viernes, 10 de febrero de 2012

Occupy Everything




El movimiento de los Indignados españoles comenzó el 15 de mayo de 2011, inspirado por las revueltas en Islandia y Grecia, así como por la Primavera Árabe. Consistió en un principio en una serie de manifestaciones en contra de la clase política española, de izquierda y de derechas, a las que se consideraba que no representaban ya a la ciudadanía, sino sólo a la oligarquía de bancos y corporaciones trasnacionales. Las políticas de los gobiernos recientes, en especial del PSOE (que, como diría Krahe "¿Es socialista, es obrero? ¿O es español solamente?") había favorecido a las clases adineradas en detrimento de las clases media y trabajadora y le había arrebatado la democracia a la ciudadanía. Al final, las acciones sin freno de dichas instituciones omnipotentes habían llevado a todo el mundo capitalista al borde del abismo financiero.

El movimiento creció en popularidad y adeptos a lo largo de 2011. En septiembre dio el gran salto hacia el otro lado del Atlántico con Occupy Wall Street. Este movimiento se dirigía en contra de los financieros de Wall Street a quienes acusaba de haber provocado la crisis económica que actualmente vivimos, de controlar al gobierno estadounidense, de no sólo zafarse de pagar impuestos, sino de echar mano a los fondos nacionales cuando lo necesitan. A partir de OWS el movimiento creció exponencialmente: el 15 de octubre se dieron manifestaciones en más de 90 ciudades en los cinco continentes. El slogan "somos el 99%" se difundió por todo el mundo [Ver: 2011 Crónica de una Revolución Global]

Hacia finales del año, tanto el movimiento español como sus variantes americanas comenzaron a derivar en formas de activismo más allá de la protesta, como la organización de asambleas de barrios y comités para la encargarse de temas relacionados con el movimiento, como deudas estudiantiles, hipotecas, derechos de la mujer, protección al medio ambiente, etc. En España el capítulo actual de la lucha se concentra contra uan reciente reforma laboral, diseñada para reducir el desempleo, pero sobre la cual los manifestantes alegan que hará justo lo contrario [lee más aquí] Por su parte, en Estados Unidos, una vertiente del movimiento ha sido Occupy Homes, que consiste en ocupar las casas de personas desahuciadas por deudas para impedir que sean tomadas por los bancos [más info aquí].


En España las protestas son ahora ligeramente menos visibles y masivas, pero esto no se debe a que el movimiento se vea disminuido, sino a que ha derivado en otras actividades, como las antes mencionadas. En Estados Unidos, el movimiento continúa en diversas ciudades a lo largo y ancho del país, y los enfrentamientos con la policía se han hecho cada vez más frecuentes. Para hermanar y coordinar los diferentes movimientos similares se han utilizado las redes sociales, como Twitter y Facebook. Existen páginas como Occupy Together para que diversas personas de todo el mundo puedan compartir opiniones, puntos de vista y planes.

Pero ¿cuál es el significado de todo esto? ¿Cómo es que súbitamente una generación que se consideraba apática se levantó para tomar las calles? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿Cómo se relaciona con la Primavera Árabe? ¿Qué importancia tienen estos movimientos? Vamos por partes...


¿Cuál es el origen de estas aparentemente abruptas manifestaciones de rebeldía? ¿Qué tienen en común? Bien, les cito nuevamente del artículo del doctor en sociología Malik Tahar Chaouch, de la Universidad Veracruzana, que publicó en el número de invierno de 2012 de la revista La Palabra y el Hombre:

No existe un consenso sobre cómo debería calificarse a las distintas expresiones de rebelión. [...] En Grecia y España, los manifestantes han expresado su rechazo a los costos sociales de las políticas económicas y su insatisfacción ante el estado de la democracia y la representación política. Esos movimientos, como los anteriores, son heterogéneos. Aun así, se ha puesto mucho énfasis en su orientación "antisistémica", es decir, en su voluntad de propiciar nuevas formas de participación democrática y de buscar alternativas al modelo económico vigente.

