jueves, 2 de agosto de 2018

Mujeres que patean traseros: África




¡Conocemos tan poco de la historia y las culturas de África! Nuestra educación es rígidamente eurocentrista, pero además hay pocas opciones para aprender en los medios de comunicación de masas, ya sea en la cultura pop o esas publicaciones “de interés general”. La imagen de África como una tierra salvaje poblada por gente semidesnuda que idolatra y/o se quiere comer a los bravos aventureros blancos es difícil de arrancar de nuestra cabeza. ¡Ya ni hablar del olvido en que tenemos a las raíces africanas de la cultura latinoamericana!

Aprovechando la popularidad de Black Panther, quise ponerme a leer un poco sobre el continente africano. Así he topado con algunas historias de mujeres extraordinarias que les traigo a continuación. Voy a omitir las reinas de Egipto, porque son tantas que da para un texto completo, además de que la historia de esa civilización es en general más conocida. Si quieren saber más, tengo un par de entradas sobre grandes civilizaciones africanas.  

Este texto no pretende ser más que una embarradita para despertar la curiosidad sobre estos temas, tan amplios como desconocidos. Y claro, recordar que en todas las épocas y lugares han surgido MUJERES QUE PATEAN TRASEROS.


AMANIRENAS: LA REINA QUE DESAFIÓ A ROMA

Época: Siglo I de la Era Común
Civilización: Kush, en el actual Sudán



El Reino de Kush se encontraba al sur de Egipto, que recientemente había sido anexado por el Imperio Romano. En el año 27 AEC, los kushitas, temiendo que su reino fuera el próximo, atacaron el Egipto romano por sorpresa, dirigidos por la kandake (reina) Amanirenas. Las crónicas romanas la describen como una mujer valiente y de aspecto fiero, pues no tenía un ojo.

Bajo el liderazgo de Amanirenas los kushitas derrotaron a los romanos, tomaron dos de sus ciudades y regresaron a casa victoriosos, con prisioneros de guerra y un cuantioso botín, el cual incluía estatuas del emperador Octavio Augusto. Sin embargo, un contraataque dirigido por Cayo Petronio, prefecto romano de Egipto, expulsó a los kushitas del territorio conquistado.

Aminarenas demostró su valor y ferocidad en los siguientes enfrentamientos, que finalmente obligaron a los romanos a llegar a un acuerdo. Los kushitas ya no atacarían Egipto, y a cambio mantendrían su independencia y no tendrían que pagar tributos a Roma. Amanirenas hizo enterrar la cabeza de una de las estatuas de Augusto bajo el suelo a la entrada de su palacio real, para que así pudiera caminar sobre la cabeza de su enemigo al entrar y salir.


GUDIT: LA MUJER QUE DESTRUYÓ UN IMPERIO

Época: Siglo X de la Era Común
Civilización: Sidama



El Imperio de Aksum, en la actual Etiopía, llegó a ser tan poderoso que sobrevivió a su rival Roma por varios siglos. Sin embargo, para el siglo X había entrado en decadencia. Entonces llegó una invasora que le puso un punto final. Su nombre era Gudit o Judith y no se sabe de dónde vino, pero en pocos años asoló el otrora magno imperio, ocupó el trono, quemó iglesias cristianas, destruyó monumentos y casi exterminó a la clase gobernante de Aksum.

Hay pocos datos históricos de ella, pues aparentemente su pueblo o no tenía escritura o simplemente decidió no dejar registros escritos. Lo poco que se sabe está plasmado en fuentes de cronistas árabes y bizantinos de la época; por ejemplo, sabemos que le mandó de regalo una cebra al rey de Yemen, en señal de amistad. La tradición oral de Etiopía le atribuye muchas otras acciones y se conservan algunas estelas que la conmemoran.

Según la tradición, Gudit era judía (de ahí su hostilidad al cristianismo), por lo que se ha especulado que pertenecía a la etnia agaw, algunas de cuyas tribus adoptaron el judaísmo. Sin embargo, lo más probable sea que perteneciera al pueblo sidama, que habitaba al sur de Etiopía (y Gudit invadió desde el sur), que eran todavía paganos (por eso el afán contra el cristianismo) y que tenía tradiciones de grandes matriarcas.


AMINA: QUIEN DIRIGIÓ A 20 MIL HOMBRES EN COMBATE

Época: Siglo XVI
Civilización: Zazzau en la actual Nigeria



La vida y obra de Amina (también llamada Aminatu), se confunde entre las leyendas. Los historiadores piensan que se trata de una persona real, pero se desconoce la cronología exacta de su reinado.

Se dice que de pequeña demostró actitudes belicosas y que de joven no quiso casarse para no perder su independencia. Ella era la nieta del emir de Zazzua, y al morir su abuelo y sus padres, su hermano heredó el trono. Mientras él gobernaba, ella se dedicó al arte de la guerra y llegó a convertirse en una capitana respetada por el ejército.

Tras la muerte de su hermano, se convirtió en la primera reina de Zazzau. A la cabeza de un ejército de 20 mil hombres, a los que ella lideraba en batalla, convirtió al emirato en un estado poderoso e importante en las rutas comerciales Se le atribuye haber hecho construir murallas para proteger las ciudades de la región.


NZINGA: LA REINA QUE MANTUVO LIBRE A SU PUEBLO

Época: Siglo XVII
Civilización: Ambundu



Nzinga fue la soberana de los reinos de Ndongo y Matamba, en la actual Angola. A pesar de que pertenecía a una familia plebeya, y de que su género la descalificaba para gobernar, su extraordinaria habilidad política la llevó convertirse en reina.

Brillante estadista y estratega militar (en ocasiones ella misma lideró a sus ejércitos en combate), pudo mantener su reino a salvo de amenazas internas y externas, incluyendo otros reinos africanos, y sobre todo, la expansión imperialista de los portugueses en el continente. A estos últimos los supo mantener a raya mediante hábiles negociaciones, con lo que preservó la independencia de su reino hasta su muerte.

