martes, 2 de agosto de 2011

Filosofía de la ciencia, postmodernismo y pensamiento crítico (Loslibros, Parte 1)

Algo que he aprendido a lo largo de mi vida es que toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil... y sin embargo, es lo más valioso que tenemos.

Albert Einstein


Hola, mis estimados contertulios. Después de la Introducción que constituyó la primera entrada, me permito ahora empezar comentar los libros que les prometí y que, como dije, son muy valiosas lecturas para abordar el tema del postmodernismo en cuanto a las posturas que esta corriente filosófica sostiene con respecto a la ciencia. Mi intención es recomendarles estos libros; aunque dese luego la lista no es exhaustiva, les recomiendo estos en particular, porque los leí recientemente. Bien, comencemos con dos textos básicos:


Higher Superstition: The Academic Left and Its Quarrells With Science
Paul R. Gross y Norman Levitt (1994)




Paul Gross es biólogo, mientras que Norman Levitt fue matemático (ya falleció). Este último era miembro de una agrupación socialdemocrática y declaró sobre su libro que era el intento de un izquierdista por liberar a la izquierda del sinsentido en que había caído.

El libro empieza exponiendo rápidamente la situación en la que se encuentran: lo que ellos llaman "Academia de Izquierda" ha adoptado posturas anticientíficas en las diversas universidades de los Estados Unidos, lo que ha llevado a toda clase de abusos intelectuales y disparates. El capítulo 2, Natural Science and Its Natural Enemies, es muy interesante: habla de cómo históricamente la ciencia había sido aliada de la izquierda, pues el descubrimiento de verdades sobre el mundo era una herramienta poderosísima para derribar los mitos de las clases poderosas (piénsese en el derecho divino de los reyes). Cuenta cómo el posmodernismo ha destruido esa alianza.

El capítulo 3, The Cultural Construction of Cultural Constructivism, es también fundamental. Narra una breve historia de las izquierdas estadounidenses a lo largo del siglo XX. Señala que a partir de la década de los 70, los intelectuales de izquierda se han retirado más y más del campo de la lucha social y se han encerrado en sus torres de marfil en las universidades, donde en la época en la que escribe el libro, se dedican a tener discusiones bizantinas (postmodernistas) que en nada ayudan a las clases oprimidas. Más importante aún, cuenta el origen del Deconstructivismo en la teoría literaria y su exportación a otros estudios, en particular la filosofía y la sociología de la ciencia, que es donde ha causado el daño que los autores quieren reparar.

Los siguientes capítulos presentan ejemplos del sinsentido al que han llegado algunos científicos sociales de izquierdas. Unos cuantos de estos ejemplos son hilarantes, otros son indignantes. Hablando del feminismo, los autores mencionan la "Crítica feminista del álgebra", en la que intelectuales feministas, sin saber de matemáticas, ni de su pedagogía, exigen que se haga una aproximación más plural a la enseñanza de estas ciencias. ¿Cómo? En vez de poner "El pequeño John ahorra $5 dólares al mes para comprar regalos en Navidad..." hay que poner "La pequeña Tasha ahorra $5 dólares al mes para Kwamsa". El primer ejemplo es tomado de un libro de texto de primaria y fue descuartizado por las teóricas feministas por sus contenidos machistas, etnocentristas y capitalistas. Gross y Levitt concuerdan en que cambiar la forma en que se plantean los problemas de matemáticas bien podría hacerse, pero se preguntan de qué forma beneficiaría a los niños que necesitan aprender esta asignatura.

Otro problema con feministas despistadas es el caso de los espermatozoides y los óvulos. Ellas se manifestaron en contra de que se plantee a los espermatozoides como activos competidores masculinos y al óvulo como una hembra pasiva que espera a su campeón. "Bueno, pero es que así es", se podría argumentar, pero recuérdese que para el postmodernismo no existen hechos, sino interpretaciones, y que la validez de dichas interpretaciones dependen de lo políticamente correctas que sean (de hecho, los óvulos sí tienen un papel activo en la fecundación; prácticamente escogen al espermatozoide que va a entrar). De la misma manera, estas intelectuales están en contra de la teoría del Big Bang, porque es violenta y explosiva, casi como una eyaculación, y por lo tanto masculina, y todo lo masculino es por definición maligno, y por lo mismo falso.

También presenta ejemplos del afrocentrismo. Intelectuales afroamericanos han declarado que el origen de las culturas mediterráneas se encuentran entre los pueblos negros del África Subsahariana, incluyendo algunos de los grandes avances científicos de la historia. A su vez, sostienen que los antiguos egipcios eran de raza negra, y que por tanto todos sus avances científicos y culturales son orgullo de esta raza. ¿Qué argumentos tienen para sostener estas posturas? Sólo uno: decir lo contrario sería racista, eurocentrista, occidental, blanco y demás cosas malas.

