hacia nuestros lugares.

Finalmente el autobús emprendió su lenta y accidentada marcha en reversa para salir del atolladero, lo que logró con ayuda de los maleantes, que la hicieron de viene-viene para que pudiéramos volver a la carretera.

Esto es, en resumen, lo que yo vi en ese momento. A esto sólo puedo agregar que eran cuatro bandidos y que vi que por lo menos dos de ellos estaban armados. Todos eran hombres jóvenes y delgados y hablaban con acento de la zona. Uno de ellos estaba encapuchado con ese pasamontañas rojo que les platiqué y otro tenía una gorra y se cubría el rostro con un paliacate. Los demás estaban también encapuchados, pero no sé qué traían encima.

Una vez que nos hubimos alejado de la escena del crimen llamé a mi padre, para que me diera el teléfono de la policía federal de la zona. Hablé a la policía y reporté el asalto; luego le pasé mi teléfono al chofer para que él se las arreglara. Quedamos de esperar a que llegaran las fuerzas de la ley en la próxima caseta y así lo hicimos.

Mientras esperábamos a los polis y en los días siguientes escuché algunos testimonios un poco contradictorios. Alguien dijo que la policía dijo que el chofer se había salido de la carretera de cuota un tramo y que por eso nos habían asaltado. Otra persona dijo haber escuchado que los ladrones habían dicho que no era nuestro autobús el que esperaban, sino otro, y que habíamos tenido mala suerte. Algunos alcanzaron a ver el modelo y color de los automóviles, y hay quien dice que uno de ellos era un taxi desvalijado. Alguien asegura que sólo dos de los ladrones iban armados y que uno llevaba puesta una media en la cabeza.

¿Y qué pasó después? Bueno, eso se los dejo para otra ocasión.

2 comentarios:

Balam Mandos dijo...

increíble anécdota, Hace poco tuve la oportunidad de transitar la zona, que por cierto estaba llena de militares. Que mal que aun con eso les hallan atracado.

Kitsune dijo...

uno de ellos tenía un pasamontañas de color rojo brillante que combinaba de maravilla con su suéter

Hehe, el glamour es lo último que se pierde, hay que tener sentido d ela moda en todo momento
:P
LOL

LO bueno es que no les pasó nada mal plan.

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