En una ocasión, el gobernador portugués la invitó para entablar un diálogo, pero la quiso obligar a sentarse en una alfombra en el suelo, como señal de la superioridad del europeo. Al ver esta situación Nzinga hizo que sus sirvientes se colocaran sobre la alfombra y luego ella se sentó sobre sus espaldas para quedar a la altura del portugués, con lo que quería decir que sólo negociaría con los europeos en calidad de iguales.

Existen leyendas acerca de un harem de hombres a disposición de Nzinga. Supuestamente cada noche sus esclavos combatían a muerte por el privilegio de yacer con ella, quien sólo los usaba en una ocasión y luego los ejecutaba. Esta "leyenda negra", popularizada por el Marqués de Sade, no tiene bases históricas más que la misoginia con la que se suele tratar la figura de mujeres poderosas.


AQUALTUNE: DE PRINCESA A ESCLAVA Y A REINA

Época: Siglo XVII
Civilización: Kongo



Aqualtune era una princesa, hija del soberano del Reino del Kongo. Dirigió personalmente a sus tropas en la Batalla de Mbwila contra los portugueses que invadían el reino. Los portugueses ganaron la batalla y masacraron a los congoleses, ejecutaron al rey y capturaron a sus hijos, llevándolos como esclavos a las plantaciones en Brasil. Ella misma fue capturada y convertida en esclava; como muchos de sus compatriotas, sufrió la traumática travesía por el Atlántico.

Poco después de haber llegado a Brasil, Aqualtune, embarazada, huyó con algunos de sus guerreros hacia la selva, en donde fundó Angola Janga (hoy Palmares), un reino africano en medio de la selva del Amazonas… ¡Muy adecuado nombre, por cierto! Desde Angola Janga, los soldados de Aqualtune asaltaban los asentamientos europeos, recibían a los esclavos escapados de las plantaciones portuguesas e impedían el avance colonial hacia el interior del continente.

Su hijo Ganga Zumba reinó como un gobernante poderoso, pero el apogeo de Angola Janga llegó a su fin en 1694 cuando tropas portuguesas destruyeron la comunidad y masacraron a su población.


LAS ÚLTIMAS REINAS DE MADAGASCAR

Época: Siglo XIX
Civilización: Madagascar



En sus últimos años como nación independiente, Madagascar fue gobernado por cuatro célebres reinas. La primera de ellas es Ranavalona I (1778-1861), quien se caracterizó por su férreo domino. Gobernó por más de 30 años, durante los cuales extendió su dominio por toda la isla (que hasta entonces comprendía varios reinos) y practicó una política aislacionista para proteger a Madagascar de los intereses europeos. También mandó a construir un palacio enteramente hecho con madera; hasta entonces, la estructura más grande de la isla. Es recordada un poco como heroína nacional, pero también como tirana, por la dureza con la que persiguió a sus opositores. 

A su muerte la sucedió su hijo, el rey Radama II, quien murió pronto y sólo gobernó tres años. Entra en escena  Rasoherina (1814-1868), esposa del difunto rey. La costumbre la obligaba a contraer nupcias con el hombre que ocuparía el puesto de primer ministro. A partir de entonces no volvería a haber reyes en Madagascar, sólo primeros ministros, y las siguientes dos soberanas serían reinas.


Así, Rasoherina se casó con Rainivoninahitriniony, aunque su matrimonio fue simplemente una alianza política. Cuando el primer ministro resultó ser un borracho abusivo, la reina lo destituyó y nombró a otro en su lugar, Rainilaiarivony, quien ocuparía el puesto bajo el mandato de las tres últimas reinas.

El gobierno de Rasoherina se caracterizó por su apertura hacia Occidente. A pesar de un complot para poner en el trono a un príncipe, Rasoherina se encargó de que su sucesora fuera su prima Ranavalona II. La reina, sabiéndose gravemente enferma y próxima a su muerte, convocó a su pueblo y dijo “¡aquellos que aprueben mi reinado, caminen conmigo!”. Una enorme multitud marchó junto con ella por las calles de la capital Antananarivo.



Ranavalona II (1829-1883) es recordada por haber cristianizado la corte de Madagascar. Se convirtió al cristianismo por motivos políticos, esperando atraer la creciente facción cristiana del país a su bando y así mantener la independencia. También se le recuerdan las medidas que impuso para frenar la deforestación de la isla y proteger los bosques.



Ranavalona III (1861-1917) sería la última reina de Madagascar. Durante los 14 difíciles años de su reinado dedicó sus esfuerzos a mantener a raya los intereses colonialistas de Francia mediante acciones diplomáticas con Gran Bretaña y Estados Unidos. Sin embargo, todo esto resultó fútil. Dos guerras con Francia terminaron con la conquista de Madagascar en 1897. Ranavalona fue exiliada en Argel, donde pasó el resto de sus días como prisionera en una lujosa villa.


MINO: LAS AMAZONAS DE DAHOMEY

Época: Siglo XIX
Civilización: Dahomey



El reino de Dahomey, en el actual Benin, era una sociedad de orgullosa tradición guerrera, llamada por los europeos "la Esparta Negra". Uno de sus mayores orgullos era el cuerpo de mujeres guerreras, las Mino (o "amazonas", como las llamaron los europeos). Eran mujeres entrenadas en combate desde su juventud, preparadas para resistir al dolor y al cansancio y luchar sin dar cuartel al enemigo. Las Mino eran muy temidas por las naciones rivales de Dahomey y rara vez conocieron la derrota. Incluso los conquistadores franceses les temían.

Se cree que el origen del cuerpo se remonta al siglo XVIII, y probablemente partiera de tradiciones ya existentes, como la costumbre de los reyes de tener guardias personales compuestas por mujeres, o las partidas de cazadoras de elefantes (llamadas Gbeto), que se caracterizaban por su ferocidad.

Las guerreras ocupaban un lugar de honor en la sociedad de Dahomey. Vivían en el palacio y se les asignaba una dotación que incluía alcohol, tabaco y esclavos. Los hombres tenían prohibido tocarlas sin su consentimiento, bajo pena de muerte para el infractor. Sé lo que están pensando y sí: ellas son la principal inspiración para las Dora Milaje, las mujeres guerreras de Black Panther.