[...] En fin, parecen existir más diferencias y contradicciones entre esas expresiones de rebelión que puntos de convergencia y coincidencia entre ellas. La primavera árabe indica aspiraciones hacia la democracia; mientras los manifestantes griegos y los "indignados" españoles ponen en duda el sentido de sus democracias. Estos últimos se caracterizan por su alto grado de politización y su voluntad de cambio; mientras los motines en Inglaterra serían apolíticos e identificados con la sociedad de consumo. Esas contradicciones son sólo aparentes. 

De hecho, es bien sabido que los "indignados" españoles quisieron hacer "eco" de la Primavera Árabe. Las aspiraciones árabes por la democracia no son necesariamente sinónimos de adhesión al modelo occidental, sobre todo cuando se considera que las democracias occidentales fueron aliadas de los regímenes autoritarios del mundo árabe.

Por su lado, los "indignados" critican a sus democracias porque quieren "más democracia". Españoles y griegos no tienen nostalgia a favor de sus ex regímenes autoritarios; responden a la crisis e un modelo político y económico. Sin embargo, las vías de acción no son claras y los movimientos tienden a agotarse. [...]

En todos los casos, el factor común ha sido la crisis económica y sus consecuencias sociales. La Primavera Árabe se inició con manifestaciones en Túnez y Argelia por el alza de los precios. Grecia y España forman parte de los países europeos más impactados por la crisis. Las poblaciones de las periferias de las grandes ciudades sufren con mayor intensidad sus consecuencias. Sin embargo, sus raíces son más profundas: desencanto democrático en los países europeos, donde la homogeneización de los programas políticos, la distancia entre las élites políticas y la ciudadanía, y la crisis de los sistemas de representación son cada vez más evidentes, lo que genera una crisis colectiva de sentido, así como sentimientos de exclusión social y estigmatización simbólica creciente entre las poblaciones de las periferias de las grandes ciudades, en particular entre las que tienen una ascendencia inmigrada.

[...]

Para concluir, si ponemos los acontecimientos árabes en la perspectiva global de las rebeliones del mundo, está claro que -a pesar de todas sus posibles diferencias y contradicciones- existe una estrecha solidaridad entre ellas. Los "indignados" cuestionan al modelo económico y al estado actual de las democracias "colonizadas" por él, en detrimento de capas sociales cada vez más amplias de la población.

Por su parte, en una entrevista con Al Jazeera, el intelectual esloveno Slavoj Zizek, sostiene que los movimientos mencionados son la reacción en contra del sistema sociopolítico y financiero, que ha perdido su legitimidad. Antaño la legitimidad del sistema capitalista se basaba en el supuesto de que el capitalismo traería consigo, tarde o temprano, pero siempre, la libertad y la democracia, y mientras más se liberase la economía, más libres serían las sociedades. Pero Zizek señala que se si eso bien pudo haber funcionado a mediados del siglo pasado, hoy el matrimonio entre capitalismo y democracia se ha terminado.

Ante quienes lo han criticado por utópico, dice que lo único utópico es pensar que las cosas pueden seguir indefinidamente como están, y cita como ejemplo la crisis de 2008, ante la cual los gobiernos del mundo pudieron haber cambiado el rumbo, pero en vez de eso decidieron seguir por el mismo camino con mínimas e insignificantes correcciones. (No se pierdan sus reflexiones sobre el fracaso del comunismo):





Hasta ahí con el origen, con la explicación del contexto social, político y económico en el que surgen estas expresiones de rebeldía. Pero, ¿qué futuro tienen? ¿Cuál es su importancia? ¿Harán alguna diferencia? Bien, en lo personal, como expresé en esta entrada sobre el Ágora Global, lo importante de OWS y del Movimiento 15-M no son tanto las manifestaciones y los plantones, sino el debate. Si algo ha logrado hasta ahora es que muchas personas se interesen en los asuntos políticos y económicos de su país y del mundo. Cosas que durante mucho tiempo se habían dado por hecho están siendo cuestionadas y discutidas. El sistema sociopolítico y económico imperante y sus defectos y consecuencias están bajo la mira. Incluso el ejercicio de defender dicho sistema obliga a buscar información y plantear argumentos. Lo que había estado estático ahora está en movimiento y, más importante aún, mucha gente participa en el debate.

