miércoles, 2 de noviembre de 2016

El horror según Hammer



Saludos, mortales, y bienvenidos a una entrada especial para esta temporada de espantos. Como ustedes sabrán, soy fan de las películas de terror viejitas, y no hay nada que me parezca más halloweenesco que un maratón de clásicos del género. Ya antes les he platicado del cine de horror de Universal Pictures, y de la racha de ciencia ficción de la década de los 50. Ahora es tiempo de regresar a la patria del cine de horror, las Islas Británicas, de la mano de uno de los mayores íconos del cine de todos los tiempos: ¡la productora Hammer Films!

A finales de los 50 la tradición gótica del horror había quedado olvidada. En su lugar, reinaba la ciencia ficción. El escenario era el mundo contemporáneo y los monstruos, productos de fallidos experimentos científicos o invasores extraterrestres, eran metáforas de la paranoia por la Guerra Fría. La vuelta a los orígenes góticos tendría que venir de sus creadores mismos, los británicos. Todo comenzó en 1957 con la producción de The Curse of Frankenstein, que tuvo un éxito tremendo y dejó el camino para una nueva generación de monstruos clásicos. De finales de los 50 a finales de los 60, Hammer produjo un volumen impresionante de pelis terror y suspenso, con un sello característico que las identificaría por siempre.



El escenario era siempre "de época". Las historias estaban ambientadas entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XX, en Europa y a menudo en la parte oriental del Viejo Continente. Sus fuentes primarias de inspiración eran los clásicos de la literatura gótica, así como mitos y leyendas de antaño. Por lo general contaban con un presupuesto muy limitado, lo que llevaba a los realizadores a echar mano de toda su creatividad. Los vestuarios, escenarios y la utilería eran reutilizados para aprovecharlos al máximo, y los mismos actores, directores y equipos de producción participaban en casi todos los proyectos.

La estética de Hammer es una de sus características más distintivas; visualmente estas películas tienen un sello único. Los trajes y escenarios no pretendían recrear con demasiada precisión las épocas en que se situaban las historias, sino que estaba muy estilizados para efectos dramáticos. Los colores saturados, y en especial la sangre Hammer ("más roja que el rojo" como ha sido descrita) tenían el mismo propósito. Las cantidades de líquido escarlata y de gore eran inusitadas para el cine en esos años, lo que habla de la osadía del estudio y sus creativos.



El maquillaje es quizá lo que peor ha envejecido de estas películas, especialmente en esta época de alta definición, que hace ver a todos los personajes, incluso los que no están caracterizados de monstruos, cubiertos por una gruesa capa de engrudo. Recomendación, no vean estas películas en pantallas gigantes de alta resolución: su textura no está hecha para eso. 

Además de todo lo anterior, entre lo más memorable de la estética de Hammer están las hermosas mujeres que eran seleccionadas para participar en estas cintas. Y, desde luego, sus atrevidos escotes. Y es que Hammer imprimió una seductora sensualidad a sus películas, y no solamente para atraer al público masculino, sino porque muchas veces formaba parte importante de la trama y de su particular estética del horror, o como decía el director Terence Fisher "el encanto del mal". Este se ve especialmente en sus películas de vampiros, empezando por  Horror of Dracula  (1958), donde el titular conde es, como debe ser, un seductor y una especie de depredador sexual además de un no-muerto.



El cine de horror es uno que envejece muy rápido. En unas décadas lo que solía ser aterrador tiende a volverse cotidiano e incluso ridículo. Una buena película del género rara vez sigue dando miedo después de muchos años. Es por eso que, en primer lugar, tiene que ser una buena película. Es decir, no puede depender del efectismo chocante ni de los espantos; sus creadores tienen que estar conscientes de que algún día dejará de asustar. Lo genial de las películas clásicas de Hammer es precisamente eso: son buenas películas, independientemente de si han dejado de dar miedo. No son maravillas del séptimo arte, pero están muy bien hechas, con un esfuerzo por parte de directores, guionistas y escritores que se nota serio y sincero. Sus guiones por lo general son inteligentes y en todos ellos hay misterio y sorpresa; como espectadores nos comprometemos con la trama y con lo que pueda suceder a los personajes. Son películas que pueden verse una y otra vez sin que pierdan su encanto.