Tras la conquista francesa en la década de 1890, el cuerpo de las Mino fue disuelto. Se dice que tras la derrota algunas de ellas sedujeron a los soldados franceses en sus campamentos y luego los asesinaron mientras dormían. En 1978, un historiador encontró a la última Mino sobreviviente. Su nombre era Nawi y aún relataba sus combates contra los franceses. Murió al año siguiente con más de un siglo de edad.


LA REVUELTA FEMENINA QUE DOBLEGÓ AL IMPERIO BRITÁNICO

Época: siglo XX
Civilización: Nigeria



En la cultura nigeriana las mujeres gozaban de una equidad inusitada: podían participar en el gobierno y en la economía, y a su vez se esperaba que los hombres ayudaran en el hogar. Esto era visto por los conquistadores británicos como un signo de barbarismo, una situación inaceptable que conducía al desorden. Las leyes británicas privaron a las mujeres nigerianas de muchos de sus derechos tradicionales y abolieron sus órganos de gobierno.

Aun así las mujeres nigerianas mantuvieron una vigorosa tradición de organizarse colectivamente para defender sus intereses ante el gobierno colonial. Varias asociaciones de mujeres fueron creadas y hubo protestas públicas encabezadas por ellas.

Con la crisis mundial del capitalismo a partir 1929 llegaron nuevos impuestos para las mujeres de la etnia igbo de Nigeria, que continuaban con las actividades mercantiles y económicas que por tradición siempre habían dominado. Las protestas fueron iniciadas en la población de Oloko por una viuda llamada Nwanyereuwa, que con los nuevos impuestos no habría podido mantenerse. Pronto se unieron a ella otras mujeres, que a su vez enviaron hojas de palma a otras poblaciones para invitar a las mujeres a la revuelta, que rápidamente se extendió por toda la colonia a una escala inaudita.



Un comité compuesto por tres mujeres, Ikonnia, Mwannedia y Nwugo se encargó de coordinar el movimiento. Eran conocidas por su inteligencia, habilidad política y compromiso total con la lucha. Sus estrategias incluyeron marchas, plantones, ocupación de espacios públicos, bloqueos de carreteras y rodeo de las casas de funcionarios coloniales como “poniéndoles sitio”. En ocasiones grupos de mujeres entraron a las cortes bailando y se quitaban la ropa para el horror de los policías y jueces.

A pesar de la represión colonial, que en ocasiones fue violenta, la revuelta logró su cometido. La posición de las mujeres en Nigeria mejoró considerablemente. Se les permitió ocupar cargos políticos y lugares en cortes de justicia nativas que era la tradición. Además, la lucha de las mujeres igbo ha sido una fuente de inspiración para movimientos feministas en Nigeria desde entonces y hasta nuestros días.

Ésta es una versión corregida y aumentada de un texto que apareció originalmente en Antes de Eva.

Fuentes:


https://www.bbc.com/mundo/media-43980871

viernes, 27 de julio de 2018

El año que conmocionó al mundo

Publicado originalmente en Soma




Mil novecientos sesenta y ocho fue el año más sangriento en la historia de la Guerra de Vietnam; de los asesinatos de Bobby Kennedy y Martin Luther King; de los movimientos estudiantiles en Estados Unidos, México, Francia, Alemania y Polonia; de las Olimpiadas de la Ciudad de México y la matanza de Tlatelolco; de los disturbios raciales en ciudades estadounidenses; de la Primavera de Praga y de la invasión soviética a Checoslovaquia; de la misión Apolo 8 y del primer vuelo tripulado alrededor de la luna.

Para celebrar el aniversario número 50 de aquel año en el que “mayo duró 12 meses”, les recomiendo esta obra del historiador Mark Kurlansky, quien recorre cada una de las estaciones del 68, relatando los acontecimientos importantes que sacudieron el mundo. Pero no es sólo eso, sino que para comprender cada suceso y fenómeno, nos cuenta los antecedentes que llevaron al fatídico año, y las consecuencias que tendría a corto y mediano plazo.

“Cuatro factores históricos confluyeron para crear 1968: el ejemplo del movimiento por los derechos civiles, que en su momento era tan nuevo y original; una generación que se sentía tan diferente y alienada que rechazaba toda forma de autoridad; una guerra tan universalmente odiada alrededor del mundo que dio una causa a los rebeldes que buscaban alguna; y todo esto sucediendo al tiempo que la televisión llegaba a la mayoría de edad, pero era todavía lo demasiado nueva como para ser controlada, destilada y empaquetada como lo es ahora.”


La historia, cultura y contracultura de los 60 son de mis temas favoritos, y algo ya sabía al respecto. Aún así, el libro fue una gran fuente de información sobre muchos asuntos de los que no sabía casi nada. Por ejemplo, ignoraba que el movimiento estudiantil polaco había sido tan grande e importante, y desconocía los detalles de lo ocurrido en lugares como Alemania, Inglaterra, Italia o Canadá. Como era de esperarse, el autor dedica el foco principal de su obra a lo acontecido en Estados Unidos. De hecho, el libro está estructurado más o menos así: un capítulo para EUA y otro para algún otro país, intercalados.

El libro da perfiles muy completos de algunos de los protagonistas de aquel año, como Martin Luther King, Betty Friedan, Abbie Hoffman, Lyndon B. Johnson, Charles De Gaulle, Alexander Dubček, Daniel Cohn-Bendit, Richard Nixon y otros tantos que no conocía ni de nombre. Aunque, debe recordarse, que el 68 no fue creación de individuos particulares, sino de grandes movimientos colectivos, que se negaban a tener líderes sino voceros.



Muchos de los movimientos que llegaron a convertirse en manifestaciones y plantones que paralizaron ciudades empezaron con sucesos anecdóticos. Fue la represión gubernamental, la falta de comprensión por parte del poder hacia el fenómeno social que estaban enfrentando, lo que los llevó a una escalada que no se detuvo hasta que uno de los dos lados golpeó tan fuerte que el otro no pudo golpear de vuelta.

Por supuesto, yo esperaba con ansias llegar al capítulo sobre México. Éste inicia de forma algo torpe, con un innecesario recuento de la Revolución Mexicana (relevante para entender al PRI, supongo), que además contenía un par de errores factuales, referentes a las muertes de Madero y Villa. Sin embargo, fue muy interesante leer sobre lo que pasó en la capital de nuestro país desde la perspectiva de un estadounidense.