Los autores tampoco perdonan a los ambientalistas radicales, quienes profesan a veces una verdadera misantropía y que, sin conocimientos científicos, perjudican a la naturaleza más que de lo que ayudan. El libro presenta casos de individuos que rechazan el conocimiento científico y las evidencias de estudios controlados, por considerar a la ciencia como la responsable del deterioro de nuestro planeta.

Aquí los autores cometen un resbalón, al adoptar una postura escéptica en cuanto al calentamiento global, aunque se justifica porque escribieron el libro en 1994, cuando el asunto no estaba respaldado por la abrumadora verdad científica que es hoy en día. Los autores dicen comprender que los promotores del cuidado al medio ambiente siempre planteen los peores escenarios posibles para así convencer al gran público de tomar las medidas necesarias, pero señalan que recurrir a tales discursos apocalípticos puede ser contraproducente y que una adecuada y completa información es preferible.

Finalmente, el libro llama a los científicos a salir de sus academias e involucrarse en la divulgación y educación de las ciencias, pues es principalmente la enorme distancia que se creó entre ciencias naturales y ciencias sociales, y entre público y academia, la que ha llevado a estos excesos.


Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectual's Abuse of Science
Alan Sokal y Jean Bricmont (1998)



[En castellano este libro se conoce como Imposturas intelectuales]

El libro de Gross y Levitt causó furor y polémica. Los postmodernistas acusaron a los autores de ser derechistas sin remedio. La revista postmoderna Social Text preparó un número especial titulado Science Wars en el que distinguidos intelectuales deconstructivistas, postmodernistas y relativistas epistémicos dirigirían sus cañones en contra de las posturas derechosas y "cientistas" de Gross y Levitt.

Respondiendo a la convocatoria, el físico Alan Sokal envió un texto titulado Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutic of Quantum Gravity (algo así como "Trasgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica"). En él, Sokal apoyaba la postura relativista, citaba a los más ilustres intelectuales postmodernos, y mencionaba los descubrimientos científicos más desconcertantes (como la teoría del caos o la mecánica cuántica), que confirman la postura postmodernista. A los editores de la revista les encantó el texto: ¡un científico que ni más ni menos apoyaba el postmodernismo! Por supuesto, lo publicaron.

Cuando salió la revista, Sokal hizo una tremenda revelación: el artículo era una farsa, una parodia de los textos de intelectuales postmodernistas, construida con citas fuera de contexto, palabrería de relleno, falsa erudición y un montón de párrafos que no significaba absolutamente nada. Sokal se divirtió mucho y la revista Social Text fue públicamente humillada.

Sokal se había inspirado en el libro de Gross y Levitt, y el estudio que el físico hizo durante unos meses para preparar su parodia (el tío es simpatiquísimo) le permitió conocer los textos de intelectuales postmodernos y lo impulsó a escribir un libro, junto con el matemático Jean Bricmont. Cabe aclarar aquí que, aunque los izquierdistas lo acusaron de ser derechoso y los derchosos se quisieron congratular con él, Alan Sokal se ha declarado como un "izquierdista de vieja escuela", e incluso estuvo como voluntario enseñando matemáticas en la Nicaragua de los sandinistas. Dicho esto, vámonos al libro.

Sin el interés en repetir lo que había hecho Gross y Levitt, Sokal y Bricmont deciden tomar textos de prominenten intelectuales postmodernistas que usan vocabulario científico, y desbaratarlos por completo. Los autores advierten que no es su intención juzgar la labor de estos intelectuales en distintas áreas del conocimiento: sólo quieren demostrar que cuando se han metido a hablar de ciencia no han tenido ni idea de lo que estaban diciendo.

Así, Sokal y Bricmont analizan textos de Lacan (que no es postmodernista, pero al que los autores consideran un antecedente), Kristeva, Irigaray, Latour, Baudrillard y otros que han tenido la ocurrencia de ponerse a hablar sobre ciencias, o utilizar vocabulario científico, sin tener la menor idea de qué se trataba el asunto. En particular, hablando de matemáticas y física (las áreas de especialidad de Bricmont y Sokal), queda demostrado que estos prominentes intelectuales estaban diciendo puros disparates sin el menor sentido.

Quizá el ejemplo más divertido sea el de la autora feminista Luce Irigaray, que se pregunta por qué la mecánica de sólidos está tan avanzada, mientras que la mecánica de fluidos no lo está tanto. Ella se responde solita y culpa a la ciencia machista, falocrática, eurocentrista, etc, etc, de priviligiar el estudio y desarrollo de la mecánica de sólidos, por ser ésta masculina, mientras que la mecánica de fluidos es eminentemente femenina. ¿En qué se basa esta ilustre pensadora para opinar ello? Es simple: cuando el hombre se excita, tiene una erección, es decir, su pene se pone sólido; cuando una mujer se excita su vagina se humedece, porque secreta fluidos. Juro por Dios que ésos son los argumentos reales.