La época mejor época de Hammer va de 1957 a 1962; después empiezan a dominar interminables secuelas con los mismos monstruos, aunque siguen apareciendo ocasionalmente películas buenas e interesantes a lo largo de la década. El canto del cisne llegaría para Hammer en 1968 con The Devil Rides Out, una de sus mejores películas. Pero a partir de ese año y durante los 70 el cine de horror tomaría nuevos caminos, con tendencias marcadas por Night of the Living Dead y Rosemary's Baby: por un lado hacia las producciones independientes de bajo presupuesto pero mucha originalidad y valor artístico; por otro hacia obras sofisticadas que cuentan con el talento de actores y realizadores de renombre y el dinero de los grandes estudios. Además, están las películas de exploitation que lucraban con el sensacionalismo de la violencia y el sexo.

Las cosas ya no estaban para la elegancia decimonónica y Hammer optó por realizar extraños experimentos que incluían vampiras lesbianas, monstruos antiguos en tiempos modernos, muchas tetas y gore, y hasta kung-fu. Aún en esos años de rarezas, surgieron algunas películas bastante buenas, o por lo menos interesantes, como The Vampire Lovers. Pero ésa es otra historia, que merecería una entrada aparte, así como las pelis de ciencia ficción, aventuras y fantasía que la Hammer produjera.



Sin embargo, el impacto de Hammer durante su apogeo sería perdurable. La compañía revitalizó la industria fílmica británica tras la Segunda Guerra Mundial y el éxito de sus producciones fue tal que los estudios fueron premiados por el gobierno en agradecimiento a su contribución a la economía nacional. El cine de horror es considerado por los británicos como patrimonio cultural, tan importante para ellos como lo fuera el cine western para los estadounidenses. La influencia de su estética se dejaría ver en la obra de realizadores como Roman Polanski, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Tim Burton, y sus osados experimentos para retar a la censura expandieron los límites de lo posible.

Antes de hacer un recorrido por lo más memorable de las películas de Hammer, me parece importante presentarles a los tres grandes protagonistas de esta importante parte de la historia del cine:

Terence Fisher (1904-1980)



Fue el principal de los directores de Hammer, el creador de las más grandes obras maestras de estos estudios y cuyo nombre está asociado a casi todas sus producciones importantes. Ignorado en su tiempo por la crítica, hoy en día se ha empezado a apreciar su trabajo, y es que Fisher era más que un empleado de Hammer, encargado de dar vida a sus proyectos, sino un verdadero autor que dejaba su huella en las películas que filmaba. Tras ver varias de sus cintas, uno empieza a apreciar el estilo narrativo de este director, que quizá se podría calificar de preciso y discreto. Los ángulos de cámara, el uso del silencio y el sonido, la explotación dramática del color, nos hablan de un artista talentoso que sabía cómo contar una historia para lograr los efectos emocionales deseados en su público. Es, en fin, un cineasta al que vale la pena estudiar.


Christopher Lee (1922-2015)


Un hombre que no necesita presentación. Sir Christopher Lee es uno de los personajes con una historia de vida más impresionante de la que se haya sabido. Desde sus días como espía en la Segunda Guerra Mundial, hasta su memorable papel como Saruman en El Señor de los Anillos, desde interpretar a un villano de James Bond hasta grabar sus propios álbumes de metal sinfónico, Lee ha dejado una huella indeleble en la historia de la cultura pop del siglo XX. Quizá el actor que ha aparecido en más películas, fue sin duda el que más participó en duelos con espadas y el que a más personajes literarios e icónicos ha interpretado. Con sus más de 1.90 de altura, su voz profunda y su poderosa mirada, Lee hacía de su físico su principal herramienta y era capaz de dominar cualquier escena. Verlo actuar como héroe es un deleite. Pero verlo como villano es glorioso.


Peter Cushing (1913-1994)



El gran amigo y colega de Lee era como su polo opuesto. Delgado y de finos modales, Cushing es descrito por quienes lo conocieron como un hombre amable y gentil, un caballero inglés lleno de una gran bondad. Donde Lee dominaba con su grandiocuencia, Cushing destacaba precisamente por la sutileza de sus actuaciones. De gran versatilidad histriónica, Cushing podía interpretar por igual a perversos villanos como a heroicos justicieros, y a más de un personaje moralmente ambivalente. Esto lo lograba simplemente cambiando sus gestos faciales, su tono de voz y sus ademanes, de forma casi imperceptible que sin embargo logran a la perfección un efecto de transformación total. Pero no por eso se negaba a hacer llevar a cabo grandes esfuerzos físicos cuando su papel lo requería. Ya fuera Abraham van Helsing persiguiendo a Drácula, o Grand Moff Tarkin interrogando a la Princesa Leia, ver a Peter Cushing en pantalla siempre ha sido un enorme gusto.