Me llamó la atención que a él le llamara la atención que en los círculos educados de México la tradición intelectual francesa tuviera tanta relevancia e influencia. Es cierto: en los libros y memorias que he leído sobre el 68 mexicano siempre se menciona el mayo francés y a intelectuales galos como las principales influencias externas del movimiento estudiantil nacional. A Kurlanksy le extraña que lo ocurrido en Berkeley, Columbia y Chicago, mucho más cerca en la geografía, no estuviese más presente en el imaginario mexicano.

Lo ocurrido en México sobresale también por la violencia. Kurlanksy opina que el error de todos los gobiernos del mundo ante los movimientos estudiantiles fue el reaccionar con violencia represiva, pues ello sólo enardeció más a los rebeldes. Pero en Estados Unidos los hippies y manifestantes anti-guerra eran “sólo” apaleados y encarcelados (a los afroamericanos sí los mataban); en Francia hubo sólo tres muertos a pesar de la brutalidad policiaca; y hasta los soviéticos que invadieron Checoslovaquia mataron a menos personas que el gobierno mexicano durante el 68.



Pero no se crea que el libro trata solamente de hippies pachecotes y manifestaciones estudiantiles. Otros aspectos importantes de la geopolítica de los 60 son abordados, como la situación de Israel, la guerra en Biafra, el gobierno de Pierre Trudeau en Canadá y la consolidación del régimen castrista en Cuba. Tampoco podría dejar de lado la parte cultural, con la música, los libros y el cine que hicieron historia, la forma en la que la TV estaba cambiando la manera en que la gente se informaba, o cómo las drogas recreativas constituían el corazón de un auténtico movimiento cultural.

El arte, la música y la literatura fueron fundamentales para expresar y construir el espíritu de la época. Las canciones de protesta eran popularizadas por estrellas de rock; se representaban obras de teatro que cuestionaban el statu quo; los jóvenes encontraban inspiración en las obras de generaciones pasadas; 1968 fue quizá el último año en el que la poesía dio best-sellers.

La segunda ola del feminismo, nos cuenta Kurlansky, irrumpió en el imaginario estadounidense en 1968 con la manifestación de feministas radicales a las afueras del certamen Miss América. Antes de eso, el movimiento era poco conocido para el gran público, que consideraba que el feminismo había logrado sus objetivos a principios de siglo, con el derecho al voto. La incomprensión general de la población hacia el feminismo es muy similar a la de hoy en día, en que muchas personas piensan que ulteriores luchas por los derechos de las mujeres son innecesarias.

La mayoría de los movimientos sociales de protesta de aquellos años eran bastantes sexistas para estándares actuales. Los voceros eran siempre hombres y dejaban a las compañeras de lucha en lugares secundarios, casi como secretarias y asistentes de los luchadores sociales. El mismo Martin Luther King, famoso por sus infidelidades, opinaba que era mejor para las mujeres estar en casa y dejar la lucha a los hombres.

En Europa, la obra de Simone de Beauvoir inició la segunda ola con más de una década antes de que en Estados Unidos hiciera lo propio Betty Friedan. Estas pensadoras, y otras tantas, dieron a las mujeres de los 60 el vocabulario y los conceptos que les permitieron comprender las relaciones de poder entre géneros y cómo afectaban sus vidas. Y ya desde aquellos años se perfilaba una diferencia entre los movimientos liberales y los radicales dentro del feminismo.


El libro cierra con reflexiones sobre lo que ha significado el 68 para la posteridad. No cambió el mundo como muchas personas, en ingenuo optimismo, esperaban. El ejército estadounidense no volvió a imponer levas obligatorias, pero no dejó de invadir otros países; sólo aprendió cómo vender mejor sus guerras a la opinión pública. Más de una década del movimiento por los derechos civiles, además de las recientes manifestaciones masivas y los disturbios en las ciudades estadounidenses, provocaron una reacción conservadora de la sociedad estadounidense, que llevó a la victoria a Richard Nixon y a la reconfiguración del partido Republicano como una organización eminentemente de derechas que todavía capitaliza el voto de los blancos racistas.

Sin embargo, muchas cosas cambiaron. Los sesentayocheros no “se calmaron”; algunos se radicalizaron y se volvieron guerrilleros, otros continuaron siendo activistas y muchos más se convirtieron en escritores, periodistas y profesores universitarios, y siguieron trabajando, a su manera, para cambiar al mundo. Estados Unidos y la Unión Soviética tenían autoridad moral en sus respectivos bloques; después del 68, con las atrocidades en Vietnam y la brutal represión de la pacífica Checoslovaquia, la perdieron. El mayo parisiense revolucionó la sociedad francesa. En México, la matanza de Tlatelolco fue el principio del fin para el PRI.

El libro fue publicado en 2004, así que el autor no tenía ni idea de que 2011 sería otro annus mirabilis, en el que miles de personas en decenas de ciudades en todo el mundo participaron en diversos movimientos de protesta contra el statu quo. Aquél fue el año de la Primavera Árabe, el movimiento de los Indignados en España y el Occupy Wall Street, por mencionar a los más importantes (el año siguiente, México tendría su Yo Soy 132).



Hay varias similitudes entre estos movimientos juveniles y los de los 60. Por ejemplo: el nuevo medio de comunicación del siglo XX, la televisión, fue uno de los factores más importantes que permitieron que los movimientos juveniles, a pesar de sus especificidades locales, tuvieran muchos rasgos comunes a nivel global. Internet jugó un papel análogo en 2011. Si los sesenta tuvieron el Movimiento por los Derechos Civiles, los dosmildieces han tenido Black Lives Matter; ambos surgieron bajo gobiernos de corte liberal y enfrentaron la reacción ultraconservadora encarnada en la figura de un nuevo presidente de derechas. Aunque, claro, la estatura intelectual y política de Nixon está muy por encima de la de Trump.

En Polonia y Checoslovaquia se acusó a los jóvenes del 68 de ser burgueses contrarrevolucionarios; en Occidente se les acusó de estar manipulados por el comunismo internacional; en México se hablaba ora de complots orquestados por Estados Unidos, ora de manipulaciones de la Unión Soviética. La realidad, como en 2011, es que ninguna mano movía los hilos. Se trataba de un fenómeno generacional, espontáneo, sin jerarquías y de alcance global.

