sábado, 4 de febrero de 2012

Panorama y perspectivas de la Primavera Árabe

Saludos, ciudadanos del mundo. Después de la recapitulación de la entrada anterior podemos pasar a seguir explorando los movimientos sociales que han marcado nuestros días. En las próximas entradas haremos un recorrido de la situación en los diversos "frentes de batalla". Empecemos por la Primavera Árabe (para antecedentes, ver Revolución 2011: El Frente Oriental):



LA PRIMAVERA ÁRABE

Túnez:

A un año de la Revolución de Jazmín, ¿puede el primer gobierno electo democráticamente resolver los problemas de injusticia social que afectan a Túnez? Como vimos, en octubre de 2011 se celebraron las primeras elecciones libres en ese país, que dieron como ganador de la mayoría parlamentaria al partido islamista moderado Ennahda, quien compartirá el poder con otros cuatro partidos políticos.


Moncef Marzouki, el actual presidente interino del país, que se ha destacado por su carrera como activista en pro de los derechos humanos, asegura que el gobierno actual de Túnez es de unidad, y que los diversos colaboradores, otrora opositores al régimen, han dejado de lado sus diferencias para trabajar por la democratización del país. De hecho, el gran éxito de Túnez, según en mismo Marzouki, ha sido el compromiso de alianza entre el sector secular y el sector islamista moderado para atacar los problemas sociales y económicos más urgentes. El reto actual de Túnez será encontrar la forma de conciliar justicia social con progreso económico.

De dictadura monolítica, Túnez pasó a ser una democracia plural y lo logró mediante un proceso mucho más rápido y mucho menos violento que el de Egipto, ya no digamos Libia. Fue una revolución protagonizada por los jóvenes, pero también por los adultos, por la clase media, por los trabajadores, por los profesionistas e intelectuales, por los religiosos y los laicos. Y quizá la Primavera Árabe después de una gran oleada se apagó en otros países, se estancó en Siria y fue secuestrada por la OTAN en Libia, pero el cambio en Túnez es ya un hecho. Con que uno o dos países hayan logrado un cambio verdadero, ya se ha dado un gran paso.

Pero no me hagan caso a mí. Mejor vean este reportaje de Al-Jazeera. Es interesante cuando habla de cómo la experiencia de la Primavera Árabe ha transformado la vida de las mujeres que participaron en ella. Aún si no logra cambiar el país, las ha transformado a ellas, que ya no podrán volver a ser amas de casa y esposas sumisas después de haber sido parte de la fuerza que derrumbó a un régimen:




Sobre el triunfo del islamismo en Túnez, Malik Tahar Chaouch, doctor en Sociología, dice en un artículo publicado en La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana:

[...] Se levantaron voces de la burguesía local y desde Occidente para preocuparse del riesgo de regresión civilizatoria. Se le veía como el producto de un antagonismo entre una minoría "progresista" que había deseado una democracia en Túnez y el voto de una mayoría "atrasada" manipulada por los islamistas.


Habría que invertir la lectura, ya que esas burguesías se acomodaron mucho tiempo a la dictadura y se trata más bien de la primera expresión libre de voluntad popular en un país, cuyo pueblo es de identidad musulmana, ante los privilegios de esas burguesías. Al mismo tiempo, si bien la Primavera Árabe contiene importantes contradicciones sociopolíticas, no hay que ser tan esquemático, ni olvidar que diversos sectores coinciden en ella para defender una democracia con identidad musulmana, ya que -como lo dijimos- el cambio tiende a romper con los viejos binarismos que identifican democracia con Occidente e islamismo con amenaza para la democracia, hasta llegar a justificar paradójicamente el pasado dictatorial.


En otras palabras, hay que dejar atrás la idea de que todos los musulmanes son fanáticos orates y de que los pueblos árabes no son capaces de construir una sociedad democrática si no es renunciando a su identidad cultural. Ahora, una pregunta queda en el aire: ¿la Revolución del Jazmín es un acontecimiento único e irrepetible o se convertirá en el modelo a seguir para el resto de los países del Mundo Árabe?