Las películas

Ahora sí, les dejo con una selección de películas hechas durante los años dorados de Hammer. En vez de hacer un tradicional Top, las pongo en orden cronológico. Tengan en cuenta que ésas son las películas más básicas y, se puede argumentar, las mejores, pero verlas implica sólo rascar la superficie del acervo de los legendarios estudios. Si gustan armarse un ciclo de cine con ellas, habrán conocido una parte importante de la cultura pop del siglo XX. Si además les gustan de verdad, habrán sido la introducción a un mundo muy especial al quizá quieran adentrarse más.

The Curse of Frankenstein (1957)
Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, Christopher Lee, Hazel Court y Robert Urquhart

La película que lo inició todo. En vez de hacer un refrito del clásico insuperable de Universal, Fisher se propuso a realizar una versión única y diferente de la novela de Mary Shelley. Aquí el protagonista es el doctor Frankenstein, interpretado por Cushing, y la cinta se centra en en hacer un retrato psicológico de su descenso a la locura mientras su obsesión por controlar los secretos de la vida se hace más y más incontrolable. Su relación con su mejor amigo y mentor, así como con su prometida y con su amante, son de gran importancia. Éste es quizá el Frankenstein más malévolo y pérfido de los que verán en pantalla, lejos del brillante pero ingenuo científico que estamos acostumbrados a ver. Lee interpreta al monstruo, cuya participación es mínima y secundaria. Su actuación es buena, desde luego, pero uno siente que el gran talento de Lee está desperdiciado.

Horror of Dracula (1958)
Dir: Terence Fisher
Con: Christopher Lee, Peter Cushing, Michael Gough y Melissa Stribling

Después de Frankenstein, éste era el paso obvio a seguir. Esta versión del clásico de Bram Stoker no es mi favorita, pero tiene sus encantos. Empezando por que, y no es poca cosa, aquí por primera vez en la historia del cine se ven los colmillos de Drácula bañados en sangre, en una soberbia escena que es una de las mejores presentaciones del personaje en la pantalla grande. La trama se desvía mucho de la novela original, pero Lee es un excelente Drácula, y no es de extrañar que éste sea su papel más icónico. Seductor y maligno a la vez, encarna a la perfección la dualidad del vampiro. Cushing, por su cuenta, es también un excelente Van Helsing. Flemático y cerebral, es la oposición perfecta para la bestialidad del no-muerto. El enfrentamiento final es quizá lo mejor de la película. Nunca verán a Van Helsing pelear contra Drácula de manera tan física y energética, en lo que se ve el gran compromiso de estos actores.



The Mummy (1959)
Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, Christopher Lee, George Pastell e Yvonne Furneaux

Después del vampiro, vendría la momia. Aquí ya no hay novela clásica que adaptar, sino que claramente Hammer estaba siguiendo la línea de Universal y toma elementos distintos de tres de las películas clásicas producidas por los estudios americanos en los 30 y 40. Peter Cushing hace el papel de un arqueólogo que encuentra la tumba de la princesa Ananka (Furneaux), cuidada por la momia Kharis (Lee). Poco de la acción tiene lugar en Egipto y rápidamente se traslada a la campiña inglesa. Allí, el malévolo Mehemet Bay (George Pastell) usa a la momia para cometer asesinatos y vengarse de los profanadores de la tumba. Es una cinta muy sencilla, entretenida, un poco tonta, pero con muy buen suspenso y la delicia de ver a una momia putrefacta y enmohecida coejando imparable por los lúgubres páramos ingleses a la luz de la luna.

The Hound of the Baskervilles (1959)
Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, André Morell, Christopher Lee, Ewen Solon y Marla Landi

Ésta es una de mis películas favoritas de Hammer, y a mi gusto una de las mejores (y más subestimadas) adaptaciones de Sherlock Holmes. Claro está, no es una película de terror sobrenatural, sino una historia de misterio y suspenso con un toque de horror gótico. Cushing interpreta a Holmes a la perfección y André Morell no se queda atrás con un digno Watson. Lee hace un impecable papel como Baskerville. A diferencia de otras adaptaciones de Hammer, esta película sigue con mucha fidelidad la novela de Arthur Conan Doyle, aunque acentuando los elementos góticos -de forma muy acertada, pienso yo-, e inicia con una reconstrucción de la leyenda del Sabueso, en la tradición de horror ya establecida por los estudios. Estupenda película, la recuerdo con especial cariño porque la vi cuando era pequeño y fue una de mis primeras aproximaciones al famoso detective de la calle Baker.