Tanto en 1968 como en 2011 los jóvenes se alzaban contra el autoritarismo y los abusos del poder, y buscaban una transformación total de la vida social. Por eso fallaron; querían abarcar mucho y apretaron muy poco. El lema del mayo francés “Seamos realistas y pidamos lo imposible” refleja el sentir de la época. La teoría marxista, que guiaba movimientos de más larga trayectoria y con raíces más profundas, dictaba que primero había que construir bases y desarrollar bien una ideología. Por eso los movimientos obreros nunca pudieron entenderse bien con el de los chicos universitarios de clase media.



Así, el libro contiene lecciones valiosas para las generaciones que quieran hacer el intento de cambiar el mundo. Qué estrategias resultaron efectivas, qué errores se cometieron, qué abusos por parte del poder no se pueden permitir otra vez, en qué promesas ya no se puede confiar más, pero sobre todo, cómo la fuerza de la juventud, impulsada por ideales, es capaz de poner de cabeza el orden social y sembrar las semillas de cambios venideros.
 “Como Camus escribió en El rebelde, aquellos que anhelan tiempos pacíficos en realidad anhelan ‘no el alivio, sino el silencio de la miseria’. Lo emocionante del año 1968 fue que se trató de un tiempo en el que segmentos significativos de la población de todo el globo se rehusaron a permanecer en silencio respecto a lo mucho que estaba mal en el mundo. No pudieron ser silenciados. Había demasiados de ellos y, si no se les daba otra oportunidad, se pararían en las calles y gritarían al respecto. Esto dio al mundo un sentimiento de esperanza que rara vez ha tenido, un sentimiento de que, donde haya injusticia, siempre habrá gente que la expondrá y tratará de cambiarla.”

martes, 24 de julio de 2018

Lucy en el Cielo con Diamantes


Publicada originalmente en Memorias de Nómada



Ésta es una historia real. Le sucedió al amigo de un amigo. O tal vez no. O sí. Vaya usted a saber.

Corría el año 2008. O sea, a cuatro décadas de aquel mítico, funesto, romantizado y satanizado 1968, año medular de la era hippie, la contracultura, los movimientos estudiantiles revolucionarios y el estreno de tres de mis películas favoritas (2001: Odisea del espacio, El planeta de los simios y La noche de los muertos vivientes, por si tenían la curiosidad).

Como soy medio extravagante, me da por llenar las fechas con significados simbólicos y por honrar las efemérides, porque dice la Ley que “Santificarás las fiestas”. O sea, en ese cuadragésimo aniversario de 1968 quería ponerme bien hippie. Además, tenía un año desde que acabé la universidad, y al igual que todo joven que pasa por esas instituciones, acabé bien chairo.

Cris (llamémosla así, aunque no es su verdadero nombre, o tal vez sí) llegó a mi depa a la mitad de una nuevo capítulo de Lost (la serie ya andaba chafeando cada vez peor) con la noticia de que me había conseguido el LSD con el que tanto la había estado chingue y chingue. Había leído algunos textos sobre la psicodelia sesentera y la historia (y la ciencia) del LSD, así que tenía muchas ganas de probarlo, además de que quería que un personaje de uno de mis textos se diera un viaje de LSD y debía tener la experiencia para poderla describir adecuadamente. Todo sea por el arte.

Cris me dio algunas recomendaciones: que me mantuviera tranquilo, que buscara estímulos visuales y que recordara que, pase lo que pase, el efecto del LSD se va tarde o temprano. Que no iba a ver dinosaurios ni cosas raras. En fin, era justo lo que yo había leído. Me dio el papelito en una bolsita ziplock y se fue.

Primero me comí una esquinita, menos de un cuarto. No sentí nada. Me puse a trabajar en la compu. En el Messenger (no el de Facebook, sino el de MSN, figúrense) me topé con Cris y le dije que el ácido no me había hecho efecto. Me dijo que esperara y así lo hice, pero nada. Me exhortó a comerme una mitad y así lo hice. Nada. Me dijo que me lo comiera entero. Nada. Me dijo que fumara mota para conectarme. ¿No se me cruzaría? Nel, así funciona mejor. Va, lo hice. Todo tranquilo. Sentí el relax de la mois y apagué mi lap. Me di una ducha relajante, puse música y me eché en mi hamaca con intenciones de dormir rico. Estaba decepcionado de que el ácido no me hubiera hecho efecto.

De pronto me di cuenta de que llevaba ya varios minutos en la hamaca sin poder dormir, y que los pensamientos me daban vueltas frenéticos en la cabeza. El sueño se me había pasado. Abrí los ojos y en la oscuridad vi una serie de ondas de luces de colores tan hermosas que me dibujaron una sonrisa en el rostro. Ya estaba ácido.



Me levanté y seguí el consejo de Cris, buscar estímulos. Escuché mi colección de música psicodélica. Esta música está diseñada para estimular la imaginación y los sentidos, pero nunca la había disfrutado tanto como en mi viaje de ácido. Si cerraba los ojos veía ondas, líneas y puntos que se movían al compás de las rolas, o comenzaba a imaginar escenas surrealistas que podían o no tener que ver con la letra. El LSD no te hace ver cosas, pero sí potencia tu imaginación de tal manera que lo que dibujas en tu mente se siente my real.

Por momentos estaba eufórico. Quería saltar, gritar, aullar. Por momentos me relajaba y sólo quería escuchar música y comer bolis (debí haber comido como diez esa noche). Si trataba de dormir, comenzaba a temblar y no podía mantener cerrados los ojos: mi cuerpo me pedía que me levantara y me pusiera a hacer cosas. Extrañé mucho a la novia en esos momentos, quería compartir esa experiencia con ella. Me arrepentí de que nuestra primera vez no fuera juntos, aunque luego fe conveniente que, semanas después, cuando ella se me unió, tenía cierta ventaja y la pude guiar. También sentí deseos de estar con todos mis amigos. ¡Sentía que quería a todo el mundo! Ahora me explico por qué los hippies creían que lograrían cambiar el mundo si ponían ácidos a todos.