Egipto:

[Nota: La información que no tiene enlace a una fuente es tomada del reportaje Egipto: El largo camino de la revolución, de Jordi Pérez Colomé, aparecido en el número de enero de 2012 de la revista Letras Libres]

Los ciudadanos de Egipto continuaron en pie de lucha contra la junta militar que gobierna el país. En octubre de 2011 se dieron manifestaciones pacíficas por parte de la minoría de cristianos coptos en protesta por la demolición de una de sus iglesias. Las fuerzas del gobierno aplastaron las manifestaciones, mataron a unos 25 coptos y otros 200 resultaron heridos. Algunas voces occidentales (en especial en la derecha) que habían estado en contra de la Primavera Árabe desde un principio, señalaron este hecho y otros similares como una prueba de que a la caída del régimen sólo surgiría el caos musulmán. Lo que parecen ignorar es que la represión se dio por parte de la junta militar, que es en gran medida continuista del gobierno de Mubarak, y no por parte de los revolucionarios que aún luchan contra ese régimen.



En noviembre los manifestantes volvieron a tomar la Plaza Tahrir, exigiendo la disolución de la junta militar, y de inmediato empezó la represión. Las fuerzas militares trataron de liberar la plaza, pero al poco los manifestantes regresaron con sus números duplicados. La policía atacó con gases lacrimógenos y disparó contra los manifestantes. Protestas solidarias se iniciaron en otras ciudades egipcias. En un hermoso ejemplo de solidaridad más allá de las diferencias religiosas, los cristianos coptos montaron guardia mientras los manifestantes musulmanes se detenían para rezar [todo lo anterior aquí].

Entre el 28 de noviembre de 2011 y el 11 de enero de 2012 se celebraron las primeras elecciones libres y limpias en la historia reciente de Egipto. El partido islamista moderado Justicia y Libertad ganó la mayoría relativa (alrededor del 40%) en el Parlamento [más detalles aquí]. Como en el caso del Ennahda en Túnez, se trata de un partido ciertamente conservador, pero con un profundo compromiso democrático. Los liberales de convicciones laicistas dicen que prefieren este escenario a la continuidad del régimen militar, ya que por lo menos ahora existe pluralidad política (cuatro partidos tienen presencia en el parlamento) y en caso de que el partido mayoritario no cumpla con las expectativas democráticas del pueblo egipcio, en cuatro años nuevas elecciones renovarán el Parlamento. El crecimiento o debilitamiento del islamismo estará controlado por la voluntad de los ciudadanos egipcios, no por dictadorzuelos títeres de Occidente.


El 23 de enero de 2012 el Parlamento democráticamente electo se reunió por primera vez y las fuerzas armadas le cedieron oficialmente el poder legislativo. Dos días después, en el aniversario del inicio de la Revolución, se levantó el estado de emergencia que había permanecido durante décadas y que permitía la suspensión de las libertades civiles [ver aquí].  El ejército tratará sin duda de mantener sus privilegios en el nuevo orden (las fuerzas armadas son dueñas de empresas paraestatales), pero un regreso al estado de cosas del tiempo de Mubarak ya es impensable. Ya hay libertad de expresión, en Internet y en las calles, las personas discuten de política y critican abiertamente a los poderosos, ya existe pluralidad política y opciones institucionales para practicar la oposición; una vez que en una sociedad se abre esa puerta, no se puede echar para atrás.

Ante el avance del islamismo hay también un fuerte sector liberal de convicciones laicas. Como muestra de la transformación de la cultura egipcia está la bloguera Aliaa Magda Elmahdy, quien ha posado desnuda e invitado a las mujeres de su país a fotografiarse sin velo, como  una advertencia de que no será posible regresar a visiones medievales de la mujer y la sexualidad [ver aquí].


Los disturbios continúan: el primero de febrero murieron más de 70 personas en una revuelta tras un partido de futbol y todo indica que los motivos no fueron la afición futbolera, sino de orden político [ver aquí]. Algunos especulan que es parte de una puesta en escena del ejército para decir "miren, aún hay desorden, ustedes nos necestan" [leer aquí].