El libro no tendría tanto valor si se limitara a ser una colección de ejemplos de los disparates que los intelectuales han dicho cuando se ponen a hablar de ciencias. La introducción, los dos intermedios y el epílogo constituyen la parte más interesante de la obra. En el primer intermedio, los autores se van contra el relativismo epistémico y el daño que ha hecho en la filosofía de la ciencia, y presenta sólidos argumentos sobre cómo la ciencia, imperfecta y limitada, es la mejor herramienta de la que disponemos para conocer el mundo natural, pues aún si sus conclusiones son siempre parciales y provisionales, funcionan mucho mejor que las de otras formas de conocimiento. También menciona de pasada el daño que el relativismo epistémico está haciendo en el Tercer Mundo, en donde se ha instado a rechazar la herencia de Ilustración, sin que en estos países la Ilustración haya sido adoptada del todo.

En el segundo intermedio los autores se toman la molestia de explicar algunos conceptos de ciencias que han causado confusión entre el público lego y los intelectuales postmodernistas: teoría del caos, matemáticas fractales, principio de indeterminación, relatividad general, mecánica cuántica... Estos términos se escuchan mucho en el discurso de las pseudociencias, en donde se aprovecha que nadie sabe qué diablos significan, pero también en los textos de algunos intelectuales, que hacen uso de ellos entendiendo mal su significado y sus implicaciones. Sokal y Bricmont aclaran que el principio de indeterminación no implica que no podamos saber nada, y que la relatividad general no tiene nada que ver con el relativismo ético, estético o epistémico, entre otros malos intendidos.

En el epílogo, los autores hacen recomendaciones para que se entable un mejor diálogo con las ciencias sociales y las humanidades, que incluyen saber de lo que se está hablando, una breve semblanza de cómo se llegó a una situación tan absurda, y por qué es importante ese diálogo para el bien de ambos campos del conocimiento. El libro también incluye la parodia de Sokal (completita y sin cortes) y un par de apéndices más.

En la próxima entrada proseguiré con los otros tres libros.

6 comentarios:

Vale dijo...

Si los leí pero no tengo mucho conocimiento del tema por eso mejor te leo y ya no opino. pienso lo siguiente: creo que las ciencias exactas y las sociales no tienen por que marginarse es una locura puesto que las dos son necesarias para el progreso

son complemento, las ciencias exactas pues ya sabemos que ayudan a preservar la vida por ejemplo y las sociales a vivir la vida con calidad en todos los sentidos con su raíz en las cuestiones emocionales del ser humano

las ciencias exactas también dan calidad de vida pero en un sentido material

preservar el cuerpo sano crear comodidades + una sociedad organizada educada y respetuosa darían como resultado calidad de vida.

se supone que sea el propósito no se puede prescindir de ninguna de las dos y las dos tratan de perfeccionarse que no?
ME GUSTA TU BLOG.

Ego dijo...

@Vale: muchas gracias por tus comentarios. Precisamente esa forma de pensar tan sensata que expresas es la que pretenden promover los autores presentados. Saludos.

Somrerudo dijo...

" Juro por Dios que ésos son los argumentos reales."

jajaja

¡Ah, las mujeres! La lavadora les dio mucho tiempo libre. Deberías hacer un post sobre las feminazis. Una vez vi un sitio de feminismo y un tipo escribió quejándose porque no se podía inscribir para apoyar la causa. Las administradoras contestaron que era porque es hombre.
"Eso es sexismo" les dijo. Pero las administradoras dijeron que es imposible que una mujer sea sexista, porque es sexismo es contra la mujer...

Me parece que los postmodernista son un grupo de turulatos fanáticos que tienen temor a estar equivocados. Como los religiosos pues. Y yo creo que todos tienen derecho a creer en cualquier babosada, pero de transmitirlo como verdad científica.

Danielov dijo...

No sé si abarques también el libro de Gilles Lipovetsky "El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas".

Aunque su finalidad como obra es otra, aborda muchas de las implicaciones del pensamiento posmoderno en la forma en que la sociedad vive un momento de desencanto ante todo.

Muy bueno. Saludos.

Ego dijo...

@Danielov: No conozco ese libro. Gracias por la recomendación.

Sir David von Templo dijo...

Buenas recomendaciones. Sabía que las feminazis estaban locas, pero no creí que llegaran a tales extremos.

Eso de la mecánica de sólidos y fluidos es una reverenda jalada, si lo sabre yo, que soy ingeniero mecánico-electrónico. Con solo decir que TODOS los sistemas de automatización actuales manejan la mecánica de fluidos (pistones neumáticos, cilindros hidráulicos, etcétera, etcétera, etcétera).

Y como dice aca Somrerudo, esas viejas terminan haciendo lo mismo que dicen combatir, a pero como ellas fueron víctimas, entonces les toca. Es como decir que a una persona violada le corresponde violar a su atacante. O que a alguien que fue secuestrado le toca ahora secuestrar a su captor. Una forma retorcida de la ley de Talión que no me llama la atención practicar.

Saludos mi hermano.

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