Como no podía dormir, me dediqué a repasar mi colección de imágenes en la compu. Parecían salirse de la pantalla y cambiar de forma frente a mis ojos. Como si se volvieran líquidas y se deslizaran más allá de los marcos que las contenían.

Me puse a jugar Mario 64 y ése sí que fue un viaje. Sentí como si estuviera dentro el juego: sentía cuando Mario saltaba, corría o nadaba. Sentía el vértigo cuando se caía. Los colores y sonidos del juego penetraban en mí mucho más profundo de lo que antes les habían permitido mis órganos sensoriales.

Apagué el Nintendo para escuchar más música. Era todo lo que quería, lo que necesitaba: música, música, música. Desistí de mi intento de dormir. Entendí, por primera vez, toda la letra de Lucy in the Sky with Diamonds. Miré alrededor de mi casa: las cosas parecían respirar u ondular por momentos. Me clavé viendo el agua del bacín que parecía subir y bajar.



Llegó la mañana y me tuve que ir al trabajo. Hacia el final de un viaje, después de esos momentos en los que realmente te pierdes, el LSD te da una gran lucidez. A las 7:00 AM llegué a trabajar todavía con algo de ácido en mi sistema.

"Te ves raro." me dijeron algunos. Yo sólo estaba muy contento, parloteando sobre poesía. Tuve una hora libre y me lancé a buscar más música. NECESITABA la música. Fui a un centro comercial cercano y tuve la inmensa fortuna de toparme con Surrealistic Pillow, el primer álbum de Jefferson Airplanes y uno de los iniciadores del rock psicodélico. Di varias vueltas en mi coche, sólo para poder sentir el aire acondicionado y escuchar la música a todo volumen. No podía evitar reír y por momentos me puse a aullar literalmente.

Volví al trabajo. A esas alturas podía adoptar una conducta perfectamente normal si lo necesitaba, que de cualquier forma los efectos estaban desapareciendo rápidamente a cada momento. Hice todo lo que tenía que hacer y cumplí mi horario sin problemas y con muy buen humor.

Cuando terminó el día laboral salí a caminar por la calle, a escuchar a los pajaritos y sentir el viento (aun no empezaba lo peor del verano). ¿Y les digo algo? nunca había visto el cielo tan cerca. De verdad, el cielo se veía tan bajo que sentía que casi podía tocar su piel color azul eléctrico. Todo era hermoso.

Dicen que el LSD lleva a la persona a enfrentarse con lo que lleva dentro, y que es por eso que personas depresivas, paranoides y esquizofrénicas no deben tomarlo. También si tienes muchos pedos te puedes dar un mal viaje. Pero si estás bien contigo mismo, puedes hasta tener una epifanía. Yo no tuve ninguna, sólo me sentí bien. Supongo que eso significa que mis demonios andaban tranquilos ese día.


viernes, 20 de julio de 2018

Niños en jaulas: desinformación y miseria moral




La noticia sacudió a buena parte del mundo hace un par de meses: las autoridades estadounidenses, bajo las órdenes del presidente Donald Trump, estaban deteniendo a migrantes hispanos (muchos de ellos de origen mexicano) en la frontera sur y procesándolos como delincuentes, sin importar si eran migrantes económicos o solicitantes de asilo. Si los migrantes viajaban con niños, éstos eran separados de los padres, sin importar su edad, y puestos en centros de detención por tiempo indefinido. Alrededor de 2,000 menores sufrieron los efectos de esta política [aquí, aquí, aquí]. Diversas asociaciones pediátricas y por los derechos de los niños, incluyendo la ACLU y la UNICEF, criticaron duramente estas medidas [aquí y aquí]

Las redes sociales y los medios de comunicación se llenaron de imágenes de niños muy jóvenes en lo que algunos llamaron “campos de concentración”. En particular, la fotografía de un pequeño que lloraba tras los barrotes de una jaula sacudió las emociones de muchas personas. Figuras públicas, políticos y celebridades alzaron la voz para denunciar estas atrocidades.

El asunto acaparó la atención de medio mundo por unos días, hasta poco después de que Trump, presionado por la opinión pública, se vio obligado a firmar una orden ejecutiva que daba fin a esa política. Como ocurre siempre en nuestra época de exceso de información, el tema pasó a un plano secundario.

Pero eso no quiere decir que el fenómeno hubiera perdido relevancia. La cantidad de noticias falsas y desinformación que surgieron a su alrededor es un punto que vale la pena discutir. La postura que muchos usuarios de Internet manifestaron ante este tópico sirven como termómetro de la xenofobia y falta de empatía generalizadas en el actual auge de las ideologías de ultraderecha. Además, las acciones de la administración Trump, aunque escandalosas por su escala, no son necesariamente novedosas ni únicas. En esta entrada vamos a discutir sobre lo verdadero, lo falso, lo importante y lo preocupante del asunto.

Medias verdades



La mayor parte de la desinformación ha venido de fuentes que niegan, minimizan o justifican estas acciones del gobierno de Trump. Para desarmar a estos traficantes de mentiras hay que primero reconocer algunas cosas, como que muchas personas indignadas por estos sucesos también han compartido información falsa o engañosa.

Por ejemplo la imagen que encabeza este texto, y que se convirtió en la más viral, no es lo que la mayor parte de la gente ha creído. El niño de la imagen no es un inmigrante arrojado a una jaula; la foto fue tomada durante una protesta contra la política de Trump [aquí]. Estrictamente hablando, la imagen no es falsa, pero se ha compartido con información falsa.

Es importante hacer esta distinción porque los trumpeteros han dicho que la imagen es “parte de un montaje publicitario”, como si hubiera sido tomada a propósito para engañar a la gente cuando, según ellos, nada de ello estaba pasando. Descalifican la foto y con ello pretenden negar lo que sucede. Otro bulo que se ha dicho es que la mayoría de las fotos compartidas son en realidad de tiempos de Obama. Ésta es una afirmación engañosa.