Hay vacío de poder en Egipto y está claro que las cosas no regresarán a la calma en algún tiempo, como también está claro que después de la ola revolucionaria no se establecerá una democracia ideal en el País del Nilo. Aún quedan muchas expectativas que cumplir, muchas demandas sociales que atender. Finalmente esta revolución fue detonada por problemas económicos y la democracia no es garantía de que esos problemas serán resueltos. Se han perdido muchas vidas e incluso parte del patrimonio cultural de Egipto (y de la humanidad) se ha visto dañado, en ocasiones de forma irreparable. Pero aunque aún hay mucho por avanzar, la sociedad egipcia ha dado un gran paso, y es muy difícil que pueda echarse para atrás.

Libia:



Prácticamente todos los analistas serios a los que he leído coinciden en un punto: el propósito de la intervención de la OTAN en Libia era secuestrar la Primavera Árabe, que se vislumbraba peligrosa para las potencias occidentales, y dirigirla hacia los intereses de dichas potencias. Al respecto, vuelvo a citar el artículo del doctor Malik Tahar Chaouch:

Por pereza intelectual o motivaciones políticas, el antiimperialismo "primitivo" no puede renunciar a su vieja lectura: se trata sin duda alguna de un complot tejido entre las potencias occidentales para derrocar a su viejo enemigo, el coronel Gaddafi. Esta tesis no resiste a un examen incluso superficial de los hechos. Gaddafi se había vuelto un aliado incondicional de los gobiernos occidentales y de las multinacionales. Además de ofrecer a estas últimas contratos jugosos, era un gendarme eficaz para poner barreras a la inmigración subshariana hacia Europa.
De hecho, los gobiernos occidentales fueron sorprendidos por la Primavera Árabe, la cual supuso la caída de otros viejos aliados (Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto) y no supieron cómo actuar ante los acontecimientos. Los Estados Unidos dudaron en apoyar la intervención deseada por el gobierno francés en Libia y esa intervención inició mal planeada.
[...]
Más que derrocar a Gaddafi, sentenciado por sus propias supuestas acciones y la imposibilidad de apoyarlas, se buscó tomar el control de la situación. Las reticencias para intervenir se debían al desconocimiento de la "naturaleza" de la oposición y al riesgo de no poder contar con su colaboración: se apostó a apoyarla y domesticarla, ya que debía ser necesariamente heterogénea. El blanco de la intervención no fue Gaddafi, fue la oposición. Gaddafi no representaba ya el ideal antiimperialista que ostentó: primero, porque hacía mucho que se había aplacado; segundo, porque las características autoritarias y represivas de su régimen respondían más a la "pedagogía del poder" aprendida de la colonización que a un verdadero proyecto de emancipación para el pueblo libio.
[...]
Ahora veamos qué reacciones provocaron la guerra civil y la intervención militar en Libia en el contexto de la Primavera Árabe. De la misma manera que la Revolución Tunecina provocó una ola de levantamientos, la guerra en Libia enfrió y paralizó muchas protestas nacientes y en gestación. Los regímenes de Túnez y Egipto ya habían caído. En Baréin y Siria, las rebeliones siguieron. Los opositores de Siria ven incluso el caso libio como una promesa de respaldo para sí mismos. En otros países, iniciando por el país vecino de Argelia, que apenas sale de una guerra civil, todo se apaciguó. El "efecto Libia" produjo así una parálisis que estancó el cambio en toda la región, salvo en países donde los procesos estaban ya muy avanzados. No se habla de ningún cambio en las monarquías árabes aliadas a los Estados Unidos y donde poco se entrometen las potencias occidentales, cuando se podría cuestionar la situación de las mujeres o de otros temas útiles para justificar el intervencionismo.


Hasta ahí quedan claras las motivaciones de la OTAN y se desmiente (una vez más) la teoría conspiranoica que el antiyanquismo automático (de derechas y de izquierdas) no deja de repetir. La intervención en Libia sirvió para apoderarse de la Primavera Árabe, y en su mayor parte funcionó. Estrictamente hablando, la Primavera Árabe ha terminado; en Egipto queda pendiente, pero el proceso ya está echado a andar, y el caso de Siria parece un epílogo, si no una mala secuela.