Contrario a lo que muchos despistados piensan, OWS no es un movimiento socialista, ni comunista, ni nada similar (no faltan algunos miembros que sí lo son, pero no son una muestra representativa). No están tratando de derribar el capitalismo de forma absoluta ni creen que lo van a lograr sólo yendo a plantarse ahí. Al igual que los que ven la Primavera Árabe como una lucha del islamismo fanáticos contra el imperialismo occidental, los que así han interpretado así los movimientos en realidad están haciendo una lectura con base en parámetros de tiempos históricos ya sobrepasados.



El cambio que traigan movimientos como OWS no será necesariamente espectacular ni se apreciará a corto plazo. Pero los cambios que dejó la década de los 60's tampoco se pudieron apreciar de inmediato. La experiencia de participar en estos movimientos sin duda marcará la vida de muchos, pero además, ya ha tenido consecuencias más directas, aparte de la mayor preocupación de la ciudadanía sobre temas como la desigualdad económica y la injusticia social [ver aquí]. Los sindicatos en Estados Unidos se han vuelto más osados para plantear sus demandas y ha incorporado el uso de las redes sociales como parte de su activismo [ver aquí]. Una propuesta de ley presentada en 2011 ante el Congreso de EUA, y llamada convenientemente OCCUPIED plantea prohibir el dinero corporativo de las campañas electorales para limitar la influencia de las corporaciones en la política [ver aquí].

Más aún, el OWS influyó en el discurso de Obama, al crear el clima político para que el presidente de los EUA pueda expresarse con menos timidez en favor de una economía más regulada y orientada hacia la izquierda. En el discurso que dio al Estado de la Unión en enero de 2012 dijo que ya no se le permitiría a Wall Street jugar con sus propias reglas y que los ricos debían contribuir más con la carga taxativa de toda la población [más info aquí].

ACTUALIZACIÓN: Casi no hablamos de Grecia en esta entrada, pero acabamos de recibir una noticia desde la cuna de la civilización occidental: la policía griega se niega a seguir cooperando con el gobierno corrupto, se pone del lado del pueblo rebelde y exige órdenes de arresto contra representantes de Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial [ver aquí]. Habrá que estar pendientes de lo que suceda a partir de ahora y qué repercusiones podrá tener este giro inesperado.



¿Y México? Con la crisis económica, social, política y de seguridad, ¿existe un movimiento análogo al de los Indignados en México? ¿Si así es, dónde está? ¿Cuál es? Y si no, ¿por qué? En una entrevista de Newsweek al intelectual mexicano Roger Bartra, éste comentó:


El movimiento de los indignados lleva claramen­te el sello del nuevo milenio. Es una ácida crítica a la sociedad moderna que contiene una carga moral poderosa. El desarrollo económico y la riqueza acumulada se basan en una promesa no cumplida: hay un amplio sector de la población que ha sido mar­ginado en medio de la prosperidad y no encuentra la posibilidad de vivir una vida digna. Pero en los países atrasados como México todavía se lucha por alcanzar plenamente la modernidad y el peso de la población en condición de miseria es tan abrumador que aplasta las quejas de quienes han podido cultivar la dignidad y la sienten amenazada.  
La masa de población pobre está tan ex­hausta con las tareas de supervivencia que no ha podido generar una cultura de la dignidad. Por ello, no se indigna, aunque sufre terriblemente una condición muy poco digna. La dignidad crece con la igualdad y se desarrolla en la vida civil cuando la mayoría de la gente está convencida de que merece un lugar en la sociedad: un espacio donde trabajar, vivir y gozar libremente. La dignidad impulsa una especie de, digamos, meritocracia igualitaria que per­mite una convivencia civilizada en una sociedad capaz de generar suficiente riqueza.
El movimiento de Javier Sicilia responde al miedo, no a la indig­nación. Los medios masivos de comunicación han auspiciado la histeria y el miedo. Con ello han frenado la expansión de una sociedad civil capaz de cultivar una vida digna. Y sin dignidad no hay indignación. 
Una gran parte de la población sigue encerrada en la jaula de la melancolía, a pesar de que la transición democrática ha abierto la puerta de salida. Por ello es probable que el partido del viejo autoritarismo conquiste en 2012 la presidencia. El priismo es una enfermedad política y muchos mexicanos son portadores del virus. Por ello quieren regresar a un pasado que les parece más seguro que un presente abierto a muchas alternativas. 
En México, desdichadamente, creció una cultura política que de­finió un carácter nacional sumergido en la desidia, la zozobra, el relajo, el sentimentalismo, el resentimiento y la evasión. En esta cultura no había espacio para la dignidad. El pueblo era definido como una masa de indios agachados y de pelados albureros. En esta cultura cantinflesca no cabía la dignidad democrática. Esa es la cultura política que legitimó al autoritarismo nacionalista del que surgió esa patología, ese morbo melancólico que engen­dró el régimen de la revolución institucionalizada.