The Two Faces of Dr. Jekyll (1960)
Dir: Terence Fisher
Con: Paul Massie, Dawn Addams, Christopher Lee y Magda Miller

Ésta es una de las producciones más interesantes y complejas de aquella primera buena racha. Más que una película de terror, es una especie de thriller psicológico y un estudio sobre la maldad humana. Paul Massie hace una excelente interpretación tanto de Jekyll como de Hyde, que en esta ocasión es un hombre más joven, atractivo y seductor que su parca y austera contraparte. Jekyll vive dedicado a sus estudios en un mundo ajeno a la corrupción y decadencia del mundo. Sin que él lo sospeche, su esposa le es infiel con uno de sus amigos. Pero como Hyde, desciende poco a poco hacia un vida cada vez más perversa, hasta la violencia y el asesinato, en un Londres victoriano en el que no hacía falta la fórmula del doctor Jekyll para convertirse en asiduo de prostíbulos y fumaderos de opio. Es, a fin de cuentas, la tragedia de un hombre bueno que explora los caminos del mal en un viaje sin retorno.

The Curse of the Werewolf (1961)
Dir: Terence Fisher
Con: Oliver Reed, Clifford Evans, Yvonne Romain y Catherine Feller

Otra joyita de gran interés, especialmente por el guión que plantea una versión diferente de la leyenda del hombre lobo y construye una mitología muy rica. La película abarca varias décadas y durante una buena parte ni siquiera se hace mención de la licantropía. En cambio, lo que vemos son tragedias humanas: la crueldad gratuita de un decadente señor feudal, la animalización de un ser humano reducido a vivir como bestia enjaulada, la brutal violación de una joven sordomuda y el nacimiento de un niño en el desamparo. Así que cuando por fin aparece el hombre lobo, éste se presenta como la culminación de una serie de desgracias acaecidas a un grupo de personas. Oliver Reed da vida  a nuestro héroe trágico, pero Clifford Evans nos da la mejor actuación de la película, que además cuenta con la participación de Yvonne Romain, mi chica Hammer favorita.



The Phantom of the Opera (1962)
Dir: Terence Fisher
Con: Herbert Lom, Heather Seas, Edward de Souza y Michael Gough

En esta adaptación de la novela de Gaston Leroux la acción se traslada a Londres en vez de París, pero retiene la esencia de la triste historia del Fantasma. Aquí sobresale la producción: el Teatro de la Ópera (en realidad el teatro Whimbledon) luce majestuoso, y hasta es escenario de una ópera sobre Juana de Arco especialmente hecha para esta cinta, que fue extraordinariamente cara para Hammer. La banda sonora también sobresale, en especial por momentos en los que roza con la psicodelia. Curiosamente, ésta es la primera película en la que el Fantasma aparece interpretando la Toccata de Bach en el órgano. Por lo demás, la trama es bastante sencilla, manejada como una historia de misterio y suspenso, y las actuaciones están muy bien, en especial la de Michael Gough como el verdadero monstruo en esta historia.


Night Creatures (1962)
Dir: Peter Graham Scott
Con: Peter Cushing, Patrick Allen, Yvonne Romain y Oliver Reed

Esta pieza no está dirigida por Fisher, pero no obstante es también un clásico. Como la película de Holmes, ésta es una obra de misterio con bonitos toques de horror gótico dejados por aquí y por allá. De forma muy astuta, esta película mantiene en la ambigüedad si los fenómenos que ocurren son sobrenaturales o no hasta casi el final. Mientras tanto, tenemos más que suficientes emociones, acción, drama y romance en una historia que lo mismo habla de piratas vengativos, contrabandistas osados, valientes marinos ingleses y aterradores fantasmas que se aparecen en los pantanos. Peter Cushing nos da una de sus actuaciones más entrañables como el reverendo Blyss, mientras que Allen es el duro capitán de la marina británica decidido a desentrañar los misterios de la isla y averiguar el destino final del infame Capitán Clegg. Como pilón, la belleza de Yvonne Romain.