Pero, ¿qué ha sido de Libia después de la muerte de Gaddafi? El 23 de octbre de 2011 el Concejo Nacional de Transición (CNT) declaró oficialmente que Libia había sido "liberada" y el día 31 la OTAN anunció que sus operaciones en territorio libio habían concluido. En los meses siguientes se formó un gobierno interino y a partir de enero de 2012 empezaron a prepararse las elecciones [ver aquí].

Durante el régimen de cuatro décadas de Gaddafi los partidos políticos estuvieron prohibidos; hoy se han formado alrededor de 120, de los cuales sólo 20 se conocen a nivel nacional. Mientras los intelectuales y las clases medias y alta anhelan una transición a la democracia, que no resulte en la elección de partidos islamistas como en el caso de Túnez y Egipto, la mayoría de la población sólo quiere que se restaure el orden, los servicios públicos y que se resuelvan los problemas económicos. Las elecciones se llevarán a cabo en junio [ver aquí].



Si algo he aprendido de la historia es que ante el vacío de poder por lo general sigue el caos. Mientras mayor era la concentración del poder derrocado, mayor es el caos. El mayor reto para cualquier revolución no es derribar a quien ostenta el poder, sino construir un nuevo orden. Túnez lo logró bastante bien; a Egipto le está costando mucho trabajo, pero todo indica que para allá va. Libia es un caso difícil, por varios factores, y el principal es que el gobierno de Gaddafi era mucho más centralizado que el de Mubarak y el de Ben Alí. De hecho, el régimen funcionaba alrededor de la figura de Gaddafi; a la caída del dictador no hay instituciones ni legalidad.

El CNT aceptó la ayuda de Occidente y en gran parte ha adoptado una postura subordinada a sus intereses, pero en realidad es un organismo muy heterogéneo, con un componente islamista nada despreciable que ya preocupa a los gobiernos occidentales. La misma Libia es un país complejamente heterogéneo (a diferencia del pequeño Túnez), con una gran cantidad de facciones tribales que, sin la presencia del "hombre fuerte" que fue Gaddafi, ahora mismo chocan en enfrentamientos violentos.



Ante un escenario así, es en extremo difícil tratar de pronosticar el futuro de Libia, y como siempre, sólo el tiempo lo dirá.

Siria:

Si bien el movimiento sirio nació como un análogo de los de Túnez y Egipto, es decir, como una serie de manifestaciones, marchas, huelgas y estrategias de resistencia civil, desde mediados de 2011 la escalada de violencia ha puesto a este país del Medio Oriente al borde de una guerra civil [ver aquí] y un escenario que podría ser una repetición parcial de lo ocurrido en Libia.



En julio de 2011 se anunció la creación del Ejército Libre de Siria, formado principalmente por desertores del Ejército Sirio, pero también por voluntarios venidos de otros países árabes. El ELS creció en poder y miembros cuando hacia finales de ese año se fusionó con otras organizaciones de oposición. Hoy cuenta con alrededor de 40 mil miembros. Ha habido combates directos entre el ELS y el Ejército Sirio, leal al dictador Bashar Al-Assad [ver aquí] Si esto no es guerra civil, no sé qué lo es.

El caso de Siria es muy complejo. Dejando de lado las teorías conspiranoicas que acusan al ELS de ser un montón de fanáticos musulmanes al servicio de EUA, y que proclaman Al-Assad es un santo antiimperialista querido por su pueblo (en fin, lo mismo que se decía de Libia), lo cierto es que en Siria la oposición al régimen no es unánime, ni mucho menos. La prensa occidental, en general, hace parecer el extremo opuesto: que el pueblo sirio entero repudia al dictador.



En realidad, el movimiento de oposición es amplio y poderoso, y el régimen ciertamente ha perpetrado actos de represión y violaciones a los derechos humanos (lo que incluye el ataque contra médicos y hospitales y torturas contra activistas de Avaaz), y más recientemente, una matanza perpetrada en la ciudad de Homs, en la que murieron alrededor de 200 personas [más info aquí]. Pero también es verdad que Al-Assad aún cuenta con un amplio apoyo popular y se han realizado grandes mítines sinceros en apoyo a su gobierno [aquí].