Vean la siguiente foto:



Los medios de ultraderecha, como Breitbart, han dicho que se trata de los campos de concentración para menores separados de sus padres, iniciados bajo la administración de Obama. Lo irónico es que cuatro años antes, Breitbart compartió la misma foto como evidencia de que Obama estaba introduciendo inmigrantes para inundar a los Estados Unidos con ellos (ya saben, el complot judío para sustituir la población de países blancos con inmigrantes de razas inferiores).

¿De qué se trata realmente? Snopes nos informa:

“Aunque la fotografía es real, no muestra niños separados de sus padres por la administración Obama. En junio de 2014, la imagen fue publicada como parte de numerosas historias noticiosas (y ocasionalmente junto a piezas editoriales que protestaban contra la presencia de niños no acompañados).”

Aunque se han compartido muchas fotos que definitivamente no muestran niños detenidos por la administración Trump, tampoco se muestran a niños separados de sus padres y encarcelados por Obama. Sobre esta clase de noticias escandalosas, de crisis humanitarias o de desastres, se ha vuelto común que circulen por las redes fotografías que no corresponden a los acontecimientos reportados y es difícil determinar la procedencia de cada una.

¿Qué sí es real? Fotos como las que pueden ver en FactCheck y esta grabación de niños llorando Ni siquiera podría decirse que esos campos de detención, donde los menores son concentrados mientras sus padres esperan juicio en prisión, sean jaulas, en un sentido estricto, aunque sin duda su aspecto no es muy amigable, y es cierto que hay rejas y candados. 




Desinformación

Los partidarios de Trump han dicho que esta política de separar a los niños migrantes de sus padres inició con los demócratas. Esto es falso. Es cierto que Trump trabajaba dentro de un marco legal existente, y que su administración no inventó ninguna ley para poder hacer esto. Lo que es inaudito es la política de “cero tolerancia” de este gobierno, que juzga como criminal a cualquiera que cruza la frontera ilegalmente. La persona es arrestada y llevada a la cárcel a esperar un juicio, y como los menores no pueden estar en prisión, se les separa de sus padres y son llevados a los centros de detención que hemos visto.


Ninguna ley hecha por los demócratas dicta que éste sea el procedimiento a seguir, y ningún otro gobierno anterior lo había llevado a cabo de esta manera. La inmensa cantidad de niños separados de sus familias es resultado directo de las decisiones del gobierno trumpista [aquí]. Es cierto que Obama se caracterizó por el gran número de deportaciones que llevó a cabo, pero los migrantes expulsados tenían un perfil distinto, y se trataba principalmente de individuos con antecedentes penales y sospechosos de terrorismo [aquí]. Esto no es para justificar las acciones del gobierno de Obama, sino para dejar en claro cómo se diferencian de las de Trump, y que éste no tiene excusas. Lean la siguiente explicación [fuente]:
 “La política de separar padres e hijos es nueva y fue instituida el 6 de abril de 2018. Fue una creación de John Kelly y Stephen Miller para servir como disuasivo para la inmigración ilegal, aprobada por Trump y adoptada por Sessions. Administraciones anteriores detenían a familias migrantes, pero no practicaron una política de separar por la fuerza a los padres de sus hijos, a menos que los adultos fueran declarados no aptos.”

Con más cinismo aun, los simpatizantes del plutócrata anaranjado han dicho que es él quien puso fin a la política de separación de familias. Sí, es cierto, pero porque él la inició en primer lugar. La orden ejecutiva que firmó para detenerla no es más que un performance de Trump para parecer heroico; no había ninguna necesidad de hacerlo, pues simplemente podría haber ordenado que se detuviera la política de “cero tolerancia” [fuente]: 
“En un giro drástico, los adultos arrestados no serán entregados al Departamento de Justicia cuando enfrenten los cargos penales. En su lugar, permanecerán detenidos con sus hijos detenidos en el Departamento de Seguridad Nacional. El recurso no se dirige a ninguna familia ya separada. Además, las políticas existentes dejan en los padres la responsabilidad de encontrar a sus hijos bajo custodia del HHS y de intentar reencontrarse con ellos. El decreto también ordena a las agencias federales –especialmente al Departamento de Defensa– empezar a preparar instalaciones que podrían albergar a las miles de familias que ahora serán detenidas por el gobierno.”

Como no era posible mantener la política de “cero tolerancia” y al mismo tiempo evitar la separación de las familias, el gobierno trumpista tuvo que abandonar la práctica de detener a toda persona que cruzara la frontera para procesarla criminalmente [aquí].

¿Y ahora?



En teoría, allí acabaría la historia, pero lo cierto es que aún es incierto el futuro que les espera a los niños y sus familiares. Antes de que Trump echara para atrás la política de “cero tolerancia”, muchos niños fueron separados de sus padres y no han tenido contacto con ellos. Algunos adultos fueron deportados mientras los niños permanecieron en los campos de detención. Es decir, todavía hay familias separas que no saben si volverán a reunirse, y otras familias ya reunidas que pueden enfrentar la deportación [aquí].

Durante las últimas semanas se ha estado investigando denuncias de abusos físicos y emocionales contra los menores detenidos en los campos de Trump (las condiciones en los mismos varían mucho, entre lo medianamente decente y lo inaceptable), incluyendo medicación forzada para mantener tranquilos a los niños [aquí]. Las consecuencias de estos hechos van para largo, y aunque el público ya no esté poniendo tanta atención, sigue siendo afectando las vidas de miles de personas.

¿Qué importa todo esto?

¿Por qué se me ha ocurrido hablar de esto un mes después de que la administración Trump diera fin a la política de “cero tolerancia”? Bueno, en parte es que de hecho ya había empezado a trabajar en este texto hace unas semanas, pero se me atravesaron las elecciones, las vacaciones de verano y el mundial de futbol. Sin embargo, sí considero que esto es relevante por varios factores.

De lo más alarmante de todo esto fue encontrar quien defendiera las acciones del gobierno de Trump entre los mismos latinoamericanos. No solamente han aparecido tipos que defienden las mismas causas, sino con los mismos discursos y con las mismas fuentes que la alt-right gringa. Los argumentos eran una clásica “defensa del taladro”: 1.- Eso no está pasando; 2.- Sí está pasando, pero no es culpa de Trump; 3.- Sí es culpa de Trump, pero todo el mundo lo hace y está bien (incluso se difunde un bulo sobre que Obama entregó niños a traficantes).