No deja de ser trágicamente irónico que mientras los pueblos árabes luchan por obtener democracia, los españoles, los griegos y los estadounidenses luchan por hacer más democrático su sistema, los mexicanos usarán su poder de voto para renunciar a la democracia.

Aún es muy pronto para decir con certeza cuál será el desenlace de estos procesos revolucionarios, pues aún no terminan ni sabemos qué giros podrían dar. Lo único que me queda claro es que se está haciendo historia y que por primera vez, gracias a los medios digitales, esa historia puede ser compartida por todo el mundo. Todos somos parte de esa historia. Es por eso que el campo de batalla más importante en las últimas semanas ha sido la World Wide Web. Pero de eso hablaré en la siguiente entrada.

4 comentarios:

arg dijo...

En serio crees que se puede entender el panorama económico actual por la voz de un racista,xenofobo como Alfredo Jalife? En todos sus textos anglosajon y semita son sinónimos de maldad.

Ego dijo...

Falacia ad hominem: Incluso si es antisemita y xenófobo (habría que matizar eso), eso no quiere decir que su análisis de la situación financiera no sea acertado.

Sombrerudo dijo...

se escucha muy bonito eso de que obama haya incluido en su discurso una crítica a wall street, haciendo un guiño a sus principios de izquierda, y no de centro como se comportó todo su gobierno.

Recordemos que en EEUU los demócratas son más bien de centro y los republicanos de derecha. Ésto me parece algo importante que escapa de este análisis: la derecha se esta radicalizando. En EEUU y la UE ven a los inmigrantes como la causa de la crisis del estado de bienestar. La ayuda social y el alza de impuestos es visto con malos ojos. En EEUU todos los precandidatos republicanos están a favor de una disminución del estado y menos regularización, así como baja de impuestos. Vaya, incluso quieren desaparecer la educación pública; y el libertariano Ron Paul, el estado entero, excepto el ejercito y policía.

También hay que recordar que la crisis económica comenzó con la ayuda social (ventas de casas a personas incapaces de pagar), pero terminó siendo ampliado por el mercado desregulado de wall street (que siguió manejando estas cuentas sin fondo aún sabiendo que resultaría en una crisis). Empezó en la izquierda, terminó en la derecha.

Izquierda y derecha tienen un grado de culpa, y con ello una base solida para atacarse mutua e indefinidamente. Pero, mientras la izquierda ha admitido su responsabilidad y ha ofrecido una respuesta coherente (mayor regulación, tanto de la ayuda social como del mercado), la derecha parece ignorar toda critica y defiende los medios que llevaron a la actual crisis; peor aún, los maximiza.

Esta derecha radical, conservadora y chovinista, es atractiva para los ciudadanos, jóvenes o adultos, de potencias en decadencia que añoran los viejos tiempos. Son la contra revolución, una fuerza opuesta e igual, incluso más potente, que el Occupy X. Sin irnos más lejos, los republicanos tienen más popularidad que los demócratas en EEUU, y de ganar, traerán más de lo mismo o peor, Y con el legitimo voto de los ciudadanos. La decadencia de la democracia occidental.

Sir David von Templo dijo...

Concuerdo con Sombrerudo. Es casi lo mismo que está pasando aquí en México. A pesar de todo lo que se ha visto y de la marcada oposición, el PRI sigué liderando las encuestas.

De ganar Peña Nieto, lo único que podría decir es esa linea de Natalie Portman en Episodio III... Ya saben a cual me refiero.

Saludos.

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