Asimismo, parece que dentro del ELS hay un fuerte componente de islamismo radical y se le ha acusado de cometer la misma clase de crímenes que el propio régimen contra el que lucha [ver aquí]. La mayoría de la población Siria, por otra parte, se mantiene al margen del conflicto y ha expresado un mayor temor al desorden que a la dictadura. Finalmente, aunque Estados Unidos, la ONU, la Unión Europea y la Liga Árabe exigen la salida de Al-Assad, su régimen aún cuenta con varios aliados, entre ellos Rusia y China (que dejaron solo a Gaddafi), India, Pakistán y Sudáfrica, lo que dificulta la posibilidad de una intervención militar unilateral por parte de Occidente como sucedió en Libia [leer más aquí].

En conclusión, el caso de Siria es aún demasiado complejo para vislumbrar un futuro más o menos predecible. La situación es caótica, hay diversos bandos en lucha, en la oposición abundan tanto las reivindicaciones fundamentalistas como las demandas de democracia y en general no hay ni a quién irle (aunque el simplismo ideológico se haya apresurado a escoger a sus "buenos" y a sus "malos).

Otros países:

En noviembre de 2011 el dictador de Yemén, Alí Abdullah Saleh, firmó un tratado de transferencia de poder, a cambio de inmunidad para él y su familia. En enero de 2012 Saleh dejó finalmente el país y actualmente busca asilo político en el vecino país de Omán. La Asamblea de Representantes de Yemén aprobó la ley de inmunidad ante el rechazo de la mayoría de la población, que quiere justicia por los crímenes de Estado cometidos por Saleh. Las primeras elecciones libres en Yemén se llevarán a cabo en febrero, para presidente, y en abril, para elegir al Parlamento [más info aquí].



Con todo, durante más de un año de manifestaciones y a pesar de ciertos brotes de violencia, la revolución yemení se ha mantenido fundamentalmente pacífica y sus objetivos no han dejado de ser la conquista de la libertad y la democracia [ver aquí]. Sin embargo, uno de los asuntos que más preocupa a la comunidad internacional es la presencia de Al Qaeda en la región y su probable fortalecimiento tras la caída del régimen. Adelantándose a estas posibilidades, EUA efectuó un ataque con drones en contra de una célula de dicha organización terrorista y acabó con las vidas de dos de sus miembros [ver aquí].

Mientras tanto, en Baréin, la campaña de resistencia civil en contra del gobierno del Rey Hamad bin Isa Al Khalifa continúa, así como la represión brutal contra los manifestantes. Entre los sucesos más recientes se encuentran el choque ocurrido entre la fuerza pública y opositores al régimen tras el funeral de un adolescente muerto a manos de la policía [más info aquí], y el encarcelamiento (con golpes y toda la cosa) de una madre de familia que cometió el delito de escuchar "música revolucionaria" [aquí].



El caso de Baréin es particular, porque aquí el régimen ha recibido ayuda de Arabia Saudita y su gran aliado, Estados Unidos, en un caso más que demuestra su hipocresía cuando alardea de "luchar por la democracia". El apoyo americano y saudí al régimen de Baréin no es gratuito, pues Irán apoya al movimiento de oposición con la esperanza de que esta revolución dé lugar a un Estado islámico como lo es el mismo Irán (lo cual no implica que las revueltas estén manipuladas por Irán) y esto es, desde luego, peligroso para los intereses de los países mencionados [más info aquí].

¿Qué significa todo esto?

Curiosamente, leo muchas expresiones de rechazo a la Primavera Árabe por parte tanto de las derechas como de las izquierdas. Para unas, el caos sólo llevará al establecimiento de Estados islámicos extremistas como Irán, mientras para las otras todo es un complot de Estados Unidos para apropiarse de la región. Ambas posturas son simplistas, se basan en un desconocimiento de los hechos, y se repiten unas a otras en blogs y sitios web obscuros con claro sesgo ideológico. Ninguna de ellas es sostenida por intelectuales y analistas serios.