 

Los trumpeteros intentaban desviar la conversación con un burdo tu quoque, acusando de hipocresía a los que nos indignábamos. A ellos sólo puedo decirles: sí, es posible que el gobierno de Obama llevara a cabo acciones similares, pero si es ése el caso, seguiría estando mal, y si entonces no nos escandalizamos es porque no nos enteramos, no porque pensáramos que estaba bien. Que de todos modos, no hay que olvidar que las acciones del anterior presidente diferían mucho en naturaleza y escala.

En los últimos años, los demagogos de la derecha han recurrido a una de sus viejas confiables: acusar de los males de sus países a los extranjeros de países pobres (y razas no blancas), con todo y que los datos nos dicen que la inmigración favorece la economía de los países huéspedes y que no aumenta la criminalidad [aquí y aquí]. Los demagogos se aprovechan del sentimiento de inseguridad y de los instintos tribales que sobrecogen a las personas en tiempos de crisis.

En Hungría, por ejemplo, el gobierno del ultraderechista de Viktor Orban introdujo una ley para criminalizar la ayuda humanitaria a inmigrantes ilegales y pretende cobrar altos impuestos a ONGs que ayuden a los extranjeros [aquí y aquí]. En Italia, Mateo Salvini anunció que se llevaría a cabo un censo para contabilizar a los gitanos y expulsar a los de origen extranjero. Salvini lamentó que a los gitanos italianos “desgraciadamente” habría que quedárselos [aquí y aquí]. 

Bajo el mandato de la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, fueron expulsados refugiados sirios, se restringió el acceso a la salud pública a miembros de la minoría gitana, y se prohibió dar servicios básicos (salud, vivienda, etc.) a inmigrantes en situación irregular. Como en Hungría, se intentó criminalizar la ayuda humanitaria a estas personas [aquí y aquí]. Cuando he compartido estas noticias, no falta quien las aplaude.



Los mexicanos suelen indignarse mucho cuando saben que sus connacionales son maltratados en Estados Unidos, pero no prestan igual atención cuando los centroamericanos son maltratados en la frontera sur [aquí]. En tiempos recientes, inmigrantes haitianos se han establecido en el norte de México, y también han sufrido discriminación. Cuando un grupo de estudiantes haitianos pasó el examen de admisión para una universidad pública, algunos mexicanos reaccionaron con el mismo discurso xenófobo que se ha escuchado en otras partes [aquí].


El racismo y la xenofobia siempre han existido y ésta no es la primera vez que en años recientes se llevan a cabo acciones indignantes contra poblaciones de origen extranjero en Estados Unidos, Europa o América Latina. Ni siquiera ha sido exclusivo de gobiernos de derechas. Las acciones de Trump o las de sus análogos europeos pueden escandalizarnos por su discurso de odio descarado y el nivel de deshumanización y falta de empatía, pero tienen precedentes en políticas que pasaron desapercibidas o fueron consideradas más o menos aceptables para la opinión pública.

Esto no es para minimizar lo que sucedió con los niños hispanos bajo el régimen de Trump; al contrario, es para hacer ver que lo hemos hecho mal en el pasado al desentendernos de lo que sufren migrantes y refugiados en todo el mundo. El caso del gobierno trumpista es especialmente escandaloso, pero si llegó hasta esos niveles es porque hubo antecedentes que se pasaron por alto en otros gobiernos y otros países. Más aún: éste bien podría no ser el peor caso de abuso que veamos en los próximos años. Sin embargo, que la reacción mundial fuera abrumadoramente en contra de estas injusticias me da algo de alivio y esperanza.

En su libro Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt nos cuenta que lo ocurrido con los refugiados de guerra entre finales del siglo XIX y principios del XX, fueron de las primeras experiencias de lo que bajo el régimen nazi se convertirían en los campos de exterminio. Estos seres sin patria fueron arrojados a campos donde se les sometía a abusos sistemáticos pues carecían por completo de derechos:

"Que los nazis encontraran tan poca resistencia por parte de la policía de los países que ocuparon y que fueran capaces de organizar el terror con la ayuda de las fuerzas policiacas, se debió en parte a la posición de poder que la policía había obtenido durante años de dominio arbitrario e irrestricto sobre los apátridas y refugiados [...] Lo que no tenía precedentes no era la pérdida del hogar sino la imposibilidad de encontrar uno nuevo. De pronto no había lugar en la tierra a donde los migrantes pudieran ir sin las más severas restricciones; ningún país en el que fueran asimilados, ningún territorio en el pudieran fundar una nueva comunidad propia. Esto no tenía que ver con problemas materiales o sobrepoblación; no era un problema de espacio, sino de organización política [...] Los refugiados eran perseguidos no por lo que hubieran hecho o pensado, sino por lo que inalterablemente eran; por haber nacido en la raza o clase social equivocada, o por haber sido conscriptos por el tipo equivocado de gobierno."

Niños armenios refugiados. Primera Guerra Mundial.

Las señales de lo que está ocurriendo las tenemos frente a nuestros ojos y las lecciones de la historia están allí para que nosotros las tomemos: ya sabemos hasta dónde puede llegar este camino. Así que una revisión de nuestros valores, como ciudadanos del mundo, es necesaria. Debemos tener en cuenta que la xenofobia es siempre irracional; que aunque la inmigración plantea algunos problemas, los peores males que se les atribuye (crisis económica, delincuencia) son ficticios. Es preciso recordar que la observancia de una ley no puede estar por encima de los derechos humanos fundamentales y que ninguna persona es ilegal. 

Podemos conceder que las preocupaciones de seguridad nacional pueden ser legítimas y que el terrorismo y la delincuencia organizada son peligros reales, pero que la respuesta no es la criminalización de los otros, los ajenos, los diferentes. Tenemos que estar conscientes de que en un mundo irremediablemente interdependiente como el nuestro, la solución no será cerrar fronteras, sino aliviar los males que afectan a las personas en los países pobres, procurar paz y prosperidad en ellos, para que sus habitantes no tengan que ir buscando mejores condiciones. Finalmente, no podemos olvidar las palabras del filósofo Immanuel Kant en su todavía vigente ensayo La paz perpetua:



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