The Plague of the Zombies (1966)
Dir: John Gilling
Con: André Morell, Diane Clare, Brook Williams y Jacqueline Pierce

Con todos los monstruos clásicos tachados de la lista, Hammer debía explorar nuevas posibilidades. Los estudios echaron mano de la mitología griega (The Gorgon, 1964) y del concepto de hombres-lagarto (The Reptile, 1966), por ejemplo. Llegaba el momento de unos espantos hasta entonces poco retratados en la historia del cine: los zombis. Aunque esta película tiene valor en sí misma, lo  más interesante de ella es el lugar que ocupa en el desarrollo de la ficción de zombis. Los antecedentes eran White Zombie (1932), I Walked With a Zombie (1943) y The Last Man on Earth (1964). En esta cinta todavía no tenemos a los devoradores de carne humana, pero su imaginería, con hordas de muertos que caminan torpemente, tuvo una gran influencia en la primera cinta moderna del subgénero, Night of the Living Dead, que estaba a sólo dos años de estrenarse, en 1968.

Dracula: Prince of Darkness (1966)
Dir: Terence Fisher
Con: Christopher Lee, Barbara Shelley y Francis Matthews

A menudo considerada una de las mejores y más representativas películas de Hammer, en lo personal no me entusiasma mucho y la pongo aquí por su popularidad. Es la segunda cinta en la que Lee hace el papel del Conde, aunque no dice una sola línea de diálogo. Cuenta Lee que fue porque el guión era ridículo, pero el escritor Jimmy Sangster dice que Drácula no tenía diálogos. Vaya usté a saber. La trama sigue un lugar común: unos escépticos ingleses están de visita en Europa Oriental y por azares del destino llegan a hospedarse al castillo del vampiro. El suspenso es muy bueno, y la dirección de Fisher nos da algunos momentos de horror en verdad impresionantes, por lo que puedo ver por qué es tan apreciada. Destaca por la actuación de Barbara Shelley como la nueva scream queen de Hammer y porque recupera algunos elementos de la novela original. Es, en definitiva, una de las pocas secuelas que valen la pena, aunque no tenga mucho de nuevo que mostrar.



The Devil Rides Out (1968)
Dir: Terence Fisher
Con: Christopher Lee, Charles Gray, Patrick Mower, Niké Arrighi y Leon Greene

Considerada una de las mejores películas de Hammer, y con todísima razón. Está basada en la novela homónima de Dennis Wheatly y cuenta con el guión del gran Richard Matheson. Es una historia de satanismo y magia negra, en la que dos amigos tratan de salvar a una pareja de jóvenes de las garras de un culto satánico. Christopher Lee hace una memorable actuación como el Duque de Richleu, un experto en ocultismo que debe enfrentarse a las fuerzas de la oscuridad. Los demonios que aparecen en pantalla están medio cutres (un hombre negro y un hombre con cabeza de cabra), pero el mejor momento de la película lo paga con creces. Cuando Richleu y sus aliados se encierran en un círculo protector para pasar la noche resistiendo a los ataques y engaños que Mocata (Grey) envía para torturarlos. Además de esos momentos de verdadera tensión, la película tiene muchas emociones, acción y suspenso. Claro, tiene una banda sonora memorable, una impecable producción y una hermosa fotografía. Es quizá la obra más sofisticada de Hammer y una verdadera delicia.



Y con eso me despido por esta vez de la temporada de sustos. Como dije arriba, valdría la pena también explorar las cosas alocadas y extravagantes que Hammer produjo en los 70, así como sus películas de ciencia ficción, fantasía y aventura. Además, nos queda mucho por recorrer en la historia del cine de horror. Nos vemos cuando lleguen esos momentos. Felices y macabros días.

8 comentarios:

Angel Figueroa dijo...

excelente recopilacion,te recomendaria incluir una relacion entre las peliculas del cine clasico con las actuales.

Andres Rodriguez Iglesias dijo...

ME ENCANTA,MUCHAS GRACIAS,VOY A REVISIONARLAS TODAS


Anónimo dijo...

Vivirá por siempre Trump, eterna su Gloria.

Maik Civeira dijo...

Gracias por leer, Ángel y Andrés. Y Anónimo, ¿qué pedo con tu vida? Jajaja.

Anónimo dijo...

Maik Civeira, se aproxima la destrucción de México. El Grito santo de Peron ha llamado, un nuevo Reino se aproxima. Cono Sur.

Aioros84 dijo...

Esta entrada ya existía, ¿la modificaste?

Maik Civeira dijo...

No sé lo que pasó. Le corregí un error de dedo y le di actualizar. Se publicó como ai fuera nueva :| Bien raro.

Maik Civeira dijo...

Mira nomás. Ya la pude reacomodar.

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