Sí hay elementos islamistas en la Primavera Árabe, pero varían de país a país. En Túnez los islamistas moderados comparten el poder con otros partidos políticos y no hay islamismo radical. En Egipto el islamismo radical hace mucho ruido, pero la mayoría de la población es moderada y existen organizaciones políticas de otros colores que también tienen fuerza. Ambos países están lejos de convertirse en Estados islámicos.

Occidente sí ha apoyado (no orquestado) algunas revueltas, pero sólo las que le han convenido a sus intereses, y ha dejado abandonadas a las demás, principalmente las de Arabia Saudita, que sí es un Estado islámico autoritario y represivo que viola los derechos humanos, en especial los de las mujeres, pero que es un gran aliado de Estados Unidos y por eso este país no se preocupa de ir allá a jugar a ser los paladines de la democracia.



Es curioso que los izquierdistas recurran a la "amenaza islámica" según su conveniencia: los musulmanes radicales en Siria son prueba de que EUA está detrás de la revuelta. Pero las revueltas en Irán en contra del Estado islámico también son obra de la manipulación de Estados Unidos. O sea, el islamismo en Siria es peligroso porque favorece los intereses del Imperio, pero el islamismo de Irán es heroico porque resiste contra el Imperio.

Detrás de estas incongruentes y forzadas racionalizaciones se esconde el antiyanquisto automático y simplista: si algo es apoyado por Estados Unidos, es "malvado"; todo enemigo de Estados Unidos es "bueno"; si algo malo le sucede a un enemigo de Estados Unidos, fue provocado por los gringos. Y sin más bases que estos axiomas ideológicos se ponen a pontificar al respecto, convencidísimos de haber descubierto la gran conspiración

 Al respecto de ello, vuelvo a citar el artículo del doctor Malik Tahar Chaouch:

¿Cuál es la novedad de la Primavera Árabe? Hasta ella, el mundo árabe había sido siempre concebido a partir de modelos binarios de explicación. Para los dictadores anttimperialistas: soberanía nacional o imperialismo. Desde las democracias occidentales: su modelo de democracia y modernidad o la barbarie. Los islamistas fueron los primeros en tratar de romper los binarismos anteriores, rechazando a la vez el nacionalismo laico y el occidentalismo, pero construyeron otro binarismo igualmente reductor: Islam u Occidente. En las democracias occidentales, esto se tradujo en un apoyo incondicional a los nacionalismos autoritarios (salvo excepciones, ya nada antiimperialistas) de la región: dictadura o islamismo.
Desde esta perspectiva, la Primavera Árabe abrió nuevos horizontes. Si bien los movimientos mezclaron distintas sensibilidades políticas y sectores sociales, por primera vez no se pensaba principalmente de manera binaria. Los opositores manifestaron exigencias de democracia, al mismo tiempo que posturas críticas ante la influencia externa en sus países, pero en oposición a la coartada nacionalista de sus dictadores. Los islamistas no tenían tampoco la exclusividad de la protesta, aun cuando estuvieran muy presentes y sean ahora los candidatos con mayor posbilidad de respaldo popular en un marco democrático. 
Además, se trata de Islam político en plena evolución, en un contexto más desideologizado que hace 20 años. La idea actual de que la Primavera Árabe condujo al islamismo es la reproducción de un viejo discurso que no ve que la democracia árabe será probablemente islámica, y no hecha a la imagen de las sociedades occidentales, pero que la realidad de los movimientos políticos no es reductible a las fantasías occidentales sobre la amenaza islámica.

La situación en los países árabes es más diversa y compleja de lo que mucha gente cree. Hay más fuerzas en juego que los polos imperialismo / antiimperialismo o dictadura laica / Estado islámico. Finalmente, son las opiniones de Occidente las que menos cuentan, en un contexto en que los pueblos árabes están tratando de escribir su propia historia. Como vimos en el reportaje de Al Jazeera, los nuevos miembros del gobierno tunecino apoyan la transición democrática en el mundo árabe, pero rechazan toda forma de intervención occidental: Al-Assad debe caer, pero de forma pacífica y sin intervención. Al mismo tiempo niegan la posibilidad de un Estad islámico. Como dijo el mismo Rachid Ghannouchi, líder del partido islamista Ennahda:

El secularismo en Occidente ha tenido un rol fundamental en la liberación de los Estados, de la gente, del conocimiento y de la mente. Debemos liberar a la religión del Estado, porque nuestros Estados han usado la religión para gobernar sobre el pueblo y obtener una legitimidad que ellos no tienen [...] No habrá ninguna forma de opresión sobre las mujeres. Ni sobre los hombres tampoco. Porque la religión es ante todo una creencia personal. No puede ser impuesta, pues entonces se convierte en algo hipócrita y sin significado.

Ghannouchi, en una muestra de lucidez, visión y elocuencia que quisiéramos escuchar en nuestros políticos latinoamericanos, se expresó de esta manera sobre su compromiso con la democracia:

La democracia es cuando el pueblo se rige a sí mismo y por sí mismo, a través de una autoridad que los representa. El pueblo debe ser capaz de vigilar a esa autoridad constantemente y de derribarla cuando desee. La democracia es cuando los ciudadanos pueden disfrutar de su libertad personal, sin importar su color, riqueza, religión o forma de pensar. Es cuando el Estado se construye sobre una base ciudadana, lo que significa que el Estado no puede pertenecer a una familia, persona o partido. Pertenece a todos los ciudadanos.


Para concluir, los dejo con otro fragmento del artículo del doctor Malik Tahar Chaouch, ahora sobre las preguntas que la Primavera Árabe deja para el futuro:

Al principio del artículo se planteaban varias interrogantes. Ahora se pueden clarificar. Reformas confiscadas por los viejos regímenes (u otros gobernantes autoritarios que sustituyan a los anteriores), pero ¿hasta qué punto esas reformas se darán y lograrán una estabilidad duradera, después de las perspectivas nuevas que se abrieron? Transiciones hacia la democracia, pero ¿qué democracias: democracias tuteladas por los países occidentales y las multinacionales con libertades restringidas, o democracias de verdad? Radicalizaciones, pero ¿en qué sentido: radicalización islamista políticamente desvirtuada, incluso acomodada con los intereses occidentales, o aspiraciones a un cambio democrático y social que garantice la independencia, el pluralismo y la integridad cultural de los países árabes, dentro o fuera del islamismo? Lo planteo de otra forma: ¿continuidad, reconolonización o cambio?

Las preguntas quedan en el aire, la historia continúa su avance sin un rumbo dilucidable y no sabemos a dónde llegará. Pero de una cosa puedo estar seguro: ya con el sólo hecho de que en dos países, Túnez y Egipto, se haya abierto el camino a la democracia, la Primavera Árabe no ha sido en vano.


3 comentarios:

Sir David von Templo dijo...

Como siempre, muy buena sintesis de lo más importante que ha pasado en Medio Oriente. Es una lástima que haya gente tan corta de miras que crea que todo es obra de los gringos. Si todo lo que ocurre en el mundo fuera obra de los gringos ¿Porque se toman tanta molestia en intervenir paises, si se supone que como ellos controlan TODO, lo que ocurra los beneficiará pase lo que pase? o mejor aún ¿Porque dentro de los United States hay tanta gente en contra de las políticas intervencionistas?

Buena entrada, pero hace falta algo... ¿Donde esta ese anonimo que a todo responde con la palabra Chairo? Sin eso, estas entradas no tienen el mismo sabor...

Saludos.

Ego dijo...

Gracias, David. Me sigue sacando de onda el poco rating que ha tenido esta entrada

Anónimo dijo...

Lamentablemente los paises arabes y en general todos donde la fe musulmana rige los gobiernos, no vivieron el proceso que siguió Europa, de Renacimiento, ilustración y la revolución industrial que dieron origen a los estados laicos.

Mientras no haya una división formal entre la iglesia y el estado, pocas libertades veo para las mujeres, a pesar de que se vuelvan esos gobiernos una democracia.

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